Capítulo 11:

Lily abrió el ojo. Se había estado remaquillando. Estaba en un baño. ¿En qué baño? Miró a su alrededor. Era las Tres Escobas. También se parecía al pub de al lado de su casa de Londres. Pero habían pintado la puerta de verde manzana.

Cogió su bolso de la encimera y se arregló el pelo con la mano. También estaba más rojo que de costumbre y también le parecía desagradable. Tenía un color sanguinolento y amenazador. Lily cerró los ojos con fuerza y al volver a abrirlos se sintió mejor.

Salió del cuarto de baño hasta la sala. Había mesitas redondas de un cristal blanco dispersas en la penumbra, así que no estaba en las Tres Escobas después de todo. Se preguntó con quién habría venido. Escrutó las mesas en busca de caras conocidas.

Sorprendentemente, había muchas. Estaba Rudy con Laura en una esquina. Tenían los brazos entrelazados y compartían una copa enorme con dos pajitas. Ella le miraba con arrobo y él le tiraba del pelo.

Más allá, la profesora McGonagall rellenaba hojas con gesto mecánico, en la misma mesa que el profesor Slughorn y el profesor Dumbledore. Los dos primeros fusilaban con la mirada al tercero, que tenía cara de culpabilidad. Siguió mirando.

Joanna estaba sola en una mesa a su izquierda. Lily suspiró aliviada y se dirigió hacia ella, pero su amiga -su mejor amiga-, frunció las cejas y negó con la cabeza. Lily se paró y Jo asintió. Luego indicó una dirección con la barbilla.

Obedientemente, miró hacia allí. Dos personas más estaban sentadas solas en las mesitas blancas. De entrada, vio a James y nada más.

Estaba reclinado contra el respaldo con los brazos cruzados. Miraba al aire, arrogante y fijo como si estuviese esculpido en piedra. Parecía aburrido y duro. Sólo mirarle resultaba insultante.

Lily avanzó de todos modos hacia él, con una enorme sonrisa. Le iba a echar los brazos al cuello, besarle, probablemente, echarle el pelo hacia atrás; sentir como la rodeaba con los brazos y le murmuraba palabras. Unos metros antes de llegar se paró, desconcertada.

Una rubia se había sentado frente de él y él se había enderezado sin perder la expresión insolente. Le había cogido una mano por encima de la mesa y le decía algo. La otra se reía agitando los pendientes.

Le recordaba a algo, y al cabo de unos segundos comprendió dónde la había visto antes. Era la chica del metro a la que James había dejado con la palabra en la boca la noche que habían ido a ver el concierto todos juntos.

Giró la cabeza para ver a Jo de nuevo. De nuevo, ella le hizo señas con la cabeza en la misma dirección. Volvió a mirar.

Snape estaba sentado a otra mesa y junto con Jo era el único que parecía consciente de su presencia. La miraba esperanzado, como si esperase algo de ella.

Se acercó poco a poco. Parecía un par de años más joven de lo que era en realidad. Se parecía a aquella tarde junto al lago en la que había dejado de hablarle. La nariz enorme le devoraba la mitad de la cara y el pelo le tapaba los ojos.

Parecía vulnerable y desgraciado, pero ella sabía lo rápido que su expresión se transformaba. En un instante podía reclamarle cosas que ella no le debía, no le había prometido jamás y no quería darle. Severus le recordaba cosas que no quería recordar, como que estar vivo no implicaba necesariamente que le importases una mierda a alguien.

Se sentó junto a él y le sonrió amistosamente. Él entrecerró los ojos, como si hubiese temido que no volviese del cuarto de baño. Empezó a hablar.

Hablaba de pociones. Habían tenido conversaciones interminables sobre pociones, tumbados junto al lago, hace mucho tiempo. Era algo muy nostálgico pero Lily estaba medio girada y miraba hacia la mesa de James.

Estaba besando a la rubia, y tomándose su tiempo. Por encima de su hombro Lily vio sus ojos abiertos e intercambiaron una larga mirada. Luego James se puso a leer las consignas de evacuación del edificio.

De repente desaparecieron todas las mesas menos la suya y la de James. Snape seguía hablando (¿Qué decía? Lily, no he sido yo, nunca… Algo así) Por detrás de James había aparecido un sofá de fieltro rojo parduzco. Sirius, Remus y Peter estaban sobre él y miraban hacia ellos sonriendo.

Sirius levantó la mano y la agitó hacía ella. Remus le dedicó una inclinación de cabeza y Peter le envió un beso. Luego se volvieron hacia James.

- Me has copiado descaradamente, observó el licántropo.

James parpadeó afirmativamente pero no pudo responder, porque seguía besando a su rubia.

- Así es como es, dijo Sirius burlonamente.

- ¿Así? Preguntó Peter enarcando mucho las cejas.

Los otros dos afirmaron con la cabeza.

- Nada de lo que te enseña te engaña, afirmó Sirius.

- Y todo lo que te dice es verdad, repitió Remus.

Peter asintió seriamente. De algún lado habían salido unas tazas de té y todos parecían dedicados a beber concienzudamente.

Lily se echó a reír por lo bajo. Snape no pareció notarlo, pero Remus frunció el ceño.

- ¿Qué te parece gracioso?

- Sois como… murmuró entre risas.

- ¿Cómo? Insistió Peter dejando la tasa en una mesita también blanca.

De repente, James se separó de la rubia y la dejó aparte. Se levantó y Lily sintió que al fin podía respirar.

- Cómo el coro de una tragedia, dijo burlonamente.

Los tres otros también rieron. La rubia se levantó y trató de atraerle de vuelta a la banqueta. Se puso de puntillas para volver a alcanzar sus labios, pero James ya no le hacía caso. Se la sacudió de un manotazo.

- Mirad, empezó Remus en tono socarrón. Estos personajes van a representaros la historia de Antígona…

- ¡Cállate! A Lily le pitaban los oídos de repente.

- No te preocupes, le dijo Sirius con amabilidad. No es tu tragedia.

Lily le miró esperanzada.

- ¿No?

- No, aseguró Peter.

- Claro que no, dijo James con seguridad. Luego salió de su mesa y avanzó hacia ella. Le rodeó la cintura con el brazo y la besó en la frente.

- Nosotros vamos a vivir, le susurró detrás de la oreja.

Ella sonrío y le abrazó. Detrás de ellos, vio la cara de Snape y se preguntó por qué parecía tan triste.

Lily se despertó de un golpe. Había sudado y las sábanas se le pegaban a la piel. Las arrancó de un golpe y se puso de pie en el dormitorio silencioso. La luz de la luna entraba por la ventana y caía sobre el pelo largo y moreno de Laura. Dormía tranquilamente y su respiración acompasada reconectó a Lily con la realidad.

Febril y temblorosa avanzó hasta la cama vacía de Joanna y se sentó sobre la colcha fría hasta que consiguió recuperar la conciencia de quién era y dónde estaba. Luego dobló las piernas y apoyó la espalda contra la pared.

Llevaba un camisón largo y blanco. Se lo quedó mirando y decidió que no podía soportarlo. Abrió su baúl y esperó unos segundos para ver si Laura, Danielle o June se movían, luego sacó una camiseta grande del Puddlemore United. En el momento de ponerse unos pantalones cortos cambió de idea y prefirió no ponerse otra parte de abajo que la ropa interior.

No conseguía sacudirse el desasosiego del sueño. La camiseta le recordaba a James. Despierta recordó con mucha más claridad el aspecto detestable que había tenido. Sacudió la cabeza.

- No, James no es así, murmuró en el aire.

Se asomó a la ventana. Siempre tenía la sensación que mirar por la ventana iba a ser entretenido y siempre se aburría en seguida de hacerlo. Se dirigió hasta el baño, pero en el último momento cambió de dirección y bajó a la sala común. Se sentó en el sofá frente a la chimenea y acarició la tela lisa con la mano. Anda, era como el de su sueño. No sabía por qué no lo había reconocido desde el principio.

En su imaginación se superponían imágenes de James. James en el concierto, James con sus amigos, James con la varita en alto luchando en el Gran Comedor. Había tenido miedo en ese momento. Había estado asustada. El odio contra ella y su familia, ¿cómo podía acostumbrarse?

En ese momento oyó un ruido en la escalera de dormitorio de los chicos. Se iba a dar la vuelta; decidió no hacerlo, porque si no era James es que realmente no había sentido en casi nada.

Era él. Se sobresaltó al verla, pero avanzó hasta el sillón de al lado de la chimenea, en frente, y se sentó.

- Me ha alcanzado un sortilegio. No sé que era, pero pica. Es insoportable, dijo con exagerado tono lúgubre.

Pilló a Lily por sorpresa y los dos se echaron a reír.

- ¿De qué te ríes? Preguntaron a la vez.

- De que estabas tan seria y vengo yo con mis estupideces, explicó James.

- De que estaba tan seria y vienes tú con tus estupideces, remedó Lily, sonriendo y estirándose contra el respaldo del sofá.

James sonrió también. Se incorporó y vino a ponerse en cuclillas, justo delante de Lily.

- ¿No estás enfadada conmigo?

Lily arqueó las cejas.

- Seguro que sí que lo estoy. ¿Por qué?

James resopló.

- Se me ocurren muchas razones. Para empezar, he cabreado a tu amiga.

- Danielle también es tu amiga, protestó Lily.

- Vale; he cabreado a Danielle. Te he sacado del colegio cuando lo atacaban. Te he dado órdenes cuando lo defendíamos. Me he dado hostias con todos los hijos de puta de Slytherin que he tenido la oportunidad.

Esperó unos segundos.

- He usado las palabras atacar y defender e hijos de puta en este contexto.

Lily hizo un esfuerzo por mantener la seriedad.

- ¿Lo hiciste por el bien común?

James abrió mucho los ojos y respondió con seriedad apostólica:

- No -lo hice porque iba borracho.

Lily dejó escapar un resoplido de risa.

- Ah, pues en ese caso… Yo te absuelvo.

James se levantó y se sentó al lado de Lily, con la cabeza apoyada en el respaldo y las piernas estiradas. Miraba al techo como en su sueño, pero estaba tranquilo.

Al cabo de unos segundos de silencio, James preguntó:

- ¿Estás preocupada? ¿Por lo de la guerra, el colegio?

Lily negó con la cabeza.

- ¿Por qué no?

- Porque son las cuatro de la mañana.

James asintió con gravedad.

- Mmm, es verdad, eso suele detener a los mortífagos.

Lily arqueó las cejas repetidamente e hizo un movimiento despectivo con la mano.

- Todo el mundo necesita dormir.

Pero James había fruncido el ceño y la miraba inquisitivamente.

- ¿Qué pasa? Preguntó ella a la defensiva.

- Ese gesto, explicó él. Con la mano.

Entonces Lily cayó en que acababa de imitar un gesto típico de James. Por supuesto, prefería morir antes que admitirlo.

- ¿Qué? No tienes el monopolio de los gestos con la mano.

- Vamos. No es tan difícil admitir que me has copiado un gesto.

Lily le miró con irritación.

James le mantuvo la mirada y luego, deliberadamente, la bajó hasta sus piernas desnudas por debajo de la camiseta.

- Pelearnos es algo que se nos da magníficamente.

Durante unos segundos se miraron desafiadoramente a los ojos.

- Me pregunto cuanta comedia hay en realidad en todo esto, dijo Lily de repente, alzando los brazos y dejándolos caer. Nos llevamos bien, nos peleamos, nos odiamos y parece que no puedes vivir sin volverte insoportable un par de veces al día. Quizá es que realmente no tenemos nada que hacer, y…

- Sí, probablemente me peleo contigo sólo para darme algo en que pensar, interrumpió James con un atisbo de amargura. Lily se sintió mucho más dolida de lo que habría imaginado.

En seguida le tuvo arrepentido y humilde a sus pies.

- Lily, lo siento. Sabes que…

Decía tan pocas veces su nombre.

Ella se encogió de hombros.

- Da igual.

Durante unos segundos miró pensativa hacia la chimenea.

- ¿Te vas a ir a la cama? Preguntó entonces.

James puso cara de incredulidad.

- ¿Estás de broma?

Lily tuvo una risita breve.

- Vale, entonces.

Murmuró un hechizo y encendió la chimenea.

- Estoy helada.

Se levantó y se estiró cuan larga era contra el calor del fuego. Al darse la vuelta, vio inmediatamente que James volvía a estar enfadado.

- ¿Qué pasa? Preguntó tentativamente.

- ¿Qué tal todo? Respondió él, con una expresión cerrada. Lily frunció el ceño.

- Bien, supongo. ¿Por qué?

- Llevas medio año jugando conmigo. Pensé que igual te inspiraba una reflexión más interesante, replicó él duramente.

Lily se disgustó.

- No puedes ser tan antipático conmigo simplemente cuando te da el venazo.

- ¿No puedo? Madre mía, qué habré estado haciendo desde hace siete años.

Lily se volvió a sentar a su lado. Miró fijamente las llamas bailar en la chimenea, conteniendo la respiración. Al fin se giró hacia él, le agarró de la oreja y se la retorció con fuerza.

A penas tuvo tiempo de darse cuenta de lo que sucedía cuando James la sujetaba con fuerza por las muñecas. Lily se asustó, pero en menos tiempo aún él saltó sobre sus pies y se dirigió hacia la chimenea. Poco a poco, la cara de rabia que ponía le hizo gracia y sintió que la presión en las sienes disminuía y nacía un temblor en el pecho, hasta que se echó a reír francamente.

James se paró al instante. La miró con extrañeza, sonrío y le dijo con ternura.

- Creo que te odio cada vez que te ríes y no sé por qué.

Lily, con lágrimas en los ojos, repitió entre risas la última parte de su frase.

- ¿De verdad no sabes por qué?

James bajó los brazos.

- Bueno, puede que sí lo sepa.

Luego se acercó de nuevo y una vez más se sentó a su lado en el sofá rojo de la Sala Común. La miró con seriedad, una vez más el James dueño de sí mismo y equilibrado que era normalmente.

- Lily, te tengo que preguntar una cosa.

Lily tragó saliva.

- Si no tengo ninguna oportunidad contigo, me lo tienes que decir.

La había estado mirando con una intensidad acaparadora, pero en ese momento frunció el ceño cómicamente y añadió:

- En fin. Volver a decir.