- ¡La hora de las visitas ha acabado! –anunció una enfermera colándose, irrumpiéndolos justo instantes antes de que los labios de los dos hicieran contacto. El agarre de Akise se aflojó inmediatamente, dejando que Yuno se apartara de golpe. Aquella mujer notó que había acabado de llegar precisamente dentro de un momento muy importante, así que, con las mejillas coloreadas, y notando que los dos se encontraban muy incómodos, decidió ingresar y arreglar algunas cuantas almohadas que estaban depositadas sobre un armario donde se alojaban todas las sábanas.

Yuno sentía sus mejillas arder, y ni siquiera necesitaba imaginarse lo rojas que estarían. Ni siquiera se atrevió a ver a Akise para confirmar que él estuviera en las mismas condiciones ya que, cuando menos lo esperó, sus pies la condujeron fuera de la habitación a zancadas, cerrando la puerta tras de sí, quedándose con unos sentimientos que revoloteaban dentro de su estómago, y la sensación del aliento de Akise chocando contra su propia piel.

La enfermera que había ingresado, la cual se dedicaba a arreglar la ropa que había estado sobre el armario, tras escuchar el sonido de la puerta cerrándose, se giró a observar a Akise, quien tenía los ojos clavados en el punto de acceso de la habitación, por donde tan sólo instantes atrás, Yuno se había marchado a paso apresurado.

- L-Lo siento mucho –dijo ella en voz baja- No pensé que ustedes dos…-buscó un modo de excusarse, pero Akise sólo se limitó a hacer un asentimiento con la cabeza. Ella suspiró con pesadez y se cruzó de brazos.- Y por cierto –sus labios curvaron una sonrisa traviesa- ¿No habías dicho que ustedes dos no eran pareja, eh?

- No lo somos –reafirmó Akise cerrando los ojos por unos instantes, y colocándolos sobre la enfermera tras volver a abrirlos.

- ¿Eh? Pues aún así, sus sentimientos por ti son más que obvios –canturreó ella abriendo las cortinas y permitiendo que el paso de los rayos del sol y el sonido de las aves y el viento se colaran dentro de la habitación. Era un hermoso día a pesar de la horrible tormenta que había azotado la noche anterior, y quería que el muchacho fuera testigo de ella, pero… él no lucía muy interesado en ese tipo de cosas.

- No lo sé-dijo Akise de pronto encogiéndose de hombros- Supongo que éste sería uno de ese tipo.

- ¿Ese tipo?

- SNC –Akise advirtió la mirada cargada de duda de la enfermera, y sonrió- Sucesos No Comprensibles. Acabo de inventarlo yo.

- Oh.


Capítulo 11: Rumbo inesperado.


Yuno se llevó una mano a los labios, preguntándose qué ocurriría si la enfermera no hubiera ingresado justo en ese momento para irrumpir la escena entre ella y Akise. ¿Habría sido capaz ella de despertar del ensueño en el que se había sumergido justo antes de inclinarse sobre los labios del chico? ¿Y si se hubieran besado? ¿Q-Qué pasaría entonces?

Se llevó las manos a las mejillas, sintiéndolas arder con fuerza. Probablemente estaría tan roja como un tomate, pero no quería observar su reflejo para comprobarlo. Sentía vergüenza, mucha vergüenza, y más porque el brillo de los ojos de Akise se colaba en su mente con facilidad, produciéndole una extraña mezcla de sentimientos que afloraban en su estómago y recorrían el resto de su cuerpo, provocando que unos escalofríos erizaran el vello de la superficie de la piel de sus brazos.

Akise era guapo e inteligente, era verdad, pero ella estaba destinada a amar a Yukiteru, incluso si éste se encontrara muerto. Era su deber mantenerse fiel hasta que el fin de sus días llegara, ¿Verdad? ¿Verdad?

Pero a pesar de que trataba de convencerse a sí misma de que olvidar y dejar de lado a Akise por completo era la mejor opción que tenía a mano para continuar con su vida normalmente como lo había hecho… hasta el día del accidente que ella misma había sufrido, una parte en su interior deseaba rehusarse a sus propios deseos, quería continuar adelante con esos sentimientos que comenzaba a experimentar hacia el albino, y, por sobretodo, quería saber de qué manera sería la felicidad al lado de ese chico.

"¿Quién ha estado a tu lado todo este tiempo?"

Desde que lo había conocido, Aru se había comportado como un caballero con ella, le había tendido la mano en incontables ocasiones, e incluso, la había encubierto en un par de ocasiones para no permitir que la policía se la llevara y tuviera problemas con su propia familia. Había hecho mucho, y ella le había pagado todos esos favores… Con una cuchillada.

Si lo veía desde un punto de vista lógico, quizás Akise estaría mejor si simplemente la olvidaba y acababa marchándose con Tsubaki, que parecía ser un mejor partido para alguien como él; la idea de que el albino estuviera junto a aquella chica le molestaba mucho. Ella no merecía estar junto a ese chico… ¿O quizás… ella simplemente estaba permitiendo que su propio egoísmo quisiera mantenerlos apartados el uno del otro?

Porque sí, estaba siendo sumamente egoísta al querer que Akise no estuviera junto a otra persona luego de todo lo que le había hecho durante esos meses tras el accidente que ella había sufrido, y más teniendo en cuenta de que se estaba rehusando con firmeza a aceptar sus sentimientos hacia él… todo porque Yukiteru continuaba permaneciendo en su mente, a pesar de que la vida había decidido apartarlo de su vida.

No estaba siendo justa, lo sabía, pero ¿Qué podría hacer? Todavía no se encontraba lista para afrontar algo como eso. No era absolutamente nada fácil… ¿Acaso alguien simplemente podría dejar de lado a la persona que había querido por tanto tiempo simplemente porque alguien se ha aparecido repentinamente en su vida?

El caso es que Yuno sentía que necesitaba de más tiempo para pensar. No tenía idea acerca de lo que cruzaba por la mente de Akise, así que tampoco sabía cómo actuar o qué decir. Era consciente de los sentimientos del chico, y sabía que él había tratado de alzar un muro entre los dos tras notar que ella quizás sea más imposible de alcanzar gracias a los trastornos que ella padecía luego de haber perdido de esa manera tan violenta a una persona a la que había querido tanto.

Pero no sabía si Akise continuaría con ese plan, sobretodo recordando lo que había sucedido entre los dos en el cuarto en el cual él estaba hospitalizado.


Tsubaki apretaba los puños con fuerza mientras Orin y Ai hacían lo posible para tranquilizarla, ya que el cuerpo de la chica temblaba casi con violencia debido a toda la rabia contenida. Ai le tendía una taza de té verde suave, y Orin la abanicaba con cuidado, pero sus esfuerzos parecían no surtir ninguna clase de efecto sobre la vidente, quien, repentinamente, tenía los ojos inundados en lágrimas.

- No puedo creer que esté pasando –dijo Tsubaki tomando la taza para luego darle un sorbo al té que ésta contenía.- ¡He hecho lo que he podido para cambiar el futuro! ¡Incluso le he llevado un obento hecho por mí misma! Pero todos mis esfuerzos están resultando en vano.

- Creo que no debería esforzarse en cambiar el futuro, señorita Tsubaki –dijo Orin con paciencia-. Recuerde que, mientras más lo intente, más estaría haciendo posible que ese futuro que usted ha visto, se vuelva realidad.

- ¡Pero…! –Tsubaki suspiró y contempló su propio reflejo sobre la superficie del té. Ai suspiró y asintió a las palabras de Orin.

- Ella tiene razón, señorita Tsubaki. Además, usted desde el principio ha dicho que sabía que sería prácticamente imposible cambiar los sentimientos del joven Akise.

- Lo he dicho, pero… la verdad es que no imaginé que… -Tsubaki apretó los labios y arrojó la taza al suelo con fuerza.- ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué ha tenido que enamorarse de Gasai Yuno!? ¡Esa chica está completamente loca! Ella sólo lo hará sufrir, ¿Por qué no es capaz de verlo? Yo quiero que él sea feliz, yo quiero ser la que le haga feliz, sin embargo él es tan distante…

Tsubaki se llevó las manos al rostro, tratando de tranquilizarse a ella misma, mientras Ai y Orin contemplaban a su amiga sin saber muy bien qué decir o qué hacer al respecto, así que se limitaron a hacer una reverencia, y se retiraron, creyendo que sería mejor si simplemente la dejaban sola con sus propios pensamientos.

Tsubaki se incorporó repentinamente del asiento que ocupaba, con los puños apretados y alzó la vista al frente.

- ¡No! No me daré por vencida tan fácilmente. Seguiré preparándole obentos y… ¡Definitivamente me ganaré su corazón!


Alguien golpeó la puerta con cuidado, y tanto Akise como la enfermera, la cual se encontraba chequeando el suero, fijaron sus ojos sobre ella, la cual dio paso a una mujer de cabello castaño ondulado, de largos flequillos que cubrían sus ojos, y que llevaba ropa de tenista.

- Disculpe –dijo ella, siendo su voz reconocida inmediatamente por Akise.- Me gustaría hablar con el chico durante un momento.

- Lo lamento, pero la hora de las visitas ya ha acabado- anunció la enfermera pacientemente.- Si desea hablar con el chico, regrese al momento indicado.

- ¿No podía permitirme un momento? Prometo no incordiar mucho.

- Permítala estar aquí durante un rato –pidió Akise observando a la enfermera- No tardaremos mucho, es… un asunto de urgencia.

La enfermera observó al chico, y luego escrutó a la mujer con la mirada. Al final, suspiró y se cruzó de brazos.

- De acuerdo, pero sólo unos pocos minutos. Si descubren que están infringiendo las normas, me cortarán la cabeza, y ustedes dos estarán en graves problemas, aviso. –ella hizo un gesto, indicando que les estaría observando, y procedió a retirarse con calma de la habitación, no sin antes dedicarle una mirada recelosa a la mujer.

Luego de que la puerta se hubiera cerrado, dicha mujer se acercó hasta la cama de Akise, arrastró una silla y tomó asiento sobre ella.

- ¡Agh! ¡Esta peluca pica mucho! –Se quejó Minene quitándosela por unos momentos.- Sólo espero que ella no se asome repentinamente.

- ¡Jajaja! Veo que has gastado bastante bien el dinero que has obtenido –afirmó Akise con calma, notando el uniforme que ella llevaba puesto. Minene enrojeció inmediatamente.

- ¡Es porque no sabía de qué disfrazarme! Y como ya se hacía tarde, decidí ponerme lo primero que tuve al alcance de mis manos… Pero aún así no pude llegar a tiempo. –Suspiró con pesadez y pasó los brazos tras la nuca.- De verdad eres problemático, mira que te he dicho que anduvieras con cuidado, y de igual forma permites que te den un buen cuchillazo.

- Gasai se había presentado a mi hogar muy repentinamente. No tenía idea de cuáles eran sus intenciones, así que no tuve otra opción más que abrir la puerta… Entonces tenía la guardia baja, y ella consiguió su cometido con facilidad.

Akise observó el techo de la habitación reviviendo los momentos que había pasado con bastante claridad. Recordó sintiendo que algo le escocía el costado, y al bajar la mirada, se encontró con el cuchillo sobresaliendo bajo sus costillas. Cayó al suelo mientras la sangre comenzaba a fluir de su cuerpo, y Gasai se había dado a la fuga. A pesar de lo increíblemente doloroso que resultaba, Akise se había quitado el cuchillo y se había, prácticamente, arrastrado hasta el teléfono, pidiendo una ambulancia. Mientras ésta llegaba, había introducido el cuchillo en un jarrón que estaba cerca de él y, posteriormente, se dejó caer completamente sobre el suelo, dejando que la inconsciencia se lo llevara.

Esa mañana había despertado dentro de ese cuarto. Los policías no tardaron mucho en llegar para formularle preguntas acerca de lo que había ocurrido. Él no fue capaz de acusar a Yuno, porque, por alguna razón, la idea parecía quedarse atascada en algún rincón de su cerebro. En su lugar, la magnífica idea de justificar la desaparición de todos aquellos billetes llegó hasta él.

- Pues bien, no tengo idea de cómo o porqué, pero me tienen como principal sospechoso –afirmó Minene con calma, estirando los brazos, como si fuera lo más normal del mundo. Akise abrió los ojos como platos sin comprender del todo.

- ¿Tú? Pero tú eres una terrorista cuyos objetivos principales son dirigentes religiosos, ¿No es así?

- Es verdad, pero supongo que no tenían idea acerca de quién culpar y, como yo todavía me encuentro en el pueblo, es seguro que quisieron echarme todo encima. –Minene cerró los ojos por unos instantes.- Siendo la verdad, ese tipo de ataques no son mi tipo, pero simplemente no podría presentarme a una comisaría a justificar mi inocencia, ¿Verdad?

Akise la observó fijamente durante unos instantes, y luego apartó la mirada hacia su propia cama, perdiéndose en sus pensamientos. Minene parpadeó y dejó escapar un suspiro, sintiéndose un poco incómoda por la atmósfera que se cernía entre los dos. Iba a hacer un comentario, pero Akise se adelantó a sus palabras.

- Por cierto, ¿No se suponía que ya ibas a marcharte? Ciertamente me sorprende mucho esta visita –informó él viéndola con recelo de soslayo. Minene frunció el ceño.

- ¿Estás diciendo que te desagrada que venga a verte, pequeño mocoso? ¿Es eso lo que tratas de decir?- Akise negó con la cabeza, y abrió la boca para decir algo más, pero Minene lo cortó dejando escapar una risa.- Descuida, la verdad es que hoy elaboraré mi último movimiento dentro de la ciudad, y entonces podré marcharme. Luego de haber visto lo que había sucedido, no pude evitar preocuparme por ti, así que… aquí me tienes.

- Me sorprende que una terrorista se preocupe por un detective –afirmó Akise con una sonrisa irónica curvando sus labios. Minene sonrió con calma, y lo despeinó de forma amistosa.

- Creo que eres el único detective que me cae bien. Me agradas, mocoso –dijo Minene bajando el brazo.- Lo cual es raro… Generalmente me sacas de quicio, y jamás puedo adivinar lo que pasa por tu mente, pero al verte tan determinado a conseguir tu sueño de volverte un detective famoso, y notar lo mucho que quieres a esa tal Gasai… Lo cual me recuerda. Iba a preguntarte: ¿Qué harás con ella? Sabes que no puedes confiar en esa chica de ningún modo.

- No lo sé, necesito ordenar mis ideas –Akise se llevó una mano a la frente- Yo tampoco comprendo muy bien lo que pasa por su mente. Es una chica muy inestable después de todo.

- Yo creo que lo mejor que puedes hacer es dejarla ir –Minene volvió a colocarse la peluca a regañadientes.- Ella sólo te hará mal, lo sé porque ha tratado de matarte tres veces… Deberías comenzar a pensar seriamente en la posibilidad de contratar un guardaespaldas.

- Jaja, no creo que eso sea necesario -Akise sonrió con suavidad, y cerró los ojos-. Pero tengo un buen presentimiento de todo esto.

- ¿Un buen presentimiento? –Preguntó Minene mientras se arreglaba los cabellos con algo de dificultad- ¡Pica!

- No sé muy bien por qué, pero tengo la certeza de que sucederá algo realmente bueno.

- Espero que no estés equivocado: No quisiera perderme de tu funeral.

- ¡Es suficiente! La hora de las visitas ha terminado –anunció la enfermera ingresando repentinamente, ante el temor de que algún doctor se acercara y notara que había dejado ingresar a alguien sin el permiso correspondiente.

Minene suspiró con pesadez y vio a Akise.

- Sólo ten cuidado. –No dijo nada más, pero el chico asintió con la cabeza mientras la observaba salir de allí, sintiendo que esa sería la última vez que ambos conversaban.

- ¿Pero quién es esa chica? –Preguntó la enfermera con curiosidad, acercándose a Akise a pesar de que tenía los ojos fijamente puestos en la puerta.- Por alguna razón, creo que se me hace algo conocida.

- Es sólo una amiga.


Al día siguiente, Yuno despertó horrorizada tras tener una terrible pesadilla en la que Yukiteru desaparecía cada vez que ella trataba de alcanzarlo, y la última vez que hacía lo posible por agarrarlo del hombro, el chico se giraba haciéndola notar que en realidad se trataba de Akise con el rostro de Tsubaki.

Se sentía somnolienta, y a duras penas había conseguido ducharse y desayunar antes de asistir al instituto como lo hacía cada mañana. No tenía muchas energías, como si la pesadilla que había tenido durante la noche se hubiera absorbido toda la energía que tenía consigo. Ni siquiera comerse todo un tarro de mermelada de fresas le había conseguido levantar los ánimos.

Se dirigió rumbo al instituto pensando que tal vez podría echarse a dormir unos momentos durante la clase de historia, aunque eso se veía increíblemente irresponsable, por lo que descartó la idea casi de inmediato, ya que no sería bueno si un simple acto como ése manchara su expediente. Sus padres se pondrían furiosos, y la castigarían de un modo realmente cruel, como lo habían hecho en los últimos años, desde que ella había nacido.

Sí, sus padres tenían una empresa muy importante, y deseaban que su hija se convirtiera en una chica de élite que pudiera heredar ese puesto. Por ello la monitoreaban como jamás haría otro padre. Se encargaban de controlar sus calificaciones, llegadas tardías, cantidad de calorías que consumía, las horas que pasaba viendo televisión, las horas que estudiaba… Absolutamente todo. Y le prohibían tener amigos o novio porque creían que eso sería sólo un factor que la distrajera de sus objetivos.

O más bien, de los objetivos de sus padres.

Por eso, cuando Gasai conoció a Yukiteru, y se enamoró de él, éste le había prometido que le brindaría una vida como la de cualquier chica normal, ya que ella ni siquiera podía permitirse ir al cine o al parque de diversiones. Y es por eso que Gasai centró todas sus esperanzas en él. Ella había mantenido la esperanza de que él la alejaría de sus propios padres y la permitiría disfrutar de libertad.

Por eso es que lo amaba tanto.

Mientras continuaba caminando, sus ojos se encontraron con Tsubaki, quien también se dirigía al instituto. Ambas se dedicaron una mirada de odio, y se dieron las espaldas, cada una buscando un camino que impidiera que se volvieran a encontrar. Yuno tenía la sensación de que Tsubaki no se daría por vencida, y estaba sumamente segura de que haría lo posible para quedarse con Akise.

Pero ella no se lo permitiría.

Al ingresar al edificio del instituto, varias de sus compañeras se acercaron a ella con una sonrisa radiante en los labios.

- ¡No lo puedo creer, Yuno! ¡Muchas felicidades! –dijo una de ellas con un fulgor en los ojos.

- ¡Es verdad! ¡Lo conseguiste! ¡Felicidades!

- ¿Eh?

Gasai ladeó un poco la cabeza sin entender mucho de lo que estaban hablando. Se cambió los zapatos, y caminó a clases como normalmente lo hacía, pero una multitud en mitad del pasillo impedía que pasara.

¿Qué es lo que estaba sucediendo?

Iba a empujar a un par de estudiantes para que se hicieran a un lado, pero se detuvo repentinamente al notar lo que observaban.

Era el panel de anuncios. Los resultados de los exámenes estaban listos.

Y Gasai Yuno había obtenido el mayor puntaje de todos, obteniendo el primer lugar.

Gasai Yuno había quitado su puesto a Akise Aru como mejor estudiante del instituto.