Capitulo 9

-Que tal los ensayos — le preguntó Candy a Anthony cuando éste entró en la suite del

hotel a media tarde casi una semana más tarde.

Iba sin camisa y con el largo pelo mojado por la ducha reciente. Con una toalla en la

mano y una botella de agua en la otra, recorrió la estancia con gracia perezosa. Los

músculos de sus hombros se movían sinuosamente cada vez que se frotaba el pelo con

la toalla, y la nuez le oscilaba arriba y abajo al beber el agua. Sus rasgos perfectamente

simétricos esbozaron una sonrisa igual de simétrica.

En los últimos cinco años, Anthony había madurado definitivamente. No era sólo un

niño bonito, sino que se había convertido en un hombre realmente guapo. No era de

extrañar que su rostro apareciera en posters, vallas publicitarias y portadas del mundo

entero. Tras largos años de comunicarse con él sin verlo, Candy estaba aturdida de

nuevo por su belleza. Le gustaba mirarle. Sólo mirarle. No sentía ningún impulso de

tocarle. Por el contrario, se moría por ver unos ojos verde-azules, un pelo castaño largo,

una tensa mandíbula cuadrada y una dura cara llena de lujuria por ella.

Maldita sea, tenía que dejar de pensar en Terry. Eso no la ayudaba en absoluto.

"¡Céntrate, Candy!". Lo que sí que la ayudaría sería sentir el ardiente deseo de estar

desnuda con Anthony, el mismo deseo que sentía cuando Terry la miraba o Albert la

besaba tan tiernamente. Pero ese deseo de revolcarse y acostarse con Anthony seguía sin

aparecer. En los últimos días incluso había sentido alguna chispa por él, brillantes y

fugaces como el flash de una cámara, que luego desaparecían.

Pero nada más.

Y parecía que tampoco Anthony se hubiera sentido lleno de deseo por ella. La había

besado dulcemente todas las mañanas y tiernamente cada noche, y luego se había ido a

la cama, dejándola a ella sola en la suya. Gracias a Dios. Pero Candy no podía evitar

preguntarse si había algo malo en ella para que ningún hombre quisiera tomar su

virginidad. Confundida por todo ello, Candy sacudió la cabeza.

Pero ahí no acababa todo. En tan sólo unos días, Terry, un hombre del que se había

jurado a sí misma no enamorarse, había irrumpido en su corazón y se había instalado en

lo más profundo de él. Se sentía como una tonta. Amar y echar de menos a un hombre

que jamás correspondería a sus sentimientos era una insensatez. Anthony había estado

en sus sueños, en sus planes, durante mucho tiempo. Se suponía que iban a compartir la

vida. Cierto que él ya no era el mismo adolescente despreocupado y alegre que ella

recordaba. Pero ella tampoco era la misma mujer. Ya no lo veía todo de color de rosa. Y

mucho se temía que Anthony no tenía lo que ella necesitaba.

-El ensayo ha sido lo mismo de siempre. - Hizo una mueca como si recordara que ella

estaba allí - Tampoco es que me sorprendiera. No todo el mundo puso el máximo

empeño en hacer su trabajo. Los idiotas tenían resaca. - Puso los ojos en blanco- Para

colmo tenía la prensa encima todo el rato. Parece que no tienen otra cosa que hacer que

sacarme en las noticias cada vez que toso. Ojalá no me siguieran a todas partes, pero

Neal no hace más que animarlos. Todo por mi imagen.

Seguro que sus intenciones son buenas. El concierto de esta noche será genial, ya lo

verás. - Candy se esforzó en parecer comprensiva, como una amiga debería serlo. Pero

no estaba familiarizada con el lado gruñón de Anthony.

-Neal sólo busca llenarse los bolsillos. Es un avaro hijo de perra. Si no fuera uno de los

mejores en su trabajo, le habría dado una patada en el trasero hace tiempo. Actúa como

si yo necesitara un padre que me mantenga a raya.

Candy no había visto demasiado a Neal, pero sí lo suficiente como para saber que aquel

hombre consideraba su deber evitar que Anthony se autodestruyera.

-Está tratando de ayudarte.

-Lo único que hace es fastidiarme.

-Pues sólo tienes tres alternativas. O lo despides. O te aguantas. O le pides que sea más

amable contigo.

Aquello interrumpió la acalorada perorata de Anthony.

-Maldición, tú sí que eres lista. Te pareces a tu padre, no tienes pelos en la lengua. Sabía

que había una razón para que te invitara a la gira conmigo.

Anthony esbozó una sonrisa, y parte de la tensión desapareció de su cara, luego la

abrazó y la besó en la frente. Candy se esforzó por disfrutar de su calidez, pero las

palabras de Anthony aún le rondaban en la cabeza, distrayéndola. Y aunque él era muy

atractivo, ella sentía que no se encontraba en el lugar adecuado.

Y sabía por qué. "Condenados Terry y su terquedad".

Candy se apartó del abrazo.

-Entonces, ¿está todo listo para el concierto?

-Bueno, al final sí. El local es estupendo. Lo cierto es que estoy esperándolo con ansia.

La mirada que Anthony le dirigió la desconcertaba. Era reservada, nerviosa, ansiosa,

tierna. "Interesante…"

-¿Porque da inicio a la gira?

-No. Es este concierto en concreto. Estoy algo nervioso.

Candy sonrió y le cogió de la mano, recordándose a sí misma que Anthony necesitaba

un amigo. En realidad, eso es lo que ella era para él. Por lo que había visto, ni Colin ni

Neal ejercían esa función. No era de extrañar que estuviera enfadado. Ni que se sintiera

inquieto por ese concierto. Como amiga suya, Candy podría ayudarle a tener confianza.

-Estoy segura de que el primer concierto de una gira es excitante. Todas las entradas

están vendidas. Los fans llenarán el foro. Te adoran. No tienes de qué preocuparte.

-Oh, no me preocupo por eso. A veces, pienso que podría cantar Mary tiene un

corderito, y todos me animarían de la misma manera.- Se rió con sarcasmo - Es una

locura.

-¿Entonces qué sucede?

-Ya lo verás.

El sonsonete iba acompañado de una extraña mirada. Definitivamente, Anthony tenía un

secreto. Se traía algo entre manos.

-¿Qué estás planeando?

-Tendrás que esperar a esta noche para descubrirlo.

-Lo estoy deseando. - Pero en realidad no era así. Un temor que no comprendía le

revolvió el estómago. Las sorpresas no siempre eran buenas. - ¿De qué se trata?

-Mmm, te aseguro que te gustará. - ¿Estaba él enfadado porque ella no estaba saltando

como una loca tratando de averiguar el secreto?

-Espero que así sea.

Él la miró fijamente, aquellos ojos azules y penetrantes parecían ansiosos y confusos.

Ella suspiró.

-¿Qué sucede?

-Nada.

Una negativa directa. ¡Qué hombre tan caprichoso! Pasaba del júbilo a la tristeza, de la

travesura al mutismo, en un santiamén. Y por lo que Candy había podido ver, todos

tenían que adaptarse a su estado de ánimo. Anthony estaba acostumbrado a que todo el

mundo estuviera pendiente de él. Se parecía muy poco a su padre y a sus hermanos que

sólo tenían tres modalidades: trabajo, risa y cólera… en ese orden. Anthony, sin

embargo, era todo un mapa emocional.

-¿Qué ha sucedido con el Anthony que conocía? - La pregunta se le escapó antes de

poder detenerla.

Anthony clavó la mirada en ella.

-¿A qué te refieres?

Candy contuvo el deseo de removerse inquieta y apartó la mirada. Pero no habían

mantenido una conversación sincera en la última semana. Vana y superficial, sí.

Anthony le había preguntado por su familia, por sus estudios, y se había interesado

ligeramente por sus planes de futuro. Por otra parte, ella tampoco se había mostrado

muy comunicativa. No podía soltarle de buenas a primeras que no podía pensar en el

futuro cuando ni su corazón sabía lo que quería. Además, él parecía absorto en esa gira

y no había abierto su corazón a Candy. Algunos días, apenas le hablaba.

A diferencia de Terry, que siempre se comunicaba con ella incluso con una simple

mirada. Le decía las cosas a la cara, quisiera ella o no escucharlo.

-Creo que ya sabes lo que quiero decir - murmuró ella, esforzándose por apartar de sus

pensamiento al duro guardaespaldas - Has… cambiado.

-Tú también. Eres más confiada, madura y endiabladamente sexy. Se inclinó hacia ella

y depositó un beso tierno en sus labios - Cuando estoy contigo, me siento más yo

mismo, más centrado. Supongo que lleva un tiempo acostumbrarse a no andar de fiesta

todo el rato.

Quizá fuera cierto. ¿Quién sabía? De alguna manera, Candy tenía la sensación de estar

hablando con un desconocido.

-No estoy aquí para cambiar tu vida.

-Necesito cambiarla y sé que tú eres la clave. Recuerdo ese verano que pasé contigo y

con tu padre, y recuerdo las cosas que hablamos, que hicimos. Encontramos maneras

sencillas y buenas de divertirnos. - Hizo una pausa, y un destello hizo brillar sus ojos

oscuros - Oye, ¿sabes qué tengo en DVD?

Aquella sonrisa de Anthony destilaba travesura. Y un atisbo de felicidad. Una sonrisa de

verdad. La primera que le había visto en una semana.

Candy se relajó y le devolvió la sonrisa.

-¿American Pie?

-Sí. Y aún tengo unas cuantas horas libres antes de tener que pisar el escenario,

¿quieres…? ¿Ver juntos la película que les había hecho llorar de risa aquel verano?

-Claro.

-Espera un momento.

Se inclinó sobre el respaldo del sofá y agarró el teléfono. En unos segundos había

pedido palomitas al servicio de habitaciones. Para cuando encontró el DVD, supo

conectarlo a la televisión de plasma de la suite y dio clic al menú en la pantalla, llegaron

las palomitas. Durante más de una hora, se rieron de las travesuras de aquellos cuatro

adolescentes del instituto que lo único que querían era perder su virginidad la noche del

baile de graduación.

-Mira esto - Anthony cogió un puñado de palomitas y las lanzó al aire tratando de

cogerlas con la boca abierta.

No lo consiguió y le golpearon la mejilla, provocando la risa de Candy.

-Asombroso.

-Bueno, hace mucho que no practico. Y me sale mejor con los M&M's.

Ella le dio un golpecito en el hombro.

-Excusas, excusas.

-Veamos si tú lo haces mejor

Arqueando una ceja, Candy cogió un puñado de palomitas y lo lanzó al aire. La mayoría

aterrizó en su lengua. Le dirigió a Anthony una sonrisa engreída.

-Fanfarrona -murmuró él, pero le pasó el brazo por los hombros mientras se

acomodaban para ver el resto de la película.

Y realmente estuvieron cómodos, pero en plan amistoso. Cuando la película finalizó,

Anthony apagó la televisión y el reproductor de DVD con una enorme sonrisa.

-Esa película siempre me recuerda el verano que pasamos juntos. No creo haber pasado

otro mejor. Sin presiones. Sin admiradores. Sin fiestas. Sólo me divertía.

-Yo también me divertí mucho ese verano.

En el aire se respiraba la esperanza del primer amor. En aquel tiempo, habían sido

inocentes -nunca habían ido más allá de los besos-, pero cada uno de ellos había

parecido ardiente y prohibido. Y dulce. Y Anthony había comprado ese DVD porque le

recordaba a ella, y lo había llevado siempre consigo. Verlo juntos de nuevo había sido

como una explosión. Pero, ¿había servido para que Anthony recuperara el lazo afectivo

que habían compartido una vez o sólo le había hecho recordar un pasado más feliz?

¿Estaba interesado en ella de verdad, o al igual que el DVD era sólo un recuerdo de un

tiempo mejor?

¿Y por qué seguía ella allí, dándole falsas esperanzas a Anthony, cuando estaba claro

que era Terry el dueño de su corazón? ¿Cuando añoraba los momentos de tranquilidad

que pasaba con Albert?

Alguien llamó a la puerta de la suite. Sin esperar una respuesta, el visitante metió la

llave en la cerradura y entró en la habitación. "Colin". El músico les dirigió a ambos una

mueca sufrida

-Vaya, los he vuelto a sorprender vestidos. Menudo par de tórtolos.

Oh, ese hombre era insufrible, pensó Candy. Siempre decía lo que le pasaba por la

mente sin importarle si sus palabras ofendían a alguien o no.

-Estábamos viendo una película -Candy se esforzó por sonar cortés.

-Yo preferiría que empezaran a moverse para hacer una película digna de verse -dijo,

dirigiéndole a Candy una mirada lasciva.

De acuerdo, aquel hombre se había ganado el puesto más alto en la lista negra de

Candy. La irritación de la joven debió de ser evidente, pues Anthony le dirigió a Colin

una mirada de advertencia.

-A pesar de lo mucho que te gustan las películas caseras, olvídate de hacer una. ¿Qué

quieres?

-Falta una hora para el concierto, hombre. Sólo vengo a recordárselos.

Anthony se miró el reloj, luego suspiró.

-De vuelta a la realidad. -Dirigió una mirada de anhelo al mini-bar - ¿Debería beber algo

antes del concierto?

"¿Beber algo antes del concierto?".

-Creo que no deberías, pero es sólo mi opinión personal.

-Es para soltarme un poco -dijo en tono defensivo.

-Tú decides, pero apuesto lo que quieras a que no lo necesitas.

Colin se acercó al minibar y sacó un montón de botellas.

-Pareces una vieja carroza. Lo que necesitas es una buena sesión de sexo. Y no me

importaría ayudarte.

Antes de que Candy pudiera despellejarlo vivo con su lengua viperina o que Anthony

pudiera ponerlo en su sitio, Colin salió de la habitación. "Bastardo".

-Lo siento -masculló Anthony.

-Echas de menos tu antigua vida - dijo ella, dándose cuenta de que era verdad.

-Necesito dejar de vivir de esta manera. No puedo seguir despertándome cada dos por

tres al lado de Colin y de una mujer cuyo nombre no conozco. Necesito que me ayudes.

Sus ojos azules estaban llenos de esperanza, vergüenza y cólera.

Campanas de alarma resonaron en la cabeza de Candy. Incluso aunque ella lograra

sentir algo más que pena por él, Anthony sólo la quería para que lo ayudara a salvarse.

No la quería de verdad. Y ella no podía rescatar a alguien que no estaba dispuesto a

rescatarse a sí mismo.

Dios, ¡qué confundida estaba! Anthony lo había sido todo para ella -o al menos, eso

creía- hasta que conoció a Terry y a Albert. Hasta que perdió su corazón. Había volcado

sus sueños y esperanzas en Anthony. Pero en ese momento, estaba claro que ella no

encajaba allí.

-Por favor, ayúdame. - Le agarró las manos y la acercó a su cuerpo.

Candy olía a champú de rosas y piel limpia, y ese aroma inundó las fosas nasales de

Anthony cuando cubrió la boca de Candy con la suya. Con suavidad. Como una

pincelada o el aleteo de una mariposa. Dulcemente, como si estuviera espolvoreándole

la boca con azúcar. Pero cuando él la urgió a separar los labios y deslizó la lengua

dentro, ella saboreó el sabor acre de la desesperación e intentó apartarse.

En vez de soltarla, Anthony la apretó contra su cuerpo. Enterró los dedos en sus

cabellos y se aferró a las largas hebras mientras profundizaba el beso. Candy lo empujó

con discreción. Él se resistió, ahondando el beso todavía más. Parecía querer tomar algo

de ella, y lo intentaba con todas sus fuerzas. Pero él no daba nada a cambio. Pensaba

que ella tenía algo que él necesitaba. Candy no lo tenía. No deseaba a Anthony. Su beso

no la hacía derretirse ni arder de deseo. No podía poner el corazón en ello. Anthony era

un amigo, pero nada más. Y se lo diría tras el concierto.

Con rapidez, ella interrumpió el beso. Él se apartó con un suspiro de pesar.

-Será mejor que me vista -dijo con voz quebrada- Y tú también. Ponte algo especial.

Con otra sonrisa fugaz, a medias entre la excitación y la ansiedad, Anthony pasó por su

lado, se metió en su dormitorio y cerró la puerta tras de sí. ¿Qué demonios pensaba

hacer ese hombre?

El rugido del estadio y los decibelios de la música habían dado a Candy dolor de

cabeza. Llevaba más de dos horas sentada entre bastidores, observando el concierto

inaugural e intentando ignorar a las groupiesque perseguían servilmente a Anthony. En

ese momento, estaba mirando cómo Anthony y su grupo ponían fin al concierto,

tocando aquella mezcla ecléctica llena de cólera y emoción, con una pizca de

clasicismo. Anthony era el cantante perfecto de mirada expresiva que no sólo se creía

cada palabra que cantaba, sino que las sentía, tanto si la canción trataba de arrastrarse

sobre cloacas inmundas o de vivir un amor eterno. No dejaba de ser gracioso que se

sintiera más excitada oyendo a Anthony cantar que besándole.

Odiaba admitir por qué, no quería considerar las razones por las que su cuerpo había

comenzado a latir desesperadamente. O por qué tenía sueños -unos asombrosos sueños

eróticos- que giraban en torno a Terry y Albert.

Candy los echaba de menos a los dos, pero lo que realmente deseaba era poder rodear a

Terry con sus brazos y curarlo. Si era sincera consigo misma, también quería que él la

viera como algo más que una virgen, como una mujer con la que podía reírse, sonreír,

vivir… Anhelaba poder decirle que le amaba. Y con el mismo anhelo deseaba oírle

decir que él también la amaba a ella.

"Eso no va a ocurrir".

Candy aceptó los hechos con un suspiro. Su futuro, el mismo que ella había trazado,

había desaparecido. Suspirando de nuevo, observó distraídamente cómo Anthony tiraba

la toalla con la que se había secado el sudor hacia la gente, compuesto en su mayor parte

por jovencitas. Algunas estaban con los pechos al aire, que oscilaban de arriba abajo

bañados por los focos. Él sonrió y las saludó.

Dios, ella no encajaba allí. Iba a tener que decírselo. Y marcharse.

-Candy.

Su nombre. Alguien acaba de decir su nombre. De gritarlo. Parpadeó. Anthony la

miraba y le indicaba que se acercara a él.

¿Acaso quería que subiera al escenario? ¿Delante de todo el mundo?

Anthony volvió a hacerle señas con un gesto más categórico.

¿Qué diablos…?". Con un encogimiento de hombros, se levantó de la silla y subió al

escenario. Se apagaron los focos. La multitud guardó silencio. Con el micrófono en la

mano, Anthony sonrió y dijo:

-Es genial haber regresado a Houston, mi ciudad natal.- La multitud hizo una ovación

cuando él pasó el brazo por los hombros de Candy y la estrechó contra su cuerpo,

besándola en la sien.

Con la cabeza dándole vueltas, Candy miró a la gente y casi perdió el equilibrio. Si bien

los brillantes focos del escenario le impedían ver al público, había visto el tamaño del

recinto poco antes del comienzo del concierto y sabía que allí había miles de personas.

¿Por qué la había abrazado delante de toda esa gente? Ella no iba a cantar.

-Es el lugar perfecto -murmuró Anthony dirigiéndose a la multitud con el tono de

alguien que va a contarle un secreto a un amigo -para presentarles a mi novia de

siempre, Candy, la chica con la que voy a casarme.