Capítulo 11.
Y es el último, queridos lectores. ¿Finalmente sucederá lo que tenga que ser? Tal vez sólo se hayan ayudado el uno al otro y hasta ahí, la vida da tantas vueltas...
En fin, para este capítulo les tengo una recomendación: busquen el soundtrack Leap year - Randy Edelman - The slea head cliffs y escúchenlo; presten mucha atención al minuto 3:05, sobre todo cuando lleguen a la parte "-Muy en serio. Así que…". Les aseguro que ponen ojos de corazón o por lo menos una sonrisita :v

Guest (?), aunque estoy casi segura de saber quién eres :v jaja, muchas gracias por tu adorable review! Me da gusto que hayas seguido esta historia de principio a fin! :D Verdad que hacen falta más fics de ellos? Es que son tan perfectos juntos :3 espero que este capítulo te rellene el corazón de más Jeren y que lo disfrutes tanto como lo hiciste desde el inicio!

Lucy Sasaki, pues sí, todo se fue acomodando, ya verás cómo la última pieza encaja en su lugar ;) Y sí, a Hanji la pusimos como la amiga celosa que le quiere bajar al prometido xD sé que ella no es así y que Levi tampoco se prestaría a ser tan superficial...pero ni modo, necesitábamos a gente que llenara el rol y así quedaron (?). Espero disfrutes este capítulo con todo el entusiasmo que demostraste en los reviews y por inbox xD

Flames & Handoru


Las nubes que decoraban el cielo apenas comenzaban a resguardar la luz del sol, que pronto iniciaría su descenso. La brisa marítima se internaba entre la tierra y la hierba de la península, despertando variados aunque agradables aromas. Era otro día tranquilo en Dingle, o al menos para quienes fueran comensales en Trost.
Había un gran ajetreo en la cocina; varios muchachos iban de un lado al otro cargando con ingredientes o utensilios para continuar preparando la comida que ordenaban los clientes. El pub era popular otra vez y ahora todo un éxito, lo que había obligado al dueño a contratar a más personal, incluyendo a sus fieles amigos. Con delantal, una mano lavando un vegetal y la otra sosteniendo un papelito, el joven de ojos dorados leyó:
-A ver, tenemos un kiché, un pastel de carne y una ensalada verde. Thomas, encárgate-añadió, dándole la nota a un chico rubio, el nuevo empleado, que se limitó a asentir con rapidez antes de precipitarse hacia el refrigerador.
Jean dejó la verdura sobre una tablilla para picar y comenzó a cortarla; en ese momento, un muchacho bajo y calvo se aproximó a él con un platillo.
-¿Jean?-llamó, algo incómodo.
-Mm.
-Un cliente dice que el pollo está seco.
-¿Qué?
-...Que está seco.
El irlandés terminó de cortar el vegetal con ahínco y clavó el cuchillo en la mesa, luego sacó un tenedor del cajón de abajo para probar la comida, tras saborearla negó con la cabeza, incrédulo.
-Delicioso. Está delicioso-sintiendo que la sangre le hervía, Jean se quitó el delantal y lo arrojó a un banquillo-. Sasha, estás a cargo. No lo eches a perder-indicó antes de abandonar la cocina, pero pasados unos segundos volvió, asomando sólo la cabeza-. ¡Y no te atrevas a degustar el especial del día!-ordenó, taladrando con la mirada a la castaña, que rápidamente se apartó del platillo y fingió hacer otra cosa.
Jean salió al comedor, que ahora tenía un toque hogareño con los muebles barnizados y manteles en las mesas con sus respectivos adornos centrales, sencillos. El lugar estaba abarrotado, como desde hacía unas semanas. Denotando su molestia, el joven se colocó en el área que tenía más mesas y se cruzó de brazos.
-Muy bien. ¿Quién de ustedes, idiotas, dice que mi pollo está seco?
Paseó la vista entre los comensales con cara de pocos amigos, quienes lo miraron, confundidos. La tensión prevaleció unos instantes más, hasta que fue rota por una respuesta:
-Yo lo digo.
Jean parpadeó. Esa voz...
Volteó hacia atrás. Desde una de las mesas centrales, Eren Jaeger le miraba con una sonrisa burlona; vestía una camisa verde de manga corta, pantalones blancos y un par de tenis, un atuendo sencillo que le hacía lucir mucho más atractivo. El ojidorado estaba sorprendido, pero no tardó en escudarse bajo la máscara sarcástica antes de girar para tenerlo de frente.
-¿Qué rayos haces aquí?
-Hey, no te matará ser amable una vez en tu vida. Volé más de 4 mil kilómetros para llegar aquí-repuso el joven antes de levantarse y avanzar, deteniéndose a la mitad del trayecto cuando el otro apartó la mirada, brusco.
-¿Viniste con Levi?
-No.
Al escuchar eso, Jean lo vio de reojo, luego se descruzó de brazos y fue a reunirse con él al centro del comedor. El resto de los clientes los observaban. Eren negó con la cabeza.
-Levi y yo...no iba a funcionar.
-Lo lamento.
El ojiverde hizo un ademán, restándole importancia al tema.
-¿Sabes? De camino a aquí venía pensando en una frase que escuché hace tiempo: "Siempre hay un poco de locura en el amor. Pero también siempre hay un poco de razón en la locura"-chasqueó la lengua-. ¡Me sigue pareciendo simplona! ¿Cómo puedes enamorarte, estar loco y tener una pizca de cordura? Luego pensé...que quizás no se trata de experimentar todas al mismo tiempo, sino que van una tras otra aunque no en un orden específico.
-…¿Hah?
El irlandés arqueó una ceja. Era evidente que no estaba entendiendo una palabra de lo que Eren decía, pero a éste no le importó:
-¿Te digo algo, Jean? Siempre me gustó tener certeza de las cosas...pero desde que te conocí, convertiste mi vida en un desorden infernal ¡y casi me vuelvo loco!
El aludido soltó un bufido y alzó las manos, irritado.
-Ahora yo soy el caos ambulante, ¡qué gracioso!
El americano frunció el ceño y continuó encarándolo.
-En mi vida me habían sucedido tantas cosas ¡y en menos de tres días! ¡Lo peor es que no tenía control alguno!-frotó su cabello, pensativo-. Pero cuando volví a Boston me percaté de que...jamás me había divertido tanto-le sonrió. Jean parpadeó. Ladeó su cabeza y puso una mano en la cintura.
-¿Qué estás haciendo aquí, Eren?-ahora el tono era de expectativa.
El ojiverde se encogió de hombros.
-Digamos que mis 60 segundos llegaron. Me di cuenta de que siempre tuve todo lo que quise, pero nada que en realidad necesitara-ruborizado aunque decidido, dio un paso hacia él-. Y lo que creo que en verdad necesito es esto-continuó, señalando el entorno-. Así que vine hasta aquí para preguntarte si crees lo mismo. Vine aquí para hacerte una propuesta-Jean relajó su semblante, bajó la mano de la cintura y sus ojos volvieron a emitir ese misterioso brillo. Eren tomó una profunda respiración-. Propongo que no hagamos planes, que dejemos que las cosas pasen como tengan que pasar y esperar que sea lo mejor. Así que...Jean Kirschtein, cuyo nombre es todo menos irlandés... ¿quieres no hacer planes conmigo?
Jean desvió la vista, respiró hondo y luego lo miró fijamente. Pese a sentir sus mejillas arder, Eren no parpadeó. El otro apartó la mirada de nuevo pero esta vez sonrió; pareció reflexionar algo durante unos instantes, porque después soltó una suave carcajada. Negó con la cabeza, aún sonriente, lo miró una última vez...y le dio la espalda. A paso presuroso se alejó de ahí, dejando a Eren en medio de un círculo de miradas juzgadoras. Hasta entonces el ojiverde parpadeó, sintiendo que sus rodillas intentaban doblarse ahí mismo; sacando un poco de firmeza, forzó una sonrisa.
-Supongo que...eso aquí y en China significa "no"-escupió, antes de bajar la mirada y dirigirse hacia la salida con rapidez. Una vez afuera echó a correr, limpiándose el atisbo de lágrimas que querían escapar.

Eren ahora se encontraba frente a un acantilado observando el mar con los brazos cruzados. Tras lanzar un suspiro, los dejó caer a los costados. Sus ojos cristalinos intentaban contener el llanto, pero al final una lágrima logró fugarse y bajar por su mejilla.
Era horrible despertar a la realidad de las cosas. Lo sabía. ¿Pero esto? ¿Qué rayos era esto? No conforme con tirarlo al suelo, la vida lo había pateado. ¿Acaso era una especie de karma? ¿De qué? Nada tenía sentido y sólo era consciente del dolor en su pecho que parecía aumentar con cada minuto que pasaba.
Observó las olas del mar estrellarse contra las rocas al fondo de ese acantilado; la caída seguro era larga.
-Señor O'Jaeger Kirschtein.
Se sobresaltó al oír la voz. Detrás de él, Jean le miraba con extrañeza.
-¿Qué demonios está haciendo?
Con el dorso de su mano, el ojiverde limpió la lágrima fugitiva y las que amenazaban con desbordarse; sintiendo que la sangre le hervía de repente, lo encaró.
-Descuida, no soy un cobarde que va a lanzarse por el acantilado ¡sólo porque un maldito imbécil cara de caballo le dijo que "no"!-vociferó con ojos llorosos.
-Nunca dije eso. De hecho no dije nada-repuso el barman, encogiéndose de hombros.
-¿Ah sí? ¿Y por qué te fuiste?
-Iba por algo. Tú saliste corriendo despavorido.
-¡Porque no dijiste nada! ¡Sólo te largaste! Además, ¿te parecía un buen momento para ir por algo? ¡Idiota!
Paciente, Jean dio un paso hacia él. Eren no se inmutó pese a temblar de furia.
-Fui por esto.
El irlandés metió la mano en su bolsillo y sacó un anillo que el ojiverde reconoció enseguida. El temblor desapareció de súbito, quedándole sólo un leve rubor en sus mejillas.
Jean negó con la cabeza, esbozando una pequeña sonrisa.
-¿Sabes, Eren? En verdad eres la persona más desesperante, fastidiosa e impulsiva que he conocido, y allá atrás prácticamente dijiste que yo puse tu vida de cabeza-sentenció, luego miró el anillo y le dio de vueltas entre sus dedos-. Pero la verdad es que...tú ordenaste la mía-volvió la vista hacia el americano, ahora él era el ruborizado-. Nunca creí que un caos de ojos verdes pudiera acarrear tantos problemas para luego traer...paz y estabilidad-alzó la joya a la altura de sus labios-. De no ser por ti, nunca la hubiera recuperado. Seguiría enfadado con la vida-mirándolo con intensidad, le dio un ligero empujón-. Y así es, rechazo tu propuesta. No quiero "no hacer planes" contigo, imbécil-Eren estuvo a punto de replicar, pero Jean fue más rápido y le acarició la mejilla con su índice antes de continuar-: Quiero hacer planes contigo.
El ojiverde se sonrojó aún más. Balbuceó un poco hasta que pudo articular una frase coherente.
-¿Hablas en serio?
-Muy en serio. Así que…
El ojidorado dudó unos instantes, luciendo una faceta nerviosa por primera vez, cosa que Eren encontró bastante tierna. No podía creerlo, su corazón palpitaba más y más fuerte conforme Jean se agachaba hasta que quedó con una rodilla en el suelo...y la sortija en lo alto.
-¿Te casas conmigo?
El americano arqueó una ceja, burlón.
-Esto es memorable. Jamás pensé que te vería arrodillado ante mí.
-Sí…aquí está algo húmedo y es mi pantalón favorito...así que si vas a decir algo hazlo ya, Eren de Boston.
A pesar del tono mordaz, Jean sonreía. Eren le correspondió.
-Sí. ¡Joder, claro que sí!
Jean se levantó y ambos acortaron la distancia entre ellos mientras que el atardecer despertaba el brillo en sus ojos, cuyos colores se reflejaban mutuamente. En un rápido pero suave movimiento, sus labios se juntaron en un beso y en ese instante...todo comenzó a existir.
Eren ya conocía la sensación y esta vez la dejó fluir con libertad al deslizar una mano hasta el cuello del otro, acariciando el área donde terminaba su extraño corte. Jean rodeó su cintura con un brazo y con la otra mano enredó algunos dedos en ese cabello alborotado para masajearlo; fue consciente de que la intensidad del beso aumentaba entre ambos pero sabía muy bien la razón: estaban transmitiéndose una parte de sí.
Cuando se separaron, Eren soltó una suave carcajada.
-Qué alivio, por un momento pensé que no tendría cuarto para quedarme esta noche.
-Te recuerdo que en mi pub no aceptamos americanos de ojos verdes-replicó Jean con burla. Ambos se mecían, manteniendo el abrazo entre ellos.
-¿Ni aunque tengan lencería de abuela?
El irlandés soltó un bufido, conteniendo una carcajada.
-Por favor dime que no los traes puestos...
-En verdad los odiaste, ¿cierto?-el barman puso los ojos en blanco-. Nah...traigo algo mejor que eso-añadió el otro, guiñándole el ojo. Entonces Jean esbozó la sonrisa maliciosa que Eren había comenzado a adorar.
-¿Oh? Taaal vez te pueda conseguir un cuarto. Pero te va a costar-advirtió, mirándole a los ojos, ahora con una expresión seductora.
El ojiverde aferró el cuello de su camisa.
-Agrégalo a mi cuenta.
Dicho esto lo besó. Jean no tardó en corresponderle y ambos apretaron el abrazo, utilizando sus manos para acariciarse. La puesta de sol recortaba sus siluetas para quien los viera a distancia.
Y había quién los viera a distancia. Dos jóvenes supersticiosos habían abandonado sus labores y ahora los observaban desde la base del sendero que conducía al pub entre extrañados y conmovidos.
-Mira nada más. Mejor lugar no pudieron encontrar para declararse-comentó Sasha, formando un marco para la imagen con sus índices y pulgares-. ¡Y en domingo! Es de buena suerte hacer estas cosas hoy.
A su lado, Connie asintió.
-Y terminar un viaje...
-Y cavar un hoyo.
-¡Tonta! ¿Te parece que estén cavando un hoyo?
-...Ya sabes a qué me refiero-repuso la castaña, cerrándole un ojo. Connie ladeó la cabeza, confundido.
-Hey... ¿de qué estamos hablando?
Divertida, Sasha le dio unas palmaditas en su espalda y volvió a contemplar la tierna escena en el acantilado; el calvo se encogió de hombros y la imitó.
Los jóvenes seguían besándose entre amplias sonrisas y una que otra carcajada; la felicidad que proyectaban podía compararse con una burbuja, una enorme burbuja imperfecta…que hacía que todo fuera perfecto.
Quién iba a decir que los que "se matarían entre sí", ¿hubieran acabado enamorándose?


... ... ... ...

Está bien, está bien! Falta el epílogo... Pero ése lo subimos en la semana juaz juaz :v
Esperamos que esta historia haya sido de su agrado y que la disfrutaran tanto como nosotras. Muchísimas gracias a todas las personas que le dieron favs y follows, a quienes publicaron sus adorables (y amenazantes en algunos casos xD) reviews e incluso a quienes le dieron una oportunidad al simplemente leer. Por más JeanEren / EreJean en el mundo yaoi! \o/
Lo que nos recuerda... No olviden darse una vuelta por la página de Facebook Bittersweet Lovers - Jean x Eren, hallarán hasta lo que no (?) de los novios enojados ;)
Sin más, nos despedimos y esperamos verlos por acá para leer el famoso Epílogo! :D