Capítulo 11

Las puertas se abrieron bruscamente con un chasquido metálico mezclándose con el sonido de los pasos inestables de Zac, mientras atravesaba el vestíbulo con un aura peligrosa envolviéndolo.

Sus atractivas facciones estaban crispadas por la ira. Una expresión que, sin duda, atemorizaba a las personas que se cruzaban en su camino, decidiendo que era mejor permanecer apartados de él lo más lejos posible en lugar de detenerse a preguntar el motivo de su rabia. No sería un movimiento inteligente por parte de ninguno que se atreviera a hacerlo, pensó Zac irónicamente a tiempo que caminaba con la irritante velocidad que le permitía moverse su pierna lastimada.

Al final del pasillo se encontró con una puerta de madera que en lo alto había una placa de bronce donde se leía «Oficina Principal. Director, Kevin Cavill». Tomó el pomo y lo giró sin celebraciones protagonizando una entrada escandalosa. Sin embargo, no pretendía ser amigable en esos momentos, pues su temperamento no se lo permitía.

Al final, el resultado fue el deseado; los presentes que estaban en el interior de la oficina se voltearon a verlo enseguida con expresiones desconcertadas. Excepto una.

Kevin Cavill se mantuvo tranquilo, sin inmutarse, sentando en su gran silla de cuero marrón, observándolo con esos inteligentes ojos grisáceos que caracterizaban su actitud despreocupada. Zac llegaba a preguntarse si había algo en el mundo que lograra inquietar las facciones en el rostro de Kev, pero se había cansado de darle vuelta a esa pregunta a lo largo de los años, pues nunca tuvo la oportunidad de verlo perder el control ante nada.

—¿Estás loco? —la voz de Angela resonó en el interior de la habitación.

Pero Zac no se molestó en responder ya que tenía la atención centrada en su jefe.

—¿A qué se debe el motivo de esa entrada tan… dramática, mi querido amigo?

Efron entornó la mirada.

—Sabías que yo tenía cubierto el caso de Denver —musitó entre dientes al tiempo que apoyaba ambas manos sobre el escritorio de caoba, inclinándose peligrosamente hacia Kevin—. ¡Por qué demonios enviaste a Riley!

Kevin lo recorrió con la mirada y esbozó una lenta sonrisa.

—Porque, parece ser, que Riley no considera una debilidad enfrentarse a una mujer.

Las hirientes palabras solo provocaron aumentar su ira. Kevin no tenía idea de lo que había pasado hace un año en Los Angeles, y claro que no estaba dispuesto a contárselo si tenía tan baja perspectiva profesional sobre él, sin embargo, tenía que encargarse de esa misión. Él era el único que podía hacerle frente a Vanessa, a pesar de lo que había ocurrido esa noche.

«No volveré a bajar la guardia —se prometió.»

Ahora tenía muy claro cual era su posición…, y la de ella.

—¿Vas a juzgarme solo por lo que pasó en el Black Hawk?

Kevin soltó un suspiro.

—Eres bueno en lo que haces, Efron, eso no lo pongo en duda —lo miró—. Pero, esa misión ya no te corresponde más.

Zac apretó los puños con fuerza, controlándose para no hacer algo estúpido como desatar su furia contra su jefe. No recordaba una sola vez que hubiera peleado con Kev por algo tan insignificante como encargarse de una misión. Él simplemente acataba las órdenes de su superior pero, ese asunto era diferente. Era algo personal.

Y la determinación en la voz de Kevin Cavill era inquebrantable.

—Bien, lo haré con o sin tu permiso —gruñó antes de darse media vuelta y, las palabras irritadas de Angela se dejaron de escuchar tras él por el portazo que dio al salir de la oficina.

Estaba decidido, y no importaba la opinión de Kev al respecto; tenía que encontrar a Vanessa.

Alzó la mirada y vio a Davy. El hombre estaba recostado contra la pared, con los brazos cruzados a la altura de su amplio pecho, mirándolo fijamente con una media sonrisa curvando sus labios.

Zac no se la devolvió y retomó su camino pasando frente a él.

—Vaya, Zac Efron enfrentándose a nuestro honorable jefe. No es un espectáculo digno de apreciar todos los días —dijo con un tono risueño—. Ese es más mi estilo, camarada. ¿Qué? ¿Acaso te cansaste de tu aburrida actitud y ahora piensas imitar mi admirable personalidad?

—No pensé que mi actitud fuera aburrida.

—Ante los ojos de las damas, yo creo que sí.

Con ese comentario, Zac logró esbozar una pequeña sonrisa.

—Hasta ahora no he escuchado ninguna queja al respecto —comentó, caminando con Davy a su lado.

Ambos entraron en la oficina de Zac, donde él se dejó caer en la silla giratoria que se encontraba detrás del escritorio. Había empleado mucho esfuerzo solamente en el transcurso que hizo al bajar de su coche para entrar en el edificio y dirigirse a la oficina de Kev, y después a la suya. A ello se sumaba la ira que tensaba cada músculo de su cuerpo. Estaba tanto física como emocionalmente exhausto.

—Así que, ¿todo esto es por esa mujer, no es así?

Zac levantó la mirada hacia Davy al escuchar su tono fuera de todo tipo de bromas malintencionadas. Él estaba dándole la espalda, sentando al borde del escritorio.

—Solo voy a terminar lo que comencé —se limitó a decir. Lanzó un suspiro y dejó caer suavemente la cabeza sobre el respaldo de la silla—. Ya sabes que no me gusta dejar nada inconcluso.

—¿Aun cuando Riley pudo ya haberla localizado…?

—Sobretodo —remarcó fuertemente sus palabras— si Riley está involucrado. Ese imbécil no va a ganarme la cacería —esbozó una media sonrisa, carente de humor—. Eso volverá las cosas más interesantes, ¿no crees? Otra prueba más para demostrar quién de los dos es mejor.