"EL AMOR SE REFLEJA EN LOS OJOS"
By:
DARLA ASAKURA
Capítulo 11
ACUERDO PRENUPCIAL
¿Qué esperas para hablar?, dijiste que sabías la razón por la cual Anna "supuestamente" aceptó casarse con Hao… y hasta ahora no nos has dicho nada en concreto.
Le reclamó Yoh, cansado de los rodeos que según él, estaba dando su esposa a propósito. Estaba molesto y se notaba, enterarse que Tamao era la responsable de que su hermano gemelo volviera de la muerte que quiso proporcionarle, no era muy fácil de asimilar para el gran shaman. La chica a su lado, cuyos cabellos habían vuelto a ser rosas, al terminar la fusión que antes había llevado a cabo con su nuevo espíritu acompañante, miró a su marido con una dulce sonrisa en los labios.
Pues verás… la razón, creo que ya te la di.
No tardó en responder, pero lo hizo lentamente, con voz bastante tranquila como si no fuera la misma mujer que momentos antes había hecho despliegue de sus grandes y nuevos poderes, lo cuales le habían sido otorgados al convertirse en la poseedora de la mística piedra que colgaba de su cuello.
Ésta eres tú¿cierto?, dices algo y luego te echas para atrás.
Indicó Yoh, con un timbre de voz muy por encima de lo normal, se estaba transformando. Ella lo estaba transformando, en algo que desconocía… y aunque lo sabía, no podía controlarse. No, cuando era ese bendito asunto inconcluso entre Anna, su hermano, él y su esposa, de lo que se trataba.
¿En qué me eché atrás yo?... te ruego que me lo digas.
Le interrogó a su vez, Tamao. Después de hablar sobre lo ocurrido con Hao, se sentía mucho mejor… conocía a la perfección los pensamientos de su marido y los de la mayoría de los presentes, de hecho los estaba leyendo; nadie parecía estar conforme ni mucho menos de acuerdo con su decisión¿y qué?, eso ella ya lo había presentido, y Hao se lo había advertido, de igual forma ni siquiera él alcanzaba a entender sus motivos. Ahora incluso ella se preguntaba si estos eran reales… dirigió sus ojos hacia el hombre a su lado y añadió de inmediato, como impulsada por un resorte en su interior.
Bueno quizá lo hice al casarme contigo.
Yoh soltó un bufido y sonrió sardónicamente.
Basta ya, es suficiente. Tamao, si tienes algo que decir, dilo.
Se hizo escuchar con la misma autoridad que mostraba todo el tiempo, el abuelo de su esposo y su maestro en todo lo que se refería al arte de la adivinación.
De acuerdo, seré clara.
Dijo la chica con voz suave, mirando a quien fuera tal vez, la persona que más respeto le inspiraba de entre los presentes.
Por una vez en tu vida.
Soltó el rey shaman, haciendo una mueca de incredulidad, que su abuelo no dudó en reprocharle.
Yoh… por favor.
Dijo Yohmei, dirigiendo una mirada furtiva a su nieto, antes de volver toda su atención a la sacerdotisa de cabellos rosas, haciéndole una seña de que podía proseguir.
Hasta donde yo sé, Anna le propuso a Hao, un intercambio. Ella, por algo que tú necesitabas…
Tamao hizo una pausa para mirar un instante a su esposo.
su energía shamánica, parte de su esencia. La tuya ahora.
Concluyó la mujer joven, volviendo su mirada al frente, donde se encontraban los señores Asakura, quienes parecían analizar muy bien, todas y cada una de sus palabras.
Eso es ridículo.
Bufó Yoh, mirando a la chica con un gesto claro de hastío.
No, no lo es… Pensamos que Anna lo había convencido, pero jamás creímos que de esa forma.
Intervino el suegro de la muchacha, al tiempo que su hijo volteaba los ojos, sin creer que su padre llegara siquiera a considerar las tonterías que decía Tamao, estaba claro que ella haría y diría cualquier cosa, cualquier barbaridad, con tal de librar a Hao de toda culpa.
Por Dios, papá… no tenemos pruebas de que eso haya sido así.
Intentó convencerlo el castaño, de su error.
¿mi palabra no es suficiente?
Exclamó Tamao, esperando la respuesta, que sabía de antemano, no sería satisfactoria. Yoh la miró como golpeado por una fuerza invisible¿cómo se le podía cruzar esa idea por la mente¿acaso estaba loca?... ¿quién en sus cinco sentidos podría confiar en su palabra, ya?
No, me temo que no lo es. Nos has mentido tanto Tamao, has estado ocultando tantas cosas.
Fue Kino Asakura la que habló está vez y de hecho Yoh se lo agradecía, su poco autocontrol estaba destrozado, así que entre menos abriera la boca, mejor.
Fue mejor así, además esas cosas sólo me concernían a mí.
Replicó la chica, un tanto apenada, por la respuesta que debía dar y bajó la vista… pero es que era cierto. Salvar a Hao, fue una de las primeras decisiones que tomó por sí misma¿por que entonces discutir sus razones?, de igual modo, no la entenderían.
Y a Hao… te faltó decir eso.
Le corrigió Yoh, con voz trémula.
No ves que al traerlo nos destruiste… que el que viajaras hasta allá, a salvarlo, lo cambió todo.
Volvió a hablar el joven, que ahora se hallaba frente a ella, puesto que en su vago intento por convencer a su padre, había cambiado de lugar. Su voz se escuchaba triste y llena de consternación, al parecer no sabía que debía sentir con respecto a todo aquella situación, eran demasiadas emociones juntas y revueltas.
Claro que lo veo, y no discutiré mis razones contigo ni con nadie.
Respondió Tamao, ya había tomado una decisión… eso era bastante obvio.
Querían la verdad, les estoy dando la verdad, pero… al parecer no pueden asimilarla. No es algo que me sorprenda.
Terminó de decir, meneando la cabeza de una lado a otro, acompañando este gesto con uno de tristeza que surcaba su hermoso rostro.
Crees que dice la verdad?
Le preguntó Len a Pilika, en ese preciso momento. La muchacha de cabellos azules, observó a la mujer que tenían enfrente, se veía más delgada, cansada y muy decidida, pero sin embargo podía percibir la suprema tristeza que le agobiaba en cada ademán que hacía.
Estoy segura de que es así.
Le susurró cálidamente al chino de los centelleantes ojos, que le sostuvo la mirada un minuto, antes de posar una mano en su hombro y volver la vista al frente.
Bueno ahora lo saben, si buscan un responsable del supuesto sufrimiento de Anna, no encontrarán a nadie más que a ella.
La voz de Tamao volvió a escucharse, cuando se inclinó para tomar la manija de su equipaje.
Si quieren más detalles, pregúntenle. Estoy segura que después de que se le pase el berrinche, les contará exactamente que fue lo que ocurrió.
Concluyó, luego de incorporarse, pasando la vista a su alrededor y deteniéndola en su esposo, al notar como los castaños ojos le examinaban sin cesar, mientras su pensamiento divagaba entre la idea de detenerla y la de dejarla ir. Ella por su parte decidió seguir con su camino, y así lo hizo, aquello le facilitaría las cosas a Yoh.
A dónde vas, Tamao?
La voz de Jun Tao, le tomó totalmente por sorpresa, pero aun así se obligó a mirarle y sonreírle débilmente.
Lejos… ya no hay nada que me ate a este lugar…
Le contestó con un hilito de voz y luego se dirigió a su espíritu acompañante.
Némesis, podrías regresar al medallón, por favor.
Ordenó en un susurro.
Como gustes… fue un placer.
La diosa que había permanecido a su lado en silencio, se despidió de los presentes con una breve inclinación de cabeza para luego desaparecer.
Espera Tam…
La voz de la ainu a su espalda, le hizo detenerse, cuando ya había salido de la pensión. Tamao se volteó lentamente para encarar a su amiga peliazul, regalándole de paso una de sus mejores sonrisas, de las antiguas, dulces y tiernas, al parecer estaba volviendo a encontrarse a sí misma, después de tantas cosas vividas.
Pilika.
La llamó por su nombre la sacerdotisa rosa y la otra chica se acercó a ella aun más.
Sólo quiero saber…
Dijo la ainu, observándola fijamente.
Si?
Le instó Tamao a continuar, con amabilidad.
En realidad ya no lo amas?
Preguntó la ainu, haciendo que la chica de cabellos rosas dejara de mantener el contacto visual. Tamao parecía haberse quedado sin palabras y Pilika también guardaba silencio, esperando por la respuesta, sin quitarle los azules ojos de encima.
Tú me conoces… ahora lo amo más que nunca.
Finalmente accedió a dar su respuesta, Tamao, luego de exhalar un fugaz suspiro que Pilika interpretó correctamente como una manera de rendirse a sus sentimientos.
Tanto como Hao a Anna?
Volvió a preguntar la chica del norte, mostrando una pequeña sonrisa en sus labios. Tamao le miró. Cada vez le sorprendía más la alta percepción que poseía Pilika, ella fue una de las pocas personas que reconoció el amor en sus ojos y también en los de Hao.
Tanto o más, Pili. Es increíble la manera como percibes los sentimientos de los demás¿cómo lo haces?
Le interrogó verdaderamente interesada en lo que ella pudiera responderle.
Es un "don".
Exclamó con soltura.
Uno bastante útil.
Afirmó Tamao, con sorna, deseando profundamente poseer un don parecido a ese.
Dímelo a mí, sino hubiese sido por mi "don", jamás me hubiera enterado de que tenía oportunidad con Len… sabes lo difícil que le es, expresar sus sentimientos.
Concordó la hermana menor de Horo Horo, viendo como Tamao cambiaba su expresión triste por una de asombro total.
No es al único. Me alegra por ti.
Dijo Tamao, al tiempo que se acercaba a su amiga para despedirse de ella con un abrazo sincero y realmente divertida ante la sola idea de verle la cara a Horo, cuando se enterara del tipo de interés que Len tenía por su hermana.
Cuídate Tam, y cuida al engreído ese también, dile que deje de meterse en líos.
Le pidió Pilika en un susurro, mientras correspondía el abrazo de su amiga.
Prometo que lo haré.
Contestó entonces la sacerdotisa, ahogando una risita ante el comentario de Pilika, quien también rió.
Yoh te ama.
Le soltó la ainu, repentinamente al oído, por lo que un escalofrío recorrió la espina dorsal de la pelirrosada, quien de inmediato se separo.
Pero eso ya lo sospechabas, no?
Terminó de hablar Pilika, al ver la expresión ensombrecida en el rostro de su amiga.
De que me sirve saberlo. El aun no está listo para aceptarlo del todo, ni mucho menos para luchar por mí. Adiós Pilika.
Le explicó ella, en un susurro casi inaudible y se alejó sin más, por las calles oscuras que rodeaban a Fumbari.
SK -
Unos suaves toques en la puerta de su apartamento, hicieron que Kanna saliera del reino de los sueños, para irse directamente a atender a su inesperado visitante. La chica abrió la puerta y se sorprendió al encontrarse de frente con los castaños ojos del shaman de fuego, del que anteriormente fue fiel seguidora.
Tan rápido estás de vuelta?
Le preguntó cuando éste entró en la casa, sin previo aviso. Pero la alegría en su semblante desapareció al contemplar el extraño comportamiento del moreno.
Todo se acabó, Kanna.
Declaró Hao, con un rastro de amargura demasiado latente en su voz, lo que terminó de alertar a la alta muchacha.
¿De qué hablas, Hao?
Se atrevió a preguntar.
De mi…
Puntualizó el hombre, echándose en uno de los sillones que se hallaban en la sala. Kanna tomó asiento frente a él entonces y se dispuso a escuchar lo que su antiguo Señor, tenía que confiarle, calmadamente y en silencio… luego de pasada aproximadamente media hora en la que él casi no paró de hablar y en la que la chica no hacia nada diferente a escuchar, la mirada del muchacho se clavó en la de ella, esperando por una reacción.
Y bien?
Optó por preguntarle Hao, al notar que ella seguía prefiriendo el silencio.
¿Qué?
Preguntó a su vez Kanna, a lo que Hao rodó los ojos.
¿qué piensas¿crees que hice bien?
Volvió a interrogarla el muchacho castaño.
Cuando te ha importado a ti, lo que yo crea Hao?
Contestó la peliazulada, algo extrañada por la insistencia del joven shaman de que le diera una respuesta y se levantó de inmediato con dirección a la cocina.
Me importa ahora, eres mi amiga.
Le respondió el shaman de fuego, con esa nueva tranquilidad que había hecho suya, pero que en un principio era marca registrada de su hermano gemelo Yoh.
¿amiga?
Repitió Kanna haciendo gala de su incredulidad hacia los sentimientos de los que los seres humanos normales se enorgullecían.
¿Desde cuando crees en la amistad?
Murmuró mirándole un instante, antes de detenerse frente a la cafetera.
He cambiado, Kanna. No soy el mismo.
Exclamó el chico con fastidio, sentándose en una de las dos sillas que acompañaban a la pequeña mesa que se encontraba en el centro de la cocineta.
Ya lo creo, ahora amas y me consideras tu amiga.
Expresó la muchacha enarcando una ceja, sentándose frente a él después de poner a hacer el café.
Kanna…
Hao dijo su nombre en tono de reclamo, por lo que la chica no dudó en interrumpirle enseguida.
Bueno, no debes culparme… he estado viendo tus cambios y aun así, no dejas de asombrarme, no puedo evitarlo… y que me consideres tu "amiga"…
Kanna hizo un énfasis especial en la última palabra, luego de explicarle a Hao su sorpresa.
Eres mi amiga. Me has apoyado cuando nadie más lo ha hecho, sin hacer preguntas. Me escuchas, me has hecho sentir que ya no estoy tan solo, si eso no es amistad, no sé que más pueda ser.
Concluyó el joven de cabellos largos, con total sinceridad.
Basta, harás que se me salten las lágrimas.
Dijo ella, haciendo un gesto en el que se limpiaba unas imaginarias lágrimas de los ojos.
Te estás burlando de mi?
Preguntó el fuerte shaman, comenzando a enojarse ante los comentarios que hacia la muchacha sentada frente a él.
No. Es un honor que me consideres tu amiga, porque me has mostrado como la gente también puede cambiar… como lo has hecho tú, como lo estoy haciendo yo… y pues, siempre vas a poder contar conmigo.
Se encargó de aclararle ella, al notar el nuevo cambio que halló en la expresión del gran shaman.
Gracias… Entonces¿crees que hice bien?
Retomó Hao su antigua pregunta, después de tranquilizarse un poco, aunque no podía quitarse a Anna de la cabeza y menos luego de su último comentario¿y si se había equivocado¿y si dejó que los celos le ganaran… otra vez?. Quizá no debió apresurarse… pero Anna, ella se había atrevido a traicionarlo, apretó los puños con fuerza y al verlo hacer esto, Kanna se apresuró a hablar.
No. Creo que hiciste mal, muy mal. Estás dejando escapar a la única mujer a la que has amado, a la única que amarás.
Los ojos de Hao, la buscaron instintivamente¿de veras eso creía Kanna?… ¿así de desesperado se veía?.
Pero…
Intentó justificarse, pero ella no le dejó.
Querías mi opinión, pues te la estoy dando.
Indicó con voz tranquila, y se levantó a servir el café en dos tazas, mientras Hao la seguía con la mirada.
Está bien.
Aceptó el chico, finalmente Kanna tenía razón en aquello.
Me parece que no debiste dejarte llevar… y creo que ella también te ama.
Agregó la chica al entregarle la taza de humeante café, dejando boquiabierto a Hao y saliendo inmediatamente de la cocina, para darle más dramatismo a la cosa.
Pero que dices… Anna no puede amarme, está enamorada de Yoh.
Recalcó Hao, con convicción al seguirla fuera.
Antes estaba enamorada de Yoh… "Antes", ahora quien sabe. Ha pasado mucho tiempo, Hao… acaso piensas que ese último comentario fue gratis.
Le hizo saber Kanna, al detenerse en la entrada de una habitación, para escuchar las palabras del shaman.
Pero ella me odia, siempre se ha encargado de hacérmelo saber.
Musitó él, adelantándose al abrir la puerta y entrar a la habitación.
Del odio al amor…
Exclamó Kanna, esbozando una sonrisa maliciosa luego.
Eso es tonto, Kanna.
Insistió Hao al sentarse en la cama y comenzar a tomar su café.
¿Te parece normal el comportamiento de esa chica últimamente?
Preguntó la chica de cabellos azules y mirada fría, recargando su espalda en la puerta cerrada.
No… pero…
Comenzó él, dubitativamente.
Esa no es la misma Anna, con la que te casaste. Si no averiguas cuales son los verdaderos sentimientos de ella hacia ti y que tenían de cierto sus palabras, lo vas a lamentar.
No tardó su anfitriona en dar su opinión sincera sobre la situación que estaba logrando que él perdiera el juicio.
Anna es una mujer muy directa. Si me amara, ya me lo hubiera dicho…
Más que convencer a Kanna con ese comentario, Hao intentaba convencerse a sí mismo.
Se lo has dicho tú?
La pregunta de la mujer que le miraba fijamente, alteró sus nervios… tanto ella como él, sabían perfectamente la respuesta, por lo que guardó silencio. Kanna tomó otro sorbo de su café y volvió a hablar.
Eso imaginé. Te voy a dejar para que descanses, pero yo que tú, iría a hablar con ella para aclarar las cosas, así la duda no me perseguiría por el resto de la vida.
Él prefirió no decir nada, la observó salir de la habitación sin agregar nada más y dejándolo a él, en una gran encrucijada. ¿Sería cierto¿podría Anna amarlo realmente?... Hao se quedó con su soledad y con este pensamiento dándole vueltas en la cabeza, quitándole el sueño de una forma mucho más efectiva que toda la cafeína que en aquel instante terminaba de tomar.
SK -
Hao había dormido poco, puesto que aun dudaba, y es que tenía razones suficientes para hacerlo. Kanna tenía razón, desde hacía un tiempo para acá Anna no se estaba comportando de la misma manera en la que se había comportado desde que la conoció, y a esto se sumaban sus propias palabras, la anterior noche antes de irse de la pensión. Sacudió la cabeza de un lado a otro y salió de la habitación dispuesto a despedirse de su amiga, porque lo que ahora necesitaba era estar solo para hallar una solución a todo ese embrollo.
Bueno… ¿a dónde irás?, si quieres puedes quedarte por un tiempo.
Le ofreció Kanna, cuando el muchacho de cabellos largos y castaños, le comunicó su decisión.
No, mejor voy a casa.
Exclamó él, sin más.
Con Anna?... ¿la vas a buscar?
La ilusión en la voz de la peliazul, era notoria. De verdad quería que ese a quién en el pasado hubiera seguido hasta el mismo infierno ciegamente, consiguiera aplacar su orgulloso corazón y pudiera hallar la felicidad… y sinceramente ésta solo podría hallarla al lado de su rubia esposa.
Creo que sería perder el tiempo, no va a querer hablar conmigo.
Le respondió él, con un tono triste y ronco, que a la muchacha le sorprendió. ¿Realmente se estaba dando por vencido?
Aun no lo intentas.
Le recordó ella, mirándolo de hito en hito.
Lo pensaré¿de acuerdo?
Dijo Hao, pues supuso que si no lo hacía entonces Kanna no dejaría de insistirle en lo mismo.
Como quieras…
Dijo la chica, era mejor dejarle tranquilo o terminaría mandándola al diablo, estaba segura que ya le quedaba muy poca paciencia.
Gracias por entender.
Fueron las palabras de Hao, quien había esperado que tal vez Kanna le insistiera un poquito más, pero ésta no lo hizo, facilitándole un poco las cosas o por lo menos eso creyó.
Que te vaya bien.
Se despidió la muchacha, acompañándolo a la puerta y mordiéndose la lengua para no hablar de más.
Igual.
Respondió el chico y se despidió con desanimo, saliendo por la puerta que ella mantenía abierta.
SK -
"Otra vez solo"… se dijo a sí mismo, el que era reconocido como el mejor shaman del mundo, quien alguna vez fue sumamente temido, por todos, bueno por casi todos… ella, la mujer que eligió para ser su esposa, jamás le tuvo miedo y sí lo hizo nunca se lo demostró. Siempre altiva, bella, orgullosa… desde que la conoció lo supo, supo que si habría de casarse en esta vida, no podía ser con nadie más… era ella o nadie. Al abrir la puerta del caserón, se sorprendió al encontrarlo extremadamente diferente a como la había dejado… todo estaba limpio, más que limpio… Impecable.
Recorrió la casa, tranquilamente¿a qué le podía temer Hao Asakura?... además ya todo lo malo le había ocurrido. Siguió su camino, pero ésta parecía desierta… cada cosa en su lugar, sin telarañas, los muebles sin sabanas blancas, muy bien organizado todo… válgame, nunca pensó que se podía ver así de bien… además todas las ventanas abiertas de par en par, permitían a la luz solar llegar hasta los rincones más oscuros. Iba a pasar de largo por la cocina, que también estaba reluciente y despedía un olorcillo delicioso, parecido a uno de esos guisos que solía hacer Tamao… Tamao!...
Ya me empezaba a preocupar.
Le escuchó de inmediato decir a sus espaldas, nada más pensar en ella, se dio la vuelta y observó lo que le pareció una aparición. Ahí estaba la pelirrosada, con un delantal sobre su vestido veranero blanco con flores de color rosa, y con una pañoleta blanca recogiendo su largo cabello en alto, parada en el umbral de la puerta que daba al patio trasero.
¿Qué haces aquí, Tamao?
Exclamó él, sin tratar de disimular su asombro.
Pues… quedé muy consternada por tu reacción de ayer, generalmente piensas más las cosas.
Dijo la chica con voz bastante normal, entrando a la cocina tranquilamente.
No tenía mucho que pensar. ¿Qué le hiciste a esta casa?
Replicó él, con un tono que dejaba entrever su fastidio, por la observación de la sacerdotisa.
Bueno… no tenía mucho sueño, así que limpie un poco…
Respondió la muchacha, dedicándole una sonrisa dulce.
Ya veo.
Dijo él y luego guardó silencio.
¿no te molesta o sí?
Preguntó Tamao, acercándose a Hao, para observarlo mejor.
¿Por qué no me lo dijiste?
Se decidió a preguntar el chico, sin dejar de mirarla.
Pues precisamente, porque temía a tu reacción.
Respondió ella, siguiendo de largo hasta la estufa, tratando de huirle a su mirada.
O sea, que tu puedes manejarlo pero yo no.
Le espetó él, con cierto enfado, creciendo en su voz.
¿quieres desayunar?
Trato de apaciguar los ánimos caldeados, Tamao. Ofreciéndole un plato.
Quiero que me expliques.
Demandó el joven shaman de fuego, tratando de adivinar sus pensamientos.
No te dije nada, porque era lo mejor… sobretodo para ti.
Fue la corta respuesta de la pelirrosada, que colocó el plato en la mesa frente a ellos.
No quiero, ni necesito, que me cuides y me protejas, Tamao.
Terminó de decir Hao, colocando los brazos en jarra y con el cansancio reflejado en sus pupilas.
El orgullo es mal consejero Hao, y los celos te ciegan.
Le advirtió la chica y se volvió para preparar el té.
Aun así…
Hao respondió enseguida y calló un instante que la chica utilizó de inmediato, para ofrecerle una disculpa.
Lo siento, Hao… tal vez si debí decírtelo, en serio lo lamento. Sin embargo, eso no justifica lo que hiciste ayer.
Expresó su opinión ella, haciendo que él la mirara como si no tuviera la más remota idea de lo que hablaba.
¿qué cosa?
Le interrogó perplejo.
Casi matar a Yoh, pedir la anulación, el divorcio o lo que sea… Mucho menos inventar esa historia donde quedas como el único culpable, con tal de aliviar tu dolor.
Le aclaró los pensamientos Tamao, sentándose a la mesa con una bandeja donde llevaba la tetera y dos tazas.
No lo hice por eso.
Negó él, con sorna.
No. También lo hiciste para librar a Anna de tu horrible presencia… ¿pero te preguntaste, si era eso lo que ella quería?
Habló la chica, mientras servía el té, en las respectivas tazas. Él la observó atónito, ante sus palabras. Parecía como si ella y Kanna se hubieran puesto de acuerdo, para hacerle dudar de sus acciones, pero aquello era imposible.
¿Qué quieres decir?
Dijo sentándose a su lado.
Hablo de que a lo mejor, Anna no te agradece el supuesto favor que le hiciste. Hablo de que creo que ustedes dos pueden ser felices juntos, pero alguien debe dar su brazo a torcer… y creo que ese alguien debes ser tú.
Le indicó la muchacha y luego le entregó la taza de té verde.
Pero¿y lo que sucedió con Yoh¿quieres que simplemente lo olvide?, así nada más.
La cara de Hao mostraba su tremenda confusión, Tamao no estaba segura de que era lo que él quería oír, pero sí de que era lo que debía decirle. Tomó un pequeño sorbo de su té, para hablar luego.
Te convendría hacerlo, si quieres ser feliz.
Hao quedó petrificado¿ese era su consejo?...
¿y tú ya lo hiciste?
Le preguntó, cuando al fin se sintió capaz de hablar y mecánicamente tomó un trago de su té.
Lo mío es diferente, Yoh ahora está muy confundido, está en un dilema, no sabe si debe odiarme o amarme.
Musitó la chica a su lado, bajando la taza desde sus labios a la mesa.
Y eso a raíz de qué?
Volvió a preguntar, con un amargo y raro sabor en la boca, se quedó contemplando el líquido verde que aun desprendía humo. Tenía un mal presentimiento.
De que volví a salvarte el pellejo frente a los Asakura, lo cual te concede cierto tiempo extra para que puedas aclarar las cosas con Anna.
Se escuchó a sí misma hablar, la muchacha de rosa.
¿Y se puede saber como hiciste eso?
Dijo el shaman de fuego, mirando a la chica como si la desconociera.
Pues, les conté todo.
Soltó ella, sin mirarlo.
Todo?
Preguntó el chico, como si temiera lo peor.
Sí, todo. Que yo te ayudé a recuperar tus poderes, la verdad sobre el acuerdo prenupcial que hicieron Anna y tú… todo.
Respondió quedamente y esperó tranquilamente, la explosión que sabía vendría de parte del castaño.
Tamao, te volviste loca… te dije claramente que no quería que nadie se enterara de eso, dime ¿qué diablos pensabas ganar con hacerlo?
El muchacho se volvió histérico y ella simplemente entrecerró los ojos.
Ya te lo dije, conseguir tiempo para que hablaras con tu esposa… tus abuelos no harán nada, hasta que no estén convencidos de lo que es lo correcto.
Volvió a comenzar su explicación calmadamente la muchacha, dando de vez en cuando pequeños sorbitos a su taza, sin atreverse a mirarlo.
No puedo creer que rompieras una promesa.
Concluyó él, como si lo peor hubiera sucedido y se cruzó de brazos. La muchacha tomó una bocanada de aire y algo de valor, para terminar de aclararle las cosas a Hao.
No comencemos, era necesario para medio limpiar tu imagen…
Dijo y emitió un suspirito de alivio, al volver a ver el rostro del muchacho y no encontrar ya rastro de enojo en él, más bien parecía pensativo y distante en ese momento.
Hao, hazme caso, ve a buscar a Anna, no lo pienses más. Cada minuto que pierdes es precioso, esa mujer es supremamente orgullosa.
Le sugirió Tamao, a quien no le gustaba verlo así.
Lo voy a pensar.
Gruñó él y se puso en pie, para luego salir de la cocina sin agregar una sola palabra más.
Bueno, eso es mejor que nada.
La mujer lo observó irse y volvió a suspirar, cuando aquel muchacho quería dárselas de terco, lo hacía mejor que nadie. Se levantó también y tomó el plato intacto de guiso, para devolverlo de nuevo a la cacerola.
SK -
Un gran árbol y un río. El shaman que manejaba los cinco elementos e incluso su propia reencarnación, se mostraba siempre más tranquilo a la sombra de aquel árbol que se hallaba a la vera de ese riachuelo. Pasó allí el resto del día, mirando como las horas transcurrían y como su imagen en las aguas transparentes se distorsionaba, cada vez que lanzaba un piedrecilla dentro¿Cuántas veces en el día se había hecho la misma pregunta?... había cometido un error, eso era seguro, pero ¿cual había sido este?... ¿quizá resucitar en este tiempo¿participar en el torneo¿conocerla?… todo terminaba en ella, desde que la conoció se había convertido en su principio y en su final… ya no le importaba nada en la vida, solo pensaba en ella… en llegar a ella, a su corazón. Era la única meta verdadera… la única que le importaba, pero el día anterior al enterarse de ese beso… de ese maldito beso; Hao dio un respingo… hubiera sido mejor no saberlo, no la hubiese dejado ir así… tan fácil, jamás hubiera renunciado a ella. Dio un golpe en la tierra con un puño.
Miró al cielo, ya anochecía… los matices naranjas dorados del atardecer que hubo contemplado momentos antes, estaban desapareciendo bajo un manto oscuro que traería consigo las estrellas y él todavía no se sentía con ganas de moverse de allí, silenciosamente le agradeció a la sacerdotisa rosada que le permitiera estar a solas, la mayor parte del día… la intemperie no le importaba, estaba acostumbrado, amaba a la naturaleza… amaba a ese planeta, que una vez quiso proteger de los humanos simples, pero ahora ni siquiera esa meta le resultaba más atractiva que conseguir el amor de Anna, de su esposa. La imagen de la rubia apareció de la nada en su mente, ocupándola por completo, suspiró y dejó de observar el cielo, para dedicarse a contemplar nuevamente las ya oscuras aguas, que corrían libres al tiempo que un recuerdo vívido llegó a su mente repentinamente, Hao se entregó a éste enseguida, rememorando lo sucedido en esa misma casa hacía poco o más de dos años, el día en Anna volvió a su vida, decidida a quedarse en ella y transformarla para siempre.
Flash Back
Una noche a solas... disfrutaba de la soledad, siempre se había sentido solo, aunque a veces ansiaba compañía, pero una compañía interesante. Tamao había conseguido hacerle entender el valor de una buena conversación, aunque todavía era una chica muy tímida. Sonrió al notar que aquella noche, al parecer no sería tan tranquila y solitaria como lo había creído... Suspiró y contuvo una risa maliciosa que le hacía cosquillas en la garganta. Es que aquella criatura no se cansaba de insistir.
Se te está haciendo costumbre esto de venir a visitarme.
Se escuchó decir a Hao Asakura, en la antes vacía y oscura estancia. Todas aquellas lámparas que se hallaban dentro, brillaron con un fuego escarlata, nada más la chica apareció en el umbral. Ella no pareció sorprenderse con esto, como hacerlo si siempre que iba a aquel lugar, lo mismo sucedía… los ojos marrones del Asakura mayor se fijaron con interés en la femenina figura.
No vine simplemente a hacerte una visita.
Dijo ella, con voz helada… sin rastro de emoción.
Ah no?
Murmuró él, sin moverse de su lugar, pero sí enarcando una ceja.
No. Vine a decirte que acepto.
Soltó ella con acidez. Hao la miró con algo más que estupefacción, no sabía que decir, sencillamente no estaba seguro de a que se refería Anna con eso.
Que aceptas qué?
Se decidió a preguntar él con voz segura y grave.
Casarme contigo.
Anna miró hacia otro lado al decir aquello y Hao, a quien todo eso tomaba totalmente de improviso, no pudo hacer más que fruncir el entrecejo, de verdad confundido, pero se obligó a hablar.
Ok, debo admitir que esto si no me lo esperaba. ¿Estás segura?
Le dijo, acercándose a ella, poco a poco, muy lentamente, sin dejar de observar a la chica, y maravillándose ante las locuras de ésta, no recordaba haberle propuesto matrimonio antes. Anna volvió su mirada hacia el shaman de fuego, apenas sintió que se acercaba y lo miró con un odio tan grande que él pudo distinguirlo aun desde lejos.
Sí. Pero tengo mis propias condiciones.
Expuso ella, sin perder el tiempo. Anna estaba segura de lo que había decidido hacer, era horrible pero si esa era la única manera en que podía ayudar a Yoh, lo haría. Y al parecer era la única salida que le quedaba, el amor implica sacrificio ¿no?... bueno en está oportunidad le tocaba a ella ser la sacrificada, Yoh ya lo había hecho muchas veces antes. Los ojos negros se dirigieron a la persona que más odiaba en el mundo, que irónicamente tenía el mismo rostro que aquella a la que más amaba.
Eso era lógico, te escucho.
Concordó él, sin pensar ni por un segundo que a ella no se le ocurriría algo como aquello, Anna jamás dejaba que otro manejara la situación si ella estaba presente. De todas formas él no había planeado eso, pero sería interesante escuchar lo que tenía para decirle. Sonrió con malicia y la miró exponerle sus condiciones.
Primero: Tienes que ayudar a Yoh.
La chica rubia, se cruzó de brazos, apretando los dientes, al esperar la respuesta que el otro tendría que darle.
Eso ya lo daba por hecho.
Fue el sencillo comentario del shaman.
Segundo: Quiero una casa para mí, lejos de Fumbari… pero esta no, no me gusta.
Dijo con total seguridad y en un tono bastante despectivo, mientras recorría la habitación con los ojos de ébano, para detenerse en él luego.
Eso se puede arreglar.
Murmuró Hao Asakura, mirando a la chica sin inmutarse ante sus palabras. Anna solo quería darle alguna molestia al shaman, por lo que le defraudó un poco que a él no le preocupara lo de la casa; pero casi enseguida tuvo una mejor idea.
No me puedes tocar, a menos que yo te lo permita… lo cual, sinceramente no creo que suceda.
Le espetó con una suavidad y una dulzura, que nunca jamás había utilizado con él ni con nadie. El moreno de cabellos castaños amplió la sonrisa en sus labios y la examinó minuciosamente de arriba a abajo y de abajo a arriba, deteniéndose muy eficazmente en los puntos claves de su figura y con una mueca de diversión en el rostro, volvió a buscar las dos perlas negras que la chica tenía por ojos, para mirarlos muy fijamente y soltarle sin más preámbulos.
No le veo ningún problema a ese punto.
Su voz sonó ronca y algo cruel, pero a ella no le importaba. Lo importante es que era ella quien ponía las condiciones allí y que nunca bajaba la mirada ante nadie, mucho menos ante un asesino sucio, vil y manipulador, como lo era él.
Otra cosa… nadie nunca, bajo ninguna circunstancia se debe enterar de lo que se ha hablado aquí esta noche.
Señaló la chica duramente, ese era la mayor de sus condiciones, su orgullo no podría resistir que alguien se enterara que tuvo que acceder a los estúpidos caprichos del shaman de fuego. La mirada de Hao se tornó más curiosa e inquietante de lo que lo había sido, en lo transcurrido de la conversación donde se ponían de acuerdo sobre su futuro.
Por mi no hay problema… pero tengo curiosidad¿qué pretendes decirle a todos, para que acepten este ligero cambio en tus planes?
Musitó el gran shaman, ansiando su respuesta.
Que me enamoré de ti, y tú me ayudarás a que se lo crean.
La primera parte de la oración la dijo con asco y la otra fue una orden directa. La sonrisa de Hao se borró por completo de su rostro, Anna siempre lo vería así, con asco.
Y con eso bastará?
Preguntó el pelilargo, desviándose hacia la ventana abierta que dejaba ver el cielo estrellado, y al mismo tiempo dándole la espalda a propósito.
No podrán oponerse.
Afirmó la chica, sin quitarle los ojos de encima.
No, quien osaría hacerlo… ¿algo más?
Declaró él, volteando a mirarla. Aun no le había dicho que sí o que no, pero Anna ya daba por hecho que el sí era definitivo… así que, la dejaría hablar, quería saber que otra idea descabellada podría ocurrírsele en esa rubia cabecita.
Ahora que lo mencionas, sí… espero que no se te pase siquiera por la cabeza, el serme infiel… Si por cualquier casualidad del destino, llegara a ocurrir y te descubro, se acabó. El débil lazo que nos unirá, se desharía inmediatamente. ¿Fui lo suficiente clara?
Anna hizo la pregunta de forma maquiavélica, sabía que él odiaba que lo trataran como a un ser inferior y ella lo hacía a cada rato, con las más crueles intenciones y sí que lo disfrutaba.
Sí, creo que sí.
Respondió él, quedamente y de forma bastante dócil. Se podía dar una idea de lo que ella tramaba con sus estúpidas condiciones, pero ahora él le daría su respuesta, aun sabiendo que Anna no se quedaría con aquella humillación, sin embargo en el mismo instante que se preparaba para decirle que no recordaba haberle propuesto matrimonio, ella se le adelantó con un…
Podrás cumplir con todas mis condiciones?
Los ojos de Hao se volvieron de fuego, así que era un reto… lo estaba desafiando, de eso se trataba. Ese último comentario cambió radicalmente la decisión del shaman, sí de verdad era eso lo que ella quería, retarlo, entonces él aceptaría el reto con gusto. Se acercó a la chica que lo observaba atentamente, hasta quedar a un par de pasos de ella.
A ver, déjame pensarlo… He vuelto tres veces de la muerte, puedo manejar los cinco elementos de la naturaleza a mi antojo; sí, creo que podré con todas ellas.
Fue la ingeniosa respuesta del shaman, repleta de sarcasmo, mientras le sostenía la mirada desdeñosa a la altiva rubia, que en ese mismo momento se había convertido en su futura esposa.
Bien, entonces tenemos un trato.
Aseguró la sacerdotisa, vestida de negro, al tenderle una mano al pelilargo, que él no dudó en estrechar como señal de haber llegado a un acuerdo.
Fin Flash Back
No debí haber aceptado eso, pensaba Hao, retirando la mirada de las aguas oscuras de aquel río. Suspiró y se recostó en el tronco del viejo árbol. Solo la dejé que me enredara en su juego y terminé aquí, rendido ante su recuerdo, ante una mujer… te desconozco, Oh gran Hao Asakura!... se regañaba el joven y poderoso shaman mentalmente, hasta que recordó algo que había dejado pasar muy fácilmente. Anna había dicho… una de sus condiciones precisamente era… se pasó una mano por la frente con un gesto de hastío, como pudo dejar pasar aquel detalle, ella no lo haría sin una buena razón… Su esposa era muy orgullosa, demasiado… entonces porque no le hizo ver que había incumplido una de sus condiciones… ¿por qué Anna?, tú sabías perfectamente que yo tenía una amante. Sabías que había alguien más… eso bastaba para cancelar nuestro trato, pero no hiciste nada… ¿Por qué harías tú algo así?... no tenías ninguna razón… a menos qué… ¡Diablos!, a menos que no quisieras separarte de mí!.
Los pensamientos del shaman le hicieron terminar de tomar una decisión, debía hablar con Anna… se puso de pie, llamó a su espíritu acompañante y no tardó en desaparecer envuelto en llamas, mientras desde la ventana una muchacha de cabellos rosas, esbozaba una sonrisa de total satisfacción.
SK -
Un suspiro llenó la habitación en la que se encontraba, todo a su alrededor le parecía estar de más; desde la noche anterior cuando Hao se enteró de lo que había sucedido entre Yoh y ella, Anna no había tenido ni un solo instante de paz a solas en la casa que él comprara para los dos, años atrás… cuando la chica se lo exigió. Había llorado mucho, se sentía muy idiota por hacerlo, pero no podía impedir que las lágrimas brotaran de sus negros ojos… aunque analizando bien todo aquello, no era ninguna idiota, simplemente era una mujer enamorada… enamorada de alguien que no le correspondería nunca, alguien que ni siquiera la quería ya a su lado, un amor imposible… pero ella se lo había buscado. Nunca debió acudir a él, en primer lugar.
Flash Back
Anna se detuvo en seco y lo encaró sin un ápice de duda en sus movimientos. Hao le miró o más bien le admiró, era una mujer supremamente fuerte.
Soy capaz de hacer cualquier cosa por él, por salvarlo.
Dijo la chica con una seguridad sorprendente.
¿cualquier cosa?
Repitió él, sin dejar de mirarla.
Ayúdalo Hao, y obtendrás algo que jamás podrías llegar a tocar, si no lo hicieras.
Le ofreció ella, sin cambiar su expresión inalterable.
Ah si¿y que es ese "algo"?... si se puede saber.
Le preguntó él, sumamente intrigado con las palabras de la chica dorada, enarcando una ceja.
Yo, Hao… me tendrías a mí.
Aseguró ella, caminando hacia donde él se hallaba, con una mirada que a él le resultaba totalmente indescifrable. Hao trató de leer los pensamientos de Anna, pero halló su mente en blanco, así que se limitó a seguirla con la mirada.
¿Me estás proponiendo, lo que creo que me estás proponiendo?
Acertó a preguntar el joven, a quien se le notaba un asomo de sonrisa en los labios, al pensar en eso.
Precisamente.
Los ojos de la sacerdotisa brillaron, de una forma fuera de lo común, al detenerse muy cerca al joven y magnifico shaman.
¿tanto lo amas?
La intención de Hao nunca fue preguntar aquello, pero las palabras escaparon de su boca.
Así es.
Le aclaró la chica, no esperaba que él creyera que lo hacía por algo más, sólo lo hacía porque no había quedado otra opción.
¿cómo sabré que si lo ayudo, cumplirás tu palabra?
Le interrogó el chico, mirándola fijamente y con una sonrisa enigmática animando su hermoso rostro moreno. Anna le miró también, y acortó la poca distancia que existía entre los dos, quedando sus rostros a milímetros, Hao bajó instintivamente el suyo un poco más, quería saber que se traía su sacerdotisa preferida entre manos y observó la manera en como ésta le miraba, provocándolo, incitándolo.
Te parece suficiente adelanto.
Susurró Anna, golpeando suavemente el rostro del shaman con su aliento, para luego aprisionar sus labios con los suyos, regalándole un beso bastante excitante, profundo pero sin sentimiento. Hao le correspondió de igual manera, para luego apartarse de ella, dando un paso hacia atrás.
Es una propuesta muy tentadora, pero me temo que no puedo aceptarla.
Dijo, después de recuperar el aliento que la chica le robara con aquel beso inesperado.
¿qué?
Exclamó ella confundida, sin dar crédito a sus oídos. Él sonrió de una forma extraña… algo que ella no comprendía.
Si vas a ser mía, Anna… no será de esta forma, sólo tendré tu cuerpo luego de que te conviertas en mi esposa.
Le explicó el shaman con voz tranquila, a lo que ella sonrío sardónicamente, imitándolo sin querer.
Y yo que creí, que ya no podrías volverte más loco… puedo entregarte una noche de mi vida, pero jamás podría dedicarla enteramente a ti.
Concluyó ella sin elevar la voz, pero mirándolo como si esperara verlo caer muerto en cualquier momento.
Y pensar que hasta hace poco estabas dispuesta a todo… Vuelve cuando te comportes como persona normal: pidiendo lo que necesitas, no exigiéndolo.
Le propuso él, para luego darse vuelta y salir de la habitación, dejando a la chica sola con el silencio reinante que precedió a sus palabras.
Fin Flash Back
Anna ahogó un grito, se odió a sí misma por su estupidez… fue ella, ella fue quien se le ofreció. Nada hubiera sucedido si no se le hubiese ocurrido aquella tontería. ¿Y si no lo hubiera hecho?... ¿Yoh estuviera vivo¿Hao lo habría ayudado?... no lo sabía, quizá nunca lo sabría ya, y sinceramente no le importaba… ¿por qué se había tenido que enamorar de él?... se cansó rápidamente de hacerse preguntas bobas de las que jamás obtendría una repuesta concisa, y abandonó aquella estancia llena de libros, donde solía ocultarse él, con la única y verdadera intención de irse a la cama, deseando fervientemente poder conciliar el sueño, pero más que nada… no despertar jamás.
Ah, aquí estás.
La voz de él, inconfundible como siempre, hizo que su corazón se acelerara en el interior de su pecho. Anna acababa de cerrar la puerta de su habitación y por una fracción de segundo se intentó convencer que todo aquello no estaba sucediendo, que él no estaba allí… temía a su presencia, por primera vez en muchísimos años… no quería verlo, pero debía demostrarle que había comprendido el mensaje de la noche anterior.
¿qué se supone que estás haciendo tú aquí?
Le gritó nada más se dio la vuelta, todo un día sin verlo, extrañándolo y ahora se veía obligada a echarlo de su lado. No quería hacerlo, pero él era quien no quería estar ahí.
Esta también es mi casa, pensé que eso estaba claro.
Respondió él, con el ceño fruncido, por la manera fría en la que ella le recibió.
Bien… perfecto, entonces quédate con tu casa.
Le dijo con la voz cargada de amargura, la chica vestida de negro, dándose vuelta de inmediato, para salir de allí.
Anna, no seas infantil… ese orgullo tuyo, va a llevarte al cementerio más rápido de lo que piensas.
Musitó Hao interponiéndose en el camino de la rubia, con los nervios prácticamente colapsados, no quería más enfrentamientos, ya estaba cansado de ellos.
¿qué?, cuéntame... ¿debo tomar eso como una amenaza¿por qué no me matas de una vez y dejas de torturarme?
Habló ella, retándolo con la mirada. No entendía que podía estar buscando él allí, si el día anterior había dado por terminado su matrimonio.
Siéntate.
Le indicó él, haciendo un esfuerzo para que su voz sonara normal, para que los nervios no le traicionaran. Anna le dedicó una mirada asesina, antes de volver a hablar.
Después de humillarme en público, como lo hiciste¿de verdad piensas que te obedeceré?
Preguntó la chica, de forma altanera, mirándolo directamente a los castaños ojos.
Sí.
Afirmó él, totalmente seguro.
Eres un maldito iluso.
Replicó la chica con un odio casi palpable. Hao la miró… era tan hermosa y cuando se sentía confusa, ofendida o al borde de un ataque se veía aun más bella.
Iluso todo lo que quieras, pero aun así tu esposo.
Fue la respuesta del shaman de fuego, quiso tocarla pero ella no le dejó, apartándose rápidamente, como si temiera a que le quemara.
Já... No por mucho tiempo, a ti las gracias.
Hao cerró los puños, al escuchar aquello.
Creo que te pedí que te sentaras.
Le indicó, señalándole una silla cerca de la ventana.
Ordené, querrás decir.
Le corrigió ella, despacio.
¿Por qué todo lo tienes que hacer tan difícil?
Preguntó Hao, ya algo exasperado ante su actitud. Sólo ella tenía el don de casi volverlo loco solo con palabras.
Ah yo?
Exclamó ella, señalando su pecho con el dedo índice y como si no entendiera para nada a que se refería su esposo.
Si tú, Tú Anna… siempre tú.
El mayor de los Asakura, habló con un dolor genuino… sólo quería entender, hablar… y estaba dispuesto a exponer abiertamente todos sus sentimientos.
Hay que ver…
Dijo ella, enojada. La única que merecía sentirse herida allí era ella y por eso debía largarse enseguida. Se encaminó hacia la puerta pero cuando paso al lado de su inigualable esposo, notó en su mirada algo que le preocupó.
Está bien, vete… pero esto, se queda conmigo.
Anna sintió que el mundo se le venía a los pies, cuando vio lo que el muchacho de cabellos castaños sostenía en una de sus manos.
¿De dónde lo sacaste?
Se apresuró a preguntar la mujer, deteniendo la marcha.
¿tú, de donde crees?
Le interrogó a su vez, Hao. Ella se quedó muda, las palabras se le atrancaron en la garganta. ¿Lo habría leído?... si así era, estaba perdida.
Siempre me causó curiosidad… ¿sabes?, que era aquello de lo que tanto escribías aquí, cuando te quedabas sola.
Las palabras de Hao se amontonaban en la cabeza de la rubia¿cómo se había atrevido?
¿lo leíste?
Finalmente habló la chica, con los ojos clavados en el cuaderno de sus confidencias.
Es muy interesante lo que la gente escribe, cuando tiene suficiente inspiración. ¿no lo crees Annita?
Decía Hao, sin dejar de observar a la chica con malicia, parecía tan ofendida y asustada.
¿lo leíste?... respóndeme¿lo hiciste?
Le insistía Anna, ya desesperada.
Parece que ya no tienes tantos deseos de irte¿o sí?
Hao sabía que tenía las de ganar, por lo que se tranquilizó algo… al menos iba a tener la oportunidad de hablar con ella.
Desde cuando…
Comenzó ella, pero él le interrumpió.
Sé de su existencia?... hace mucho tiempo, Anna. También hace mucho descubrí tu escondite, pero nunca se me dio por tomarlo, menos por leerlo.
Hao completó la pregunta de su esposa y se dedicó a darle la respuesta.
Hasta hoy.
Susurró ella, algo derrotada.
Todavía no lo leo, aunque ganas no me faltan.
Dijo él, en tono serio.
Devuélvemelo… dámelo, Hao.
Decía ella, tratando de arrebatárselo de las manos, lo cual él impedía fácilmente.
Tranquila, si quisiera enterarme por medio del diario, ya lo habría hecho.
Le murmuró él al oído, haciéndola temblar de los pies a la cabeza, cuando por fin la pudo inmovilizar, aprisionándola contra su cuerpo, sosteniendo las dos muñecas de la chica con una de sus manos, mientras que la otra aun sostenía el diario.
¿qué es lo que quieres?
Gimió ella, que no podía encontrarse en una posición más incomoda, su esposo tenía en su poder el cuaderno donde había escrito todo aquello que no se atrevía a decir, no podía haber caído en peores manos y para colmo de males, ahora sentía el calor de su cuerpo varonil contra el suyo, por haber cedido a uno de sus impulsos. Se sentía atrapada…
Hablar. Siéntate.
Ordenó, soltándola e indicándole nuevamente la silla. Anna obedeció, sin poner resistencia, se había quejado por la cercanía de su esposo, pero realmente no se sintió para nada aliviada cuando él la apartó de su cuerpo, de hecho resintió aquella acción.
Dímelo Anna.
Ordenó él, ella lo miró sin saber que debía decir.
¿qué?
Musitó ella, con algo de rencor en su hermosa voz.
Lo que escribiste en el bendito cuaderno, Anna. Quiero saberlo, escucharlo de ti… ¿qué fue lo que ocurrió el día de la boda de Yoh y Tamao?
Anna apartó la mirada de donde se encontraba su esposo y guardó silencio. Hao se acercó a ella y le tomó por el mentón obligándola a verlo.
Yo… No sé que quieres escuchar.
Fue lo único que acertó a decir la rubia, ante la mirada expectante de Hao. Creyó imposible poder mentirle a esos ojos esta vez.
Lo que sientes… la verdad, solo eso.
Prácticamente rogó Hao. Ella no podía ni quería huir… pero no sabía como expresarse, no lo lograba.
Quizá hubiera sido mejor que lo leyeras.
Atinó a decir ella… Hao se agachó para quedar a su nivel, sólo le importaba saber lo que sentía su esposa, saber si sus sentimientos realmente eran correspondidos… si su conclusión era verdadera, si ella no deseaba separarse de él.
Dímelo tú, Anna… Por favor, Anna… habla.
Su timbre de voz se suavizó, más de lo que Anna creyó posible.
No puedo.
Gruñó ella, no sabía como… ni porque, pero algo le impedía abrirse con él, aunque sospechaba que debía hacerlo. Solo mirarlo, verlo a los ojos le bastaba para saberlo. Esta vez, debía confiar… pero no lo conseguía.
Maldita sea, Anna… Te amo, di algo. Termina con esto.
Gritó él, casi histérico… para levantarse como impulsado por un resorte y alejarse de ella luego.
¿Me… me amas?
Repitió Anna, sin saber que pensar. La amaba… eso había dicho, que la amaba… ¿pero cómo… por qué..?, lo miró caminar de un lado para el otro recorriendo la habitación a grandes zancadas y detenerse a observarla.
Sí. Eres una deidad del orgullo… terca, voluntariosa… pero a pesar de eso, a pesar de todo, TE AMO. Así, tal cual eres…
Terció el moreno, visiblemente frustrado… ya se había acabado el tiempo de disimular, de hacerle creer al mundo que lo que sentía por Anna no era amor, así que sin quitarle los ojos de encima a la chica, que estaba como en trance, se dedicó a dejar salir todo lo que había guardado por tanto tiempo.
Una bruja gélida, que me ha hecho someterme a sus caprichos y que me ha condenado a dos años llenos de desprecios y humillaciones.
Anna no podía creer lo que estaba sucediendo, Hao… le estaba diciendo que la amaba¿no lo podía entender?... ella no se merecía su amor, pero aun así él la amaba.
Una verdadera diosa, que ha logrado que pierda mi orgullo, mi arrogancia, que me ha arrancado el corazón… un corazón que ignoraba que poseía.
Terminó de decir él, desahogándose por fin… pues desde el momento en que se atrevió a reconocer sus sentimientos en voz alta, se sintió liberado… y no pudo dejar de seguir hablando. Dejó de mirar a la mujer frente a él, y se sentó.
Pero… ¿y Tamao?
Fue lo único que se le ocurrió decir a Anna. Hao levantó la mirada y sonrió tristemente.
¿Tamao?... a ella también la amo…. como a una hermana, jamás como a ti.
Contestó con voz queda y apretó la mano con la que sostenía el cuaderno, bajando la mirada hasta él.
Hao, yo… nunca creí…
Anna se había puesto de pie y sin saber si debía o no, acercarse a él, se abrazó a sí misma.
Ten, ya puedes irte.
La voz de su amado le interrumpió y lo vio tenderle el cuaderno por el que anteriormente ella había luchado con desenfreno, sin mirarla siquiera.
Bueno hasta aquí llega este capitulo, ya no valen mis disculpas y lo sé, así que esta vez no se las daré (no quiero parecer una hipócrita)… como ya deben de haber adivinado, a este fic se le está acabando el tiempo con nosotros… por lo menos yo lo voy a extrañar. Muchísimas gracias a todos los que lo leen… y sí, parece mentira pero sigo escribiendo… y también sigo creyendo en el amor, aun cuando a mí no me va muy bien en ese campo…. Pero ni modo.
Contestando Reviews:
KAMMIMURA: Bueno como te dije, estaba trabajando en otro cap. Espero que te guste… salúdame a Sol, por fa… cuídate.
KAMI HAO: A ti nada te convence… jaja, está bueno que hagas de critica, pero déjate ver de vez en cuando. Tus observaciones son muy buenas… y si sé que odias a Yoh. Besos Jojo querida.
F-LOVER: Nada es simple, todo es complejo… voy a darle final a este fic, espero que sea bueno por lo menos, y gracias por el review, sígueme molestando la vida. T cuidas.
PRISS: Ya no llores, ves… por lo menos el chico de fuego (que sexy se oye eso)… está declarándole su amor a Anna. Algo bueno debía pasar, y lo de Tamao, pues es que ella es bien especial con él… pero es como una hermanita y ya. Espero ver un review tuyo… gracias por leer.
VALE CHAN 14: Definitivamente nadie quiere a Tamao. Pobrecita… si ella no es tan mala, confórmense con que ella no es la protagonista, pero debía participar para algo.
ALIS: Pues a mí también me encantan los HaoxAnna, son mis favoritos y muchas gracias por la felicitación. Espero que te guste este cap.
VISORIA: Tengo que darte la razón con los de los Flash back, pero sólo así podía explicar muchísimas cosas que sería terrible dejar en el aire, como por ejemplo la estrecha relación de Hao y Tamao. Gracias por dejarme el review. Bueno por otro lado, Tamao ya está volviendo a ser igual que al principio pero mi intención era mostrarla un poco más decidida y menos frágil.
PRINCESS NAUSICAA: Pues si se está terminando, y estoy intentando darle un final bonito… sé que me demoro mucho pero es que hay miles de cosas que me impiden dedicarme a esto por completo. Estoy estudiando otra vez, y pues antes estaba trabajando y para el colmo tenía que pensar mucho en mi tesis de grado. Espero poder actualizar con mayor rapidez cuando recupere mi rutina, jaja. Muchas por la felicitación… y por estar pendiente de esto. Thanks! PD. Sé que hago sufrir a mis personajes… eso mismo me dice Joanna, jaja… no puedo evitarlo, sorry.
CHEZA A-SAKURA: Sí, precisamente esas son las parejas, y pues muchas gracias, este fic es complicado, pero lo sobrellevo como puedo, intento superar a mi imaginación… jajaja. No creo que pueda hacerlo, pero muchas gracias por leerlo.
Gracias a todos, mil bendiciones!
Darla Asakura
