Capítulo XI

Segunda Fase


La última vez que Minato sintió temor por otra persona que no fuese Naruto, sucedió cuando Kushina estuvo en labor de parto. Un hecho que ya tenía superado, pero aun así no era menos doloroso. Y antes de ese acontecimiento —Ese terror indescriptible por la muerte—, también lo protagonizó Kushina con sus actos de rebeldía contra las leyes y costumbres de su Familia.

Fue el día en que anunciaron su compromiso con el heredero de Suna. Kushina berreó de forma inigualable contra el Padre del joven heredero quien, completamente frustrado y furioso, terminó por levantar su arma personal contra la joven princesa. Muchos de los guardaespaldas que se encontraban en el salón sacaron sus armas para proteger a la consentida. Incluido él.

Fue una experiencia horrorosa, observar a esa muchacha fuerte y aguerrida componer esa mueca de espanto al ver esa ostentosa S&W Modelo 29 apuntar a su corazón, era algo que no le deseaba a nadie. En el momento no se preguntó qué pasaría si esa bala penetraba su pecho ni mucho menos pensó en cómo contestar ese acto de sublevación por parte de los del Desierto. Sólo tenía claro que, sin importar qué, Kushina viviría. Aun si él debiera sacrificarse.

Afortunadamente nada de eso ocurrió.

Él llegó a tiempo para protegerla con su cuerpo y varios compañeros más apuntaban a la nuca del viejo Líder que temblaba del miedo al saberse rodeado e inseguro con un arma tan inmanejable.

A partir de allí, él y Kushina iniciaron su relación que desencadenó en el nacimiento de Naruto.

Jamás pensó en vivir de nuevo esa experiencia. Cuando escapaba con su hijo tomaba las precauciones necesarias para que no corriera riesgos en las que muchas veces casi no lo consigue. Siempre atento a las pisadas, atento a las personas que les observaban, atento a no dejar a Naruto solo… lo bueno es que Naruto ya había aprendido a defenderse, luego de ese hecho.

Y así la sensación de miedo a la muerte de alguien terminó menguando… hasta hoy.

Aquella sombra en el despacho le alteró los sentidos tanto o más como en aquellos momentos donde la adrenalina estaba al máximo. Ver como lentamente el desconocido volteaba para mirar al silencioso Uchiha Itachi, que ni se había dado cuenta de la presencia extraña, le puso los nervios de punta y atinó a hacer lo que todo guardaespaldas haría en su caso.

Usar su cuerpo como escudo.

A pesar de que su protegido mereciera más de una bala en el cerebro.

—¿Quién eres tú? —preguntó con tono seco, a sabiendas de que se encontraba totalmente desarmado ante el desconocido.

—Itachi, quiero los informes de la empresa y que me expliques que hace un Rubio frente a ti —habló el extraño demandante, y por primera vez pudo ver la expresión de sorpresa en el rostro de Itachi. Prefirió guardar silencio, esperando la orden del joven Uchiha.

—Descansa, Minato —Ordenó suavemente el menor, adelantándosele, y caminando para situarse frente al desconocido—. Padre —Saludó carente de emoción—, los informes están a tu izquierda en la carpeta negra.

Fugaku tomó los documentos y prendió la luminaria del lugar mientras se acomodaba mejor en el sofisticado asiento. Itachi le observó impasible frente a él sin siquiera sentarse en alguna de las sillas de enfrente, esperando de manera formal y relajada como si entregara un reporte militar, aunque Minato pudo notar levemente algo de tensión en sus manos.

—Bien. No veo errores, como debe ser —expresó sin intenciones de adular pasando inmediatamente a ordenar otra cosa—. ¿Y el informe bancario?

—Impreso en el archivador que está a tu derecha —Indicó el menor, mecánicamente.

Algunos minutos y un constante murmullo ronco mantuvieron a Itachi alerta para cualquier situación o pregunta aunque por fuera no expresara más que indiferencia. Minato prefirió guardar silencio a sabiendas de las reglas jerárquicas de ésta familia.

—Más de tres mil millones de créditos por sólo dos rubios —Dictaminó el jefe del Clan, observando fijamente a Itachi—. Explícame de qué tipo de inversión se trata y si hay ganancias con ello. Confío en tus movimientos, pero sinceramente el valor de éste rubio —dijo, señalando al doncel—, me parece exuberante.

El menor alzó la barbilla, en actitud confiada. —Padre. El esclavo Namikaze posee grandes cualidades en el arte del combate. También es egresado de la Universidad con Título Médico e incluso mantiene su condición física en excelente estado. Consideré la compra de Namikaze para integrarlo como mi guardaespaldas personal además de médico general en las filas de la Familia.

—Eso no equivale todos esos millones —Escupió el mayor.

—Los vale, si trabaja como mercenario —La mirada de Fugaku cambió a una de interés dejando que Itachi continuara con la explicación—. Su acondicionamiento y entrenamiento supera por mucho los enseñados en nuestra Familia. Él podría acompañarme en las misiones al extranjero que han sido pospuestas por tanto tiempo debido a la falta de gente competente —Señaló con arrogancia.

—Pero nadie nos afirma su lealtad —declaró el Jefe con inusitada preocupación.

—Para ello está el menor que compró Sasuke.

—A eso quería llegar —Apuntó con el ceño fruncido—. ¿Cómo es posible que Sasuke rechace las ofertas de Shukaku? ¿Tú sabías algo de eso? —reclamó con seriedad.

Itachi lo pensó un momento. —Padre. El rubio Uzumaki es hijo del esclavo Namikaze —Fugaku posó la mirada en Minato que no hizo ademan de sentirse amenazado, escuchando atento la explicación del menor—. Y los tratos de Suna sinceramente no son muy confiables.

—¡No me vengas con eso! ¿Sabes que nos están ofreciendo las tierras del Remolino? ¡Esas hectáreas equivalen a más de quinientos mil millones! —Demandó sulfurado.

—Suna no entregará esas tierras a menos que el Príncipe despose al mocoso y ni siquiera se sabe los dictámenes que habrán dejado los Uzumaki antes de fusionarse con Suna. No hay una garantía en ese trato.

—Yo quiero esas tierras, Itachi. El Clan se beneficiaría con ello y lo sabes —habló dando por hecho que se acataría como una orden, sin embargo Itachi siguió persuadiéndolo.

—Piénsalo bien, Padre. Entregas al mocoso Uzumaki a Suna y ni siquiera tienes garantía de que el contrato se cumplirá. Hay 30% de probabilidades de entrega de esas tierras y el otro 70% te quedas sin tierras y sin Mercenario —Fugaku afiló la mirada hacia el rubio—. Namikaze trabajará sólo si el mocoso está a su lado y con vida. Recuerda que los trabajos pendientes también suman una cuantiosa cantidad.

El Jefe se recostó pensativo en el cómodo sillón siendo observado por su hijo mayor y el rubio esclavo. —Todo esto me parece demasiado confuso y… maquinado —Emitió su observación con la mirada entrecerrada.

Itachi guardó silencio trabajando su cerebro a todo lo que daba. Debía convencer a su padre de que todo era por beneficio del Clan y no de Sasuke. No es que le costara trabajo mentirle a Fugaku, pero se le estaban acabando las ideas e insistir significaría levantar sospechas.

—Con todo respeto, Uchiha–sama —Minato se acercó un paso hacia el Jefe que le prestó atención inmediatamente, cautivado por el tono suave y grave de su voz. Itachi no respingó en su lugar de puro milagro—. Según las conversaciones que tuve con la Princesa del Remolino, el traspaso de tierras sólo es posible si el heredero Uzumaki estaba de acuerdo —Itachi le miro extrañado ¿Cuánto sabía el Rubio al respecto?—. Acuerdos previos que tuviera el Clan eran respetados de igual manera, por lo que, si un miembro de la Familia Uzumaki acotaba que no se traspasaran los bienes a terceros o a un "grupo" en especial —dígase Clan Uchiha—, éste debía ser respetado por el heredero.

Fugaku se levantó de su asiento y se encaminó hacia el rubio que no se movió ni un ápice dando a entender seguridad en su postura. Estando a pocos centímetros del rubio, Fugaku le alzó la barbilla y le lamió los labios intentando intimidarlo, sin embargo, Minato no dio muestras de asco ni tampoco de temor, lo que llamó la atención del Jefe.

—¿Quién fue tu maestro? —preguntó mientras rodeaba al rubio observando cada detalle del cuerpo revestido en ese traje formal.

—Ley del Silencio —pronunció el rubio con seriedad. Fugaku se detuvo queriendo intimidar nuevamente, pero Minato se le adelantó—. Estoy entrenado para soportar toda clase de tortura y mi código de honor es incorruptible —Alzó la vista orgulloso de su conocimiento—. Seré fiel y leal a quien se gane mis respetos. Trabajaré para la familia Uchiha siempre y cuando mantengan a mi hijo a mi lado. De no ser así, no habrá manera de que eviten mi escape, Uchiha–sama —declaró en tono convincente causando una muy buena impresión en el mayor.

—¿Qué edad tienes? Te vez muy joven —preguntó sin dar conocimiento de su postura.

—Treinta, Señor. Mi genética me permite conservar la juventud por más tiempo.

—Perfecto, antes de darte mi respuesta, me gustaría probar un beso —Sonrió Fugaku, mirando al inexpresivo rubio, tratando de encontrar algún ademan conflictivo o que se mostrase tenso, pero a pesar de todo, no encontró nada de ello, como si al doncel no le importara en lo absoluto. Contrario a Itachi que luchaba con insistencia contra aquellas emociones que lo ahogaban desde hace rato, aunque siempre mostrándose estoico.

—Como guste, Uchiha–sama ¿Considera que sea lujurioso, apasionado o sólo un roce? —consultó como quien habla del clima.

Fugaku rió con malicia por la observación. —Lo más intenso que tengas, quiero saber si vales los tantos millones de mi cuenta bancaria —Dicho esto, abrazó la cintura del rubio y le acercó a su cuerpo con inusitada fuerza. Minato simplemente le rodeó en un abrazo para no hacer notar la poca, pero detectable, diferencia de estatura. El doncel no pudo evitar pensar en que Itachi era algo más alto que su padre.

E Itachi, quien no emitía sonido alguno, estaba que se lo llevaba el coraje. Su mente era un caos total. Sin saber qué hacer en realidad; si hacer valer su nombre como dueño de Minato o simplemente evitar dar una mala impresión a Fugaku. Se auto–convenció de que no tenía motivos para sentirse tan… herido, pero se equivocó medio a medio al posar su vista en esos dos y notar como segundo a segundo se eliminaba la distancia entre ellos. Viendo a Minato inclinarse levemente para alcanzar los labios de su padre y mirarle con esa… esa estúpida mirada sensual, igual a la que tenía al follarse a la mucama.

No quiso cavilar ni mirar más, pero la frase ya había cruzado su mente. "Pensar que a mí me besa con asco".

Contrariado y con las emociones a flor de piel, sin pensar más allá que separar a esos dos, abrió la boca para reclamar su lugar ante su padre cuando el sonido del teléfono —bendito teléfono— le paralizó el corazón.

Y el alivio cruzó su cara inmediatamente después de ver como su padre se separaba insatisfecho por no haber cumplido su capricho. Itachi prefirió levantar el auricular con un renovado "buen humor".

—¿Qué? —preguntó al que estaba al otro lado.

Itachi–san, habla Shikamaru ¿Está el Jefe?

—Sí —Dirigió su vista a su Padre que esperaba el mensaje—. Es Shikamaru.

La mirada de Fugaku cambio de estreñida a una de ansia. Tomó el teléfono, pero antes de hablar dio órdenes a Itachi. —Debo hablar contigo sobre otro asunto, así que llévalo con Kisame para que recorra las instalaciones y se familiarice —Miró al rubio con obvio interés—. Pronto terminaremos con este pendiente.

—Como diga, Uchiha–sama —Se inclinó el rubio en una mueca respetuosa, ganándose más puntos con el Jefe, para luego ser casi arrastrado fuera de la oficina por el menor que se apoyó en la gruesa puerta después de cerrarla.

Itachi guardó segundos de silencio sopesando el cómo dirigir una conversación sin siquiera haber empezado. Analizaba los pro y los contra de dejar en claro su posición y las quizás seguras respuestas del rubio. Al menos, siempre gustaba de tener la partida asegurada. Prefirió no decir nada y caminar hacia la cámara de cine donde Kisame continuaría trabajando, seguido de cerca por un inexpresivo Minato que no hacía alusión a querer aclarar algo de lo ocurrido en esa oficina. Ni siquiera parecía intimidado o asqueado de ello. Decidió probar su teoría.

En un arranque no previsto, y que el rubio ni veía venir, Itachi arrinconó a Minato en una de las paredes de los tan extensos y múltiples corredores. Dejó su cuerpo pegado al del rubio que, para su decepción, no mostró incomodidad o deseo, como si el hecho de que Uchiha Itachi tuviera arrebatos fuera de lo más normal. No se dejó amedrentar por ello y acercó su rostro al contrario hasta casi aspirar su dulce aliento, hecho que lo dejó tenso y disparó su lujuria.

—¿Qué fue esa actuación con mi Padre allí dentro? —Terminó por preguntar a pesar de que no tenía intenciones de hacerlo en un principio.

—La actuación que todo esclavo tiene con su amo, Uchiha–san —contestó, monótono, el rubio.

Itachi entrecerró los ojos. —Yo soy tu amo —Remarcó, mascullando rabioso.

—Sólo fui consciente de la Primera Regla, Uchiha–san. Su padre tiene tanto o más derecho que usted en demandar mis servicios y si usted no detuvo el acto ni replicó ante su padre, he de suponer que sí deseaba que yo cumpliera con aquellas expectativas —Itachi no pudo replicar nada, lo había dejado encerrado. Eso podía dejarlo pasar, después de todo estaba hablando de su padre y de respetar las reglas, pero lo que no podía soportar era el excesivo deseo que mostrara de besar a su padre… como si lo quisiera, como si le gustara…

—¿Te excitó mi Padre?

—Uchiha–sama es un hombre imponente y sensual.

—No pregunté eso —Escupió ofendido.

—No soy homosexual, Uchiha–san —Aclaró Minato al ver por dónde iban los tiros—. Simplemente qué, como esclavo que soy, asumo que mi rol es cumplir y satisfacer las peticiones que tenga su familia. Yo no puedo ir en contra de Uchiha–sama si usted no interfiere. Siento haberle dado otra impresión.

—¿Qué no eres homosexual? ¡No me hagas reír! No puedes negar que te excito cada vez que me acerco a ti —Paseó su mano por la hombría dormida del rubio, quien no se mostraba ni incómodo, ni deseoso.

—Lamento haberle dado esa impresión. Pero usted, Uchiha–san, no me provoca ningún deseo —Itachi reprimió las grandes ganas de estamparle su puño en la cara por tamaña ofensa, aunque Minato ni se sintiera intimidado. Prefirió callar por el momento—. Si mi miembro despierta es porque usted lo estimula y yo soy un declarado fogoso sexual —El menor se estremeció imperceptiblemente con aquellas palabras—. No hay otras intenciones ni intereses. Espero haber resuelto su duda.

El Uchiha se sintió perdido en aquella batalla y le soltó con renuencia. Él no estaba buscando la aceptación del rubio —se convencía—, sólo quería dejar en claro su posición como dueño. Aun si el doncel no quisiera trabajar como su puto o guardaespaldas, él sólo le recordaría la posición en la que se encontraba. Un simple esclavo que estaba en su mano con alguna que otra regalía.

—No creas que, porque no obtienes placer de mí, voy a dejar de tomarte. Espero que eso te quede claro —declaró como si con ello dejara en alto su nombre.

—No busco placer en usted, Uchiha–san. No podría dármelo aun si así lo deseara —Minato sonrió con superioridad de manera inconsciente dejando casi embobado al Uchiha, sin embargo, volvió a su careta inexpresiva en cuanto notó la mueca de rabia del menor; emociones que no se ven a menudo—. Sin ánimos de ofender, pero el sexo sin sentimientos me parece un acto vacío y relleno de ejercicios. Mi placer sólo es llenado cuando aprecio un deseo real por alguien. Y por usted yo no siento nada.

El de ojos negros no hizo alusión de sentirse herido o tocado por esas palabras. No tendrían por qué importarle.

—No necesito conocer tus aspiraciones. Por ahora sólo cumple con tu deber.

—Como diga, Uchiha–san.

—Ve donde Kisame, que te entregue el equipamiento formal hasta que yo te muestre el que usarás de manera definitiva. Aquí está la tarjeta —Le entregó una pequeña tarjetita negra—. También que te explique el uso del radio y cuáles son los canales que usamos y para qué. No quiero que hables con nadie, excepto con Kisame y si alguien intenta sobrepasarse contigo…

—Lo dejo —Completó el rubio.

—No —Negó el Uchiha con un marcado tono de exasperación, demasiado alterado como para recobrar su postura inexpresiva—. Tienes mi autorización para noquearlo.

—¿Y si es mujer?

Itachi le envió una mirada asesina mientras se volteaba en dirección a la oficina. —Más te vale no acostarte con ella o esta vez, la destriparé viva.

Minato observó al menor marcharse a paso decidido y con el cuerpo tenso. Sonrió para sí mismo, todo estaba saliendo según sus planes.

—Así que ése es el temido Fugaku Uchiha. Ayudará más de lo que creí —Y con ello, caminó hacia Kisame que seguramente trataría de subírsele encima. Al menos ya contaba con la autorización de su dueño para "noquearlo".

Con renovado espíritu recorrió el largo trecho hasta llegar al hall donde se encontraban las jaulas colgantes. Aquellas personas que observaban la nada como si hubiesen perdido toda esperanza de volver a sentir el viento de la libertad.

Esperaba jamás nunca sentirse así.

Bajó la vista caminando rápidamente hacia el mencionado Kisame con el fin de pedir el equipo que usaría en su misión como guardaespaldas. Al abrir el ostentoso portón encontró al odioso de piel azulina masturbándose viendo el espectáculo. Cuando Kisame se dio cuenta de la inesperada visita se subió el zíper con tanta prisa que terminó arañándose parte de la piel de su miembro. El aullido no se hizo esperar y Minato, por primera vez, le tuvo lástima.

—¡¿Qué no sabes que hay que golpear la puerta tres veces?! —Reclamó con el rostro iracundo, y hubiese sido intimidante de no ser por que se encontraba encorvado y hablaba entre dientes—. ¿A qué has venido? —preguntó con la voz hecha murmullo y recomponiendo una cara neutral.

Minato agradecía enormemente haber tenido un buen entrenamiento y poder controlar perfectamente sus emociones. De no ser así estaría descojonándose de la risa. —Itachi me envió a buscar el equipo. Dijo que tú podías entregármelo.

—¿Pero no mencionó que iba a hacerlo personalmente?

—Tiene una visita en la oficina.

—¿Quién?

—Fugaku Uchiha.

A esta alusión, Kisame miró seriamente al rubio acercándose de forma intimidante.

—Escuchame bien, doncel, porque no te lo repetiré: Antes que al padre, le debes lealtad a Itachi. ¿Está claro?

Minato no mencionó palabra, pero por alguna extraña razón sintió empatía por esa lealtad y confianza que hace tanto no veía en un grupo. Asintió sin miramientos.

—Bien, pasemos a lo importante entonces —No esperó ver si el rubio le seguía, caminó directo a la bóveda de equipamiento.

Por otra parte, Itachi llegaba justo a tiempo para ver a su padre colgar la llamada y recoger unas hojas que llegaban por la máquina de fax. La sonrisa que mantenía el rostro del mayor no le dio buena espina.

—Itachi, revisa estas hojas —Le entregó el pequeño fajo con rapidez para luego sentarse en la butaca—. Como te habrás dado cuenta son datos del Consejo de Konoha; sus integrantes, secretarios, y…

—Aquí hay datos del Hokage —Le cortó Itachi, totalmente extrañado.

—Exacto —Continuó, obviando la falta de respeto del menor—. Hace unos días Danzou consiguió entrar en la Cámara y planteó una idea para infiltrar gente en el gobierno y poder matar a Sarutobi —El joven levantó la mirada de aquellos papeles para ver la sonrisa de su padre—. El viejo está muy alerta debido a una estúpida infiltración que tenemos sobre el negocio de esclavos y aun no encuentro al maldito traidor —Itachi le miro impasible—. Poner a alguien dentro de los altos mandos nos convendría de sobremanera y no quiero que Danzou lo aproveche para negociar con las otras mafias. Por eso quiero que entrenes exhaustivamente a Sasuke. Él se encargara de espiar dentro del ministerio, embaucar a Sarutobi y después matarlo.

Itachi palideció ante la idea, pero lo disimuló con maestría.

—¿No crees que Sasuke es muy joven para esos trabajos? —inquirió con cautela.

—Tú a esa edad ya cortabas meñiques —Refutó rápidamente—, además, tu hermano está demasiado alejado del negocio lo que significa que no muchos le conocen y por supuesto, no pensaran que está involucrado con la mafia. Por eso necesito que lo entrenes para que se transforme en un verdadero asesino y poder cumplir con el trabajo, además sólo así demostrará lo necesario para ostentar el apellido Uchiha.

—Pero tiene pocas probabilidades de acertar en este trabajo, ¿Qué pasaría si lo descubrieran y logran hacerlo hablar?

—Habrá que matarlo como a todos los traidores —mencionó sin ningún remordimiento.

Itachi enfureció en desmedida. El muy desgraciado era capaz de enviar a sus propios hijos a la boca del lobo, todo por el prestigio del Clan y llenarse los bolsillos de dinero sucio. Además, estaba seguro de que tras todo ese plan, Fugaku lo único que deseaba era la muerte de su otouto por ser una deshonra. Su hermano siempre había luchado para ser considerado parte de la familia y obtener alguna palabra de orgullo de su padre, pero como siempre, era rechazado y comparado con él, su hermano mayor. De puro milagro Sasuke no lo odiaba ni competía con él como Fugaku creía. Debía hallar una manera de que el viejo recapacitara… y la tenía, pero todo tiene su costo.

—Padre —Comenzó a debatir el menor—. Sasuke es demasiado inútil en este tipo de misiones —Se mordió la lengua por tamaña mentira, su otouto había mejorado notablemente en su entrenamiento—. Fallar equivale a dejarnos en evidencia y echarnos toda la policía no corrupta encima. Incluido a los Ministros del extranjero que seguramente dejaran de comercializar por miedo a que terminen vinculados. Sería echarnos la soga al cuello.

—Sasuke debe integrarse a las misiones y no pienso dejar el puesto para otro subordinado de Danzou, yo sé que ese sinvergüenza también quiere deshacerse de nosotros, aunque primero deba desaparecer a Sarutobi.

—¿Y no crees que esto sea una trampa? Danzou debe saber que trataremos de enviar a Sasuke por ser poco conocido y, seguramente, dispondrá de todo para poder atraparnos en el negocio. Creo que vamos demasiado rápido.

Fugaku lo pensó un momento. —Quizás tengas razón, Itachi. Sería mejor trazar un plan antes de continuar con esto. Esperaremos hasta terminar con la misión de embarco de la próxima semana. Tienes hasta ese día para replantear la dinámica y mejorar el plan. Lo hablaremos con Shikamaru en la Asamblea.

—¿Asamblea? —preguntó el primogénito.

—Dentro de siete días, el gobierno de Konoha organizará una Asamblea donde discutirán sobre el Calentamiento Global. Por supuesto asistirán los países de la Arena y del Agua. Aprovecharemos esa asistencia masiva para la recolección de un cargamento de diez esclavos vírgenes que subastaran en el antro de la serpiente esa.

—¿Diez? ¿Y tanto escándalo por tan pocos? —Concluyó extrañado.

Fugaku sonrió con malicia. —Esos esclavitos son hijos de Presidentes y Ministros, comprenderás que quienes los compren no sólo será por placer sexual ¿Verdad?

Itachi comprendió que estaba rodeado de mierda.

$$ El Valor de ser Rubio $$

El centro comercial de Konoha se caracterizaba por ser el más concurrido y vistoso de toda la tierra del Fuego. Un lugar relleno de tiendas de ropa, comida, baratijas, florerías… tantas cosas "inútiles" en lo que todo el mundo gasta por puro placer.

Dentro de uno de los vistosos restaurantes, una joven de cabello extrañamente rosa y un menor con los cabellos cual sol de verano conversaban trivialidades y reían alegres. La imagen de ambos era muy llamativa, no tanto por la belleza de la joven y sus modales, sino por el pequeño jovencito que no tenía reparo en demostrar su vitalidad. Muchos les observaban en verdad anonadados, pues un rubio en un local público era ilógico y extraño, ya que la ley les prohibía salir sin su collar y muchísimo menos compartir con alguien, a diferencia de los esclavos comunes que podían caminar con libertad en Konoha para luego volver a sus respectivas labores. Otros les miraban con asco, sobre todo al pequeño pues no concebían que, sabiendo su condición y las supuestas peleas que provocaba, saliera a causar disturbios en la vía pública. Mientras que unos pocos, aquellos que miraban por el rabillo y bien escondidos, lo hacían con increíble deseo, esperando la oportunidad para atrapar al rubio y llevarse una buena recompensa por ello.

Sakura llevaba varios minutos analizando al rubio. Era un mocoso chillón, hiperactivo, demasiado alegre e infantil. Una monada si no fuera una verdadera astilla en sus calculados planes. Por ello lo llevó a ese refinado sitio, para demostrar su poderío y alcurnia y, por supuesto, dejar en ridículo al blondo, pero sus planes no estaban saliendo según lo planeado. El chico, a pesar de ser un bastardo y pobre, sabía ocupar el servicio y pedir la comida con el acento correcto, había visitado enormidad de lugares siendo un excelente narrador capaz de capturarla con sus historias, poseía una increíble sonrisa que le despertaba cierta amistad ya congelada por los años sola, y le restregaba en la cara la enorme posibilidad de ser algo importante en la vida de Sasuke.

Eso era lo que la mantenía en sus cabales, el hecho de que su Sasuke le demostrara a él cosas y sentimientos que ella llevaba años queriendo percibir.

—… y así fue como logró ser considerado como un Árbol del Tiempo —Concluyó su narración el pequeño blondo, sin notar la mirada casi perdida de su compañera hasta que posó la vista en su rostro—. ¿Sakura–chan? ¿Estás bien?

—Naruto… ¿Tú… sabes el motivo por el que Sasuke te compró?

—Bueno… —Dudó en contestar—. Él me dijo que lo hizo para protegerme, tebayo.

—¿Protegerte? —Eso disparó la alerta de la chica—. ¿Cómo que protegerte si apenas se conocen? —preguntó evitando sonar alterada.

—¿Ah? No, el Teme y yo nos conocemos hace años —declaró sonriente aunque pronto perdió la sonrisa—. Pero la verdad yo no puedo recordarlo después del accidente que tuve.

—Así que un accidente —murmuró mientras analizaba lo que ya sabía—. Entonces tienes amnesia —Aseguró.

—Eh… sí, aunque Otou–san dijo que sólo debía tener paciencia, dattebayo.

—¿Amnesia Lacunar o Traumática? —inquirió con algo de sabiduría, después de todo ella deseaba ser una gran doctora aunque su familia se lo había prohibido.

—Define Lacunar o Traumática —Pidió el blondo algo perdido.

—Pues la Lacunar es cuando olvidas un hecho en específico, ya sea una fecha o una persona. Ocurre en un periodo de confusión mental ya sea por vivencias traumáticas y dolorosas o shocks emocionales. Mientras que la Traumática… bueno, normalmente olvidas los motivos del accidente o algo que ocurriera poco antes de ese hecho. Aunque el efecto no dura más que unas semanas o hasta un par de días —Especificó.

—En realidad yo sí puedo recordar el golpe y fue porque me caí de un tejado cuando unos tipos nos perseguían a mi padre y a mí. También recuerdo haber vivido con unos ancianos y hasta haber paseado por la Aldea de las Flores y otros lados… pero en realidad no logro recordar haber conocido a Sasuke o a su familia. En realidad no comprendo de donde lo he conocido aunque sienta que lo hago —Se rascó la nuca—. La verdad no sé si me doy a entender, dattebayo.

Sakura escuchaba atenta cada palabra del rubio para darse pistas sobre las verdaderas intenciones de su Uchiha. —Descuida, Naruto–kun. Yo comprendo. Aunque me gustaría saber por qué te perseguían esos tipos.

—No lo sé, eso tampoco lo recuerdo, aunque estoy seguro de que llevo casi la mitad de mi vida huyendo de ellos.

La chica decidió desviar la conversación. —Bueno, no hablemos cosas tan tristes ¿Quieres? —El rubio asintió—. Creo que ya es hora de que te lleve al Instituto. Ya casi son las cinco y las clases ya terminaron.

—¡Bah! Yo quería estar más tiempo contigo, es divertido.

—Yo también, pero es muy tarde y Sasuke–kun se preguntará donde fuimos. ¿Me esperas un momento? Debo ir al tocador —mencionó mientras se levantaba.

—Claro, ve tranquila —respondió sonriente.

No pasaron más de diez minutos cuando Sakura salía con el cabello algo húmedo y los labios nuevamente pintados. Tomó su bolso y guió a Naruto hacia la salida. Ambos caminaron un par de minutos por las extensas calles de Konoha hasta que Sakura decidió acortar camino por un pasaje oscuro.

—No creo que sea buena idea, Sakura–chan.

—Tranquilo, Naruto–kun. No pasara nada. Además así llegaremos en cinco minutos y no los quince que nos toma por el camino largo. Recuerda que Sasuke–kun nos estará esperando —Insistió con una sonrisa estilizada.

—Bueno, pero no te separes de mí, tebayo —Demandó mirando con desconfianza el oscuro pasaje.

—Suenas tan varonil, Naruto —Aduló la chica, avergonzando al rubio. Y con ello la joven tomó del brazo al más pequeño y caminaron rumbo hacia el atajo oscuro. Naruto miraba cada rincón con desconfianza a sabiendas de todo lo que podría ocultarse por el lugar. Se adentraron en la primera curva que los llevaba a un pasaje muy angosto con el espacio suficiente para pasar ambos muy juntos. Un ruido de latas cayendo les dejó el alma en la boca.

—Sakura–chan, es mejor regresar —Se detuvo el rubio, totalmente tenso.

—Cálmate Naruto–kun, no pasará nada. Debemos llegar pronto o Sasuke–kun se enfadará.

Naruto estuvo tentado a decirle que le importaba bastante poco el ceño fruncido de Sasuke y que prefería salir con vida de ese lugar a preocuparse por el enojo de un bastardo estreñido.

Caminaron otros pocos metros hasta llegar al final del callejón donde una avenida muy poco concurrida y aún más oscura les esperaba. Naruto estaba seguro que si un lugar como ése estaba en el centro de la ciudad era porque no tenía muy buena fama.

—¿Pero mira lo que tenemos aquí? Una chiquilla de la Zona Dorada y un doncel —mencionó una voz bastante cerca del rubio.

—¿Te perdiste, preciosura? —preguntó otro que se escuchaba detrás de los dos jóvenes.

—Wow, un rubio y una chica rica ¿Cuánto creen que nos darán por ellos, jefe? —habló alguien más que estaba sentado sobre un recipiente de basura a la izquierda de la chica.

—No sé, pero primero probemos la mercancía y después decidimos —Resolvió el que estaba más cerca del doncel.

Naruto contó a cuatro personas, tres que habían hablado y otra que estaba al final del callejón seguramente vigilando. Estaban totalmente rodeados, a oscuras y con pocas probabilidades de salir enteros. Ya decía Naruto que no era seguro. La voz de la experiencia.

—¡¿Q…Qué… Que quieren?! —Tartamudeó casi chillando, la jovencita—. ¡Si gustan dinero, se los daré… les daré mi bolso! —Estiró su mochila hacia el que estaba cerca de ella.

—Claro que nos darás tu bolso, pero antes… —Acarició levemente el brazo de la joven que se estremeció del asco—. Queremos probar otra cosa.

Sakura gritó al sentir una mano agarrando sus piernas y cayó al piso de la impresión mientras el tipo se subía sobre ella intentando rajarle la falda escolar, sin embargo, se desplomó seco a un lado por la patada directa en sus costillas, cortesía del Uzumaki.

Los otros dos reaccionaron tomando cada uno del brazo al rubio que se retorcía tratando de liberarse, mientras el otro chico se levantaba iracundo.

—¡Oye, asqueroso mocoso! ¡¿No te han enseñado que los rubios deben bajar la cabeza?! —Reclamó mientras le incrustaba fuertemente el puño en el vientre del rubio que resistió a duras penas escupiendo en la cara del sujeto.

—¡Me ves cara de sumiso, imbécil! —vociferó el menor que trataba de zafarse de los dos acosadores sin lograrlo.

—¡Vaya, el esclavito tiene agallas! Deberíamos domarlo, ¿Qué piensan ustedes? —preguntó el tipo a los otros dos que sólo sonrieron cómplices. A los segundos, Naruto sintió como era arrastrado hasta la parte más oscura del callejón y que su ropa era rasgada con navajas y tirada aun lado como si de trapos se tratara.

La sangre se le heló en las venas.

—Jamás he probado el culo de un rubio, pero nunca es tarde para experimentar —Rió estridente seguido de sus amigos que aguardaban ansiosos su turno para violar al menor.

El rubio sintió la cabeza martillearle mientras apreciaba las violentas manos tocando su cuerpo, jalando sus ropas y cómo su piel era rasguñada con saña… estaba casi al borde del colapso hasta que posó la vista en la olvidada joven de cabello rosa que observaba todo abrazándose a sí misma. Eso le devolvió la conciencia y le dio el suficiente valor como para aventar al tipo que tenía encima de un sólo cabezazo y patear con ambas piernas al par que le sujetaba, lo que le proporcionó tiempo suficiente como para correr hacia Sakura y levantarla con una monstruosa rapidez y correr como condenado hacia el final del callejón donde aún vigilaba el otro individuo ajeno al ajetreo de hace unos segundos. Sakura apenas podía seguirle el paso al menor que corría sin importar que obstáculo se le interpusiera, y sintiendo las pisadas del trío que se había recuperado de los golpes y la impresión.

—¡Jiroubo, detenlos imbécil! —gritó el líder, a pocos metros de alcanzarles.

Naruto las vio negras cuando el vigía se interpuso medio a medio en la salida del callejón. Con maestría, y a sabiendas de que ambos no podrían escapar, aventó a Sakura hacia el final de la calle y repartió golpes y patadas al tal Jiroubo para mantenerlo ocupado.

—¡Corre Sakura! ¡Sal de aquí y ve por ayuda! —gritó mientras pateaba al tipo con todas sus fuerzas.

—¡Atrapen a la otra, par de hermanos imbéciles! —vociferó el líder que intentaba contener al rubio, sin embargo no le quedó otra que retractarse al sentir la fiereza de los golpes del pequeño que con la adrenalina a tope hizo gala de todo su arsenal combativo.

A pocos metros de la pelea, Sakura observaba anonadada como el pequeño doncel se debatía contra los cuatro hombres con la mirada fiera y los músculos tensos, repartiendo golpes a diestra y siniestra mientras esquivaba puñetazos y patadas que seguramente lo noquearían con sólo tocarle. Sin embargo, aunque la pelea fuera en extremo dispareja, Naruto daba todo de sí para no caer desmayado por el sobreesfuerzo y desvió la vista hacia la chica que seguía parada en estado de shock.

—¡Que te largues de aquí, Sakura! —chilló con fuerza tratando de espabilar a su compañera y bajando su guardia sin querer, dándole una oportunidad a sus perseguidores que lo acribillaron a puñetazos en el vientre.

—¡Hasta que te quedaste quieto, fenómeno! ¡A ver si tu dueño te va a querer después de que te desfiguremos la cara! ¡Ukon! —Apuntó al chico que no participaba demasiado en la pelea—, dame la navaja. Vamos a hacerle un graffiti en su cara jajajaja —Carcajeó estridente secundado por sus compañeros que miraban con malicia el rostro fiero del niño.

Naruto estaba tan ensimismado grabando los rostros de sus atacantes, tratando de mantener la cordura y no caer en el pánico que no se fijó en la mirada maliciosa de la jovencita de cabello rosa que caminaba hacia otro callejón donde una chica pelirroja con vendas en la frente le esperaba.

—¿Todo a su gusto? —preguntó la joven que vestía de forma provocativa y tenía un acento que rozaba lo vulgar.

—Un buen trabajo, aunque exageraron al manosearme —contestó la Haruno mientras sacaba una cuantiosa suma de su billetera que minutos antes había recogido de un cajero automático—. Cuando terminen, tírenlo en la parte trasera del instituto. Conociendo al jardinero lo encontraran mañana por la mañana.

—Por supuesto, fue un gusto hacer negocios con usted —Sonrió la pelirroja contando los billetes y guardándolos dentro de su brasier.

—Eviten dejar marcas, no quiero que su dueño se dé cuenta de que fueron ustedes. Y más les vale no delatarme o les aseguro que contrataré a otros para que se deshagan de ustedes.

—Confié en nosotros señorita. Somos eficientes, y estamos familiarizados con el negocio. Pierda cuidado —Terminó de explicar la jovencita con una sonrisa forzada.

—Me voy. No demoren mucho o mi plan no funcionara —Salió del callejón sin despedirse dirigiéndose directamente a una limusina que le esperaba a la vuelta sin observar como la otra chica le miraba con rabia.

—Ramera adinerada. Ojala y se la follen por el culo a la muy creída. Perra —masculló con repugnancia y caminó hacia donde estaban sus compañeros desfigurando al rubio. Pensaba en explicarle al jefe la otra fase del plan de la chiquilla rica cuando al entrar al callejón ve a los cuatro en el piso manchados de sangre—. ¡Pero qué mierda…! ¡Sakon, despierta! —Corrió directamente al que estaba más cerca y se veía menos herido. Lo manoteó hasta que despertara—. ¡Sakon, pedazo de mierda! ¡¿Qué carajo pasó?!

—El… el c…chico escapó… —Tartamudeaba el otro, pero la pelirroja le cortó.

—Ya me di cuenta, estúpido. Dime ¿Qué carajo paso para que terminaran todos en el piso?

—El chico realizó unos movimientos de Ninjitsu, y fueron bastante precisos, es seguro que fue entrenado el condenado mocoso —Escupió el líder que recién despertaba del aturdimiento.

—¿Ninji-qué carajo? —inquirió la chica algo desubicada.

—Deja de hablar así, Tayuya. Es tan ordinario en una chica —Reclamó Jiroubou mientras se masajeaba la cabeza.

—Chica sus cojones, que no tienen vergüenza. ¿Y ahora qué hacemos? La bruja dijo que lo tiráramos por detrás del colegio de ricachones dentro de veinte minutos o le descubrirían el plan.

—Bien, haremos esto: Tayuya, Jiroubo; busquen por el centro comercial, es lo más cercano que tiene a un teléfono o donde querrá camuflarse con los esclavos mimados —Ambos asintieron—. Sakon, Ukon; ustedes por el callejón hacia la avenida, no creo que se sepa el camino. Sólo basta con preguntar por un rubio y les dirán donde han visto el último.

—¿Y usted Kimimaru-san? —preguntó Ukon.

—Yo buscaré por el Instituto. Aunque no creo que llegue muy lejos —De entre sus ropas mostró una cuchilla cubierta de sangre fresca—. Está herido en el brazo izquierdo y dentro de poco no podrá contener la hemorragia, será fácil buscar esas huellas.

El grupo se disolvió con una sonrisa segura en sus rostros.

Mientras, Naruto corría por los techos como condenado sujetándose el hombro izquierdo con fuerza. Sentía un dolor agudo en el brazo y la cara manchada de sangre, seguramente por un corte en la frente. Un paso en falso y terminaría rodando muro abajo por la poca fuerza que sus piernas demostraban. Estaba seguro de que le seguirían, después de todo su fuerza no se comparaba a la de su padre, pero de algo le había servido huir todos esos años y es que jamás se esperarían que un chico pudiese saltar de tejado en tejado como si fuese un ninja.

Eso y el hecho de que siendo rubio, llamaría muchísimo la atención en las calles.

Estaba a unas pocas cuadras del Instituto cuando un horroroso tirón en su brazo le hizo trastrabillar por las calaminas del techo más cercano a la esquina. Caminó hacia lo que parecía una escalera y bajó por ella con sus piernas flaqueando y su único brazo bueno. Y pasó lo que tenía que pasar: cayó del escalón que iniciaba el segundo piso. El sonido de unas bolsas que amortiguaron su caída y los tarros de basura que cayeron a un lado hicieron tanto ruido que por un momento sintió que alguno de sus atacantes se acercaba a él para por fin cobrarse.

Pero se encontró con una mirada azabache estupefacta.

—¿S…Sasuke? —Logró susurrar hasta que al final perdió el conocimiento.

$$ El Valor de ser Rubio $$

—¡¿Cómo diablos es eso de que te salvó la vida?! ¡¿Dónde mierda está Naruto, Sakura?!

Sasuke se encontraba a la entrada del centro comercial con la mirada irradiando muerte y desesperación frente a una lastimera Sakura que le contaba lo que había sucedido rato antes de que se contactaran. Estaba de camino al Instituto cuando suena su celular con el fastidioso numerito de la chica rosada al que obviamente había dejado pasar, pero a los segundos le llega un mensaje de texto mencionando un asalto y a Naruto en la misma oración. Con eso en mente no dudo un segundo en llamar a la chica que entre sollozos le explicaba la situación donde una muy asustada y desaliñada Sakura, persuadida por un chiquillo, terminó adentrándose en un callejón donde la manosearon, le robaron y estuvieron a punto de violarla, y que gracias al chico, en un gran acto de valentía, la había sacado de allí para que fuera por ayuda mientras él se encargaba de los maleantes. Por supuesto, y según su versión, lo primero que hizo fue llamar a Sasuke para decidir lo que había que hacer. Pero lamentablemente para ella, el Uchiha era lo suficientemente cortante y hosco que lo único que entendió del cuento fue que Naruto aún seguía en peligro y, remarcando con letras negras, por culpa suya.

—Por favor, Sasuke-kun, después me reclamas. Tal vez aún esté ahí, esperándonos —Siguió con el teatro y trotó hacia el auto haciendo gala de un angustiado rostro—. ¿No sería mejor buscar en el callejón? Seguramente le habrán dejado allí tirado, no creo que tuviera algo de valor entre sus ropas —Ya estaba entrando al auto, no obstante, Sasuke le agarró del brazo con fuerza para detenerla—. ¿Sasuke-kun?

—Más te vale que Naruto esté bien o de lo contrario te despellejaré con aceite hirviendo —siseó con la mandíbula tensa dejando en completo shock a la chica—. ¿Comprendiste?

Sakura asintió perturbada. Quizás su plan no estaba saliendo bien.

$$ El Valor de ser Rubio $$

Naruto despertó con la cabeza adolorida y los ojos dándole vueltas. Observó su alrededor con algo de cautela, se hallaba en una habitación blanca con olor a desinfectante, medicamentos, y estantes rellenos de papeletas con nombres médicos. Recordaba haber visto al Uchiha antes de desmayarse y quiso levantarse para buscarlo, pero un punzante dolor en el brazo izquierdo le dejó rechinando los dientes. Se despejó un poco hasta que recordó la salida al centro, la pelea, la huida…

¿Dónde demonios estaba?

Unas voces algo cercanas le congelaron en su sitio. Parecía que tenían una discusión algo fuerte. Agudizó un poco el sentido y se dispuso a escuchar con cautela.

—…pero, por favor. No podemos dejarle así el brazo, se ve que está muy herido.

—Eso no me interesa, mi horario de trabajo ya terminó. Además ¿Por qué rayos perdería mi tiempo cuidando de un rubio? —Naruto sintió su corazón oprimirse—. El que sea esclavo de un rico no significa que deba tomar preferencias con él. Esos fenómenos deberían ser exterminados.

—No hables de esa forma, Anko. Eres la enfermera y es tu deber, como también no deberías tratar al niño de esa forma, él no tiene la culpa de nada.

—¿Que sabes tú de eso? ¡Esos monstruos destruyeron mi familia! No gastaré mi tiempo en ellos a menos que me paguen —El rubio sintió el ruido de un cajón abriéndose y de un manojo de llaves—. Toma, tú dispone de la enfermería a tu antojo y me las entregas mañana.

—Pero, Anko…

—Me largo.

Los pasos alejándose le avisaron que la tal Anko ya había abandonado el lugar. Con algo de amargura se recostó en la camilla, el dolor del brazo realmente le molestaba. La discusión que escuchó afuera le dejaba un vacío en el corazón, se sentía herido, luchando contra el mundo entero por un estigma que ni siquiera quería. ¿Por qué la gente les discriminaba de esa forma? Lo único que tenían de distinto era que podían tener hijos siendo varones. No había otra cosa, no les nacía un tercer ojo, o padecían algún cáncer… simplemente podían engendrar. Su padre siempre le daba valor para continuar, para que nunca pensara en lo negativo de ser doncel, que cuando se enamorara, al fin entregaría ese preciado tesoro a la persona elegida, a la que querría con todo su ser. Y vivir en libertad, sin necesidad de esconderse ni querer volverse invisible. A veces, no podía evitar el desear ser un chico común para poder compartir con otros chicos como alguien normal. Aunque ahora al fin probaba algo del mundo real, recordando con alegría a los amigos que hizo en clase. ¡Por fin se sentía normal! Debía agradecer a Sasuke el integrarlo al colegio y el haberlo rescatado. Sólo esperaba que, cosas así, fuesen eternas.

—¿Ya te sientes mejor? —Naruto saltó hasta el techo del susto—. Disculpa, no fue mi intención asustarte.

—¿Iruka-sensei? —Se preguntó extrañado, el castaño le sonría con simpatía—. ¿Y Sasuke?

—¿Sasuke-kun? Pues él no está aquí —Iruka observó el semblante decepcionado del muchacho y decidió alegrarle un poco—. Pero no debe tardar en venir. Ya se han encargado de avisarle.

—¿Pero entonces… quién fue el que me encontró?

—Kakashi-sensei —El rubio recordó al maestro de la biblioteca—. Tuviste mucha suerte, Naruto-kun. Pudiste perder el brazo al caer de tamaña altura. ¿Por qué te subiste allí?

Naruto dudó en responder, aunque la mirada de Iruka-sensei le inspiraba mucha confianza. —Unos tipos trataron de golpearme cerca del centro comercial y por seguridad preferí subirme a los techos para escapar, tebayo.

Iruka le miro seriamente. —¿Y que hacías en el centro comercial a estas horas y sin Sasuke-kun, Uzumaki Naruto?

—Bu…bueno… —Naruto bajó la mirada. No quería acusar a su amiga Sakura ni perjudicarla, por lo que prefirió guardar silencio. El Sensei lo comprendió y prefirió cambiar de tema.

—No me has respondido. ¿Aun te duele el brazo? ¿Y la cabeza? Tienes un chichón algo grande.

Naruto suspiró aliviado de que no continuara con el interrogatorio. —La verdad un poco, pero nada que no pueda soportar. He pasado por cosas peores, dattebayo —exclamó mientras se rascaba la nuca.

—No deberías hablar así. No es normal que la vida de un niño corra peligro —Naruto le observó anonadado—. Aun siendo un doncel, la vida del ser humano debe ser respetada. Todos nos merecemos respeto.

—Iruka-sensei —Se conmovió el menor. El único que le protegía y le apoyaba era su Otou-san siendo ambos donceles. Que otra persona no rubia hablara de tal forma le hacía sentir extremadamente feliz. El sensei se había ganado su respeto y cariño.

—Dime Naruto —Le instó a continuar con una sonrisa.

—¿Por qué…? —Trató de acomodar las palabras para que no sonara ofensivo—. ¿Por qué no me rechaza? ¿Por qué esta tan preocupado por mí, si soy un doncel?

—Naruto… —Se conmovió al ver los intentos supremos por el pequeño de no llorar ni parecer débil—. Yo también sufrí discriminación en mi infancia —Le contó suavemente mientras se acomodaba en la silla frente a la camilla—. Yo soy hijo de un doncel —Naruto abrió los ojos sorprendido y se sentó de mejor manera en la camilla—. Por esa razón comprendo todo por lo que has estado pasando. Las injusticias y los rumores… todo eso lo comprendo y te confesaré que en un principio, yo odiaba a los donceles… —El rubio no hizo comentario, sólo siguió escuchando atento—. Odiaba a mis padres porque me habían encerrado en una burbuja donde todo era normal, donde sólo había cariño y amor, pero al ingresar a la escuela lo primero que viví fue la discriminación de mis profesores que de inmediato me trataron mal, después a mis compañeros no les dejaban jugar conmigo y yo ignoraba el porqué de todo. Hasta que un día, unos tipos entraron a mi casa y se llevaron a mi padre doncel. No supe por qué hasta que escuché a mi otro padre hablando con unos amigos para dejarme con ellos; se habían llevado a mi padre porque era un rubio no registrado y sin dueño. Y me enteré que los rubios eran tratados como esclavos y mascotas. Mi padre nunca pudo recuperarse de la pérdida y terminó suicidándose —Naruto quiso consolar a Iruka-sensei, aunque éste le entendió—. Descuida Naruto, ya lo he superado. Mi pareja ayudó mucho con ello. Después de conocerle, aprendí a ver todo de una manera más positiva. Los temores suelen surgir de la soledad, Naruto-kun. Pero yo estoy seguro de que tú no estás solo.

—Es verdad, tengo a mi Otou-san

—Y a Sasuke-kun ¿Verdad? —Completó el mayor, el rubio asintió—. Debes estar muy agradecido con él. Los dueños no suelen salir con sus mascotas, ni mucho menos dejarlas estudiar o tener amigos. Sasuke-kun debe quererte mucho —Le sonrió.

Naruto se mantuvo pensativo aunque una leve sonrisa se dibujaba en su cara.

Por otra parte, Sakura contemplaba sentada dentro de su limusina como Sasuke discutía con alguien por celular.

—¡¿Por qué diablos no está Naruto en la entrada?! Llevo una hora ¡Una hora esperando algún maldito informe! —Unos segundos de silencio y su rostro sulfurado logró sobresaltarla—. ¡No me vengas con esa estupidez! ¡Les dije que mantuvieran la vigilancia dentro y fuera del instituto y ¿De qué me entero?: de que los muy idiotas habían salido a colación justo en ese momento! —Otros segundos más rellenos de murmullos que lograron que Sasuke saliera de sus casillas—. ¡Y una mierda! ¡Busca a Naruto, encuéntralo y tráelo conmigo! ¡Mata a quien tengas que matar, pero regrésame a Naruto! ¡¿Escuchaste?! —Cortó.

Sakura evitaba posar su mirada en el pelinegro por miedo a ser su saco de boxeo. Jamás le había visto tan nervioso y airado. Como si le hubieran arrebatado algo demasiado importante. No estaba en sus planes que el Uchiha se extralimitara, a lo sumo que se enfureciera y después olvidara todo con respecto a ese rubio.

—Sakura —Llamó el Uchiha cortante.

La chica se sobresaltó. —¿Dime, Sasuke-kun?

—¿Cómo eran los tipos que les asaltaron?

La joven no tardó en responder. —Eran viejos, probablemente caza recompensas o algo así. Dijeron algo sobre cobrar por el rescate.

—Me dijiste que sólo habían intentado robarles —Refutó con el ceño fruncido.

—¡Ah! ¡Ehh, sí es que…! —Se ingenió una excusa rápidamente—. ¡…estaba tan conmocionada que lo único que pensé fue en salir de allí con Naruto-kun! —Sasuke le observó impertérrito—. Me asusté tanto cuando comenzaron a manosearme —Se abrazó a sí misma y se inclinó para recostarse en el chico que no se movió ni la rechazó—. Se sentía asqueroso… no eran… como las manos de mi Sasuke-kun —Sonrió con melancolía.

Sasuke la empujo hábilmente recostándola en el asiento con él sobre ella. Sakura sentía esas fuertes manos acariciándola lentamente, casi con ternura y por extraño que pareciera, eso le produjo un total pánico, sobre todo cuando esas blancas manos comenzaron a estrangularla.

—Yo no te pertenezco —siseó con malicia—. Tú sólo eres una prostituta más. Aun cuando mi padre me haya prometido contigo, no te creas de importancia. Sólo eres una conexión en los negocios del Clan y unas pocas veces, me sirves para descargarme, nada más. ¿Comprendes? —Sakura asintió con tristeza mientras intentaba respirar—. Yo no soy idiota Sakura, estoy seguro de que intentaste deshacerte de Naruto con este ridículo plan —La chica negó varias veces, atemorizada. El Uchiha sonrió con prepotencia—. Te amenazaré una sola vez: no intentes atacar a Naruto o lo pagarás caro. En cuanto lo encuentre, revisaré una por una las heridas que tenga y te juro que las triplicaré en tu repugnante cuerpo. ¿Escuchaste bien? —Se levantó con rapidez mientras se sacudía la ropa en tanto Sakura se masajeaba el cuello. Unos minutos pasaron cuando el celular del pelinegro volvió a sonar. Esta vez su rostro mostraba estupefacción total. —¿Kakashi?

Veinte minutos exactos y la limusina de la joven Haruno aparcó en la entrada del Instituto de Konoha. Sasuke corrió a la entrada para encontrarse cara a cara con un apático profesor que leía un librito naranja. Segundos pasaban y el ambiente se tornaba tan tenso que hasta el propio Sasuke se sentía asfixiado. No tenía deseos de hablar de más, pero los comentarios iban a su lengua sin que pudiera pararlos.

—¿Sigues leyendo esa mierda pornográfica?

—Se llama Relato Erótico, y sí, continúo leyéndolo —Kakashi levantó la vista del librito que fingía leer para posarla en esos ojos azabaches que reconocía a la perfección—. Sasuke-kun.

No había mucho que añadir, sólo una pregunta que flotaba en el aire.

—¿Por qué..?

—Naruto-kun está en la enfermería —Cortó el mayor, ofuscando al Uchiha—. Ya habrá tiempo para que aclaremos las cosas.

—Ya no me interesa —respondió orgulloso mientras se dirigía hacia la enfermería.

Kakashi sólo sonrió. —Entonces no preguntes "por qué".

Sasuke simplemente se mordió la lengua.

Naruto sintió pasos acercándose por el pasillo. Estaba muy a gusto conversando con Iruka-sensei de sus viajes, entrenamientos y otras cosas. El brazo ya no le dolía demasiado y sólo faltaba salir de aquella horrorosa camilla que lo anclaba como si fuera enfermo terminal.

—No debes moverte tan brusco, Naruto-kun. Terminaras abriéndote una herida —Sugirió el sensei.

—Ya no me duele, Iruka-sensei. Me siento como nuevo. No me gusta acostarme, me hace sentir como en un deprimente hospital, tebayo.

—Pues para allá vamos, Dobe.

—¡Sasuke! —Saltó el menor con tan mala suerte que golpeó el brazo herido—. ¡Auch!

—¿Qué pasa? —Preguntó el Uchiha con seriedad mientras analizaba el cuerpo del menor que mostraba un gran parche en la frente y un pobre vendaje alrededor de su hombro—. ¿Te duele demasiado?

Naruto le sonrió causando un pequeño viaje lunar en su amigo. —No mucho, pero gracias por preguntar Sasuke-Teme —Eso lo bajó a tierra.

Usuratonkashi, supieras todo lo que moví para buscarte —Suspiró con fuerza, exhalando todo el oxígeno que tenía guardado. No era de demostrar, pero por Dios que hasta los nudillos los tenía tensos. Pensar que pudiera desaparecer de su vida una vez más…

—Lo siento, Sasuke. De verdad —respondió acongojado.

—Ya qué —Le quitó peso al asunto—. Después me explicarás como rayos te accidentaste así —La ropa desgarrada le avivó la idea de que no fue un simple asalto—. Por ahora, nos vamos de inmediato a ver al doctor y luego a la mansión. Recuerda que te tengo una sorpresa.

—¡La habitación, dattebayo! —Saltó aunque con más cuidado.

—Exacto, así que nos vamos. Sujétate bien —Señaló mientras se acercaba a la camilla y "en un dos por tres" sostenía al Uzumaki con sus brazos. Los mayores que aún continuaban allí eran testigos de la familiaridad con la que ambos se trataban, entre insultos y regaños. Sasuke sintió las miradas cómplices de Iruka y Kakashi y carraspeó para aclararse la garganta y de paso no atragantarse por lo que estaba a punto de decir—. Ustedes… gracias —susurró al final.

—Se agradece en voz alta, Teme —Le delató el rubio.

—¡Callate, Dobe!

—Descuida, Sasuke-kun —Iruka le abrió la puerta para que salieran sin tropezarse—. Pronto aclararemos las cosas, por ahora, disfruten de su juventud.

Ambos chicos salieron, uno con un mohín de disgusto por la forma en que era llevado —como si fuese una frágil damisela—, y el otro con una mirada que demostraba paz interior.

En la enfermería, Kakashi abrazaba a un emocionado Iruka que reía con lagrimillas en los ojos.

—Sasuke-kun ha cambiado, pero no es como su padre.

—Esperemos que no, no quisiera que Naruto pasara por lo mismo que tú, mi delfín.

—¿Crees que querrá hablar con nosotros? —inquirió mientras cerraba la enfermería y guardaba las llaves.

—Sólo el tiempo lo dirá —respondió el mayor al tiempo que tomaba de la cintura a su pareja—. Por ahora no nos preocupemos, él se dará cuenta de que estamos aquí para ayudarle, a él y a Naruto.

Cerca de las ocho de la noche, frente a la entrada de la mansión Uchiha, una limusina plateada aparcaba lentamente haciendo sonar la gravilla con suavidad. Sin embargo ni bien hubo frenado, un infantil rubio salía disparado hacia la entrada saltando desesperado al ver la lentitud casi dramática que tenía su compañero para bajar del auto.

—¡Rápido, Sasuke-teme! ¡Me prometiste que hoy estaría listo el cuarto de juegos, dattebayo!

—Cálmate, Naruto. La habitación sigue ahí mismo, no se va a ir —replicó consiente de la prisa del menor, pero demorándose a propósito—. Además no debes andar saltando, todavía tienes vendado el hombro y no te pusieron yeso porque lloriqueabas demasiado.

—Pero es que con tu lentitud llegaremos en cien años —demandó insistente—. Y con esa cosa en el brazo difícilmente podría jugar.

—La idea es esa, niñito inquieto —expresó sereno.

El menor bufó exasperado. —Te comportas como un anciano, tebayo —Burló aniñado.

—Tú eres el infantil.

—¡Cállate, teme!

El Uchiha, sin darse por aludido, continuó su camino hasta las puertas de la mansión para que luego ésta fuera abierta de par en par por dos mucamas. Al ver el semblante extrañado del rubio decidió explicarle con cierta ironía.

—En la entrada hay cámaras y sensores de movimiento para que las doncellas acudan a recibir al invitado o dueño de casa al momento de subir la escalera. No hay necesidad de golpear la puerta o hacer berrinche, dobe —Sonrió prepotente al ver la mueca molesta de su adoración.

—Estúpidos niños ricos —masculló por lo bajopara luego correr como desaforado hasta las grandes escaleras que conducían al piso superior—. ¡Llegamos! —exclamó intentado llamar la atención de su padre.

—No grites, baka. Tus berridos los escuchan hasta en ChinaLe recriminó Sasuke mientras intentaba ocultar la sonrisa que afloraba en su rostro al ver el puchero del menor.

—¡Yo no chillo, teme malo! —reclamó haciendo rabieta y mostrando la lengua en un ademan infantil. Quiso subir las escaleras para buscar a su Otou-san, pero la pregunta de la doncella logró que se detuviera.

—Señor ¿Qué se le ofrece cenar?

Sasuke miró la mueca ilusionada de su rubio, pero evitó mostrar su turbación. —Algo occidental y rápido —Volvió a mirar a su niño que miraba algo desilusionado su pedido—, y ramen de cerdo —Terminó por solicitar a una confundida doncella que observaba asombrada como la mirada de su amo se suavizaba al ver la mueca radiante de felicidad de ese joven doncel.

—¡Ramen! —chilló contentó corriendo hacia el moreno y saltando sobre él asfixiándolo con un gran abrazo olvidando completamente su herida en el hombro—. ¡Te amo, Sasuke! ¡Eres el mejor amigo del mundo, dattebayo! —exclamó ajeno a las muecas atónitas de las sirvientas.

Sasuke despachó a las dos doncellas con una fría mirada y hasta que se encontró solo, escondió su rostro en ese suave y bronceado cuello, intentando controlar con grandes esfuerzos sus sulfuradas hormonas.

Estúpido inconsciente —Pensó aliviado de que, en todo aquel acto de inocencia, Naruto ni se fijara en su levantada hombría, por lo que se permitió devolver el abrazo de manera intensa intentando conservar ese calor en su propia piel—. Naruto… —Llamó la atención del blondo con la voz algo ronca, quien sólo le miró extrañado—. El ramen no será gratis, tendrás que pagar una penitencia —Logró mencionar sereno.

El rubio sonrió confiado. —¡Claro, tebayo! ¡Dime que quieres y haré lo que sea por ti, de veras!

—¿Me das tu palabra? —preguntó "inocentemente".

—¡Palabra de Uzumaki, dattebayo! —Juró solemne posando su mano derecha frente al corazón.

El moreno bajó la mirada evitando mostrar esa mueca anhelante y casi maniática, dejando intrigado al menor.

—Un beso —Pidió en susurros que Naruto logró captar tardíamente—, quiero que de ahora en adelante nos demos un beso. ¿Crees que pido mucho? —susurró en falso tono de angustia que dejó en shock al rubio—. Una manera de demostrar tu cariño a las personas que quieres, es con un beso ¿O no? —Terminó por preguntar a sabiendas de la forma de pensar del rubito.

Naruto le miró con algo de pena. —Bueno yo… —Sintió un pinchazo en la sien, pero hizo caso omiso de él—. Otou-san me explicó que esas demostraciones sólo se debían de realizar para la gente que tu amas, tebayo —explicó inocente sin medir sus palabras.

El Uchiha aflojó el abrazo, inexpresivo, dejando al rubio casi en el aire. Esas palabras le habían herido.

—Y tú aún no me quieres… ¿No es así? —inquirió dolido sumido en un profundo pensamiento.

El rubio, al notar el cambio drástico de humor, se afianzó aún más del agarre, negándose a soltarlo.

—No es eso, Sasuke. Yo te quiero mucho, te lo he dicho, dattebayo —Quiso aclarar rápidamente, pero la mirada perdida del moreno le puso inconscientemente nervioso—. No te pongas así, por favor. No quiero que te enojes, teme —Insistió al ver como el Uchiha simplemente le soltaba para ir directo a las escaleras de manera ausente.

—No importa, Naruto. Olvida lo que te dije. Dile a Ino que te muestre el cuarto —Indicó con la voz queda, continuando su camino.

Naruto se mordió el labio nervioso. Si había algo que le dejara con mal sabor de boca era esa extraña mirada en el Uchiha, esa que demostraba algo turbulento, pero lleno de melancolía frustrada. No sabía explicarlo bien, sólo que le hacía sentir algo tan contradictorio como la culpa y la satisfacción. Culpa porque aún no lograba recordar de donde conocía al moreno y en qué circunstancias… y satisfacción porque estaba completamente seguro de que muy pocos podían jactarse de ver esas emociones en el rostro del Uchiha. Era algo que se le hacía difícil de entender.

Tal vez demostrar algo de cariño de una manera más sutil y poco evidente…

Paró todo pensamiento y se sacudió la cabeza frenético para correr y alcanzar al moreno que seguía su camino hacia alguna parte de la mansión.

—¡Sasuke…! —Le llamó con pena por lo que estaba a punto de hacer.

El Uchiha giró sobre sí mismo hasta chocar la mirada en esas posas azules que brillaban con un deje de picardía.

—¿Hmph? ¿Quieres algo? —indagó impávido.

Naruto no respondió, sólo tomó la mano del Uchiha y la acarició tiernamente mientras le miraba sonriente. —Tú lo comprenderás si lo averiguas —expresó con astucia para luego acercar la pálida mano con suavidad hacia su boca y rozarla ligeramente.

Sasuke estaba completamente estático —y sorprendido, cabe notar—, mientras observaba el ademan tan enternecedor del que era protagonista. Y aunque no tenía las mismas habilidades del rubio para memorizar imágenes o escritos, sí estaba seguro de haber escuchado frecuentemente el significado oculto de aquel acto. Y con una semi-sonrisa aflorando en su rostro, tomó la mano del rubio y sin decir palabra, lo encaminó hacia la nueva habitación de ambos.

"Sasuke-kun, ¿Sabías que los besos tienen significado?"

Sí, recordaba bien esa "inútil" instrucción. Aunque ahora daba gracias a su paciencia por haber soportado hasta el último comentario del discurso.

"Una caricia tierna y un beso en la mano, significan cariño desmedido y deseos de ser correspondido"

Sonrió más desinhibido al ver el rostro lleno de sorpresa y alegría de Naruto que revoloteaba hiperactivo por toda la enorme habitación que tenía un montón de cosas y juguetes sólo para él. Si el cariño del rubio llegaba a ese extremo, él haría que se volviera algo imposible de contener.

Igual o mayor a lo que él mismo sentía.

$$ El Valor de ser Rubio $$

De vuelta en la mansión de los Uchiha con: un uniforme nuevo, un celular y audífonos inalámbricos con bluetooth, un radio de siete canales, unas esposas y dos armas de fuego de corto alcance con silenciador y cargador.

Minato observaba todas esas pertenencias con una indiferencia de la que él mismo se sorprendía. Ya no sentía deseos de romperle la madre al Uchiha cada vez que lo veía, tampoco la necesidad de matar a todos los guardias para salir de una vez del lugar… No, ahora todo se lo estaba tomando con calma.

Ya tenía el orden de los relevos y los cambios de horario, también se guiaba mejor en la asquerosa guarida del clan y conoció a varios esclavos que estaban siendo "amaestrados" para poder ser comercializados en las próximas subastas. Y agradecía en el alma no haber pasado por esas asquerosas y humillantes torturas.

Llevaba un rato recostado en la cama de Itachi, esperando paciente a su "Amo". No tenía deseos de cumplir con sus obligaciones como esclavo, pero estaba seguro de que Itachi llegaría a la habitación con la firme intención de tener sexo.

"No creas que, porque no obtienes placer de mí, voy a dejar de tomarte. Espero que eso te quede claro".

¿Con qué fin le había dicho algo así? El ya había asumido esa obligación, aunque por otra parte —y siendo sincero consigo mismo— la disfrutaba, de una forma retorcida y ridícula, pero lo hacía. Sin embargo, cavilando y entrando en razón, se dio cuenta de la estupidez que estaba cometiendo al caer en el juego de necesidad sexual. Y por ello es que ahora, a partir de ese día, había bloqueado su mente para no sentir ningún estímulo frente al Uchiha, aunque por dentro se muriera de las ganas. Sólo debía enfocarse en huir con su hijo y todo saldría bien.

Unas frías manos le obligaron a abandonar su mente de los planes ideados para enfocar la vista en esos negros pozos que tenía, el Uchiha mayor, por ojos. No mostró turbación ni miedo, su mente se encontraba en blanco y contó los segundos que correrían hasta la hora de cenar, como tenía pensado.

Itachi había llegado sigilosamente al cuarto y se encontró con el rubio acostado boca arriba sobre la cama mientras su mente estaba por otro lado. No le había escuchado llegar y por la mirada ida que mantenía, seguro era porque estaba planeando algo. Sabía que no debía subestimar la mente de Namikaze. Hasta ahora sus actos sólo demostraban sumisión, pero en ningún momento aceptación. Debía mantenerle cerca, de esa forma le sería más fácil manipularlo y saber sus planes. Sin embargo, algo se le estaba saliendo de control, sobretodo lo pasado hoy con su padre. Se sentía cansado y estresado, entre proteger a su hermano y mantenerse estoico frente a Fugaku que le encrespaba los nervios y la actitud impávida del rubio… bueno, ya todo comenzaba a hostigarlo.

Subió a su cama con paso decidido y terminó posando su cuerpo sobre el rubio que le miraba con hastío.

—No me voltees el rostro —Ordenó en cuanto Minato evadiera su cara. El rubio evitó lanzar un comentario mordaz y simplemente acató la orden—. Desnúdate —Demandó con la voz cargada de ironía intentando hacerle reaccionar, pero el doncel se alejó unos pocos centímetros para comenzar a desnudarse sin muestras de pudor alguno. Con la mirada deseosa recorrió cada fibra de piel emerger de todas esas ropas y prefirió cambiar de posición, sentándose en la cama y permitiendo al rubio levantarse para seguir desnudándose. Con algo de autocontrol bajó su mano que estaba dispuesta a arrancar esas prendas así sea a la fuerza, y en cambio, se acomodó de mejor manera mientras veía al orgulloso rubio quedar en cueros frente a él.

Minato evitó saltarle encima cuando vio de reojo esa reconocida mueca de burla y completó la escena parándose frente al moreno totalmente desnudo. Por un momento deseó que no hubiera calefacción, así sus instintos serían mitigados por el frío, pero para mala suerte suya el calor de la habitación le mantenía fresco y dispuesto.

Itachi alzó la mano para apresar el dormido miembro del rubio y lo jaló hasta que quedara a la altura de su boca. Minato se mordió la lengua cuando sintió el aliento cálido del Uchiha golpear ese trozo de piel. Intentado controlar sus emociones le miró con trabajada indiferencia que le supo mal al moreno.

—¿Hasta cuándo vas a actuar indiferente? Sé perfectamente lo que te produzco —mencionó prepotente justo cuando paseaba su lengua por sobre esa gran masa de carne.

—Asco —Completó indiferente viendo de soslayo la reacción del Uchiha que, ya sea por rabia o gusto, mordió su miembro con saña. Minato ahogó un sonoro jadeo.

—No mientas, si tuvieras asco no se te elevaría —contradijo luego de ver como el miembro del rubio comenzaba a endurecerse.

—Por eso mismo —Volvió a rebatir el mayor para extrañeza del Uchiha—. Siento asco de ver como mi cuerpo responde a un estímulo que proviene de un ser tan repugnante —mencionó imperturbable.

Itachi se levantó bruscamente de la cama para atravesar el rostro del rubio con un puñetazo. —¡No vuelvas a hablarme de ese modo! —gritó con furia observando al mayor que había caído de lleno al piso.

Minato ladeó el rostro para luego levantarse y volver al mismo lugar frente al Uchiha. —Sólo respondí su pregunta, Señor —respondió evitando sonar irónico sin conseguirlo.

Itachi reprimió las ganas de volver a golpearle cuando notó lo hiriente de sus palabras. Sabía que tramaba algo, y aún no comprendía qué, pero fuese lo que fuese le estaba golpeando de lleno en su reprimida conciencia.

De niño fue criado para ser Yakuza. Los sentimentalismos, emociones y actuaciones infantiles eran algo ridículo y vetado en la familia Uchiha. Siempre se le inculcó mantener el control de las cosas, estar a la medida de todo lo que se le pidiera, pero ahora estaba amarrado de manos por un maldito capricho de su hermano. No podía deshacerse de Minato ni regirlo a su criterio como a todos los demás esclavos porque hasta ahora se había dado cuenta de lo molesto que era tener un inservible muñeco viviente. Un cuerpo miserable sin intenciones de contradecirle ni ingenio para contestarle. Era patético y quiso hacérselo entender. Que como esclavo no tenía opción de negarse a sus deseos, que tampoco debía opinar respecto a sus sentimientos, pero que podía demostrar libremente su molestia y quitar esa estúpida mueca de indiferencia.

Lo quería porque así se lo deseaba su hermano, que lo mantuviera vigilado y, mientras tanto, podría hacer lo que quisiera con él si se le daba la gana… y ahora que obtenía todo ello, esa pose de indolencia y nada de resistencia… simplemente ya estaba fastidiado.

Porque el dolor en su pecho se debía sólo a que estaba estresado y aburrido. Nada más.

No había nada más.

Y a su mente llegaban como mareas esas caricias suplicantes en lo que fue su primera noche, esos besos llenos de algo que ni con su Otouto había sentido, esas miradas cargadas de un inigualable deseo y esas sonrisas que lo sedaban dejándole anonadado esperando sentir más calor...

Sólo quería rememorar ese momento. Una vez más.

—Bésame —exclamó con la voz tomada. Todos sus pensamientos estaban hechos un lío y sólo necesitaba comprobar que aquel que se encontraba frente a él no era más que un muñeco. Alguien que luchaba férreamente aun teniendo su vida en sus manos.

—¿Con los ojos abiertos o cerrados? —preguntó monótono acercando su rostro al contrario que se mordía los labios nervioso. Aunque a simple vista pareciera un joven haciendo berrinche.

—¡Sólo bésame! —Ordenó mientras le rodeaba el cuello con sus brazos buscando una negada protección.

Minato impidió dar rienda suelta a sus revolucionados sentimientos y pasó a acariciar aquellos entregados labios con premeditados roces y, como venía ocurriendo desde ese día, la imagen de la fallecida hizo cortocircuito en su mente y no pudo más que bloquear todo movimiento dejando al Uchiha deseoso. Éste, al notar la falta de atención, intentó llamarle sin resultado, peor aún, le ordenó moverse y aun así no hubo respuesta. Y cuando quiso fijar su negra mirada en los añiles ojos se dio cuenta de la verdad. Una verdad que realmente le había calado hondo. —Mírame… —Rogó, esta vez, sujetando con sus manos aquel rostro apagado. No estaba preparado para ello. Podía matar a cualquier cerdo traidor, torturar hasta al ser más inocente, pero jamás se había entrenado para la herida que poco a poco se abría en su corazón—. ¡Mírame! —profirió como si fuera un grito de guerra que lo apoyaba en la lucha por conseguir que los zafiros le observaran con algo más que ¿Nada?

Frustrado por no conseguir palabra del rubio, le tiró fuertemente a la cama y se bajó los pantalones dispuesto a penetrarlo con su miembro erguido sólo de la rabia. —¿No dirás nada? ¿No vas a defenderte? —Sintió como aquellos puñales que ese maldito doncel tenía por ojos le miraban sin expresión alguna. Irritado, le penetró brutalmente sintiendo esas paredes abrirse paso con rapidez mientras aquel líquido rojo brotaba entre sus piernas. Sabía que eso debía dolerle, y volvió a mirarle sólo con la intención de observar algún cambio en ese rostro, algo que le dijera que… que podría volver a tocar el Edén…—. ¡¿Ya no vas a pelear?! ¡Dime que sientes! —No había cambio. No había nada. ¿Dónde estaba ese hombre que le miraba con dulzura esa vez? ¿Dónde fue aquel que le arrullaba entre sus brazos esa noche?—. ¡Dime que sientes, con un demonio!

—Nada… no siento nada —respondió con la voz completamente ausente.

Itachi no quiso ver ni oír nada más, simplemente salió del interior del rubio, acomodó sus ropas y emprendió la marcha fuera de la habitación a paso apresurado. Por otro lado, Minato se dirigió al baño para limpiar las huellas de aquella nueva agresión evitando exteriorizar algún grado de dolor mientras en su mente se repetía una incansable mantra "Pronto, muy pronto".

$$ El Valor de ser Rubio $$

Sasuke observaba a Naruto, embelesado. Se habían pasado casi toda la tarde y parte de la noche enseñándole a jugar con la consola conectada al televisor. El rubio era un aprendiz rápido y pillo, pendiente de todos los movimientos que ejecutara el moreno con el fin de no quedar atrás. Su brazo aún dolía, por lo que tenía que restringirse ciertos movimientos, sobretodo por la constante vigilancia de Sasuke.

—Deberías dejar esto y recostarte. Falta una hora para la cena y debes tomar ese antinflamatorio —recordó el mayor mientras paraba el juego y le quitaba el control a Naruto.

—¡Pero no es justo! Recién le estoy agarrando el ritmo, tebayo —reclamó el rubio aunque de igual forma se levantaba del cómodo puff y marchaba a la cama.

—Tendremos tiempo mañana. Además es tu culpa. Todavía no me has contado que demonios hacías en el centro con Sakura y sin mi —Sin darse cuenta elevaba el sonido de su voz denotando su irritación—. Te dije que debías tener cuidado, no puedes andar por ahí solo, Naruto. ¡Debiste esperarme!

El rubio se enfadó recordando la razón por la que salió con la chica de cabellos rosas.

—Sakura-chan me invitó a almorzar —contestaba molesto.

—¿Y por qué demonios aceptaste?

—Porque quise compartir con ella.

Al Uchiha le brillaron los ojos de la rabia.

—Eso no es excusa para salir del Instituto, Usuratonkashi.

El insulto removió una fibra sensible en el Uzumaki.

—Yo no hubiese ido con ella si tú hubieras ido a buscarme como prometiste, Uchiha.

Sasuke se congeló en su puesto recordando su salida temprano para trabajar en el cambio de informes y como había perdido el tiempo en los brazos de su hermano. Se estaba sintiendo culpable. Si él hubiese estado allí Naruto nunca hubiese compartido con Sakura, no sentiría esos enfermizos celos y estarían más unidos que ahora. ¿Qué tanto había avanzado la teñida en ese poco tiempo?

—¿Qué sucedió para que terminaras así? —El rubio iba a contestar que no era necesario cuando el moreno siguió hablando—. Y quiero toda la historia, Naruto.

El doncel bufó con hastío mientras le contaba todo, omitiendo mencionar la idea de Sakura de pasar por un callejón y el hecho de que el grupo buscaba cortar su cara para dejarlo irreconocible. O al menos así lo entendió él. Mientras que el Uchiha escuchaba atento palabra por palabra encontrando demasiados hoyos en la historia y cosas que Sakura no había mencionado dejándole claro que sus sospechas no eran infundadas del todo. Además de sentir la vena celosa creciendo al notar que Naruto bien era capaz de arriesgar su vida por la chiquilla esa.

—Seguramente eran ladrones que buscaban una recompensa rápida, Teme. Aunque los dejé algo apaleados, tebayo —sonrió con orgullo mostrando su puño en alto.

—No lo dudo, Dobe, pero no quiero que vuelvas a correr un riesgo tan innecesario por… otra persona —Se mordió la lengua para no adornar con maldiciones el nombre de Sakura—. Sólo preocúpate por ti. Tienes todo mi apoyo si se trata de defenderte, pero no quiero que te pulvericen porque trataste de salvarle el pellejo a otro, ¿Me entendiste?

—Eso es tan déspota, Sasuke. Todos tienen derecho a ser salvados, sobretodo si son más débiles que uno. Y ambos sabemos que por muy chico que sea, soy igual de fuerte que tú —Naruto se levantó mientras miraba al Uchiha con seguridad—. Sakura-chan era la que estaba desprotegida en ese momento. Hubiese hecho lo mismo por cualquier amigo, dattebayo.

Por raro que pareciera esas palabras le trajeron tranquilidad. Quizás estaba enfocando las cosas de forma estúpida y lo que menos podía hacer ahora era cometer un error y asustar a Naruto. Ganarse su confianza era primordial.

—Bien Dobe, lo que digas. Ganaste este round.

Naruto sonrió con verdadera alegría y abrazó a Sasuke demostrándole su felicidad.

—Yo haría lo mismo por ti, Teme. Eres mi primer amigo.

El moreno fortaleció el abrazo sintiéndose en paz con esas palabras porque estaba seguro de que si continuaba de ese modo, esa amistad se convertiría en amor.

Un par de golpes en la puerta lo alejaron de esos brazos que apenas le rodeaban y estaba seguro de que su mirada azabache estaba encendida de la rabia. ¿Quién demonios podía ser tan inoportuno?

—Abre, Sasuke. Tenemos que hablar —La voz de Itachi se escuchaba amortiguada detrás de la puerta. Sasuke no tuvo más opción que caminar apesadumbrado hacia la puerta con la risa de Naruto detrás.

—¿Qué quieres, Aniki? —La pregunta estaba de más. Al ver la mirada rojiza de su hermano mayor supo de inmediato lo que quería. De inmediato abrió la boca para alegar, pero Itachi lo cortó, amenazándolo.

—Lo haré frente al mocoso si es necesario.

Sasuke manifestó su rabia empujando a su hermano y cerrándole la puerta en la cara. Recogió una chaqueta que estaba en la silla y fue directo a Naruto que se mostraba sorprendido por la reacción de ambos hermanos. Dejó las aclaraciones de lado y lo abrazó con ternura, disculpándose entre líneas por lo que haría pronto.

El rubio se tragó las dudas y llamó al moreno mientras correspondía el abrazo.

—¿Sasuke?

—Te quiero, Naruto —El menor trató de animarlo dándole unas palmadas en la espalda—.

Lo digo en serio, Dobe.

—Yo lo sé, Teme —Un nuevo golpe en la puerta les hizo saber que Itachi aún estaba afuera—. Anda. Haz lo que tengas que hacer. Yo esperaré por ti para cenar, ¿Vale?

Sasuke estuvo a punto de aceptar cuando un nuevo aporreo junto a un "Sasuke" amenazante se escuchó del otro lado de la puerta.

—No, Naruto. No me esperes despierto.

Naruto lo vio marcharse con esa marcada pose Uchiha, pero unos ojos tan tristes que se prometió a si mismo hacer de Sasuke un amigo feliz.


¡Mátenme!

¡Si, mátenme, lo merezco!

Han sido meses exasperantes, con una musa escurridiza y con bastante estrés en mi vida y cada vez que veía un review nuevo y releía los antiguos me daba más rabia conmigo misma por no ser capaz de seguir con la historia. Y no es porque me olvide de la trama original o por flojera, sino que la historia esta tan avanzada en mi mente que después cuando la traspaso al papel me doy cuenta de un montón de hoyos dentro de ella. Muchas cosas que quedan inconclusas, escenas sin conexión, etc. Entonces me dispongo a ordenar la sopa y termino fastidiada cuando el diccionario (mi fiel amigo) es incapaz de ayudarme.

Mi mente es un Troll.

De cualquier forma, agradezco infinitamente a aquellos que la leyeron, a quienes se tomaron la molestia de enviar un comentario (y que yo bastarda no he respondido), a quienes todavía les gusta lo suficiente como para seguir leyendo y a quienes perdieron las esperanzas desde hace rato. Muchísimas gracias.

Sé que la trama esta algo repetitiva… muy bien, muy repetitiva, pero cuando intento resumir u obviar una escena sobrada es como si ella misma me hablara y me dijera —¡No me mates! ¡Yo quiero estar ahí!

¡Lo ven! Mi mente es un Troll.

De todas formas quise entregarles este material… (Cuando vi el contador de palabras casi me da un paro y estuve a punto de acortar las escenas… pero ya saben, mi conciencia no me dejó), esperando que les agrade y al menos mengüe sus deseos por destrozarme a golpes.

Jannideath