Hola! siento tardar tanto, de verdad, pero entre la sequía de inspiración que sufro, varios proyectos que tengo en mente y que intento ordenar y las votaciones del Reto "Parejas Extrañas" del foro Weird Sisters... pues eso, que me falta el tiempo por todos lados y en la Uni parece que a todos los profesores les ha dado el gusanillo de pasarse todas las vacaciones de Semana Santa leyendo trabajos de alumnos...
En fin, que no tengo una excusa...
Mil gracias por todos vuestros comentarios y por leer... Leslie Rebeka Black Snape, EuqeArt, Topa Lupin Black, Merodeadora Blacky (por partida doble Xp), Hibichan y ILoveWeasleys
Vuestros comentarios son el alimento de mis musas -
11. Luna
En el cielo despejado se podía distinguir perfectamente el orbe brillante de la luna, sobre ellos, iluminándolos con su plateado resplandor. Los cuatro animales paseaban por los alrededores del bosque prohibido, aparentemente tranquilos, la rata montaba ágilmente sobre el lomo del ciervo y el lobo parecía ir inmerso en sus propios asuntos, ajeno a la compañía que llevaba. El perro caminaba a una distancia prudencial del lobo, pues cada vez que intentaba acercarse, el lobo dejaba relucir al resplandor nocturno sus afilados y enormes dientes para él. Remus no estaba de humor.
El ciervo y la rata podían notar la tensión entre los dos animales, por lo que preferían no meterse en medio salvo si terminaban arrancándose la piel a mordiscos el uno al otro. Tal vez temían salir ellos también con marcas de dientes por todo el cuerpo. El pelaje grisáceo de Remus brillaba mucho a la luz de la luna llena, parecía plateado, etéreo. Sirius, con su forma de perro guiando sus movimientos, no era capaz de mirara hacia otro lado cuando el imponente lobo caminaba.
El perro negro habría reprimido un suspiro si hubiera sido humano, la conversación que tuvo con Remus en los terrenos aun le daba vueltas en la cabeza. Había estado a punto de decir algo de lo que ni siquiera había sido consciente antes, algo que no había planeado decir de ninguna manera. Había estado a punto de confesarle a Remus que le quería de manera diferente a lo que siempre había creído, como más que su amigo. Había descubierto en ese momento el porqué no podía ser feliz con ninguna chica, por que era solo Remus quien le hacía feliz.
Intentó un acercamiento una vez mas, esta vez con el rabo entre las piernas y la cabeza gacha, aguantando de manera estoica los sonoros gruñidos que salían de la garganta del otro cánido. Sirius se moría por estar cerca de Remus, no importaba si salía escaldado en el intento. El lobo vio que el perro no retrocedía ante sus advertencias, estaba muy tentado de enzarzarse en una pelea para desquitarse del enfado que siendo humano podía reprimir. Sin embargo el olor del perro penetraba a raudales por sus finas fosas nasales, llamándole. Y dejó que se acercara sin dejar de bajar la guardia, no estaba dispuesto a tolerar ni una sola tontería del perro esa noche.
El ciervo y la rata solo volvían a mirarles, ahora menos preocupados, pero igualmente atentos. Remus estaba especialmente susceptible y todo parecía apuntar a que la culpa era de Sirius. Solo lo parecía. El perro restregaba sumiso su propio hocico contra el del lobo, que le ignoraba completamente tenso. Era su manera de decir "Remus, lo siento" pero el lobo no estaba dispuesto a ceder tan fácilmente, aunque le resultara especialmente difícil resistirse a los ojillos tristes de perro abandonado que el otro ponía para ablandarle. Un tímido lametón en el hocico plateado del lobo fue todo lo que Sirius necesitó para que Remus le perdonara. Al menos la parte de Remus que gobernaba el lobo. Le devolvió el lametón, consiguiendo un sonoro ladrido de alegría y que la cola de Sirius se agitara de lado a lado con la misma alegría.
Mas tarde, esa misma noche, el perro posesivo no dejaría al ciervo y la rata acercarse a Remus mientras este volvía a transformarse en humano. Le rodeaba, echando amenazantes miradas a los otros dos, mientras esperaba que su Remus volviera a mirarle con forma humana. Y cuando el chico apareció tirado en el suelo de cualquier manera, dolorido y con algunos rasguños abiertos, Sirius aun en forma de perro, se acercó a lamerlos con devoción. A lo mejor debería transformarse en humano de nuevo como habían hecho James y Peter ya, a lo mejor, pero sabía que si se transformaba no tendría la valentía suficiente para acercarse a Remus y tratar de curar sus heridas, como ahora las lamía. Sintió la mano débil de Remus acariciarle detrás de las orejas y supo que de verdad le había perdonado. Sirius sintió complacido el contacto, desando mas, desando que Remus también hubiera descubierto algo tan revelador como hizo él el día de la discusión.
Remus no comprendía porqué Sirius aun no se transformaba. Simplemente permanecía ahí, acurrucado a su lado, dejando que le acariciara las orejas gachas. Le dio unas palmaditas en el lomo y vio como la cola de Sirius se movía de lado a lado. Remus sonrió, al parecer estaban los dos más tranquilos después de esa luna llena.
-Remus nosotros iremos yendo a despertar a Poppy... -dijo inseguro James mientras observaba la extraña actitud de sus dos amigos. Remus asintió sin apenas mirarle y James cogió de un codo a Peter para echar a andar hacia el castillo.
-Parece que nos han dejado solos, Canuto... -Remus seguía sonriendo y acariciando el suave pelo del lomo de Sirius, quien no apartaba esos ojos grises que seguía conservando siendo perro, de él.-Vamos, tenemos que ir al castillo...
Intentó levantarse, pero las patas delanteras de Sirius sobre sus hombros volvieron a tumbarle en el suelo de manera brusca. El ladrido alegre de Sirius casi le deja completamente sordo.
-¡Ay¡Joder, Sirius! -pero no podía contener esa risa fresca que le salía por la boca solo de saber que Sirius se estaba comportando con él con total normalidad, como si no hubiera habido Amber ni discusión alguna entre ellos.
El animago no se transformó hasta que Remus le sacó a rastras de allí y entonces se pasó el resto del camino abrazado al licántropo con la excusa de que aun estaba débil por la transformación. Sirius pensaba que era una excusa muy mala, pero era la única que tenía, sin ser perro, de acercarse tanto a Remus. Y éste por su parte pensaba que la dolorosa transformación había merecido la pena si Sirius y él iban hasta el colegio completamente pegados. Aunque Sirius solo lo hiciera por eso, Remus tenía alegría de sobra para el resto del día.
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