Hoy no tengo muchas palabras.
REMEMBER CLEXA
Clarke regresaba a prisa a la cama con una gran taza de té y una bolsa de galletas con chispas de chocolate en sus manos. Tras dejar las cosas sobre la mesa de noche, se colocó apresurada pero cuidadosamente sobre las piernas desnudas de Lexa, quien se encontraba relajada, apoyada sobre la cabecera de la cama. La intempestiva temperatura gélida no le impidió sentir placer en la calidez de la cama y la suavidad de la piel de Lexa, ambas se cubrían a penas con dos playeras grandes que Clarke usaba para dormir. En algún lugar de la habitación un antiguo LP reproducía Dream A Little Dream Of Me con Ella Fitzgerald & Louis Armstrong mientras Clarke se divertía con la expresión en el rostro de Lexa, que era una mezcla de agotamiento, alegría y relajación. Cubrió sus labios con los suyos de manera juguetona he hizo reír a Lexa. Tras un par de minutos de risas y caricias, cambiaron los besos por las galletas y comenzaron una charla muy cerca la una de la otra.
Oh, Dios! Podría comer chocolate todo el día.
¿En serio? - preguntó Lexa fingiendo asombro con una ceja levantada
Aja – confirmó Clarke llevándose una galleta a los labios muy cerca de los de Lexa
Es bueno saberlo – contestó divertida con las provocaciones de su novia
¿Por qué? -
Porque puede ser que alguna vez estuviera en la mejor tienda de chocolate de Suiza, también puede ser que ahí probara el mejor chocolate que ha existido... - se acercó a su cuello y dejó una hilera de besos – Y porque puede ser que tenga una caja de él en D.C.
Ok, ahora estás siendo cruel – Dijo Clarke separándose y sonriendo
Te daré un poco cuando vengas conmigo a D.C... Tú y Aden, claro.
Clarke sonrió ante lo que Lexa acababa de decir, no había mentira en sus intenciones, sabía que Lexa cumpliría su palabra y los llevaría a ambos y lo disfrutaría más que ellos. Sentía que de verdad admiraba y quería esa parte de Lexa, que lo daba todo por los demás, por quienes eran especiales para ella.
De acuerdo, tenemos un trato - se acercó a su labios y dejó un profundo beso mientras Lexa acariciaba su espalda. Cuando el beso terminó, Clarke le dirigió una mirada interrogante a Lexa. - Así, que Suiza, eh...
Sí
Has viajado mucho,¿verdad?
Eso creo... supongo – dijo Lexa quitándole importancia
¿En cuántos países has estado?
Lexa no pasó por alto que aquella era la primera vez que Clarke iniciaba una conversación sobre el pasado, pero no quería que ella pensara que su estilo de vida era una razón para sentirse de nueva cuenta distante a ella.
Realmente no lo sé – dijo honestamente – he viajado mucho en estos últimos años, demasiado. - Tomó aire y continuó – Mucho de Europa, un poco de Asia, algo menos de África. Pero nada de eso ha sido por placer o por decisión propia.
Clarke la miró un tanto confundida con sus labios al borde de la taza de té. Lexa le dirigió una sonrisa antes de continuar, pero ella pudo ver tristeza detrás de la sutil expresión en la comisura de sus labios.
Cuando mi familia murio, mi educación y tutela cayó en manos del albacea de mi padre. Él se encargó de enseñarme todo sobre el manejo de las finanzas y la empresa. Su nombre es Titus, y era la mano derecha de mi padre. Sé que sus intenciones eran honorables, pero para lograr su objetivo me separó de mi familia, de Gustus. Al final me convertí en lo que él deseaba. Simpre he tenido todo lo que necesito para vivir una buena vida, pero salvar la empresa se sentía más como una obligación que algo que proteger por amor, por lo que significa para esta ciudad y para mí. No quería ser el tipo de persona que ordena y manipula las vidas de los demás sólo porque es lo único que sabe hacer. Y, después de todo, me parecía que había sido preparada toda mi vida para ser alguien así. Al terminar mi educación en las mejores escuelas deñ país tuve que marcharme a adquirir experiencia en compañías, socias de la empresa de mi familia. Me marché lejos, o Titus se encargó de eso. Su relación con el resto de mi familia nunca fue buena, otra simple distracción para él.
A Clarke le rompía el corazón que aquello lo decía, no con dolor, sino con un deje de resignación.
Cuando conocí a Costia él se opuso porque pensaba que ella significaba una distracción para mí, una que venía justo antes de tener que intervenir en la empresa. Así, que, de alguna manera, mi relación con Costia no termino únicamente por la distancia. Siempre sospeché que ella sabía que lo nuestro no podía ser, y que por eso aceptó la oferta en Berlin cuando se le presentó. Pero poco después de que lo nuestro llegó a su fin, también lo hizo mi relación con Titus. - Decir aquello suponía revelar a Clarke algo más sobre ella, de lo que sentía por ella y que no se atrevía a pronunciar. Cuando la mano que Clarke entrelazó suavemente con la suya sólo confirmó su sospecha.
Lo siento – susurró – Te mereces una vida mejor, algo mejor que eso.
Está bien, Clarke. Ahora siento que vivo de verdad.
¿De verdad?
Sí, justo aquí y ahora, junto a ti.
Clarke sintió cómo una sensación de alegría y extraño alivio recorría su cuerpo. Deseó poder demostrar con hechos lo que Lexa le hacía sentir en ese momento. Se acercó hasta ella y la abrazó, por primera vez desde que estaban juntas, con un sentimiento de protección, colocando su mentón sobre la cabeza de Lexa, quería hacerla sentir segura de que lo que acababa de decirle era cierto. Después de unos segundos se separaron y, para sorpresa de Clarke, Lexa tenía una gran sonrisa en el rostro.
Realmente me gusta tu playera, ¿sabes? – dijo Lexa admirando la leyenda Hot Fuss Tour en ella.
Bueno, tengo un buen gusto.
Entonces, eras ese tipo de chica... ya sabes... una grupie - bromeó Lexa
Jajaja, no lo creo, yo era más del tipo "tengo una amiga que está enamorada de Brandon Flowers". Pero tengo que admitir que he pasado tardes maravillosas escuchando su música en el patio trasero de los Blake.
Ya veo... Entonces... ¿Qué tipo de chica eras, Clarke? – Lexa notó de inmediato el cuerpo de Clarke tensarse e incluso retirarse un poco de ella. La música paró, casi a manera de presagio.
Sólo era una chica de una pequeña ciudad, tú sabes cómo es eso – dijo forzando una sonrisa.
Lo siento, no pretendía incomodarte.
No lo haces... Es sólo que...
Clarke tomó valor y buscó en la mirada de Lexa la fuerza para abrirse por fin con ella. Sabía que se lo merecía. Sabía que no se perdonaría a sí misma si no lo hacía pronto.
Realmente no puede mirar a mi pasado y estar orgullosa – Lexa acarició su rostro.
Está bien, no tienes que hablar de eso sino lo deseas.
Pero ese es el punto, que quiero hacerlo, quiero contarte...
Yo esperaré todo lo que sea necesario, estaré para ti cuando lo necesites.
La frustración en el rostro de Clarke se mezclaba con el enfado y la tristeza. Lexa se irguió y la tomó con fuerza entre sus brazos. Una lágrima silenciosa de Clarke hizo contacto con el cuello de Lexa.
Mientras me cuentas cómo estudiaste en buenas escuelas y viajaste para formarte, te has preguntado, ¿por qué trabajo en un bar local? ¿por qué estoy a punto de terminar mis estudios en una escuela comunitaria a mi edad?¿Por qué no seguí con una vida diferente viniendo de un hogar como el mío?
Como dije, contaba en que esa parte de tu vida pudieras confiármela algún día, en tus términos, no los míos. Además, no veo nada particularmente extraño en cómo vives tu vida, Clarke.
Clarke recuperó el aliento, y, por primera vez desde que la conversación había iniciado, miró hacia abajo, evitando la mirada de Lexa. Aquello le resultaba terriblemente difícil, creía estar temblando y de pronto se preguntó por qué sentía la necesidad de abrirse así con alguien que conocía desde hace tan poco tiempo. Pero se trataba de Lexa, Alexandria Woods, su Lexa. No quería continuar así, sabiendo que Lexa la esperaría, que podía confiar en ella, porque se lo había probado día tras día, siendo un libro abierto sobre su pasado y respondiendo todas las preguntas que le había hecho, incluso sobre su relación con Costia y sobre la muerte de su familia. Podía ver claramente en sus ojos lo que Lexa aún temía confesarle.
Pero Clarke ya lo sabía.
Estaba segura de que lo que sentía por ella era recíproco. En pocos días se había enamorado de ella. De sus ojos verdes, de su piel, de su voz, de su gentileza, de su dolor, de la fuerza que poseía y que la hacía sentirse segura a su lado.
Era tal vez por todo eso que sentía por ella que creía que debía contarle, que Lexa se lo merecía. Clarke se sentía casi sucia por estarle ocultando tantas cosas sobre su pasado y a la vez tan importantes para ella ahora.
No sé si te sorprenda escuchar esto, pero en realidad fui una hija modelo y una estudiante sobresaliente la mayor parte de mi vida.
Sin poder contenerlo, Lexa realizó un gesto que decía: "No me sorprende en lo absoluto, pero continúa". A Clarke se le dibujó una media sonrisa triste en el rostro.
Siempre admiré a mis padres, quería ser como ellos, inteligentes, líderes, amados por sus amigos y familiares. Nunca deseé nada más que hacerlos orgullosos. Y siempre supe también lo mucho que ellos me amaban y que siempre estarían ahí para respaldar mis planes de vida. Se suponía que estudiaría medicina – ¿te imaginas? - Lexa negó hundiéndose de hombros. Claro que la podía ver, podía verla haciendo cualquier cosa que se propusiera – Incluso llegué a pensar en lo feliz que era. - La juventud y la ingenuidad se llevan muy bien ¿no crees? - dijo con tristeza.
Supongo que todo comenzó cuando Wells se marchó a D.C., su padre lo envió a alguna escuela-internado para darle una educación que le permitiera entrar en una buena universidad. Ese fue el inicio de un verano terrible, en todas la maneras posibles en mi vida. El día que volví a casa tras despedirme de Wells, encontré a mis padres teniendo una fuerte discusión. No estoy segura del por qué peleaban, pero tenía que ver con el trabajo de papá. Por alguna razón que está ligada a mi testarudo yo adolescente, terminé haciendo esa discusión mucho peor, al final de la noche me encontraba en mi habitación, castigada. Eso claro, hasta que decidí escapar esa noche de casa.
Clarke tomó una pausa, Lexa podía ver reflejada en su rostro una batalla entre la necesidad seguir desenterrando su pasado y el terror de hacerlo, pero decidió no decir nada y dejarla continuar con lo que le estaba costando horrores sacar de su interior.
Aquellos tiempos eran diferentes para mí, Wells no sólo era mi mejor amigo, era mi único amigo, y con el tiempo he descubierto también que él sentía algo más que amistad por mi. Raven y Octavia aún no eran parte de mi vida. Yo era una Clarke que ellas nunca conocieron y mi mundo también. Esa noche hice cosas muy estúpidas de las que hoy aún me arrepiento. Terminé el verano rodeada de personas despreciables, apostaría una buena suma de dinero a que todos ellos tienen records criminales ahora. Durante todo ese tiempo regresaba a casa antes de amanecer con el torrente sanguíneo lleno de alcohol. Mis padres tardaron muchas semanas en notar lo que sucedía, después de todo nunca estaban en casa y yo nunca había estado metida en problemas. Aquel pudo ser un simple verano de rebeldía, del que podría hablarle algún día a mis nietos. Una historia que ellos nunca me creerían, justo como el inicio de A league of their own - Clarke rió con amargura - Pudo serlo en verdad, de no ser por...
La calma del relato de Clarke estaba saliendo de la conversación. Lexa se percató de ello y dijo:
Está bien... puedes parar ahora si lo deseas – Clarke negó con lagrimas contenidas en los ojos.
Conocí a un hombre llamado Tristan. Sus fiestas tenían apuestas, alcohol, chicos, chicas y otras cosas que reunían a todos los interesados de las pequeñas ciudades de la región. En ese tiempo no se conseguía mucho si no estabas en D.C.. como dije, no tenía amigos, y no estaba pasando por una etapa particularmente sociable, pero claro, eso no me impidió acostándome con atractivos extraños. Realmente eso no es algo de lo que me arrepienta, me cuidé, fue mi elección y me divertí. Se podría decir que intenté ser responsable con mi vida sexual. Al menos en algo lo fui.
Lo que sucedió a continuación fue el ritmo de la respiración de Clarke cambiando y su cuerpo tensándose entre los brazos de Lexa.
Toda mi vida cambió la mañana que desperté en una granja de las afueras, donde eran las fiestas de Tristan. Me encontré en una habitación que no conocía, sin recordar casi nada de la noche anterior. La cabeza me dolía como si alguien me hubiera golpeado, y era la primera vez que no regresaba a casa. Los fuertes ruidos a mi alrededor hacían retumbar mi cabeza y recuerdo el molesto sabor a óxido en la boca. Me sobresalté tanto cuando la policía entró en la habitación, que por algún tiempo no noté que casi no llevaba ropa encima. Una llamada anónima había llegado a la comisaría. Cuando finalmente los sentidos comenzaron a regresar a mi cuerpo... lo vi. - en ese momento las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas y su voz se entrecortaba por la falta de aire - Se encontraba inmóvil, en un sillón, tan sólo a un par de metros de mí, la sangre había formado una gran mancha en su ropa. Dijeron que había sido una sobredosis, y yo sólo pude permanecer ahí, en total shock durante varias horas hasta que papá vino. Su rostro, Lexa. Nunca lo podré olvidar. Era de decepción, miedo, tristeza, enojo... Nunca pensé que podía haberlo hecho sentir así. - Clarke ya no sabía si podía pronunciar otra palabra más.
Lexa sintió una sensación helada bajar por su espalda. Había escuchado con atención cada palabra de Clarke. Sin un ápice de molestia o decepción, pero algo la inquietaba ahora. Algo que no se atrevía a preguntar. No quería dejar entrar en su mente la posibilidad de qu alguien le hubiera hecho a Clarke un daño tan grande. Sin embargo, se sorprendió al escucharse pronunciar palabras que le formulaban una titubeante pregunta a Clarke.
¿Clarke, tú... alguien... te lastimó?
Clarke seguía sin poder mirar a Lexa a los ojos, pero encontró consuelo en que, pese a lo que acababa de contarle a Lexa, ella aún continuara preocupándose por su bienestar.
- No – dijo tajante – sea lo que sea, fue consensual. Eso no fue lo que pasó. - dijo tratando de alejar su mente de eso- Pero claro, hubo algo inusual esa noche, no lo puedo describir, es como una gran neblina en mi cabeza. Recuerdo al chico con el que coquetee toda la noche pero poco más. Era mayor de edad, así que no me sorprendió no vovler a saber de él cuando la policía abrió un caso sobre lo ocurrido. Tal vez alguien puso algo en mi bebida, tal vez no. Quizas tomé algo más y no lo recuerdo. Y supongo que con todo lo que estaba pasando, eso fue lo de menos para mí. Regresar a casa, eso fue lo difícil, de alguna manera sentí que nunca pude hacerlo... regresar. No podía volver a ser quien era... El chico, yo...no sabía su nombre, pero su rostro me persiguió durante muchas noches. La gente en la calle me miraba diferente, se rumoreaban cosas, y tuve que ir a la corte para testificar. Por algún tiempo asistí a terapia pero algo dentro de mí ya estaba quebrado...
Lexa asintió, viendo en la mirada de Clarke más dolor tras todo lo impactante que acababa de contarle, estaba segura que había más. Lo pudo saber cuando Clarke no pudo sostener por más de un segundo su mirada. Pero no importaba, nada lo hacia, no podía existir algo en el pasado de Clarke que pudiera alejarla del sentimiento feroz que se encontraba alojado en su pecho en ese momento. Quería tener el poder de borrar el dolor del pasado de Clarke, de verla feliz, sonriente como siempre.
Lo siento, Lexa. Sé que los fantasmas de mi pasado son difíciles no sólo para mí sino para los que me rodean. Aún hoy me hace actuar de formas injustas con las personas que me rodean, me es difícil abrirme y confiar en las personas. Cómo podría si no confío en mí misma. No pretendo que lo que acabo de contar sea una carga más en tu vida. Y entenderé si eso no te hace sentir bien.
Lexa colocó con suavidad su mano bajo el mentón de Clarke. Levanto su cabeza hasta tener su mirada fija en la suya. Las lágrimas habían parado, como o la vieja cicatriz de una herida profunda que duele en días de lluvia.
Clarke... te quiero a ti, siempre. Con tu pasado, presente y futuro. No me pidas que haga otra cosa, porqué sé que no puedo.
¿Por qué? ¿Por qué te aferras a mí?- pese a todo, Clarke no creía las palabras de Lexa. Algo muy dentro de ella se negaba a creer en que a Lexa no le importara lo que acababa de contarle.
Lexa respiró hondo, tomando valor por todo lo que Clarke se había atrevido a confesarle.
Por que te amo, Clarke.
Clarke sintió su cuerpo congelarse. Lo sabía, claro que lo sabía. Pero no se esperaba una declaración así, ciertamente no ahora, después de lo que acababa de suceder. Sabía también la razón por la que Lexa había contenido esas palabras por algún tiempo, no quería asustarla, no quería alejarla, no quería perderla. Y por eso la amaba también.
El sonido de un teléfono rompió la conexión de sus miradas. Clarke pensó en ignorarlo, trató de verdad, quería tener una respuesta para Lexa. Quería decirle que la amaba con toda la locura que implicaba hacerlo en tan poco tiempo, tan desesperadamente. Pero aquel era el timbre de una llamada de su madre. Y su madre no solía llamarla nunca cuando se encontraba en el trabajo. Recordó la última vez que había recibido una llamada así. Se disculpó con Lexa y buscó su teléfono entre las mantas.
¿Mamá? Qué sucede.
Lexa la observaba con el ceño fruncido y una sensación extraña en el pecho.
Tranquila, no entiendo lo que dices, hay mucho ruido.
De pronto, se hizo el silencio. El semblante de Clarke cambió súbitamente Lexa supo que algo no iba bien.
Estaré ahí pronto, espera por mí, no tardaré - dijo colgando el teléfono y con un rostro que asustó a Lexa. Buscó ropa en un cajón torpemente y comenzó a vestirse.
¿Qué ocurre? - preguntó, pero no obtuvo respuesta - Clarke ¿qué sucede? - De nueva cuenta, silencio.
Lexa se puso de pie, caminó hasta Clarke y la tomó por el brazo. La rubia se soltó, y la miró como si estuviera a punto de vomitar.
Llévame al hospital, es Aden.
