Los personajes le pertenecen a Meyer.
TU NO EXISTES
Capítulo 11
SEXUS… SEXO
Música
Franz Liszt ── Mephisto Waltz No. 1 ── S. 514
Quince años después de mi transformación, cuando la nostalgia me invadió, yo visité mi ciudad, amparado en las sombras y cuidando mi nueva realidad, caminé en la noche y repasando mis pasos de niño ── y de mortal ── por los viejos lugares. Muchos de mis amigos de infancia y de mis compañeros de colegio habían muerto por la enfermedad o la guerra, otros llevaban su vida como hombres maduros y responsables. Una noche me encontré con Douglas en la calle, él no me vio, pero allí estaba un hombre de treinta y tres años, tenía una pierna amputada y caminaba con un bastón, del chiquillo que nos atrapó con su personalidad de tarambana simpático y trasgresor no quedaba nada. Era fascinante verlo ── nadie podía cambiar tanto así, bueno, si ── si yo no hubiera muerto o mejor dicho no convertido, quizás sería como él. Hablaba con una mujer, una prostituta Vaya amigo, las viejas costumbres no se extinguieron en ti pero por discreción, no sintonicé lo que hablaban, supongo que no era necesario, la relación de Douglas y el sexo, aparentemente no había cambiado. Pero si, era diferente, yo leí su mente y vi un hombre triste que se esforzaba por no serlo, más que eso, aparentaba no serlo porque el Douglas Finn que estaba ante mi fingía todo el tiempo.
Ni sombra del chico alegre y desenfadado que, hablándonos sin tapujos sobre el sexo, nos señaló aquello que jamás nuestros padres se atrevieron nunca a decirnos ── quizás porque ellos tampoco lo supieron ── que, el sexo no es solo reproducción, el sexo es placer. Lo seguí durante días y fue pavoroso lo que su mente me mostró. La gran guerra había castrado su vida y su niñez, vi las imágenes de las trincheras, las muertes y las mutilaciones, el dolor, la soledad, el hambre y el asco. Recuerdos de padecimientos infrahumanos sostenidos no con el fin de defender a la patria o vencer al enemigo, si no que con el único y válido fin de mantenerse vivo en una guerra que nunca fue heroica ni romántica. Todo se había acabado para él cuando le tocó presenciar como todo su escuadrón de artillería fue masacrado, vi en él lo que después comprobé como una constante en hombres participes de otras guerras: culpa. La culpa de haber sobrevivido. Huí de él como si huyera de la plaga. Cuando volví de nuevo, me atreví a averiguar sobre el destino de mi amigo de pubertad y supe que meses después de haberlo vuelto a ver por primera vez, éste se había quitado la vida en un viejo burdel a las afueras de la ciudad, metiéndose en los baños y volándose la tapa de los sesos.
Yo sólo me acordaba de la risa feliz y voluptuosa de un chico que quería tragarse la vida completamente, al final, la vida se lo trago a él y todo terminó en un viejo y patético lugar, él y su cerebro manchando la pared de un fétido baño de putas. Douglas Finn me dio mi única y real experiencia como un ser humano, y yo no estuve a su altura, sólo le di mi indiferencia años después. Yo no podía hacer nada, yo ya no era Masen, era Edward Cullen ── vampiro ── y no, no se puede desandar lo andado. El convertirse en vampiro no significaba que todos esos pensamientos y límites que tenías con tu humanidad se esfumaran, no es así, los rasgos más característicos de la personalidad persisten. Aún era victoriano hasta los huesos, como Carlisle era un hombre del siglo de las luces ── amante de la ciencia y la libertad ── o Jasper un caballero a la usanza sureña, yo era un hipócrita, así me habían criado. "Conocer" una mujer ── ese eufemismo bíblico, tan timorato como insoportable ── era el sinónimo de matrimonio para mí. Además, la lucha diaria con mi primer instinto no me daba para más, el hambre sofocaba mi vida. Controlando el hambre, hizo que inconscientemente controlara lo demás, controlar para llegar a la indiferencia era la constante en mi vida. Aún así, yo soñaba, vivía, respiraba sexo a mí alrededor.
Cuando te conviertes en vampiro, todas tus respuestas sensoriales se multiplican a un millón, aún recuerdo mi primer día como recién nacido, todo me golpeaba y yo estaba mareado por la cantidad de estímulos que existían a mí alrededor, escuché, lo escuchaba todo. Llegaron a mis oídos sonidos que jamás antes había sido capaz de identificar, el batir de las alas de los insectos y de las aves, el caer de una hoja sonaba como si cayera cemento sobre el piso, el movimiento difuso del polvo, los miles de pasos a mi alrededor, el latir de los corazones, el chasquido de las lenguas, ¡Oh! y los olores, desde lo más exquisitos hasta los más repugnantes. Tardé años para poder clasificar cada uno y para poder ser indiferente a otros, claro está que el único olor del que yo no era capaz de abstraerme era el de la sangre, hierro, albúmina, proteínas, cientos de factores que para nosotros lo eran todo, absolutamente exquisita y totalmente adictiva. Yo podía sentirlo todo y es abrumador, ciento cuarenta años después no he podido asimilarlo. Fuera de la sangre había otros olores que excitaban mi nueva naturaleza y que seguramente estaba muy escondida en mi ser victoriano: los olores de la sexualidad. Esos eran para mí, abrumadores y temibles, olores y sonidos que hacían insufrible las veinticuatro horas de mi día.
Creí que el bosque y la cacería podía alejarme de semejante tortura, pero la naturaleza que no se rige por ninguna ley moral era peor, todo copulaba, la vegetación y su movimiento clorofílico, los animales y su celo regular y metódico. Yo me levantaba sobre mi propio instinto, me sentía un superhombre, necesitaba la ley moral para no perder en mi ese algo que todavía me hacía sentir un Masen. Admiraba a Carlisle, él parecía controlar, igual que yo, esos instintos, pero cuando Esme llegó fue terrible para mí, me di cuenta de lo brutal y salvaje que podemos ser en esos estados de lascivia, y todo ello ampliado por el hecho del amor sin límites que mi padre sentía por aquella mujer. Yo escuchaba palabras, sonidos, camas destruidas, paredes derribadas, fuego sin control, deseos sin límites de tiempos y horarios. Mi padre y su naturaleza discreta supo lo incomodo que era para mí, y la misma Esme ── una chica criada en la más estricta moral ── tampoco estaba muy cómoda sabiendo que yo sabía las tremendas y devastadoras implicaciones de su relación física. Aún puedo acordarme de que ella huyo durante dos días muerta de la vergüenza cuando supo que yo podía leer sus pensamientos, que en aquellos primeros años de su convivencia con Carlisle sólo giraban en la urgencia del coito.
Cuando me rebelé a mi dieta y a la lucha constante contra mi instinto de sangre, salí a la calle a matar, mi complejo de Dios surgió y acabé con cuanta alimaña me topé en el camino. Los peores eran aquellos pervertidos que gozaban violando mujeres y niños, yo absorbí sus pensamientos tremendos y asquerosos, pude ver actos de una brutalidad temible y depravada, actos que ni siquiera hoy soy capaz de asimilar, actos demenciales que ni siquiera hoy en día están clasificados por la siquiatría. Descubrir que no sólo eran aquellos hombres y mujeres mentalmente enfermos los que eran capaces de producir semejantes imágenes, fue lo peor. También estaban aquellos a los que llamamos ciudadanos corrientes, sencillos, el típico "el buen americano", escupí sobre ese carajo de concepto cuando leí muchas de sus mentes y comprobé lo pervertido que muchos eran ¡Buen americano! ¡Hipócritas con mentes retorcidas! entonces volví a mi padre biológico y me asuste con la simple duda que éste fuera uno de ellos. Cuando volví a Carlisle, llegué dispuesto a elevarme sobre el común, yo debía ser mejor y no fue fácil. Mi cuerpo atrapado en unos eternos diecisiete exigía, demandaba satisfacción. La amalgama diecisiete y vampiro era la peor combinación cuando uno elige ser virtuoso, pero yo era arrogante.
Me decía a mí mismo: Yo puedo ser mejor que mis deseos básicos y monstruosos, aún soñaba con "conocer" a alguien que reconciliara mis preceptos humanos con mis deseos de vampiro, al igual que Carlisle, su relación con Esme era mi ideal. Cada día era una constante lucha. Cuando Rosalie llegó, su belleza asombrosa me fue indiferente, éramos como el agua y el aceite, simplemente no congeniamos de la manera que Carlisle deseaba, creo, es más, estoy seguro que nunca llegamos a congeniar por el hecho de que éramos iguales, odiábamos lo que éramos, juntos exacerbaríamos más nuestro asco que otra cosa. Rosalie necesitaba paciencia, yo necesitaba alivio, juntos hubiésemos sido el desastre. Cuando Emmett llegó para ella fue el remanso y el humor, él tenía paciencia y capacidad de perdón, con él a su lado mi hermana fue capaz de aliviar su rabia. Durante los primeros años de su estadía con nosotros Emmett no tocó a Rosalie, ella tenía en su mente el acto brutal y violento del que fue víctima y Emmett un chico de veinte años, campesino e inocente no tenía ni la menor idea de que era acostarse con una mujer, en eso éramos iguales, pero cuando finalmente las barreras cayeron fue como si sobre nuestra casa se instalara la bomba H, para mi simplemente fue horroroso.
Esme, de manera muy diplomática, les dijo que por favor se calmaran, la única forma de evitar ser testigo de su escandaloso sexo fue que ellos siempre tuvieran una casa propia, pero la mente de Emmett nunca se pudo controlar y a pesar de mis esfuerzo, fui testigo involuntario de todo lo que hacían, él era agreste y su sexualidad, un río sin cauce. La llegada de Jasper y Alice empeoró mi mundo en ese aspecto, la sexualidad de ambos era oscura, desesperada y tierna. Verlos, siempre ha sido doloroso para mi, se movían al mismo tiempo, se conocían como si llevaran cientos de años viviendo juntos, cada pensamiento, deseo, ansía, era adivinado por ella sin necesidad de su don, y él siempre se adelantaba a lo que Alice quería. Aquel guerrero rubio era un cachorrito al lado de esa fuerza absoluta de la naturaleza que era su mujer. Jasper había vivido con otra de nuestra especie y sabía el poder volcánico de las mujeres de nuestra raza, él era fuego y guerra, él era deseo absoluto, no sólo de sangre sino de piel. Todo Jasper ama a Alice, y ese amor les acrecentaba el placer. Fue su presencia, fue el ver lo que ellos eran, lo que me hizo desear eso. Sin querer, ellos dieron el puntillazo final para que yo deseara lo que ambos tenían, yo elegiría como mi mujer a la que me hiciera sentir así, yo no me conformaría con menos.
Y fue así que esperé, esperé y esperé, a pesar de los aires de libre sexualidad que vino a mediados del siglo XX, mujeres decentes tomado píldora anticonceptiva, el uso ya popular del condón, la revista playboy, el cine, la pornografía, la aceptación de otras tendencias sexuales, lugares donde el sexo no era un delito, bares, clubes, las calles, todo era sexuado. Un mundo donde el sexo fluyó libremente hasta volverse maquinal, aburrido y estúpido. Pero un día, un día de marzo en un salón de biología, todo, todo, todo, cambio. Una niña pálida, pequeña, de ojos oscuros y pelo perfumado arrasó con mis sentidos, mi moral, mis instintos rasgaban mi piel, ardía en un fuego frío. Me vi desesperado ansiando, soñando, delirando sobre su cuerpo, su boca, su sexo, ¿conocer? Diablos yo quería devorarla, bebérmela, hundir mi cuerpo, mis dientes, en ella. Desde aquel día estuve excitado y metafóricamente enfermo, tenía celos, de todo lo que la tocaba, de todo aquel que la mirara, de todo aquel que se atreviera a tener el mínimo deseo sobre ella. Me vi a portas de meterme en la casa de Mike Newton y cortarle la cabeza, para que no pensara en ella, aunque sus pensamientos eran tan inocuos y simplones como todo sueño húmedo de un chico de su edad y vaga experiencia, pero no me importaba.
Ella me volvía loco, su silencio mental era lo peor para mí, tenía hasta celos de lo que pensaba ¿cómo se atrevía a negarme eso? Pero ella lo hacía y eso aumentaba mi deseo. Los casi cien años de existencia reprimida estaban a punto de estallar, yo debía ser como una represa a punto de ahogar todo a mi alrededor y no me importaba. Volví a los libros, a todos y cada uno de los miles de libros eróticos escritos en el mundo, hasta mi viejo amigo Kamasutra apareció, aunque, con la perspectiva del tiempo, me pareció todo en tan inocente que llegaba a ser casi casi caricaturesco; hasta Sade ── que siempre me parecía repugnante ── fue una maravillosa lectura, Oh Bella yo te soñaba atada a mi cama por años hasta que yo pudiera saciar un uno por ciento de mi deseo hacia ti. Mi amor yo quería tener deseos puros hacía ti y si los tuve, pero había días en que era insoportable verte. Yo se que tú sentías mi electricidad fluyendo hacia ti y eras mala conmigo, te mordías la boca, sacabas tu lengua juguetonamente cuando comías, sacudías tú cabello para dejar la estela de tú shampoo impregnado en mi piel, a veces dejabas ver algo de tú piel desnuda con alguna camisilla ligera y hasta fuiste capaz de dejarme ver a través de la tela la forma de tus senos erectos, yo soñaba morderlos y saborearlos hasta enloquecer.
Un día ── mala, niña mala y perversa ── olías a sexo, crudo y lubrico, estabas mojada y yo lo sabía, te habías masturbado en el baño antes que yo llegara, hiciste que oliera tus manos, tus dedos y me miraste y batiste tus pestañas ¡enloquecí! Salí corriendo al bosque e hice lo mismo que tú hiciste por horas, mis orgasmos profundos y animales se escucharon en todo hasta hacer vibrar la tierra. Tenía tanto miedo a hacerte daño, no por mi fuerza, ahora lo sé, soy capaz de dominar mi fuerza, pero no era capaz de dominar mi pasión, tú lo llenabas todo, eras la espada capaz de cortar de un tajo años y años de control. ¡Dios! ¡Te amo! ¡Tanto! ¡Tanto! Y como te deseo ¿Cómo pude dejar ir el paraíso de mis manos? Una noche contigo, dentro de ti habría hecho que toda esta mierda valiera la pena. Bella, mis manos en ti, mis dedos dentro de ti, mi lengua saboreándote, chupando tus jugos, lamiendo tu sexo, tu coño, tu vulva, ¡malditas palabras! Douglas Finn ¡estarías orgulloso de mí! palabras capaz de sacarme de mi estado victoriano y absurdo, palabras que me dejan vulnerable y estimulado, palabras que me acercan a la indecencia y al caos, ¿sexo? No, ¿hacer el amor? Tampoco, follar, coger, tirar, joder, hasta que mi médula quede hecha trizas. ¡Te amo! ¡Te deseo! ¡Te venero! ¡Te adoro! Dios no existe, no, tú eres Dios.
Editado por XBrontë
Hola, muchas gracias por estar aquí chicas, cada uno de sus comentarios es bienvenido, a las lectoras fantasmas un millón de gracias.
Una de las lectoras me contó cual es la verdadera historia de Tanya según la escritora Meyer, no la conocía, la verdad. A mi defensa puedo decir que esto es un fic y que si me permiten debo cambiar algunas cosillas, sobre todo la historia de los orígenes de los vampiros.
Muchas gracias ¿qué tal este Edward y sus muy humanos deseos?
