¡Hola! Estoy muy feliz de que a todos les gustó el capítulo anterior donde Draco y Hermione eran dos niños tan adorables. Fue muy entretenido escribirlo.
En fin, lamento mucho haber tardado en actualizar y lamento mucho no haber contestado todos sus comentarios. Los he leído, todos y cada uno de ellos, pero no he tenido tiempo para responderlos todos y no porque no quisiera sino porque no he tenido tiempo. Incluso ahora estoy publicando esto con cierta prisa, así que perdónenme si ven un error que no pude corregir.
Espero que les guste...
Ninguno de los personajes de Harry Potter me pertenece.
SÍ, ACEPTO
Todavía no se ha descubierto la brújula para navegar en la alta mar del matrimonio.
Heinrich Heine
Hermione sólo podía sentir que la habitación en la que se encontraba estaba en penumbra y que debajo de ella había una cama que era increíblemente cómoda. Eso era suficiente para enterrar la cabeza dentro de su almohada y dormir un rato más. Se sentía tan cansada que estaba segura que si tenía la oportunidad, dormiría todo el día. No entendía por qué estaba así. Aunque quizás era porque el día anterior había sido un condenado ir y venir para completar los últimos detalles de la boda y luego…
Los ojos de Hermione se abrieron como platos cuando logró comprender lo que su mente adormilada estaba pensando.
¿Boda? ¿Qué demonios…?
Estiró su mano hacia un costado y tocó una pequeña mesita. Siguió tanteando hasta dar con el interruptor de una lámpara. Cuando la encendió, una luz tenue llenó la habitación permitiéndole vislumbrar todo lo que lo rodeaba. Estaba tendida en una cama de dos plazas en una habitación amplia con paredes blancas y con una decoración lujosa pero que no correspondía con su personalidad. Cuando volteó el rostro hacia la mesita que tenía la lámpara para comprobar el reloj—eran las seis y media de la mañana—descubrió un par de folletos que promovían diferentes actividades que podían ser reservadas con sólo una llamada. Estaba en un hotel. Puso los pies en el suelo de inmediato y se acercó a la ventana. Corrió las cortinas y contempló la leve luminosidad del amanecer. Delante de sus ojos una concurrida ciudad despertaba. Aunque, a la altura que se encontraba, sólo veía azoteas, copas de árboles y algunos gorriones y palomas que volaban en busca de alimento. Se sintió tentada a mirar hacia abajo pero pronto recordó que el saberse en la altura no sería un punto a su favor. Por algo el volar en escoba era un acto vedado para ella.
Apartó al interior e intentó concentrarse en los últimos acontecimientos. No tenía ningún tipo de recuerdo particular de aquella realidad más que saber que ese día se celebraba su boda. ¡Ni siquiera sabía con quien se casaba! ¿Y si era un bastardo de primera?
Bueno, nunca había sido una cobarde y no empezaría ahora. Intentaría interpretar su rol lo mejor posible pero si las cosas se llegaban a complicar haría lo más lógico: defenderse.
Se encaminó hacia el baño sin titubear en el camino y se lavó el rostro con abundante agua. Cuando se enderezó pudo ver su reflejo. Su cabello rizado seguía en su lugar, sus ojos aún eran del mismo color café y todos los rasgos que recordaba estaban allí. Aún así, había algo en ella que era diferente. Se miró fijamente por unos largos segundos hasta darse cuenta qué era.
—¡Por Merlín!—exclamó con los ojos como platos mientras se acercaba más al espejo para comprobar que éste no le estuviera mintiendo.
Pero no, no había forma alguna. Ella, en aquella realidad, tenía más edad de la que había tenido en el mundo real. Quizás estaba rondando los veintiséis o veintisiete… ¿a caso los treinta? No lo podía asegurar pero allí estaba. Sus ojos tenían un brillo inconfundible que sólo otorgaba la edad y alrededor de éstos tenía líneas muy levemente marcadas que eran rastros de las sonrisas.
Dio un paso atrás y se miró el cuerpo. Tenía unos kilos más que los que recordaba pero seguía manteniendo una figura decente; sus caderas y sus senos parecían haberse redondeado más, y allí en el interior de su tobillo izquierdo tenía un tatuaje de unos pocos centímetros con la forma de un dragón. Se paró en un pie mientras intentaba alzar éste para verlo de más cerca. El equilibrio no se vio afectado sino hasta que oyó que alguien golpeaba la puerta de la entrada al cuarto con insistencia y firmeza, como si quisiesen que urgentemente atendieran. Tembló levemente pero se aferró justo a tiempo del lavado antes de bajar su pie.
Caminó con prisa hacia la puerta y la abrió.
Tres mujeres sonrientes, todas de diferentes edades, se abalanzaron sobre ella y la rodearon con sus brazos mientras cantaban a todo pulmón una canción.
—"Woah! Spring is here and the sky is so very blue. Wo-o-o-oah, birds all sing as if they knew, Today's the day we'll say, 'I do,' And we'll never be lonely anymore…"[1]
Hermione intentó no parecer demasiado descortés cuando se apartó de su lado, sonriéndole con cierto nerviosismo. No tenía idea de quiénes eran ellas. Una era una adolescente de aproximadamente quince años, delgada, con rasgos finos y una cabellera rubia larga hasta la cintura. La otra era una mujer de mediana edad que parecía increíblemente emocionada. Tenía el cabello corto a la altura de los hombros y una mirada amable. La última era una dama ya entrada en años de sonrisa amable y compresiva.
—¿Ves?—dijo la adolescente entrando a la habitación y dando un giro grácil para luego caer sentada en la cama—Llegamos a la hora que dijiste. Ni un minuto tarde. Así que ahora no tendrás excusas para escaparte de nosotras…
—Ariana, deja a Hermione tranquila—la reprendió suavemente la anciana—Estoy segura que toda novia necesita unos momentos para pararse a pensar en el radical cambio que va a ser su vida en el mismo momento en que de el "sí".
—¿Pensar?—Ariana rió—Miriam, lo que Hermione va a hacer no es más que firmar un contrato porque a los ojos de cualquier persona, ella y mi papá están más que casados. Llevan incluso dos años viviendo juntos.
—¿Me casaré con tu padre?—preguntó de repente Hermione sin poder evitarlo.
Ariana la miró con extrañeza.
—A menos que quieras casarte con el tío Theo…—dijo con sarcasmo.
—¿El tío Theo?—volvió a preguntar Hermione, sintiéndose tonta porque no sabía a quién demonios se refería. El único Theo que conocía era Theodore Nott—¿Nott?
—¿Quién más si no? Todos saben que desde que te conoció, mi tío tiene un enamoramiento hacia ti.
—Por favor, Ari, esas cosas no se hablan en este día—dijo la mujer que parecía estar a punto de estallar de emoción—¡Hoy es su boda! Todo debe ser felicidad y amor puro…—suspiró profundamente—Y cualquiera que los ve juntos saben que son el uno para el otro. Para Hermione no existirá nadie más que Draco y para Draco no existirá nadie más que Hermione… Lo suyo fue amor a primera vista…
¿Draco Malfoy sería su esposo? ¡Genial! Simplemente, genial.
—Eres un poco crédula, Mary—dijo Miriam, la anciana—pero no te culpo y tampoco te contradiré. Es cierto que son almas gemelas.
—Gracias por lo que me toca—dijo Ariana—¿Dónde quedó eso de que no hay más puro y perfecto que el de los padres hacia los hijos?
—Ese tipo de amor es supremo—intervino Hermione, ganándose una mirada de gratitud de parte de Ariana.
No supo porqué en ese mismo momento la imagen del niño que había perecido en un naufragio, niño que había sido hijo suyo y de Malfoy, le vino a la mente. Y con aquel recuerdo, todo lo que había sucedido después… su vida en el barco, el dolor agudo, el casi beso… ¡Oh, por todos los cielos! ¿En qué demonios había estado pensado en ese momento? ¡Ese hubiera sido el peor error de su vida!
¿Y lo sucedido cuando eran niños? En aquella realidad habían sido pocas las ocasiones en que habían sido realmente conscientes de que no pertenecían allí. Su mente había aceptado aquella realidad como normal, como si no fuese extraño volver a tener cinco años… Aunque lo que sí había sido extraño era tener que ver a una copia de mayor edad de Malfoy, aquel odioso chico que le había lanzado una rata…
Pero, ahora que lo recordaba, eso no había sido lo más sorprendente sino que hubiese sido el mismísimo Draco Malfoy quien la haya rescatado de esa ridícula situación… y no era la primera vez que lo hacía. Ya la había defendido de la cocinera en la primera realidad, cuando recibió aquel golpe y se cortó el dedo y también la había apartado del caballo desbocado y le había dado un lugar donde quedarse cuando el idiota de Sam la maltrataba y no la abandonó en ningún momento cuando, poco después, los amenazó con un arma… ¿A caso Draco Malfoy se había vuelto su caballero de brillante armadura? La idea era de por más ridícula porque por más que él la haya rescatado en esas situaciones, ella no era ninguna princesa indefensa.
—¡Tierra llamando a Hermione!—exclamó Mary cantarinamente—Sé que debes estar pensando en lo mucho que vas a disfrutar de tu noche de bodas con semejante…
—¡Wow! ¡Alto ahí!—interrumpió Ariana—¡¿A caso te das cuenta que estás hablando de mi padre?! ¡Esas son cosas que no quiero oír! No quiero acabar traumada…
—Sí, esos comentarios están fuera de lugar—dijo estuvo de acuerdo Miriam—Recuerda que Ariana es una niña muy joven y no debe de pensar en esas cosas.
Ariana sólo miró a través de la ventana, con cierto rubor en las mejillas. Sí, muy joven, pensó Hermione con cierto sarcasmo.
—Lo que importa ahora es que nos llevemos a Hermione al salón de belleza—dijo Mary—Tienen que mimarla todo el día para después peinarla, maquillarla y luego se pondrá el vestido y se verá como la novia más hermosa del mundo y…
—Y si seguimos hablando, no iremos a ningún lado—intervino Miriam—Ve a cambiarte, Hermione, luego marchamos.
…
—¡No! ¡No! ¡No! Esto debe ser una maldita pesadilla, esto no puede ser verdad… ¡Mierda! ¡Maldita vieja loca!
Draco iba caminando de un lado al otro por la habitación contemplando aquel papel plastificado que rezaba las siguientes palabras: carnet de conducir. Pero lo peor no era que nuevamente estaban en el mundo muggle sino que en el dichoso carnet tenía una fecha de nacimiento que no era la suya. Al principio, tras mirar aquello, pensó que sólo se trataba de un error pero cuando vio su reflejo cuando fue al baño supo que aquello era el mismo infierno. ¡Tenía cuarenta y seis años! ¡Cuarenta y seis!
Su cabello rubio claro no permitía que las canas se vieran notablemente pero él sabía que estaban allí y también las arrugas alrededor de sus ojos. No eran demasiado profundas pero estaba allí y era horrible. ¡Se veía tan viejo!
—¡Nooo!
Una voz masculina rió suavemente al oírlo. Giró de repente y vio que Theodore Nott estaba en la habitación, recostado contra la pared con los brazos cruzados sobre su pecho. O al menos, era un Theodore Nott con bastantes más años encima que el real.
—¿Arrepintiéndote?—le preguntó.
—¿Arrepintiéndome de qué?—inquirió el rubio de mala manera.
—De la boda, ¿de qué más? Sé que Hermione puede ser un poco firme a veces pero no puedes negar que ella vale cualquier pena, incluso la de abandonar la soltería—dijo Theo, dándole una perspectiva general de aquella realidad—Ya conoces el cuerpo que tiene…—parecía babearse ante la simple imagen mental— y esa risa cuando está feliz o cuando le cuentas un chiste que le causa demasiada gracias… o como se muerde el labio inferior cuando está nerviosa…
—¿Qué? ¿A caso estás enamorado de ella?—preguntó Draco de mala manera, sintiéndose realmente incómodo al tener que oír a su amigo decir todas aquellas cosas.
—Creí que me habías dicho que ese era tema prohibido—dijo Theo sin mirarlo mientras se apartaba de la pared—Me amenazaste, ¿o acaso ya lo has olvidado?
—De ninguna manera—mintió—Así que será mejor que te calles si no quieres que sea yo quien te cierre la boca.
Theo alzó las manos en señal de rendición.
—Mensaje recibido… Pero, hablando seriamente, ¿qué te sucede? ¿Por qué la sarta de maldiciones?
—¡Porque soy un jodido anciano!—gritó señalándose a sí mismo.
Theo rodó los ojos.
—Vamos, la diferencia de edad que hay entre ustedes no es grande. Ella tiene veintisiete años y te aseguro que no está pensando en el vejestorio que va a tomar como esposo. Estará más preocupada por el vestido que usará y esas cosas…
—Hermione no es de esas.
—No lo era—corrigió su amigo—porque después de que comenzó a relacionarse más con tu hija…
—¿Hija?—el corazón se le aceleró de miedo ante la simple idea de tener una hija.
—¿A caso te has drogado? Sí, hija, tú hija… ¿Ariana? ¿O a caso ya te has olvidado de ella?
Absolutamente.
—No, claro que no.
—Bien, porque sabes que ella tiene ese particular carácter, una combinación de sarcasmo, mal humor y coquetería, una perfecta mezcla de ti y de Astoria.
¿A caso esa realidad podía ser peor? ¡Tenía una hija con Astoria, era un anciano y se estaba por casar con Granger!
—No te veas tan abatido—siguió Theo—si lo que te preocupa es el matrimonio, siempre puedes ir a hablar con tu queridita… aún estás a tiempo para cancelar la boda.
La idea era increíblemente lógica. Él no quería casarse con Granger, ni siquiera en una realidad alternativa, pero nada más escuchar esa idea, un sentimiento de desespero lo invadió, un sentimiento que no era suyo pero que lo llenaba de tal manera que lo asustaba. No entendía pero simplemente sabía que cancelar la boda era imposible ya que algo parecido a un dolor de estómago lo invadía.
No, Hermione Granger se casaría con él.
…
Hermione se miró al espejo de cuerpo sin poder creer que lo que veía era su propio reflejo. Tenía el rostro maquillado suavemente, el cabello semi-recogido, dejando que algunos rizos cayeran con naturalidad y usaba el vestido más impresionante que había visto alguna vez en su vida y que había tenido el privilegio de usar.
Ella podría parecer una chica preocupada por sus estudios y por los libros pero había mucho más. Era una mujer, después de todo. Podría pensar que todas aquellas tonterías de maquillaje y ropa de moda no eran importantes y, no lo eran, pero eso no quería decir que no deseaba verse bien de vez en cuando y sentirse hermosa.
Sonrió a su reflejo y pronto sus ojos se llenaron de lágrimas. Era su boda. No podía creerlo. Era una boda no real, pero una boda al fin y al cabo y estaba a punto de desposarse con el mismísimo Draco Malfoy.
—Toma.
Cuando volteó se encontró con Ariana pasándole un pañuelo. Ella lo tomó, agradeciéndoselo y se secó suavemente las lágrimas para no arruinar el maquillaje que llevaba.
—Supongo que ha sido un día complicado—dijo la adolescente con seriedad—Todos dicen que es el día más importante de una mujer pero yo no lo veo así.
—¿Cómo lo ves, entonces?—preguntó Hermione.
Era sorprendente que en ese corto espacio de tiempo haya aprendido a querer y a respetar a la hija de Malfoy. Se había enterado que su madre era Astoria pero tenían muchas cualidades que fueron sacadas, sin lugar a dudas, de su padre.
—Como un absurdo—respondió— No te ofendas, Hermione, pero gastar tanto dinero en esto, usar el tradicional vestido de novia y jurarse amor delante de un montón de personas que seguramente están más interesadas en criticarte que en verte feliz me parece la mayor idiotez del mundo.
—No creo que sea tan así—le dijo suavemente—Es cierto que muchas personas sólo asisten para ver cómo estarás vestida, maquillada o incluso comprobar si no estás embarazada… pero otras, las que te quieren y se preocupan por ti, sólo desean verte feliz y están acompañándote en este momento importante de la vida.
—Es sólo un contrato—replicó Ariana.
—Sí, lo eso—estuvo de acuerdo—Un contrato que dice que dos personas se unen para el resto de sus vidas, en la que prometen estar en las buenas y las malas…
—Y después de estar siete años juntos, se gritan tanto que hasta se dicen que se odian y que todo lo que hubo entre ellos fue un error—dijo con molestia.
Hermione se compadeció de ella. Era notable que el divorcio de sus padres había hecho mella en la joven.
—Es difícil mantener el amor intacto—intentó explicarle con cuidado—tal como fue al principio. Algunas parejas no saben cultivarlo y hacerlo crecer y simplemente muere, lo que lleva al divorcio o a una convivencia rutinaria y monótona que llevaría a los dos a detestar la situación. Realmente, no creo que tus padres se odien, Ari, simplemente ya no se aman pero eso no quiere decir que no compartan uno de los amores más profundos que existen: el amor hacia un hijo.
Ariana la oyó en silencio y luego se encogió levemente de hombros, como si estuviera restándole importancia al asunto pero Hermione podía ver en sus ojos que sus palabras habían logrado conmoverla a cierto punto.
—No creo que mi papá y tú tengan ese inconveniente—dijo luego de unos momentos—Él te quiere mucho, incluso más de lo que crees.
A Hermione le hubiese gustado que eso fuera cierto. No que fuera Draco Malfoy quien la amara, sino que un hombre la quisiese de ese modo. Aunque quizás era un poco tonta al pensar en cosas tan ridículamente irrisorias en esos momentos. Tal vez, todo esto de su falsa boda la estaba afectando.
—¿Ya lo has visto?—le preguntó.
Ari negó con la cabeza.
—Tengo que ir a darle ánimos, ¿no crees?—rió—¿Qué le harás si decide abandonarte en el altar?
—Dile que si decide abandonarme en el cristal… lo encontraré y, como fuere, lo transformaré en un hurón.
Ariana miró extrañada a Hermione por aquel comentario pero luego se encogió de hombros suavemente antes de salir de allí e ir a visitar a su padre. Lo encontró ya vestido, caminando de un lado al otro, dejando el tiempo pasar hasta que los pocos minutos que faltaban se cumpliesen y así ir a esperar a su novia en el altar.
—Si estás pensando en escapar, Hermione me pidió que te dijera que te encontrará y te convertirá en un hurón—le dijo.
Draco alzó los ojos de prisa, dándose cuenta que no estaba solo. Cuando la vio, éstos se ampliaron enormemente y la miraron como si no la hubiese visto nunca antes en su vida. Pasó tanto tiempo viéndola de ese modo, que ella comenzó a preocuparse por él.
—¿Papá?—lo llamó—No estarás pensando en serio dejar a Hermione en el altar, ¿verdad?
El ser llamado de ese modo le estrujó el corazón pero negó con la cabeza de inmediato. ¡Merlín! Su hija era hermosa y el saber eso lo hizo sentir increíblemente orgulloso.
—No, ella sería muy capaz de cumplir con esa estupidez—gruñó y luego lanzó un suspiro—¿Qué hice para meterme en esto?
Aquella pregunta no había sido hecha para que nadie la respondiera pero, como Ariana estaba allí, no tardó mucho en contestarle.
—Te enamoraste irremediablemente de mi profesora de Historia, lo cual es lo más terrible que le puede suceder a una adolescente—le aseguró mientras iba a su lado y le acomodaba la corbata oscura—pero ya te perdoné.
—Gracias—dijo Draco con sarcasmo, sacándole una sonrisa a su hija.
Ella lo miró fijamente y luego, sin que él lo esperara, lo rodeó con sus brazos con firmeza. El rubio se quedó de piedra por unos momentos pero luego le devolvió el abrazo. Después de todo, era su hija en aquella realidad y nunca, por más que no existiera de verdad, sería tan frío y alejado como lo fue su propio padre.
La jovencita apoyó su rostro en su pecho, oyendo los latidos de su corazón. Draco comenzó a sentir una calidez poco conocida propagándose en su interior, una calidez que sólo podía ser creada de aquel modo tan particular y, por más que por unos segundos se sintió abrumado, terminó aceptándola y tomándole el gusto. Sus brazos apretaron un poco más, tomando el delgado cuerpo de su hija para abrazarla con todo el amor que podía darle. Incluso los pies de la joven quedaron en el aire unos momentos.
—Papá…—lo llamó—No me asfixies, por favor…
Draco la soltó de inmediato, algo alarmado, pero vio que ella reía por su actitud. Sus ojos se deslizaron nuevamente por su hija… ¡su hija, por Merlín! Era rubia, con rasgos suaves, casi completamente Malfoy en vez de Greengrass. Era tan hermosa. Estaba seguro que sería una mujer muy atractiva con el pasar de los años y que eso atraería a moscas asquerosas que querrían conquistarla.
—¿Sabes qué edad tengo?—le preguntó de repente, con una idea fija en su mente.
—¿Cien?—bromeó ella, ganándose una mirada molesta—Ya, no te enfades, papá… Tienes cuarenta y seis años, ¿Por?
—Cuando tú tengas cuarenta y cinco, es cuando tienes mi permitido contraer matrimonio…
—Ja, ja, ja—rió sin gracia—Qué chistoso estás hoy… Espero que no digas esas tonterías delante de mi novio. No es que planee casarme—aseguró—pero ya conoces como es él. Hay veces en que pienso que es la mujer de la pareja.
—¿Novio? ¿Tienes novio?—preguntó con los ojos abiertos como platos—¡No puedes tener novio!
Ariana suspiró con cansancio.
—No empieces con eso, papá—le rogó—Ya lo hablamos el día en que te lo presenté. Además, mamá me dijo que tú tenías novia ya desde los catorce.
—¡Pero esas no eran novias eran…!—se interrumpió de repente—No eran nada y no quiero que te topes con ningún bastardo como lo fui yo.
Ella suavizó su mirada.
—No te preocupes, ya conoces a Harry, él es todo un caballero. Casi tuve que rogarle que me bese la primera vez que tuvimos una cita.
Draco no pudo evitar reír suavemente ante esto. Sería increíblemente irónico que en aquella realidad él fuera un vejestorio y su hija estuviera saliendo con un Harry Potter adolescente. Pero eso sería una completa locura. Debía ser una desgraciada coincidencia que el maldito novio de ella se llamara así.
—¿Se puede saber de qué te ríes?—preguntó Ariana con seriedad—¿A caso dije algo gracioso?
—No, no, sólo recordé a otro Harry—murmuró mientras agitaba la cabeza.
—Bien, porque mi Harry Potter es el hombre más honrado que he conocido en toda mi vida—dijo con rotundidad antes de dar media vuelta y salir de allí sin saber que había dejado a su padre totalmente de piedra.
…
—¡Vamos, Hermione!—gritó Miriam mientras iba detrás y la empujaba suavemente para que saliera de la habitación y se colocara en posición.
Ella lo hizo con los nervios a flor de piel y miró hacia adelante. Las hileras de asientos estaban llenos de personas que nunca antes en su vida había visto. Sus manos se aferraron al ramo que sostenía mientras que la música que comenzaba a sonar le anunciaba que era el momento de hacer su camino al altar. Tragó saliva y luego hizo que sus pies se movieran, uno detrás de otros, hasta que alzó la mirada y buscó a Draco Malfoy. Cuando sus ojos lo encontraron, incrédula ante lo que veía, casi tropezó. Uno de los invitados se apresuró a tenderle una mano, en caso que lo necesitara pero ella se recuperó de prisa y, tras una sonrisa de agradecimiento, siguió adelante.
¡Merlín! No podía creer que ese increíblemente sexy hombre rubio era el mismísimo Draco Malfoy que ella conocía. ¿Quién hubiera podido imaginar que se llegaría a ver tan jodidamente bien con unos cuantos años más? No sabía qué era pero tenía un no-sé-qué, algo que hacía que su pulso se acelerara y que sintiera la irremediable necesidad de correr hacia él y dejar que esas inmensas manos se deslizaran por todo su cuerpo…
¡Oh, por todos los Cielos! No podía ser cierto. No podía desear al rubio hurón malcriado.
Ruborizada y molesta consigo misma por el indeseable curso que habían tomado sus pensamientos, apresuró el paso y, antes de que pudiera darse cuenta qué sucedía, se encontró delante de él. Lo miró fugazmente, con seriedad mortal, antes de apartar la mirada.
Las palabras que pronunció el Ministro podrían haber sido las más hermosas del mundo o, incluso, las más ridículas y aberrantes. De cualquier modo, Hermione estaba tan concentrada en no mirar a su futuro "marido" que no oyó nada. Sólo asintió y murmuró un "Sí, acepto", cuando sintió que el rubio le daba un leve codazo.
Luego, vinieron las palabras mortales:
—Los declaro, marido y mujer—se volteó hacia Draco—Puede besar a la novia.
Hermione, quien había mantenido controladas todas las reacciones de su cuerpo hasta ese momento, se ruborizó tanto que sus mejillas parecieron dos manzanas maduras. Malfoy, al verla, tuvo el descaro de sonreírle con picardía mientras se le acercaba peligrosamente.
—¿Me vas a besar?—gruñó por lo bajo, sólo para que él la oyera mientras combatía las ganas de retroceder.
—Hay que interpretar nuestros roles, ¿no?—le giñó un ojo con descaro antes de colocar sus manos alrededor de su cintura y atraerla hacia su cuerpo.
Hermione jadeó, sorprendida por su atrevimiento. ¿Qué demonios le sucedía a Malfoy? ¿Por qué estaba por hacer aquello? ¿Por qué la sostenía tan firmemente? ¿Por qué el calor de sus manos traspasaba la tela de su blanco vestido y la hacía sentir ansiosa?
Draco inclinó el rostro y buscó sus labios. Durante unos segundos pensó que ella gritaría o le pegaría, pero sólo se quedó inmóvil, mirándolo casi asustada. Él podría haberse desviado y besar disimuladamente la comisura de sus labios o su mejilla o hacer cualquier cosa para evitarlo pero el problema era que todo su cuerpo protestaba ante esas absurdas ideas. Quería besarla. O al menos, el personaje que en ese momento interpretaba se sentía malditamente atraído por esa Hermione Granger de hermosos ojos castaños, esa cintura de ensueño y esas caderas redondeadas…
Quería devorarle la boca como nunca antes nadie lo hizo, mordisquear sus labios para luego acariciarlos suavemente con la punta de su lengua, pidiéndole permiso para adentrarse y besarla profundamente. Y lo hizo. ¡Maldita sea, lo hizo! La oyó jadear al principio, aún sorprendida, pero después se entregó al besó con tanta pasión que él logró olvidar por unos momentos dónde se encontraba. Las manos de Hermione subieron tentativamente hacia su cuello y luego lo rodearon. La sintió pegarse contra él y, malditamente egoísta como era, no le importó. Se dejó llevar, apretó sus manos en sus caderas y luego las deslizó por su espalda, consiguiendo que ella se estremeciera de pies a cabeza. Pero volvió a la realidad cuando oyó al maldito hombre que los había unido en matrimonio carraspear suavemente. Aún así, no se separó inmediatamente. Dejó que el beso se suavizara hasta que finalmente sólo apoyó sus labios sobre los de ella antes de distanciarse.
Hermione jadeaba con suavidad, tenía el rostro rojo y todo su cuerpo ardía de un modo tan placentero que en lo único que podía pensar era en lanzarse contra el rubio y—¡No podía creer que ella tuviera esos pensamientos!—violarlo. No lo miró a los ojos, avergonzada de sí misma, y tuvo la suerte de no tener que hacerlo inmediatamente porque todos estallaron en aplausos y silbidos. Algunos incluso le gritaron que se buscaran una habitación, lo que no hizo más que aumentar su congoja.
Luego de eso, todo fue un torbellino. Todos se acercaron a saludarlos, dándole sus felicitaciones. Se tomaron fotografías, dio agradecimientos, sonrió forzadamente hasta que sus mejillas dolieron pero todo lo hizo de buen grado para así no tener que enfrentar lo que acababa de suceder. La fiesta que se llevó a cabo después para celebrar su matrimonio fue igual. Tuvo que bailar, comió poco y nada, e incluso la obligaron a cantar parte de un tema. Muchas de estas cosas las tuvo que hacer al lado de su nuevo marido pero como estaban rodeados de gente, no pudieron hablar de nada o siquiera pensar en lo acontecido. Todo era hacer algo tras otro, incansablemente. Quizás lo más curioso que sucedió fue ver a un Harry Potter de quince años bailar con cierta torpeza una canción lenta con la hija de Malfoy y que el rubio estuviera a punto de lanzarse contra él para darle una golpiza que seguramente ganaría. Después de todo, era mucho más alto y tenía esa espalda ancha y esos brazos fuertes que…
¡Concéntrate, Hermione!, se reprendió a sí misma.
Mary se acercó a ella casi al final de la velada y la sacó cuidadosamente por la puerta de atrás del salón.
—Tienes que ir a cambiarte antes de que se haga tarde—le dijo la mujer—No quieres perder el vuelo.
—¿Perder el vuelo?—preguntó desconcertada—¿De qué hablas?
—De tu luna de miel, tontilla—se rió suavemente—¿De qué más? Ya sé que tu marido es tan rico que tiene dinero como para que ambos vayan en su avión privado—dijo emocionada—pero eso no indica que no deban ser puntuales. Después de todo, hay un plan de vuelo que respetar.
Luna de miel. Eso era simplemente genial, pensó con sarcasmo. Si un beso delante de tantas personas había sido tan ardiente que la había dejando ansiando más, no quería ni imaginar lo que podía suceder si estaban solos en una habitación.
—Eh… ¿A dónde iremos?
Mary la miró con extrañeza.
—Estuviste hablando de eso por meses y ahora no lo recuerdas. ¿Estás bien? ¿Bebiste demasiado?
—A penas una copa—aseguró.
—Mira que tener que escucharte decir… "Italia, esto…" "La historia de Italia…" no fue muy agradable… pero como te queremos mucho, nadie te dijo que cerraras la boca.
—¡Oye!
—Sólo bromeo—le aseguró riendo—aunque sí fue un poquitín molesto.
Hermione rodó los ojos.
—Lo siento—gruñó—no me di cuenta.
—No te culpamos, cualquiera estaría igual de emocionada en tu lugar. Ahora sólo ve a ponerte la ropa que tienes sobre la cama. Tus valijas ya están en el avión así que no tienes que preocuparte. Tu bolso de mano está dentro del armario. Coloqué ahí todo lo indispensable… puedes revisarlo si quieres pero creo que tienes todo.
Hermione asintió. Cuando llegó a su cuarto se cambió sin apresurarse demasiado, incapaz de creer que ahora era Hermione Malfoy. Luego, tomó su bolso y, movida por la curiosidad, miró el interior. Documentación, un libro (¡Gracias al cielo!), una agenda con números útiles, dinero, algo de maquillaje, un perfume y… ¡condones! Soltó rápidamente aquellas cosas que en ese momento le parecían infernales y cerró el bolso de inmediato.
¡Aquello no podía estar pasándole a ella!, pensó soltando un gemido lastimero.
…
Draco miró a Granger casi con desespero. Su corazón latía terriblemente y sentía que en cualquier momento todo dentro de él iba a romperse en mil pedazos. No entendía como los muggles podían soportar aquello. ¡Iban en el interior de un artefacto que pesaba cientos de toneladas y que en cualquier momento podía caerse contra la tierra, asesinándolos a todos!
Necesitaba con urgencia una distracción.
—Granger…
Ella hizo un sonido para darle a entender que lo había escuchado mientras seguía con los ojos puestos en el libro. Pero él sabía que no leía puesto que no había volteado ninguna página.
—Granger, deja de evitarme—le ordenó.
Finalmente apartó la mirada del libro para posarla en él.
—Hemos pasado todo el día juntos, por lo que es imposible que te esté evitando.
—Has estado esquivando mis miradas, no me hablaste sino hasta ahora y, por alguna extraña razón, te ruborizas… ¡como ahora! No me digas que estás así por el beso.
El incremento del rojo de su rostro se lo confirmó.
—¡Ya supéralo!—exclamó Draco—Se supone que debíamos de besarnos. Era nuestro rol.
Por alguna razón que iba más allá de su entendimiento, ella lo miró con dolor, como si sus palabras la hubieran herido. Pero, ¿qué esperaba que dijera? ¿Qué la había besado porque había querido? Eso jamás saldría de su boca…
—Claro, nuestro rol—dijo Hermione.
—¿Qué te sucede?
—¿Qué me sucede? Pues, veamos—simuló falsamente pensarlo—Primero, recuerdo toda esa ridícula realidad donde ambos fuimos niños y, sin darnos cuenta, vivimos como si fuera el mundo real. Después, descubro que estoy por casarme contigo y, como si no hubiera sido suficiente, me atacas delante de cientos de personas…
—Eso fue un beso, Granger, algo que quizás no hubieses conocido hasta el momento. ¿Te pone nerviosa que yo haya sido tu primer beso?
—¡Tú no fuiste mi primer beso, Malfoy! Así que no te creas tan importante…
—¿A caso hablas del idiota con el que fuiste al baile en cuarto? Ese no cuenta. Creo que su cerebro era tan pequeño que incluso debiste darle instrucciones a seguir…
—¿En serio lo llamas idiota? Pues recuerdo muy bien que morías por llamar su atención—se burló ella.
—¿Yo?—preguntó haciéndose el desentendido—Debes tener problemas de memoria… lo que me lleva a recordarte que durante nuestro beso, no te quejaste ni hiciste ningún movimiento para apartarte. Por el contrario, creo que te gustó.
—Yo…—tartamudeó—De…debía seguir un rol. Se supone que eres mi marido y todos estaban seguros que nos amábamos. Sería muy extraño rechazar tu beso…
—Sí, díselo a alguien que se lo crea—rodó los ojos pero inmediatamente los volvió a posar en ella y una sonrisa ladina apareció en sus labios—¿A caso también seguirás tu rol de ahora en más? Porque aún tenemos que consumar nuestro matrimonio.
Hermione lo miró con molestia.
—Ni siquiera lo pienses—le dijo con molestia antes de volver a posar su mirada en su libro para seguir simulando que lo leía.
¿Y si ya lo había hecho?, quiso preguntarle el rubio. Bueno, no podían culparlo, en esa realidad se sentía increíblemente atraído por ella y no podía hacer nada más que esperar a salir de allí para que todo volviera a la normalidad. Mientras tanto, tendría que vivir con esas fantasías que aparecían en su mente donde la veía tendida en la cama, gimiendo su nombre, muriendo de éxtasis mientras él mantenía la cabeza enterrada entre de sus piernas, entretenido.
—Vamos, Granger—insistió porque sabía que eso la haría hablar—Sé que tú quieres.
Los ojos de ella volaron hacia él de inmediato.
—No quiero—dijo con demasiada violencia—y tú no puedes saber algo así… ¿Por qué no haces algo útil e intentas recordar las runas que faltan?
—¿Por qué no lo haces tú?
—Porque ya lo hice—sacó una hoja del interior del libro que tenía en sus manos y se la mostró—¿Ves?
Le mostró el círculo de runas que muy lentamente se estaba completando. Draco observó todo, incluso lo último que había agregado.
—¿Energía aumentativa?—inquirió.
—Tiene total sentido—aseguró Hermione—A medida que las realidades van pasando, una tras otra, la energía de estas y las sensaciones varían y aumentan. ¿Recuerdas cuando estuviste en esa isla en la que eras comerciante? Allí ambos sentíamos el dolor ante la pérdida de nuestro hijo y en la siguiente, fuimos niños y ni siquiera pudimos distinguir que no estábamos en el mundo real.
¿Y en esta realidad?, quiso preguntarle él pero mantuvo la boca cerrada. Ahora él no hacía más que sentir que todo su cuerpo ardía por ella y estaba seguro que Hermione también podía sentirlo. De otro modo no se alteraría tan ridículamente por un simple beso. ¿A caso no se daba cuenta del modo en que una electricidad invisible parecía vibrar entre ellos cada vez que estaban cerca? No que es quisiera que hicieran algo al respecto porque él sabía muy bien que sería fácil dejarse llevar por esa atracción y eso sería el peor error de su vida… y Potter seguramente lo asesinaría.
—Eso nos deja con sólo cuatro runas más por descubrir—dijo—pero mientras sigamos encerrados en mundos donde la magia es totalmente inexistente, de nada nos servirá.
—Cuando estuve con Anna…
—Sí, ¿muy amigas se hicieron en el viaje?—le preguntó con cierta molestia.
—Malfoy, por favor, ¿Quieres cerrar tu bocota y escucharme? Lo que te quiero decir es que en ese mundo sí existía la magia. Ella habló de una bruja que hizo que el alma de Mifán, el asesino de…—una profunda congoja la invadió al recordarlo—de nuestro hijo… que su alma se volviera oscura.
—¿Y por qué rayos no lo dijiste antes? Podríamos haber ido a verla.
—No es como si hubiésemos tenido tiempo. Pasé más días en el mar que en tierra—se abstuvo de tocar el tema del casi beso que se habían dado en aquella ocasión— Además, Anna me dijo que Mifán no era antes así, asegura que se volvió malvado después de relacionarse con esa bruja.
—¿Y?
—¿Cómo que "y"? ¿A caso no ves el riesgo que representa?—inquirió con firmeza—Más allá de cuando fuimos niños, aún somos conscientes de que las realidades a las que vamos no pertenecen a nuestro mundo. Si esta bruja nos maldice de alguna forma, no podemos estar seguros de cómo nos afectará. ¿Y si nos volvemos malvados, como Mifán? Podemos llegar a perder el control de nosotros mismo y eso, hasta el momento, es lo único que tenemos.
Draco sabía que tenía razón y no pensaba discutírselo pero había algo que había dicho que llamaba poderosamente su atención.
—Dijiste "si nos volvemos malvados"…—la miró con seriedad—¿A caso no crees que yo ya lo soy, Granger?
Hermione miró al rubio con fijeza, incapaz de articular una palabra al principio. De todas las cosas que él podría haberle dicho, aquella era la última que podría haber imaginado.
—No,—dijo luego de unos momentos—puedes llegar a ser un poco cruel y algo narcisista y tienes el ego más grande del colegio pero… no, Malfoy, no creo que seas malvado.
—¿Y si te equivocas?—volvió a preguntarle con la misma seriedad—He hecho muchas cosas, Granger…
Ella lo miró sin tener una pizca de miedo. La etapa de sentirse indefensa había terminado hacía muchísimos años.
—¿Te arrepientes?
Era un tanto extraño como la charla se había desviado hacia temas más personales y tensos. Porque, a pesar de que ninguno estaba diciendo las cosas claras, ambos entendían perfectamente que estaban hablando de la guerra.
—¿Debería?
—Eso es algo que sólo tú eres capaz de decidir.
Draco permaneció en silencio unos momentos, sin hacer otra cosa más que verla a los ojos pero algo le decía a Hermione que su mente no estaba realmente en aquel avión.
—Podría llegar a arrepentirme de algunos errores—admitió finalmente con su usual máscara de seriedad pegada al rostro—pero hay cosas terribles que hice y soy completamente consciente de que estuve mal pero si la situación se presentara de nuevo, bajo las mismas circunstancias, no dudaría ningún segundo en volver a hacerlo.
Él podría estar refiriéndose a cualquier situación aunque algo le decía que se refería al momento en que fue un Mortífago.
—Entiendo.
—Lo dudo, Granger, nuestra situación fue completamente diferente.
—Lo sé—aseguró—pero eso no quiere decir que no te entienda. Mi vida no ha sido color de rosa, Malfoy. Ser amiga de Harry Potter conlleva sus peligros…
—Eso es sólo culpa tuya por juntarte con Potter.
Ella le lanzó una mirada molesta pero luego de unos momentos, suspiró y asintió.
—Supongo que eso tiene cierta verdad. Pero Harry es un buen amigo y no podía simplemente abandonarlo a su suerte cuando se vio involucrado en esos inconvenientes.
—¿Así lo llamarás?—preguntó con una burla que sonaba un poco cruel en sus labios—¿Inconvenientes?
—Puede que suene muy leve para describir los verdaderos acontecimientos pero no es una palabra inadecuada. Un inconveniente es algo que sucede e impide que se llegue a concretar una acción. Harry quería vivir tranquilo. Él no pidió ser "el elegido" y, sin duda alguna, no pidió que sus padres fueran traicionados por su amigo y luego asesinados por un bastardo demente que tenía pretensiones de supremacía. Porque, claro, él les dijo a ustedes, los Sangre Puras, que eran importantes, que eran lo que la sociedad mágica debía de ser pero olvidó mencionar un pequeño detalle: no era sangre pura. Quizás fue el hecho de ser descendiente de Salazar Slytherin lo que cegó a sus seguidores y no pudieron ver que en realidad era un mago con inmenso poder y una gran cantidad de problemas mentales. Él, sí era malvado. Él estaba cegado por el poder que rompió lo más puro que una persona puede tener: su alma.
Draco escuchó sin decir una palabra, dándose cuenta que esa era la primera vez que oía a alguien decir tan abiertamente su opinión sobre la guerra. En su familia, el tema jamás se mencionaba más allá de los momentos en que no tenían otra opción; sus amigos hacían como si nunca hubiese sucedido y en el colegio, por más que todavía había una sombra oscura encima de la cabeza de todos, sólo se dijeron unas palabras al honor de los caídos al principio del ciclo escolar.
—Fue él—siguió diciendo Hermione—quien nos obligó a todos a tomar decisiones precipitadas, a dejar nuestra adolescencia antes de tiempo y a ver cosas que nadie, jamás, debería de ver. Bajo esas circunstancias hicimos muchas cosas de las cuales quizás no podemos sentirnos orgullosos pero eso no quiere decir que, si la misma situación se presenta, no la volveríamos a hacer. Por el contrario, lo haríamos de nuevo. Yo estoy segura que volvería a borrarle la memoria a mis padres para protegerlos, que volvería a escaparme con mis amigos en un intento de resolver el enigma de cómo asesinar a Voldemort y, sin duda alguna, volvería a entrar clandestinamente al Ministerio y a Gringotts…
—Eso no es algo que realmente sea malo, Granger, son sólo unos puñeteros actos de valentía que más de uno estaría dispuesto a alabar—gruñó con molestia.
—Al igual que tu disposición para convertirte en Mortífago con tal de proteger la vida de tu madre.
Draco se quedó de piedra al oírla decir eso pero rápidamente su sorpresa fue transformándose en pura ira.
—¡¿Potter te contó lo que sucedió en el juicio?!—dijo entre dientes, apretando sus manos en los apoyabrazos del asiento en el que estaba.
—Sólo eso—aseguró ella hablando con calma en un intento de tranquilizarlo—Todo lo que sucedió en aquel juicio quedó resguardado bajo un juramento de silencio por parte de todos lo que los presenciaron. Cualquier otra cosa que podría haber pronunciado, le hubiera traído demasiados problemas.
—Aún así, eso no es asunto tuyo ni de nadie más.
—No, supongo que no lo es, pero tampoco puedes decir que no es algo que ya muchos saben. ¿A caso no viste el artículo de El Profeta?
—Ese maldito artículo me hacía ver como el asqueroso héroe, un rebelde—agitó la cabeza, intentando alejar el recuerdo de aquella publicación que tanta vergüenza le causó—La mayoría de las cosas que se escribieron son puras mentiras.
—Ahí decía que tenías motivos ulteriores para unirte al Lado Oscuro.
—Sí, pero eso no justifica que Potter haya abierto la boca de ese modo—dijo con clara molestia—¿Con qué derecho pide él que yo le guarde un secreto si él no es capaz de cumplir con un juramento de silencio?
Hermione se sorprendió ante estas palabras.
—¿Qué es lo que te dijo Harry que no puedes decir a nadie más?
—Eso no es asunto tuyo—le aseguró con frialdad—Al igual que no lo era lo que sucedió en el juicio.
Hermione rodó los ojos.
—¿Quieres saber porqué me lo dijo?—le preguntó y, sin esperar respuesta, continuó—Porque Ron estaba criticándote y diciendo cosas horribles de tu familia cuando se descubrió que el juicio salió a su favor. Harry le dijo que cerrara la boca porque, a pesar de lo que sucedió en el pasado, tú mostraste una gran valentía al aliarte con Voldemort para salvar a tu madre. Esas fueron sus únicas palabras. No dijo nada más y no hizo falta porque eso fue suficiente para hacer callar a Ron. Él puede ser terco e infantil pero entiende mejor que nadie lo que es amar a su familia.
Draco aún estaba procesando la idea de que Harry Potter lo había defendido de su amigo, la comadreja con deficiencia mental, cuando oyó esa última frase.
—Te equivocas, Granger—le dijo—Yo no amo a mi familia, sólo a mi madre.
—¿Qué sucede con tu padre?—preguntó con interés.
—¿Mi padre?—Draco sonrió con tristeza mientras recordaba al idiota que le había dado la vida—Lo que sucede con mi padre, no es asunto tuyo, Granger.
Hermione le lanzó una fría mirada por unos segundos antes de volver a posar la vista en su libro. ¿A caso no podían tener una buena conversación? ¿No podía confiar en ella lo suficiente como para ser amigos? Aunque ella misma no sabía desde cuándo quería ser su amiga pero, ahora que lo pensaba, no veía el inconveniente en eso. Él era, sin lugar a dudas, una persona difícil de llevar pero no imposible.
Lanzó una mirada fugaz en su dirección, sin que se diera cuenta. Inmediatamente sintió esa abrazadora atracción pero usó todas sus fuerzas para reprimirla y concentrarse en lo que verdaderamente importaba: la expresión de angustia que tenía. ¿A caso era por la conversación que habían tenido? Lo dudaba. Lo miró con más atención, notando su piel pálida, mucho más de lo normal, y su sus ojos inquietos que no dejaban de vagar hacia la ventanilla. ¿Tenía miedo a volar? No quería creerlo. Lo había visto volar cientos de veces en escobas a muchos metros de altura. ¿Por qué tendría miedo ahora? Salvo que fuera por el hecho de volar en un avión, en un artefacto muggle que él desconocía.
Algo dentro de ella se removió con compasión. Todas aquellas realidades eran muggles o, al menos, en ninguna de ellas habían tenido la capacidad de hacer magia. Debía ser increíblemente difícil para él.
—Tengo una teoría—dijo luego de unos momentos sabiendo que el mejor modo de mantenerlo tranquilo era distrayéndolo.
—Bien por ti, Granger…
Ella hizo caso omiso a su tono sarcástico.
—¿Recuerdas aquella realidad en la que eras escritor y yo… yo una… cualquiera?—le costaba muchísimo recordar aquello y aún más pronunciar lo que ella había sido—En esa realidad, no cumplimos con nuestros roles.
Esas palabras consiguieron que el rubio volteara a mirarla con curiosidad mal disimulada.
—Tú seguiste siendo una puta y yo un escritor maldito—dijo el rubio.
—No, no lo fuimos—lo contradijo—Yo me negué a acostarme con Sam momentos antes de que bajemos al patio y luego huí contigo. Creo que en esa realidad, nuestro rol no fue interpretado y que los acontecimientos que siguieron fueron lo que la profesora llamó como "inestable".
—¿Estás segura?
—No completamente pero cada vez que lo pienso no logro explicarlo de otro modo. A pesar de que hubo complicaciones en todas, siempre intentamos mantener nuestro rol.
—Entonces, ¿cada vez que no hagamos lo que corresponda nos querrán asesinar? ¡Esas son magníficas noticias!—exclamó con sarcasmo.
—Quizás no precisamente nos quieran matar pero asumo que será algo malo.
Draco dejó caer la cabeza contra el respaldar del asiento, suspirando con pesar. Todo iba de mal en peor. ¿Por qué no podían salir de allí de una buena vez? ¿A caso no había nadie en el jodido castillo que estuviera intentando sacarlos de ese estado en el que se encontraban?
—Quería proponerte algo—añadió Hermione luego de unos momentos—Sé que ya hemos acordado poner de nuestra parte para intentar llevarnos lo mejor posible dado que estamos juntos en esto…—Draco asintió—Quiero que ahora prometamos seguir siempre nuestros roles… bueno, en la medida de lo posible.
—¿Qué quieres decir?
—Me refiero… bueno, si volvemos a caer en una realidad tan atroz como aquella en la que fui una prostituta, por nada en el mundo seguiré mi rol. No me acostaré con nadie. Pero no sólo es eso, si la realidad a la que viajamos pone en peligro la vida de alguno de los dos, quiero que prometamos ayudarnos mutuamente, sin importar el rol que cumplamos.
—Bien, lo prometo—dijo el rubio sin pensarlo demasiado.
Hermione había esperado que protestara o que dijera algo sarcástico pero no fue así y eso la desconcertó por unos momentos y dudó si él tenía alguna segunda intención o si quizás simplemente había aceptado para que dejara de molestarlo. Sin embargo, rápidamente sacó esas ideas de su mente. Malfoy había parecido muy sincero con sus palabras.
Además, si quería intentar entablar algún tipo de amistad con él, iba a tener que confiar en él.
Inmediatamente después de ese pensamiento, todo a su alrededor comenzó a estremecerse. Draco abrió los ojos con pánico y Hermione se aferró firmemente a su asiento mientras comprobaba que tenía el cinturón colocado pero sólo le bastó unos momentos para sentir la magia.
—No es una turbulencia—le dijo a su asustado compañero de viaje—Estamos marchándonos a una nueva realidad.
—No es que me queje—Draco tomó aire e intentó relajarse pero siguió mirando a su alrededor con precaución—pero, ¿Por qué tan pronto? Solemos estar días…
—No lo sé—fue todo lo que pudo decir antes de que todo se volviera oscuridad a su alrededor.
[1] Chaper of love- Bette Midler
Adelanto del siguiente capítulo:
Un mes completo pasó y a ella no le quedó otra opción más que adaptarse a su nueva vida aunque su mente se perdía constantemente en Draco Malfoy. ¿Qué estaría haciendo? ¿Dónde andaría? ¿Estaría bien? Vivía con un nudo de preocupación. Había intentado hacer más averiguaciones al respecto pero no había podido dar con nada útil. El apellido Malfoy parecía haber sido antiguamente reconocido ya que habían sido durante muchas generaciones los gobernantes de un reino perdido al sur pero ya nada se sabía de ellos ni siquiera del reino mismo que todos creían que se había destruido hacía siglos. ¿Sería posible que la magia los hubiera transportado a una misma realidad pero a épocas diferentes? Sabía que era posible y no le gustaba ni un poco. ¿Cuánto tiempo más se suponía que debían de seguir así, separados? Nunca iría a admitirlo en voz alta y mucho menos delante de la cara de Draco, pero… ¡Rayos, lo extrañaba!
