Hola mis amores
Buenas noches, un millón de gracias por sus maravillosos RW, adoro sus opiniones.
Gracias especialmente a: Carmen, Brenda, Graciela, Valery, Rossy, Priscila, Andrea, Jenny y RakeVampire… gracias por la motivación que me dan.
Disculpen por no publicar ayer, en verdad he tenido una semana más ocupada de lo normal.
Jenny a lo mejor el Alejandro de "Alejando Magno" que era griego o sí leíste la Iliada, el Príncipe Paris, se llama en el libro Paris Alejandro y Thomas es su homónimo por decirlo así.
Miles de besos para todas
Stef.-
Capítulo 11
Canto g: Los Preparativos
En la cena de esa noche no contamos con la presencia de Stelios y su esposa, nadie sabía en dónde estaban. Thomas y yo supusimos que cada uno estaría por su lado intentando sanar las heridas del corazón que tenían.
En Rey Príamo no paro de hablar sobre la próxima boda, creo que estaba más emocionado que Alejandro y yo, las invitaciones para los nobles amigos de Troya ya habían sido enviadas, pues muchos Reyes y príncipes vendrían al evento, que Thomas y yo deseábamos intimo pero el Rey Príamo deseaba hacerlo por todo lo alto, así que accedimos para complacerlo.
— Todos esos Reyes me envidiaran, pues ninguno tienen unas hijas tan hermosas como las que yo tengo — me acarició el rostro con toda dulzura y eso me hizo reír y ruborizar por el comentario.
— Todos esos Príncipes morirán de coraje al ver que Thomas el bello se va a desposar con la más hermosa mujer — los halagos de mi suegro nunca acababan.
— En eso tienes toda la razón padre — dijo Thomas pasando su mano por encima de mis hombros para abrazarme.
— Ya basta, me están apenando es más si continúan terminare por creérmelo y seré una pretenciosa muy antipática —dije entre risas y nervios, pues el supremo sacerdote y el mayor de los generales cenaban con nosotros.
— Es que mi bella Anaïs hasta lo antipática se te vería hermoso a ti, y que Andrómaca no me escuche o se pondrá muy celosa —era un hermoso Rey travieso, se echó a reír después de hablar.
Thomas me acompaño hasta mi habitación, al llegar a la puerta me tomó con fuerza entre sus brazos y me besó de manera sublime.
— Con tantas cosas aún no te muestro mi ciudad, ni he compartido contigo lo maravilloso de las playas troyanas —su voz era una caricia.
— Tenemos tanto que hacer para la boda que dudo que nos dé tiempo — nuestras palabras eran entre cortadas por los múltiples besos que nos regalábamos mutuamente.
— No importa por lo menos nos escaparemos algunos días —ya los besos dejaban de ser cortos para ser más apasionados.
— Para, Thomas… (más besos desenfrenados)… basta que si no, no nos detendremos —dije mientras intentaba hacerlo frenar.
— Eso es justo lo que deseo, no detenerme — me comía a besos desde el cuello hasta mi frente, pero en ese momento se detuvo y me dio un beso profundo que se tornó en un torbellino de pasión, termine pegada a la puerta, tocándonos mutuamente por todas partes.
— Te deseo tanto — me dijo mientras mordisqueaba con sensualidad mi cuello, y fue cuando decidí que debía escapar de esos adorables besos y fuertes brazos, como pude tomé el pomo de la puerta y la abrí para cerrarla trancándole el paso a Thomas que deseaba pasar detrás de mí.
— Buenas Noches amor mío — dije ocultando mi cuerpo tras la pesada manera, pude ver un poco de frustración en el rostro de mi amado, pero al final me sonrió y me dijo:
— Buenas Noches Amor mío, espero que tus sueños sean velados por el gran Apolo y que Afrodita llene de querubines tus ojos hermosos — sentí que me derretía por sus palabras, nos dimos un último beso y se marchó.
La alegría era inmensa, una semana pasó demasiado rápido, entre elegir adornos, menús, tipo de música, probarse ropas, una mañana al alba Thomas me despertó con una suave caricia en el rostro.
— Buenos días mi amada Princesa — me sorprendí al verlo en mi habitación cuando el Sol apenas asomaba sus primeros rayos de color violeta.
— Amor mío, es muy temprano ¿ha sucedido algo? — dije sentándome en la cama.
— Sí, hoy es un día para los dos, así que arréglate pues nos iremos antes de que los demás despierten.
Así lo hice y en unos minutos salíamos en un carro de la fastuosa ciudad de Troya, los rayos de Sol nos pegaban de frente, pero al ser los primeros del día no nos quemaban. Paramos en una playa algo apartada de la ciudad y nos montamos en un malecón, al llegar a la parte más adentrada en el mar, me comento:
— ¿Verdad que es hermoso?
— A que te refieres con exactitud — pregunté deleitada por todo lo que estaba a mí alrededor.
— Al mar —respondió respirando con fuerza.
— El mar, no sólo es hermoso sino benévolo, nos da alimento y nos trasporta a donde deseemos — Thomas me abrazó por la espalda y con toda delicadeza me quito el sobretodo que tenía puesto.
— Ven, vamos a nadar en el mar
— Está frío — dije sonreída pues estaba ansioso como un niño cuando va a la playa.
— Sí pero yo te daré calor — bajamos por las piedras hasta un lugar ideal para lanzarnos al mar.
— Está muy frío — proteste como una niña malcriada.
— Lo sé, pero vamos no seas cobarde — dijo riéndose por mi cara y tomándome de la mano.
— No, no, no, no — trate de retroceder — esta helado Thomas
No me dio tiempo de nada, cuando me di cuenta estaba metida en el mar helado completamente mojada en el acto mis labios se pusieron a temblar y tomaron una tonalidad un poco azulada.
— ¡AAHH! ¡TE VOY A MATAR THOMAS ALEJANDROOOOOOOO! — grite para comenzar a sumergirme y salir a la superficie rápidamente como si diera saltos en el mar para tratar de entrar en calor.
— Ven vamos a nadar — dijo riéndose de la situación.
— Para calentarme tendré que nadar un kilómetro.
— ¿Eso crees? — dijo con cara de niño travieso.
Thomas me hundía en el agua como tratándome de ahogar pero todo en juego, me hacía cosquillas, trataba de nadar para escaparme de él pero me era imposible, casi nos ahogábamos en verdad pues nuestras risas eran tan fuertes que nos quitaban fuerzas, cansados de tanto jugar a echarnos agua y ahogarnos mutuamente quedamos abrazados en medio del basto y maravilloso océano.
— Poseidón nos favorece, el mar esta calmado y hermoso para nosotros — no lograba escuchar lo que me decía sÓlo estaba perdida en su miraba que se iluminaba a mas no poder por el reflejo del Sol en el agua que para ambos ya era cálida.
— Te amo tanto — dije en voz alta y lo bese, lo hice con tanta intensidad que fue él quien termino delicadamente con el beso para decirme.
— ¡WOW! Me has dejado sin aire — en verdad su cara era de asombro, no sé qué había hecho de diferente en ese beso para que mi amado reaccionara así, simplemente cuando lo bese no pensé en nada que no fuese él y así me deje llevar por todos mis sentimientos.
Sentía en mi pecho algo desconocido para mí, era una necesidad de hacerme una con él, era necesidad de morir en sus besos, era una pasión desbocada que estaba en mí y sin decir nada lo volví a besar igual que antes, pero esta vez Thomas no se quedó sin aliento, me besaba de igual manera que yo a él, sin darnos cuenta las olas nos acercaron a la orilla y cuando sentí la arena debajo de mis pies salí corriendo fuera del agua y él vino tras de mí.
Tanto su falda como mi vestido estaban pegados a los cuerpos y trasparentados, sin decirnos nada sólo mirarnos con las respiraciones agitadas por la carrera al salir del mar. Mi príncipe me tumbo en la arena cayendo encima de mí, no podía alejar mis labios ni mis manos de su piel, estaba tan enamorada que solo deseaba ser suya, mi vestido cada vez subía más por mis piernas, yo misma desanude la tela que estaba detrás de mi cuello para que así el traje comenzara a ceder a los deseos de ambos.
Sus manos aún no se atrevían a aventurarse a las zonas más íntimas de mi cuerpo, me coloque encima de él y apoya con mis manos con su pecho desnudo.
— Que sensual eres — susurró al mirar como mis cabellos húmedos caían alrededor de mi rostro y el Sol a mi espalda me daba un aura brillante, al igual que los reflejos rojos de mis cabellos destellaban.
Bese su pecho con devoción hasta delinear la el borde de su falda con mi lengua, sentí como su sexo estaba tenso, me volteó colocándose nuevamente encima de mí. Sus manos y sus labios bajaban la tela de mi pecho hasta casi dejarlos al descubierto, pero de repente se detuvo.
— ¿Estas segura que esto es lo que deseas?—habló cerca de mis labios mirándome directamente a los ojos— Me desespero porque seas mía, pero no quiero que te arrepientas, no quiero que lo hagas por un momento de seducción y que después sientas que no estabas lista —la respiración de ambos estaba acelerada y medite sus palabras, era cierto no pensaba solo actuaba, así es que debía de ser, solo sentimientos sin mente, pero para mí era más complicado lo abrace con fuerza y le dije:
— Es lo que deseo y lo deseo con todo mí ser, pero es verdad aún no estoy lista, es que temo que te canses, que me dejes de esperar —no pensé cuando dije eso último, pero en verdad era un miedo que estaba presente en mí.
— Anaïs, amor mío — dijo riéndose como si le hubiese dicho un chiste — ¿Cansarme? En verdad crees que me puedo cansar mi amor, te amo más que a la vida misma, sólo quiero vivir si tú vives, respirar si tú respirar, comer si así lo haces, cada paso que doy desde que te conocí lo doy si tú caminas a mí lado, te amo tanto que no me importaría esperar la vida entera si así lo quieres, jamás amor mío, jamás me hagas el amor por complacerme, quiero amarte en cuerpo y alma pero sólo si tú así lo deseas —cada una de sus palabras me llenaban el alma de amor y paz.
— Nunca en la vida alguien me han hablado así, es que me parece que es un cuento, que eres demasiado perfecto — volvió a reír.
— Para nada soy perfecto, he cometido millones de errores, solo deseo lo mejor del mundo para ti, y todo lo que yo pueda hacer para lograrlo lo haré — me volvió a besar intensamente y termino su beso con besos traviesos por todo mi rostro—. Ven mi vida, vamos a desayunar, ya debes de tener hambre — sacamos la canasta que había en el carro, extendimos el mantel y nos dispusimos a comer, a pesar de la brisa no sentíamos frío pues el Sol ya nos calentaba.
Después del desayuno cuando ya nuestras ropas estaban secas paseamos por una buena parte de la ciudad, no fue como cuando estuvimos en el mercado de Ptía pues allá nadie nos conocía pero acá todos sabían quiénes éramos, y no podíamos correr o portarnos como chiquillos revoltosos.
— Dame un beso — sonreída y traviesa se lo pedí, y me lo dio—. Dame otro — pedí y me complació — Otro…otro…otro — le pedí como 20 besos y todos me los dio hasta que me dio un súper beso como para que no le pidiera más, de lo que nos percatamos fue que estábamos en el medio de una calle de la ciudad muy concurrida y un cálido aplauso de los ciudadanos fue lo que nos hizo despertar a la realidad.
— QUE VIVAN LOS PRINCIPES — gritó un señor — QUE VIVA LA BELLA PRINCESA ANAÏS — gritaron otros, no sé de dónde sacaron las flores que nos lanzaban al igual de muchas bendiciones para ambos.
Llegamos cansados y muertos de hambre a Palacio, ya era bastante entrada la noche, nos sirvieron la comida, devoramos todo lo que nos pusieron en la mesa, aunque estábamos muy cansados por el maravilloso día ninguno de los dos quería separarse del otro, entre millones de mimos nos despedimos, ese día casi nos desgastamos los labios de tanto amor.
Tome un cálido baño y luego me vistieron, acostumbrarse a mi antigua vida de Reina era algo fácil pero nunca debía de olvidar que por muchos años fui una esclava.
Empezó a caer una fuerte tormenta con espantosos truenos; me acosté en la cama era tardísimo pero no lograba conciliar el sueño, me hacía falta él, su olor, su calor, me levanté y me escabullí hasta la habitación que mi amado ocupaba.
— ¡Estas dormido amor mío? — pregunté con cuidado acercándome a la cama
— No lo estoy — dijo sentándose al verme.
— No puedo dormir ¿Puedo dormir contigo? —, sé que parecía una niña asustada en el medio de la noche pero en verdad me hacía falta su cuerpo.
— Ven acá niña miedosa, de seguro que le temes a los truenos — aparto las sabanas para que yo me metiera en la cama, en ese preciso momento gracias a un relámpago se ilumino toda la habitación y corrí hasta el lecho y rápidamente lo abrace para cuando sonó el fuerte trueno—. Cobarde — me dijo en broma y nos quedamos dormidos abrazados.
Más de un mes había pasado volando, ya se veían Andrómaca y Stelios pasear juntos por el enorme palacio, era un buen indicio de que las cosas entre ambos estaban bien. El día de asueto que Thomas y yo nos habíamos tomado, nos costó caro pues en un mes habíamos estado decidiendo cosas para la boda, y ya grandes y costosos regalos llegaban a palacio, había adelgazado un poco por el gran agite y las costureras casi mueren al ver que tenían que meterle al vestido.
Andrómaca una tarde me confesó que había hecho el amor con Stelios, que había sido maravilloso, aún más bello que cuando se entregaron en su noche de bodas, seguía haciéndose de rogar, pero estaba perdidamente enamorada de él y de seguro que antes de mi boda ambos estarían en una segunda luna de miel, y más les valía, al no tener familia para elegir a mi madrina de bodas, elegí a Andrómaca que ahora no solo era mi cuñada sino también mi mejor amiga.
La pequeña Briceida estaba como loca con el matrimonio, parecía que la que se casaba era ella, todos los días se probaba su traje de dama de honor, no hacía más que hablar de cuando ella cuidara a sus nuevos primitos, ya que adoraba cuidar a la hija de Stelios.
Por fin el gran día llegó…
Canto h: La Boda y la Noche de Bodas
Por fin el gran día llegó todo Palacio estaba como loco con la boda, todos corrían de un lado al otro dando los últimos detalles, ya tenían 3 días ardiendo las grandes hecatombes para que los Dioses estuviesen contentos y nos dieran su bendición, para los Troyanos los matrimonios duraban 12 días al igual que sus funerales.
Hermosas flores blancas adornaban mi cabellera, el traje hecho de tela vaporosa me sentaba muy bien, pues los últimos arreglos que le habían hecho quedaron perfectos; la traviesa Briceida de 13 años estaba soñada con su vestido color rosa al igual que las flores de su cabellera, Andrómaca como madrina del matrimonio tenía una vestido imponente de verde esmeralda finamente bordado en hilos de oro.
Todo estaba listo y yo sentía que moría de nervios, mi elegante cuñado me busco, pues sería él quien me entregaría en el altar. Todo estaba soñado, lleno de flores color rosa y blanco, las mesas para el banquete rebosaban de comida, los sirvientes vestían de gala, la sala de los regalos rebosaba de oro y cosas en verdad preciosas, los Reyes más importantes del comercio Egeo se encontraban en Palacio para la boda.
No consideraba propio vestir de blanco y mucho menos usar velo, pero Thomas se empeñó y lo complací. Me decía:
— Tú eres una Diosa, un ángel, y las diosas y los ángeles siempre visten de blanco — me agradaban tanto sus palabras.
Por fin llegamos al largo pasillo que me llevaría hasta Alejandro el gran amor de mi vida, Stelios me miraba y sonreía.
— Tranquila Anaïs no estés nerviosa, todo saldrá a la perfección.
Y en verdad como que sabía lo que decía, eran las 11 de la mañana y el astro rey brillaba maravillosamente a lo alto del cielo, el olor a rosas era fascinante, todos estaban felices, Briceida lanzaba pétalos por el camino que recorríamos mi cuñado y yo.
Thomas estaba sencillamente sublime, vestido con una falda y una hermosa bata negra como era la costumbre en las Auras, el matrimonio era una mezcla entre las dos culturas.
— Estás hermosa — fue lo primero que me dijo Thomas al llegar junto a él, Stelios hablo.
— Te entrego esta mujer hermano, para que la ames, la respectes y la hagas muy feliz.
— De eso no tengas duda hermano — respondió Thomas con la sonrisa más linda que le hubiese visto en todo el tiempo que tenía conociéndolo.
El supremo Sacerdote, presidió la ceremonia, nos dio un hermoso sermón que hablaba del amor y el respeto mutuo en la pareja, de las obligaciones y responsabilidades que conlleva el matrimonio y de los hijos, en verdad me encanto todo, nos unieron por unos lazos que iban alrededor de nuestro cuello y así nos intercambiamos unas monedas, nos colocamos mutuamente los anillos de boda y mis manos estaban frías y temblorosas, pero las manos de él cálidas y seguras me dieron una enorme paz.
— En gracia del gran Febo Apolo y de la hermosa diosa Afrodita, los declaro unidos en matrimonio.
En ese momento echaron a volar una docena de palomas blanca que pasaron justo encima de nosotros, los fuegos de las hecatombes humearon más que nunca, los barriles de vino fueron destapados, y los aplausos resonaron por el jardín.
Me retiró el velo poco a poco y me vi reflejada en esos maravillosos ojos verdes cautivadores que poco a poco se me acercaron hasta sentir esos dulces labios en los míos y me entregue al más puro de los besos.
El amor se nos desbordaba al igual que la inmensa felicidad que sentíamos. Inmediatamente Stelios, Andrómaca y el rey Príamo nos vinieron a abrazar y desear buenos augurios, y la pequeña Briceida también se nos acercó, estaba enamorada de Thomas, pero también estaba feliz de vernos juntos, creo que se imaginaba que era ella la que se casaba, me causaba mucha gracia.
La fiesta comenzó en grande y por los próximos 11 días sería igual, todos los grandes Reyes, Príncipes, Consejeros, Senadores nos presentaron sus respetos y sus bendiciones, luego pasamos al gran Salón, en donde comenzó el almuerzo.
Todos comieron a reventar, después vino la danza, unas dos docenas de hermosas bailarinas bailaban para los invitados y claro para nosotros los novios.
Thomas y yo sentados en nuestra mesa nos divertíamos con todo y no dejaba de repetirme lo feliz que estaba y lo bella que era, llego el circo y nos hicieron reír a moría al igual que grandes magos nos asombraron con sus artes.
Declamaron poesía, cantaron, danzaron, Thomas y yo bailamos hasta más no poder; la noche llego sin percatarnos, la alegría nos invadía y nos besábamos al frente de todos sin importarnos nada.
Quebraron jarras y copas a nuestra salud; estando Alejandro y yo bailando me dijo en medio de saltos y algarabía.
— Es hora de irnos.
— ¿Qué? — pregunté por no oír.
— Que debemos irnos, ya quiero estar solo contigo — la gente se atravesaba y brincaba a nuestro alrededor pues estábamos en el medio de una rueda de personas.
— No te escucho — dije.
— QUE QUIERO ESTAR A SOLAS CONTIGO — pero justo en ese instante se había acabado la música y todo estaba en silencio, creo que no hubo un lugar en palacio que no retumbara la voz de Thomas, el pobre se puso rojo como un tomate, y yo no me quede atrás pero también me reí mucho por lo cómico que me parecía todo.
Los invitados se quedaron por un instante en silencio, pero parece que todos estallaron en risas al mismo tiempo pues creo que el palacio en ese instante se quedó sin vajilla ya que copas, jarras y platos se quebraron para celebrar y todos aplaudieron, Stelios llegó a nosotros y hablo en voz alta.
— Como ya han escuchado es tarde, y esta hermosa pareja debe de retirarse a su nido de amor, así que un último brindis POR AHORA a la salud de los novios y que me den muchos sobrinos — las copas que quedaban y las botellas se alzaron y todos gritaron salud a la vez.
Thomas y yo huimos rápidamente hasta la habitación que había sido preparada para nosotros, era la habitación que se usaba para los recién casados, todos los Príncipes y Reyes anteriores habían pasado su noche de nupcias en ese lugar, todo estaba bellamente acomodado, los inciensos humeaban una fragancia divina, las flores adornaban por completo el lugar, yo estaba muy nerviosa.
Apenas entramos Thomas destapo una botella de vino y sirvió dos copas.
— Por nosotros, por ti, por nuestro amor — chocamos las copas y bebimos, con delicadeza Alejandro puso las bebidas en la mesa y se acercó a mí.
— Te amo tanto Anís, que no puedo creer que estés acá, conmigo, en esta habitación tan especial — sus ojos centellaban con las flamas de la fogata.
— Yo tampoco lo logro creer, pero es así amor mío, acá estamos los dos con la bendición de los Dioses y de los hombres—para cuando termine de hablar Thomas estaba peligrosamente frente a mí.
— Me desespero por besarte — dijo y sus labios fueron directo a los míos, nos fundimos en un gran beso, podía sentir a través de mi tela lo caliente que se encontraba el abdomen de él, por su aliento percibí todo el amor que deseaba entregarme, el ritmo de su corazón delato lo nervioso que estaba, el tacto de sus manos dejaron ver su gran deseo, sentí desfallecer por un instante y rompí con el beso, sin decir palabra camine hasta la ventana y Thomas vino tras de mí.
— ¿Qué sucede amor mío? — pregunto preocupado, voltee a mirarlo caminar hacia mí y me di cuenta de cuanto en verdad me gustaba el que ahora era mi esposo, pero los nervios me atacaban, deseaba estar con él desde el último encuentro en la playa lo deseaba, pero mis nervios iban a arruinarlo todo, me traicionaban.
— Nada amor mío, es solo que me maree ligeramente y necesite tomar aire — llego hasta mí y acorralándome contra la pared me dijo dulcemente:
— Sé que todo esto es difícil para ti y sé también que estas nerviosa, no te exijo nada amor, no hay que hacer nada esta noche, solo no rechaces mi amor, mi cariño, deseo tanto mimarte, acariciarte, besarte, quiero tanto que te sientas protegida por mí, que te sientas segura a mí lado — sus manos tomaban mi rostro con delicadeza y sus dedos me daban amor en cada caricia, sus palabras en verdad borraban mis nervios y me hechizaban más de amor, si es que eso era posible.
Me puso muy cerca de su rostro, tanto, que ambos compartíamos el mismo aire, y esos maravillosos ojos que solo reflejaban sinceridad y verdad me dominaron por completo.
— Solo me siento segura cuando estoy a tu lado amor mío, y sé que no me exiges nada, deseo que esta noche sea maravillosa, y sé que en tus brazos así será, te amo Thomas, te amo como nunca pensé que se pudiese amar a un hombre.
Mis manos ahora acariciaban el rostro de él y mi bello Alejandro sin responderme nada me obsequio el primer beso de miles que me regalaría esa noche.
Sus besos húmedos y amorosos me invadían por completo, sus manos acariciando mi espalda suavemente se deshacían del vestido de novia, haciendo gala también de su experiencia, su boca tomaba mi cuello haciendo que mi cabeza ladeara un poco, la ternura de cada beso y caricia me hacían perder los nervios logrando que mi mente solo fuese de él y de ese maravilloso momento.
Sin darme cuenta el traje de novia cayó al piso, un camino de besos fue de mi cuello a mi pecho, pero antes de llegar a mis senos se detuvo y tomó mis manos besándolas de manera entregada y única, observo por completo mi cuerpo desnudo y para nada me avergonzó, por el contrario adore que me mirase.
— Es que eres extremadamente bella — le sonreí y lo abracé metiendo mis manos debajo de su larga bata.
— Ven conmigo — dijo separándose y tomándome de la mano me llevo hasta el lecho, me alzó en peso y me acostó en la mudilla cama, se quitó la bata y la falda, con toda delicadeza se acostó sobre mí.
— Cuanto tiempo he soñado con sentir tu piel así libre y traviesa debajo de la mía — su forma de hablar y sus palabras me excitaban.
Su cuerpo apoyado en su codo se alzaba del mío, dejando ver por completo mi desnudes, con su otra mano acaricio mi piel por completo. Eran tantas las sensaciones que tenía que cerrar los ojos, sentía como las puntas de mi pecho se erizaban al mínimo contacto con aquella mano que me complacía, mis piernas se cerraban y entre abrían como respuesta a sus exquisitos estímulos.
— Esta noche te haré mía pero muy lentamente, deseo grabar en mi mente y en mi piel cada rincón de tu cuerpo amor mío — habló cerca de mi rostro y yo ya no aguantaba más de tanto deseo, lo abrace y bese con fuerza.
Su piel caliente como brasa se situó encima de mí, sus labios hicieron un camino de besos de mis labios hasta mis senos, la lengua experimentada de Thomas se paseaba de una montaña a la otra haciendo que mis caderas se alzaran levemente pegando del abdomen de él.
— Te amo tanto — me decía en cada oportunidad. Mis manos exploraban su espalda y sus hermosos rizos.
Con toda sensualidad descendió por mi abdomen haciendo hincapié en mi ombligo y el área alrededor del mismo, mientras su lengua se distraía en esa zona sus dedos pulgares estimulaban aún más mis pechos, en realidad desesperaba por ser suya completamente, quería demostrarle todo lo que lo amaba en ese momento.
Se arrodilló estando en medio de mis pierna y tomó la derecha besándome lentamente desde el talón hasta la entrepierna sin dejar de mirarme a los ojos ni por un instante, yo intentaba sostenerle la mirada pero la sensualidad de su ser me amedrentaba y tenía que desviar la vista sin contar con que mi respiración cada vez era más rápida y mi cuerpo se estremecía constantemente.
El mismo movimiento repitió con mí otra pierna hasta que su ágil lengua se apodero de mi zona más íntima, haciendo que literalmente gritara de placer.
Alcance el supremo placer bajo los ojos seductores de Thomas, que definitivamente disfrutaban el mirarme enloquecer por él.
Beso a beso subió hasta mis labios, yo trataba de recuperar la tranquilidad de mi respiración además de mi cuerpo que de repente se estremecía.
— Tanto he soñado tenerte así — me miraba a los ojos acariciando mi rostro empapado de sudor — Me has hecho tan feliz, he deseado verte como estas ahora por mucho tiempo, verte excitada, complacida, observar cómo te estremeces bajo mi cuerpo, bajo mi mirada, observar como tus manos desesperadamente buscan mi piel, como repites mi nombre entre gemidos — ¡DIOS! Me mataba con cada palabra, moría de vergüenza y seducción al escucharlo.
— Deseo ser tuya — dije en voz baja y movida por la seducción de la que era presa — Deseo sentirte por completo.
— También soñaba con oírte decir eso — susurró sobre mis labios y con delicadeza se acostó sobre mí.
Dándome tiernos besitos en mi cuello y rostro con gran maestría entro en mí, y al sentirlo mi espalda se levantó levemente y un gran suspiro salió de mi boca.
— ¿Estás bien? ¿Te lastime? — preguntó preocupado y fue mi momento de devolverle un poco de seducción, pues con cara muy picara y deseosa le respondí.
— Para nada, solo quiero que me tomes — lo bese con fuerza y mis caderas comenzaron a danzar junto las de él.
Respirar cada vez era más difícil y nuestros cuerpos confundían el sudor de uno con él otro.
— Estás tan caliente — decía entre suspiros. —. Te amo Anaïs, me excitas, te deseo tanto amor mío.
Los besos eran interminables hasta que ambos sentimos la explosión de placer dentro de nuestros cuerpos y gritamos el nombre del otro en voz alta.
El cuerpo lleno de éxtasis de Thomas calló sobre el mío. Tras unos minutos en silencio tratando de recuperarnos de lo vivido, me dijo:
— Quiero hacerte el amor todos los días por el resto de mi vida.
— Y yo quiero que me lo hagas por el resto de mis días, amor mío.
Las palabras sobraban sólo los dos mirándonos abrazados y acostados de lado en la cama, con nuestros cuerpos húmedos de sudor y placer, entrelazados al igual que las manos y las múltiplex caricias. Permanecimos así por mucho tiempo, riéndonos de nada y de todo a la vez, el sueño me lograba vencer pues los dedos de Alejandro se paseaban por mi cuerpo haciéndome cariñitos que me adormecían con divinidad.
— Tengo algo para ti — dijo y se levantó de la cama, me coloque boca abajo esperando ver que me traía.
— Es un collar de perlas de los mares de Occidente, perteneció a mi madre, y me lo dejo para la que fuese mi esposa — hablaba emocionado, me senté en la cama y lo tomé en mis manos.
— Esta muy hermoso amor mío, es un collar único, casi nadie ha explorado el Occidente, yo…yo…estoy muy halagada por este presente — dije en verdad asombrada y maravillada por tan hermoso regalo — ¿Me lo pones?
— Con todo gusto — me colocó el collar y me beso tiernamente, se recostó a mí lado con una seña me hizo entender que me acostara a su lado apoyando mi cara en su pecho y así lo hice, en esa posición mientras hablábamos de la fiesta nos quedamos dormidos cuando ya salía el alba.
Continuará…
