¡Hola, hola, holaaaaa!

Bueno, por si no lo notaron, no publicamos nada por dos semanas xD lo que pasa es que ya entramos a la escuela :S y se nos complica todo… sí, aunque no lo crean… estudiamos. Hahaha cómo sea! El punto es que trataremos de subir los capis los fines de semana :D

Mil gracias por comentar y no olvidarnos! Aaaw ya los extrañábamos queridos lectores!

Rose129: Nos alegra que te gustara el capi ^^ Ojala este te divierta.

Eros13: Esperamos que este capi sea de tu agrado :D Lo sabemos, Afrodita es muy mandón pero creemos que es divertido haha xD ¡Saludos!

Lise: Nos alegra muchísimo que te gustara el capi. En este no se revelará el porqué la mudes de Ikki haha xD prometemos que en el próximo. ¡Gracias por leer!

Glacies rex: ¿Cómo pudimos escribir algo así? ¡Estamos locas! Haha y no te preocupes por las palabrotas haha estamos en confianza, paisano. Haha Con respecto a lo que dijo Madre… sí… nos descubriste… lo tomamos de Hércules hahaha Lamentamos la tardanza pero esperamos que sigas con nosotras hasta el final de este fic. ¡Saludos! Y a ver cuándo te dignas a actualizar tu historia… coff coff haha ntc xD

Ariel de Piscis: ¡Mujer! No sabes lo mucho que nos alegró tu review! Nos encantaría darte una dosis de peyote hahaha ¡No es cierto! ¡No lo consumas! ¡NUNCA! Hahaha ¡EN SERIO! ¿De verdad crees que nos merecemos un oscar? Sólo nos falta filmarla y aceptamos el premio hahaha Por cierto, te recomendamos la peli de rec… está muy buena (Y) y te prometemos ya no desvelarnos tanto hahaha Ya sabemos que Shura tiene problemas con su complejo de Moisés hahaha y acerca de tu pregunta… efectivamente, Shion es el culpable haha xD ¡Saludos! ¡Muchas gracias por leernos!

Scorpio-26: Te encantará Milo en este capi ^^ bueno eso esperamos haha ojala te rías mucho mucho. ¡Saludos desde México!

Vismur: Gracias por seguir con nosotras! Madre Naturaleza te manda un saludo hahaha xD No, espera… ya la matamos haha xD Ojala te diviertas con este capi ^^

Shiryudm: Sí, tienes razón… el equipo de Afrodita no entreno nada hahaha nos desviamos por completo haha pero tuvieron una semana haha algo debieron de aprender xD en este capi, Alde tampoco entrena mucho que digamos haha ¡Gracias por leernos y qué bueno que te gustara el capi! ¡besos!

GalassiadeScorpio: Anaa! Aquí está el capi y más vale que lo leas! Hahaha Efectivamente, el nombre del barco fue pensando en ti hahaha esperamos que nos leas y que te saquemos muchas carcajadas haha lamentamos informarte que Roxane no saldrá en este capi ¬¬ pero en fin… disfrútalo nena! :D

Guest: ¡Qué chido que te guste este fic! ¡Saludos!

LittleMonsterStick: ¡Ojala hubieran sido brownies! Hahaha Lamentablemente no necesitamos de ninguna substancia para escribir tanta locura hahaha mil gracias por tu review! Y esperamos que te guste este capi!

IrisdeFlecha: haha Milo está bien loco! En este capi sale bastante! Ojala te diviertas! ¡Saludos!

Rafa: Para empezar… no nos molesta que nos escribas tanto haha De hecho si hubiésemos sabido que comentarías tanto… hubiéramos puesto a Roxane desde capis atrás haha Lamentamos la muerte de tu estomago xD pero nos hace muy felices que te guste nuestro fic. Ahora sabes un poco más de nuestro querido Don Carlos haha y para que veas que somos malas… te haremos sufrir un poco más… pues aún no se revelará la misteriosa muerte del Don hahaha es sólo para retenerte hasta el final de este fic hahaha :P Lo de te vas porque yo quiero que te vayas… sí lo sacamos de Ranma haha tú sí sabes… y también nos copiamos de la era de hielo ahaha xD Qué bueno que Shura-Moisés haya tenido tanto éxito haha. Ay Rafa hay tantas cosas que nos gustaron de tu review haha que no las podremos decir todas hahaha sólo esperamos que sigas con nosotras en este fic y que te diviertas con este capi ^^ Ojala y la espera haya valido la pena haha ¡Zalema!

Loveshun: ¡Hola! ¡Bienvenida al fic! Mil gracias por tu review haha nos hizo muy felices xD ojala y este capi te guste y que sigas con nosotras! ¡Besos y abrazos!

kimiko Ivanov: ¡Bienvenida al fic! A nosotras también nos encanta la relación de Camus y Hyoga xD aww y de Kiki y Shion :3 muy pocas veces los vemos en acción haha Lo lamentamos pero no se nos ocurrió poner gimnasia haha pero pusimos salto de garrocha haha más femenino, ¿no crees? Hahaha ¡Besos y abrazos!

HyogaxShun: ¡Holaaaa! Bienvenida al fic! :D gracias por tu comentario! Esperamos que tu espera haya valido la pena y en serio esperamos que te guste este capi ^^ ¡Besos!

PrincessVirgo: Bienvenida al fic! Ojala te rías mucho con este capi haha y sí lo sabemos Milo es un tramposo hahaha ¡Saludos!

Angie-Chiba: ¡Holaaa! ¡Bienvenida al fic! Así es… esta locura la escribimos entre las dos y mira el resultado hahaha de verdad nos encanta que te guste este fic ^^ Kanon y Saga hahaha a nosotras nos encanta hacerlos pelear! Hahaha y sip Aioros esta medio cegatón haha pero nosotras también usamos lentes… bueno yo los uso (soy Helena xD) hhahahaha gracias por comentar y por lo de favoritos! ¡Besos y abrazos!

Disfruten a nuestro querido Alde haha

El Gran Aldebarán

- En ese momento, cuando se creía que todo estaba perdido para el Santuario, el masculinamente hermoso Caballero de Capricornio, el más poderoso, valiente, con un cuerpo de ensueño envidiado por el mismísimo Narciso se abrió paso entre la multitud mostrando su afilada Excalibur: la más poderosa y letal arma jamás vista. Nuestro indomable hombre se acercó amenazante a la gran Madre Naturaleza que poseía unos ojos chispeantes de furia y venganza. El cielo comenzaba a oscurecerse dando lugar a las estrellas que serían testigos de la épica batalla entre el hombre y la bestia…

- A ver, a ver, a ver… ¡¿de qué rayos estás hablando?! – interrumpió el Santo de Acuario a Shura que relataba su versión de la historia. - ¿Me estás intentando decir que todo eso pasó en cinco minutos de pelea? – los Caballeros de Oro voltearon a verlo, fastidiados.

- ¡Pero Camus, estás interrumpiendo la mejor parte! – se quejó el escorpión celeste sentando a su lado. - ¡Al fin nos puede contar qué ocurrió después de que Olle fuera sacado a la fuerza por Ángelo!

- ¡Hay personas que sí quieren saber qué paso! – apoyó Kanon.

- Camus, déjame terminar. – soltó molesto el español. – Cuando sea tu turno de contar historias, le inventas lo que quieras, digo… todo es verdad.

- ¡Pero esto es científicamente imposible! – el francés alzó la voz. - ¡¿Cómo demonios va a hablar una planta?! ¡Milo, Hyoga, vámonos! ¡No permitiré que sus mentes sean profanadas por este vulgar relato!

- Shhhhh. – lo calló Milo. – Discúlpalo, Shura. Está celoso porque él es pésimo contando historias.

- ¡Tú estuviste ahí cuando Madre habló, Acuario! – afirmó Aldebarán.

- ¡Deja de quejarte, Camus! – habló esta vez Shion. – Y déjanos escuchar. Te ordeno que continúes, Shura. – el galo, resignado rodó los ojos y volvió a sentarse al lado de su mejor amigo y de su estudiante.

- ¿En qué me quedé?

- En que planta querer gobernar al mundo. – respondió Seiya con la boca llena.

- ¡Seiya, ya estás bien! ¡No tienes por qué comerte tu ropa! – interrumpió Mu.

- ¡¿Qué haces?! – preguntó Shun. – No, no, no, Seiya. ¡Eso es tierra! ¡No se come! – lo sujetó. – Será mejor que me lo lleve.

- ¡Soltarme, soltarme! – Pegaso trataba de liberarse del agarre de Andrómeda.

- ¡Llévatelo de una vez! – gritó Shaka. - ¡Necesito saber qué paso!

- ¡Rápido, Shun! – se quejó Athena. - ¡Y de una vez te llevas a Ikki, esa mirada perdida me está perturbando!

- Como digas, Saori. – Shun obedeció y se retiró del Salón Principal empujando a Fénix y a Pegaso hacia la salida. – Te prometo, hermano que volverás a hablar… y tú, Seiya… recuperarás la cordura.

- Como les iba diciendo… - prosiguió Shura. - Las primeras gotas de agua comenzaron a descender del cielo impactándose en el suelo. Una pizca de aquel vital líquido cayó sobre mi respingada nariz y…

- ¡Ni siquiera estaba lloviendo! ¡Además…! – interrumpió por segunda vez Camus pero fue rápidamente callado por Saga que lo sujetó y con una mano le tapó la boca.

- ¡Hasta que al fin haces algo bueno! ¡No eres tan inútil, hermanito! – aplaudió Kanon.

- ¡Cállate, Kanon! ¡Y tú, Shura… continúa! – soltó el gemelo mayor forcejeando con Camus que intentaba zafarse.

- Les decía… - el peninsular se talló la punta de la nariz, irritado. - Aquella insignificante gota despertó en mí los deseos de venganza pues como sabrán Madre y yo teníamos cuentas pendientes…

- ¡¿Y qué pasó?! – exigió Shaka con sus ojos bien abiertos.

- Cuando la bestia estaba a punto de lanzar el primer ataque yo… yo… yooo... – miró a cada uno de los caballeros que tenían la boca abierta. – Yooo…

- ¡¿Tú qué?! ¡¿Tú quéeeeee?! – gritó frustrado Dohko zangoloteando desesperadamente a Shura.

- ¡¿Llegaste a la mejor parte y ahora no sabes qué inventar?! – reclamó Aldebarán.

- ¡Está bien! ¡Está bien! – alzó las manos de manera defensiva. – Antes de que Madre me atacara… dijo algo que no me esperaba… - miró al techo pensativo rascándose la barbilla.

Flashback

- ¡MADRE NATURALEZA! – la planta giró su enorme cuerpo y encaró al español. - ¡LIBERA A MI PUEBLO, AHORA!

- ¿MOISES? – dudó la planta.

- ¡No! Sólo Shura. – dijo mostrando su afilada Excalibur. – Siempre quise decirlo… pero no me cambies el tema… el problema es conmigo…

- ESTÁ BIEN… ¡HERMANAS, SUÉLTENLOS! – ordenó Madre. Los caballeros cayeron al piso y Shura se acercó amenazante a Madre.

- ¡Salgan de aquí! – los demás santos asintieron y le desearon buena suerte. - ¡Esto es entre ella y yo! Quién me viera… yo Shura de Capricornio, honorable caballero de la elite dorada luchando contra una rama. – y así la pelea épica entre el hombre y la bestia dio inicio.

- Nos volvemos a encontrar, Moisés… llevo miles de años planeando mi venganza…- Madre se arrastró y se acercó al español.

- ¿Qué?

- ¡A mí no me engañas, Moisés!

- ¡Yo no soy Moisés! – se quejó Shura.

- ¡Reconocería ese rostro en cualquier parte! ¡TE ODIOOOO! – gritó tratando de golpear a Shura pero este la esquivó con facilidad.

- ¡Ya te dije que mi nombre es Shura! – esta vez el peninsular lanzó su ataque.- ¡EXCALIBUUUUUR!

- ¡NUNCA ME DERROTARÁS! ¡HE ESPERADO ESTE DÍA POR MILES DE AÑOS! ¡MOISÉEEEEES!

- ¡DETENTE! ¡SÓLO RESPÓNDEME UNA COSA! – exigió Shura.

- Adelante. – dijo Madre amablemente y recuperando la calma.

- ¿Cómo llegaste al jardín de Olle?

- Verás… - Madre se relajó y tomó asiento con su enorme cuerpo. – Pero siéntate por favor… - Shura obedeció. - Mi historia comienza así…

Flashback de Madre

El teléfono sonó en el Templo de Piscis.

- ¡¿Qué no piensas contestar el maldito teléfono, Olle?! – se quejó Ángelo sentado en la sala junto a Shura.

- ¡Ay, me estoy bañando! ¡Contesten, por favor! – se escuchó a lo lejos.

- ¡Está bien! – el Santo de Cáncer se acercó al aparato y seguido observó el identificador de llamadas. – Qué curioso… esta lada es de Egipto.

- ¿Y tú cómo sabes? – indagó el español.

- Olle tiene parientes allá. – lo miró de reojo. - ¿Por qué crees que se baña en leche y pétalos de rosas? – el teléfono seguía sonando.

- ¿Lo has visto? – preguntó perturbado.

- ¡Qué asco! ¡Claro que no! ¡¿Pero quién crees que baja a Rodorio por la maldita leche?!

- ¡Eso es injusto, a mí no me cuentan nada! – Shura se cruzó de brazos.

- ¡Cuándo quieran, carajo! ¡Contesten! – gruñó Olle. - ¡Oh, noooo! ¡Shura, tráeme un mechudo! ¡Hay leche por todo el baño! ¡Noooooo! – el peninsular rodó los ojos y se fue en busca del dichoso trapeador.

- Aloh… - contestó el italiano. - ¿Qué hay, Imhotep? – saludó con una sonrisa. - ¿Qué tal el calor por allá?

- ¡Ángelo! ¡Qué alegría volverte a oír! – se escuchó la voz en el teléfono. - ¡Ni me digas! ¡Hace un calor de mil demonios! ¡Justo ahora me iba a dar un buen baño! ¡Nefertiti, llena la tina de leche! ¡Y tú, Anubis… bájale a la tele que no oigo a tu tío Ángelo!

- ¿Y qué es lo que quieres? – preguntó enredando el cable del teléfono en su dedo.

- Hace poco le envié a mi primo Olle un paquete… dile que se deshaga de el por lo que más quiera… fue un error enviárselo…

- ¿Y por qué? – indagó el italiano restándole importancia.

- ¡Ah, nada grave! Lo que pasa es que el hombre que me la vendió me dijo que esa semillita era nada más y nada menos que la reencarnación de Ramsés, ya sabes el rival a muerte de Moisés… ¿Cómo reencarnó en una semilla? ¡Ni yo sé! ¡Pero a mí se me hace que el tipo ya tenía unas encima! Pero no tenía ganas de discutir con él… así que mejor prevenir que lamentar.

- Ya veo… ¿de casualidad es una caja negra con símbolos extraños…?

- ¡Sí! ¡Esa es mi letra! – respondió alegre Imhotep.

- Está bien… le daré tu mensaje.- dijo observando el paquete.

- ¡Pero te lo encargo mucho! ¡Salúdame a mi primo! ¡Ah, se me olvidaba! ¡Qué no le caiga uno de esos menjurjes de los que inventa Olle!

- Sí, sí… adiós, Imho. – antes de que Imhotep reclamara, el cuarto guardián colgó el teléfono.

- ¡Se me acabó la leche! – se quejó el sueco caminando a la sala con una bata de baño. - ¿Quién era al teléfono?

- Era tu primo Imhotep. – respondió. – Te envió este paque…

- ¡Oh, un paquetito para mí! – exclamó emocionado tomando la cajita.

- Sí, sí… me dijo que debes destruir lo que hay dentro de…

- ¡Oh, una semillita! ¡Debemos sembrarla, chicos!

- Él dijo que debes quemarla…

- ¡Imhotep está loco! ¡Primero me envía cosas y ahora quiere que las queme! ¡Al diablo! ¡Sembraré esta semillita y tú me ayudarás, Ángelo!

- Pero mencionó algo de tus menjurjes…

- ¡Lo que yo haga o deje de hacer en mi laboratorio secreto no es de su incumbencia! ¡Apúrate, Shura!

- ¡Ya voy! – se oyó al Santo de Capricornio. Minutos después, Shura salió del baño con una especie de túnica, un palo de madera en la mano y con el cabello blanco y una barba del mismo color.

- ¿Qué diablos te pasó? – Ángelo abrió sus ojos sorprendido.

- ¡Oh, esto! Me puse esta bata para no mancharme de leche…

- ¿Y el bastón? – Olle entrecerró los ojos.

- Se le cayeron los pelos al trapeador y nada más quedó el palo.

- ¿Y eso que traes en la cara?

- ¡Ah, es espuma! ¿Nunca se han puesto barba y cabello de espuma? ¡Es divertido!

- Si no te conociera, Shura… diría que eres Moisés. – el sueco soltó una carcajada.- ¡Pero mira lo que me enviaron! – dijo acercándole la cajita con la semilla.

- ¡Moisés! – se oyó una voz chillona en el interior del paquete. - ¡Moisés!

- ¿Y eso? ¿Esa cosa habló? – preguntó sorprendido el español.

- ¡No digas tonterías! ¡Debe ser el eco del templo!

- ¡Apúrense que no tengo todo el día! – se quejó Ángelo. - ¡Sembrémosla de una vez! ¡Ya hasta se me olvidó lo que me dijo Imhotep!

Fin del flashback de Madre

- Y así fue como llegué aquí, Moisés. – finalizó la planta.

- Entiendo… - dijo Shura comprensivo. – Pero hay algo que no me cuadra… ¿Por qué nunca atacaste a Olle?

- Me drogaba toda las noches con sus menjurjes… por ello era tan sumiso… pero desde que arrojaron las pócimas, mis hermanos y yo nos sentimos liberados, Moisés.

- ¡Ya te dije que yo no soy Moisés!

- Tendré que creerte… pero ahora ya no sé qué hacer… no tengo propósito…

- ¡Me alegra que hayamos arreglado todo! ¡No quería tener una pelea innecesaria contigo, Madre! ¡No me gusta pelear con mujeres!

- ¡SOY HOMBRE, DEMONIOS! ¡AHHHHHH! – la planta se abalanzó sobre Shura pero este la partió en mil pedazos con su poderosa Excalibur dando fin a la pelea.

Fin del flashback de Shura

- ¡Esto es completamente ilógico! ¡¿Qué rayos te fumaste, Shura?! ¡Ya te he dicho que te alejes de las plantas alucinógenas de Olle! - Camus se liberó del agarre de Saga. - ¡Nada de esto puede ser verdad!

- ¡Claro que no! ¡La historia de Madre la inventé yo! – rió el español. - ¡Sólo la maté! ¡¿Por qué rayos hablaría con una planta?! ¡Ya no me mires así, Camus! – se dirigió a la salida y los vio de reojo. - ¿Quién dijo que no sé inventar historias? – y sin más se fue carcajeando a todo pulmón.

- ¡Se los dije! – exclamó Camus - ¡Todo el tiempo estuvo inventando cosas!

- ¡Todos lo sabemos, amigo! – Milo lo abrazó por el hombro. – Aún así nos gusta oír este tipo de historias, sobre todo las del buen Shura. ¿Recuerdan cuando nos contó la historia de La llorona del Santuario junto con Dio de Mosca?

- ¡Ni me lo recuerdes, Milo! ¡No pude dormir en tres días! – gritó Aldebarán.

- ¡Y cuando mandamos a Kanon a buscarla! – se rió Saga. - ¡Y el grito de mujer que soltó cuando vio a Shion en camisón!

- ¡Cállense! – se quejó Kanon. - ¡Pensé que era la llorona! ¡No tengo la culpa de que Shion use pijama de mujer!

- ¡No era un camisón, era mi pijama real! – se defendió el ariano.

- ¡Además, yo estaba muy chiquito! ¡Fue comprensible el que gritara tanto!

- ¡Fue el mes pasado, Kanon! – dijo Mu burlonamente. Todos los caballeros lo miraron divertidos y el gemelo menor sólo pudo girar el rostro indignado y sonrojado.

- ¡Pero no me echen todo el muerto a mí! – Kanon señaló a Shaka que se reía de lo lindo. - ¡Si me hundo, tú te irás conmigo!

- No sé de qué hablas… - Shaka miró hacia el techo.

- ¡Tú saliste corriendo y moqueando sin parar como vil nena! – los demás santos se carcajearon y Shaka se retiró del Templo Principal, completamente indignado.

- ¡Bueno, bueno, qué historia tan maravillosa! ¡Aunque alguien se emocionó con la película de La Momia! – aplaudió contenta Athena. – Pero bueno, lo que sí es realidad es que Madre destruyó cuatro templos, así que organícense entre ustedes para pasar las siguientes noches… por cierto, Aldebarán… necesito hablar contigo.

- Como usted diga. – respondió el Toro Dorado.

- ¡Camus, tú y Hyoga se quedarán conmigo! – sonrió el escorpión levantándose de su lugar.

- ¡Y tú conmigo, hermano! – Aioria abrazó a Aioros. - ¡Qué Olle y Shura se las arreglen con Ángelo!

- ¿Pero qué pasará con Ikki, Seiya y Shun? – preguntó Mu.

- ¡Ah, ellos se quedarán en una institución mental! Ikki irá a terapia para recuperar el habla y Seiya… bueno esperamos que recupere la cordura en pocos días. - explicó Shion.

- Bueno, nosotros venimos sobrando. – comentó Kanon. – Vamos, Saga… necesito que me laves la ropa.

- ¡KAANOON! – se quejó el gemelo mayor. Y así todos re retiraron dejando únicamente a Saori, al Patriarca con el pequeño Kiki y a Aldebarán.

- ¿En qué puedo ayudarle, señorita Athena? – el gran toro se acercó.

- ¡Oh sí, Aldebarán! Estuve haciendo mis cuentas y me alcanzó para contratar unos cuantos ayudantes. Los tendrás mañana a primera hora.

- Muchas gracias. ¡Qué gran noticia! Entonces me retiro que tengo una alberca que terminar. – dijo sonriente.

- ¡Todavía no acabo, Aldebarán! – la Diosa tomó asiento. – Esto va para ti, Shion. Quiero que en la apertura haya música en vivo, entretenimiento y mucha diversión. – miró sonriente al Santo Dorado. – Y Aldebarán… me gustaría tener una entrada espectacular… quiero elevarme por los cielos y que me iluminen muchas luces. Me gustarían palomas blancas amaestradas que vuelen a mi lado, fuegos artificiales y el coliseo lleno. Ahora que lo pienso, sería más impresionante que yo entrara montada en un tigre siberiano y que ambos fuéramos recorriendo todo el coliseo en los aires y para finalizar quiero que Camus y Hyoga patinen con pingüinos parlanchines.

- Athena… no creo que los pingüinos y los tigres sean posibles… - comentó el ariano.

- ¡Está bien, Shion! ¡Pero no quiero excusas para las palomas blancas amaestradas! ¿Estamos claros? – ambos santos asintieron resignados. - ¡Pueden retirarse!

- ¡Vamos, Aldebarán, Kiki! ¡Tenemos palomas que comprar!

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Templo de Cáncer

- ¡Yo no pienso estar en el mismo templo que él! – gritó furioso Olle.

- ¡Estate quieto, Olle o te corto la cara! – se quejó el italiano mientras le ayudaba a rasurarse. - ¡Carajo! ¡¿Qué no lo puedes hacer tú solo?!

- ¡En mi vida había tenido barba! ¡Ahora cállate y sigue rasurando! ¡Y tú, lárgate de aquí! ¡Nuestra amistad se acabó! – señaló acusadoramente a Shura.

- ¡No exageres, Olle! – sonrió el español. - ¡Era sólo una plantita!

- ¡No te quiero volver a ver! ¡Ángelo, decide… es él o yo! ¡Auch! ¡Ten cuidado!

- A estas alturas de la vida… me da igual quién se queda y quién se va. – soltó mientras le sacudía los pelos de barba de su camisa.

- ¿Qué clase de amigo eres, Ángelo? – Afrodita sonó indignado.

- El único en mi clase… - contestó dando un tijerazo. – Ahora deja de moverte si no quieres que te lleve un pedazo de rostro.

- ¡Ya no seas infantil, Olle! – exclamó el peninsular.

- Ángelo… dile a Shura que no pienso hablarle jamás, que no es bienvenido en esta casa y que me molesta su presencia. – Máscara volteó a ver a Shura.

- Afrodita dice que no quiere perder tu amistad y que le encantaría que te quedarás con él pues eres de sus mejores amigos y esas cosas estúpidas que se dicen entre ustedes. – dijo con una socarrona sonrisa.

- Ángelo… dile a Olle que… ¡era simplemente una planta estúpida y que la mataría de nuevo sin dudarlo! ¡Ah, y también me la volvería a comer sin remordimiento alguno! – el italiano iba a abrir la boca cuando Olle interrumpió:

- ¡Pues dile que lo odio! ¡Y qué si fuera él, agarraría un cuchillo de cocina y me cortaría el horrible estropajo que tengo por cabello! ¡Anda, Ángelo dile! – Shura se puso rojo del coraje.

- ¡Pues tú te ves horrible con barba! – se defendió.

- ¡No me mires! – Olle se puso de pie y corrió hacia la habitación de Ángelo tapándose el rostro.

- ¡Bravo, Shura! – aplaudió el cangrejo. - ¡Ahora ese idiota va a estar deprimido toda la semana y lo tendremos que aguantar! Sabes lo sensible que es respecto a su "belleza".

- ¡Él empezó! – el Santo de Capricornio se cruzó de brazos.

- Y yo lo termino. – le hizo una señal para que se acercara. - ¡Ahora, cállate y siéntate aquí! ¡Te cortaré la horrible mata que tienes por cabello!

- ¿Tú también piensas lo mismo, Ángelo?

- Todos en el Santuario lo piensan… ahora guarda silencio que haré magia. – dijo abriendo y serrando las tijeras.

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Templo de Leo

- ¿Sabes, Aioros? – soltó de repente el guardián del quinto templo. – Me alegra que estés aquí conmigo. Desde que empezaron estos juegos ya no pasamos tiempo juntos y te extraño. – lo abrazó cariñosamente.

- Lo sé. – le devolvió el abrazo. – No hay nada en este mundo que haga más feliz que tú… mi querido arco de caoba tallado a mano.

- Soy Aioria… - levantó su rostro.

- ¡Eso dije, arco! – intento defenderse.

- ¡AIOROS!

- ¡Perdóname, caoba Aioria!

- ¡Ahhhhhh! ¡Increíble, prefieres un jodido pedazo de madera que a tu hermano!

- ¡No pongas palabras en mi boca, niño! ¡Es sólo que extraño a mi arco! – se tumbó en el suelo derrotado. - ¡Era el arco más hermoso que estos dedos hayan tocado alguna vez! – observó sus manos maravillado.

- ¡¿Y yo qué?! ¡La última vez me dijiste que YO era lo más valioso en tu vida! ¡Te odio, Aioros!

- ¡No puedo escoger entre dos partes de mi!

- ¡Es un maldito arco, Aioros! ¡Por todos los cielos! ¡Te haré una pregunta y piensa muy bien la respuesta… pues lo que contestes hará la diferencia entre dormir aquí en mi templo o afuera!

- ¡Pregúntame! – el arquero comenzó a dar saltitos frente a su hermano.

- Esto es hipotético… si mi templo se estuviera incendiando y los únicos que se encontraran adentro fuéramos el arco y yo… ¿a quién rescatarías? – entrecerró sus turquesas. Aioros lo meditó por unos segundos y contestó:

- Primero buscaría a Camus para que apagara el fuego… con el extintor que tiene en su cocina… o si no se puede con su cosmos. Después entraría y tomaría mi arco porque sé que tú ya estarías afuera ileso como el gran Caballero Dorado que eres. – el castaño mayor escuchó el azotón de la puerta y abrió sus ojos sorprendido. - ¿Aioria?

- ¡Dormirás afuera!

- Pero hermanito…

- ¡Buenas noches!

- ¡Aioria, no me hagas esto!

- ¡Dije buenas noches!

- Pero es plena mañana…

- ¡Perfecto! ¡Tienes tiempo para buscar en donde dormir porque aquí no podrás entrar!

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Coliseo

Aldebarán se encontraba en medio de la Arena revisando unos planos junto con hombres uniformados. - ¡Muy bien, chicos! ¡Ustedes vacíen el cemento de este lado! ¡La grava por allá! ¡No se olviden de hacer los últimos ajustes de la piscina de 50X25! ¡Cuidado con ese bambú, lo necesito para el salto de garrocha! ¡Pinten bien los blancos para el tiro con arco!

- ¿Señor Aldebarán, en dónde quiere la grúa? – preguntó un hombrecito.

- ¿La grúa?

- Sí… la que usaremos para levantar por los cielos a la Diosa Athena…

- ¡Oh, sí! ¡Colóquenla al lado de la mezcladora de cemento!

- ¡Sí, señor!

- ¡Muy bien! ¡Es hora de construir! ¡Equipo Alfa piscina! ¡Equipo Beta escenario! ¡Equipo Gamma fuegos artificiales! ¡Equipo Delta mis pesas! ¡Equipo Épsilon mezcla de cemento!

Minutos después…

- ¡Equipo Omega iluminación! – terminó sin aliento.

- ¡Señor Aldebarán! – Kiki se acercó corriendo al Caballero Dorado y saltó a sus brazos para saludarlo.

- ¡Kiki, qué grande estás! – lo abrazó con fuerza. - ¿Qué haces aquí, pequeño? – Shion se acercó y al verse ignorado tosió para llamar la atención. - ¡Hola, Shion!

- ¿Qué hay, Aldebarán? – contestó con esfuerzo mientras cargaba una pesada jaula.

- ¿Qué traes ahí? – señaló la gran jaula bajando a Kiki que corrió hacia Shion. El ariano se secó el sudor de su frente con su mano libre y miró al pequeño pelirrojo.

- A un lado, tesoro. – sonrió tiernamente al niño. – Que esto pesa. ¡Ah, sí, Aldebarán! Respondiendo a tu pregunta… es una jaula, ¿qué no ves?

- Ya sé que es una jaula pero no sé qué contiene… ¿por qué tiene un trapo?

- Son las palomas que entrenaré junto con mi Kiki. – sonrió orgulloso dejando la jaula en el piso. – Y están tapadas porque… ¡porque sí y te callas!

- ¡Ya quiero jugar con ellas, Shion! – saltó contento Kiki. Shion afirmó con la cabeza y se acercó a la jaula con la intención de liberarlas.

- No creo que debas… - titubeó el brasileño.

- ¡Tonterías, Aldebarán! ¡Soy el Patriarca y me deben obedecer! – sin más abrió la pajarera y las palomas salieron despavoridas hacia el cielo. - ¡Muy bien, niñas! – aplaudió contento. - ¡Ahora hagan una fila! ¡¿A dónde van?! – exclamó mirando al cielo.

- ¡Regresen! – Kiki comenzó a correr para alcanzarlas. - ¡Ya se fueron! – Aldebarán se golpeó la frente al ver semejante estupidez. - ¡Shion, ahora tendremos que buscar más palomas! – se quejó Kiki. En ese momento se acercó un muchacho al Santo de Tauro.

- Don Aldebarán… - dijo tímidamente.

- ¿Qué pasó, Serafino Wanderley? – contestó amablemente.

- Se nos ha juntado todo, señor. Verá… ya llegó el coreógrafo, los voluntarios, el costurero, muy pronto llegará el equipo de iluminación y sonido, hubo un problema con el de grabación… lamentablemente sólo alcanzó para una cámara.

- No te preocupes, niño.

- ¡Ay, señor ya le dije que me llame Fino! – se sonrojó apenado.

- Muy bien… al coreógrafo y a los voluntarios diles que ensayen por allá. – señaló a lo lejos. – al costurero mándalo al templo de escorpio y te encargo lo del equipo de iluminación y sonido. – le revolvió los cabellos a Fino.

- ¡Sí, señor! Con su permiso. – se retiró mientras Shion y Kiki lo miraban asombrados.

- ¡Vaya, sí que sabes organizar! – soltó el ariano.

- ¡Pues claro! ¡Athena me lo encargó y serán las mejores Olimpiadas improvisadas no oficiales jamás vistas! ¡Ahora vamos, los acompañaré por sus palomas!

- ¡Sí, Aldebarán irá con nosotros, Shion! – Kiki comenzó a correr camino a Rodorio.

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Veterinaria de Rodorio

Shion, Aldebarán y Kiki entraron a la veterinaria en busca de más palomas.

- ¡Señor, Aldebarán! – saludó el joven a cargo. - ¡Oh, qué gusto de volverlo a ver! – cantó con alegría desde el mostrador.

- ¡Hola, Andreus! ¿Cómo estás? – contestó sonriente alzando la mano.

- ¿Lo conoces? – Shion entrecerró sus ojos.

- A veces vengo a hacer trabajo comunitario. ¡Me encantan los animales! Deberías saberlo… ¿tú nunca viste a Tito? – preguntó.

- ¿Tito?

- Mi león alvino… el que rescaté en uno de mis tantos viajes a África y que traje al Santuario… Tito siempre se paseaba por mi jardín pero desde que atacó a Kanon, Athena me obligó a darlo a las autoridades de Protección de Animales.

- ¿Tiene que ver con la apuesta que hicieron los gemelos? – indagó Shion.

- ¿Qué apuesta?

- Veras…

Flashback

- ¡Vamos, Kanon! ¡No seas cobarde! – exclamó burlonamente Saga.

- ¡No soy cobarde! ¡¿Pero qué gano con hacerlo?!

- Mi respeto…

- ¿Y eso cómo para qué me sirve? – se cruzó de brazos, molesto.

- ¡Está bien! ¡Si lo haces, prometo lavarte la ropa todo el año!

- ¡Hecho! – se dieron un fuerte apretón de manos.

- ¿Pero qué piensan hacer, niños? – interrumpió Shion.

- ¡Espera y verás, Shion! ¡Ahora, Saga comienza a frotarme ese aceite de carne de gacela cruda que compramos ayer! – exclamó quitándose la ropa por completo.

- ¡¿Qué haces, Kanon?! – gritó horrorizado Saga al ver toda la ropa tendida en el suelo.

- Me desnudo… no quiero que se me apeste la ropa… - contestó deshaciéndose de los bóxers. - ¡Ahora apúrate que hace frío! – se abrazó a sí mismo.

- Está bien, está bien… pero ¿era necesario quitarte los bóxers? – indagó asqueado.

- ¡Ni me veas así que soy tu vivo reflejo! – gruñó.

- ¡¿Pero qué haces, Saga?! – soltó molesto el ariano al ver cómo el gemelo mayor le untaba el asqueroso liquido en los brazos.- ¡Son un par de locos!

- ¡Esto es entre hermanos, Shion! – se defendió Kanon. - ¿Qué tengo que hacer primero? ¿Corro, camino o me arrastro? ¿Qué preferirá Tito? Espero no espantar al pobre gatito…

- Sí… gatito… - Saga intentó contener la risa. - Tú sólo camina y Tito hará el resto…

- ¡Está bien! ¡Prepárate para lavar toda mi ropa! – y así Kanon salió rumbo al templo de Tauro completamente desnudo y orgulloso de semejante cuerpo. Saga y Shion caminaron muy atrás del gemelo, el primero muriéndose de risa y el segundo mirándolo extrañado. - Ven bishito, bishito… - susurraba Kanon. – Bishitoooo… ¡Ahhhhhhhh! – se escuchó el grito de ex Caballero de Poseidón mientras Tito le saltaba encima. - ¡SAGAAAAA, NO ME DIJISTE QUE TITO ERA UN LEÓN!

- ¡Córrele, Kanon que el gatito tiene hambre! – exclamó Saga muriéndose de risa.

- ¡MALDITO, HIJO DE PUT…! ¡TITOOOOOO! ¡AHHHHH! ¡SUELTA MI PIERNAAAA!

Fin del flashback

- y debido a ello, Kanon no salió de su templo por dos meses. - concluyó Shion.

- Ya veo… - Aldebarán se rascó la barbilla. – Pobre Tito… aún me acuerdo cuando lo sacaba a pasear con su cadena reforzada… - se secó una lágrima de su ojo.

- ¡Extraño a Tito, señor Aldebarán! – dijo Kiki nostálgico.

- ¡Yo también, pequeño! ¡Todos los días me acuerdo de él! Pero no te preocupes, la reserva a donde lo envié me mantiene al tanto… recibo fotos, recuerditos y cartitas de mi Tito…

- ¿Cartitas? – Shion lo miró confundido.

- Sí pero ya no divagaré… ¡Andreus, venimos por palomas!

- Lo siento, Aldebarán… - se disculpó el empleado. – Nos quedamos sin palomas… ese señor se las llevó todas. – señaló a Shion que se hizo el loco en una esquina. – Sólo tenemos esto… - le entregó una carpeta con nombres de aves.

- Bien Shion… pon atención porque no repetiré… - comenzó a hojear las paginas. – Al parecer hay: Tordo Chatarrero, Calandria Acahualera, Piranga Avispera, Passerina Leclancherii y Dominico Dorado. – Shion lo miró pensativo y se rascó el mentón.

- Estoy entre el Tordo Chatarrero y la Piranga Avispera… - contestó.

- No, no, no, Shion… si fuera tú, escogería la Calandria Acahualera… después de todo son muy hermosas, su dieta es fácil de conseguir y su canto es divino… - explicó con una coqueta sonrisa.

- ¡Pero Shion yo quiero el Abejaruco Chico! – se quejó Kiki viendo las fotos de la carpeta.

- El que sabe aquí es tu tío Aldebarán… - miró al vendedor. - ¡Deme una docena de la Calandria no sé qué y vámonos de aquí!

Después de un rato de espera, Andreus regresó con dos jaulas llenas de las famosas Calandrias y así los tres regresaron al coliseo.

Coliseo

- Muy bien, Shion... – Aldebarán dejó las jaulas en el suelo. – Comencemos a entrenarlas.

- Pero Aldebarán… ¿qué tú no piensas practicar? – preguntó el Patriarca.

- Pfff… ¿de verdad, Shion? – lo miró divertido. - ¿Yo, entrenar? ¡No necesito entrenar! ¡Soy el amo y señor de las pesas! ¡Ya la competencia está ganada! ¡No te preocupes por mí! – abrió con cuidado la jaula y sacó a una pequeña Calandría. – Hola, hermosa… - la acarició con ternura.

- Está bien… - se sopló el flequillo, resignado. – Pero después, quieras o no… te ayudaré a entrenar.

- ¿Sabes levantar pesas?

- Pfff… ¡claro que no! Pero no te olvides que yo soy el Patriarca… yo decido quién gana y quién no. Tú actitud antideportiva me decepciona…

- Pero Shion…

- ¡Nada de nada! Ahora empecemos… - se agachó y vio con admiración las pequeñas aves. – Bien… - se rascó la barbilla. – Y ahora… ¿cómo la agarro?

- Con amor y respeto, Patriarca. – contestó el toro.

- ¿Respeto? – chasqueó la lengua. - ¡Ven acá, condenada Calandria! – el lemuriano metió su mano a la jaula y sacó el animalito. Después de domarla con ambas manos, la acercó orgulloso a su rostro y admirado por la belleza del ave, exclamo:

- ¡Oh, tenías razón! ¡Es tan linda! – la acercó más a su cara, maravillado. - ¡Hola, hola, holaaaa! – el pajarito furioso comenzó a picotearle el rostro. - ¡Mendiga…! ¡Hija de tu…! ¡Maldita sea…! – la soltó mientras que Aldebarán se carcajeaba.

- ¡Mire, Shion! ¡Estas también quieren darle besitos! ¡Se mueren por salir! – gritó Kiki abriendo las jaulas. - ¡Denle un abrazo a Shion! – y sin más, la parvada de Calandrias voló directo al lemuriano y lo empezaron a picotear.

- ¡Aléjense de mi! – gritó Shion al momento en que zangoloteaba los brazos en el aire, tratando de espantarlas. - ¡ALDEBARÁAAAAN! ¡AYÚDAME!

- Permítame… - habló el Santo de Tauro. – Toma, Kiki… Sostén a Rafita. – le dio el animalito y Kiki lo abrazó gustoso. Aldebarán sacó un silbato y lo sopló. Como arte de magia, los pájaros dejaron de comerse a Shion y realizaron una perfecta formación en V. - ¡Muy bien, niñas! ¡Ahora formen una elipse! ¡Ahora, tú Rafita! ¡Enséñales lo que una Calandria furiosa pude hacer! – Shion observaba maravillado el suceso, aún en el suelo. El toro divisó a lo lejos un trío de caballeros acercándose. – ¡Rafita, tráeme a esos tres! – los señaló. - ¡Te enseñaré, Shion el arte de amaestrar a una Calandria!

No muy lejos de ahí…

- ¡¿En dónde diablos están las mujeres?! – gritó Milo.

- ¡¿Por qué habría mujeres aquí, idiota?! – gruñó Kanon. - ¡Así han de estar de feas que se andan tapando el rostro!

- ¡Kanon, ten más respeto para las amazonas! – lo regañó Dohko. - ¡Las mujeres son lo más maravilloso de este planeta!

- ¿Alguna vez le has visto el rostro a una? – el escorpión se acercó.

- No… pero… quiero pensar que alguna de ellas está linda… son muchas… algo bueno debe de haber…

- ¡Baah! ¡Tonterías! ¡Yo puedo con todas! – soltó Kanon.

- ¡Ellas se lo pierden! – Milo colocó sus manos en la cintura, orgulloso. - ¿Y tú qué? – miró molesto a una Calandria que se posaba en su hombro. - ¡Quítate de mi hermoso hombro! – le dio un ligero golpecito con el dedo. – Les decía, chicos… ¿pero qué…? ¡Carajo… qué! – en ese momento, el grupo de Calandrias tomó a Milo por la ropa y lo levantó del suelo. - ¡¿Qué demonios?! ¡Ahhhhhh! ¡Ayúdenme! ¡Dohko, Kanon! – miró a los otros dos santos con horror. El Caballero de Libra también era levitado por los aires y Kanon no se quedaba atrás.

- ¡Déjenme, déjenme! – exclamaba el gemelo, zangoloteándose. - ¡Es el único traje de entrenamiento que me queda! ¡Me lo están rompiendo con sus picos! ¡Ayudaaaaaa!

- ¡Oh, qué lindas aves! – decía Dohko maravillado y dejándose llevar. - ¡Adelante, hermosas! ¡Llévennos a dónde quieran!

- ¡Yo no quiero ir a ningún lado! ¡Carajo! – Milo se retorcía tratando de liberarse. Avanzaron unos cuantos metros y llegaron hasta donde estaba Aldebarán que hacia señales con los brazos y con un soplido de su silbato le indicó a la parvada en qué lugar bajar a los caballeros. Los dos santos cayeron al suelo de un golpe menos Dohko que fue bajado con delicadeza por la parvada.

- ¡Muy bien, niñas y niño! - Miró a Rafita orgulloso. - ¿Viste, Shion?

- ¡Qué buen viaje! – el chino se acercó con una sonrisa al toro. - ¿Pero qué están haciendo con estas aves? – vio cómo el brasileño volvía a guardar a los pajaritos en sus respectivas jaulas.

- ¡Más les vale tener una buena explicación! – soltó Kanon sentado, limpiándose la tierra de sus ropas. - ¡Mírame nada más! ¡Mira mi traje! ¡Qué suerte que no me puse mi Giorgio Armani! ¿Y Milo? – lo buscó con la mirada.

- ¡Aquí abajo, idiota! – contestó el escorpión. - ¡Quítate de encima!

- ¡Lo siento! – se puso de pie y ayudó al heleno. - ¡No seas llorón, ni qué pesara tanto!

- ¡¿Qué demonios fue todo eso?! – se quejó el escorpión.

- Sólo estábamos entrenando aves para la apertura de las Olimpiadas. – contestó Aldebarán. - ¡Shion, ya párate!

- ¡Me atacarán de nuevo! – Dohko se acercó y le ofreció una mano para levantarse. - ¡Las hubieras visto, Dohko! ¡Estaban locas de ira! – dijo Shion.

- ¡¿Qué no piensas entrenar, Aldebarán?! – gruñó Kanon. - ¡Aprende a nosotros que ya somos expertos en la materia!

- ¡No me digas! ¿Cómo pudieron practicar si no tienen red? – el toro entrecerró los ojos.

- Improvisación, amigo mío. – infló el pecho, orgulloso.

- ¡Nosotros ya somos sirenos en el agua! – comentó Milo.

- ¿De verdad? – preguntó el brasileño, curioso.

- No. – Milo alzó los hombros. – Pero no venimos a hablar de nosotros. ¡Venimos a ver chicas! – soltó con sonrisa picara.

- ¡Oh, ya veo! ¡Si buscan chicas están de aquel lado practicando su salto de garrocha!

- ¡¿CÓMO?! – gritó Shion. - ¡El salto de garrocha no estaba en el itinerario!

- ¿No te dijo Athena? – el lemuriano negó con la cabeza. – Las amazonas se quejaron con ella… según porque eres un machista que nos las dejó concursar… por ello, la diosa les permitió participar también.

- ¡Uh, entretenimiento femenino! – Kanon aplaudió.

- ¡Nada de entretenimiento femenino! – interrumpió el chino. - ¡Las amazonas participarán cómo cualquier deportista! – se cruzó de brazos, indignado. - ¡Tendrán las mismas oportunidades de ganar que nosotros!

- ¡Cómo sea! ¡Usarán shortsitos! – Milo alzó los brazos, victorioso. - ¡Si tenemos suerte usarán prendas menores no aptas para niños!

- ¡Bueno, pues vamos! – continuó Kanon.

- ¡Yo también voy! – saltó Kiki con alegría.

- ¡Kiki! – Shion lo tomó de la mano. – No, no, no… tú te quedas aquí con Aldebarán.

- ¡Pero yo voy a ir, Shion! – sonrió apenado.

- ¡¿Cómo?!

- Sí… verás… - el brasileño carraspeó. – Tengo que verificar que el bambú esté en buen estado. – se rascó la cabeza. – Tú sabes… no quisiera un accidente con las señoritas.

- ¡Oh, sí lo pones así! – sonrió Shion.

- ¡Ven acá, Kiki! – Kanon lo cargó y lo colocó en sus hombros. – Tendrás tu primera lección de vida… chicas. – y así, todos se encaminaron rumbo a donde se encontraban las amazonas. Al llegar vieron a Marín, a Shaina y a June practicando.

- ¡Mira nada más, Kiki! – exclamó Kanon. - ¡Qué paisaje! ¡Todo lo que toca la luz será tuyo algún día!

- No, no, no… yo también quiero. – habló Milo.

- ¡Hay que saludarlas! – dijo Aldebarán, coqueto.

- ¡El sudor jamás se había visto tan bien! – gritó el escorpión viendo a June de Camaleón. - ¡Oh, por todos los dioses! ¡Mira eso, Kanon!

- ¡Ya empezó lo bueno, Kiki! – el gemelo se paró al lado de Milo.

- ¡Ustedes, par de vulgares, depravados, degenerados, sucios! – Dohko se acercó a los griegos, molesto. Les empezó a picotear el pecho. - ¡Se han corrompido de una manera tan vil!

- Sí, sí… ¿podrías quitarte? ¡No me dejas ver! – se quejó Kanon, haciéndolo a un lado.

- ¡Tranquilo, Dohko! ¡Todo estarán bien mientras no los escuchen! – comentó Aldebarán.

- ¡Relájate, amigo! – Shion lo tomó del hombro. - ¡Tú también fuiste un loquillo en tu juventud!

- ¡No digas tonterías, Shion! – el chino se cruzó de brazos. - ¡Yo nunca miré a una mujer de esa manera!

- Está bien… - el lemuriano miró a lo lejos. - ¿Qué es eso? – colocó su mano en la frente y entrecerró los ojos. - ¿Es Shaina? ¡Dohko, quítate! ¡Cuidado!

- ¡A MI COBRAAAAAAA! – se escuchó un gritó femenino seguido de un golpe y de una nube de polvo.

- ¡Dohko! – todos los caballeros acudieron en su rescate. Cuando el polvo se disipó, pudieron ver al Santo de Libra en el suelo boca arriba con cierta amazona peliverde encima de él.

- ¡A qué suerte! – sonrió Kanon. - ¿No crees, Milo? – lo golpeó con el codo.

- ¡Ni me lo digas! – se quejó el escorpión, mordiéndose el labio. En ese momento, Marín y June corrieron a la escena. - ¿Ninguna de ustedes me quiere caer encima?

- ¡SHAINAAAAAA! – gritaron al unísono.

- ¡Dioses, Shiana! ¿Estás bien? – preguntó preocupada la rubia.

- ¡Eso te pasa por no sostener bien el palo! – la regañó Marín.

- ¡Oh, ya estamos hablando sucio! – Milo colocó una mano en su frente y cerró los ojos fingiendo dolor.

- ¿Alguien tiene un tarro de agua fría? – habló Kanon. - ¡Lo necesito!

- ¿Perdón? – ambas amazonas los miraron confundidas.

- Estoy bien, chicas… - habló Shaina. – Afortunadamente este caballero amortiguó mi caída. – bajó la mirada y vio a Dohko completamente rojo y con los ojos cerrados.

- ¡Ya Dohko, abre los ojos! – gritó Aldebarán con una sonrisa. - ¡No te va a comer! – el chino obedeció y cuando los abrió se topó con la voluptuosa anatomía de la italiana.

- ¡SANTO GALILEOOOO! – exclamó al momento en que le salía un chorro de sangre de su nariz.

- ¿Estás bien? – preguntó la chica.

- ¡Sí, sí! – se tapó la nariz con ambas manos. – Sólo quítate de encima… por favor… - comentó nervioso y aún sonrojado.

- ¡Aldebarán te pasas! ¡Osea, estos palos no nos sirven! – se quejó June con simpático acento fresón. – Osea, no podemos saltar bien, ¿me entiendes, lindo? – el toro apenas iba a hablar cuando se vio interrumpido por Milo.

- No te preocupes, nena… - abrazó a June por el hombro. - … yo te puedo mostrar un palo que te funcione a la perfección… - le guiñó el ojo con una sonrisa coqueta.

- ¡Iugh…! – se quejó la rubia apartándose de él. - ¡Eres un asqueroso depravado! – lo cacheteó con fuerza.

- ¡¿Qué?! – se sobó su roja mejilla. - ¡Yo hablaba de la garrocha! – señaló el palo que se encontraba en el suelo.

- ¡Conozco a los de tu tipo! – gritó furiosa. - ¡Ni creas que me vas a engatusar! ¡Ay, Aldeeeeee! – corrió hacia el gran toro y lo abrazó. - ¿Cómo puedes juntarte con gente así?

- No lo sé, June. – dijo correspondiendo el abrazo. El gemelo menor comenzó a reírse de lo sucedido a Milo.

- ¿Ves, Kiki? – le preguntó al pequeño que seguía en sus hombros. – Nunca escuches a Milo.

- ¡Sí, señor Kanon!

- ¡Oh, por todos los dioses! – exclamó Marín, observando a Kanon. - ¿Ya viste, Shaina? ¡Vino la cosita linda! – rió tiernamente por debajo de su máscara.

- ¡No lo puedo creer! ¡¿Por qué no me había dado cuenta?! – ambas amazonas se acercaron peligrosamente al gemelo quien sólo pudo dar unos pasos hacia atrás sonrojado. – ¡Yo lo quiero agarrar primero!

- ¿Estás loca, Shaina? ¡Es mío! ¡Yo lo agarraré primero!

- ¡Tranquilas, señoritas! ¡Tengo para las dos! – alzó sus manos.

- ¡Ya te extrañábamos! ¡Hace mucho tiempo que no nos vas a visitar! – le reclamó Shaina. - ¡Quiero comerte a besos!

- ¿Q-q-qué? – titubeó nervioso el griego. - ¡Con qué esas eran tus dichosas reuniones! ¡Saga maldito!

- ¡¿De qué rayos estás hablando, Kanon?! – preguntó Marín. - ¡Ya cállate y deja de moverte! ¡A ver, corazón! – dijo tomando a Kiki en sus brazos y apretándolo contra su pecho.

- ¡Hola, Kiki! – Shaina se acercó. Ambas amazonas comenzaron a mimar al pequeño lemuriano. Milo se carcajeó ante la cara perpleja del gemelo. A lo lejos, Shion trataba de detener la hemorragia nasal de su mejor amigo.

- ¿Sigue sangrando, Dohko? – indagó Shion al momento en que hacía presión en la nariz del chino. Justo en ese instante, Aldebarán pasó abrazado de June.

- ¿Estás bien, Dohko? – preguntó el brasileño.

- Bueno pues… - June se le acercó.

- ¡Ay, qué mala es Shaina! ¡Mira cómo te dejó! – se hincó para estar a su nivel. – Quita esas manos de ahí… ¡quiero ver tu linda cara! – sonrió.

- No, no… - se puso rojo de nuevo pero esta vez debido a los mimos de June. – Por favor…

- ¡Ay, estás sangrando!

- ¡Shioooon! – exclamó alarmado y tapándose nuevamente la nariz. - ¡Necesito papel!

- ¡Ay, Alde! ¡Tus amigos son muy raros! – se cruzó de brazos. – Pero bueno… ¿nos ayudarás?

- Pero niñas, ustedes escogieron ese deporte… ¿me van a decir qué no saben?

- ¡Todo es culpa de las garrochas, Alde! – dijo Marín, acercándose con Kiki en brazos.

- ¡Ya ayúdanos! – habló la italiana.

- ¡Está bien! – el toro suspiró resignado. – No puedo negarme a tres lindas señoritas. – sonrió abiertamente.

- ¡Gracias! ¡Por eso te amamos! – exclamaron al unísono. Aldebarán tomó una garrocha del suelo.

– Verán niñas… lo que tienen que hacer es tomar con fuerza esta vara, calcular la distancia y la altura del salto que desean realizar y luego…

- ¡Tonterías, Aldebarán! – interrumpió Milo. - ¡Miren y aprendan, chicas!

- ¡¿Qué estás haciendo, Milo?! ¡Ya nos rechazaron! – se quejó Kanon.

- ¡Nadie rechaza al gran Milo de Escorpio! – gruñó y tomó vuelo - ¡Ahhhhhhhhhh! – comenzó a correr a toda velocidad con la garrocha y la aventó. - ¡Demonios, estaba muy largo el palo! ¡No va a llegar muy lejos! – se cruzó de brazos.

- ¡Eres un imbécil, Milo! – se acercó el gemelo. - ¡Esto es salto con garrocha no lanzamiento de jabalina, inútil! – lo golpeó en el hombro. - ¡Tú mira y aprende! – Kanon tomó otra garrocha y se preparó para correr.

- No creo que sea buena idea, Kanon… - habló Aldebarán, preocupado.

- ¡No te metas, Aldebarán! ¡Es mi orgullo el que está en juego! – y sin más, salió corriendo con la garrocha en mano. - ¡Ahí voy! ¡Ahhhhhhhh! – la punta de la garrocha tocó el suelo y elevó a Kanon por los aires y sorprendentemente pudo atravesar la barra de cuatro metros de altura. Sin embargo, al caer el palo le dio en ciertas partes íntimas. - ¡MI MADREEEE! – se retorció de dolor en el suelo y todos rieron al verlo tirado de ese modo. - ¡KANON YA NO SERÁ PAPÁ! – se dijo a sí mismo, adolorido.

- Como les decía… - soltó el toro. – No hagan nada de lo que ellos acaban de realizar y… - una hora después de que Aldebarán les enseñara a perfeccionar su salto con garrocha y ganándose el amor de las tres amazonas, Shion interrumpió:

- ¡Bueno, Aldebarán! No hemos amaestrado a ningún pájaro, no has entrenado nada y para resumir no hemos hecho nada productivo este día…

- ¿Pero qué dices, Shion? – lo miró sorprendido. - ¡Hemos pasado todo el día en familia! – sonrió. – Pero está bien… – el gran toro comenzó a prepararse. - ¡Te enseñaré que no necesito ningún entrenamiento, Shion! ¡Todos ustedes siéntense en esas gradas! – señaló el lugar y todos los caballeros, amazonas, el Patriarca y el pequeño Kiki obedecieron. Con toda la facilidad del mundo, Aldebarán levantó las gradas y las amazonas aplaudieron emocionadas.

- ¡Aldebarán, eres el mejor! – aclamó Marín.

- ¡Eso sí es fuerza! – continuó Shaina.

- ¡Ay, sí! – gritó Milo, enojado. - ¡Puedes levantar unas gradas y ya te crees!

- ¿Tú qué opinas, Dohko? – June enredó uno de sus dedos en el cabello del chino. – Es fuerte, ¿o no?

- Sí, sí… - sonrió nervioso sin dejar de taparse la nariz. – Por supuesto que lo es… el… el… m-m-mejor.

- ¡Eres tan lindo! – la rubia lo abrazó con fuerza. - ¡No tanto cómo Alde pero ahí le vas dando!

- ¡Dioses! – intentó apartarla, sin éxito. – Ayuda… - susurró pero nadie lo escuchó.

- ¡Así se hace, Aldebarán! – lo animó Shion. - ¡Pero aún así tienes que practicar más!

- Está bien, Shion… - rió el brasileño y los bajó con facilidad.

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Templo de Cáncer

- ¡Ángelo, dile a Shura que me pase la sal! – ordenó Olle del otro de la mesa.

- Díselo tú… - el italiano siguió comiendo.

- Ángelo, dile a Olle… que se levante y que venga por ella. – contestó Shura.

- Dice que te levantes y vayas por ella. – siguió comiendo.

- ¡¿Y por qué le haces caso a él?! – se quejó Afrodita.

- ¡Obvio, Olle! ¡Yo SÍ soy su amigo! – gruñó.

- ¿Disculpa? – Olle parpadeó varias veces. - ¡Él es más amigo mío que tuyo!

- ¡No me digas! ¡Pues no lo pareció cuando estuviste perdido por tres días! – sonrió orgulloso. - ¿Sabes? Ni siquiera te mencionó una vez… es más… estuvo todo el tiempo CONMIGO y por ello él es MI amigo. – se señaló a sí mismo.

- Oigan… - habló Máscara.

- ¡Tú cállate, idiota! – gritaron al mismo tiempo.

- ¡Él es mío! – el sueco se paró de su lugar y jaló Ángelo del brazo.

- ¡Ah, no, no, no! ¡Él es MÍ amigo! – lo tomó del otro brazo.

- ¡Él es mío!

- ¡Yo lo vi primero! – reclamó el español. - ¡Suéltalo!

- ¡No, tú suéltalo, traidor!

- ¡Vete a comer cocos a otra parte!

- ¡No me voy a ningún lado, sirenito! – continuó jalándolo.

- ¡Ángelo es de mi equipo! ¡Tiene que estar conmigo!

- ¡A LA MIERDAAAAA! ¡SUELTENME, DESGRACIADOS! ¡SI NO SE ARREGLAN LOS DOS, AMBOS SE LARGAN DE MI TEMPLO! – Shura y Olle lo observaron con los ojos bien abiertos. - ¡Y SI NO LO HACEN, OLVIDENSE DE QUE ALGUNA VEZ FUIMOS AMIGOS! ¡CARAJOO! – y sin más se fue de la sala.

- ¡Mira lo que hiciste, idiota! – Afrodita empujó a Shura.

- ¡¿Yo?! ¡Tú fuiste el que empezó todo!

- ¡Ya no te soporto! ¡Me largo de aquí! – gritó el Santo de Piscis dirigiéndose a la salida no sin antes tropezarse con su propio pie y caer de cara al piso. - ¡DEMONIOS, ESTÚPIDA PIERNA! – en ese momento, Shura se empezó a carcajear. - ¡¿DE QUÉ TE RIES?! – arrugó su nariz.

- ¿Ya no te acuerdas? – el español se acercó.

Flashback

- ¡Ay, ay, mi piernita! – se lamentaba un hermoso niño de unos cinco años tirado en el suelo.

- ¡No te quejes, llorón!

- ¡Ángelo, levántame! - extendió sus manitas hacia el italiano. - ¡Cárgame, ahora!

- ¡¿Y a mí quién me va a cargar?! – se cruzó de brazos el pequeño.

- Olle, solamente te resbalaste… no es nada. – dijo el pequeño Shura.

- ¡Pero Shura, creo que me fracturé! – volvió a llorar. - ¡Mira! ¡Necesito puntadas!

- ¡No tienes nada! – gruñó Ángelo. – Sólo es un rasponcito. – le tocó la rodilla con su dedito.

- ¡Ahhhhhhhhh! ¡Me duele! – el sueco se empezó a retorcer de dolor en el suelo. - ¡Denme un abrazo!

- ¡O te abrazo o te cargo! – el italiano entrecerró los ojos.

- A ver… yo tengo un curita. – el peninsular sacó de su bolsillo un curita. – Ahora te lo pondré y ya no te dolerá más, Olle. – se agachó y le colocó el curita en su blanca piel. - ¿Ves? ¡Ya está! – aplaudió.

- Bueno… - Afrodita se secó las lágrimas de sus ojos. - ¡Todo es culpa de Ángelo pero lo perdono!

- ¡Yo no hice nada! – se defendió. - ¡Tú te tropezaste con tu propio pie! ¡Tienes problemas de coordinación!

- ¡No es cierto! ¡Ahora dame un abrazo! – soltó Olle.

- ¡No quiero!

- ¡Qué me lo des!

- ¡No!

- ¡Shuraaa, dame un abrazo! – gritó Olle.

- Está bien… - lo miró dudoso. El español se acercó y abrazó al pequeño niño.

- Te quiero, Shura. – lo abrazó con fuerza. - ¡Ya no me duele la rodilla!

- ¿Ves? ¡Te lo dije! – exclamó orgulloso.

- ¡Oigan, yo también quiero un abrazo! – gritó Ángelo y se acercó corriendo a los dos aprendices.- ¡Pero no se acostumbren! ¡Sólo será por hoy!

- ¡Los quiero a ambos! – sonrió el pequeño Afrodita.

- ¡Ay, eres tan raro, Olle! – se quejó Ángelo, abrazando a los dos niños.

- ¡Cállate!

- Ya no empiecen… - se rió Shura.

Fin del flashback

- Bueno… ¿y eso qué? – Olle seguía en el suelo tirado, sobándose su pie. - ¡Todos saben que siempre he tenido problemas de coordinación!

- Ese no es el punto… tuvimos el mismo flashback, ¿o no? – preguntó el peninsular.

- Sí… ¿y qué?

- ¡¿Qué no te das cuenta de lo que quiero decir?! – rodó los ojos.

- ¿Piensas que con un abrazo se me olvidará todo, que el dolor desaparecerá y que tú y yo volveremos a ser mejores amigos junto con Ángelo?

- Sí, eso pienso, Olle. – Shura se acercó con una sonrisa y lo abrazó. De repente se abrió la puerta de golpe, mostrando a un furioso Ángelo.

- ¿De verdad? ¡Pues yo no...! – Afrodita volteó el rostro indignado. - ¡Ángelo! ¿Qué haces? – Shura miró al italiano.

- ¡Ustedes par de animales, pónganse de pie! – ordeno el Santo de Cáncer. Ambos caballeros obedecieron. - ¡Acérquense ahora!

- ¡No hay ningún problema! ¡Ya lo arreglamos todo! – Shura sacudió las manos, nervioso.

- ¡CÁLLATE, SHURA! ¡AHORA VENGAN! – el italiano extendió sus brazos frente a ellos.

- ¡No nos hagas la llave del Kung Fu otra vez! – dijo Olle.

- ¡Sólo denme un maldito abrazo y cállense de una buena vez! – los dos obedecieron y lo abrazaron.

- ¡Ay, Ángelo no te conocía este lado tan tierno! – Afrodita sonrió burlonamente.

- Marica… - susurró el italiano.

- Entonces… ¿estamos bien? – preguntó Shura.

- Yo creo… - sonrió el sueco.

- Perfecto… ahora que son amigos de nuevo… debes saber que Shura provocó el Tsunami que te envió a la isla.

- ¡SHURAAAAA!

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Coliseo

- ¡Muy bien, Aldebarán! ¡Ya puedes bajar la mezcladora de cemento! – aplaudió Shion. - ¡Entendimos tu punto!

- ¡Te lo dije, Shion! ¡Soy lo mejor en lo que hago! – soltó orgulloso. - ¡Es más, tú déjame a las calandrias y yo mismo las entrenaré!

- Me parece buena idea… - el lemuriano se rascó la barbilla.

- Oye, Alde… ¿ésta es la piscina? – Milo señaló la gran alberca olímpica. - ¿Cómo rayos la hiciste?

- Está genial, ¿no crees? Sólo hay que llenarla. La hice con mucho amor y esfuerzo.

- Ya en serio, Alde…

- Conozco gente… - el toro se encogió de hombros.

- ¿En serio? ¿Conoces gente? ¿Ese era tu diálogo? – preguntó incrédulo Kanon.

- Lo que pasa es que Helena y Francis me dijeron que podía improvisar un poco y he aquí mi improvisación. – rió el santo.

- Tienes razón porque aquí en el guion dice que… - sacó un libreto de su túnica. – Espera… dice… improvisación de Alde…mmmm tienes razón.

- ¡Ay, esas traviesas! ¡Ya no han de saber qué inventar! – exclamó Milo.

- Bueno… pero sinceramente te quedó genial… - comentó Dohko. – No sé si es por la pérdida de sangre y que ya empiezo a delirar o qué pero de verdad te quedó muy bien.

- Ya, ya… no se emocionen… ¿dónde está la antorcha que te encargué? – Shion se cruzó de brazos.

- La que se cargará está en tu habitación… y el pebetero olímpico se colocará por allá… - señaló una parte del coliseo.

- Pero yo te dije que la quería en el techo del Templo Principal…

- Ay, Shion… se verá mejor aquí. – contestó el brasileño. – No sabes lo que me costó hacerlo.

- ¡Aldebarán eres tan inteligente, fuerte y guapo! – lo abrazó June.

- ¡Ay, niñas me sonrojan! – contestó apenado.

- ¡Vamos, Alde! ¡Has trabajado mucho hoy! – las tres amazonas se llevaron a Aldebarán de ahí.

- ¡¿Trabajar?! – se quejó Shion. - ¡En este capítulo no hizo nada!

- ¡Oh, Alde eres taaaan perfecto! – se escuchó a Shaina. - ¡No necesitas entrenar!

- ¡Seremos tus porristas, Alde! – aplaudió Marín.

- ¡Oh, me agrada la idea, chicas! – soltó el toro. Todos los caballeros se quedaron con la boca abierta.

- ¡Cuando sea grande quiero ser cómo Aldebarán, Shion! – saltó kiki contento.

- ¡Demonios! – Milo dio un pisotón en el suelo. - ¡No puedo creer que me hayan rechazado!

- Ni siquiera le tomé la foto… - Shion se rascó la barbilla. – Y ahora que lo pienso, tampoco a Olle y a su equipo.

- ¿Por qué Aldebarán es tan perfecto? – Dohko suspiró frustrado. - ¡Míralo nada más, rodeado de lindas chicas!

- ¡¿Por qué rayos aman tanto a ese toro?! ¡Mírenme! - se quejó Milo de nuevo.

- Aldebarán merece crédito, bicho. – comentó Kanon. – Él ha hecho todo, sin él no habría Olimpiadas.

- Aún así… me agrada el desgraciado. Aunque me pregunto… ¿cómo rayos le hará para ser… tan él? – Milo lo divisó a lo lejos.

- Lo sé, compañero. – Kanon lo abrazó por el hombro. – Ahora vámonos… a comparación de Aldebarán, nosotros sí debemos entrenar.

- ¡Míralo, Kiki! – Shion sonrió orgulloso. – Aquel guerrero… es Aldebarán… quiero decir… El Gran Aldebarán… - cargó al pequeño y ambos miraron al toro perderse de vista en el atardecer. – Maravilloso… - susurró.

- ¡Ay, no seas payaso, Shion! – se burló Dohko. - ¡Ya vámonos que me duele la cabeza!

Continuará ¿?

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Queridos lectores… la verdad es que ya no tenemos más imaginación, ni éxito ni nada así que este es el último capi que subiremos :S Muchas gracias a todos por apoyarnos tanto pero se acabó. Sniff sniff

Adiós

¡Ah se crean! ¿Qué dijeron? Estas nacas ya se fueron hahaha ¡Pues no! haha aún no haha estaremos hasta el fin… o eso esperamos xD

El próximo capi será… ¡LA APERTURA! Así es! Londres acabó pero lo nuestro apenas empieza! Hahahaha

¡Nos leemos hasta el próximo sabadaba!

Helena y Francis Hibiki