Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to OhGeeFantasy. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de OhGeeFantasy, solo nos adjudicamos la traducción.
Vinyl
By: OhGeeFantasy
Traducción: aleshita-luvs-paramore
Beta: Flor Carrizo
Capítulo 11
El gimnasio está vacío.
Con las puertas aseguradas, las fiestas han empezado oficialmente para mí. Todos mis amigos están de compras navideñas de último minuto para sus novias o sus parejas y luego se irán a celebrar fuera, los envidio como loco.
Realmente tengo opciones, Vickie me había invitado a cenar con ella y su familia, pero había declinado su invitación educadamente. Y cuando los chicos que regularmente levantan pesas oyeron nuestra conversación, lanzaron sus invitaciones una tras otra, las cuales, nuevamente, decliné educadamente.
Mi familia no está a gusto con el hecho de que no estaremos todos juntos en Forks para Navidad este año, pero si el hombre del tiempo está en lo cierto, se supone que mañana estaremos totalmente cubiertos de nieve, así que no tendré ni una chance para manejar. Todos lo entienden, pero mi madre termina diciéndome «no es Navidad sin ti». Mi plan es relajarme y comer pollo rostizado con la salsa procesada de arándano que compré en la tienda ayer y ver unas cuántas películas. Incluso le compré a Jaws una nueva amiga para jugar.
Su nombre es Bella.
¡Jodida feliz Navidad, pez!
Reviso una última vez las máquinas, asegurándome de que todas estén apagadas, y ubico las toallas en el cuarto de servicio, diciéndome a mí mismo que mañana las lavaré, antes de tomar la bolsa de basura hacia el contenedor. No me había dado cuenta de que estaría tan feliz de cerrar temprano, pero lo estoy. Normalmente, el gimnasio me aleja del pensamiento de mi antigua vida con Bella y me da un muy necesario descanso de mis recuerdos con ella; aunque los recuerdos que elijo reproducir en mi cabeza son de ambos bailando frente a su reproductor de música, el que ahora está en mi sala de estar sobre la mesa de lado, abrazándonos uno al otro. Esos son los recuerdos que me dejan destrozado. Sin embargo, todos esos bastardos llenos de felicidad que se pasan hablando de las fiestas últimamente han hecho que se intensifique el dolor que jamás ha dejado mi corazón. Daría lo que fuera por pasar estas fiestas con Bella, mentiría, engañaría o robaría solo para tener cinco minutos a su lado. Si alguna vez me concedieran esa oportunidad, me consideraría el bastardo más suertudo sobre la faz de la tierra.
Apago las luces y salgo por la puerta trasera del gimnasio con la bolsa negra de la basura colgando sobre mi hombro. Los pantalones de yoga color gris y la sudadera de compresión de Under Armour no me brindan mucha calidez mientras me dirijo al contenedor, así que me apresuro, casi corriendo el resto del camino. Me enfrento a la ventisca y los cristales de hielo que chisporrotean desde el cielo, maldiciendo el clima de mierda y la razón por la que no me voy de la ciudad hoy. Nuestro estacionamiento, que a menudo está lleno, ahora está vacío a excepciones de mi auto y los de algunos empleados de Mighty Wok que se aparcan detrás, así que cuando noto movimiento en la zona frontal por el rabillo de mi ojo, disminuyo la velocidad y doy un vistazo a la chica que camina cerca de una camioneta muy familiar. Lo que me hace detener de repente.
Conozco a esa chica.
Conozco ese ligero balanceo y el modo en que mueve sus dulces caderas. Nunca olvidaría esos detalles sin importar cuánto viva.
Ignoro la forma en que mi piel expuesta es recorrida por un escalofrío porque es ella.
Estoy plantado en mi lugar.
—¿Vinyl? —suelto como un ruego.
El viento se lleva mi expresión cariñosa, lanzándola al aire y elevándola a los cielos, ella no me escucha. La observo mientras abre la puerta del auto y se ubica dentro del mismo.
—¡Vinyl! —grito esperando que se vaya antes de que mi cerebro le diga a mis pies que se muevan hasta correr hacia la mujer que arruinó mi corazón de la mejor y peor forma. El paquete de basura se desliza de mis dedos congelados, quedando abierto y dejo que el viento se lleve algunos papeles y deshechos por el estacionamiento.
Mis ojos lagrimean y sé que no es por los cristales de hielo que golpean mis mejillas, así que los limpio rápidamente, deteniendo las lágrimas antes de que empiecen a desbordarse. Me muevo velozmente en dirección a ese conocido Mercedes. Nada ni nadie me apartará de mi chica de nuevo. He prometido un millón de veces que si me encontraba con Bella una vez más, lucharía por ella, por nosotros.
Cuando llego a la camioneta, veo a mi amor desplomada sobre el volante, temblando. El darme cuenta que estoy apenas a una corta distancia de sostenerla es irreal. Me toma unos cuantos segundos procesar lo que está pasando frente a mí. El temblor aumenta y su cabeza se hunde aún más, haciéndome pensar que tiene frío. Pero cuando golpeo un poco la ventana, ella levanta su cabeza, con los ojos abiertos de par en par y llenos de lágrimas sin desbordar, que en ese momento deciden escaparse por sus mejillas. No puedo evitarlo, abro rápidamente la puerta, quitando la barrera que nos separa. Ella gira todo su cuerpo en mi dirección después de la sorpresa inicial y cae en la cuenta de que soy yo.
Mis palabras se quedan atoradas en mi garganta, pero logro dejar escapar un "cariño" antes de caer sobre el congelado y empedrado concreto atrayéndola conmigo.
—Edward —llora ella, lanzando sus brazos alrededor de mi cuello, abrazándome hasta que casi pierdo el aliento. Hay pequeñas piedras que se entierran en mis rodillas sin ninguna piedad, pero el dolor no es nada en comparación con lo que sentí en mi corazón durante tanto tiempo—. Pensé… —Ella no completa la frase pero sé qué dirá.
Pienso exactamente lo mismo, así que concluyo la frase por ella.
—Pensé que nunca volvería a verte.
La escena evoca a una de las que ocurrieron en Forks, la primera vez que le revelé acerca de mi deseo por ella. Es irreal y creo que aún no me creo que Bella esté en mis brazos. Me separo de ella para ver los hermosos ojos marrones que extrañé tanto y el bonito rostro que me ha perseguido en todos mis sueños, esos labios, ese enredo de cabello resultado del viento, con algunas matas en sus mejillas.
La he extrañado. Verla de nuevo después de pensar en ella, después de enterrarla en mi memoria, es como si fuese un hombre ciego mirando por primera vez.
Es un milagro.
Mis dedos alisan suavemente los mechones de cabello húmedo que están en su rostro y mis dos manos terminan acunando su rostro, acercando sus labios hacia los míos.
Ella es suave.
Yo gentil.
Mis manos sostienen la cosa más preciosa del mundo y el efecto eriza mis palmas.
Mi corazón ha estado hambriento de esta mujer y el mero hecho del roce de nuestros labios causa que mi pecho se rompa en un sollozo. Inhalo vorazmente el sabor que he echado de menos por tanto tiempo, respirando en ella, sin dejarla ir ni una vez.
Susurro una declaración silenciosa en la boca de Bella, temeroso de que vaya a desparecer.
—Siempre has sido mi sueño, Vinyl. Mi jodidamente precioso sueño finalmente vuelto realidad. —Inhalo, atrapando el tan preciado aliento—. Te amo jodidamente tanto.
—También te amo. —Sus ojos se elevan hacia los míos—. Dime que esto es real. Dime que no estoy imaginándote —me dice en medio del llanto. Deslizo sus guantes, dejando que caigan sobre el concreto. He extrañado su toque calmante. Sus dedos acarician instintivamente la línea de barba en mi mandíbula y observa cómo se deslizan sobre mi barba como si fuera la primera vez que me tocase.
—Soy real.
Su temblor golpea mi cuerpo.
—Y estás congelada. —La levanto hasta meterla en la camioneta, presionando su cuerpo contra el mío entre su abrigo suelto. Nuestros labios vuelven a tocarse. Esta vez nuestro beso es mucho más, nuestras lenguas recordando lo que alguna vez fue una ocurrencia diaria y nuestros corazones uniéndose de nuevo.
—Entra —demanda ella, en medio de un sollozo.
Tengo miedo de dejarla ir. Me digo a mí mismo que jamás la dejaré ir y en mi mente dejar ir a Bella ahora, solo para dar la vuelta al auto, es incomprensible.
—A la mierda con esto —busco al lado del timón, tomando sus llaves del tablero de inicio y tiro de su mano.
—¿Dónde…?
Una vez que está fuera, la puerta se cierra duramente con el viento y presiono dos veces el botón del control antes de tomarla en mis brazos.
—Te llevo adentro.
Bella se sostiene. Es como un pluma y me pregunto si ha estado comiendo correctamente. Sus labios están en mi cuello y olas familiares de calor llenan mi corazón.
Juro que es un milagro de Navidad.
Subo las escaleras de dos en dos hasta que llego a mi puerta. Busco al frente y busco la llave que escondí en la columna vertical y la ingreso en el picaporte.
—No puedo creer que esté en tu casa. —Unos labios cálidos me dan más besos en el cuello y las mejillas—. He pensado en venir aquí un millón de veces. —Ella me abraza más fuerte.
—Debiste hacerlo. Te he extrañado malditamente demasiado, Vinyl.
El seguro de la puerta se abre fácilmente y entramos a mi pequeño departamento. Ella no ve los alrededores cuando la pongo de pie, de todas formas no hay mucho que ver. Su cabeza se eleva y enreda su mirada con la mía.
—Déjame calentarte. —La pongo contra mi pecho y la encierra entre mis brazos.
—No tengo frío.
Sus dedos están fríos cuando los mete debajo de mi camiseta, enroscándolos en mi espalda.
—Mentirosa. —Sonrío mientras ella envía olas de escalofríos a través de mi cuerpo. Beso su frente, disfrutando lo que siento a pesar de que mi piel se enciende.
Tengo tantas preguntas: ¿Por qué está aquí? ¿Aún está en peligro? ¿Dónde está Jasper?
Cuando nuestros brazos se relajan, le ayudo a quitarse el abrigo, dejando que caiga al piso. No sé cuánto tiempo tengo, así que no quiero desperdiciarlo en cosas pequeñas, como poner su abrigo en un gancho y meterlo a mi clóset. Tal vez no tengo mucho tiempo a su lado, así que cada segundo cuenta.
La guió a mi sofá, poniéndola sobre mi regazo.
—Te he extrañado, Vinyl.
—¿Lo has hecho? —Su labio inferior está atrapado debajo de sus dientes.
—Por supuesto. ¿Te habría arrastrado hasta aquí si no fuera así?
Sus hombros se elevan y encogen antes de contestar.
—Pensé que seguramente ya habías continuado con tu vida. —Ella baja su mentón observando nuestros dedos unidos.
Le doy un pequeño apretón con mi mano.
—Nunca.
—¿En serio?
Asiento, poniendo mi frente sobre la de ella.
—No podía sacarte de mi cabeza —susurro mientras mis dedos mueven sus cabellos fuera de su cuello—. O de mi jodido corazón.
—Apenas he sido útil sin ti —confiesa.
—¿Cuánto tiempo tenemos?
Si puedo guiarme por la sonrisa de Bella, creo que tenemos un poco de tiempo.
Se vuelve hacia mí, con las piernas a cada lado de mis muslos, y es lo suficientemente amable como para permitir que mis dedos floten sobre sus curvas. Sus dedos juegan con el cabello sobre una de mis orejas mientras su mano izquierda barre mi pelo demasiado largo lejos de mi frente. Veo como su lengua pasea sobre su labio inferior y luego queda atrapada entre sus dientes, alentando mi contacto. Amo como hace que los gestos más simples parezcan tan sexys como el infierno.
El valle de su cintura y la elevación de sus caderas me tienen hipnotizado.
Ni siquiera mis sueños han sido tan maravillosos como esto: lo real. Mis pulgares encuentran los huesos de sus caderas y mis dedos se apretujan alrededor de las caderas cubiertas de denim. Ella se acerca aún más, sus tetas presionan contra mi pecho sin siquiera dejar espacio para el aire entre nosotros. Mi necesidad de tenerla debajo de mi cuerpo me hace reposicionarla hasta que mi mano guía su cabeza a los cojines del sofá.
Su aliento tembloroso escapa de su garganta justo en el momento en que mis labios tocan los de ella. Inhalando su esencia, saboreando todo lo que me da: su amor, su presencia en mi vida una vez más y el calor de sus labios y su lengua.
Si no puedo tenerla más que por esta noche, es muy posible que consuma cada onza de ella en este momento.
Bella lloriquea cuando nuestro beso disminuye y me preocupa que algo esté mal.
—¿Cuánto tiempo tenemos? —susurro en su oído. Mis dedos tiran de su sudadera, dándome mejor acceso a su cuello. Mordisqueo y beso un camino que baja desde su cuello hasta su hombro, saboreándola. En respuesta, Bella suelta un dulce gemido en mi oído y aprieta mi cabello con dedos avariciosos.
Una vez que su sudadera detiene mi descendencia, regreso el camino que mis labios acaban de hacer y observo el vaivén de sus pestañas mientras ella lucha con la necesidad de mantener sus ojos abiertos.
—¿Cuánto tiempo? —pregunto nuevamente.
Bella hace una pausa, su mirada acaricia la mía. Su aliento sale en un susurro.
—Para siempre… si aún me quieres.
Las lágrimas inundan mis ojos.
—¿Hablas en serio?
Ella asiente.
—Completamente.
Sin importar cuánto la necesito físicamente, necesito más las respuestas, así que me deslizo de donde estoy y me ubico a su lado.
—Por favor, cuéntame todo. Necesito saber. —Me apoyo en su cadera hasta que está frente a mí—. No creo poder concentrarme hasta saber que tanto tú como Jasper están seguros y que jamás volverás a dejarme. —Acaricio su cabello, dejando que sus suaves y oscuros mechones disminuyan mis miedos.
Sus cejas se unen.
—Soy libre —lo dice tal como si ella aún no lo creyera.
Mi mano se detiene cuando escucho esas palabras, enroscándose en la curvatura de su cuello, poniéndola aún más cerca, hasta que nuestras narices se tocan.
—¿Qué?
—Soy libre —repite, pero esta vez sonríe.
Y esas son las palabras que harán eco en mi cerebro por la eternidad.
.
.
Bella empieza a llenar los espacios vacíos, contándome todo desde el momento en que ella se fue del motel en Forks. Todos los meses que me pregunté dónde había estado y lo que había estado haciendo fueron tomados en cuenta. Y mis preguntas fueron resueltas.
Pasamos la mayor parte de la última hora reafirmándonos el uno al otro el amor, la necesidad y la seguridad de estar juntos nuevamente.
—Empaca algunas cosas y ven a mi casa esta noche —dice ella en medio de besos y risitas. No he olvidado ninguna de sus zonas cosquillosas.
—Debería estar aquí en caso de que las tuberías se congelen. —Hago un puchero para mayor énfasis y ella niega con la cabeza mirándome—. Zach, el dueño anterior, me ha contado que tenía problemas cuando el clima era tan peliagudo. —Hago una pausa y ella levanta las cejas—. No te he dicho que ahora soy el que está a cargo.
No me pierdo su traviesa sonrisita o el hecho de que está soltando pequeñas carcajadas, y ni siquiera estoy tocando sus rodillas.
—¿Qué?
—¿Tu nuevo jefe es un dolor en el trasero?
Me encojo de hombros porque realmente no lo sé.
—Honestamente, no lo sé. Nunca me lo han presentado.
—¿Quieres decir a ella?
—Estoy seguro de que Alec es un hombre.
—Y yo estoy muy segura que él solo es una cobertura.
—¿Una qué? —Elevo una ceja, curioso.
Ella asiente.
—¿Cómo te trata ese contrato de cinco años? —Una enorme sonrisa ilumina su rostro y un brillo travieso resplandece en el centro de sus achocolatados ojos.
—No te creo.
—Cree. —Ella se sienta y yo la sigo. Se pone a horcajadas sobre mi regazo nuevamente—. Por favor, dime que no tienes problemas con acostarte con tu jefa. —Ella hace una pausa y me lanza un guiño—. O tendré que vender este lugar.
—Diablos, no —aseguro su cuerpo entre mis brazos, dándole un abrazo de oso—. Tengo por seguro que tendré beneficios que excederán los que ya tenía.
—Así que… ¿empezarás a empacar algo de ropa ahora? Probablemente Jasper está listo para cenar.
—Sí, jefa.
.
.
El segundo en que entramos al departamento de Bella, me siento como en casa. Su esencia y el ambiente hogareño están allí. Jasper dedica un segundo a mirarme y su rostro se ilumina. Me pregunto por un segundo si es por la comida china que llevo colgando de mi brazo o el hecho de que no nos hemos visto en tanto tiempo, se apresura a estar a mi lado.
—Hola, Edward. —Apenas he ingresado y sus brazos ya están abiertos para abrazarme.
—Hola, amigo. Te he extrañado. —Pretendo lanzar algunos golpes y luego pongo mis brazos alrededor de sus hombros guiándonos a la cocina—. ¿Cómo has estado?
—Hemos estado bien, supongo.
El gesto en su rostro dice lo contrario.
—Bien. Me da gusto. —Pongo la comida en la mesa y lo atraigo a mí por un abrazo de hermanos—. Hey, gracias por cuidar de tu mamá. Sabía que iba a estar bien contigo a su lado.
—Sí, no fue nada —suelta él con una sonrisa orgullosa en su rostro.
Una voz familiar resuena en el teléfono que Jasper tiene en la mano.
—Hola, Edward. —Sonrío cuando oigo la voz de Emmett. Estoy feliz que Em haya recuperado a su mejor amigo—. ¿Qué hay?
—Nada hombre, solo estoy ocupado recuperando a mi chica y a este buen chico de vuelta a mi vida. —Guiño en dirección a Bella cuando la veo abrirse paso a la mesa con bebidas en sus manos.
—Suertudo, ¿cuándo podré ver a Jasper?
Bella se acerca al teléfono.
—Pronto.
—¿En serio? —Em, Jasper y yo soltamos al mismo tiempo. La observo preguntándome qué quiere decir y nos lo dice a todos a la vez.
—Estaba guardando la sorpresa para después, pero ya que los tres están juntos de alguna forma en este momento, les contaré mi secreto. —Ella hace una pausa, tomando su tiempo. Prácticamente puedes escuchar caer un alfiler o, en este caso, la pesada respiración de Emmett—. Alec aseguró nuestra antigua casa en Forks. Vamos a mudarnos a casa.
—¿Hablas en serio, mamá?
—Sí, cariño. ¿Cómo podría tenerte lejos de tu mejor amigo?
Me mantengo en silencio porque estoy unido al gimnasio e intento procesar cómo todo esto va a encajar para Bella y para mí.
Los chicos se echan pitidos y gritos. Jasper sale de la habitación dándonos espacio suficiente para preguntar a Bella unas cuantas cosas.
—¿Qué significa esto para nosotros? —Paso mis manos sobre mi rostro y tomo asiento al lado de la mesa—. No puedo dejar el gimnasio y estoy seguro como el infierno que no puedo vivir sin ti de nuevo.
—El gimnasio estará bien. Encontraremos a alguien para que lo administre.
—Pero…
Bella pasea sus dedos por los míos.
—Tengo dinero. Podemos vivir juntos. —Mis ojos se fijan en los suyos.
Nunca pensé en ser un mantenido, pero perder a Bella suena aún peor a que ella pague las cuentas por un tiempo hasta que yo encuentre un trabajo.
—Puedo ver los engranajes moverse detrás de esos hermosos ojos verdes —dice ella—. No voy a dejarte aquí. Así que tú vienes con nosotros o le diré a Jasper que nuestros planes tendrán que esperar.
Mis cejas están apretadas mientras proceso todo lo que ella dice.
—Eso solo si tú… —Ella duda—. O si tú no…
Mis palabras hacen erupción como volcán.
—No, sí quiero. Lo deseo. Yo…
Bella interrumpe.
—¿Entonces está hecho?
—Pero…
—Estaremos bien. Lo prometo. —Ella se inclina rodeándome el cuello con sus brazos, acercándome. Sus labios están cerca de los míos, pero aún no me besa—. Oh, y feliz Navidad.
Antes de conocer a Bella mi sueño era abrir un gimnasio para hacer buen uso de mi educación, pero ahora renunciaría a cada uno de mis sueños si eso significase tener a Bella de nuevo en mi vida.
Ser desinteresado es de lo que se trata el amor y yo amo a esta mujer más que a nada en este universo.
Ya están juntos de nuevo… ¡qué cosa más tierna! ¿Qué les ha parecido a ustedes?
¡Solo queda un capítulo más! Así que hasta el próximo…
