CAPITULO 11: tres días para la decisión.

Draco se despertó al golpear el suelo. Jadeando, confundido, empapado en sudor, con todos los músculos temblando y la entrepierna húmeda por su reciente eyaculación. Se pasó la mano por el pelo que estaba húmedo y pegajoso por el sudor de toda una noche de perturbadores sueños.

El corazón aun le iba a mil por hora. Tumbado de espaldas en las gélidas baldosas del suelo, con la esperanza de que el frio de éste le hiciera reaccionar y lo sacara del todo de su perturbador sueño.

Había tenido fantasías antes...de hecho, había vivido más de una de esas fantasías con algunas de las chicas más juguetonas del colegio. Pero había sido demasiado real. Y demasiado intenso...y lo que más le perturbaba era su deseo ardiente y profundo de que ese sueño, pese a real que hubiera parecido, se hiciera realidad en su vida, mas allá de en su fantasía nocturna...

Había soñado con una mujer sin rostro...su Gorgona...y sin mediar palabra había dado rienda suelta a todo su deseo y pasión con ella. Y en algún momento del sueño...su amante anónima había tomado rostro...y era el de Granger. Poco le importo, y siguió amándola, poseyéndola, haciéndola gemir y llegar al éxtasis una y otra vez...pero en algún momento... su Granger-Gorgona había susurrado su nombre en su oído entre gemidos: "Draco..." y solo con decir su nombre...solo con una palabra...joder...solo con una palabra él se había corrido. Y revolviéndose en el éxtasis había acabado besando el suelo con violencia, despertándose así de la manera menos digna.

Ya más calmado, se dirigió al pequeño cuarto de baño de su cuarto, y se dio una ducha de agua caliente. No quería bajar ahora al gran baño que había en el salón, aunque lo que más le apetecía era meterse en una de las inmensas bañeras...pero no quería cruzarse con la castaña ahora...

Desnudo bajo el chorro de humeante agua, intento dejar la mente en blanco y dejar que el líquido elemento relajara su cuerpo. Poco a poco, fue bajando la temperatura, hasta que acabo dándose el último remojón en estimulante agua helada. Si eso no lo despejaba nada lo haría.

De pronto se acordó... ¿porque tanta prisa? Era sábado, no había clases...hoy era día de relax y estudio y no tenía actividades extraescolares...lo que le planteo la duda...era el primer día de los tres de silencio con Gorgona...así que... ¿qué diablos iba a hacer para no volverse loco al quedarse a solas con sus pensamientos? En fin...algo se le ocurriría...

Se puso unos boxers y un pantalón de pijama limpio de un profundo color vino sin secarse si quiera, y pasándose una toalla por el pelo, bajo a la sala común. Allí, se encontró con Granger, que no hacía más que dar vueltas como una posesa histérica rebuscando entre libros y montones de pergaminos.

-Buenos días Granger...que buscas?

-Nada que te importe Malfoy...-masculló irritada. Ante el mohín desagradable que puso el rubio, Hermione se rindió- Perdona, es que no sé dónde he puesto unos papeles y me estoy poniendo nerviosa...

- si son tan importantes puedo ayudarte a buscarlos...-se ofreció amablemente Draco mientras se servía un té y asaltaba con apetito el tarro de galletas.

-No hace falta...pero gracias de todas formas...-el rubio la miró con una ceja alzada de modo interrogante ¿qué podía ser tan importante que tenía tan alterada y nerviosa a Granger? Encogiéndose de hombros se dirigió al sofá dispuesto a disfrutar de la mañana con calma, cuando vio un pergamino doblado asomándose debajo del sofá.

Se agachó a recogerlo y le dio un par de vueltas con curiosidad

-Oye Granger, ¿no es esto lo que estabas buscando?- Sin mala intención, dejo el té en la mesa y con cierta curiosidad, se dispuso a abrir el pergamino para ver que tenía tan angustiada a su compañera de piso. Pero antes de que pudiera desdoblar el primer doblez, la palma abierta de la castaña se había estrellado con estruendo en su mejilla, mientras con la otra mano le arrancaba literalmente el pergamino de la mano.

-Qué diablos crees que estás haciendo? Es privado! eres un imbécil incapaz de respetar nada, verdad?- le gritó la ojimiel. El pecho de la muchacha subía y bajaba con el ritmo y la fuerza de los pistones de una locomotora.

Draco la miro con los ojos como platos, y lentamente, se llevó una mano a la mejilla. Le dolía, le ardía, sentía toda la cara entumecida y la mandíbula apenas le reaccionaba. Se tocó la piel allí donde los cinco dedos de Granger le habían dejado 5 rayas al rojo vivo sobre su pálida piel. No sabía que había pasado, y maldijo la hora en la que se le ocurrió intentar ayudar a la muchacha a encontrar lo que con tanda desesperación buscaba. Todas sus buenas intenciones se fueron al traste, y antes de que cediera a la tentación de hacerle algo que seguramente lamentaría (y que seguro le supondría el resto de sus días en Azkaban) decidió poner fin a la situación.

El muchacho, sin decir una palabra se levantó lentamente, del modo en el que se forman las grandes tormentas: lentas, sinuosas, inevitables, y sin augurar nada bueno. Y Hermione se sobresaltó retrocediendo unos pasos.

Desde que compartían la torre de premios anuales, Malfoy la había mirado de muchas formas...divertido, con complicidad, con picardía, con suspicacia, entretenido, con enfado...pero ni siquiera en sus peores momentos de los años anteriores, cuando eran enemigos declarados la había mirado como la miraba ahora: sus ojos destilaban un odio que iba más allá de lo racional, una rabia más allá de toda posible cordura. Si un avada kedavra pudiera lanzarse sin varita ni conjuro, se necesitaría una mirada así. Y los pálidos ojos acerados de Malfoy solo le daban un siniestro toque gélido que añadía tenebrosidad a esa mirada.

Hermione retrocedió un par de pasos más, abrazando el pergamino doblado que había perdido contra su pecho, como si el dibujo que Áspid le había hecho y ella había copiado para poder disfrutarlo cuando quisiera y que se le había caído accidentalmente por ir con prisas para llegar a una clase pudiera protegerla de la irracional ira de Malfoy.

Y la cosa solo empeoró cuando Malfoy, rodeando el sofá, le dio la espalda en un oscuro silencio y volvió a subir a su dormitorio. Hermione esperaba oír un portazo en cualquier momento, y rompió a llorar quedamente cuando se dio cuenta, que ese portazo no llegaba. Malfoy no la había considerado digna ni de esa ruidosa muestra de desprecio.

"¿Qué he hecho?" pensó Hermione "vale que él no tendría que haber cotilleado en mis cosas...y que no quería que el viera el dibujo...era mío... pero con quitárselo habría sido suficiente... ¿porque tenía que golpearle de esa manera?" se miró la mano. Le dolía, tenía la palma roja..."¿tan fuerte le he dado que hasta yo me he hecho daño?" escondió el dibujo en la cartera. Y confundida, se sentó en el sofá. "Esta vez si la he cagado..."

Se secó las lágrimas con el dorso de la mano, y se asomó al hueco de la escalera que subía a las habitaciones de Malfoy, y como si temiera. Temerosa de lo que podía pasarle, subió poco a poco la escalera, superando el miedo a lo que el rubio pudiera hacerle, escalón a escalón. Hasta que llegó a las cerradas puertas del dormitorio del muchacho. Alzó un puño dispuesta a llamar a la puerta, y tragó saliva, preparándose mentalmente para cualquier cosa, tomando ánimo para aguantar lo que el ojigris pudiera soltarle...y llamo a la puerta. TOC TOC TOC

Ella sabía que estaba ahí dentro, lo había oído arrastrar una silla. Pero no tuvo respuesta. Sacando fuerza de flaqueza y con el corazón en un puño, volvió a llamar. TOC TOC TOC. Y Malfoy volvió a ignorarla.

Un par de minutos de espera después, Hermione se mordía los labios con nerviosismo. Había estado preparada para que le gritara, para que le insultara, para que la zarandeara, e incluso para que le soltara alguna maldición... había estado preparada para que la apuntara con su varita, para que la amenazara, e incluso, para que le lanzara algún hechizo. Para lo que no se había preparado era para que él la ignorara y le hiciera el vacío de modo tan violento.

El silencio que salía de la habitación de Malfoy, a través de las puertas cerradas, era palpable, y golpeaba el orgullo ya maltrecho de Hermione como una maza.

-Mal...foy...-la voz le falló al primer intento, tomo aire y lo intento con un poco más de fuerza- Malfoy...¿puedo entrar?

No le sorprendió no hallar respuesta.

-Malfoy sé que estás ahí,...te puedo oír odiándome...

No hubo respuesta

-Por favor Malfoy...estoy intentando pedirte perdón,...y no me gusta hablar con una puerta cerrada...

No hubo respuesta...pero Hermione escuchó unos pasos ligeros ir de una punta a otra de la habitación ¿se había movido? ¿Abriría la puerta? Una leve esperanza de disculparse por su arrebato hizo acto de presencia. Y murió dejándola sumida en el arrepentimiento cuando los minutos iban desgranándose sin respuesta alguna.

Hermione volvió a romper a llorar, sintiendo como la culpa golpeaba con insistencia en su conciencia. Y perdiendo la poca cordura que le quedaba, tomo aire y empuñó el pomo de la puerta, irrumpiendo en la habitación del rubio como un vendaval. Se giró hacia la cama, allí no estaba. Ni en el escritorio, ni en el gran sillón junto a la estantería...desquiciada por no encontrarlo, escucho un ruido a sus espaldas. Había una puerta. Cegada por las lágrimas, entró corriendo en la habitación contigua. Ahí había vaho, descorrió una cortina con violencia y se encontró con la espalda desnuda de Malfoy, que tenía la cabeza gacha y el pelo chorreando de agua le caía por la cara, dejando ver solo sus labios entreabiertos. Antes de poder reaccionar ni sumar dos y dos sobre lo que veía, vio la marca roja, brillante y húmeda que le había dejado en la mejilla. Sollozando con estruendo, vio como Malfoy levantaba la cara y la miraba con sorpresa. No le dejo tiempo a reaccionar. Y salto a sus brazos abrazándolo con rudeza, atrapando el cuello del sorprendido rubio entre sus brazos y apretándolo para que volviera a darle la espalda. Hermione ni se dio cuenta del chorro de agua tibia que le caía encima con fuerza empapándola de arriba abajo. Solo notaba que había encontrado a Malfoy.

-Lo siento...no quería...me puse histérica,...perdí los nervios...no quería...perdóname...por favor...-entre sollozos sus frases sonaban entrecortadas e inconexas, pero no paraba, se sentía incapaz de parar...repetía una y otra vez que lo sentía, y cada vez apretaba más su abrazo para evitar que el rubio volviera a darle la espalda y la volviera a castigar con su silencio e indiferencia.

Draco, por su parte...se sentía incapaz de reaccionar. Granger se había vuelto loca por un trozo de papel y le había girado la cara de un guantazo que le dolía horrores. La había dejado con su histeria en el salón, para no ceder a la tentación de matarla allí mismo, había estado dando vueltas en su cuarto intentando averiguar qué diablos había pasado...y había decidido volver a meterse en la ducha para olvidarlo todo durante un rato y poder pensar con claridad...había salido de una fantasía nocturna perturbadora para encontrarse de frente con una realidad surrealista...y de pronto mientras estaba tranquilo bajo el agua por segunda vez, Granger se le había colado en el cuarto, se había metido en la bañera y lo estaba abrazando bajo el agua sollozando incoherencias mientras apretaba su cuerpo desnudo contra la tela cada vez más mojada y cada vez más pegada a la piel de la castaña. Se arriesgó con un carraspeo.

-Granger...

La castaña no respondió, sino que separó la cabeza del pecho de Malfoy y lo miro directamente a los ojos, con las pupilas titilándole increíblemente dilatadas, con el agua corriéndole por la cara, mezclándosele con las lágrimas, y con todo el pelo pegado a las mejillas.

-Granger,...-insistió el rubio, asegurándose de que tenía su atención- ¿eres consciente de donde estamos?

-En...en tu cuarto...

-Así es Granger...-continuó Draco, con la paciencia de un maestro y un tono de voz dulce, suave y monocorde que hacía que las rodillas de Hermione temblaran. Si no llega a estar abrazada a él…-Pero serías capaz de precisar un poco más...

Hermione miró a su alrededor aturdida

-¿En la ducha?- la castaña no pudo evitarlo, y una mano se le escapó, acariciando el cabello de la nuca del rubio. Se sentía aturdida, no sabía cómo había llegado allí, ni porque lo había hecho, no tenía ni idea de que estaba haciendo, y después de su loca carrera desde que cruzó la puerta de las habitaciones de Malfoy, encontrarlo había supuesto tal alivio que se sentía embriagada por su presencia y por el momento.

-Sí, Granger, en la ducha,...-Malfoy la sonrió, como solo Malfoy sabía hacerlo: con una de esas sonrisas torcidas de medio lado que emanaban magnetismo y sarcasmo a partes iguales- ¿y podría decirme la bruja más inteligente y prometedora del colegio que se suele hacer en la ducha y como se suele hacer?

Hermione suspiró, ya no escuchaba lo que Draco le decía...se había perdido en esa sonrisa. Lo miraba con estupor y los labios entreabiertos, y su respiración se aceleraba. Cuando Draco la sintió temblar contra él, sintió que la cosa iba mal. Él estaba desnudo, ella perdida en Merlín sabía que pensamientos...el agua seguía chorreando encima de los dos cuerpos pegados... y la mujer con la que acababa de tener la fantasía sexual más nítida de toda su vida lo abrazaba y temblaba contra él. La cosa se iba a poner muy tensa si no la sacaba de ahí rápido...de hecho ya empezaba a tener problemas de autocontrol...y algunos empezaban a clamar urgentemente por ayuda.

-Granger!- masculló

-¿Eh?- la castaña salió de su ensoñación y lo miro de verdad por primera vez desde que había entrado corriendo en la ducha.

-Probaré sin sutilezas...se puede saber qué haces no solo en mi habitación, si no en mi ducha, colgada a mi cuello y mirándome mientras estoy desnudo de esa manera? No es que me moleste y esas cosas...siempre son agradable este tipo de sorpresas...pero no después de que casi me arranques la mandíbula en un ataque de violencia gratuita...

Después de su desquiciada carrera, la realidad, aun jadeante por tener que seguirle el paso, alcanzó a Hermione e hizo acto de presencia. Y un rubor casi fluorescente le tiñó toda la cara, el cuello y cada centímetro de piel visible.

-Y bien Granger?

-Malfoy...yo...es que quería disculparme...y no sé cómo...-Quería salir corriendo de allí, pero las piernas no le respondían. Se sentía incapaz de moverse por mucho que quisiera, estaba agarrotada por lo que había estado haciendo sin darse cuenta.

-Bien Granger...me parece fantástico que quisieras hacerte responsable de tus acciones...pero aunque me siento tentado a preguntarte que secuencia de pensamientos lógica te ha llevado a intentar violarme en la ducha...prefiero sencillamente preguntar qué vas a hacer ahora… para poder prepararme mentalmente antes de que me provoques un infarto...

-Malfoy...no puedo moverme...-Hermione cerró los ojos con fuerza y siguió ruborizándose. Volvió a sollozar angustiada por la situación. Se sentía avergonzada, aterrada por sus acciones, y sobretodo excitada.

Draco suspiro pesadamente

-Está bien Granger...que no se diga que no soy un caballero...aunque esté en cueros...-y moviendo los brazos por primera vez, alcanzó una toalla, se la enroscó en la cintura como pudo y tomando a la castaña en brazos, la sacó de la ducha.

Cruzó el cuarto con una aterrada Granger en brazos y una vez en medio de la habitación, la dejó en el suelo, con la muchacha aun abrazándosele al cuello.

-Crees que puedes soltarme ya Granger?- como única respuesta recibió un sollozo y un cabeceo, y la presa sobre su cuello se fue haciendo más liviana, hasta que acabo por liberarse. Pero Draco notó como las dos manos de la chica acabaron aferrándose a sus hombros, mientras ella respiraba confundida y seguía temblando contra él. Sintió una punzada de piedad por ella, pues por alguna razón, sabía que si ella se soltaba le fallarían las piernas.

-Estas bien Granger... ¿quieres sentarte?- Ella sacudió la cabeza en negativa- Sabes que tarde o temprano te pediré que me cuentes lo que ha pasado, ¿verdad?- sacudida afirmativa por parte de la castaña. Draco suspiró…

Hermione reunió el coraje justo y necesario, pues no andaba muy sobrada del archiconocido espíritu Gryffindor en estos momentos y miró a Draco a los ojos. Y miro como su propia mano la traicionaba y se movía sola hacia la enrojecida marca que minutos antes había dejado en la cara del muchacho, rozándola con ternura. El rubio hizo un ligero gesto de dolor ante el contacto, pero tampoco se movió, y la dejó hacer. Los pies de la castaña también la traicionaron, poniéndose de puntillas, y para su propia sorpresa, se vio a sí misma besando con delicadeza las cinco marcas enrojecidas. Y por el rabillo del ojo, vio con Malfoy ladeaba ligeramente la cabeza dejándola hacer, y sus acerados ojos se cerraban lentamente.

La otra mano de la castaña también dejo como por voluntad propia su agarre en el hombro del rubio, y dejando que sus dedos se enredaran en los platinados cabellos del chico, le aparto las empapadas greñas de la cara con una caricia que estremeció a ambos.

"¿Qué diablos está pasando?"- Pensaron los dos simultáneamente.

En un último acto de insubordinada rebeldía, y sabiendo que pronto recuperaría el control de su propio cuerpo, la boca de Hermione cedió a una necesidad primordial y pulsante y se estrelló con ansia contra los labios de Draco, mientras la mano que le acariciaba el pelo se contraía con violencia agarrando un mechón de pelo y pegándole un tirón que hecho hacia atrás la cabeza del muchacho, dejándose a si misma acceso directo a esa boca que tenía aprisionada con la suya.

Draco no tuvo tiempo de reaccionar, pues antes de que pudiera responder al arrebato de la castaña, esta lo soltó y se separó de él con rapidez, y tapándose la boca con las manos incrédula a lo que había hecho, daba temblorosos pasos hacia la puerta. Cuando el ojigris reacciono moviéndose hacia ella, la castaña se giró en redondo y salió corriendo de la habitación, precipitándose en una carrera escaleras abajo.

Y allí se quedó Draco, plantado en su propia habitación, de pié en medio de un charco de agua. Confundido, sorprendido, mojado, con la cara dolorida, brutalmente excitado y sin saber que había pasado, como había pasado, o que cojones tenía en la cabeza Granger esa mañana de sábado.

Se acercó a la cama, tiró la toalla que tenía a un rincón y se tumbó bocarriba desnudo en la cama, sin importarle un bledo empapar las sabanas de agua.

Se sentía mareado. Aun le escocía la mejilla, le picaba el cuero cabelludo allí donde la castaña le había tironeado del pelo...pero sobretodo sentía el sabor de aquella deseada boca en su lengua.

Draco no sabía qué hacer, que decir, que pensar...sabía que tarde o temprano tendría que hablar con Granger sobre lo sucedido...y no sabía cómo hacerlo. Aun así tenía otros dos días libres por delante para averiguarlo.

"Joder que largo va a ser este fin de semana..." fue su ultimo pensamiento coherente antes de sucumbir al caos que sacudía su mente en ese momento.

Corregido, leído, disfrutado y editado por Loonydraconian, que todos los trabajos sean tan placenteros como éste. Y si veis algún fallo, tiradme de las orejas, que siempre me han gustado las de Dumbo ^^