Capítulo 11
En algún momento, antes del amanecer, comenzó a llover.
Las ventanas estaban abiertas y una brisa agitaba las cortinas, trayendo consigo el aroma de los jardines que rodeaban el palazzo.
Sakura se sentía cálida y segura en los brazos de Sasuke, tenía el cuerpo extendido desgarbadamente sobre la mitad de él, y sus corazones latían al unísono. Ella estaba dormida. Él estaba despierto.
Despierto, y soportando la más dulce de las torturas: La sensación de tenerla contra él, el susurro del aliento contra su hombro desnudo, y el suave peso de su pierna sobre la suya.
Sasuke estaba atrapado entre el cielo de sostener a su bella esposa en sus brazos, y el infierno de saber que había prometido no tocarla. Pareció una promesa fácil de cumplir.
Sakura había quedado exhausta, y estaba embarazada. Y él no tenía ganas de hacer algo estúpido que pudiera poner en riesgo la frágil paz que había conseguido enviarla a sus brazos horas antes.
Pero…no había esperado que se arrebujara contra él de esta manera, ni que suspirara tan dulcemente cada vez que se movía. No había esperado tampoco querer despertarla con sus besos, con sus caricias, y decirle que en algún momento entre ayer y hoy, había pasado de la sensación de haber caído en una trampa, a ser un hombre que…había encontrado su destino.
Un destino al que daba la bienvenida. Sasuke frunció el ceño en la oscuridad.
¿Cómo pudo pasar? Su vida era perfecta. El príncipe mendigo se había convertido en uno de los hombres más ricos del mundo. Era respetado. Admirado. Tenía todo lo que un hombre podía desear…
Y ahora, tenía más.
Un hijo en camino, y una esposa. Sakura. Inteligente, con personalidad…y exasperante. Sin embargo, ¡Dio, qué coraje tenía! Había elegido una vida que no había deseado, una vida que era lo opuesto a lo que ella hubiera querido, él lo sabía. Y todo porque era lo que se debía hacer, lo correcto.
Sakura, una mujer que lo excitaba más que cualquier otra que hubiera conocido. ¿Era su destino?
No es que creyera en esas cosas. Más allá de todo, él era un hombre mundano que se había forjado su propia vida, que había tomado sus decisiones, y recorrido un camino que controlaba…O tal vez no.
¿Existía esa fuerza que la gente llamaba destino? ¿Algo que esperaba la oportunidad de recogernos y ponernos en un camino diferente, uno que nunca se tuvo la intención de seguir? ¿Era eso lo que le había sucedido?
Hasta hace dos días, había sido Sasuke Uchiha , príncipe de una casa real de Roma. Un hombre que dirigía un imperio financiero, y que no respondía ante nadie.
Sakura suspiró y se arrebujó más contra él.
Ahora, era Sasuke Uchiha , marido y pronto padre. Era una responsabilidad impresionante, una que, ciertamente, no había planeado o deseado…Y, sin embargo, se sentía bien. El bebé en el vientre de Sakura. Sakura en sus brazos, en su cama. Sakura, su novia. Su esposa. Su…su…
Sasuke frunció el ceño. Con cuidado aflojó el brazo que rodeaba su hombro y la pierna que estaba debajo de su muslo. Necesitaba una taza de espresso. O un paseo por el jardín. O tal vez encender la computadora y comprobar sus e-mails. Sí. Eso haría. En la confusión de los últimos días, casi había perdido contacto con su oficina.
Nunca había hecho eso antes. Se sentó, se levantó de la cama y se pasó las manos por el pelo.
Esta interrupción en su vida no era buena. Tenía una empresa que dirigir y gente que esperaba sus directivas. Tenía que volver a la pista. Se ducharía y encendería la computadora.
Su ama de llaves aparecería pronto, y mientras tomaba un desayuno rápido, hablaría con ella y le pediría que cuando bajara Sakura, le explicara qué funciones cumplía en la casa, y que hiciera los arreglos con Giorgio para que la llevara a las tiendas que deseara. Ah, y se pondría en contacto con su médico para que le recomendara el mejor OB-GYN de Roma.
Basta de estas tonterías. No podía dejar todo de lado solamente porque había embarazado a una mujer y se había casado con ella.
— ¿Sasuke?
Se dio vuelta y vio que Sakura estaba sentada contra las almohadas. La podía ver claramente a la luz del entorno lavado por la lluvia de la madrugada. Tenía los ojos llenos de incertidumbre, la cascada de cabellos despeinada, y podía vislumbrar el contorno de sus pechos bajo la chaqueta del pijama.
Esta era su esposa. Su mujer. Su Sakura. Todo lo demás se fue volando por la ventana. Algo lo atravesó, una emoción tan poderosa que le dejó sin aliento.
—Sí, cara—dijo suavemente. Sonriendo, fue hasta la cama y se sentó junto a ella—Lo siento, no quise despertarte.
Sakura se apartó el pelo de los ojos.
—No tenía la intención de dormir hasta tarde.
—No, cariño, no es tarde para nada, apenas si amaneció. Yo simplemente…no pude dormir más.
—Jet-lag—le dijo con una sonrisa.
—Si—dijo, eso era menos complicado que explicar la verdadera razón que lo había sacado de la cama, y lo había vuelto a traer ahora.
—Vuelve a dormir, cara. Necesitas descansar.
—No. No, yo…yo—De repente se puso blanca—Oh, Oh…
Salió disparada de la cama tan rápido que él sólo había atinado a ponerse de pie cuando ella cerró de un golpe la puerta del baño, después de haber entrado.
—Vete—le dijo sin aliento cuando él abrió la puerta, luego se inclinó sobre el inodoro y vomitó.
El corazón de Sasuke dio un vuelco. La tomó por los hombros, estabilizándola, hasta que el espasmo pasó. Entonces la dio vuelta en sus brazos, a pesar de sus protestas.
—Te llevaré a la cama—le dijo con firmeza—y te quedarás allí hasta que llegue el médico.
—No estoy enferma. Esto es sólo algo que les sucede a algunas mujeres cuando están embarazadas—Lo miró con una sonrisa temblorosa—Estaré bien una vez que me limpie, ya verás.
Tenía razón sobre los vómitos, él lo sabía, y también sabía que se había aterrorizado al verla sufrir.
—Sasuke. Por favor. Vete y déjame asearme.
Sakura lo observó considerar la situación y se preguntó si en la oficina era así, tan oscuro, decidido e inquietante.
Finalmente asintió bruscamente con la cabeza, tomó un cepillo de dientes nuevo de un cajón del mueble del baño, le mostró dónde estaban las toallas, el peine, el cepillo para el pelo…
—Sasuke—Sakura dijo suavemente—Encontraré todo por mi cuenta. Te lo prometo.
Luego tuvo que jurarle que lo llamaría si se sentía mal y que no cerraría la puerta, así él podría llegar rápidamente si es necesario.
Finalmente se quedó sola. Se duchó. Se lavó el pelo, se cepilló los dientes, se envolvió en una toalla grande…y trató de no pensar en el hombre que la esperaba en la habitación de al lado. Su marido.
Había dormido en sus brazos toda la noche. Cerca de él, cálidamente y reconfortada por su presencia.
Ella también había estado despierta cuando él se había despertado esta mañana. Hubiera querido decírselo, pero se había sentido mortificada al encontrarse sobre él. ¿Además, qué se le decía a un marido cuando no se lo conocía?
«Buenos días» no parecía adecuado, especialmente cuando lo que quería hacer, lo que realmente quería, no era decir algo, sino estrecharle la cara, llevar esa boca masculina hasta la suya, besarlo y decirle que había cambiado de parecer, que no quería ser sólo su esposa de nombre…
Sakura cerró los ojos y respiró hondo, luego abrió la puerta. Con suerte, a estas alturas Sasuke ya se habría vestido e ido.
Pero no. Estaba parado en el centro de la sala, con el pecho desnudo, los brazos cruzados, y los ojos casi negros, mientras la miraba.
— ¿Estás mejor?
Ella asintió con la cabeza.
—Estoy bien.
La recorrió con la mirada. La toalla era grande, pero esa mirada la hacía sentirse desnuda.
—Hoy vamos a ver a un médico.
—Realmente, estoy…
—Estás hermosa.
La voz sonó ronca. Ese sonido y esa mirada hacían que su corazón latiera desenfrenado.
—No. Quiero decir, no me he secado el pelo. Y ya estoy subiendo de peso. Y…
— ¿Dónde está ese peso?
—En mis pechos, en mi barriga. No mucho, pero…
—Quiero ver.
Un silencio pesado inundó la habitación. Los ojos de Sakura se encontraron con los de Sasuke.
—Quiero ver los cambios que mi hijo está haciendo en ti—dijo quedamente mientras caminaba hacia ella. Se detuvo a unos centímetros, con los brazos a los costados y con la mirada caliente sobre ella—Déjame mirarte.
—Sasuke—Sentía la lengua espesa. Tragó saliva y volvió a tragar—No pienso que…
—Eso está bien, no pienses—Extendió la mano y tomó el borde de la toalla que ella sostenía firmemente contra sus pechos—Es el derecho del marido de mirar a su esposa—Y antes de que ella pudiera construir un escudo de ira ante esa pequeña muestra de arrogancia, agregó una sencilla palabra que la dejó indefensa.
—Por favor.
Sakura respiró hondo, luego, lentamente, soltó la toalla.
En lo que pareció una eternidad, Sasuke estuvo allí parado, quieto, sin tocarla, sólo deslizando la mirada sobre su desnudez.
Luego le tocó los pechos y le pasó los pulgares sobre sus pezones, como si fueran una pluma. Fue deslizando hacia abajo la mano, por las costillas y el vientre.
La miró, y lo que vio en su rostro hizo que su corazón latiera a los tropezones.
—Sakura—dijo con voz espesa—Mi esposa. Mi hermosa e increíble esposa…
Al instante siguiente, estuvo en sus brazos. La besó con avidez y ella le devolvió el beso. Sus brazos se enrollaron en su cuello cuando la llevó a la cama y la tendió sobre las sábanas del más suave algodón egipcio.
Le besó el pelo, la sien, la garganta, mientras ella gemía suavemente. La forma en que se subió sobre él avivó las llamas que tan duramente había tratado de controlar.
Se dijo a sí mismo que debía ser cortés. Ella estaba embarazada, y había estado descompuesta. Necesitaba ternura, no este fuego que ardía dentro de él.
Luego ella entreabrió los labios y dibujó con la punta de la lengua el interior de su boca…y Sasuke estuvo perdido. Se inclinó sobre sus pechos y chupó sus pezones profundamente en su boca. Sakura gritó y se arqueó hacia él, quien hizo un enorme esfuerzo para no apartarle los muslos y enterrarse en ella.
Sabía a miel, a crema, y a todas las delicias del universo. Le encantaba la dulzura de su piel, el saborcillo a sal que comenzaba a tener cuando se calentaba bajo sus caricias. Le encantaba todo lo relacionado con esto, todo lo relacionado con ella. La forma en que respondía a él, sin reservas.
En aquella primera noche el encuentro había sido descontrolado, casi salvaje, e incluso se daba cuenta ahora de que ella le había dejado ser el agresor. En cambio ahora, era ella la que, con cada movimiento y cada suspiro, le decía lo quería. Ella deseaba esto. Deseaba todo lo que él podía darle y más.
Sus manos le exploraban los hombros, el pecho, lo besaba en la garganta y le tocaba con la lengua el hueco donde, él sabía, se debía notar el acelere de su corazón.
—Sasuke—susurró ella, y sus dedos rozaron la punta de su tensa erección.
La dejó explorarlo. Amaba su toque, su cautela, su…sí, su inocencia, pero cuando su mano se cerró alrededor de él, supo que era tiempo de tomar el control.
—No—dijo brusco, la dio vuelta y le atrapó las muñecas, sosteniéndolas en lo alto de su cabeza, mientras la mantenía cautiva con sus labios, sus dientes y sus besos. Ella gimió de necesidad.
—Por favor—le susurró—por favor…
Sasuke se arrancó el pantalón pijama, pateándolo por ahí, se arrodilló entre los muslos de su esposa y besó la carne tierna. Ella gritó y se arqueó de nuevo contra él. Con el dorso de la mano le rozó su cabellos que resguardaban su feminidad.
Sakura gritó y se sacudió contra él, entonces le tomó las muñecas con una sola mano, y utilizó la otra para tocarla.
Estaba mojada y fragante por la excitación. Gemía y suplicaba. Y él…él iba a explotar si no la tomaba pronto.
Su clítoris estaba hinchado por la pasión, y cuando por fin le soltó las muñecas, deslizó las manos bajo sus nalgas y la llevó hasta su boca. Su sabor era exquisito.
Sakura gritó y él se deslizó hacia arriba por su cuerpo, abriéndole los muslos y envolviendo sus caderas con las piernas femeninas.
—Ahora—dijo, y entró en ella con un golpe largo y duro.
Su grito fue alto y dulce y todo lo que él había deseado. Se lanzó hacia delante otra vez, y ella, dando un chillido, echó la cabeza hacia atrás y se deshizo en sus brazos una y otra vez mientras él la abrazaba, atrapándole la boca con la suya y bebiéndose sus sollozos.
—Sasuke-kun—susurró contra su boca y él se lanzó con fuerza hacia el precipicio, olvidándose de quién era, de quién había sido, y de todo lo demás, para perderse en el cuerpo cálido y acogedor de su esposa.
Una vida más tarde, Sasuke se movió para apartarse, pues Sakura estaba todavía debajo de él, pero ella lo rodeó con los brazos y lo apretó.
—Quédate—le susurró.
Él quería. Se quedaría así para siempre si pudiera.
—Soy demasiado pesado para ti, cara mia.
—No me importa.
Sonaba tan decidida, que le hizo sonreír.
—Déjame ver si puedo revertir las cosas—Se dio vuelta sobre su espalda, arrastrándola con él, hasta que fue ella la que estuvo encima— ¿Qué tal?
La clase de suspiro que hizo le llegó directamente al corazón.
—Es maravilloso.
Sí que lo era. Más que maravilloso, pensó, envolviéndola con sus brazos, y apretando con más fuerza. Permanecieron así durante unos minutos, hasta que el ritmo de sus corazones fue disminuyendo. Entonces ahuecó la parte trasera de su cabeza y le buscó la boca con la suya para darle un beso tierno.
— ¿Estás bien?—le preguntó quedo.
Sus labios se curvaron en contra los de él.
—Estoy muy bien.
Sasuke sonrió.
—Completamente de acuerdo, principessa. De hecho…—otro beso, más largo que el anterior—Estás maravillosamente bien—luego, acariciándole hacia atrás los rizos de la cara, agregó—Me gustó como me llamaste.
Sakura apoyó la barbilla sobre sus propias manos y lo miró sin entender.
—Si. Sasuke-kun—sonrió—Nadie antes me ha llamado Sasuke-kun.
— ¿Nunca?
—Nunca. Mis institutrices siempre se referían a mí como Príncipe—Se rió entre dientes—A excepción de una inglesa osada que me llamaba Amo Sasuke.
— ¿Hubo muchas institutrices?
Él asintió con la cabeza.
—Mis padres siempre estaban viajando. Mi bisabuela vivía con nosotros, pero ya era muy vieja cuando yo nací, así que fui criado por institutrices. Y cada vez que mis padres regresaban, encontraban algún defecto en la institutriz de turno y la despedían.
— ¿Eran tan abominables?
—Algunas peores que otras, pero ninguna «abominable»
— ¿Y entonces, por qué…?
Sasuke suspiró.
—Me llevó un tiempo entenderlo, pero finalmente me di cuenta de que eran celos. Si mi madre veía que tenía demasiado apego con una institutriz, era el beso de la muerte.
Sakura le enmarcó el rostro con las manos.
— ¿Si tu madre quería tu apego, por qué no se quedaba en casa y te cuidaba ella?
—Eran simplemente así, cara, tanto ella como mi padre. Sus vidas giraban en torno a la autosatisfacción. Sin responsabilidades. Sin dinero, también. Para cuando lo heredé, el palazzo se estaba cayendo a pedazos, pero así es como vivían, de sus títulos y de la generosidad de sus amigos.
— ¿Y ahora?
Sasuke levantó su boca para darle un beso.
—Y ahora, amante mia, ya no importa. Ambos se fueron. Un avión que los llevaba a un partido de polo en Palm Springs…
—Oh, lo siento.
—Está bien, cariño. A decir verdad, no los conocía lo suficiente como para extrañarlos.
—Un niño no debe crecer de esa manera—El fervor de su voz lo hizo sonreír.
—No. Estoy de acuerdo—le acarició la espalda— ¿Y tú, cara?
— ¿Qué tal la vida con Kakashi Haruno…O no debo preguntar?
Sakura suspiró.
—Me llevó a vivir con él cuando mis padres murieron, y siempre le estaré agradecida por eso. Yo era muy pequeña, verás, y no tenía dinero…Mi padre se había casado con una mujer que al abuelo no le parecía adecuada, y…
—Y—dijo Sasuke, tratando de controlar una ira repentina—seguramente hizo todo lo posible para hacérselo pagar a tu padre, sin importarle si eso te afectaba a ti, o a tu madre.
Hubo un tiempo en que Sakura hubiera defendido a su abuelo diciendo que había hecho lo que creía correcto, pero no ahora.
No ahora, que se había casado con un hombre que había hecho lo que él pensaba era correcto, y que era lo opuesto a lo que él hubiera querido para sí mismo, que había pensado sólo en los demás. En ella y en su hijo por nacer.
—Sí—dijo suavemente—no le importaba nadie más que él mismo. Pero mis padres fueron felices, Sasuke. Ellos se adoraban y me adoraban. Los amé tanto y luego…luego murieron y me fui a vivir con el abuelo, y…y…
Ella soltó una risilla tan triste que casi le rompió el corazón.
—Allí estuvo, cargando con el hijo de una mujer que nunca había reconocido, y que además era niña.
—Estoy seguro de que no ocultó su decepción—dijo Sasuke con voz áspera.
—No fui lo que él esperaba. Yo no tenía ningún interés en aprender a ser la esposa perfecta para su idea de marido perfecto.
—Un hombre elegido por él—dijo Sasuke, poniéndola debajo de él—Un gerente industrial, con la sangre tan azul como la de tu abuelo.
Sakura pasó los dedos por los rizos despeinados de Sasuke.
— ¿Estuviste allí escuchando todas aquellas conversaciones?—le dijo con una leve sonrisa.
—Un hombre que te pudiera controlar, como él no había podido hacerlo.
Su sonrisa se desvaneció. Con qué rapidez había entendido.
—Sí.
—Y que amara más a Stafford-Coleridge-Haruno que a ti.
Sakura trató de mirar para otro lado, pero Sasuke no se lo permitió. Le tomó la cara entre las palmas y la mantuvo firme bajo su mirada. Los ojos femeninos brillaban, pero forzó una sonrisa.
—Y consiguió lo que quería—dijo a la ligera—Un sangre azul hasta la médula para Stafford-Coleridge-Hy…
Sasuke la calló con un beso profundo y apasionado.
—Me casé contigo—dijo con fiereza—no con el imperio financiero de tu abuelo.
—Está bien. No tienes que tratar de hacerlo parecer como si…como si…
—Me casé contigo porque estás embarazada de mi hijo. Y por eres una mujer fuerte, hermosa y fascinante.
—Por favor—Le temblaba la voz—No tiene que mentir.
—Nada de mentiras, cara. Ni ahora, ni nunca. ¿De verdad crees que me casé contigo para poner mis manos en ese maldito banco?
Mientras pronunciaba las palabras, Sasuke se dio cuenta que eran verdaderas. Se había casado con Sakura porque iba a tener a su hijo, y porque…porque… ¿Porque qué? La respuesta estaba tentadoramente cerca. Por ahora, todo lo que podía hacer era demostrarle a su esposa que la deseaba.
—Mañana me comunicaré con tu abuelo y le diré que no quiero su banco.
— ¡Pero sí lo quieres! No voy a dejar que hagas eso por mí.
—Lo hago por mí, cara. Porque…porque…soy…soy feliz.
Vio la sonrisa que iluminaba el rostro de su esposa y el corazón pareció expandírsele dentro del pecho.
—Soy muy feliz—dijo suavemente—y no tiene nada que ver con el banco de tu abuelo—Sasuke intercambió su peso para que Sakura pudiera sentir lo que le había producido estar recostado sobre ella—Estoy feliz por esto—le susurró—Mi hijo en tu vientre. Y tú, anima mia, siempre en mis brazos.
— ¿Qué significa eso? Anima mia.
Él sonrió.
—Quiere decir que eres mi alma.
Las pestañas de Sakura brillaban por las lágrimas. ¿Era posible pasar de la desesperación a la alegría tan rápidamente? La respuesta llegó un instante después, cuando Sasuke se deslizó en su interior. Sí. Oh, sí, era posible.
—Sasuke-kun—susurró Sakura—Sasuke-kun…
Luego, durante un tiempo muy largo, no hubo otros sonidos que el golpeteo suave de la lluvia y la suavidad de los suspiros de los amantes.
