Capítulo 11. El amor es ciego pero no sordo.
Han pasado unas semanas. Julio de 2015. Es una asfixiante madrugada de verano en uno de los muchos polígonos petroquímicos del puerto de Kawasaki. Allí, la primera sección ha sido movilizada a cubrir una emergencia que puede acabar muy y muy mal. La tensión es máxima, sobre todo para el capitán, Ota, al saber contra quien se están enfrentando. El helicóptero de reconocimiento de la policía de Kanagawa, un Kawasaki BK-117, sobrevuela rastreando con sus cámaras de visión nocturna y térmicas.
(Piloto helicóptero de reconocimiento) Tejón Alfa Cero a Capitán Primera Sección. Seguimos sin encontrar rastro del Labor del saboteador. No podemos usar la cámara térmica por el calor de las tuberías y depósitos. Tampoco hay rastro de él en la cámara nocturna.
(Ota) -levantado al lado de su mini coche patrulla con la puerta abierta, visiblemente tenso- Aquí capitán primera sección. Recibido, Tejón Alfa Cero. En tierra mantenemos la búsqueda palmo a palmo. A la más mínima señal informad inmediatamente. Cambio.
(Helicóptero de reconocimiento) Recibido. Mantendremos la vigilancia. Cambio y corto.
(Ota) Teniente Shiba. ¿Me recibe?
(Mimiko) -en la cabina de su Labor... cómo en las nubes- …
(Ota) ¿? -suspira frunciendo el ceño- Otra vez igual. ¡Teniente Shiba! ¿Me recibe!?
(Mimiko) O _ o ¡Sí, capitán! ¡Le recibo!
(Ota) -exclama enfadado- ¿Es que se ha vuelto sorda, teniente? ¡Haga el favor de estar atenta! ¿Sin novedad en la búsqueda?
(Mimiko) No, capitán. No le encontramos por ninguna parte. Aquí hay mil y un sitios donde esconderse. Y más siendo de noche.
(Ota) Recibido, teniente. Oficiales. ¿Alguna novedad?
(Sonoko) No, capitán. Ni rastro. Los sensores térmicos y de movimiento no detectan nada. Ni tampoco los volumétricos ni magnéticos, capitán.
(Ota) ¿Arakawa?
(Arakawa) Sin novedad, capitán. Ni siquiera por simple búsqueda visual le encontramos. Tal vez deberíamos esperar a que salga el sol. Opino que con la ayuda de la luz natural nos será infinitamente más fácil dar con él.
(Ota) -sonríe con tristeza- Vaya. Se me hace tan raro que de repente me hables con tanta lucidez, Arakawa. Es increíble.
(Arakawa) Perdón, cómo dice, capitán?
(Ota) ¿Eh? Oh, nada, nada. Olvídalo. Oficial, lo que planteas es lo mismo que opino yo. Pero tenemos órdenes directas y contundentes tanto de mis superiores de la Jefatura Superior cómo de la Policía de Kanagawa. Hay que detener a ese pirómano inmediatamente o nos podemos enfrentar a una catástrofe química. ¿Lo entendéis?
(Mimiko) ¿Tan peligroso es este individuo al que buscamos, capitán?
(Ota) Según la ficha que me han proporcionado del energúmeno en cuestión, tiene 48 años y es de Agasahara.
(Sonoko) Una pregunta. ¿Es un pirómano... o alguien con problemas psicológicos graves? Vamos, que si está loco.
(Ota) Desgraciadamente, la respuesta es que sí. Es literalmente un perturbado. Un pirómano con graves antecedentes por provocar incendios en bosques, naves industriales e incluso campos de cultivo. La policía de su prefectura ya le ha detenido tantas veces que por lo visto ha huido a otras partes del país para seguir actuando. Y ahora ha llegado a Kanagawa, dónde si no le encontramos pronto por aquí, puede organizar una de muy gorda. Así que no podemos esperar a que amanezca. Tenemos que encontrarle y encontrarle ya.
(Sonoko) Recibido, capitán. Mantenemos la búsqueda.
(Ota) Recibido. -cuelga el transmisor y se queja, enfadado- Mierda. Cómo no le encontremos pronto la primera sección volverá a hacer el ridículo. Empiezo a hartarme de que se rían de nosotros en la prensa.
Entonces, sin esperarlo, el Labor del pirómano, un Labor de cuarta generación Cosmonaut de Shinohara, de color azul marino, se cruza de bruces con el Labor de Mimiko.
(Mimiko) O _ o ¡Capitán! ¡El Labor acaba de salir de su escondrijo! ¡Lo tengo a cincuenta metros de mi! ¡Voy tras él!
(Ota) ¡Espera! ¡Transmite su posición a los demás para que vengan a ayudarte!
Demasiado tarde. Mimiko se lanza a atacar al pirómano... pero éste resulta ser un piloto muy bueno: tumba al Labor de Mimiko y sale corriendo.
(Sonoko) -llega en su Labor junto a Arakawa- ¡Teniente! ¿Estás bien!?
(Mimiko) ¡No os preocupéis por mi! ¡Id tras él! ¡Ha huido en dirección dos cinco! ¡Deprisa!
(Sonoko) ¡Recibido! ¡Arakawa, ven conmigo!
(Arakawa) ¡Entendido! -echan a correr sus Labors hasta alcanzar a pocos metros al Labor del pirómano- ¡Al piloto del Cosmonaut! ¡Le habla la Policía! ¡Detenga su Labor inmediatamente y salga de la cabina con las manos el alto! ¡Si no quiere empeorar sus cargos y terminar en la cárcel, obedezca! -desenfunda la pistola-cañón-
(Sonoko) ¡No, Arakawa! ¡No estamos autorizados a usar nuestras armas! ¿Es que quieres hacernos volar por los aires!? ¡Estamos rodeados de tuberías y depósitos de gas y combustible!
(Arakawa) Mierda. -esconde el arma... y llega Mimiko-
(Mimiko) ¡Dejad que yo me encargue de él!
(Sonoko) ¡Mimiko, no te acerques tanto! ¡Mimiko!
El Labor del pirómano, una vez más, se deshace de Mimiko, haciendo caer su Labor sobre una tubería de gas que revienta. Arakawa, muy rápidamente y dándose cuenta de la peligrosidad de la situación...
(Arakawa) ¡Mimiko! ¡Sal de ahí, deprisa! ¡Sal!
El Ghost de Arakawa coge al Labor de Mimiko por el brazo derecho y de un fuerte empujón lo empuja lejos... cuando la tubería hace ignición y explota, cogiéndole la explosión de lleno.
(Mimiko) ¡Arakawa! ¡Arakawaaaa! -grita muy nerviosa y preocupada-
(Sonoko) ¡No te preocupes por él, tonta! ¡Quédate aquí, voy tras ese desgraciado!
(Mimiko) ¡Pero Sonoko!
Sonoko sola echa a correr tras el Labor del pirómano, que se acerca a una vía de tren que atraviesa el complejo petroquímico y esta lo bastante alejada de otros depósitos de substancias peligrosas. Sonoko ve su oportunidad: desenfunda inmediatamente su pistola-cañón, apunta con la mira de precisión electrónica... y dispara dos disparos seguidos con absoluta precisión. El Cosmonaut cae inutilizado y sin poder moverse. El pirómano sale de la cabina algo herido pero sin arrugarse... pero se encuentra de bruces con Ota, apuntándole con su pistola SIG Sauer P220.
(Ota) -apuntado al pirómano con su pistola con cara de mala leche- Yo que tú no me iría muy lejos. De rodillas y las manos sobre la cabeza. ¡Venga! -el pirómano, aceptando su derrota sin más, le hace caso. Ota le pone las manillas y se comunica por su transmisor- Capitán Primera sección a Centro de mando. Hemos reducido al pirómano. Repito. Hemos reducido al pirómano. Notifico que le he capturado personalmente. Venid a recogerlo.
(Radio) Aquí mando. Recibido. Permanezca en su posición actual hasta que vengan a recoger al delincuente.
(Ota) Recibido, central. Cambio y corto. Aigh... menuda nochecita hemos tenido por tú culpa, maldito incendiario. -da un sobresalto al darse cuenta de algo- ¡Oh! ¡Mierda! ¡Sonoko! ¿Y Arakawa!?
(Sonoko) No se preocupe, capitán. Sólo está inconsciente, no es nada grave. Pero está un poco malherido, señor.
(Ota) ¿De verdad?
(Sonoko) Cuatro quemaduras, capitán. Nada serio. Aun así, se lo están llevando en una ambulancia al hospital. Dicen los sanitarios que para hacerle un examen en más profundidad.
(Ota) -echa un largo suspiro con enfado- Mierda. Nos ha vuelto a pasar otra vez.
(Sonoko) ¿Le vuelve a echar la culpa a la teniente, capitán?
(Ota) -exclama muy cabreado- ¡Pues claro que sí, oficial! ¡Esto ya hace demasiado tiempo que dura! ¡Preparaos, porque cuando regresemos me va a oír!
El cabreo de Ota no es para menos. Los errores de Mimiko llevan acumulándose en las últimas semanas, hasta el punto que la Primera sección de Ota ya ha sido fruto de críticas por parte de la prensa. Si bien Arakawa no ha sufrido más que una pérdida momentánea de la consciencia y alguna que otra quemadura, nada serio, su Labor ha quedado hecho trizas por la explosión. Arakawa es llevado al hospital de la policía donde se le dará de alta enseguida. Pero para Ota, esto no ha sido una operación terminada con éxito, sino terminada de malas maneras... por un nuevo error de Mimiko. Lo que Ota aun no sabe, es que Mimiko está así... y también Shige, por esconder un terrible secreto: la enfermedad mortal de Sakaki.
Al regresar y cuando justo amanece... los miembros de las secciones segunda y cuarta justo van llegando, siendo los capitanes los primeros. Ota y Richardson ya están en el despacho de capitanes, pero cómo siempre, Noa es la última en llegar.
(Noa) -entra toda contenta, cómo es natural en ella- ¡Buenos días, chicos! ¿?
(Richardson) Será mejor que no le hables demasiado a Ota. Está que muerde.
(Noa) ¿Y eso? -dice sin entender de que va la cosa-
(Ota) -con muy mala cara- No pienso decir nada. Hasta que ese par no vengan a hablar personalmente conmigo, no pienso estallar. Esta comedia ya hace demasiado tiempo que dura. ¡Y me estoy hartando!
(Noa) ¿Se puede saber que te pasa?
(Richardson) Ssshhhh. No le digas nada o lo empeorarás. Hazme caso.
(Noa) De acuerdo. No me meteré. Pero opino que no deberías ser tan estricto de buena mañana, Ota. Aquí todos nos conocemos. Puedes contárnoslo.
(Richardson) Noa...
Entonces llaman a la puerta: son Mimiko y Shige.
(Shige) Ota. ¿Nos has llamado?
(Ota) Sí, pasad. Y cerrad la puerta.
(Shige) -abren, entran y vuelven a cerrar la puerta- Con vuestro permiso.
(Noa) Buenos días, Shige. Buenos días, Mimiko. ¿Qué hacéis aquí?
(Ota) -sin salir de su enfado- Noa, tú no te metas. Esto es un problema de mi sección y debo resolverlo yo.
(Noa) ¡Pero...
(Richardson) Déjalo, Noa. Nosotros sólo podemos ejercer de meros espectadores.
(Shige) Tampoco tienes por qué ser tan bruto con Noa, Ota. Sólo me ha dado los buenos días.
(Ota) -con posa muy sería y enfadada- En un principio sólo quería llamar a la teniente. Pero puesto que hace tiempo que me he dado cuenta que tanto ella cómo tú estáis igual, he decidido decíroslo sin más rodeos a los dos. Aunque seas de mi mismo rango, Shige, creo que la actitud que tienes últimamente, merece mi reprobación más contundente! -exclama cabreado-
(Shige) -se da cuenta que su mujer baja la cabeza, triste, sin decir nada y contraataca- … Podría decir que quiere decir con eso, "capitán"? -dice muy molesto-
(Ota) -estalla y dice rabioso- ¡No te hagas el despistado, Shige! ¡Estoy seguro que si ella está cómo está es porque tú también lo estás! ¡Y por culpa de eso, mi sección lleva las últimas emergencias, prácticamente en las últimas tres semanas, siendo la comidilla de la prensa y de los peces gordos de la Jefatura Superior! ¡Hasta la Superintendente Shinobu le ha llamado la atención al comandante Hiromi por los errores imperdonables que ha cometido mi sección en las últimas semanas! ¡Qué demonios os pasa, eh!? ¡Cómo sigamos así, la primera sección será reestructurada!
(Shige) ¿Pero cual es el problema, exactamente!? ¡Deja ya de bravuconear y ve al grano, Ota!
(Ota) ¿Que vaya al grano!? -se calma, reflexivo- … De acuerdo, Shige. Tú no tienes culpa de nada. Eres el jefe de mantenimiento y no has cometido ningún error en tu trabajo. Pero tu mujer... la teniente Mimiko Shiba... lleva varias semanas totalmente desconocida. Tengo la sensación... que Mimiko ha dejado de ser aquella piloto de Labors agresiva, hábil y con estilo que fue tiempo atrás.
(Mimiko) -cabizbaja, con expresión de culpabilidad- Ya lo sé, capitán. Todo es culpa mía. Asumo toda la responsabilidad. -se postra ante Ota-
(Ota) -mirándole seriamente- Lo siento, Mimiko. Pero con disculparse, no basta.
(Mimiko) -se reincorpora, con un rostro cada vez más triste y Shige, cómo su marido, se da cuenta de ello- …
(Shige) -dice con cierta lástima- Venga, Ota, no seas así. Ella... no... déjala por ahora. Ya hablarás con ella en otro momento.
(Ota) No, Shige. Esto es un problema interno de la Primera Sección que está afectando al buen nombre de toda la patrulla Labor. Y debo solucionarlo. Es algo entre ella y yo. Así que he decidido... preguntárselo a ella y a tú también, Shige... sin más demora.
(Shige) ¿? De que hablas.
(Ota) -mirándoles muy seriamente- … Que demonios es lo que os pasa. -tanto Mimiko cómo Shige, se entristecen, sin decir nada- … Que estáis escondiendo entre vosotros dos, que estáis tan tristes y serios, sin decir a nadie lo que os preocupa, lo que os atormenta. Si no podéis decirlo por propia voluntad... me veré obligado a que me lo digáis por obligación. Por orden mía.
(Shige) -se enfada con Ota, golpeando con sus manos la mesa de Ota- ¿Qué!? ¡De eso nada, Ota! ¿Quien te has creído que eres!? ¡Tú no eres nadie para obligarme a decir nada de nada! ¡Te vuelvo a recordar que soy de tu misma graduación!
(Ota) Tú no, Shige. Además, no es a ti a quien te lo pregunto. Sino a tu mujer. Así que teniente... respóndame. Qué te pasa. -dice con una seriedad incluso inusitada para él-
(Shige) -enfadado y defendiendo a su esposa- ¡Deja en paz a mi mujer, Ota! ¿Es que no ves que la estás haciendo sufrir? Cariño, no le hagas caso, mujer. -le dice con compasión-
(Ota) Ahora no le estoy hablando cómo tu mujer, Shige. Sino cómo la teniente de mi sección. Así que no te metas. Teniente, responda a mi pregunta.
(Mimiko) -sin dejar de estar cabizbaja y triste- …
(Ota) Responda, teniente. ¡No juegues más conmigo!
(Noa) -se levanta de su silla indignada- ¡Ota, ya basta! ¡Déjala tranquila de una vez!
(Richardson) Noa, no te metas.
(Noa) ¡Pero yo...
(Richardson) Déjalos. Es asunto suyo. Mira y calla.
(Mimiko) -levanta la cabeza con mirada segura- … Supongo que no tengo más salida que decirlo, verdad?
(Shige) ¡No, Mimiko, no se lo digas! -exclama desesperado-
(Mimiko) Pero es que...
(Shige) -dice muy preocupado- Hice una promesa. No puedo decirlo a nadie hasta dentro de dos meses. Y pienso cumplirla. Por favor, no se lo digas.
(Mimiko) -mirando con lástima a Shige- …
(Shige) Ota... lo siento mucho. Pero por mucho que nos lo preguntes y en nombre de la teniente, no podemos responderte a tu pregunta hasta dentro de dos meses.
(Ota) -se cabrea aun más- ¿Cómo!? ¡Pero que mierda es esta!? ¡He dicho que me contestéis! ¡Ahora!
(Noa) ¡Ota, déjalo ya de una vez! -se cabrea de verdad-
(Ota) ¡Te he dicho que no...
(Noa) ¡Pues lo siento, majo, pero quieras o no, me meto! ¡Presionándola de esta manera no vas a sacar nada! Hay otras maneras de conseguirlo.
(Ota) ¡Te he dicho que... ¿? ¿Qué quieres decir? -dice intrigado-
(Noa) Si Mimiko y Shige no quieren decirlo directamente, podemos saberlo indirectamente. Es decir, que si no quieren confesar, tendremos que descubrirlo por nosotros mismos. O por ejemplo... pidiéndoles a nuestros colegas de la División de investigación, que nos echen una mano. ¿Verdad que no quieres terminar en una habitación oscura... siendo interrogada, Mimiko? -dice intrigante-
(Shige) -se queda a cuadros- Pero... pero... Noa... estás... nos estás amenazando?
(Richardson) No, Shige. Sólo os da un consejo, aunque no lo parezca. ¿A que tengo razón? -Noa le responde afirmativamente con una mueca-
(Mimiko) -echa un largo suspiro cerrando los ojos... hasta que los abre y exclama cabreada- Vale, vale, vale! ¡Ya no lo aguanto más! ¡Parad ya de gritarme unos y otros! ¡Basta!
(Ota) ¿Eso quiere decir que vas a decirlo, teniente?
(Mimiko) ¡Sí, se lo diré, capitán! ¡Pero deje ya de tratarme cómo una delincuente!
(Ota) ¡Pues dilo, maldita sea!
(Mimiko) ¡Sólo estamos ocultando la enfermedad de Sakaki!
(Shige) ¡No, Mimiko!
(Mimiko) ¡Se está muriendo!
Entonces se hace el silencio sepulcral en el despacho. Mimiko no ha soportado más la tensión y lo ha confesado todo.
(Shige) -de repente... se enfada profundamente con su mujer- … Mi... Mimiko. … Por qué.
(Mimiko) -sintiéndose muy culpable- ¡Lo siento, amorcito! ¡Es que no podía soportar más la presión! ¡Tenia que soltarlo! Además, todo esto está afectando en mi rendimiento en mis funciones en la Primera Sección. ¡No podía ocultarlo más!
(Shige) -profundamente indignado- … Muy bien. ¿Qué le voy a decir ahora a Sakaki, eh!? ¡Yo confiaba en ti, cariño! ¡Cómo has podido hacerme esto!? -se va muy enfadado dando un sonoro portazo-
(Mimiko) -mirando a la puerta con mucha lástima- Shige...
(Richardson) Agh, déjale. -dice cómo si nada-
(Mimiko) -se gira mirando a Richardson con cabreo- ¡Pero cómo puedes decir que lo deje cómo si nada!? ¡Es mi marido!
(Richardson) No te preocupes, Mimiko. Sólo es una rabieta, se le pasará. Además, lo que nos ha dicho... no es ninguna novedad para nosotros.
(Mimiko) -se queda a cuadros- ¿Qué? Que... qué estáis diciendo? ¿Vosotros... ya...
(Noa) Sí. Es lo que piensas. Pero por favor, no le digas nada a Shige.
Mimiko se queda sin saber ni que decir. Pensaba que ella y Shige eran los únicos que sabían lo de la enfermedad terminal del anciano Sakaki. Pero resulta en realidad que no. Aunque el pobre de Shige, seguirá sin saberlo un tiempo más.
Pero si en el despacho de capitanes se ha desarrollado aquel drama, en el de oficiales y tenientes, el ambiente es mucho más distendido. Cuando los chicos no están allí o aun no han llegado, todas las chicas, excepto Saya que está ocupada con otra cosa en otro lugar, están sentadas alrededor de la misma mesa tomándose el primer té de la mañana. Es decir, Yamada, Sakura y Sonoko.
(Sonoko) -bosteza estirando los brazos- … Estoy harta. Esto de afrontar emergencias de madrugada es un asco.
(Yamada) -mirando de reojo burlona a Sonoko- No te quejes o será peor, mujer. "Menos samba, e mais treballar".
(Sakura) Para ti es muy fácil decir eso, jovencita. Aun no has llegado a los treinta, eres soltera y sin hijos. Para nosotras, que somos casadas y con un hijo... al cual el día menos pensado se le puede sumar otro, las cosas se nos vuelven mucho más complicadas.
(Yamada) ¿Y eso que tiene ver? -dice un pelín enfadada-
(Sonoko) Nada de nada, mujer. Además, no mareemos más la perdiz con cosas que no vienen a cuento. Si nos hemos reunido aquí de lado de la aludida, es para discutir sobre ellos dos.
(Yamada) ¬ ¬ ¿Por qué me incluis a mi en vuestra discusión de cotilleos?
(Sonoko) Calla y escucha.
(Sakura) Yo creo que todos estamos de acuerdo en que esos dos se gustan. Y creo que eso es bueno. No sólo porque hacen muy buena pareja. Sino porque es uno de esos amores escondidos y reprimidos, que cuando estallan, lo hacen con una pasión desaforada.
(Yamada) ¬ ¬ Me lo parece a mi, o tú has visto demasiadas telenovelas sudamericanas?
(Sakura) No digas memeces, Reiko. Esa clase de amores, también existen. No tan sobreactuados cómo en la ficción, pero existen.
(Sonoko) ¿Pues sabes cual es mi opinión? Qué yo creo que a esos dos les acabará pasando cómo cuando yo y Andrew nos conocimos.
(Yamada) ¿Que caray insinúas con eso? -dice con cara sarcástica-
(Sonoko) Que hay amor entre ellos nadie lo duda, por mucho que quieran negarlo. Y que si sólo con amor no se declaran abiertamente... lo harán con el sexo. -dice toda traviesa-
(Sakura) º _ º Con... el sexo?
(Sonoko) -dice sonriente- No os hagáis las puritanas, chicas. Saya siempre se ha quejado que Arakawa se la come con la mirada. Pero decidme. ¿Acaso ella no hace lo mismo con Arakawa?
(Yamada) Sí, es verdad. Y no me extraña. Por mucho que hable, ella no es de piedra. Es una chica joven, guapa, de cuerpo voluptuoso y sexi. Es decir, que es inevitable que para un compañero de su misma edad, soltero y sin compromiso...
(Sonoko) Y él... bueno...
(Sakura) Sé lo que vas a decir, Sonoko. Reconoces que Arakawa está muy bueno, no me lo negareis.
(Sonoko) Si, es innegable. Es alto, fuerte, guapo. Y sobre todo tiene el mejor culo de todos nuestros compañeros masculinos. Después del de mi Andrew, por supuesto. -dice toda presumida-
(Sakura) -se echa a reír- ¿Te estás oyendo? Cualquiera diría que eres una pervertida acosa hombres. -riendo-
(Sonoko) -dice irónica- Sólo estoy reconociendo una realidad "palpable", Sakura.
(Yamada) ¿Todo esto para decir que ambos sienten atracción sexual el uno por el otro? Eso no quiere decir nada.
(Sonoko) Sólo digo que el sexo puede ayudarles a dar el empujoncito necesario para que su relación de un paso de gigante y se declaren de una vez por todas lo que sienten el uno por el otro.
(Yamada) ¬ ¬ Lo dices cómo si tu relación matrimonial con el capitán Richardson se basase en el sexo.
(Sonoko) Bueno... aun somos un matrimonio joven. Y cómo últimamente hemos decidido que queremos tener un segundo hijo...
(Yamada) ¿Y eso que tiene que ver?
(Sonoko) El amor es lo primero en cualquier relación. Pero el sexo ayuda y mucho. A veces, un buen orgasmo puede ser mejor que regalarte una joya.
(Yamada) ¬ ¬ Sólo estás diciendo tópicos sin sentido.
(Sakura) ¡Ja! Eso es lo que hizo Wataru en nuestro último aniversario de bodas, el muy idiota. -dice con sonrisa cariñosa y nostálgica-
(Sonoko) ¿Ves a que me refiero?
(Yamada) ¿Eing?
(Sakura) Llegamos a casa reventados después de tres emergencias en un sólo día. Yo entonces se lo dije... y él me confesó, muy avergonzado, que se le olvidó. No la fecha, sino comprar el regalo.
(Sonoko) -se ríe entre dientes- Ja. Me lo hacen a mi y le saco el pellejo a tiras. Menos mal que Andrew tiene buena memoria.
(Sakura) ¿Me dejas terminar? Total, que me cabreé mucho con él. Nos peleamos. Estuvimos una hora sin decirnos nada. Pero al final... me arrepentí... y quise perdonarle. Él se me acercó... y me dijo "Aun puedo hacerte un buen regalo. Y además, me saldrá gratis".
(Sonoko) ¿Dijo eso porque estabais a final de mes o...
(Sakura) -dice toda traviesa- No. Dijo eso porque... echar una cana al aire es gratis. Y su regalo... fue un orgasmo de los que hacen historia. -las tres chicas estallan a reír-
(Yamada) -dice riendo- Madre mía, menudo par de mentes calenturientas estáis hechas. Y eso que estáis casadas.
(Sonoko) Será porque hemos sido afortunadas de encontrar a unos maridos que son buenos en la cama. Pero... y tú con Bado, que, eh? -le pregunta toda traviesa-
(Yamada) -se pone sonrojada y nerviosa- ¿Eing? Yo... pues... yo...
(Sakura) Ya lleváis un par de años saliendo juntos. ¿No te ha propuesto algo más? Me refiero si...
(Yamada) -dice frunciendo el ceño- Si me vuelves a preguntar sobre eso, me levanto y me voy. Vale?
(Sakura) ¿Pero por qué?
(Sonoko) Mejor dejala en paz. Ella no es el problema, sino esos dos. ¿Entendido? -entonces entran el teniente Takashita de la cuarta sección y el oficial Satoru de la primera sección-
(Satoru) Buenos días, chicas. Que. ¿Tramando un complot contra nosotros? -dice en broma-
(Sonoko) Algo así, Satoru. Algo así.
(Takashita) Aaah, no me lo digáis. Estáis discutiendo sobre Arakawa y Saya, verdad? Pobres mecánicos, se volverán a quedar sin su soltera de oro.
(Sakura) ¿Y a ellos que les importa? Que se conformen con sus videos y revistas hentai.
(Satoru) Vamos, chicas, no os preocupéis tanto. Por muy marimacho que aparente ser Saya, es una mujer de pies a cabeza. Y la mayoría de las mujeres, no todas, pero la mayoría, les gusta dormirse a los brazos de un hombre.
(Sakura) Sí, no digo que no. Pero eso es cuando se es joven. Si lo sabré yo, que tengo un oído muy fino. Cuando un hombre envejece, es cuando empiezan los ronquidos. Y pueden ser muy desagradables. Mi padre, por ejemplo. Es cómo un oso.
(Satoru) Ese no es mi problema. Nunca he roncado. Lo malo es que Natsumi sí que ronca. -las chicas se ríen-
(Sonoko) -dice sonriente- A eso se le llama mala suerte. -se ríe-
(Takashita) Pues dile que se opere el tabique nasal o que se compre esas tiritas que venden en las farmacias que te las pones en la nariz y se acabaron los ronquidos. Yo las gasto.
(Sakura) ¿En serio, teniente? ¿Tú roncas? -pregunta sorprendida-
(Takashita) Un poco. A mi mujer le molestaba, así que las gasto para no roncar. Van muy bien.
(Sakura) Que pena. Acabas de destruir la imagen mental que tenía de ti, teniente.
(Takashita) ¿Watanabe no ronca?
(Sakura) No. Tiene una respiración muy profunda. Pero no ronca nada. Tiene unos pulmones muy sanos, sabíais?
(Yamada) Nos estamos desviando del tema.
(Sonoko) Tienes razón, Reiko. La pregunta del millón de yenes es... habrá de una vez por todas un flechazo entre esos dos?
(Satoru) -mientras se llena una taza de te de la tetera- Pues sabéis que os digo yo? Que yo estoy convencido que sí. Además, que Arakawa haya madurado tan de repente, ayudará mucho.
(Sakura) Creo que lo dices porque eres de esos que está convencido que los flechazos, existen.
(Satoru) Sí, y qué? No todo en la vida tiene por qué ser casual. A veces puede ser cosa del destino. Y sí. Estoy bastante convencido que los flechazos, existen.
(Takashita) No os digo que no, chicas. Es más, Satoru tiene toda la razón.
(Yamada) ¿? ¿Y por qué estás tan convencido? Vamos, dilo.
(Takashita) No lo digo yo. Sino mi mujer.
(Chicas) ¿Ah si!? -exclaman muy curiosas-
(Takashita) Ajá. Ella lleva años trabajando en su negocio, un local de ocio nocturno en Shibuya. Y os puedo asegurar, que tras más de diez años trabajando tras la barra de ese local, es una auténtica experta en el tema de las relaciones amorosas. Incluso... tiene su propia receta para crear parejas de la nada.
(Sonoko) ¿En serio!? -dice sorprendida-
(Sakura) ¡Vamos, cuenta, cuenta! -dice con curiosidad inusitada-
(Yamada) ¬ ¬
(Takashita) -se acerca a la mesa, mirando que los vea nadie más y dice bajito- Coge al azar a un chico y una chica de entre la clientela. Les hace creer que se gustan. Extiende el rumor entre la clientela habitual. Cuece a fuego lento... y verás cómo funciona. -entonces entra Saya y Yamada se la queda mirando con sonrisa maliciosa: en su cabeza, se le acaba de ocurrir un plan "diabólico" para juntar a Saya y Arakawa definitivamente-
(Saya) -con cara cansada y triste, echando un suspiro de melancolía- Buenos días. ¿? -se da cuenta que Yamada se la queda mirando fijamente- ¿Qué pasa? Tengo monos en la cara o que.
(Yamada) Nada. No pasa nada, "Saya". -dice un tanto maliciosa-
(Saya) ¿Que estáis discutiendo todas en la misma mesa? -dice muy extrañada-
(Sakura) Eeemmmm... el tiempo. Hablábamos del tiempo. Sí, eso.
(Saya) ¿Eing?
(Sonoko) Vamos, fuera de mi mesa. Poneos a trabajar.
Los demás se levantan de su mesa y se van a las suyas. Justo entonces, entra Arakawa. Saya se sonroja y se pone nerviosa al verlo... al igual que Arakawa.
(Arakawa) -sonrojado y nervioso- Bu... bu... buenos días... Saya.
(Saya) -también sonrojada y nerviosa- Ah... bu... buenos días, Arakawa. Co... esto... cómo estás?
(Arakawa) Eh... bien. Muy bien, gracias. Tú también estas... estás...
Entra entonces Mimiko... con cara triste.
(Mimiko) Buenos días. -dice entristecida y se sienta en su silla-
(Sonoko) -suspira preocupada- El capitán te ha echado una buena bronca, eh?
(Mimiko) Sí. Pero lo que me preocupa es mi amorcito. -dice muy preocupada-
(Sonoko) ¿Qué? -se queda sin entenderlo-
(Mimiko) Se ha enfadado conmigo.
Todos se quedan mirando extrañados. Una mujer tan amorosa y por qué no decirlo, empalagosa cómo Mimiko, peleada con su marido? A todos les suena muy raro.
Un rato después, hacia las nueve de la mañana, en la sede del gobierno, el Kantei, Asuma se reincorpora a sus tareas oficiales. Tras lo ocurrido no mucho tiempo atrás, está mucho más animado, aunque en su tarea de gobierno las cosas se le han complicado y mucho. Va caminando hacia el despacho presidencial, encontrándose con algunos guardaespaldas... y con Kanuka, leyendo un periódico con mala cara.
(Asuma) -andando de camino al despacho presidencial, todo contento- Buenos días.
(Guardaespaldas 1) Buenos días, Primer Ministro.
(Asuma) Buenos días, Omura. El partido de anoche de los Giants contra los Rangers fue malísimo.
(Guardaespaldas 2) -se ríe- Es cierto, señor. Y buenos días. -dice sonriente-
(Asuma) -entra en el despacho presidencial, donde Kanuka ya le espera sentada en uno de las butacas de piel del despacho- Buenos días, Kanuka. Que madrugadora estás hoy, eh?
(Kanuka) -leyendo el periódico con mala cara- Asuma, no se meten contigo ni con tu política. Se meten con tu edad.
(Asuma) ¿En serio?
(Kanuka) Escucha esto. "Al dirigirse a la cámara baja de la Dieta durante el último debate del estado de la Nación la semana pasada, el Primer Ministro ya no parece el Primer Ministro propiamente dicho. Sino una caricatura de aquella serie de anime de los setenta conocida cómo "Calimero", en la que la letra de su opening rezaba "no me insultéis más, por favor, mi corazón sufre".
(Asuma) -se lo toma a broma- Ah. No está nada mal. Es ingenioso.
(Kanuka) ¬ ¬ ¿Qué manera es esa de reaccionar, Asuma? A mi no me hace ninguna gracia.
(Asuma) ¿Quieres desayunar algo?
(Kanuka) No, gracias, ya lo he hecho en casa. Mira, Asuma. La prensa nunca se metió contigo durante la campaña electoral. Tu joven edad no lo consideraban un problema, sino todo lo contrario.
(Asuma) -se ríe entre dientes- ¡Ja! A que es asombroso lo rápido que se vuelven todos contra uno.
(Kanuka) -se le queda mirando cómo diciendo "que me estás contando?"-
(Asuma) En esta vida... hay unos principios básicos que deberían ser intocables. Para los políticos, la frontera entre mantener un principio y ocultarse tras él es más estrecha que una hoja de papel. Hacen lo que sea con tal de sacar beneficios de hasta debajo las piedras.
(Kanuka) ¿Y que eres ahora, más que la principal figura política de Japón? Eres el jefe del gobierno y no puedes escapar de ello.
(Asuma) Yo no quiero escapar. Al contrario, me siento con fuerzas de enfrentarme a lo que sea.
(Kanuka) Fuerzas no te faltan, eso es innegable. Pero la realidad es la realidad. Esta campaña contra tu persona no es sólo de la oposición contra tu partido. Es también de los poderes tradicionales contra los cambios.
(Asuma) -pregunta intrigante- ¿Seguro que es sólo por eso?
(Kanuka) En mi opinión, no es tanto por la aparentemente desastrosa gestión del escándalo de "El Niño que Llora". Sino más bien... un desgaste en el poder muy acelerado en los últimos meses. El mensaje de juventud y aire fresco que representabas para Japón, se ha perdido. Demasiados compromisos para cambiarlo todo sin poder llegar a todo y demasiada política grandilocuente.
(Asuma) Ya avisé desde el principio que no esperasen milagros de mi, Kanuka.
(Kanuka) Ya, pero...
Entonces entra la consejera segunda, la joven, guapa y exuberante Hachiko Asaki. Vestida cómo Kanuka, con traje de ejecutiva (si a lo que lleva puesto se le puede llamar traje de ejecutiva): minifalda con una blusa que muestra un canalillo de los pechos muy marcado. Es una mujer de metro setenta y cinco. Larga cabellera castaña rizada. Ojos azules, nariz pequeña y delgada, labios de piñón y un lunar al lado de los labios. Es una mujer muy inteligente y preparada, también de mirada decidida pero... seductora, con una voz fina y delicada que también suena seductora. En otras palabras, que es una mujer cañón se mire por donde se mire. Al verla así, Kanuka no puede evitar enfadarse.
(Asaki) Buenos días, Primer Ministro. ¿Discutiendo sobre su mala imagen actual?
(Kanuka) Más o menos. Y hablando de imagen... no crees que vas un poco destapada? -dice con mala cara-
(Asaki) -se ríe- Vamos, Kanuka. Estamos en julio y hace un calor espantoso. ¿Cómo quieres que vaya vestida?
(Kanuka) No lo digo por el vestido. ¿Es necesario enseñar "eso"?
(Asaki) Que quieres que le haga. Las tengo así de grandes.
(Asuma) º _ º Ejem! Asaki... querías algo?
(Asaki) Pues... digamos que sí. Quisiera darte un consejo, Primer Ministro.
(Asuma) ¿Ah sí?
(Asaki) Ajá. Podemos usar de nuevo tu imagen para ganar popularidad.
(Kanuka) ¿Su imagen? Sabes que su imagen política ahora mismo está por los suelos.
(Asaki) Olvídate de su imagen política. Me refiero a su imagen cómo hombre.
(Kanuka) ¿Qué? ¿Qué demonios quieres decir con eso? -dice sin entender nada-
(Asaki) Resulta que... según una encuesta entre cien mil mujeres de nuestro país, publicada esta semana en una conocida revista para mujeres, a Asuma le consideran uno de los cinco hombres más sexis... del año. -dice traviesa y Asuma se lo toma a broma-
(Asuma) º _ º Ah. Vaya. No... no está nada mal. Espero que Noa no lea esa revista, porque sino se me pondrá celosa. -se ríe-
(Kanuka) -replica molesta- ¿Queréis dejaros de estupideces? La cuestión de imagen es lo de menos, Asuma. Lo importante, es que es una cuestión de higiene democrática. De un modo u otro, tienes que convencer a la ciudadanía de nuestro país, que tú no tienes ni nunca has tenido nada que ver con "El Niño que Llora". Que tú, fuiste ante todo, su principal víctima.
(Asuma) Oye, Kanuka. ¿No crees que ese papel en realidad correspondería más a ti que a mi?¿Mh?
(Kanuka) Bueno... si, es verdad. Pero quien da la cara ante la ciudadanía eres tú, no yo. Así que lo mio no importa.
(Asuma) ¿Cómo que no importa?
(Kanuka) Em... dejémoslo, quieres?
(Asuma) Cómo quieras. ¿Pero no crees... que Asaki tiene algo de razón en lo que dice? Piénsalo bien.
(Kanuka) ¿Usar tu imagen personal, incluso familiar, para mejorar tu imagen pública? Lo siento, Asuma. Pero a mi eso siempre me ha parecido de una hipocresía recalcitrante. -dice enfadada-
(Asuma) Lo sé. Pero algo querrás hacer. ¿No?
(Kanuka) -se queda sin saber que decir- Pues...
(Asaki) ¿Puedo opinar yo?
(Kanuka) ¬ ¬ Para decir que, guapa?
(Asuma) Kanuuuka. Déjala hablar.
(Asaki) Gracias, señor. Veréis... lo que quiere la oposición, especialmente los liberaldemócratas, no es revelar la verdad de lo que ocurrió a la opinión pública.
(Asuma) Es una afirmación muy atrevida por tu parte, Asaki.
(Kanuka) Si, pero a donde quieres ir a parar?
(Asaki) Lo que quieren es hacer uso de la manipulación. O en otras palabras, aprovecharse de su propia utilización de los sentimientos de la opinión pública ante las atrocidades que cometió el ex Ministro del Interior de "nuestro" gobierno, Kankichi Ishimoto, en nombre del personaje que él mismo inventó, "El Niño que Llora"...
(Kanuka) -dice molesta- Eso ya lo sabemos. Ve al grano.
(Asaki) Por lo tanto... considero que lo que debes hacer, Asuma... es, sencillamente, ser un hombre de verdad.
(Kanuka) ¿Qué? -se queda a cuadros-
(Asuma) No, déjala hablar, Kanuka. Suena interesante. Sigue, Asaki.
(Asaki) Lo que debes hacer es demostrar la verdad de los hechos a la opinión pública, para que la gente juzgue por si misma, quien fue aquí el bueno y quien el malo.
(Asuma) A ver si lo adivino. Lo que propones... es filtrar a la prensa la información sobre las investigaciones sobre el caso de El Niño que Llora. No es mala idea, Asaki. Pero eso...
(Kanuka) -replica enfadada- Desde luego que es una mala idea. Eso supondría un conflicto de intereses entre el poder ejecutivo y el judicial. Por no mencionar que supondría interferir en el trabajo de la Policía, la NNSA y la justicia, por meros intereses políticos nuestros. Así que quítatelo de la cabeza, guapa. Ni hablar.
(Asaki) -con sonrisa malévola en su rostro, le replica riéndose entre dientes- Ja. ¿Quien ha dicho de revelar nada a la prensa? Nosotros no hemos revelado nada. Ellos lo han descubierto. Así que al gobierno no le podrán culpar de nada.
(Kanuka) -se cabrea- ¿Que has hecho qué!?
(Asaki) -muy segura de si misma- Tranquilízate, Kanuka. Porque ya lo he puesto todo en marcha. La operación de limpieza de imagen del Primer Ministro Asuma Sinohara. Y estoy completamente segura, que dará resultados.
(Asuma) Se te ve muy confiada, Asaki.
(Asaki) Yo siempre consigo lo que quiero, Primer Ministro. Siempre. En todo. En absolutamente... todo. -mirando fijamente a Asuma-
Asuma y Kanuka se quedan mirando sin entender de que va la cosa. Pero la consejera segunda de Asuma, Asaki, está determinada y muy segura de si misma en conseguir su objetivo de remontar la popularidad del gobierno de Shinohara. ¿Pero lo conseguirá? Eso ya será otro cantar.
Pasan las horas y llega la tarde. En la central de Patlabors, en la sala de la lavandería, Arakawa está allí. Esa semana, él es el encargado de lavar la ropa sucia de todos y meterla en las lavadoras gigantes. Pero esta solo? No: Yamada está allí con él, echándole una mano, en apariencia. Lo que hace en realidad, es urgir su plan para acabar liando a Saya y Arakawa.
(Arakawa) Gracias por echarme una mano, oficial Yamada. Pero no hacía falta, en serio. Este trabajo está asignado para mi solo.
(Yamada) Que raro.
(Arakawa) ¿Eh?
(Yamada) A pesar de lo que has cambiado de un tiempo para acá... sigues sin darte cuenta. Aigh, los hombres tenéis la cabeza tan cuadrada a veces...
(Arakawa) ¿? ¿De que hablas? -sin entender nada de nada-
(Yamada) ¿No crees que ya has hecho bastante daño a tu alrededor?
(Arakawa) ¿Eh? Si no hablas más claro...
(Yamada) No te hagas el memo, hombre. Hablo de Saya. -Arakawa da un sobresalto al oírlo-
(Arakawa) -se pone nervioso y sonrojado- S... s... Saya? Yo... em... que pasa con esa marimacho?
(Yamada) Oh, vamos, Arakawa. Tienes que observarla mejor. Estar más atento por ella. Ella está esperando mucha más atención por tu parte y tú pasas de ella. ¿No te das cuenta que la estás haciendo sufrir, a la pobre?
(Arakawa) S... sufrir? ¿Saya? Yo no...
(Yamada) A mi me da pena. Pobrecilla. Hasta donde podrá aguantar para llamar tu atención y sufriendo al ver que tú no le correspondes. Pero tú, Arakawa... desde luego hay que estar ciego para no verlo.
Yamada se va habiendo soltado eso a Arakawa, que se queda totalmente confundido. Pero dentro de él, sabe que Yamada tiene razón: debe dar un salto con Saya y debe darlo pronto.
Y pocas horas después, a las ocho de la tarde, termina el turno para la Primera y Cuarta Sección. La Segunda sección se queda de guardia nocturna aquella noche. Y Cuando en un momento Saya se queda sola en el despacho de oficiales...
(Satoru) Bueno chicas, me voy al comedor a cenar. ¿Te vienes conmigo, Saya?
(Saya) Si, luego. Tengo que terminar de ordenar mi papeleo en mi mesa. Vendré enseguida.
(Satoru) -dice sonriente- Claro. Te guardaré tu ración. Hasta luego.
(Saya) Hasta luego. ¡Y gracias! -Satoru se va, quedándose Saya y Yamada solas en el despacho- Desde luego hay que reconocer que Satoru es un chico muy educado. Nada que ver con el salvaje de Arakawa.
(Yamada) -dice con sonrisa burlona- No digas tonterías, mujer. Si Arakawa ha cambiado mucho de un tiempo para aquí. Y para mejor, no me lo negarás.
(Saya) -se pone nerviosa- Bueno... pues...
(Yamada) Sabes que Arakawa ha estado un poco dolido y triste por la muerte de esa ex novia suya. Pero ahora ya está mejor. Y creo que es gracias a ti.
(Saya) -se sonroja- A... a mi, dices? No, será otra. -se ríe nerviosa intentando disimular- Lo que le pasa a ese idiota es que le gusta sufrir.
(Yamada) ¿Y a ti te gusta verle sufrir?
(Saya) -se queda sin saber que contestar- ¿Qué? Pues... yo no...
(Yamada) -haciéndose la traviesa- Vamos... no me digas que no te has dado cuenta.
(Saya) Cu... cuenta de qué?
(Yamada) Te lo enseñaré de una forma práctica.
(Saya) ¬ ¬ ¿No se supone que ya has terminado tu turno? Pues ala. Aire fresco y a otra cosa, mariposa.
(Yamada) -dice sonriente- Escuuucha. Vamos, levanta de tu silla. -la hace levantar de su silla-
(Saya) ¿Qué? Pero... a donde me llevas? -dice sin entender nada-
(Yamada) Siéntate en la silla de la mesa de Arakawa. Vamos, siéntate!
(Saya) ¿Qué pretendes? -la hace sentar en la silla vacía de Arakawa-
(Yamada) Ahora dime que ves.
(Saya) º _ º Em... pues... nada. El despacho; las mesas; a ti.
(Yamada) Mira en línea recta, pero un poco a la izquierda. ¿Que ves ahora?
(Saya) Pues... mi mesa.
(Yamada) ¿Y no falta nada?
(Saya) … Creo que no. Vamos, digo yo.
(Yamada) -sonriente- Vamos, Saya. Haz un esfuerzo. No es tan difícil.
(Saya) ¬ ¬ ¿Se puede saber que estás tramando?
(Yamada) Sólo contéstame, anda.
(Saya) Pues... no sé. Si estuviese Arakawa, te podría decir que allí es donde me siento yo. Pero...
(Yamada) Exacto. ¿No te has fijado cómo te mira últimamente? ¿Y en cómo... te mira él desde esta misma silla?
(Saya) ¿Qué me va a mirar ese salido? -dice haciéndose la enfadada-
(Yamada) Pero tú... le miras igual a él. ¿No? -dice intrigante pero divertida-
(Saya) -se pone nerviosa y sonrojada- ¿Qué!? Yo no... no... no...
(Yamada) Tengo que irme. Quédate aquí sentada un rato... y reflexiona sobre lo que ves y no ves de Arakawa. ¿Vale? Hasta mañana.
Yamada se va dejando a Saya sentada en la silla de Arakawa y reflexionando sobre esas últimas palabras de Yamada: que ve y no ve en Arakawa, tanto él de ella cómo ella de él.
Varias horas después, casi a medianoche, en casa de los Shiba, se respira mal ambiente. El matrimonio, en ropa interior, se mete en la cama para irse a dormir. Shige sigue muy enfadado con su mujer, Mimiko, por haber revelado lo de la enfermedad terminal de Sakaki. Shige se tapa con la sábana sin decir ni mu. Pero Mimiko, arrepentida, quiere disculparse.
(Mimiko) -con mucha pena y arrepentida- Shige... amorcito, por favor, escúchame.
(Shige) -acostado y de espaldas a ella- …
(Mimiko) Lo siento mucho, mucho. De verdad. No era mi intención ofenderte. -las lágrimas le caen por las mejillas y se echa a llorar- … Yo no... no... no quiero que me ignores, por favor!
(Shige) -se saca la sábana de encima, mirando seriamente a su mujer... hasta que echando un largo suspiro... le sonríe con cariño y le acaricia cariñosamente la cara- … Está bien, Mimiko. Déjalo ya. No pasa nada.
(Mimiko) -llorando- Pero es que... es que yo...
(Shige) -le dice con todo el tacto- Soy yo quien debo pedirte perdón. No debería haberte dicho todo eso. Lo siento. Lo siento mucho.
(Mimiko) -se limpia las lágrimas- De... de verdad, amorcito?
(Shige) Claro que sí. Aquí el único que tiene que asumir toda la responsabilidad, soy yo.
(Mimiko) -mirándole con amor- Shige...
(Shige) Mañana por la mañana iré yo solo a hablarlo con los capitanes. Tengo que explicárselo todo.
(Mimiko) ¿No quieres que vaya contigo?
(Shige) No. Quiero ir yo solo. Mimiko... perdóname, de verdad, si te he hecho daño. Si te he herido por dentro comportándome tan mal contigo. No tengo derecho a hacerte eso. ¿Me perdonas?
(Mimiko) -sonríe cariñosamente, con una sonrisa preciosa a Shige- … Claro que te perdono, tontorrón. … Te quiero.
(Shige) Yo también. -se besan- … Oye... está noche estás de humor para...
(Mimiko) -suspira algo preocupada, pero feliz- … De eso también quería hablarte.
(Shige) ¿?
(Mimiko) Esta noche, en teoría, no podríamos hacer nada. Pero resulta que...
(Shige) ¿Qué quieres decir, Mimiko?
(Mimiko) -le dice con cara un poco asustada- … Que no me ha venido la regla. … Creo... creo que estoy embarazada, Shige.
(Shige) -se queda a cuadros- E... e... embarazada? ¿Pero de verdad crees que...
(Mimiko) No lo sé. Pero ya he pedido hora al ginecólogo para mañana por la tarde. ¿Vendrás conmigo?
(Shige) -se preocupa pero acaba sonriéndole con cariño- … Sabes que tengo mucho trabajo. Pero vendré contigo, no te preocupes.
(Mimiko) Que bien. -dice mucho más aliviada-
A la mañana siguiente, ya a primera hora, Shige se presenta en el despacho de capitanes, donde ya están los tres allí de guardia: Ota, Noa y Richardson. Los tres sabían perfectamente de que quiere hablarle. Shige se postra ante ellos y...
(Shige) ¡Por favor, os lo suplico! ¡No le digáis nada a nadie! ¡Es muy importante! ¡Sakaki me pidió expresamente que no se lo dijera a nadie hasta dentro de dos meses! ¡Por favor!
(Ota) -muy serio y triste- O sea que es por eso que tú y Mimiko estabais cómo estabais. Vaya. Menuda mala noticia. Yo también me quedé muy abatido cuando me lo dijeron.
(Shige) O _ o ¿Qué!? ¿Cómo que ya te lo dijeron!? ¿Quien!? -dice muy sorprendido-
(Richardson) -dice seriamente- Lo siento, Shige. Fui yo.
(Shige) ¡Por qué se lo has dicho!? -exclama enfadado-
(Noa) No es necesario que intentes esconder nada, Shige. Ya no hace falta.
(Shige) -descolocado- Pero... ¿Podéis explicarme...
(Noa) ¿Andrew?
(Richardson) -suspira profundamente retumbándose en su butaca- … Verás, Shige. En realidad... yo ya hace tiempo que lo sé. Y creo que lo sé de antes que tú.
(Shige) -se queda muy y muy extrañado- ¿Cómo que lo sabes de antes que yo? Eso es imposible. Sakaki me dijo que sólo me lo diría a mi.
(Richardson) Eso se cree él. Pero en realidad no es así.
(Ota) ¿Pero cómo lo has sabido, Andrew?
(Richardson) -va explicando con preocupación- Hace cosa de un mes y medio... fui a visitar a Sakaki a su casa. Varias veces. Y ninguna vez me abrió la puerta. Pensaba que no había nadie en casa. Hasta que un vecino suyo me explicó que se había encerrado en casa y que no quería hablar con nadie. Entonces... se me ocurrió ir a visitar a alguien. A alguien que conoce a Sakaki muy y muy bien.
(Noa) ¿Y a quien fuiste a visitar? ¿A un amigo o pariente?
(Shige) Entonces... Sakaki me mintió? ¿Pero por qué? -dice aun más descolocado-
(Richardson) Sakaki no te ha mentido en ningún momento, Shige. Deja que te lo explique. Fui a visitar a la hija mayor de Sakaki. Se llama Fujie y tiene 47 años. Fui a su lugar de trabajo, en un hospital infantil de Saitama. En cuando la vi me di cuenta enseguida que era hija suya.
(Ota) ¿Por qué dices eso? ¿Se le parece mucho?
(Richardson) Es mucho más guapa que el padre, eso si. Pero de carácter es igual. Estricta, trabajadora y muy profesional. Bueno, el caso es que ella... aunque su padre no le dijo nada, lo sabía todo.
(Shige) ¿Qué? ¿Y cómo es posible?
(Richardson) Muy fácil, Shige. Por la sencilla razón que el médico especializado en cáncer que atendió a Sakaki, era un viejo amigo de su hija. De su época de estudiante en la facultad de medicina. Parece ser que en una reunión entre los equipos de dirección de varios hospitales del aérea metropolitana de Tokio, él se lo dijo y así la familia de Sakaki se enteró sin que él sepa nada.
(Shige) -confundido y sin entender nada- No me lo puedo creer. Entonces me estás diciendo... que en realidad ya lo sabéis todos que Sakaki se está muriendo?
(Ota) -le dice mirando a Shige con lástima- Sí, Ota. Ya lo sabíamos. Perdóname por la bronca que os metí ayer. Pero los de arriba me presionaban para que al menos os llamase la atención.
(Shige) -se ríe entre dientes, mostrándose indignado- Ja. Entonces hiciste comedia. ¡Todos la hicisteis!
(Noa) Si, hicimos comedia, Shige. Y te pedimos perdón. Lo sentimos mucho.
(Shige) Pero por qué!?
(Richardson) Ya deberías saberlo, Shige. Hacemos ver que no sabemos nada para no hacer sufrir a Sakaki. Y creo que será lo mejor... hasta que Sakaki se vaya de este mundo en paz.
(Shige) -suspira muy triste- … Entiendo. Que manera más cruel de irse.
(Richardson) Es cierto. No eres sólo tú, Shige. A todos nos ha afectado mucho el saber que en menos de cinco meses, Sakaki morirá irremediablemente. Podría haberse sometido a tratamiento. Pero él lo ha querido así y debemos respetar su voluntad.
(Shige) Pues entonces... ya que al jefe Sakaki le queda poco tiempo de vida...
(Richardson) No te preocupes. Yo me encargaré de todo. Haré que Sakaki disfrute al máximo sus últimas semanas de vida. Te prometo que lo haré.
(Shige) Gracias, Andrew. Te lo agradezco de veras. -le dice sonriéndole con tristeza-
Shige se siente más aliviado. Pero sabe que para él y para todos, será inevitable tener que pasar por una dura prueba, cómo es despedirse por última vez del Jefe Sakaki cómo él siempre le llama. Una dura prueba que se acerca inexorablemente. Si bien el destino, le prepara después de esta de cal... una de arena para ese mismo día.
La mañana va pasando... y en un momento dado, ocurre algo absolutamente desconcertante en el despacho de oficiales. Mientras los demás allí presentes trabajan en sus cosas, excepto los de la cuarta sección que han salido para algo... Saya se da cuenta y desde hace un rato largo, que Arakawa la mira fijamente. Pero no de cualquier manera, sino... con una mirada seductora. Una mirada que viniendo además de un chico ciertamente atractivo cómo es Arakawa, hace sentir a Saya incómoda... pero al mismo tiempo, deseada. En otras palabras, que con tanta mirada, uno y otro se están poniendo... palotes. El "inocente" de Arakawa pero, acaba pensando en su cabeza que eso no está bien. Que cómo puede estar pensando tener sexo con Saya cuando aun ni siquiera se le ha declarado. Arakawa, sin decir nada, se levanta de su silla y andando con prisas, sale del despacho directo al lavabo de hombres a lavarse la cara y aclararse las ideas. Es entonces cuando sus compañeros...
(Bado) -le dice sonriente- Vamos, Saya. ¿Hasta cuando piensas esconderlo? Lo vuestro ya es imposible de tapar.
(Saya) -muy nerviosa y sonrojada, sin saber que decir- ¿Qué? Eh... em... yo... pues... yo...
(Satoru) Sólo tienes que responder si o no... y te dejaremos en paz, Saya. Dinos. ¿Arakawa te gusta? -pregunta todo burlón-
(Saya) -roja cómo un tomate- Yo... yo... Yo no... a... ahora no puedo contestaros.
(Todos) Uuuuuuuyyyyyy.
(Saya) ¬ ¬ Que... que os pasa, eh? No... no os escondo...
(Sonoko) Lo que tú digas, Saya. Lo que tú digas.
(Bado) -aun sonriente- Quien nos lo iba a decir, eh? Nuestra Saya al final se ha enamorado de ese salvaje cabeza hueca. -se ríe a carcajada límpia-
(Saya) -le replica ofendida- ¡Cállate, Bado! ¡No te burles más de Arakawa!
(Bado) O _ o ¿Eing?
(Satoru) No me creo lo que veo. ¿Le estás defendiendo? -dice todo sorprendido-
(Saya) ¡Pues si! ¿Pasa algo?
(Satoru) -sonriente- Nada. No pasa nada. Me parece muy bien. Es buena señal.
(Saya) -dice sonrojada y nerviosa- Arakawa puede que sea... algo tosco. Pero... pero... para mi... es un hombre cómo Dios manda. Un buen policía ante todo. Y... y además... está bueno y tiene un buen culo. O _ o -ella misma se tapa la boca y muy nerviosa, se pone roja cómo un tomate-
(Todos) ¿Ah siiiii?
(Saya) ¬ ¬ Ya... ya he dicho lo que queríais oír, no?
Pero entonces... entra Yamada con tres vasos de café, uno de los cuales...
(Yamada) Ya estoy aquí. A ver... quien me ha pedido el expreso?
(Suzuka) ¡Yo, por favor! -Yamada le da uno de los cafés-
(Yamada) ¿Y el solo con sacarina?
(Sakura) Oh. Para mi. -Yamada le da el otro vaso-
(Yamada) Y ya sólo queda... el tuyo, Saya.
(Saya) ¿? ¿Que mio? Yo no te he pedido ningún café, Reiko.
(Yamada) Estoy segura que lo has pedido tú. Un café con crema y sin azúcar.
(Saya) -se enfada- ¡Qué te digo que yo no he sido! ¡Es más, a mi no me gusta el café!
(Yamada) Pues chica... sea de quien sea, te lo dejo en tu mesa. No puedo perder toda la mañana repartiendo cafés cómo si fuese la chica de las fotocopias.
Yamada va a darle el café... pero se tropieza, o mejor dicho, hace ver que se tropieza... y le tira todo el café por encima del uniforme a Saya. Todos se quedan atónitos ante la escena. El cabreo que se pilla Saya es monumental.
(Saya) ¡Oh, mierda, mi uniforme! -se cabrea de verdad-
(Yamada) -haciendo comedia- ¡Oh, lo siento, Saya! ¡Ha sido sin querer, de verdad!
(Saya) -exclama subiéndose por las paredes- ¡Menuda puntería la tuya! ¡Joder, me has puesto hecha unos zorros! ¡Ahora tendré que pedir un uniforme nuevo!
(Yamada) No te quedes aquí y ve al lavabo a limpiarte, vamos. Aun puedes salvarlo.
(Saya) -se levanta muy cabreada y se va derecha al lavabo- ¡Maldita sea, joder! ¡Cómo me voy a presentar ante él con esta pinta!? -ya fuera del despacho de oficiales-
(Sakura) ¬ ¬ Lo has hecho expresamente. ¿Verdad?
(Yamada) -con sonrisa burlona- Más o menos. -se ríe entre dientes toda intrigante- Si todo sale cómo está previsto... pronto les oiremos desde aquí.
(Satoru) ¿? ¿Qué es lo que tenemos que oír?
(Watanabe) Oigh, que miedo das a veces, Yamada. Eres una auténtica arpía manipuladora.
(Yamada) Puede.
(Bado) Ya lo sé, ya. Cuando quiere gastarte una broma puede ser muy recalcitrante, podéis creerme.
Saya va andando muy enfadada, echando pestes por la boca, hacia el lavabo de mujeres, para limpiarse su uniforme manchado de café en la medida de lo posible. Pero al plantarse ante la puerta... se cabrea aun más. Hay colgado un cartelito que reza: "Aseo de mujeres fuera de servicio temporalmente. Por favor, utilizad de momento el de los hombres. Disculpad las molestias... Y no espiéis a vuestros compañeros masculinos y viceversa. Gracias." Saya entra entonces en el lavabo de los hombres... y allí está Arakawa, solo, con la cara mojada y un grifo de agua abierto. Una cara, la de Arakawa, que es de tonto enamorado a más no poder. Él no dice una palabra... pero ella...
(Saya) -se pone de repente muy sonrojada y nerviosa- Ha... ha... ha sido Yamada. La... la muy tonta me ha tirado todo el café por encima. Ahora... ahora tendré que pedir un uniforme... nuevo. Te... te... le lo puedes creer? -se ríe muy nerviosa... hasta que se le queda mirando también cómo una tonta enamorada- Yo... Arakawa... yo...
Y es entonces... cuando Arakawa, con su respiración cada vez más acelerada, su corazón a mil... y por qué no decirlo también, muy excitado... se abalanza sobre ella y le pega un morreo con tal desespero y pasión, que Saya, que al principio se resiste, se deja llevar enseguida por la pasión desenfrenada del momento. Los besos desenfrenados van a más... y los dos, muy excitados y descontrolados, se van quitando la ropa el uno al otro. Por unos segundos se quedan mirando el uno al otro, sin decirse una palabra, pero diciéndoselo todo... hasta que se vuelven a abalanzar el uno sobre el otro. Lo que acaban haciendo esos dos dentro de los lavabos, no hace falta ser un genio para deducirlo: acaban teniendo un polvo salvaje, pero salvaje de verdad, en los lavabos. Tan intenso y ruidoso, que en el resto del edificio...
Desde el despacho del comandante, Hiromi, revisando documentos, se da cuenta que los objetos de su mesa, tiemblan. Tiemblan con una especie de traqueteo, que se repite constantemente. Una vibración que no sólo afecta a su mesa. También al resto del mobiliario, los mástiles de las banderas, las paredes, todo.
La vibración también se nota en el despacho de los capitanes...
(Noa) ¿? Chicos... no notáis un ruido extraño? -dice extrañada-
(Ota) Agh, déjalo, mujer. Será un terremoto de los flojos.
(Richardson) ¿Seguro? Parece más bien... cómo si fuese un taladro hidráulico o algo parecido. ¿No oís un "pum pum pum" constante?
(Ota) Pues ahora que lo dices...
Y en el despacho de oficiales y tenientes, por tenerlo más cerca, es donde más lo notan. Y es que allí no sólo notan la vibración incesante. Allí más bien oyen claramente los gemidos de placer (que más bien suenan cómo gritos chillones), de Saya.
(Sakura) º _ º Dios mío. ¿Estáis oyendo lo mismo que yo?
(Watanabe) Pues claro que lo oigo. Cómo el agua de mayo de claro. -dice pasmado-
(Yamada) -sonríe confiada con los ojos cerrados- ¡Ja! Mi plan ha funcionado.
(Sonoko) ¿Qué? Espera espera espera... nos estás diciendo, Yamada... que has conseguido que esos dos acaben teniendo un buen revolcón en los lavabos?
(Yamada) Lo estáis oyendo, no? Entonces es que mi plan ha funcionado. -se ríe intrigante-
(Bado) -le dice a su novia con admiración- Mi amor, me postro ante ti. ¡Eres un genio!
(Yamada) Gracias, Bado. Pero no me deis las gracias a mi. Sino al teniente Takashita y su mujer. Ellos me dieron la idea.
(Satoru) Joder, que manera de gritar. Es una lástima que Mimiko no esté aquí para oír esto. Le daría una envidia...
(Bado) Ssshhhh, calla calla, que creo que llegan al final!
Y así es. Al final Saya y Arakawa acaban llegando al clímax de su primer y descontrolado polvo. Ambos echan un sonoro grito de placer al llegar juntos al orgasmo. Un grito que se oye claramente desde todo el edificio. Incluso Hiromi lo oye... pero hace ver que no oye nada.
Al cabo de un rato, la nueva pareja, salen de los lavabos de hombres... donde se encuentran que hay cola para esperar: tres mecánicos totalmente alucinados y boquiabiertos. Salen aun vistiéndose, despeinados y con la ropa mal puesta. No dicen ni pío... aunque Saya le llama la atención con la mirada a su nuevo novio para que se suba la bragueta de los pantalones. Arakawa se la sube ante los mecánicos alucinados a más no poder y entre risas bobas y besuqueos, se van a otra parte. El "diabólico" plan de la oficial Reiko Yamada de la cuarta sección, ha sido todo un éxito: ha nacido una nueva pareja en la División de vehículos especiales.
A la mañana del día siguiente, la Primera Sección regresa de cubrir una emergencia muy de mañana. Una emergencia que esta vez sí, ha ido redonda y sin problemas. Mimiko parece que vuelve a ser la de siempre, y con motivos. Aunque este "motivo" a Ota no le ha hecho ninguna gracia. En el despacho de capitanes, mientras Noa prepara el primer té de la mañana, entra Ota con cara de mala leche.
(Noa) Oh. Buenos dí... ¿? ¿Qué te pasa, Ota? ¿Por qué haces esa cara tan larga? -dice mirándole sin entender nada-
(Ota) -replica muy enfadado- Que qué pasa. ¡Que qué pasa!? ¡Ja! ¡Que últimamente el amor está haciendo demasiado de las suyas en los Patlabor! ¡Maldita sea!
(Noa) ¿Eing? No entiendo nada, Ota. ¿Qué te ocurre?
(Richardson) Ah, ya sé. Es por tu teniente, verdad que si?
(Noa) ¿? ¿Por qué? ¿Le ha pasado algo a Mimiko? ¿Algo bueno? -dice con curiosidad-
(Ota) -se sienta en su silla, con el ceño fruncido- Para ella puede que si. Pero para mi seguro que no.
(Noa) Di de una vez que le pasa. ¿Es algo bueno?
(Ota) -se calma- Pues claro que lo es. Ayer por la tarde ella terminó mucho antes para poder ir ella y Shige juntos al ginecólogo. Esta mañana vuelven a estar los dos más contentos que unas pascuas. No es para menos, pero para mi sección... menudo fastidio. -dice muy molesto-
(Richardson) O sea, que estás de mala leche pero no nos dices por qué lo estás.
(Noa) -replica enfadada- ¡Vamos, Ota! ¡Dinos de una puñetera vez es lo que le pasa a Mimiko!
(Ota) Está embarazada.
(Noa) -su cara se ilumina.- ¡Agh! ¿En serio!? ¡Que buena noticia!
(Richardson) -también se alegra- Vaya, o sea que es eso. Tendremos que ir ahora mismo a felicitarles. -dice sonriente-
(Noa) -también sonriente- Me alegro mucho por ellos. Que después de varias semanas tristes por lo de Sakaki, puedan volver a estar alegres porque serán papás por segunda vez...
(Richardson) Sí, creo que ese segundo hijo les ha venido en el momento más oportuno.
(Ota) ¬ ¬ Sí, ya. Y a mi que me den, no?
(Noa) Oye, Ota, opino que deberías ser menos recto y alegrarte un poco más por el embarazo de Mimiko. ¿A que viene tanto fastidio por tu parte?
(Ota) Mimiko se queda embarazada por segunda vez... y Arakawa se lía con la oficial Saya de tu sección. Y para colmo, Sonoko también puede quedarse embarazada por segunda vez el día menos pensado. ¿Entiendes a donde quiero llegar?
(Noa) Sí, más o menos. Pero de todas formas...
(Richardson) Ah, se siente, Ota. Ya os he contado más de una vez que mi mujer es muy exigente conmigo en la cama. Y más ahora, que está decidida a tener un segundo hijo. Así que Ota... se siente.
(Ota) - _ - Que fastidio, maldita sea.
(Noa) ¿Te preocupa que tu sección acabe perdiendo a todo su personal femenino? Aunque Mimiko se quede embarazada, sabes que sólo estará de baja una temporada y ya está.
(Ota) -dice seriamente- Me temo que no, Noa.
(Noa) ¿Eh? -se queda descolocada-
(Ota) -se entristece- Ella ya me ha insinuado... no, me ha dicho entre líneas... que tiene intención de dejar la Primera Sección. Yo no soy nadie para decirle que debe hacer en su vida. Si quiere dejarlo y convertirse en una ama de casa para dedicarse al completo a su familia, está en su derecho el hacerlo. Pero a mi... me sabría muy mal que una piloto tan buena cómo ella, se marchase sin más.
(Richardson) Es verdad. Pero es el paso del tiempo, Ota. Enemigo eterno y silente de la humanidad al cual nunca podremos vencer. Siendo así... la primera sección recibirá un nuevo integrante. Pero por Sonoko de momento no debes preocuparte. Ella quiere seguir trabajando aquí.
(Ota) Es un alivio saberlo. Pero me sigue preocupando que pasará ahora con mi sección.
(Noa) ¿Y de Arakawa no dices nada?
(Ota) ¿Eh? Ah... pues... que quieres que diga? Cómo es la juventud de hoy en día. Mira que acabar liados... por... por...
(Richardson) -dice son sonrisa burlona- ¿Un polvo salvaje en los lavabos y un orgasmo que se oyó en todo el edificio? -se ríe- ¿Qué te pasa, Ota? ¿Les tienes envidia?
(Ota y Noa) ¬ ¬ No empieces con tus chistes verdes, majo.
(Richardson) ¬ ¬ Tocapelotas.
En ese mismo instante, en el despacho de oficiales y tenientes, hay alegría. Todos felicitan a Mimiko por su embarazado y a Shige por su futura segunda paternidad. Pero entonces entra Saya... y se encuentra de bruces con Arakawa. Todos incluso Mimiko y Shige, se quedan mudos. ¿Que pasará ahora entre esos dos?
(Saya) -sonriendo nerviosa- Em... ho... hola, Arakawa. Bu... buenos días.
(Arakawa) -con una sonrisa cariñosa en su cara que reconforta a Saya- … Buenos días, Saya. Me da bastante vergüenza decirlo aquí delante de todos, pero... pero...
(Saya) -mirándole con cara de boba enamorada- ¿Sí?
(Arakawa) Te pido perdón si ayer fui... demasiado brusco contigo. Tendría que haber sido un poco... más romántico y sensible. … Perdóname. -todos se quedan alucinados de lo correcto del comportamiento de Arakawa-
(Saya) -sonriéndole con amor- No importa. Nunca... Nunca había tenido un orgasmo tan bueno en toda mi vida. -se ríe-
(Arakawa) º _ º En... en serio? Vaya, mira que es raro. Con la poca experiencia que tengo en estas cosas. -se ríe sonrojado- … Yo... quería... quería decirte... -mostrándose tímido-
(Saya) -suspira mirando atrevida a Arakawa- … Al cuerno. Oficial Piloto Futo Arakawa. Esto que voy a decirte es una orden directa.
(Arakawa) -se pone firme- ¡Si!
(Saya) … Bésame.
(Arakawa) -sonriendo a Saya con una sonrisa preciosa- … A la orden, oficial Saya Fuchida.
Arakawa obedece la orden de Saya... y le pega a Saya un besazo de película. Cuando terminan y se separan, mirándose embobados... ella ya no lo puede esconder más.
(Saya) ¡Oigh, ya está, se acabó! ¡Ya no puedo más! ¡No puedo seguir escondiéndolo!
(Arakawa) º _ º
(Saya) ¡Lo admito, lo admito, lo admito! ¡Arakawa me gusta! ¡Arakawa me gusta!
(Arakawa) -sonríe cariñosamente- Y con que motivos?
(Saya) -con mirada amorosa- Porque me gustas. Me gustas de hace mucho tiempo. Me daba terror el que... esta panda de cotillas pensasen de mi si me enamoraba de alguien cómo tú. Pero sabes qué? ¡Que al cuerno! Porque tú... no sé ni por donde empezar. Eres un chico cómo a mi me gustan en realidad. Un... un hombre de verdad. Eres guapo, fuerte y.. -se ríe tímidamente- Y muy bueno en el catre, debo admitirlo. -se ríe sonrojada-
(Arakawa) º _ º Ah... ah si?
(Saya) -haciéndose la traviesa- Bueno... no podía dejar escapar a un chico con un culo cómo el tuyo.
(Arakawa) -se ríe- Tú también tienes un culo precioso, Saya. -riendo-
(Saya) Ya lo sé. Pero aunque ahora salgamos juntos, a partir de ahora sólo podrás mirar el mio. ¡Cómo te pille mirándole el culo a otra, te vas a ganar un guantazo! -le grita haciéndose la celosa-
(Arakawa) Saya... que están todos nuestros compañeros aquí. -dice con sonrisa burlona-
(Todos) º _ º
(Saya) O _ o ¡Oh, mierda! Que vergüenza. -dice sonrojada-
(Arakawa) -le acaricia la cara con una sonrisa cariñosa preciosa, quedándose ella embobada- No pasa nada, Saya. Gracias por el cumplido. Pero di sencillamente... lo que sientes por mi y ya está. Porque es lo que hago yo aquí y ahora, aunque no estemos solos. Yo no te quiero, Saya.
(Saya) -mirando cómo una tonta enamorada- ¿Ah no?
(Arakawa) No. Porque yo te amo con locura. Con todo mi corazón. Para mi ahora... lo eres todo.
(Saya) -al borde de llorar de alegría- Lo... lo mismo digo... Futo.
(Arakawa) Me alegra que por fin me llames por mi nombre. … Te amo.
(Saya) Yo también.
La pareja vuelve a besarse apasionadamente, mientras algunos les aplauden y les vitorean, cómo Satoru, Bado o Watanabe, otros llorando de alegría, cómo Sakura o Mimiko. O cómo quien ha conseguido la hazaña de juntar a esos dos, Yamada, sonriendo confiada al ver que su plan ha sido un éxito total. Una nueva pareja que ha nacido, aparentemente, en un tiempo récord. Pero que en realidad, ha existido escondida de mucho tiempo atrás. Y eso se demuestra, en lo fuerte e inusitado de su amor el uno por el otro. Un nuevo amor, cómo tantos otros hasta la fecha, ha nacido en el seno de la División de Vehículos Especiales. Si es que ya lo dice el viejo dicho: Del amor al odio, sólo hay un paso. O era al revés?
