11
Una reina para el reino
Bulma se dirigió al laboratorio que se le había asignado, el menos concurrido y apartado, ahí trabajaban los científicos con los proyectos más relevantes del reino. También se monitoreaban la habitación de entrenamiento que el rey mismo utilizaba para su uso personal y en el que se usaba un complicado sistema que reforzaba los músculos y los hacía más resistentes a los entrenamientos con gravedad agregada, regalo de la terrícola. Además de los androides que masacraba con facilidad y se modificaban los escenarios que para el rey no era más que un adorno inútil. Asimismo se cerraban las puertas herméticamente para que nadie entrara a molestarlo y para proteger el exterior de las explosiones que se suscitaban en el interior.
Un ingeniero se sentaba en el panel de control frente a una pantalla durante todo el entrenamiento del rey y se aburría las horas que debía quedarse ahí pero Bulma lo acompañaba cuando se cansaba de sus proyectos para escapar, para contemplar la pantalla en la que aparecía el monarca. Se rumoreaba que Bulma había accedido a esos laboratorios sólo por el amorío que tenía con el rey pero con el tiempo su ingenio la iba respaldando, dejando sorprendidos a todos los integrantes del cuerpo científico del planeta Vegeta.
El ingeniero que tenía la piel lechosa y escamada la miraba sin comprenderla, estaba como enamorada del tirano más vil que conocía después de Freezer y se mordía el labio inferior cada vez que el cuerpo musculoso y brillante del susodicho se acercaba sin saberlo a la pantalla. Nadie podía imaginarse al rey como un amante cariñoso y atento, cualidades que dejaban embobada a cualquier mujer, y la verdad era que Vegeta no era así y a la terrícola le gustaba su brusco y poco cariñoso ser, ilusionada de que algún día podría tenerlo rendido a sus pies y tan embobado como ella lo estaba.
Un pito chillón sonó entonces precedido de una luz roja, el encargado que anteriormente miraba a Bulma con recelo se volteó tembloroso al panel y tecleó los caracteres que la mujer aun no lograba entender. Se le volteó nerviosa por el estruendoso pito que no paraba de sonar.
—¿Qué es eso? —preguntó con algo de miedo, la luz roja brillaba en el panel de la sala de gravedad de Vegeta y el rojo siempre era el color de advertencia. El aludido sólo negó con la cabeza suavemente, una gota de sudor recorrió toda su mejilla y se perdió en el cuello.
—Mi señor, hay un desperfecto en la habitación. Salga de ella, por favor —recitó el alienígena a través de un micrófono y Vegeta se volteó a la cámara que lo mostraba en la pantalla. Bulma sintió como si la mirase a ella.
—Pues arreglado, sabandija, no pienso salir de aquí —respondió el monarca con fiereza en la voz y reanudó su entrenamiento con un contrincante imaginario y ordenó con un ademán en la mano que le aumentaran la gravedad. El ingeniero se estremeció.
—¿Qué esperas? Has lo que te dice y aumenta la gravedad —dijo la chica y el aludido negó con la cabeza, tecleando con rapidez el panel de caracteres extraterrestres—. Te he hablado.
—Si hago eso, los niveles de presión de la habitación excederán el recomendado y ahora mismo hay un problema de presión —el chico tecleó una vez más y se acercó al transmisor de comunicación una última vez—. Mi señor, no puedo arreglarlo, me temo que es un problema estructural.
—Realmente no tienes ganas de vivir, ¿no es así? Te dije, arregla tu problema y no me metas en tus asuntos —el rey hizo caso omiso—. ¡Más androides!
—Vegeta, ¡sal de ahí inmediatamente! —dijo Bulma apartando al ingeniero con un empujón y Vegeta se detuvo dándole la espalda a la cámara que lo grababa. Se quedó quieto y por un momento, el ingeniero a cargo del panel pensó que iría a obedecer—. Sal de ahí, no seas testarudo —agregó y el rey simplemente hizo volar la cámara con una descarga de energía sin siquiera voltear a mirar dónde estaba el dispositivo y la pantalla se fue a negro. La chica se sintió atravesada por un escalofrío y ambos, la chica y el lechoso, se quedaron silenciosos sin saber qué hacer. El alienígena probó en silencio el transmisor, la cámara auxiliar y los controles, nada servía, y sólo podía comprobar el nivel de presión ejercida por la habitación, la gravedad aumentada y los androides masacrados. Bulma lo miró de soslayo, tiesa sobre su asiento—. ¿Cuánto tiempo para que la habitación colapse?
—No lo sé, un par de minutos, nada más —dijo el susodicho mientras se recostaba suavemente en su asiento con los ojos bien abiertos, en estado de shock. Bulma asintió en el mismo estado pensado que ya había explotado la habitación junto a Vegeta hasta que repasó las palabras del chico. Un par de minutos. La chica salió disparada, saltando escalones y empujando a centinelas que ya no hacían ni el intento por pararla, por miedo a la orden real de no tocarla. Cuando dobló la última esquina de su trayecto, sonrió mientras paraba su trote para normalizar su respiración agitada. Aun no explotaba. Dio dos pasos dispuesta a reanudar el trote al tercero y activar el transmisor de comunicación de la puerta para obligar al rey a salir pero una nube de polvo y fuego salió de la puerta y pared, cubriendo todo el pasillo con residuos de gases explosivos, ceniza y pedazos de metal. Bulma se cubrió la cabeza con ambos brazos lo que duraban las explosiones y cuando hubo un silencio sepulcral, miró con espanto su alrededor.
Al principio, caminó sobre los escombros con la boca abierta sin dar crédito a lo que veía, luego saltó lo que quedaba del muro y cuando la nube de polvo y ceniza se levantó, descubriendo a Vegeta en el interior boca arriba, corrió clamando por ayuda. Llegó hasta él jadeante por el esfuerzo y el asombro, nunca había pensado en lo que haría si no estuviese Vegeta hasta ese momento y entró en pánico. Lo levantó como pudo y lo apoyó sobre sus piernas, el rey tosió un poco con los ojos cerrados y luego abrió ligeramente el menos golpeado, la miró con el ceño fruncido y los cerró con fuerza, cuando una punzada de dolor lo atacaba en el vientre.
—Le dije al insecto que reparara la habitación —dijo con dificultad, ella negó con la cabeza silenciosa y le tomó la cabeza con cuidado. Miró a su alrededor, aun no llegaba nadie a socorrerlo—, es insecto muerto.
—No hables más, por favor —dijo con calma, luego vio sus heridas, sangraba de todos lados y sus extremidades temblaban involuntariamente producto de las lesiones—. Mira lo que te has hecho, Vegeta, ¡eres un tonto!
—Cállate, humana. Tus gritos me lastiman —dijo con una sonrisa vanidosa—. Soy un saiyan, esto es un simple rasguño…—comentó mientras una nueva puntada de dolor le paralizaba un brazo.
—Ya lo sé, Vegeta —dijo con un tono suave tratando de convencerlo de ello. Vegeta tosió una vez más con suavidad y ella lo estrechó sin fuerza, acariciándolo mientras se mecía lentamente, esperando que la ayuda llegara pronto.
Bulma miró el tanque de recuperación con insistencia, llevaba tres horas mirando las burbujas salir de un lado de la manguera de oxígeno que se conectaba con la boca del rey para hacerlo respirar. Unos médicos monitoreaban las máquinas y fingían dar una vuelta por el tanque sólo para mirarla de cerca. Era la chica del rey, la favorita y extranjera. Tenía polvo, ceniza y sangre pegada a la ropa y el pelo, unos dedos pintados con sangre se dibujaban en una mejilla, el rey la había acariciado mientras se encontraba tendido en sus piernas y eso alimentaba la curiosidad del personal médico. La visión de Vegeta con una esposa les producía morbo a todos sus súbditos.
Aunque fuera natural que un rey tomara una esposa y que eventualmente la convirtiera en reina, que Vegeta escogiera a una humana, de ninguna casta guerrera y para nada sumisa era digno de cuento de hadas y solo conmovía a doncellas alienígenas, para los saiyan era una barbaridad.
—Vegeta vivirá, ¿verdad? —preguntó con una voz más bien brusca, Bulma tenía claro que siendo de otra forma no irían a tomarla en cuenta.
—Por supuesto, señorita terrícola —dijo el líder del cuerpo médico del palacio—. El rey está acostumbrado a heridas peores y con esto no me refiero a que las sufra muy seguido. En efecto, su poder de pelea sufrirá un salto evidente. Lo que no los mata, los hace fuertes.
—¿Cuánto tiempo tiene que estar ahí? —preguntó perdiéndose en el líquido azul que envolvía el cuerpo desnudo de Vegeta, quiso acercarse, acariciar el vidrio y llorar en silencio pero el saberse observada la mantenía estoica a una distancia prudente del tanque de recuperación. Sin Vegeta se sentía completamente sola en ese planeta salvaje.
—El tiempo que sea el necesario, señorita terrícola —respondió el médico y miró las pantallas que seguían los signos vitales del rey, hacía tiempo que habían dejado los niveles críticos y ahora estaban más que estabilizados. Podían ser minutos o un par de horas, el rey sólo tenía que recuperar la consciencia para que la maquina terminara su trabajo.
El rey apretó los ojos cerrados como si estuviera soñando y Bulma se sobresaltó, se movió un poco, tenía un temblor en los hombros. De a poco, Vegeta fue abriendo los ojos al tiempo que un chorro de burbujas dejaban la manguera y se perdían en la superficie. La maquina pitó una alarma y vació el contenido del tanque dejando al rey con la manguera puesta, se la quitó con brusquedad mientras tosía un poco. Se había atragantado con oxígeno cuando empezó a respirar consciente.
Miró a su alrededor con los ojos levemente contraídos, era como si desconfiara de todos los que habitaban la sala de enfermería y Bulma se cubrió la boca mientras sonreía ampliamente, estaba asombrada de lo sano que se veía después de sólo tres horas del accidente. Un enfermero le extendió una toalla en la que hundió la cabeza hasta la nariz al tiempo que miraba con insistencia a la humana. Sus ojos la analizaron de pies a cabeza, estaba sucia con su sangre y con polvo pegado. Bajó las escaleras que mantenían el tanque de recuperación por sobre el suelo y su cola peluda se onduló en el aire.
—Ve a tu habitación y lávate. Iré después —anunció simplemente y pasó la toalla por su frente, buscando con la mirada una muda limpia de ropa. Bulma se quedó boquiabierta por unos instantes mientras lo veía ponerse ropa encima, la cola seguía ondulando libre y caminó furiosa para tirarla tan fuerte que pensó que iría a arrancársela. Vegeta se volteó sorprendido, para nada molesto, la molestia vendría después cuando saliera del sobresalto y se sintió lánguido. Puso una mano sobre la mesa en la que le habían dejado sus ropas, armadura y capa para mantenerse erguido.
—¿Cómo te atreves a decirme esa barbaridad, Vegeta? Estuve tres horas esperando para tu recuperación, ¡tres horas! —dijo con un temblorcito en la voz chillona. Tironeó una vez más la cola sin soltarla nunca—. ¿Cómo te atreves? Mono salvaje. No sabes lo preocupada que estaba por ti, ¿y así es como me pagas, tomándome después de velar por ti? Eres un estúpido, Vegeta, un estúpido. Ah, ¿te duele? No creas que te soltaré porque…
—Humana tonta, suéltame antes de que…—un agarrón en la cola lo interrumpió y una descarga casi eléctrica entumeció su espalda. Se volteó como pudo para encarar a Bulma y arrancó su cola de las garras de la chica que se quedó tiesa al no tener nada con qué defenderse. Vegeta infló el pecho para gritonearle hasta que se le fuera el enojo mientras enrollaba su cola a la cintura para evitar nuevos ataques pero se heló cuando la chica se agitó de repente con su mentón bailando de arriba abajo. Se largó a llorar amargamente al tiempo que enrollaba los brazos en su pecho, varios centímetros arriba de su cola. Trató de apartarla con leves empujones pero ella se enrollaba con más fuerza y su llanto subía de tono.
Miró a su alrededor, los médicos y enfermeros estaban observando boquiabiertos y al verse descubiertos, reanudaban sus trabajos mirando de soslayo a la pareja. Vegeta arrugó la nariz.
—¡Suéltame! —demandó el rey y la chica se calló instantáneamente. Alzó la cabeza para mirarlo silenciosamente, tenía los ojos rojos y estaba empapada por los lagrimones, dejando a su vez, el pecho de Vegeta mojado también. Su mentón bailó nuevamente y sus ojos lilas se nublaron debajo las lágrimas que acudían rápidamente.
—¿Porqué eres tan malvado conmigo? —cuestionó con drama la chica y se puso a llorar otra vez, el rey puso los ojos en blanco. Dejó que la chica lo abrazara y esperó impaciente a que su llanto se volviera regular, fue entonces que se hincó dejando a Bulma abrazando un ser imaginario y la tomó de las piernas para apoyarla en su hombro. Recibió patadas y reclamos que cesaron en cuanto cruzaron el umbral de la sala de enfermería para salir al pasillo, Bulma simplemente colgaba y limpió con el dorso de la mano la cuenca de sus ojos, sonriendo ligeramente.
La llevó a su habitación y la dejó caer a la cama, rebotando ligeramente en el colchón. Sus ojos estaban vidriosos y más lilas que de costumbre. Vegeta la observó sin mucha emoción en el rostro y ella se incorporó levemente del colchón con la ayuda de los codos. Bulma se emocionó por tercera vez al verlo sano y recordando el accidente, quiso llorar nuevamente. Estaba profundamente sensible.
—¡Deja de llorar, humana! —replicó cansado—Estoy bien —dijo en un suspiro y se acomodó a un lado de ella, dándole la espalda.
—¿No vas a…? —preguntó extrañada y el rey chasqueó la lengua. Vegeta nunca se quedaba a dormir con ella, después de terminarla se retiraba a su propia habitación y ciertamente, nunca iba a descansar.
—¿Quieres callarte? Quiero dormir —anunció el rey con una voz huraña, Bulma supo de alguna manera que era sólo su forma de ser atento con ella. Sonrió con ternura y se le acercó con suavidad, tenía los ojos abiertos. Sus pupilas negras se giraron hacia ella y la contemplaron unos momentos, luego volvieron al frente—. Estás sucia.
Bulma por un momento se sintió ofendida pero luego comprendió que el rey tenía razón, tenía sangre por todos lados y se retiró al baño a darse una ducha con agua tan caliente que parecía que se evaporaba antes de llegar a su cuerpo. Cuando estuvo lista, se envolvió en un vestido ligero, casi traslúcido, y partió nuevamente a la cama, el rey seguía en la misma posición en que lo había dejado. La vio sin mostrar un sentimiento en su rostro y lo rodeó desde atrás con sus brazos delgados dispuesta a dormir así. Vegeta al cabo de unos minutos roncó con suavidad.
El rey durmió doce horas seguidas. Cuando se incorporó sobre la cama comprendió que estaba solo y el lado de Bulma estaba frío, signo que llevaba desaparecida por mucho tiempo. Seguramente se había cansado de esperar a que se despertara y se fue a trabajar al laboratorio en sus proyectos para escapar. Sonrió vagamente ante ese pensamiento, estaba seguro que Bulma seguía trabajando en esos proyectos por mero orgullo y lo menos que pensaba era en huir. Esa chiquilla estaba completamente devota a él.
Se levantó de la cama algo mareado, siempre que estaba en el tanque de recuperación se sentía terriblemente cansado después. Los músculos le palpitaban clamando por calentarse, se sentía más poderoso, más musculoso. Recorrió la habitación de la terrícola, el espejo grande, los cepillos para el cabello, los ungüentos que las criadas del palacio habían conseguido para ella y su colección de vestidos. Todo eso había aparecido como arte de magia bajo sus narices y él ni siquiera sabía que aquello existía. Tomó un cepillo en una mano y descubrió un cabello lila entre sus cerdas, el lila nunca lo había imaginado como color de pelo y menos que alguien tuviera los ojos del mismo color. Bulma era una chica de colores raros pero sin duda, era impresionantemente bella. Se sintió extrañamente orgulloso por ello, las chicas de su propia raza eran musculosas y muchas veces se cortaban el cabello para entrenar. Se sorprendió al darse cuenta que le gustaba el pelo largo.
Dejó el cepillo a un lado cuando sintieron que llamaban a la puerta. ¿Quién iba a tocarle la puerta a Bulma? Frunció el ceño, mientras se acercaba a la puerta y presionaba el panel para que la pantalla mostrara al intruso. Era Nappa, el maldito sabía donde estaba sin duda, no lo creía capaz de visitar secretamente a la humana, era demasiado leal y tonto para ello.
—Mi rey —dijo al verlo cuando el aludido abrió la puerta, puso un puño sobre el pecho en forma de saludo. Vegeta frunció con más fuerza el ceño.
—¿Qué es lo que quieres, Nappa?
—Una comitiva de Freezer viene a verlo, señor. Es Zarbon —informó el general ya calvo. El rey chasqueó la lengua, se adentró en la habitación de Bulma, había dejado su armadura y capa en la enfermería, y la buscaba sin éxito. Nappa observó con curiosidad los interiores de la privacidad del rey con la terrícola, mirando con extrañeza todos los utensilios que la chica poseía. No a todo le daba una razón de ser, pensó que los ungüentos eran para comer y el cepillo para el cabello era un instrumento que para un calvo no tenía utilidad alguna.
Vegeta buscó sus botas y guantes, aquello era lo único que había alcanzado a ponerse antes de que Bulma le agarrara la cola en la enfermería, junto con su ropa azul, claro. Bramó una maldición al no poder vestirse más apropiadamente, buscó a Nappa con la mirada. Jugaba con el espejo.
—¡Necesito mi armadura y capa!
—Enseguida, señor —anunció el calvo con una reverencia y salió en su búsqueda.
Vegeta quedó sentado sobre la cama de la chica, como odiaba aquello, lo único que deseaba era recostarse sobre la cama nuevamente y dormir una siesta.
Un séquito acompañó a Vegeta hacia la sala de tronos, la guardia real lo escoltaba por mera formalidad. El rey lo encontraba totalmente innecesario pero era para guardar apariencia, Zarbon iba con su propia comitiva de soldados imperiales y el que llegara con más guardias podía considerarse como el más poderoso. Ambos intercambiaron miradas cordiales y el monarca lo rodeó sin detener su andar en ningún momento hasta alcanzar su trono y posicionarse como correspondía. El androide iba detrás de él junto a Nappa y se detuvo justo detrás del trono, Nappa ocupó el lado contrario del trono. Número 18 se sentía acorralando a Vegeta, la guardia imperial de Zarbon a su frente, ella a sus espaldas.
Vegeta apretó el mango del trono con fuerza y con la otra mano apoyó su cabeza, se veía indiferente, como con todo lo que hacía referencia a su reinado. Cruzó los pies para acomodarse mejor, el general imperialista arrugó la nariz, habría jurado que su usual posición relajada estaba siendo más acentuado sólo por su presencia y estaba molestándose con ese pensamiento. Aclaró la garganta, haciendo todo lo posible por mantenerse tranquilo.
—¿Qué es lo que te trae acá, Zarbon? —dijo con tono aburrido y miró hacia el lado, Número 18 miraba al vacío con su expresión de siempre, cómo odiaba tener que mostrarla cada vez que algún lacayo de Freezer o el mismísimo emperador llegaba a visitarlo. Como el regalo que era, no podía desaparecerla como tanto quería—. Estás bien lejos de tu lugar, ¿no te parece? La nave de Freezer al fin te dejó botado.
—Me temo que no es así, Vegeta, he venido aquí porque el señor Freezer está muy preocupado de tu ausencia y tu reciente accidente. Dice que has descuidado tu reino, ¿es así, querido Vegeta? —cuestionó el verde soldado con una fingida preocupación que hizo que Vegeta perdiera los estribos y pusiera los ojos en blanco mientras desviaba la cabeza como si se tranquilizara al no ver a su interlocutor farsante.
—Soy el rey de este planeta y yo sabré cómo reinarlo, que Freezer se meta en sus propios asuntos —concluyó Vegeta con desgano y apartó una mosca imaginaria haciendo un ademán de despreocupación. Zarbon frunció los labios.
—Entonces le diré que cordialmente no escuche rumores sin fundamento, Vegeta —hizo una reverencia. Vegeta sonrió burlonamente—También es de su preocupación tu próxima alianza con una chica extranjera, ¿es eso cierto, mi querido Vegeta? —El aludido afinó los ojos con disimulo y se irguió en el trono con lentitud. Zarbon había tocado una fibra muy delicada para él y comenzó a escuchar el murmullo molesto de toda su guardia real—. ¿Tus costumbres te permiten tomar una terrícola en vez de una saiyan? Siempre pensé que su raza era bastante… bueno, digamos que racista.
—¿Viniste aquí a darme los recados de Freezer o a darme lecciones, insecto?
—Para nada, Vegeta, sólo quería saber. Me ha parecido bastante oportuno que hayas conseguido una reina, ya era hora que comenzaras a pensar en tener herederos —continuó poniendo más leña al fuego y Número 18 miró hacia el guardia real que se sentía ofendido por lo que decía Zarbon y comenzaban a murmurar enfadados. Se iban multiplicando las muestras de descontento en cada uno de los soldados reales. Nappa se cruzó de brazos, tratando de mantener la calma. Se sentía ofendido por el curso que Vegeta iba teniendo con el pasar de los días y que empeoró con la humana, pero Nappa era más fiel al juramento de lealtad hacia Vegeta que sus propios insultos hacia el reino y con el tiempo, juraría proteger a la herencia del rey con su vida. El rey estrujó el mango del trono hasta que le sonaron los nudillos y apretó la mandíbula—. ¿He dicho algo malo? Tus hombres no parecen muy convencidos con la idea.
—No me interesa lo que piense un puñado de inútiles —bufó con la mandíbula tensa y los murmullos molestos se callaron de golpe, Vegeta parecía confirmar lo que el soldado extranjero decía. El rey se reacomodó en el trono, la postura aburrida volvía al cuerpo de Vegeta pero esta vez, algo de severidad adornaba su rostro y sus extremidades tensas—. Los mataré a todos sino les gusta.
Zarbon lo miraba con un brillo de seguridad en los ojos y sonreía con vanidad. Su parada era galante y su cabello verdoso relucía brillante. Se abrió la compuesta de entrada y vio como un séquito menor escoltaba a la chica de pelo lila que no entendía bien lo que ocurría. No había ni un dejo de miedo en su expresión y llevaba la cabeza en alto, con la orden real de no tocarla Bulma se sentía invulnerable.
La chica miró a todos lados, vio un mar de gente que la observaba con desdén y coronando la habitación espaciosa, Vegeta se encontraba sentado en su trono tan tosco y brutal como lo era él mismo. Ella sonrió al ver una cara conocida y agitó la mano en modo de saludo. Por supuesto que Vegeta no le respondió el saludo y la observó desconcertado, antes de permitirse encarar al soldado imperial.
—¿Qué hace ella aquí? —cuestionó al aire, miró a Nappa que se encontraba tan sorprendido como él. Seguramente él no tenía nada que ver en la confiscación de Bulma desde el laboratorio. Apretó el trono por los mangos, tensando visiblemente la mandíbula—. ¿Quién es el responsable de esto? —bramó el rey al tiempo que se levantaba del trono y caminaba a pasos agigantados hacia el séquito que acompañaba a la terrícola y esta lo miró extrañada, la mujer había jurado que eran los hombres de Vegeta los que la habían sacado del laboratorio. Por primera vez en mucho tiempo, Bulma sintió el mismo miedo que tenía en la Tierra y se puso a retroceder hasta llegar a una igual distancia que tenía con los demás soldados que la rodeaban en círculo.
—Mi querido Vegeta —comenzó el general más alto de Freezer—. Me temo que no todos conocían a tu esclavita. Yo ordené que la trajeran.
Ciertamente, Zarbon sólo quería crear polémica al llegar a su palacio y pedir audiencia con él. Vegeta apartó a los soldados que le impedían atravesar la estancia con libertad y pronto, tanto Nappa como Número 18 estaba pisándole los talones para auxiliarlo si su propia guardia saltaba a atacarlo. Zarbon había cumplido con su cometido.
Al llegar al séquito, Vegeta de un golpe certero en la mejilla apartó al primer soldado y cuando iba a atacar al segundo, Bulma recordó cuando acusó al centinela fuera de su primera celda de haber desobedecido su orden. Había matado al soldado por orden suya y esta vez no pensaba ver una masacre en su nombre, le tiritaron las rodillas. Su voz parecía haber abandonado su cuerpo.
—¡Basta! —gritó en cuanto recuperó la voluntad. Toda la bulla de la habitación se calló como si la fuerza de su voz los hubiese tranquilizado y la miraban con torpeza. Bulma avanzó hasta Vegeta quien la miraba igualmente sorprendido—Vegeta, por favor. Basta.
Le puso las manos en las mejillas y el ceño del rey se frunció para mirarla con dureza. Vegeta se le quedó mirando mientras se tranquilizaba, bajo las pesadas miradas de los presentes que se acomodaban en su espalda con rencor. La voz burlona de Zarbon inundó la sala, estaba riéndose entre los dientes y Vegeta dio media vuelta y se dirigió al trono. Nappa y Número 18 se quedaron mirando a la humana sin decir una palabra, esperando a que ella siguiera al rey en el camino despejado que había trazado sin que nadie se atreviera a ponerse en frente.
Cuando dio los primeros pasos, Bulma miró hacia atrás y vio que el androide rubio la seguía y detrás de ella iba Nappa. Volvió la vista hacia delante y le pareció que la distancia a la que se encontraba Vegeta se extendía leguas más allá. Subió las escaleras que mantenían al trono elevado para denotar jerarquía y entonces vio a Vegeta, parado junto al trono, mirando a Zarbon con los ojos hechos una línea delgada de odio. La chica de pelo lila llegó hasta él con la cabeza erguida. Sin saber porqué lo hacía, Bulma miró el trono como si estuviera hipnotizada antes de sentarse lentamente sobre él.
Sólo el rey podía sentarse en él por ley y la guardia real exclamó una maldición generalizada. Zarbon no paraba de sonreír por como se iban desenlazando los eventos, mucho mejor de lo que él esperaba y hasta con la ayuda inesperada de Vegeta. Parecía que le gustara quebrantar una y otra vez las costumbres de su pueblo.
—Vaya, quién lo pensaría. El gran rey Vegeta, señor de la raza guerrera más poderosa del universo conocido, aplacado por una simple humana —rió un poco—. Entonces es cierto, el rey Vegeta toma a una terrícola como su reina.
—Llámalo como quieras, sabandija —dijo por fin el aludido y bajó las escaleras con lentitud. Se acercó groseramente al general que era una cabeza más alto que él—. Fuera de mi planeta, insecto. Dile a Freezer que no se meta en mis asuntos.
—¿Todo por una simple humana? —concluyó Zarbon con una sonrisa, estaba seguro que había dado con su punto débil.
—Estás equivocado si piensas que es por ella —respondió con una sonrisa pero para cuando su semblante se endureció, su voz salió como un suspiro mortífero, claro pero silencioso—. Bulma es mi propiedad y si te metes con ella, te estás metiendo conmigo. Es sentido común —dijo dejando brevemente su seriedad, sonrió vanidosamente—. ¿Está claro?
—Sí, mi querido Vegeta.
—Y si está todo claro, ¿qué crees que estás haciendo en mi planeta? —cuestionó el rey, frunciendo el ceño nuevamente—. ¡Fuera!
De un momento a otro, la habitación se vació, dejando sólo la guardia real dentro de la sala de trono y un puñado de presentes. Nadie se atrevió a hablar, se sabía que la ira de Vegeta se castigaba con la vida y no había alguien presente que pudiera hacerle frente. Claro, nadie menos el androide rubio que se encontraba a un lado del trono aguardando la orden del rey.
Vegeta miró a su gente con desprecio, esperando a que alguien hiciera o dijera algo, una protesta más bien, pero nadie respondió. Se encontraban mirándolo con una cara igual o peor, el desprecio mutuo entre los soldados con el rey era como una competencia en la que nadie parecía ganar.
—Y bien —comenzó con una voz burlona—. ¿Hay alguien que quiera decir algo, insectos estúpidos? Estoy seguro que Zarbon no se molestará en reclutar traidores inútil como ustedes, son sólo una porquería —estaba claro que nadie iría a objetar que no eran estúpidos ni porquería, nadie lo era como para enfrentar al rey por sus actos y eso bien lo sabía Vegeta. Cuando era príncipe eran muchos los que osaban contradecirlo y a disfrutar un combate contra él, aunque siempre ganara. Ahora todo su reino estaba convertido en un puñado de aduladores y traidores.
Seripa dio un paso adelante.
—Yo, señor —dijo con su voz femenina e hizo una reverencia. Tomma se escabulló hacia atrás, no muy seguro de lo que planeaba la colona. Era impulsiva y a veces pecaba por confiada y si llegaban a pescarla como rebelde no quería estar cerca cuando eso sucediese. Habían acudido a la sala de tronos en cuanto se supo que Zarbon iba a pedir una audiencia con el rey, Bardock les había encomendado esa misión y no mencionó si eso correspondía a una corazonada, una visión o simplemente una orden al azar.
Vegeta miró de soslayo a la chica, llevaba armadura de baja clase, ropa rosada fuerte y una polaina amarilla colgada en una pierna, su cabello corto la masculinizaba en demasía. Chasqueó la lengua. Algo peor que aduladores y traidores eran los soldados que creían en ideales tontos.
—Larga vida a la reina, mi señor —dijo la chica con cortesía pero sólo Bulma le sonrió.
Nota de la Autora:Uff, un capítulo exclusivamente de Bulma y de Vegeta, y sólo demoré unas cuantas de horas en escribirlo, me siento orgullosa. Quería escribir otra escena de ellos pero se me habían acabado las ideas, tomé lo de la serie, la explosioncilla que deja mal herido a Vegeta y Bulma cuidando de él. Aunque él no está 100% ligado a ella sentimentalmente, he querido ser fiel a los acontecimientos de la serie y dejar que pasen las cosas. Si bien, está interesado en ella, hay que recordar que Vegeta no lo estuvo hasta Majin Boo, donde sí lo estaba completamente interesado a mi parecer. En la saga de los androides/Cell, no lo estaba tanto.
Ya vienen los últimos capítulos, —¡al fin!—de la primera parte y pasaremos a la segunda campaña, y la tercera será corta, así que no se asusten. Gracias por leer y perdonen la demora, no empecé bien la semana xD Gracias a los comentarios de Dramaaa, JazminM, Lilybrief y lola. :D
Saludos, besos, cariños de mi, Ragdoll Physics. Cambio y fuera.
EDITADO los guiones y lo que era tonto o un tanto OOC.
