Batman Family: Legacy
Wingzemon X
Capítulo 11
Lo que Bruce querría
Miércoles, 24 de julio del 2013
La señorita Tracey Buxton había tenido un día agotador… No, más bien había tenido unos días agotadores. Tenía demasiadas presiones encima últimamente, y éstas parecían ir en aumento exponencialmente; estrés era una forma muy escueta de describir su estado. Al llegar a su departamento de lujo sobre Gotham Square esa noche, sus pies y su cabeza le pedían tirarse a la cama y descansar, pero el resto de su cuerpo le pedía a gritos otra cosa. No tardó mucho en decidirse por alguna de las dos opciones.
Puso a llenar la tina con agua caliente, y se despojó de inmediato de cada prenda de vestir que tuviera encima. Se sumergió unos minutos en el agua caliente, y dejó que ésta le ayudara a relajar los músculos. Se sentía en el paraíso, tanto así que dudó un poco en salir, y se sintió tentada en cambiar sus planes. Pero era miércoles de damas en su bar favorito, y cada semana sin falta ahí estaba; ya para ese entonces Johnny, el guapo bartender que atendía ese día, la reconocía de inmediato en cuánto entraba, y ya sabía qué prepararle para iniciar la noche. Además, si había habido una semana en toda su vida en la que realmente necesitaba tomar una maldita copa, o quizás cinco, y olvidarse de sus problemas, era precisamente esa.
Salió de la tina y se rodeó el cuerpo con su bata azul celeste antes de salir. Revisó con detenimiento su guardarropa, dándole un vistazo hasta tres veces a cada prenda, antes de decidirse por un vestido entallado y corto color negro, con la espalda descubierta. Tacones altos, también negros, y, ¿por qué no?, ropa interior de encaje que combinara. No buscaba como prioridad algo más allá de beber esa noche, pero si la oportunidad se daba, no la iba a rechazar, de eso estaba segura. Había fantaseado muchas veces con llevarse al guapo Johnny a su departamento y enseñarle lo que podía hacer una verdadera mujer, pero ese tipo no parecía captar ni una sola de sus indirectas; era posible que bateara del otro equipo, eso no le extrañaría en lo más mínimo con su suerte. Quizás esa noche insistiría un poco más e intentaría ser algo más directa y al grano con él, y ver qué pasaba.
Se pintó los labios de un rojo intenso, un poco de delineador y sombra, pero no demasiado. No se había mojado ni un poco su corto cabello rubio claro, por lo que apenas y se lo acomodó con los dedos. Se tomó un minuto para admirarse a sí misma en su espejo de cuerpo completo, sobre todo como el vestido marcaba a la perfección su esbelta figura y su busto prominente. A sus ya casi cuarenta años, no estaba para nada mal, si era correcto que ella misma lo pensara.
Por último, sólo apenas unas pequeñas dosis de perfume, su bolso, y ya estaba lista para salir.
Tomó un taxi en la calle de enfrente y éste la llevó unas cuatro cuadras más adelante, al Secret Nile Bar. Dependiendo de la situación, el nombre podría indicar una naturaleza diferente a lo que realmente era, pues de hecho era un bar bastante elegante y de buen gusto, frecuentado principalmente por empresarios o ejecutivos de los edificios de oficina cercanos, abogados, corredores de bolsa… Hombres y mujeres de cierto nivel, en busca de un sitio tranquilo para despojarse de la presión de sus respectivos trabajos, cómo ella misma deseaba en esos momentos.
La iluminación del interior era tenue, pero agradable. Había un pianista amenizando la velada con una tonada ligera. En efecto era noche de damas, por lo que había varias mujeres en el lugar. Pero claro, la cantidad de hombres tampoco era escasa, y con sólo echarles el ojo a varios de ellos por unos segundos, pudo detectar las miradas lascivas de depredadores al acecho. ¿Por qué la mayoría de los hombres tenían que ser siempre tan obvios? ¿No habían aprendido luego de tantos años a ser más sutiles? La noche, sin embargo, aún era relativamente joven; apenas y pasaban de las diez. Aun siendo entresemana, esperaba que en los próximos minutos ese sitio se fuera a llenar poco a poco de más personas.
En cuanto cruzó la puerta, y el guapo Jhonny, de piel morena, cabello negro corto y ojos azul claro, la vio entrar, comenzó a prepararle su bebida en una copa de cóctel. Un minuto después de haber tomado su lugar en la barra, Jhonny colocó frente a ella su copa con el líquido transparente y una aceituna.
- Aquí tiene, señorita Buxton. – Saludó el bartender con amabilidad. – Un Martini con Vodka, seco.
- Gracias, Jhonny. – Respondió ella con una elegante sonrisa. Al extender su mano para tomar la copa, se atrevió a pasar sus dedos por la piel del fuerte brazo del hombre, en una caricia aparentemente inofensiva. – No sé qué haría sin ti.
Contrario a lo que ella esperaba, Jhonny simplemente le respondió con una sonrisa que parecía más por compromiso que otra cosa, y entonces se retiró al otro extremo de la barra a atender a otro cliente. Tracey bufó con molestia ante esto; en verdad debía de ser afeminado, no había otra explicación.
Al menos tenía su trago, que era lo que importaba.
Dio un sorbo de la copa de cóctel, saboreando por completo el líquido en su lengua antes de dejarlo pasar; sí, definitivamente le hacía falta. Sacó de su bolso entonces un cigarrillo y lo colocó entre sus labios. Acercó su encendedor de bolsillo, pero luego de tres chasquidos, no lograba que encendiera. ¿Acaso se había agotado?, sólo eso le faltaba…
Antes de que pudiera maldecir abiertamente al aire, una mano caritativa se posó de pronto delante de ella, con un pequeño encendedor plateado, cuya flama terminó por prender el extremo de su cigarrillo. Siguió con la mirada el camino de esa mano, siguiendo por su brazo, su hombro, hasta encontrarse con un rostro joven pero firme, con cabellos negros y cortos, y ojos azules con una mirada astuta y penetrante en ellos. Era un hombre joven; le calculaba no más de veinticinco años, pero era realmente… muy atractivo.
- Gracias. – Agradeció la mujer de cabellos rubios, soltando una pequeña bocanada de humo.
- ¿Está ocupado? – Cuestionó el extraño señalando con su mano al asiento justo al lado de ella; mas ni siquiera esperó su respuesta, antes de tomarse la libertad de sentarse. Alzó entonces su mano y chasqueó los dedos un par de veces para llamar la atención del guapo Johnny, reflejando gran confianza en ello. – Un escocés en las rocas, por favor.
Tracey lo miraba de reojo, intentando ser lo más disimulada posible, aunque lo cierto era que el chico le causaba una extraña y casi inexplicable fascinación. Usaba una camisa color rojo oscuro, sin corbata y con los primeros dos botones desabrochados; además, un traje de saco y pantalón negro, al igual que sus zapatos. Se veía elegante, pero no demasiado; encajaba muy bien con su apariencia joven y casual. Pero además de ello, transmitía una notoria confianza, desde cómo le había encendido su cigarrillo, hasta su modo de hablar y de sentarse. La mayoría de los hombres jóvenes de menos de treinta que le había tocado conocer en lugares como ese, siempre eran bastante sobreactuados en esos puntos, e intentaban transmitir una seguridad y experiencia que obviamente no tenían. Pero ese chico era diferente…
- ¿No eres algo joven para estar aquí, universitario? – Comentó de pronto, tras da un sorbo de su Martini. Él la miró de reojo con cierta indiferencia, aunque sonriéndole de lado.
- Te sorprendería las cosas para las que no soy tan joven.
Tracey sonrió ligeramente, y desvió un poco su mirada hacia otro lado, para que él no pudiera percibir por completo el efecto que había tenido esa sencilla, pero bastante obvia insinuación.
- ¿Tú madre sabe que estás aquí? – Comentó con un tono burlón. – Nunca te había visto, y frecuento este bar cada semana.
- Es mi primera vez, por así decirlo. – Le respondió el joven, encogiéndose de hombros, y señalando sobre su hombro con su pulgar. – Acaban de cerrar mi bar favorito en la otra acera, y quise probar suerte en éste.
Tracey miró sobre su hombro hacia los ventanales que daban al exterior. En efecto, al otro lado de la calle había un establecimiento, que bien podría ser un restaurante o un bar, con sus luces apagadas y las ventanas clausuradas. Jamás le había puesto mucha atención, a pesar de que pasaba por ahí cada semana, pero si creía recordar haberlo visto abierto de vez en cuando, mas no tenía idea de cuándo exactamente lo habían cerrado.
- ¿Y qué tal tu primera experiencia por aquí? – Le cuestionó con un tono coqueto, inclinando ligeramente su cuerpo hacia él. Notó en ese momento como le echaba un vistazo de arriba a abajo de manera discreta, aunque igual ella lo notó.
- Bastante placentera, diría yo.
Tracey ya no quiso disimular más, y le dio una mirada más directa al hombre sentado a su lado. Él se la regresó del mismo modo, y le pareció que ese simple intercambio de miradas había sido más que suficiente para decirle al otro lo que pasaba por sus cabezas…
Johnny le trajo su escocés en las rocas en ese mismo momento.
- Salud. – Dijo Tracey, alzando su Martini hacia él.
- Salud. – Le respondió alzando su respectivo vaso de cristal, chocándolo apenas un poco con su copa.
Johnny podía irse al demonio; había obtenido algo mucho mejor para divertirse esa noche.
El Nuevo Equipo Batman no estaba teniendo precisamente un buen inicio. En su primera noche de acción, pese a que lograron rescatar a salvo a todos los rehenes de la Torre Médica del Hospital General de Gótica y apresar a los secuestradores, el Pingüino se les había escapado prácticamente bajo sus narices de Black Gate al mismo tiempo, y aún no había señal alguna de su paradero. Como si eso fuera poco, este escape estaba poniendo a la ciudad entera en un inminente estado de alerta, por una guerra de pandillas entre el Pingüino y Máscara Negra que estaba comenzando a fraguarse. Esto a su vez, había provocado la reaparición de Red Hood y de sus métodos agresivos para lidiar con los criminales de Gótica. Y esa noche, en su primer encuentro con él, los había engañado por completo, y casi murieron sepultados por los restos de la ahora calcinada Fábrica de Acero de Sionis, por no decir laboratorio de metanfetaminas, misma que el propio Red Hood se encargó de volar en mil pedazos, sin que pudieran detenerlo.
Luego de lo ocurrido, Dick y Tim se dirigieron a la Torre de Reloj, en dónde Bárbara los esperaba. En esos momentos, el joven Grayson se encontraba sentado en un sillón de la sala que Bárbara tenía acondicionada en el último piso de la Torre, en dónde Oráculo tenía su centro de mando, con su terminal de la Baticueva, y su propio centro de vigilancia informático, todo lleno de más monitores de los que tenían en la cueva. Tenía su capucha hacia atrás y se había retirado los guantes del traje. Una vez que la adrenalina del combate se esfumó, comenzó a sentir un dolor punzante en el costado de la cabeza, en donde Jason le había dado una patada. La careta había amortiguado casi todo el golpe, pero igual parte del impacto al parecer lo había alcanzado.
Sentado en el sillón, miraba fijamente al suelo de forma pensativa. Todos se sentían agobiados por la situación, pero el más afectado era sin duda él mismo. No llevaba ni una semana con el manto de Batman, y Gótica ya estaba a un paso de convertirse en zona de guerra, si no hacía algo al respecto. Sentía que esto lo superaba, pero no podía dejar que un par de derrotas lo hicieran bajar la cabeza. Bruce de seguro tuvo muchas más cuando comenzó, y él además no tenía los recursos y el apoyo cono el que él contaba en esos momentos para levantarse y continuar.
- ¡Maldición! – Escuchó que pronunciaba Tim con fuerza. Al alzar su mirada hacia él, pudo ver cómo estrellaba su puño con fuerza contra una de las columnas del cuarto. – Si vuelvo a tener a ese idiota frente a mí, les juro que…
No completó la frase, quizás porque no se le ocurrió la mejor forma de hacerlo, o quizás prefirió no decir algo de lo que se arrepentiría después.
- Cómo quieras, pero no te desquites con mis columnas. – Le comentó Bárbara al pasar a su lado. Avanzó con su silla de ruedas por la habitación, hasta donde se encontraba Dick, y entonces le extendió la bolsa de hielo que había ido a buscar. – Aquí tienes.
- Gracias. – Le contestó el nuevo Batman, tomando entonces la bolsa de hielo y colocándola contra su cabeza, sintiendo un alivio casi inmediato. – ¿Desde cuándo Jason comenzó a golpear tan fuerte?
Bárbara no estaba segura si lo había dicho en tono de broma, pero igual se permitió sonreír un poco ante su pregunta.
- Es evidente que estuvo entrenando y mejorando sus métodos todo este tiempo. – Comentó. – Cosa que obviamente tú no.
- Oye, cuando me fui de aquí hace tres años, mi intención era realmente no volver a hacer nada de esto otra vez.
- Oh, admítelo; en el fondo lo extrañabas. – Añadió, rematando con un pequeño guiño de su ojo derecho.
Dick en ese momento tampoco pudo evitar sonreír un poco, y desviar su mirada hacia otro lado. Le sorprendía lo fácil que Bárbara podía hacer que olvidara sus preocupaciones, aunque fuera por unos instantes.
- Muy bien, ¿y ahora qué sigue? – Escuchó que Tim preguntaba acercándose hacia ellos; al parecer ya estaba un poco más tranquilo luego de golpear un rato la pared.
Dick suspiró con cansancio. Esa era de hecho una excelente pregunta.
- Bárbara, ¿qué has encontrado de lo que te comenté?
- No mucho por ahora.
La pelirroja giró su silla y comenzó a acercarla hacia su imponente computadora; Dick y Tim la siguieron por detrás. Luego de algunos tecleos rápidos, en el monitor principal, justo en el centro, se proyectó un plano completo de Gótica, con sus calles y zonas principales. Varios puntos rojos se marcaron a lo largo del plano.
- Basándome en la información más actualizada que Bruce tenía al respecto, estos son todos los puntos importantes bajo el control de Máscara Negra que he logrado identificar. – Les indicó señalando hacia el plano. Volvió a teclear, y ahora varios puntos azules acompañaron a los rojos, aunque en significativa menor cantidad. – Y estos son los que aún están bajo el control del Pingüino.
- Por lo que veo, Máscara Negra ha aprovechado al máximo el ser el Último Gran Señor del Crimen. – Señaló Dick, mirando con interés el monitor. El territorio de Roman Sionis parecía haberse extendido considerablemente en esos tres años.
- Hasta ahora los ataques de Red Hood reportados sólo han sido dos. – Comentó Bárbara, y entonces hizo que dos de los puntos rojos, comenzaran a parpadear de amarillo. – Uno en el casino de Máscara Negra que anteriormente era propiedad del Pingüino, y ahora la antigua Fábrica de Acero de las Industrias Sionis.
- Pareciera que su guerra es más hacia Máscara Negra, ¿no? – Comentó Red Robin.
- Al menos de momento. Pero si su meta es acabar con lo que Bruce no pudo, es cuestión de tiempo para que vaya también tras el Pingüino. Por lo tanto, cualquiera de esos puntos es potencialmente su próximo objetivo. – Bárbara calló unos instantes, analizando a profundidad el plano delante de ella de un lado a otro. – Me pregunto cuales serán ahora los siguientes movimientos del Pingüino y Máscara Negra al respecto. Es obvio que el primero quiere con gran intensidad recuperar su antiguo territorio, pero hasta ahora Red Hood se ha entrometido y arruinado el negocio, para ambos bandos.
- Si el Pingüino es inteligente, deberá de bajar un poco su perfil y calmarse con sus ataques hasta saber cómo lidiar con Red Hood, ¿no?
- Tal vez. Pero el que deje de atacar a Máscara Negra no garantiza que Red Hood deje de atacarlo a él.
Dick escuchaba con detenimiento los comentarios de sus compañeros, al mismo tiempo que observaba cada punto iluminado de la ciudad. Bárbara tenía razón, cualquiera de esos puntos podría ser el próximo blanco de Jason; bien podría estar atacando alguno en ese mismo momento sin que lo supieran. Al verlo en la grabación que el comisionado le había mostrado el otro día, realmente parecía fuera de control. Pero esa noche, al tenerlo de frente, sencillamente casi ni lo reconoció.
Desde el principio, Jason siempre fue muy rebelde, enojón, y propenso a ignorar cualquier consejo o crítica, al menos que ésta viniera directamente de Bruce. Pero en realidad era un buen chico, que disfrutaba lo que hacía, y que aunque no lo demostraba abiertamente con palabras, uno sabía que sentía de alguna forma apego a ellos, que realmente los veía… como su familia. Pero desde hace unos años atrás, cuando regresó con esa nueva identidad, sencillamente parecía otra persona. Y ahora que Bruce no estaba, esa inestabilidad que ya había visto en él en aquel entonces, parecía haberse acrecentado.
¿Qué era lo que pasaba por su cabeza en esos momentos? ¿Era esto acaso su manera personal de lidiar con el duelo de la muerte de Bruce? ¿Creía acaso que todo esto era una manera de vengarse de él? O, tal vez, ¿era su forma de honrarlo? No estaba seguro de qué creer, no aún…
- El Pingüino sí es inteligente, pero temperamental. – Comentó el nuevo Batman luego de un rato de silencio. – Lo único que Jason tiene que hacer es tocar el botón correcto, y las cosas podrían complicársele. Además de que Máscara Negra y él ya tienen su historia tras lo ocurrido hace unos años. De seguro que reapareciera y comenzara a atacarlo de nuevo, no lo ha de tener nada feliz, y muchos menos después de esta noche. – Guardó silencio unos momentos, intentando acomodar un poco sus ideas. – ¿Encontraste algo sobre dónde está viviendo Jason en estos momentos?
- Aún nada. – Respondió Bárbara con seriedad. – No es precisamente algo sencillo. Hay miles de personas en esta ciudad, y si es dueño de alguna propiedad en estos momentos, es casi seguro que no está usando su nombre real.
Dick se apartó unos momentos de la computadora, alejándose un par de pasos de sus compañeros. Se cruzó de brazos, y miró absorto hacia el techo de madera de la Torre.
- ¿En qué estás pensando, Dick? – Le cuestionó Oráculo, la cual estaba segura de que algo grave le estaba cruzando por la cabeza en esos momentos.
- Pienso en que empezamos esta misión con la intención de detener a Jason. Pero me temo que si no hacemos algo rápido, quizás terminaremos por tener que salvarlo.
- ¿Y por qué habríamos de salvar a ese sujeto luego de todo lo que ha hecho? – Señaló Tim con ligera molestia por la idea.
- Es lo que Bruce querría que hiciéramos. – Respondió Bárbara rápidamente, y ese sólo comentario dejó mudo a Tim.
Tanto Bárbara como Dick comprendían la reacción de Tim. Después de todo, él conoció a Jason ya como Red Hood, en ese estado aguerrido y casi lunático. Para Tim, Jason siempre había sido así, nunca hubo un antes. Pero para ellos dos sí. Ellos sí conocieron a Jason Todd, al chico que fue Robin, al chico que fue su compañero… Pero si algo Tim era capaz de comprender, eran los deseos de Bruce, lo que él hubiera querido que hicieran tras su muerte; después de todo, él mismo se los había dejado en un video. No lo había dicho explícitamente hacia ellos, pero al menos entre líneas, parecía haber querido encargarles a Jason, de traerlo de nuevo a casa; uno de los tantos trabajos que Bruce dejó pendientes tras su marcha…
- Es lo que Bruce querría… - Repitió Dick en voz baja. De pronto, se volteó lentamente de nuevo hacia ellos, centrando su atención en la computadora de Bárbara. Fue entonces cuando le cruzó abruptamente por la cabeza. – ¡Es lo que Bruce querría!
- ¿Cómo dices? – Comentó Bárbara, algo confundida por el comentario tan abrupto.
- Sé en donde podría estar la ubicación de Jason. – Señaló al tiempo que se les acercaba de nuevo. – Permíteme un minuto, Bárbara.
Aun sin comprender del todo, Bárbara se hizo a un lado. Dick rápidamente ingresó a la Terminal remota de la Baticomputadora, cerró la sesión de Oráculo, y pasó a ingresar con su propia cuenta.
- Computadora, Iniciar Sesión, Ala Nocturna CX0012Y.
La computadora procesó sólo un par de segundos, antes de reaccionar.
- Usuario Reconocido. Richard Grayson - Batman A03. Nivel de Acceso Máximo.
En la pantalla se mostró el escudo del murciélago, y comenzaron a desplegarse varias notificaciones. Tim y Bárbara se acercaron con cuidado. Ambos parecieron entender de inmediato de lo que estaba hablando. Bruce siempre manejo para él mismo y para Alfred, un acceso de nivel Máximo a los datos de la computadora, acceso a toda la información, incluida la de otros usuarios, así como a archivos e información restringida para ellos. ¿Para qué?, no estaban seguros, pero a cómo era su personalidad, simplemente no lo cuestionaban.
Pero ahora Dick era Batman.
Bruce previó esto de alguna forma, y supo de antemano que, si Dick iba a encargarse de esto, debía de tener acceso a esa parte la información…
- Wow. ¿Enserio tenemos nivel de Acceso Máximo? – Comentó Tim con fascinación. En realidad, era algo que ya sabían desde el día en que se enteraron de que Bruce quería que Dick fuera el nuevo Batman, pero en aquel entonces no había caído realmente en cuenta de qué significaba eso en verdad.
- ¿Crees que Bruce tenía algo de información sobre Jason aquí? – Comentó Bárbara, ligeramente escéptica.
- Lo único que sabíamos desde la última vez que se le vio cono Red Hood, es que seguía aun aquí, en Gótica. Ustedes conocían a Bruce, ¿creen que en todos estos años no haya investigado el paradero de Jason o vigilado sus movimientos?
- De ser así, ¿por qué nos lo ocultaría?
- Por qué era Bruce. De seguro pensaba que nuestros sentimientos u opiniones hacia Jason nublarían nuestro juicio, y prefería mantenernos al margen hasta que decidiera él mismo la mejor forma de actuar. Pero de todas formas estoy seguro que quería saber en dónde se encontraba y en qué pasos estaba.
- Son bastantes suposiciones. – Comentó Bárbara, igualmente no muy convencida. Sin embargo, si Bruce realmente sabía algo y no se los había dicho, debía de estar ahí. – Pero sólo hay una forma de saberlo, supongo.
Dick se hizo a un lado y le concedió el control del ordenador. La pelirroja comenzó de inmediato haciendo una Búsqueda completa en todos los archivos propiedad del Usuario de Batman A01, con las palabras clave "jason" y "todd", filtrando sólo los archivos con Nivel de Acceso Máximo, siguiendo la teoría de Dick. La búsqueda completa tardó cerca de un minuto, antes de arrojarles los resultados, los cuáles sorprendieron por igual a los tres.
- Es todo un expediente sólo de Jason. – Señaló Bárbara, viendo el expediente en los resultados de Búsqueda.
Bárbara hizo una revisión rápida de las propiedades del expediente. Por el peso y cantidad de archivos que lo conformaban, era una suma considerable de información. Y por la fecha más antigua, podía concluir que llevaba al menos…
- ¿Quince años? – Señaló Bárbara, sorprendida. – Eso fue más o menos cuando Jason comenzó a ser Robin.
- Conociendo a Bruce, es probable que tuviera expedientes de cada uno de nosotros desde que comenzamos a trabajar con él. – Agregó Dick, un tanto menos sorprendido que su compañera.
- ¿Puedo ver el mío? – Comentó Tim con un poco de entusiasmo, aunque sus dos compañeros terminaron por darle a cambio una mirada de ligera desaprobación. – Tengo curiosidad…
- Pues yo no. – Agregó Bárbara, notándosele ligeramente molesta. – Esto explica porque los tenía sólo para Acceso Máximo. No creo estar preparada para ver lo que tenía de mí aquí.
- Por lo pronto enfoquémonos en Jason. – Señaló Dick. – Filtra en su expediente para ver todo lo que sea posterior al 2005…
La respiración de Bárbara se cortó un poco al escuchar la sola mención de ese año. Qué fácil algunas cosas podían marcarte tan profundo, y cómo sólo un simple número podía causarte tal incomodidad. Pero no dejó que eso la distrajera demasiado e hizo de inmediato lo que Dick le indicó. Si no arrojaba ningún resultado, indicaría que ese expediente sólo tenía información de la época en la que Jason fue Robin. Pero si arrojaba algo, querría decir que Bruce en efecto tenía información de Jason posterior… a aquel horrible incidente... Incluyendo algo más actual.
Para su sorpresa, sí hubo resultados, y bastantes.
- Vaya, quién lo diría. – Comentó la pelirroja, un poco sorprendida. – Y bueno, ¿qué buscamos en específico?
- Por ahora en dónde podría estar viviendo. – Señaló Dick. – Busca localización actual, casa, residencia, departamento, vivienda, base… Todo lo que se te ocurra.
Bárbara ingresó de inmediato los criterios de búsqueda. Entre los resultados arrojados, hubo uno en especial que le llamó la atención. Era la fotografía de un edificio departamental, acompañado de una dirección.
- Conozco ese edificio. – Señaló Tim al ver la fotografía en el monitor. – Es un viejo edificio de departamentos en Park Row.
- ¿Park Row? Es ahí donde Jason creció. – Comentó Dick; no podía ser una coincidencia.
La dirección que acompañaba a la foto tenía indicado el número de departamento 213, y una factura de arrendamiento con un nombre…
- Departamento 213, a nombre de Jason Haywood. – Leyó Bárbara. – ¿Haywood?
Retrocedió un poco y realizó una búsqueda del apellido Haywood dentro del expediente de Jason. De nuevo fueron varios resultados, pero fue uno el que resaltó: el pasaporte de una mujer de nombre "Sheila Haywood". Junto con dicho pasaporte, encontraron un acta de nacimiento en la cual la misma persona, Sheila Haywood, figuraba como madre, y el padre era alguien llamado Willis Todd; y el nombre del bebé…
- Oh, Dios. – Exclamó Oráculo, sorprendida. – Según esto, Sheila Haywood era la madre biológica de Jason.
Eso dejó un poco pasmados tanto a Dick como a Bárbara; aunque Tim, por su lado, no parecía comprender del todo su reacción, ya que no conocía por completo la historia de Jason, y sobre todo la historia con sus padres.
- No puedo creer que enserio Bruce haya tenido toda esta información aquí y jamás nos la haya compartido. – Dijo Bárbara en voz baja, más como un pensamiento que un comentario real. – ¿Qué más habrá escondido?
- Ya lo iremos averiguando. Pero al menos nos ha dejado una pista valiosa.
Dick se apartó de la computadora y se volvió a colocar la capucha de Batman sobre su cabeza, y los guantes negros en las manos. Fue claro para ambos que se disponía a irse, y también a dónde se dirigía.
- Te recuerdo que es un edificio lleno de gente inocente, Dick. – Comentó Bárbara. – Si vas y lo provocas en el estado en el que se encuentra y comienzan a pelear, y es muy probable que así sea, las cosas podrían ponerse peligrosas para los civiles.
- Sí, si vas es mejor que yo te acompañe. – Señaló Tim, disponiéndose a seguirlo.
- No, precisamente por lo que Bárbara acaba de decir, es mejor que no sean Batman ni Red Robin los que vayan, sino Dick Grayson. Si está ahí, intentaré hablar con él con la bandera blanca alzada.
- ¿Qué te hace pensar que querrá hablar contigo si no lo quiso antes?
- Nada. Pero sólo me queda apostar por ello.
Subió entonces al pequeño elevador que llevaba al tejado de la torre. Pero antes de subir, se giró hacia ellos.
- Revisen el expediente. Busquen cualquier otra locación que Bruce hubiera estado investigando ligada a él. Si vive en un pequeño departamento en Park Row, lo más probable es que su centro de operaciones sea en otro sitio.
Dicho eso, el elevador comenzó a subir y se perdió de su vista luego de un rato.
Bárbara se estremeció un poco en su silla, y entonces se giró de regreso a la computadora.
- Casi sonó como Bruce por un momento. – Murmuró despacio.
- Lo sé. Aterrador, ¿no?
Ambos comenzaron a revisar en conjunto los archivos de la computadora, en busca de algo que pudiera serles útil.
La Señorita Tracey Buxton cayó rendida de espaldas a su cama, respirando con tanta agitación como si acabara de correr en una carrera de velocidad. Su cuerpo estaba cubierto únicamente por sus sabanas, y por su propio sudor. Su cabello estaba enmarañado, y su maquillaje distaba mucho de esa perfección simplista que tenía hace apenas una hora atrás en el bar. Su sonrisa se extendía de lado a lado de su rostro, y sus ojos difícilmente lograban mantenerse abiertos. Apenas era consciente de en qué lugar y momento se encontraba… Aún sentía cientos de pequeñas pero placenteras cosquillas recorriéndole la piel, que la hacían sentir tan relajada como no se había sentido en muchos días.
El culpable de su tan agradable nuevo estado, se recostó boca arriba a su lado. También respiraba agitadamente y sudaba luego de tan… divertida jornada. Se sintió tentada y pegársele y rodearlo con sus brazos, más que nada para poder sentir un poco más esos grandiosos y firmes músculos, pero no quería parecer una vieja cursi. Después de todo, ambos sabían exactamente qué hacían ahí, y era mejor dejarlo de esa forma.
- No tienes idea de lo mucho que necesitaba eso. – Comentó Tracey entre respiros, mientras abría el cajón de su buró, y buscaba a tientas sus cigarrillos.
- Creo que lo noté. – Señaló el joven a su lado, acomodando sus mechones de cabello con sus dedos. – Se ve que tenías mucha tensión que liberar.
- Ja, eso es decir poco…
Sacó al fin uno de sus cigarrillos y lo colocó entre sus labios. Apenas estaba comenzando a buscar su encendedor, cuando, igual que en el bar, su acompañante le extendió el suyo propio para encendérselo.
- ¿Qué lo tienes pegado a la mano o algo así? – Comentó divertida, justo antes de dar una ligera aspirada.
- Creo que lo hubieras sentido de haber sido así, ¿no crees? – Le respondió con un tono pícaro, y entonces pasó ligeramente sus dedos por la piel de su brazo. – ¿Y por qué estabas tan tensa, si me permites preguntar? ¿Problemas con algún exnovio? ¿Trabajo quizás?
- Lo segundo. – Bufó con molestia, soltando un par de bocanadas de humo. – Se podría decir que mi jefe estuvo un tiempo ausente, y ahora que volvió… No está muy contento por cómo marchan los negocios. Ha estado como loco tirando fuego por todos lados y cortando cabezas…
- Suena bastante estresante. ¿En qué trabajas?
Tracey rio con fuerza, mirando de reojo al chico.
- ¿Crees que voy por ahí diciéndole sobre mi vida y mi trabajo a cuanto universitario llega a mis sabanas?
- No lo sé, ¿de cuántos estamos hablando?
- Muy gracioso.
Tracey colocó su cigarrillo en los labios, y entonces se levantó de la cama, envuelta en su sábana, dirigiéndose a su baño.
- Necesito una ducha. Vístete y márchate, ¿quieres? Mañana tengo un día ocupado.
- No te preocupes.
Él se quedó recostado plácidamente en la cama, viendo como ella se metía a su baño, y cerraba la puerta detrás de sí con su pie. En cuanto la puerta se cerró, la sonrisa falsa de sus labios se esfumó, y entonces también se paró de golpe de la cama de un salto, totalmente desnudo.
No sabía qué tanto tiempo tenía con exactitud, por lo que se movió lo más aprisa posible.
Se dirigió a sus pantalones, tirados en el suelo, y sacó de éstos su teléfono celular. Habían estado bastante tiempo en la cama, por lo que el programa instalado en éste tuvo tiempo de sobra para conectarse a su red inalámbrica, y a su vez a cada dispositivo en el departamento conectado a ésta, instalando su aplicación escondida. La laptop de Tracey Buxton estaba sobre su escritorio, a un lado de la habitación. La abrió y ésta le pedía una contraseña de acceso. Corrió el programa de su celular, y éste le arrojó luego de unos cuantos segundos la contraseña: HighPeakAv23; ¿dirección de la infancia, quizás?
Escuchó el agua de la ducha abrirse. En el mejor escenario tendría entre cinco y ocho minutos; más que suficiente.
A simple vista no parecía haber nada fuera de lo normal; sólo una simple y aburrida computadora de trabajo. Sin embargo, él no se hubiera metido en todo ese asunto si sólo se tratara de eso. Correr desde la ahora en ruinas Fábrica de Acero de Sionis a su escondite, aun a pesar del tiempo que le habían quitado el nuevo Batman y su pequeño compañero; cambiarse y arreglarse, pintarse con tinte especial sus mechones blancos para que no fueran una característica distintiva que pudiera jugarle en contra después, estar en Bar apenas dos minutos antes de que su objetivo arribara, y arreglárselas para colarse hasta su departamento por todos los medios. Quizás hubiera habido formas mucho más sencillas de hacerlo como Red Hood, pero definitivamente menos placenteras que hacerlas como Jason Todd… O más bien como un simple hombre en un bar, en busca de algo diversión sin compromiso, sin nombre, ni historia…
Su teléfono ya se había tomado el tiempo de identificar cualquier archivo encriptado o de formato sospechoso mientras ellos estaban en lo suyo, por lo que no perdió tiempo buscando y se fue directo a lo que su aplicación le indicaba. Al intentar ingresar a una carpeta en específico del disco duro, le pedía una vez más usuario y contraseña para ingresar.
- Por favor… - Bufó con indiferencia.
Hizo que la aplicación de descifrado corriera de inmediato para abrirle el acceso. No tardó mucho antes de que pudiera ingresar y ver los archivos en cuestión: cientos de documentos, correos y mensajes de texto; justo el tesoro que estaba buscando. Activó la trasferencia de datos, para hacer que todos ellos se fueran decodificando y cargando a su celular uno a uno. Mientras se iban pasando, el archivo decodificado se mostraba por unos momentos en la pantalla. Jason miraba de manera fugaz cada uno. La mayoría era justo lo que esperaba, pero entonces hubo uno que llamó su atención.
Detuvo unos momentos la transferencia para poder ver con más cuidado dicho archivo. A simple vista parecía un itinerario portuario. Hablaba sobre un barco, el XV-24 GILBERT, proveniente de las Bahamas, cuya fecha de llegada era precisamente el día de mañana a las 22:30. No mencionaba al cargamento, pero podía darse de inmediato una idea de lo que podría ser.
Una amplia sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios.
El agua de la regadera cesó de golpe; Tracey estaba a punto de salir del baño. Rápidamente reanudó la transferencia, cerró la computadora, e introdujo de nuevo su celular oculto en sus pantalones. Tardaría aun algunos minutos en terminar la transferencia… Por lo que tendría que hacer algo de tiempo.
Cuando Tracey abrió la puerta del baño, envuelta en su bata azul celeste, su "invitado" estaba de pie justo delante de ésta, y eso la tomó ligeramente por sorpresa. Un vistazo rápido hacia abajo le reveló que, no sólo no se había siquiera vestido un poco y continuaba totalmente desnudo… Sino que además, una parte de su cuerpo parecía particularmente despierta, a pesar de lo que acababan de hacer.
- Creí haberte dicho que te vistieras y te fueras. – Comentó con el tono más serio que le fue posible, intentando disimular la impresión.
- En realidad, pensé que querrías una segunda ronda, antes de tu ocupado día de mañana…
Mientras hablaba, se tomó el permiso de acercar sus manos al nudo de su bata para desatarlo, y luego abrirla lentamente. Tracey, por su parte, no pareció oponer resistencia alguna…
- Los universitarios sí que tienen energía…
- En realidad, no soy universitario.
La bata de Tracey se resbaló por su cuerpo hacia el suelo, y en ese momento justo ella misma se lanzó contra él, rodeándolo con sus brazos…
Era ya casi la media noche cuando Dick arribó a la dirección del edificio de departamentos de Park Row que venía en el archivo de Jason. Había ido antes a uno de los refugios que quedaba de camino entre la Torre del Reloj y dicho barrio, para tomar algo de ropa casual. Batalló un poco en encontrar algo que le funcionara entre las opciones que Bruce guardaba ahí, pero al final tomó algo no muy llamativo: zapatos tenis café, jeans azules algo desgastados, camisa azul y un chaleco negro. Tomó igualmente uno de los vehículos ahí guardados, un Ford Escape 2006, color gris, con los vidrios polarizados, y un comportamiento especial oculto bajo el suelo para ocultar el traje de Batman.
Al estacionarse frente al edificio y bajarse, se detuvo unos momentos a admirar la apariencia de Park Row: calles iluminadas, negocios abiertos a pesar de la hora, unas cuantas personas caminando tranquilamente por la calle. Hace algunos diez años atrás, no hubiera creído que eso fuera posible.
Entró entonces al edificio, y subió por las escaleras hasta el segundo piso. El sitio tenía una apariencia ligeramente descuidada, pero tampoco era nada grave. El suelo se veía limpio, el tapiz de las paredes llevaba a lo mucho un año de haber sido cambiado, y el barandal de las escaleras quizás ocho meses de haber sido restaurado. Se dirigió directo hacia el apartamento 213, y se quedó parado frente a la puerta un rato. La puerta se veía normal, de madera, apenas con un poco de acabado, una mirilla a la altura de su rostro, y los números 2, 1, y 3 atornillados por encima de ésta.
Pasó sus dedos con cuidado por el marco de la puerta, inspeccionándolo en busca de alguna señal de trampa o sensor. Acercó un poco su oído a la puerta, para intentar escuchar adentro; no logró percibir sonido alguno.
¿Qué tan plausible era simplemente tocar la puerta? ¿Qué pasaría si estaba adentro, se asomaba por la mirilla, y lo viera ahí parado en el pasillo? ¿Abriría la puerta de manera despreocupada e indiferente, a pesar de que sólo unas horas atrás habían estado peleando en un edificio en llamas? ¿Escaparía quizás por la escalera de incendios? ¿Intentaría dispararle a través de la puerta? En esos momentos todo le parecía posible viniendo de él.
Escuchó entonces cómo una puerta en el mismo pasillo se abría y luego se cerraba, por lo que rápidamente se apartó de la puerta un poco, tomando una postura similar a estar aguardando a que alguien abriera para no llamar la atención. Por el rabillo del ojo, pudo ver como en la segunda puerta a su izquierda, una mujer delgada y alta, con cabello corto teñido de azul, salía del departamento, y luego cerraba con su llave. Llevaba un vestido negro, corto hasta la mitad de sus muslos, y medias, además de un chaleco de mezclilla sobre los hombros, y zapatos de tacón alto.
¿Saliendo vestida de esa forma, cerca de la media noche y en miércoles? Dick se dijo a sí mismo que no debía de ser prejuicioso y sacar conclusiones apresuradas; New York quizás lo había mal influido en esos tres años.
Una vez que cerró la puerta, la mujer sacó de su bolso un cigarrillo y su encendedor. Se acomodó entonces la correa de bolso en su hombro, y comenzó a caminar por el pasillo hacia la escalera, con su cigarrillo en sus labios, en espera de encenderlo en cuanto saliera del edificio lo más seguro. Apenas dio un par de pasos, cuando lo divisó sin problema adelante. Le compartió entonces una mirada inquisitiva y desconfiada con sus grandes ojos verdes, al tiempo que tomaba el cigarrillo entre sus dedos y lo retiraba de sus labios.
- ¿Buscas a alguien? – Le preguntó de forma tajante.
- Sí. – Respondió Dick, sonriendo de manera amistosa. – ¿Sabes si éste es el departamento de Jason Haywood?
La mujer miró de reojo a la puerta frente a la que se encontraba parado. Se le quedó viendo unos instantes, como si analizara qué era lo más conveniente para responder.
- ¿Quién pregunta? – Preguntó de la misma forma que antes.
- Soy sólo un amigo.
- Ja. – Soltó de golpe con un tono sarcástico. – Inténtalo de nuevo, guapo. El señor simpatía de ahí no tiene ningún amigo.
Dick rio por dentro, pero intento disimularlo lo más posible en su exterior. Sí, definitivamente era el departamento correcto, eso lo confirmaba.
- ¿Eres policía o cobrador? – Añadió la mujer de cabello azul.
- Ninguna de las dos. Realmente simplemente lo estoy buscando para charlar un rato y ponernos al día.
- ¿A la media noche de un miércoles?
Dick sonrió y se encogió de hombros con resignación. Tenía el presentimiento de que en realidad la hora y el día, no eran un determinante para decir si era algo extraño o no.
- Pues buena suerte con eso. – Suspiró la mujer, mirando de nuevo hacia la puerta. – No lo he visto por aquí desde el lunes pasado en la mañana; quién sabe en donde se habrá metido. Si fuera cualquier otro, ya me hubiera preocupado, pero Jason sabe bien cómo partirle la cara a los idiotas; lo sé porque yo misma fui testigo de ello. Le gusta ir a beber y molestar gente a un billar que está unas dos cuadras abajo; quizás ahí sepan algo. – Volvió entonces a encaminarse hacia las escaleras. – Y no le digas que yo te dije algo de esto, porque explotara.
- Gracias.
La siguió con la mirada hasta que bajó las escaleras y desapareció de su vista. Ella no lo sabía, pero con esas simples palabras le había dicho bastante.
Hizo una revisión rápida del pasillo. Todo estaba muy callado y no había rastro de ninguna otra persona. Se puso entonces de cuclillas, e introdujo su mano en el bolsillo interno de su chaleco, sacando un pequeño estuche de herramientas. Si Jason no estaba en casa, entonces se daría permiso a sí mismo de entrar. Con sus herramientas, comenzó a jugar con el seguro de la puerta para abrirlo. Era extraño como dentro de las tantas técnicas que aprendieron a lo largo de su vida para combatir el crimen, venían incluidas algunas técnicas usadas precisamente por los delincuentes. ¿No eran ellos mismos delincuentes dependiendo de a quién le preguntaran?
Tardó menos de un minuto en lograr abrir la puerta de manera discreta y silenciosa. Guardó sus herramientas, y se introdujo sigilosamente dentro del departamento antes de que alguien más lo viera.
Las cortinas estaban corridas y las luces apagadas, por lo que todo el interior del departamento se encontraba a oscuras. De otro de los bolsillos de su chaleco, sacó una pequeña linterna de bolsillo. Mientras la sostenía y alumbraba con una mano, acercó la otra al comunicador oculto en su oído para activarlo.
- Oráculo. – Murmuró en voz baja, mientras comenzaba a caminar con pasos cautelosos por la sala de estar; después de todo, era el departamento de Red Hood. – Ya estoy en el departamento. Me encontré con una vecina en el pasillo. Por lo que me dijo, parece que Jason sí vive aquí, pero lleva varios días sin venir.
- Es probable que sabría que tarde o temprano daríamos con ese lugar. – Escuchó que la voz de Bárbara pronunciaba por el comunicador. – Ten cuidado. Si en verdad es el hogar de Jason, no sabes con qué te puedes encontrar.
- Lo tengo en cuenta, descuida.
El sitio de hecho se veía bastante común. Se componía básicamente de una habitación en la que se encontraba la sala y la cocina interconectadas, apenas con una mesa para desayuno entre ambas. Del lado izquierdo había dos puertas, que suponía una llevaba a la habitación y otra al baño. Inspeccionó primero la sala, sólo compuesta por dos sillones. Tentó los cojines y el tapizado, buscando cualquier posible escondite. Luego bajo la alfombra, entre las cortinas, alguna parte del piso que se pudiera levantar. Debajo de las bases de las lámparas, bajo los banquillos de la barra, incluso dentro del refrigerador, el cuál de hecho estaba casi vacío, al igual que la alacena que fue lo que revisó a continuación.
Hasta ese punto Dick comenzaba a pensar que quizás se había equivocado de lugar. No había nada en ese sitio que le pudiera indicar que el Jason Todd que conocía pudiera vivir ahí, mucho menos alguna pista de cuál podría ser su paradero en esos momentos.
- ¿Encontrarse algo? – Comentó Bárbara en el comunicador, luego de un rato de silencio.
- Nada sospechoso, aún. Parece un departamento bastante normal
- Lo más seguro es que tenga todo su equipo en otra locación. Si tenía algo guardado ahí, es posible que ya se lo haya llevado como prevención.
Dick se dirigió entonces hacia la habitación; quizás tendría mejor suerte ahí
- Estuve revisando el expediente de Jason que tenía Bruce. Entre todos los datos, me llamó la atención varias fotografías de una bodega de almacenamiento en el sector industrial del este. Por lo que he logrado averiguar, parece abandonada. Aún no he dado con su propietario actual, pero de momento no parece haber nada que la ligue a Jason Todd o Jason Haywood.
- Si Bruce la tenía bajo observación debió ser por algo.
El cuarto era igualmente sencillo. Tenía una cama individual, desarreglada y con su cobertor casi por completo en el suelo. Tenía además un buró con cajones para la ropa, y sobre éste una televisión de pantalla plana, de quizás unas treinta pulgadas; era de hecho lo más llamativo en el departamento, pues fuera de ello no había ni una computadora, teléfono o modem para internet…
Revisó rápidamente bajo la cama, al igual que el colchón para revisar si había alguna fisura en él, así como en las almohadas. Revisó la alfombra, los cajones del buró en busca de fondos dobles, pero seguía sin encontrar nada. Se sintió tentado a quizás abrir la pantalla, para ver si quizás era algo más de lo que parecía, pero no tenía ni el tiempo ni el equipo para ello.
Su atención se centró entonces en el ropero. La cantidad de ropa en él era particularmente poca; más que nada jeans, camisetas, y una que otra camisa. Revisó cada prenda, palpándola con sus dedos. Luego bajó e inspeccionó el suelo del armario, y… Algo llamó su atención. Al alumbrar el suelo con su linterna, notó que una pequeña parte de éste, que se encontraba pegada al muro del lado derecho, tenía una coloración distinta al resto. Golpeó esa área con sus nudillos y sonó también algo diferente.
- Creo que encontré algo.
Colocó la linterna en el suelo, apuntando hacia esa dirección para que lo alumbrara. Tuvo que aplicar algo de empeño, pero al final pudo levantar ese pequeño pedazo de suelo, revelando que debajo había un compartimiento secreto de considerable tamaño. Alumbro hacia el interior. El espacio era reducido, pero era lo suficiente para ocultar una caja de madera rectangular, sin ningún grabado ni seña en su tapa.
Antes de introducir su mano, alumbró bien todo el interior del compartimiento, e incluso de su estuche de herramientas sacó un poco de polvo y lo sopló en su interior para verificar que no hubiera ningún sensor de movimiento oculto. Al parecer, no había nada extraño, además del hecho de ser un compartimiento secreto.
- Si es en verdad un escondite de Jason, parece que fue bastante descuidado, considerando su entrenamiento.
- Quizás no haya nada realmente importante ahí.
Introdujo su mano en el agujero, y sacó la caja de madera, la cual era un poco más pesada de lo que creía. La colocó en el suelo, y estaba por abrirla cuando se detuvo de golpe. ¿Y si no era tan descuidado como lo estaba haciendo parecer? Acercó su oído a la caja, intentando ver si percibía cualquier sonido del interior, pero no fue así. También la olió para ver si detectaba algo peculiar, pero tampoco fue el caso.
Decidió entonces dejar los métodos antiguos, y sacar su teléfono celular, que de hecho no era en realidad un teléfono celular del todo, sino más bien un dispositivo muy versátil que pasaba desapercibido como uno. Tenía muchas funcionalidades, pero entre ellas tenía un sencillo visor de Rayos X, no tan potente para usarlo para inspeccionar todo el departamento, pero sí lo suficiente para esa pequeña caja. Al activarlo, una luz azul se proyectó de la supuesta cámara del celular, y escaneó el objeto ante ella de un lado a otro, y la imagen se iba formando en la pantalla. Por lo que veía, el único objeto metálico detectable era precisamente una pistola, pero fuera de ello no había nada más.
Ya más seguro de que no había ningún explosivo o veneno, se animó a abrirla. En efecto había una pistola en su interior, y con sólo tomarla pudo darse cuenta de que estaba cargada por su peso. Inspeccionó entonces el resto del contenido. Había una caja con balas adicionales, además de algunos pasaportes e identificaciones con diferentes nombres. Al ver las fotos de dichas identificaciones, pudo cerciorarse que en efecto era el Jason que buscaba, por si le quedaba alguna duda. Lo interesante era que en todas las fotos, aparecía con sus mechones blancos, teñido de negro.
Había además una navaja de bolsillo, un par de anillos, uno tres sobres abiertos de cartas recibidas, varios fajos con dinero en efectivo, que calculaba eran quizás unos veinte mil dólares, quizás un poco más, y… Había algo en el fondo de la caja que no era como lo demás; parecían ser quizás unas cinco fotografías.
Dick las tomó y comenzó a revisarlas, estando alumbradas cómo podía por su linterna. Las imágenes que lograba ver lo sorprendieron, pero no de la forma qué él hubiera esperado. Las cinco parecían ser a simple vista de cinco personas, pasando una tarde soleada en una alberca. Los cinco usaban trajes de baño, excepto uno de ellos, un hombre de cabello cano y rostro sereno, que usaba un uniforme de saco negro y pantalones grises. Los demás eran un hombre adulto de apariencia joven, de quizás un poco más de treinta años, cabello negro corto, complexión fornida y de gran tamaño, usando un traje de baño negro. Otro era un joven de quizás dieciséis o diecisiete años, también de complexión atlética, aunque algo más delgado, cabello negro, y usaba un traje de baño azul. Los acompañaba una atractiva joven pelirroja, de quizás la misma edad del otro chico, de grandes ojos azules y cuerpo esbelto, usando un traje de baño morado de una sola pieza. Por último, la quinta persona en las fotos, era un chico, el menor del grupo, de quizás doce, cabellos negros con peinado partido a la mitad, y usaba un traje de baño rojo.
Dick miró cada una de las fotos con sumo interés. La joven pelirroja sólo salía en dos, muy posiblemente porque ella era quien había tomado casi todas. Sólo en una salían los cinco, los tres jóvenes al frente, y el hombre mayor y el hombre adulto detrás. Los cinco sonreían, e incluso la joven y el chico de su misma edad hacían las señas de amor y paz a la cámara, que de seguro habían colocado sobre una superficie para poder tomarla.
Volteó esa foto para ver su reverso, en donde tenía escrito: Julio del 2001.
Varias emociones singulares se apoderaron de su pecho en esos momentos. Hacía años que no veía esas fotografías; ¿cómo es que Jason las tenía? ¿Por qué las tenía? Dick las reconocía sin ningún problema, sobre todo a las personas en ella; eran, respectivamente, Alfred, Bruce, él mismo, Bárbara… y Jason. Habían sido tomadas hace doce años… De hecho más o menos por esas mismas fechas. Qué diferentes se veían, qué jóvenes… qué felices.
Recordaba ese día con claridad. Fue en la Mansión Wayne, en un fin de semana muy caluroso en el que había invitado a Bárbara a pasar la tarde en la piscina, y Jason terminó colándoseles. Por si eso era poco, la quijada de los tres casi llegó al suelo cuando Bruce se les unió. Hicieron una parrillada, jugaron un poco, y sobre todo tomaron muchas fotos. Ahí sólo había cinco, pero recordaba que Bárbara, y él mismo, habían tomado tantas más.
¿Quién hubiera adivinado quienes eran realmente las personas en esas fotografías? ¿Quién hubiera adivinado los grandes secretos que los cinco guardaban? ¿Quién hubiera adivinado que esas cinco personas estarían en una situación totalmente diferente doce años después…?
- ¿Qué es, Dick? – Escuchó de pronto la voz de Bárbara en su oído, sacándolo abruptamente de sus pensamientos. – ¿Qué encontraste?
Dick ocupó un rato para despabilarse un poco y reaccionar. Rápidamente comenzó a guardar todo en la caja.
- Nada. – Respondió de forma cortante. – Es sólo dinero e identificaciones de emergencia, nada que nos ayude a encontrarlo o a predecir su próximo ataque. Mejor mándame la información de la Bodega de la que me hablabas, y dile a Tim que lo veré allá.
- De inmediato.
Metió todo de regreso en su lugar, pero antes de hacer lo mismo con las fotografías, se les quedó viendo un rato más. ¿Por qué Jason, quien afirmaba prácticamente odiarlos a todos ellos, guardaba esas fotos? ¿Y de dónde las había sacado? Eso era en parte lo más confuso del asunto. Colocó cuatro de las cinco fotos en la caja, pero la quinta, en la que salían los cinco juntos, la conservó, guardándola en el bolsillo de su camisa. ¿Por qué? No estaba seguro…
Introdujo la caja de nuevo en el compartimiento, y lo volvió a cerrar. Se dirigió apresurado hacia la puerta, para salir igual de sigiloso y rápido como lo había hecho al entrar.
La noche al parecer aún era joven.
FIN DEL CAPITULO 11
Notas del Autor:
De notas aclaratorias de este capítulo, creo que sólo queda mencionar que la mujer de nombre Tracey Buxton que aparece en este capítulo, está basada en el respectivo personaje del mismo nombre que aparece en el juego de Batman: Akham Origins, sólo que su papel es ligeramente diferente al que tiene en dicho juego.
Sobre el capítulo en sí, tal vez algunos sientan que no pasó mucho, pero en realidad a mí me gustó. ¿Qué opinan ustedes? Quizás haga algún oneshot sobre el día que Dick recuerda al ver las fotografías al final, ¿a alguno le interesaría?
¿Y qué opinan de cómo va esto? ¿Qué opinan de Jason? Supongo ya todos habrán adivinado que estamos de cierta forma en un pequeño arco dedicado a Red Hood, o más bien al Nuevo Equipo Batman persiguiendo a Red Hood. No toda la historia se tratará de ello, como digo, es más el primer arco. La historia tendrá un par de arcos más luego de ello, así que no se preocupen, habrá tiempo para todos los personajes, incluyendo los que faltan por aparecer. Déjenme sus comentarios, opiniones, y qué desean ver con más ansias en esta historia. ¡Nos vemos!
