Disclaimer: Naruto no me pertenece, yo solo utilizo sus personajes para poder crear esta historia sin ningún fin lucrativo, únicamente poder hacer un homenaje a su obra y a las parejas que aquí se presentan.
Hidan sintió que el aire dentro de sus pulmones se escapaba de golpe, miro a Itachi, a Mamoru, su vientre y otra vez a Itachi, como si el pudiera darle la respuesta a lo que estaba pensando.
— Basta de bromas —Exploto de repente—: ¿Estás loca? Es imposible que eso pase…
— No es la primera vez que me hago cargo de un embarazo, conozco los síntomas, como ocurre todo, la ligera inflamación del vientre —Mamoru agacho la cabeza, apretando con nerviosismo sus manos. Itachi se quedó en silencio, meditando lo que su sirvienta acababa de decir.
— ¿Hay alguna forma de comprobarlo? —Soltó Itachi.
— No… no lo sé, a mí no se me enseño a hacerme cargo de un embarazo en un hombre —El pelinegro soltó un suspiro.
— ¿Qué harás? —Pregunto mirando a Hidan quien no había vuelto a decir nada.
— Él no se debe enterar, tengo que pensar en algo —Hidan recién había caído en cuanta de que él bebe podría no ser de Kakuzu, se levantó de golpe—, nos vemos después —Y camino rápidamente hasta llegar a donde estaban los guardias, quienes lo escoltaron sin preguntarle nada. Mamoru e Itachi le miraron en silencio hasta perderlo de vista.
— Mi señor…
— No podemos hacer nada, al final, él es el único que puede decidir —Se sentó en el lugar que Hidan ocupaba hacia unos momentos.
— Comprendo.
— Ni una palabra de esto —La muchacha agacho la cabeza en un gesto de entendimiento y camino dos pasos más atrás de él cuándo regresaron dentro del palacio.
— ¿Se encuentra bien? —Pregunto la anciana que elegía su ropa y que el reconocía como la nana de Sasori.
— No —Contesto secamente.
— Sasori-sama se veía algo perturbado anoche ¿Discutieron nuevamente? —Deidara le fulmino con la mirada.
— Lo dice como si fuera una discusión sin importancia, o de rutina.
— Lo es… más fuerte, pero lo es, usted está ocupando el puesto de amante de Sasori-sama.
— De esclavo, querrá decir. Jamás me acostaría con él por gusto —Dijo mientras tomaba una cuenta que estaba tirada en el piso.
— Por favor —Hablo con más tranquilidad y suavidad la anciana, lo que provoco que Deidara le mirara atentamente—, no haga sufrir a Sasori-sama —Deidara no pudo contestarle nada pues la anciana había salido de la habitación.
Soltó un suspiro de estío, eso era lo menos que se me recia Sasori.
Se levantó y se acomodó a un lado de la ventana, mirando el horizonte como lo hacía todos los días desde que había llegado a ese lugar. Apretó con fuerza los barrotes de la ventana, tenía que buscar la forma de escapar de ese lugar.
Deidara sintió como la puerta era abierta. No tuvo que voltear para saber quién era la persona que se había adentrado en la habitación, soltó un suspiro cansado y se giró para mirar al pelirrojo, quien tenía la mirada fija en él. Se levantó y se puso frente a él, dándose cuenta de la pequeña diferencia de altura entre ellos.
— ¿Qué quieres? —Sasori llevo sus manos a sus hombros y los descubrió con un movimiento lento. Deidara cerró sus ojos y se trató de alejarse un paso, sin embargo, el agarre que ejercía Sasori sobre la ropa que vestía se lo impido.
— Estas marcas no desaparecerán de tu piel —Murmuro con voz calmada y acariciando con el dedo índice y medio las marcas moradas que adornaban la piel de su pecho.
— Lo harán —Dijo con firmeza—, lo harán en cuanto deje este lugar.
— ¿Y se puede saber cómo lograras eso? —No le miro a la cara—, aquí tú no tienes a nadie.
— No necesito que alguien me ayude para poder salir de aquí.
— Iluso —Jalo con suavidad el obi que ataba la tela y dejo que se deslizara por sus dedos para después abrir la tela que cubría su cuerpo con un suave movimiento—, y aun si lograras escapar ¿A dónde irías? —Empujo suavemente su cuerpo hacia abajo para indicarle que quería que se acostara—, sería cuestión de tiempo para que te encontrara.
— Tal vez... Pero eso no impediría que lo intentara.
Sasori le miro con el ceño ligeramente fruncido, Deidara sonrió por haberlo hecho enojar.
— Realmente debo enseñarte a quedarte callado —Dijo mientras le quitaba por completo el kimono que vestía esa vez—, pero por ahora, haremos algo mucho más interesante.
El rubio trago saliva y cerró los ojos, sabía que era cuestión de tiempo para que todo eso terminara.
Itachi se acomodó en el enorme futon, Kisame le había dicho que se acomodara y que le acompañaría más tarde cuando terminara de revisar algunos documentos importantes.
Se hallaba inquieto. Esa tarde había ido a visitar a su familia, Sasuke se le había pegado como siempre, hablándole de las cosas que había estado haciendo últimamente y su madre le había tratado igual de dulce y amable que siempre. Pero su padre... Su padre parecía no haber declinado o siquiera haberse arrepentido de las acciones que había realizado anteriormente.
Flash back
— Itachi—Han ¿Cómo ha ido todo? —Mikoto coloco dos tazas de té en la mesa mientras Mamoru colocaba dos platos con mochi.
— Muy bien madre, las cosas marchan normalmente y no habido ningún problema en el palacio —Miro como Sasuke se llevaba uno de los mochis a la boca—, todo ha estado bien.
— Me alegra escuchar eso.
— Itachi —La voz de su padre resonó igual de estricta que siempre—, quiero hablar contigo acerca de un asunto importante.
— Comprendo ¿Esta bien si hablamos antes de que me valla? —Sasuke sonrió ante la idea, dejando en claro que no iba a dejar a Itachi en paz fácilmente.
— Nii—san ¿Podemos jugar en el jardín?
— Primero acábate eso, había dicho que tenías hambre —El niño inflo las mejillas en señal de disgusto—, además, Mamoru se esforzó mucho para hacerte eso —Dijo mientras la apuntaba ligeramente con la cabeza, ante lo que Mamoru le sonrió amablemente.
— Esta bien —Dijo mientras tomaba otro y se lo llevaba a la boca.
— Muy bien —Miro a Mamoru quien se llevó una mano frente a los labios y se rio de forma silenciosa.
Habían pasado la tarde tranquilamente hablando y jugando, se interrogaban mutuamente de lo que habían estado haciendo y las cosas que habían estado pasando a su alrededor. Itachi había estado feliz de escuchar que Sasuke había conocido más personas de su edad con las cuales podía compartir más experiencias, y que poco a poco comenzaba a acostumbrarse a su ausencia.
Cuando la tarde comenzó a caer le aviso a Mamoru que estaría hablando con su padre, y que se encargara de que nadie le molestara.
Se habían encerrado en la que era su habitación y se sentaron en el piso, uno frente al otro.
— Itachi, sé que sabes que tus responsabilidades con el clan no han desaparecido por completo, si bien ahora tienes otras responsabilidades, tu deber y prioridades están aquí —Itachi se quedó en silencio, escuchando atentamente a su padre—, tu nos ayudaras a completar el plan que quedó inconcluso —Itachi sintió un fuerte temblor en todo su cuerpo.
— ¿Qué plan?
— El golpe que daremos, en el cual fue descubierto hace un año.
— Yo no puedo hacer eso —Dijo casi de inmediato—, Kisame es mi esposo y le debo fidelidad. No puedo traicionar la confianza que puso en mí.
— Itachi... —Le miro seriamente—, esto se hace para beneficiar al clan Uchiha, el cual ha sido denigrado con el paso de los años.
— Yo... —Tomo aire y se quedó en silencio—, si esto se descubre serás asesinado.
— En eso entras tú... Puedes tratar de convencerlo de que se una a nosotros o bien, que no intervenga en caso de que se descubra.
— El jamás hará algo como eso, es de los hombres más fieles que tiene el emperador.
— Pero quizás te sea más fiel a ti... Sé que puedes convencerlo —Itachi cerro sus ojos, meditando.
— ¿Planeaste esto desde que te dije que iba a casarme? —Su mirada se había vuelto sebera, dando un reclamo silencioso ante el cual su padre no pareció inmutarse.
— Sabíamos que esa unión seria beneficiosa para el clan.
— Debo pensarlo, yo... De verdad tengo que pensarlo.
Itachi se levantó de un solo movimiento y salió un poco aturdido de la habitación.
— Itachi-sama —Mamoru le intersecto en cuanto salió de la habitación—, el carruaje ya llego ¿Desea despedirse de su familia?
— Sí.
Fin del flash back.
— ¿Qué ocurre? —Sintió los brazos de kisame rodearle haciendo que saliera de sus pensamientos.
— Nada, no ocurre nada —Se giró y le sonrió—, solo me perdí un momento.
— Por eso lo digo, eso no es normal en ti —Kisame le beso la frente mientras jalaba las cobijas para poder cubrirlos mejor—: ¿Paso algo?
— Cosas sin importancia —Se acurruco entre sus brazos y cerró los ojos—, solo durmamos ahora ¿Si?
Kisame le sonrió y se acomodó mejor para disponerse a dormir también.
Hidan se acostó boca arriba en el desgastado futon, se mordió nerviosamente las uñas de la mano izquierda mientras mantenía la mano derecha en la base de su vientre, tratando de sentir algo.
Podía deshacerse de él, pero su religión prohibía determinantemente los abortos. Tenía que pensar en algo, no pensaba tener a su hijo encerrado en ese lugar y tampoco podía arriesgarse a esperar para ver si el niño era de Kakuzu.
Sintió que la cabeza le daba vueltas a pesar de que estaba acostado.
Golpeo con el puño a un lado suyo con el fin de tratar de descargar toda la desesperación que sentía en esos momentos y poder despejar su mente, tenía que haber una forma en la que pudiera escapar de ese lugar.
Escucho como eran retiradas las cadenas que cerraban su habitación y decidió hacerse el dormido. Por lo delicados pasos de dio cuenta de que no era un soldado ni Kakuzu. Cuando la puerta se volvió a cerrar se dio la vuelta y se encontró con una charola de comida en el piso, el olor hizo que su estómago rogara por que la tomara y con algo de molestia se levantó para ir hasta ella y poder ver lo que contenía.
Un tazón grande de sopa de miso, arroz y pescado era lo que contenía, así que sin pensarlo dos veces empezó a comer, sintiendo con deleite el sabor, algo que no había sentido en todo el tiempo que llevaba encerrado ahí. Tenía que alimentarse bien para que su hijo se desarrollara lo mejor posible. Aun con todo lo que parecía estar poniéndose en su contra.
Se terminó el contenido de los platos más rápido de lo que esperaba, totalmente en silencio, interrumpiéndose únicamente al pensar en voz alta, cosa a la que se había acostumbrado desde que era un niño.
Volvió a escuchar como retiraban las cadenas de la puerta, se acostó en el futon y descanso su cabeza en la pequeña almohada, cerró los ojos con fuerza cuando la puerta se abrió.
— Veo que al fin comiste como se debe —La voz grave de Kakuzu resonó en la habitación mientras miraba la charola con los trastes sucios—, tírate boca abajo.
Hidan trago saliva de golpe, sin moverse. Sabía que si no obedecía probablemente Kakuzu comenzaría a golpearlo y no podía poner en riesgo a su bebe, pero aun así, la posición en la que Kakuzu deseaba someterlo ponía en un riesgo semejante su vientre.
— ¿Boca abajo? —Susurro bajito—: ¿Puede ser de otra forma? —Se volteo y noto claramente como Kakuzu levantaba una ceja, mientras se ponía de rodillas a un lado suyo.
— ¿Cómo?
— Así —Kakuzu entrecerró los ojos y se acomodó entre sus piernas, abriendo la tela que cubría su cuerpo. Hidan tomo aire y se acomodó mejor a lo que el tesorero tomo sus piernas y las acomodo sobre las propias.
— ¿Alguna razón por la que quisieras esto?
— Es más cómodo —Soltó un jadeo al sentir la palpitante erección rosarse contra sus nalgas. El moreno separo con facilidad sus glúteos y lo pego a él, comenzando a presionar contra el estrecho orificio anal; Hidan contuvo la respiración mientras la penetración se llevaba a cabo.
— Estas muy estrecho hoy —Soltó con un tono de voz más grave de lo normal mientras se introducía por completo en su interior. Hidan jadeo con un toque de dolor en la voz y no se atrevió a abrir los ojos en ningún momento, sintiendo con mayor intensidad la vergüenza de ser denigrado de esa manera.
Kakuzu no espero a que se acostumbrara a la intromisión y casi de inmediato comenzó con un vaivén fuerte, produciendo un sonido erótico al chocar su piel apenas expuesta con la desnudez del jashinista, quien solo atinaba a soltar jadeos ahogados, las manos del tesorero se aferraron a su cadera y la levantaron para mejorar el ángulo de penetración, logrando que el albino arqueara la espalda al chocar seguidamente su punto más erógeno.
— No —Soltó con voz ahogada, las manos de Kakuzu le sujetaron con fuerza de las muñecas y le obligo a colocar sus manos por encima de la cabeza, golpeándolas contra la dura madera del piso—, suéltame —Podía sentir el aliento caliente de Kakuzu atreves de la tela de la máscara que siempre cubría su boca.
— Si no te callas te daré una rápida idea de lo que te va a pasar —Dijo mientras apretaba con más fuerza sus muñecas.
Hidan sintió un escalofrió recorrerle la espalda, las manos de Kakuzu volvieron a apretar su cadera pero él no se atrevió a bajar sus manos de nuevo. Dio un pequeño grito cuando lo giro de golpe, jalando su cadera para que quedara apoyado en sus rodillas.
— ¡Te dije que así no! —Apoyo sus manos en el piso, alzando su espalda pero el ministro lo único que hizo fue jalar de su cabello, manteniéndolo en la posición que quería.
— Yo te dije que lo haría así —Envistió con más fuerza, Hidan apretó la tela del futon que se hallaba bajo su cuerpo y se reusó a soltar algún sonido, Kakuzu soltó una risa cruel y sujeto sus piernas, levantándolo y obligándolo a sentarse de alguna forma sobre él, logrando que la penetración fuera más profunda. Lo sujetaba de las nalgas y lo levantaba y bajaba a un ritmo agresivo, Hidan trato de moverse pero rápidamente Kakuzu le sujeto ambas manos con una de las propias y las llevo por delante de su cuerpo para impedir que se moviera.
— Suéltame ya —Hecho la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
— A callar —Kakuzu continuo con los fuertes movimientos—, no puedes decir que no te gusta —Murmuro con sorna, Hidan solo apretó mas los parpados, te gusta que te sometan, o por lo menos a tu cuerpo —Detuvo todo movimiento y apretó con la mano libre el miembro erecto del menor quien soltó un fuerte gemido—, veamos cuanto puedes aguantar —Comenzó a masturbarlo con fuerza, Hidan arqueo su espalda y movió la cadera impulsivamente produciéndole una placentera sensación al tesorero.
— Ya no —Gimoteo temblando, Kakuzu solo aumento la velocidad con la que le masturbaba—, me... —Dejo caer su cabeza hacia adelante y se mordió el labio con fuerza mientras eyaculaba con fuerza en la enorme mano.
— Muy bien —Lo dejo caer hacia adelante y sujeto su cadera para volver a iniciar las embestidas solo para después eyacular en su interior.
Salió sin ningún cuidado de su interior y lo cubrió con la cobija del futon.
— Deja de mentirte a ti mismo y acepta lo masoquista que eres al gustar que te sodomicen.
Sin más se levantó, se acomodó la ropa y salió de la habitación; Hidan se quedó quieto, con los ojos brillantes por las lágrimas de vergüenza y fuera mientras cubría con sus dos manos su vientre desnudo. No podía quedarse mucho tiempo en ese lugar.
2 semanas después...
Mamoru observo como Itachi se mordía nerviosamente el dedo índice, el esposo de su señor había notado su extraño comportamiento y le había ordenado averiguar la razón de este, sin embargo, al deberle fidelidad a su señor debía guardar todos sus secretos, sobretodo este que le causaba tanto pesar.
— Mi señor —Itachi salió de sus pensamientos y le miro de inmediato—: ¿No sería mejor si le dijera lo que está ocurriendo a Kisame-sama?
— No, esto lo tengo que arreglar yo —Trago saliva—, debe haber una manera.
— Usted sabe que solo hay una forma... Sé que lo ha estado pensando —Itachi detuvo todo movimiento y la miro fijamente.
— ¿Cómo lo sabes?
— Para mí, usted es un libro abierto, es mi deber —Se levantó y camino con pasos pequeños hasta el, arrodillándose al estar frente a el—, si usted me lo ordena, yo puedo hacerlo.
— ¿Harías algo como eso? —Itachi la miro sin poder creerlo.
— Si eso le hará feliz y lograra que deje de tener esa expresión de miedo y preocupación lo hare con todo gusto —Itachi se quedó en silencio.
— Sé que no tengo más opción, el clan Uchiha no tiene tanto poder en estos momento, la guardia del emperador los detendrán de inmediato y todo el clan sufrirá las consecuencias —Tomo aire y miro por la ventana—, kisame tendrá que responder por los actos de mi padre y Sasuke también. Sé que no hay otra opción para detener esto. Pero lo hare yo, yo cargare con ese peso en mi consciencia —Se levantó del cojín en donde estaba sentado y camino hasta la ventana desde la que estaba mirando desde hacía un buen tiempo—, Mamoru, ve y ordena que manden un mensaje a mi padre, que le digan que lo quiero ver antes del atardecer para acordar el plan. Cuando regreses te diré lo que tienes que hacer.
La muchacha se levantó rápidamente y corrió fuera de la habitación para darle el mensaje a uno de los soldados que estaban al servicio de kisame. Itachi se quedó ahí, quieto y sin dejar de mirar el exterior por medio de esa ventana. Cuando Mamoru regreso le ordeno que trajera una katana corta y una flecha que pudiera esconder en la manga de su kimono y que obedeciera al pie de la letra las indicaciones que le estaba dando. La joven mujer solo asentía con fuerza.
La mañana paso tranquila, en la que se había reusado en estar con kisame para poder sentirse más tranquilo.
Al caer la tarde había pedido que arreglaran una habitación y que les dejaran a solas para poder hablar con más tranquilidad. Kisame había salido por un asunto importante por lo que no tenía miedo de que llegara a interrumpirlos, se mantuvieron en silencio hasta que se aseguraron de que se hallaban completamente solos y que nadie los escuchara.
— Lamento haberte hecho venir hasta acá —Sirvió dos tazas con te de flor de cerezo.
— Esta bien, nos permitirá planear mejor todo —Itachi cerro tranquilamente sus ojos.
— Tienes razón.
— Debes saber que esto se está planeando desde hacía mucho tiempo atrás y que no solo hay gente del clan Uchiha implicada —Itachi le miró fijamente, sin poder creer lo que estaba escuchando.
— ¿Desertores?
— Algo así —Fugaku bebió lentamente de su taza de té. Itachi únicamente miro el vapor que aun salía de la suya—, yo he tomado mi decisión —Se levantó de un simple movimiento, pero sin perder su gracia—, después de escuchar todo lo relacionado no sé qué magnitud podría alcanzar esto —Metió su mano dentro de la manga de su kimono gris—, y me ha costado mucho tomar esta decisión, pero sé que es lo mejor que puedo hacer para proteger lo que amo —Fugaku dejo la taza en la mesa, produciendo un sonido seco.
— ¿Qué piensas hacer? —Giro un poco la cabeza, sin mirarlo realmente.
— Perdóname padre —Levanto la pequeña katana e intento clavarla en la espalda de su padre, mas sin embargo, Fugaku se giró y le sostuvo por el antebrazo.
— ¿Esta es la decisión que has tomado? —Itachi frunció ligeramente el entre cejo y asintió con un movimiento.
— No puedo permitir que mi hermano viva los horrores de la guerra tal y como yo los viví. Si puedo hacer algo para evitarlo lo hare —Se zafó con un movimiento del agarre de su padre.
— Realmente había olvidado que no debía dejarme llevar por tu apariencia. Siempre fuiste un gran soldado.
— Nunca lo fui —Itachi trago con dificultad. Debía terminar con todo antes de que alguna de las sirvientas llegara—, perdóname padre —Sus ojos se humedecieron cuando le propino un golpe en el estómago con el mango de la katana que le obligo a doblarse, Itachi clavo con un movimiento potente la afilada espada en la espalda de su padre y cerró los ojos con fuerza al sentir la sangre en sus manos. Saco la daga y la clavo por segunda vez, para cuando la saco de nuevo las lágrimas ya corrían libremente por su rostro. El cuerpo callo con un golpe seco y se quedó inmóvil; se le quedo mirando mientras apretaba con fuerza el mango de la pequeña katana. Soltó el aire en sus pulmones en un fuerte jade mientras trataba de controlar las lagrimas, se recargo en la puerta y se dejo caer en el piso, ahora solo le quedaba esperar que Mamoru hiciera lo que le había ordenado, se tenso al oír como algo se arrastraba fuera de la habitación, en los jardines, cuando abrió los ojos de nuevo se dio cuenta de que Fugaku se había levantado.
Su cuerpo sufrió un ligero temblor al ver la sangre que salía de su boca y que machaba su ropa, apoyo sus manos en el piso y trato de levantarse, pero sus piernas no le respondían, la puerta a su espalda se abrió de golpe haciendo que Itachi volteara y que su corazón latiera con mas fuerza.
— Ki…—El sonido de la carne siendo atravesada le obligo a girarse nuevamente solo para poder ver el cuerpo de su padre de nuevo en e piso y dos certeras flechas en su espalda. Respiro de forma entrecortada y miro la ventana, por donde entraba Mamoru con un arco en la mano derecha y algunas flechas atoradas en el obi de su kimono.
— ¡¿Se encuentra bien mi señor?! —La joven corrió asustada hasta el—, perdóneme, debí haber disparado antes.
— ¿Qué esta pasando? —El tono de voz Kisame hizo que Mamoru retrocediera un poco, Itachi se mantuvo quieto, con la respiración entrecortada, un grito de una de las sirvientas y el sonido de la vajilla rompiéndose alerto a los guardias quienes corrieron a la habitación.
— ¡Itachi-sama! —Las sirvientas lo rodearon y lo revisaron al creerlo herido por la sangre que manchaba su ropa; se apartaron cuando Kisame lo rodeo y lo levanto del piso, sacándolo de la habitación.
— Ven a la habitación, Mamoru —La joven fue observada por todas las miradas y rápidamente los siguió.
— Bájame, por favor —Itachi se removió en brazos de Kisame, pero este se negó a soltarlo—, te manchare de sangre, bájame.
— Tienes mucho que explicar —Se quedo quiero al escuchar eso—, y quiero la verdad.
— ¿Puedo bañarme primero?
— No —Al entrar a la habitación lo acomodo sobre unos cojines de gran tamaño—, habla —Itachi le miro fijamente, esperando a que se cansara de esperar, pero rápidamente se dio cuenta de que eso no pasaría.
— Mi padre… mi padre estaba planeando dar otro golpe de estado —Noto como Kisame apretaba los puños, bajo la mirada un segundo y la volvió a levantar—, y él quería que yo lo ayudara.
— Debía decírmelo apenas te enteraste.
— No podía, tu… tu también sufrirías las consecuencias de los actos de mi padre, por eso yo decidí… —Kisame se agacho y le sujeto la barbilla para alzarle la mirada para alzarle el rostro.
— ¿Tienes idea de lo que hiciste? Mataste a tu padre —Itachi no se atrevía a mirarlo a los ojos.
— Mi señor ¿Puedo entrar? —Kisame le soltó suavemente, pero no se levanto de donde estaba.
— Pasa, Mamoru.
La castaña se adelanto a la habitación, aun con el arco en la mano y las flechas en la otra, se arrodillo frente a ellos agachando la cabeza—, con todo el respeto que puedo tenerle, mi señor Itachi es inocente, yo fui quien asesino a Fugaku-sama —Levanto el rostro y le miro—, tengo el arco y las flechas para comprobarlo.
— No Mamoru, yo te lo ordene, tu eres inocente de esto —Itachi trato de levantarse, pero Kisame lo impidió—, Kisame.
— Hablare a Nagato de esto, por ahora, ustedes dos deben hacer creer que trataron de asesinarte y que tu padre te protegió.
— Pero…
— Esto afecta a todo el reino, si se llega a saber habrá pánico entre la población —Le acaricio un mechón de cabello—, ve a bañarte, me encontraras todo lo que sabes después de eso.
Itachi y Mamoru se quedaron mirándolo hasta que salió de la habitación, la sirvienta se levanto solo para volver a arrodillarse a su lado y comenzar a retirar la ropa manchada de sangre.
No había pasado mucho tiempo para que la noticia de lo ocurrido se esparciera por todo el reino. El clan Uchiha se hallaba de luto y la seguridad en el palacio había sido redoblada.
Itachi había asistido a la ceremonia fúnebre, junto con kisame y Mamoru; había estado todo el tiempo junto a su madre y su hermano, tratando de darles apoyo. Podía sentir la mirada de su tío Madara clavada en el, impidiéndole levantar la cabeza durante la mayor parte del tiempo, Deidara había ido a verlo, preguntándole tantas cosas que apenas y podía recordar algunas. Todos se habían preocupado por el. Y lo peor de todo es que todo era una mentira.
— ¿Itachi?
— ¿Eh? —Levanto rápidamente la cabeza, encontrándose con la imagen de su madre preocupada, los ojos rojos y los rastros de lágrimas aun en sus pestañas.
— ¿Estas bien? Tengo un buen rato llamándote —Se le acerco y lo sujeto nuevamente de las mejillas.
— Es solo que… —No supo que decir y bajo la mirada nuevamente, kisame le observo a una distancia prudente.
— Tranquilo —Le acaricio con cariño la suave piel de su cara, con una sonrisa triste—, todo a sido muy difícil, y tu has estado que soportar mas cosas que nosotros, creo que lo mejor es que te vallas a descansar, no te preocupes por nosotros.
— Madre…
— Anda, ve hijo —Itachi sintió un fuerte deseo de arrodillarse y echarse a llorar en brazos de su madre, como cuando era niño, pero supo que no debía, no podía hacer eso sabiendo que él era el culpable de la tristeza de su madre, simplemente la abrazo con fuerza y se retiro hasta llegar a donde estaba Kisame, quien le rodeo la cintura afectivamente; lo miro y trato de sonreírle, pero solo logro pegarse mas a él.
Hidan soltó un grito mientras trataba de soltarse de las cuerdas que lo mantenían atado de las manos, sintió sus piernas temblar al sentir como Kakuzu trataba de dilatar su orificio anal con uno de sus dedos, estaba seguro de que no estar sujeto por las cuerdas del techo caería al piso. Un jadeo mas fuerte salió de su boca cuando Kakuzu introdujo otro dedo en su interior mientras que su otra mano la mantenía ocupada en masturbarlo con una lentitud que llegaba a ser molesta. Sus piernas amenazaron con flaquear y sintió como las cuerdas que lo ataban se apretaban por el peso de su cuerpo, pero logro mantenerse de pie.
— Tal parece que aun te niegas a aceptarlo —Kakuzu movió mas fuerte sus dedos en su interior.
— Basta —Jadeo con fuerza mientras se arqueaba ligeramente sintiendo como golpeaba su punto más erógeno de su cuerpo.
— Aun no —Con dificultad introdujo un tercer dedo y los movió con rudeza. Cuando creyó que era suficiente lo sujeto con fuerza de la cadera y comenzó a penetrarlo sin ningún tipo de cuidado. Cuando se hallo completamente dentro de él se tomo unos segundos para poder acostumbrarse al calor y a la estreches y comenzó a envestirlo con fuerza, Hidan trataba de zafar sus manos de las cuerdas, pero solo lograba lastimarse mas por el constante rose.
Las envestidas eran certeras y fuertes, provocándole gemidos incontenibles y que le obligaban a morderse los labios, Kakuzu apretaba con fuerza su cadera, marcándole los dedos por su agarre y así fue hasta que lo sujeto de los muslos y lo levanto logrando que abriera las piernas para después hacer que las apretara a sus costados. El de cabello blanco soltó una especie de chillido y apretó la mandíbula mientras aguantaba la necesidad de gemir por el cambio de posición, Kakuzu separo un poco más sus nalgas y continuo con las fuertes envestidas, el ministro jadeaba con voz ronca, observando complacido como se tensaban los músculos de la espalda de Hidan. Se inclino y con uno de sus brazos le rodeo el vientre para sostenerlo y con la otra mano libre comenzó a masturbarlo.
El jashinista se quejo por la fuerza con la que presionaba su vientre, se mordió el labio con fuerza y sus ojos se llenaron de lágrimas.
— Suéltame —Dijo con voz entrecortada, Kakuzu solo lo envistió mas fuerte—, ya no, no puedo mas.
— Estate quieto y callado —Jalo con simpleza la cuerda que lo mantenía suspendido y Hidan sintió como la cuerda rozaba su piel, dejando una sensación de calor, señal de que el roce pronto iba a producirle una herida.
Hidan le obedeció creyendo que de esa manera la sonorización se reduciría de alguna manera, pero no fue así, contrario a eso, Kakuzu mantuvo ese ritmo violento hasta que termino, derramándose en su espalda con un gemido ronco.
Apenas salió de su interior soltó las cuerdas, haciendo caer su cuerpo con un golpe seco; Hidan se llevo las manos al vientre por pura inercia y se quedo quieto en el piso, Kakuzu le lanzo una sabana para cubrirlo y salió de la habitación.
Hidan se apoyó en su mano izquierda y levanto su torso, debía irse de ese lugar o su bebe no sobreviviría.
Deidara se había apurado para llegar lo as pronto posible a donde estaba Hidan, quien había llamado a Itachi y a el de manera urgente. Había tenido que hacer cosas desagradables para que Sasori le permitiera salir de la habitación; al llegar se encontró con un Hidan más pálido de lo normal sentado en una banca de piedra.
— Tienes que decirme como demonios logras que los soldados que sirven a Kakuzu logren llevarme tus mensajes —Se hecho el cabello a la espalda con un suave movimiento de su brazo, pero Hidan no le contesto, le miro confundido y espero a que llegara Itachi para que pudiera explicarle el porqué de tan urgente reunión.
— Perdonen la tardanza —Dijo con su tono de voz neutra Itachi al llegar, vistiendo un kimono negro con un obi blanco, sin ningún tipo de adorno y patrón en la tela.
— ¿Cómo sigues? —Itachi frunció ligeramente el ceño.
— Eso debería preguntarlo yo.
Deidara frunció el ceño al perder el hilo de la conversación—: ¿Se puede saber de qué están hablando?
— Yo... Voy a irme de aquí.
— ¿A dónde?
— A donde sea, necesito irme lo más lejos posible. Mi hijo no puede nacer aquí.
— ¿Hijo? ¿De qué hijo hablas Hidan? —Deidara levanto una ceja completamente confundido.
— Deidara —Itachi le hizo una seña con la mano para que bajara su tono de voz—, hay guardias cerca.
— Hidan... ¿Estás en cinta? —Deidara comprendió todo con el silencio que se había formado—: ¿Kakuzu lo sabe?
— No, no debe enterarse jamás y no puedo ocultarlo por más tiempo, si no lo ha matado es porque he logrado contenerlo —Los otros dos le miraron con cierta lastima, el viento helado soplo con gentileza.
— Yo iré contigo —Hidan miro sorprendido al muchacho de cabello rubios—, no quiero estar aquí hasta que muera o Sasori se aburra de mí. Yo me iré contigo, de esa manera no estarás solo —Hidan trato de sonreír, pero no pudo.
— Si nos atrapan, no sobreviviremos. Seguramente nos mataran.
— Prefiero eso a seguir siendo el juguete de ese hombre.
Itachi giro apenas un poco la cabeza para mirar a Mamoru, quien se había mantenido callada hasta ese momento, ella le miro preocupada y asintió suavemente con la cabeza.
— Les ayudare... No sé cómo, pero les ayudare de alguna manera —Itachi no podía permitir que los encontraron, tal cual Hidan había dicho, si Kakuzu o Sasori los descubrían seguramente los matarían, y lo más importante de todo, podían acusarlos de alta traición al reino al estar tan cercano el incidente con su padre, sospechando que ellos eran parte del movimiento rebelde—, Mamoru también puede ayudarles, pero necesito tiempo.
— No tengo mucho tiempo, es solo cuestión de tiempo para que los eunucos empiecen a sospechar de que algo me pasa —Hidan apretó sus manos nerviosamente—, para que los guardias sospechen y hagan algo contra él bebe.
— ¿Porque los guardias harían algo? —Pregunto Deidara.
— Por órdenes de Kakuzu —Itachi frunció ligeramente el señor al notar el nerviosismo de Hidan.
— ¿Pasa algo mas Hidan?
— ¿He? No, no pasa nada —Se secó el sudor de la palma de las manos en la tela del kimono—, tengo miedo —Admitió—, tengo miedo de que algo malo le pase al bebe, al final, él es inocente de lo que está pasando. Y joder, de verdad quiero quedarme con él.
— Por alguna razón me cuesta creer eso —El ambiente parecía haberse relajado un poco al haber hablado Hidan—, no tienes pinta de madre.
— Por supuesto que no, ni que tuviera pinta de mujer como tú o como Itachi.
— ¿Yo?
— Con una mierda contigo, en cuando vuelvas a decirme vieja me olvidare de que estas esperando.
— Yo no dije que fueras vieja, dije que PARECIAS una. Y sí, claro que pareces una Itachi, con tu comportamiento de que no haces nada malo, y de que lo que haces lo haces perfecto. Con toda razón kisame se revuelca contigo.
— Ignorare lo último —Dijo con las mejillas rojas.
— Joder, y que te pones así cuando hablamos de sexo —Recalco Deidara, Itachi se cruzó de brazos.
— Bien ¿Terminaron de burlarse? —Mamoru miro de reojo a su señor—, hare lo posible por ayudarlos, pero necesito tiempo, no sé cuánto, pero tengan por seguro de que será lo más pronto posible.
— ¿Iras con nosotros? —La pregunta de Deidara le obligo a dejar de respirar por unos momentos.
— No lo sé —Fue lo único que se dignó a contestar—, creo que debemos irnos, hay que hacer lo posible para no llamar la atención o levantar sospechar.
— Sobre todo yo —Aseguro Hidan mientras se pasaba las manos tras la nuca
— Me alegra saber que es solo cuestión de tiempo para que todo esto acabe —Deidara esbozo una tranquila sonrisa mientras comenzaba a avanzar rumbo al palacio.
Bueno, estoy feliz de haber terminado este capítulo… es de solo catorce páginas de Word, pero creo que tiene más trama que los últimos. Ya salí de vacaciones, espero poder escribir un poco más rápido, pero no puedo prometer nada, siempre suelo ocuparme en cosas.
Como siempre, agradezco sus comentarios y el tiempo se toman para escribirlos y sobre todo de leer. Les deseo de todo corazón una feliz navidad y próspero año 2013, porque, como dije, o estoy segura de escribir otro capítulo hasta enero.
