Los personajes de esta historia pertenece a la gran Naoko® y está basada en la novela pasión de una noche de alex ryder.

Último Capítulo

Toda la población de Reino lunar asistió a la boda. Unos se apretujaron dentro de la diminuta iglesia y otros esperaron fuera a los novios para darles la enhorabuena y arrojarles confeti cuando salieran. Celebraron el tradicional ceilidh en el salón del Harbour Hotel. La música y la danza de Highland continuarían hasta primeras horas de la mañana siguiente, o incluso hasta más tarde si es que había whisky suficiente. Pero para entonces Darién y Serena ya se habrían marchado de luna de miel. Iban a pasar un mes de felicidad en una remota isla del Caribe.

Serena se retiró a un rincón tranquilo después de un baile de reel típicamente escocés y muy movido. Se contentaba con estar sentada dando sorbos a su bebida y observando cómo la gente se divertía. Se había quitado el vestido de novia y se había puesto una blusa de algodón y una falda. Entonces, oyó una voz a su lado.

Hola, señora Shields. Así que es aquí donde estabas escondida.

Serena sonrió a Darién. Qué atractivo estaba, pensó. Era el hombre más guapo de toda la fiesta. No... no sólo de la fiesta... de todo el planeta, del universo. Su corazón estaba henchido de orgullo.

He estado bailando los últimos seis bailes explicó con una sonrisa, y mis pies necesitan un descanso.
No esperaba que viniera tanta gente sonrió Darién. Eres una mujer muy famosa por esta parte del mundo, señora Shields. La gente no cesa de decirme lo afortunado que soy de tenerte por como esposa. Aunque lo cierto es que no necesito que me lo digan.

Pues tú también eres muy famoso, señor Shields dijo dándole un sonoro beso. Sobre todo conmigo. ¿Tienes idea de lo delirantemente feliz que me haces? ¿Te das cuenta?
No contestó con un destello de humor en los ojos azules. ¿Querrías decírmelo al oído?

Lo haría, pero tardaría toda la noche. Y terminaría comiéndome el lóbulo de tu oreja, tiene un aspecto delicioso Serena vio una infinita ternura reflejada en los ojos de Darién, que sonreía. Sintió entonces de nuevo aquel nudo en la garganta, pero en esa ocasión era por buenas razones. Sonrió, y murmuró en su oído: De todos modos hay otras formas de demostrarlo aparte de hablando. Lo descubrirás en cuanto estemos a solas.

Los brazos de Darién la rodearon por la cintura mientras la besaba en la nariz jugueteando.

Eso suena interesante. Apenas puedo esperar. Ya sabes que el cuerpo siempre es más de fiar que las palabras.

Estaba a punto de besarla de nuevo cuando Luna, después de abrirse paso entre la multitud, llegaba junto a ellos.

¿Es que vas a estar ahí toda la noche mirándose a los ojos el uno al otro como dos tortolitos? Durante la última hora no he hecho otra cosa que buscarte para bailar añadió señalando a Darién con el dedo en el pecho, pero siempre ha habido alguien que me lo ha impedido luego, con una mirada malévola irreprimible, agarró el brazo de él arrastrándolo hasta la pista de baile. Sonrió hacia Serena y añadió: No te preocupes, no voy a secuestrarlo. Sólo lo tomo prestado durante cinco minutos. Lo tendrás para ti sola el resto de tu vida, tienes suerte.

Serena rió al ver la cara de resignación de Darién antes de que se lo tragara la multitud, luego dio otro sorbo a su bebida y recordó la reacción de Luna cuando le dijo por teléfono tres días antes con quién iba a casarse.

¿Qué te casas el sábado? repitió Luna atónita. Bueno, eso es maravilloso. Me alegro mucho por ti, Serena. Pero es un poco repentino, ¿no? ¿Y quién diablos es el afortunado? ¿Uno de tus viejos novios del pueblo?

No, Luna contestó vacilando un momento y pensando que de todos modos ella era una mujer de mundo acostumbrada a encajar noticias como ésa. Con Darién Shields.

Serena oyó que Luna tomaba aliento con fuerza y se la imaginó rebuscando un cigarrillo y el encendedor. Luego la oyó toser.

Lo siento, debe de haber algún error de comunicación en el teléfono. Juraría que te he oído decir que ibas a casarte con Darién Shields.

El teléfono está perfectamente, Luna. Has oído bien. Lo creas o no, estamos enamorados y soy la mujer más feliz de este mundo. Estábamos equivocadas con él, Luna. En serio, en cuanto lo conozcas, comprenderás a qué me refiero.

Hubo otra tos al otro lado del cable, y luego oyó algo que le pareció como un gemido.

Bueno, supongo que sabes lo que te haces, querida niña. Espero sinceramente que no estés cometiendo un error. Quiero decir, espero no tener que verte abandonada a las puertas de la iglesia.

No, Luna, él no va a hacer eso le aseguró. Ha comprado el anillo y ha hecho todos los preparativos. Ya están mandadas las invitaciones. Y después de la ceremonia, habrá un gran ceilidh en el hotel.

¿Un gran qué?
Una fiesta. Con música, baile, comida y bebida.
Ah, bueno, eso está bien contestó Luna aliviada. Si ya te ha comprado el anillo, eso significa que puedes demandarlo por incumplimiento de promesa si te abandona en el último momento.

Eres una terrible cínica rió Serena. Escucha, insisto en que asistas a mi boda, Luna. Darién lo ha arreglado todo para tu viaje. El viernes una limusina te recogerá después de comer. Pasarás la noche en un hotel de cinco estrellas en Edimburgo, y si sales de allí nada más desayunar estarás aquí a tiempo para la ceremonia. Por favor, dime que vendrás.

¿Estás loca? rió. ¿Para ver al Golden Shields ondeando las banderas y arribando a puerto con sólo un toque mágico de tus dedos? Por supuesto que iré. Mi querida niña, no me lo perdería por nada.

Luna había llegado ese mismo día, y nada más hacerlo le había exigido una explicación ante tan repentino cambio de sentimientos. Le había costado convencerla, pero al fin se había mostrado satisfecha viendo que Darién no mantenía el motor de su coche a punto para huir en el último momento.

Después, había presentado a Luna a sus padres y, para ser sincera consigo misma, tenía que admitir que aquello la había amedrentado. Pero no debería de haberse preocupado. Tendría que haber tenido fe en Luna, que enseguida captó la situación y se amoldó a ella transformándose por arte de magia en la tía solterona favorita. Incluso había dejado de fumar en presencia de sus padres, y su madre se había quedado encantada de ella.

Es una dama verdaderamente amable le dijo su madre a la primera oportunidad que se le presento. Se ve que es de una buena familia. La buena educación siempre se nota, ¿no crees? Ya le he dado las gracias por darte un empleo y cuidarte en Londres como lo hizo. Parece tener muy buena opinión de ti.

Y yo la tengo de ti, mamá contestó Serena contenta.

Luna y Darién seguían aún en la pista de baile, exhibiendo su interpretación personal de un baile escocés para risa y diversión de los asistentes. Entonces Serena vio a Circonia, sentada en el extremo opuesto del salón. Atravesó la pista y la miró.

Hola, Circonia. ¿Estás disfrutando del ceilidh? ¿Quieres otro refresco? ¿O prefieres un poco de pollo frío u otra cosa?

Eres muy amable, Serena sonrió ofreciéndole el vaso vacío. Un poco de whisky con agua, gracias. Es fantástico como tónico para estos viejos huesos míos.

Enseguida vuelvo contestó tomando el vaso y sonriendo.

Serena se dirigió hacia las amplias mesas en las que estaba situado el buffet. Eran dos, y estaban unidas y repletas de comida: jamón, roast beef, cordero, venado, pato y salmón ahumado. Sammy, que estaba a cargo de las bebidas, llenó el vaso y Serena se lo devolvió a Circonia sentándose a su lado. Por un momento se quedaron mirando a los que bailaban en la pista. Luego Circonia dio un trago y sonrió.

Tu amiga de Londres, Luna, parece estar pasándoselo bien.

Sí asintió, pero no te sorprendería si la conocieras. Luna es una de esas personas con más experiencia que la vida misma. Podría divertirse incluso en una isla desierta con sólo el reverendo Hino como compañía. Se portó muy bien conmigo cuando estuve en Londres. Es una verdadera amiga. Fue quien... de pronto Serena se interrumpió. Luego rió. No hace falta que te lo cuente, ¿verdad? Fuiste tú quien me dijo que encontraría a alguien que me ayudaría. Hasta me dijiste que sería una mujer. Y también me dijiste que me encontraría a un rico y guapo hombre esperándome para enamorarse de mí. Bueno, todo lo que me dijiste se convirtió en realidad, Circonia. No debería haber dudado de ti.

¿Es Darién el hombre que esperabas?

Serena sintió de nuevo un nudo en la garganta y asintió.
Él... es más de lo que nunca me habría atrevido a esperar, Circonia. Ni siquiera en mis más fantásticos sueños. Es el hombre más maravilloso del mundo, y voy a amarlo durante el resto de mi vida hizo una pausa y sonrió. Es verdad que, al principio tuvimos ciertos problemas, pero eso ya quedó atrás.

Sí... Es un hombre guapo y bien parecido, y necesitaba a alguien como tú. Creo que están hechos el uno para el otro. Será un buen marido.

Ahora lo sé admitió Serena.

Pensó que quizá debería contarle toda la historia a Circonia, pero finalmente desechó la idea. Todos aquellos estúpidos errores y malinterpretaciones... lo mejor era olvidarlo. El futuro era lo único que importaba. Un futuro brillante y prometedor.

Fuiste muy amable ayer cuando lo trajiste a casa a visitarme. ¿De quién fue la idea, Serena? ¿Tuya o de él?

Aquella sí que era una pregunta extraña, reflexionó Serena mirando confusa a Circonia.

Bueno... a decir verdad... contestó algo cohibida fue idea de él.- Cuando Darién vio tu casa por primera vez allá arriba, sobre la ladera, parecía que no podía quitarle los ojos de encima. Entonces me preguntó quién vivía ahí. Yo le conté quién eras y... al principio no quería llevarlo a verte. Pensé que simplemente estaba interesado en comprar la casa, por las vistas. Creía que quería transformarla para alquilarla como casa de verano.

Sí contestó Circonia mirando distante e insondable, a él le gustan las vistas, es cierto. Y también parecieron gustarle mis viejos muebles. De hecho parecía que se encontraba como en casa añadió con los ojos brillantes de vida y dando palmaditas en el hombro a Serena con afecto. Me dijo que esperaba que la disfrutara muchos años, y que si necesitaba algo, sólo tenía que pedírselo. ¿No fue una promesa muy generosa por su parte, teniendo en cuenta que acababa de conocerme?

Darién es una persona muy generosa, Circonia contestó Serena dándose cuenta entonces más que nunca de lo equivocada que había estado con respecto a él.

La canción terminó y Darién y Luna se les acercaron. Luna estaba colorada.

La gente de aquí sabe divertirse como nadie en una fiesta sonrió. Creo que voy a ir al bar a recargar mis pilas. Y tú, Darién, recuerda lo que te he dicho. Será mejor que seas un amante esposo, si no tendrás que vértelas conmigo.

La banda comenzó a tocar de nuevo, pero en aquella ocasión tocaron un vals lento y romántico. Darién se volvió y pareció vacilar, pero luego miró a Circonia y se inclinó en un gesto galante.

Circonia preguntó con exquisita educación, ¿Me harías el honor de bailar conmigo esta pieza?

Serena frunció el ceño. Debería habérselo pedido a ella, pensó. Circonia era demasiado anciana para bailar. Estaba a punto de acudir en su rescate cuando Circonia dejó su bebida y tomó la mano de Darién para levantarse del asiento.

Sí... me encantará.

Fueron la primera pareja sobre la pista, y todos los miraron con curiosidad. Igual que Serena, los observaban con los ojos muy abiertos. Nadie podía creer que Circonia estuviese bailando. Todo el mundo sabía que tenía artritis y que a veces no podía ni tan siquiera caminar.

Entonces alguien, quizá Sammy, bajó la intensidad de la luz dejando a la pareja de bailarines bajo una tenue iluminación. Todos los que los observaban contuvieron el aliento al ver a Circonia rejuvenecer mágicamente. Sus hombros se enderezaron y parecía incluso más alta. Sus movimientos eran graciosos, no era difícil imaginar lo bella que había sido.

Cuando el vals terminó, la multitud silbó y aplaudió mientras Darién sacaba a Circonia de la pista. Serena la miraba con cierta preocupación mientras la ayudaba a sentarse de nuevo.

¿Te encuentras bien, Circonia? ¿Estás mareada o aturdida?

Estoy bien, no te preocupes por mí contestó Circonia con una sonrisa extraña. Tu marido es un fantástico bailarín. En sus brazos es imposible que a ninguna mujer le pase nada añadió mientras tomaba su vaso y se dirigía luego a Darién. Ya es hora de que atiendas a tu mujer. Creo que los dos deberíais desaparecer por un rato. El aire fresco les caería bien, y les dará la oportunidad de decirse el uno al otro cuánto se quieren.

El beso de Darién fue tan cálido y dulce como la noche misma. Serena apoyó la cabeza sobre su hombro en una especie de ensoñación y murmuró:
Circonia ha tenido una buena idea mandándonos fuera un rato. ¿Te das cuenta de que es la primera vez en el día de hoy en que estamos solos?

Habían estado paseando por la playa de la mano. En silencio, felices el uno con el otro, habían estado oyendo al viento soplando sobre la arena. Luego se habían parado para besarse, hablar y mirar juntos a las estrellas.

Lo que hiciste estuvo muy bien murmuró Serena como en sueños.
Hoy ha sido un día lleno de cosas fantásticas sonrió Darién apartándole el pelo de la cara. Sobre todo eso de ponerte el anillo en el dedo. ¿A qué te refieres exactamente?

Me refiero a pedirle a Circonia que bailara contigo contestó besándolo. Al principio me preocupé confesó con el ceño fruncido. Ya sabes, parece tan frágil que pensé que no iba a poder aguantarlo. Sin embargo creo que nadie la había visto tan feliz nunca. Ahora me alegro de que lo hicieras.

Es extraño que lo menciones comentó Darién con el ceño fruncido. La verdad es que iba a pedirte que bailaras a ti, pero entonces sentí algo extraño, como un deseo de sacarla a ella. Sentí como si... como si ella quisiera que lo hiciera. Es la sensación más extraña que he tenido en mi vida

Si rió. Circonia a veces causa ese efecto.

Volvieron a caminar por la playa agarrados de la cintura. Luego Darién se detuvo.

Aquí es donde estará nuestra casa dijo señalando el lugar.
¿Dónde? Enséñamelo exigió saber Serena nerviosa cruzando el escenario de su futura casa a la luz de la luna.

Darién la tomó de la mano y la guió desde la playa hasta una pequeña explanada cubierta de hierba y rodeada de pinos.
Justo aquí. ¿Qué te parece?
Serena miró a su alrededor y asintió.
Cuando era niña, solía jugar aquí. Sólo con niñas. Lo llamábamos el jardín de las hadas. Está escondido, no se ve desde la carretera. Es perfecto, cariño murmuró apretándole la mano. No podrías haber escogido otro sitio mejor. Será nuestro pedacito de cielo en la tierra.

Darién se sintió feliz ante aquella reacción. Apretó su mano y luego contestó:

Mañana comenzarán a construir los cimientos. Mira, aquí estará el salón dijo dando unos pasos. Tendrá un patio que dará al jardín. Y allí estará la cocina, con...

La cocina no me interesa lo interrumpió ella, arrastrándolo a su lado con impaciencia. En este momento no puedo concentrarme en la cocina. Enséñame dónde estará el dormitorio.

Estás justo en mitad de él.

Serena miró para abajo y dio unos cuantos pasos.

Hmmm... me gusta la alfombra. Y las cortinas volvió a caminar y abrió contenta una puerta imaginaria. Este debe de ser el baño y la ducha, dentro de la habitación, claro. Es precioso.

No sonrió sacudiendo la cabeza. Ése es el armario. La puerta que querías abrir es ésta Darién dio unos cuantos pasos a su izquierda y abrió otra puerta imaginaria. Serena se tapó la boca con una mano.

¡Qué tonta soy! Sí, claro... es mucho mejor.
Me alegro de que te guste murmuró él. ¿Qué te parecen el suelo de mármol, los azulejos en verde claro y los grifos dorados?
¡Grifos dorados! ¡Dios mío! Somos extravagantes, ¿no crees?
¿Y qué me dices de la bañera de hidromasaje?
Que me he quedado sin aliento.
Cabemos los dos. Te habrás dado cuenta, ¿no?

Serena miró la hierba verde, luego lo miró a él y sonrió. .
Definitivamente me estás malcriando.
Es exactamente lo que pretendo. Nada puede hacerme más feliz.
¿Y qué me dices de las habitaciones de los niños? preguntó ella mirando a su alrededor. ¿Dónde están?

Darién caminó otros cuantos pasos más y luego señaló.
Una aquí, y otra allá, justo donde esos helechos.
¿Sólo dos? volvió ella a preguntar decepcionada.
Bueno, son habitaciones muy amplias, como puedes ver. Pensé que bastaría con una para las niñas y otra para los niños añadió dándole un largo y cálido beso y murmurando después. Pero por supuesto siempre podemos añadir más habitaciones conforme las vayamos necesitando.

Ah, bueno, entonces bien susurró ella contenta. Y nuestro primer hijo, ¿será niño o niña?
¿Qué prefieres tú, cariño?

Serena se quedó pensativa un momento. Luego, levantó la vista al cielo y vio una estrella fugaz que lo cruzaba y se perdía en el horizonte.
Creo que un niño. Con cabello oscuro y ojos encantadores y azules como los tuyos. Aunque lo cierto es que una niña también estaría bien. A veces los chicos necesitan a una hermana mayor para mantenerlos a raya.

Entonces otra estrella volvió a cruzar el firmamento.
Creo que alguien de ahí arriba está haciendo una fiesta. Es un buen presagio dijo tomándola de la mano y llevándola unos cuantos pasos más allá. Bueno, ya estamos en la puerta principal. Y allí está el camino que conduce hasta la carretera.

Serena se dejó llevar por un impulso y se abrazó a su cuello.
Es maravilloso, cariño. Lo convertiré en un hogar del que puedas estar orgulloso.
Sé que lo harás, cariño contestó Darién apretando el abrazo y besándola en la frente, en los ojos, y en la boca, antes de murmurar: Sigo preguntándome cómo he podido tener tanta suerte de encontrarme con una chica como tú. No consigo saber qué he podido hacer para merecerlo.

Es gracioso suspiró contenta Serena. Yo he estado pensando exactamente lo mismo. Quizá haya sido el destino.
Sí. Tres hurras por el destino.
Aunque los comienzos no fueron muy buenos, ¿verdad? recordó nostálgica.
No importa sonrió. Algún día lo recordaremos y nos reiremos. Espera a que le cuente a tu hija el día en que su madre se vistió de Trixie Trotter.

No te atreverás. Si lo haces, tendré que contarle por qué lo hice, y eso no te gustaría, ¿no crees?
Hmm... mejor cambiemos de conversación dijo volviendo a besarla larga y apasionadamente.

Darién comenzó a juguetear con la lengua y ella abrió los labios. Deslizó las manos bajo la chaqueta y lo rodeó acercándose más a él, hasta que sus cuerpos se presionaron el uno al otro mandándose olas de calor.

Darién se apartó para mirarla a los ojos mientras la luz de la luna brillaba en su cabello. Luego, le acarició la mejilla. Fue un gesto sencillo, pero resultó más elocuente que cualquier palabra. Le hablaba del inmenso amor que sentía por ella.

Aún sigo preguntándome si todo esto no será más que un sueño y si me despertaré y descubriré que tú no estás murmuró Darién. Eres como una preciosa diosa venida a la tierra en medio de la luz de la luna.

Serena presionó sus labios contra los de él y lo mordisqueó. Luego susurró.
Nada de diosas. Me llamo Serena Shields, y soy la devota esposa y propiedad única de Darién Shields. Soy su esclava complaciente. Él puede hacer conmigo lo que desee, en cualquier parte y a cualquier hora sonrió y bajó los ojos. Incluso aquí, si es que lo desea.

Eso suena a invitación, y sería muy mal educado si no la aceptase contestó con voz espesa anticipándose al placer. ¿Pero qué me dices de las hadas? ¿No te importa que tengamos público?

Ah, bueno, las hadas de Reino lunar son muy comprensivas con estas cosas susurró con una sonrisa. Además, están muy bien educadas. Harán como que no lo ven. De todos modos acabamos de comenzar nuestra luna de miel, así que no estamos haciendo nada de lo que debamos avergonzarnos.

Bueno... en ese caso... Serena se arqueó mientras Darién la besaba y comenzaba a desabrocharle la blusa. De pronto, hizo una pausa y sonrió. ¿Te das cuenta de que estamos justo delante de la puerta principal? ¿No deberíamos de ir al dormitorio?

Entonces llévame allí, cariño suspiró medio en sueños. Me siento muy frágil.

Darién la levantó sin esfuerzo y la llevó en brazos. Estaba tan loco como ella, pensó Serena. Gloriosamente, maravillosamente loco. Si aquello era el efecto del amor entonces podía durar eternamente. Se colgó de él y lo miró a los ojos mientras la llevaba en brazos. Luego la dejó con cuidado sobre la hierba.

Darién llevó los dedos hasta el cierre del vestido de Serena y se los desabrochó en pocos segundos. Entonces deslizó una mano en el interior y tomó un pecho. Con el pulgar le acarició el pezón a través del encaje, masajeándolo en círculos, tirando, pellizcándolo suavemente, hasta que ella se retorció bajo él, echó la cabeza hacia atrás, contra la alfombra, y en silencio le exigió recibir más. Y él se lo dio. Se lo dio a ambos. Le prodigó una serie de besos húmedos y ardientes a lo largo del cuello y sobre el pecho, hasta que lo detuvo la barrera del sujetador. Sus hábiles dedos encontraron el cierre frontal y al momento siguiente los dos pechos estaban expuestos a su mirada. Pasó la mano sobre la carne lisa y suave y sintió el pezón endurecido bajo la palma.

Serena se arqueó y le puso una mano encima, manteniéndolo pegada a él, como si temiera que fuera a irse. Pero Darién no tenía intención de ir a ninguna parte. No había otro lugar en el mundo donde quisiera estar en ese momento. Un momento con el que había soñado y fantaseado durante muchos días; tanto, que aún no podía creerse del todo que la presencia de Serena fuera real.

Entrelazó los dedos con los suyos y le levantó la mano a un lado, sujetándola contra el suelo. A continuación, agachó la cabeza y tomó el pezón en su boca, pasando la lengua alrededor de la punta. Ella se estremeció y agarró con fuerza su mano, y él le rozó el pezón con el filo de sus dientes, haciendo que se retorciera ansiosamente. Entonces cerró los labios alrededor del pecho y empezó a succionar, saciándose con su esencia y su alma.

Ella levantó las caderas del suelo y se movió al mismo ritmo que su sangre hirviendo. Él lo percibió, pues el mismo calor lo estaba llevando al límite de su resistencia. Su lengua y sus labios trabajaban incesantemente sobre los pechos. La saboreó una y otra vez, hasta que su propia cabeza empezó a darle vueltas por la vertiginosa sensación que lo embargaba.

-Darién -susurró ella con la voz entrecortada. El levantó la cabeza para mirarla a los ojos-. te necesito. Te necesito dentro de mí. Ahora. Por favor, ahora.

-Yo también te necesito, nena -le dijo, con una voz ahogada por el deseo.

Con una mano se quitó la camiseta y los pantalones y los arrojó por encima del hombro. Serena se movió con la misma rapidez, se deslizó las manos bajo la cinturilla de sus medias.

Pero cuando se dispuso a quitárselos, Darién la detuvo y se arrodilló entre sus piernas.

-Déjame a mí -le pidió, y ella asintió, pues era incapaz de hablar. Los dedos de Darién se introdujeron bajo las medias y, lenta, muy lentamente, tiró de ellas hacia abajo, al mismo tiempo que de sus braguitas. Fue besando cada centímetro de piel que desnudaba, marcando el cuerpo de Serena con el calor de su boca. Sintió cómo a ella se le aceleraba el pulso y cómo el deseo crecía en su interior. Y cuando no pudo aguantar la tortura ni un segundo más, terminó de quitarle las pantys de un fuerte tirón. Rígido y ardiendo por dentro, recorrió con la mirada el exuberante cuerpo que se le ofrecía.

Sus manos ansiaban tocarla, su cuerpo demandaba formar parte de ella. Y aun así quería más. Quería explorar cada palmo de Serena.

Ella levantó los brazos para recibirlo, y él se inclinó para sentir el tacto de aquellas manos sobre su piel. Sintió la presión de cada uno de sus dedos mientras ella le deslizaba las palmas sobre la espalda, los hombros y el pecho. Cuando sintió que le apretaba el pezón con la uña del pulgar, se estremeció y le agarró la mano. Girando la cabeza, le plantó un beso en medio de la palma, la soltó y volvió a retirarse, lejos de su alcance. Se arrodilló entre sus muslos y con las manos exploró su centro de humedad. Introdujo dos dedos en las cálidas profundidades, y ella levantó las caderas en respuesta y presionó las manos contra el suelo, como si buscara algo a lo que aferrarse en su torbellino particular Y mientras él la torturaba en el interior con los dedos de la mano izquierda, con los de la derecha le frotó y le acarició el clítoris. Serena soltó un grito ahogado al recibir la primera caricia, sacudida por una incandescente ola de calor que le traspasó los huesos. Era demasiado, pensó. Demasiadas sensaciones a la vez y aun así, quería más. Quería sus manos y su boca sobre ella, quería que la mirara con ojos ardientes de deseo.

Y entonces él la miró, fijamente, con los labios apretados, y ella pronunció su nombre y movió las caderas contra su mano. Sí, nunca antes había sentido algo como aquello. Aquella magia tan maravillosa. Aquella increíble conexión que compartían.

Darién introducía y sacaba los dedos, y ella sintió cómo se abría a él, recibiéndolo en su interior. Las puntas de los dedos seguían masajeándole el punto sensible, haciendo que ella se estremeciera anticipándose a la siguiente caricia y subiera y bajara las caderas al ritmo que él establecía. El corazón le latía salvajemente en el pecho, hasta que ella no pudo oír más que el fragor de la sangre en sus oídos. Darién retiró las manos y, antes de que ella pudiera protestar, la levantó del suelo y le aupó las piernas hasta que éstas colgaron sin remedio a cada lado de su cabeza.

«Oh, Dios mío», pensó ella, agarrándose al césped. Sabía lo que venía a continuación y, que el Cielo la ayudara, con cuánta desesperación lo deseaba. Tanto, que apenas podía respirar. Y entonces Darién inclinó la cabeza y la tomó con su boca. Los labios se cerraron en torno a la delicada carne y con su lengua exploró la fuente de humedad.

Avivada por las llamas de la pasión, Serena se retorció violentamente, agitando la cabeza de un lado a otro pero sin apartar la mirada de él, viendo cómo la poseía.

-Darién -consiguió decir en un medio jadeo-. Oh, Darién, no pares.

El levantó la cabeza lo suficiente como para mirarla a los ojos.

-De eso nada -dijo, y sus dedos se aferraron a ella por detrás, agarrándole firmemente el trasero mientras volvía a reclamarla. Con sus labios, lengua y dientes la llevó a un frenesí que le aceleró aún más el corazón y le cortó la respiración.

El orgasmo era inminente. De algún lugar en lo profundo de su cuerpo, Serena sintió la creciente tensión, las dolorosas pulsaciones que la llevaban al clímax. Luchó desesperadamente contra la imperiosa acometida. Quería que aquello durase para siempre. Quería alargar ese momento hasta la eternidad. Pero Darién estaba decidido. Y no había modo de negarse. Movió rápidamente la lengua por su sexo al tiempo que volvía a introducir dos dedos en sus profundidades. Y Serena no pudo resistirlo más. La primera ola la golpeó con tal dureza que gritó el nombre de Darién y volvió a presionar las manos contra el suelo. Se obligó a mantener los ojos abiertos y fijos en él mientras la segunda ola la sacudía y la llevaba a la gloriosa culminación.

Y antes de que su cuerpo dejara de temblar, él la volvió a tumbar en el suelo y se colocó en posición, apoyó las manos a ambos lados de su cabeza y se introdujo en ella tan rápido que Serena sintió que le alcanzaba el corazón.

Lo rodeó con las piernas y lo mantuvo firmemente sujeto, mientras se regocijaba con la exquisita sensación de tenerla encima y dentro de ella.

-Te necesito, Te amo mi vida -le susurró él, mirándola fijamente-.

Los ojos de Serena se llenaron de lágrimas al oír la desesperación de su voz, pero un momento después, lo olvidó todo cuando él se movió contra ella. La guió en una frenética danza, vibrante y exigente.

Ella se aferró a sus hombros, tensó las piernas alrededor de sus caderas y se movió con él, dándole todo lo que él le había dado, demostrándole de la única manera que sabía que ella también lo necesitaba y lo amaba.

Un torbellino de sensaciones se arremolinaba en su interior. La tensión volvía a crecer. Se mantuvo al ritmo de Darién, besándolo, tocándolo, persiguiendo aquella salvaje e indescriptible sensación. Deseaba compartirlo con él. Fundirse con él, ser un solo cuerpo cuando la magia los poseyera.

Y cuando finalmente llegó el clímax, los poseyó a ambos, el uno en brazos del otro, sin aliento...

Durante unos dulces minutos ambos yacieron sobre la hierba exhaustos, mientras el sonido de sus respiraciones iba dando paso al de las olas del mar de la playa. Luego, él volvió a besarla, tan tierna y dulcemente que ella sintió deseos de llorar de felicidad.

¿Quieres volver ya? preguntó Darién.
No, cariño, aún no contestó pensando que deseaba quedarse allí para siempre.
Bien, yo tampoco dijo él volviendo a besarla suavemente y rodando hasta quedar sobre su espalda para mirar al cielo. ¿Por qué no nos habremos conocido hace años? No olvidaré esta noche mientras viva.

Serena se apoyó sobre un codo y deslizó los dedos por su pecho.
Sé que no la olvidarás. Me aseguraré de ello le advirtió con una sonrisa. De todos modos, hace años yo no era más que una colegiala con pecas y dos coletas a la que no te habrías dignado mirar.

Darién la alcanzó y tiró de ella hasta que pudo besarla haciéndola temblar de placer. Serena se mordió el labio mientras sentía cómo él besaba su pezón con suavidad.

Después de un rato, se sentó, pero no podía apartar la vista de él. Era guapo, pensó. Parecía un dios griego en reposo a la luz de la luna. Era extraño pensar que era el primer hombre al que realmente conocía. Ni siquiera nadie la había besado antes, pero sabía que nunca, con nadie, hubiera podido sentir lo mismo. Ni nunca lo haría, por mucho que viviera.

La suerte era la que los había unido. De entre todos los hombres del mundo había sido con él con quien se había tropezado. Él había estado en el momento apropiado en el lugar apropiado. ¿Pura casualidad?, se preguntó. Quizá. O quizá todo había sido planeado por las estrellas. Se recostó sobre su pecho y cerró los ojos. Su mente fue deslizándose hacia un estado de ensoñación del que sólo disfrutan los amantes cuando están el uno en brazos del otro. Quizá pasaran sólo minutos, quizá una hora entera. Serena sintió que él tomaba su mano y la ponía sobre su masculinidad. Podía sentir su pulso mientras se iba agrandando. Entonces, abrió los ojos y lo miró traviesa.
¿Otra vez? murmuró feliz y sorprendida.
¿Es demasiado pronto? Si estás cansada, podemos esperar hasta más tarde. Tenemos toda una vida por delante.
Serena lo acarició y luego se sentó. Reprimió una risa y luego dijo preocupada:
Oh, pobre hombre. Vaya, debe de ser terriblemente molesto. Quiero decir, ¿cómo vas a vestirte en esas condiciones? No podemos volver al hotel así. La gente se va a dar cuenta.

Es el problema de tener una mujer rubia tan sexy contestó Darién apoyándose en los codos. Supongo que tendré que aprender a controlarme un poco más.

Puede que esa no sea una buena idea, cariño. No quisiera echar a perder tu diversión. De todos modos, si la culpa es mía, supongo que tendré que hacer algo al respecto.
Me gusta tu actitud. Una mujer comprensiva es la mejor posesión de cualquier hombre. Veo que nuestra vida de casados va a ser un verdadero éxito.

Darién intentó sentarse, pero ella puso la palma de la mano sobre su pecho y lo empujó hacia abajo.
Tú has hecho todo el trabajo, cariño, así que es justo que ahora haga yo mi parte.
Despacio, se sentó a horcajadas sobre él y lo guió a casa, mirándolo amorosamente a los ojos. Por encima de ellos, las estrellas sonreían mientras el sonido del agua acariciando la playa se unía al del éxtasis de dos amantes en la noche.

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Mil disculpa por el retraso, la verdad me costo que saliera el lemon, sumándole la falta de tiempo y los exámenes de grado uff, espero que le gustara, muchas gracias por todos lo rws y el apoyo recibido en este fic, el epilogo lo subo el domingo.

Cariños

Goordita