EL MANUSCRITO PERDIDO

XI: EL REGRESO

Villa de Athena

En el Santuario, para sorpresa de todos los santos que habían subido al templo del Patriarca, vieron regresar la armadura de Piscis y la de Escorpión a sus respectivas casas. Shion, Dohko y Shaka, quienes se encontraban en la villa de Athena cuidando de Saori, miraron el fenómeno atónitos.

-¿Porqué han regresado las armaduras de Escorpión y Piscis a sus templos?- preguntó Dohko, alarmado ante lo que estaba ocurriendo- ¿eso significa que los vencieron?-

-No, por supuesto que no- dijo Shaka, sacudiendo la cabeza- se dice que el poder de la legendaria esfera de Arquímedes es contener el poder de los dioses. Creo que se trata de una manera de contener los cosmos. Debieron haberla usado contra Milo y Afrodita: los han robado de sus cosmos-

-Esto no puede ser bueno- dijo Dohko, un tanto ansioso por la situación- ¿no deberíamos enviar a los santos de bronce a ayudarlos? O incluso a alguno de nosotros-

Shion se cruzó de brazos, pensativo, y se volvió a ver a Kiki, quien ya había sido atendido: solo fue un golpe en la cabeza que hizo que se desmayara por un par de minutos, sin ninguna otra consecuencia. El pequeño pelirrojo escuchaba atento lo que decían los otros, sintiéndose culpable de la situación.

-Yo puedo ir a alertarlos- se ofreció Kiki al escuchar la pregunta del santo de Libra- y los puedo transportar a donde se encuentra mi maestro y los otros. Seiya y los chicos pueden…-

-No, no creo que sea prudente, maestro- dijo Shaka con tranquilidad, sacudiendo la cabeza- será mejor darles la oportunidad de que Mu y los otros de resolverlo-

-Espero que puedan ganar- dijo Shion, mirando preocupado hacia la ciudad- si no… no quiero ni pensarlo, si esa abominable arma cae en manos equivocadas-

-¿Bromeas?- dijo Dohko, olvidando por un momento su preocupación y sonriendo- Aioros y Aioria no se permitirán perder, ahora que saben que se trata de su hermana. Tampoco Mu va a dejarla ir. No cuando una persona tan importante para ellos está en riesgo-

Shion lo miró, preguntándose a que se refería. Sabía que la chica era hermana de Aioros y Aioria, pero no podía entender que tenía que ver Mu en eso. Dohko sonrió y dio unas palmadas en la espalda a su amigo. Vaya que el Patriarca no ponía mucha atención.

x-x-x

Aeropuerto de Atenas

Mu, Aioria y Aioros se prepararon para pelear, encendiendo sus cosmos. Henry y los otros sabían muy bien que eran simples humanos, y que no eran rivales para tres caballeros dorados, por más armas que tuvieran con ellos. Solo tenían una ventaja sobre los santos dorados.

-No podemos ganarles así- dijo Emmanuele, cruzándose de brazos- y no podemos usar a Lydia si está inconsciente-

Pero Henry sonrió maléficamente.

-Sí podemos…- dijo, alternadamente a Lydia y a los dos caballeros a quienes habían robado de su cosmo.

Mu y los hermanos, por su parte, se encontraban analizando lo que harían a continuación. Milo y Afrodita, quienes estaban sin su cosmo y sin sus poderes, se encontraban en una esquina, intentando recuperarse, aunque sintiéndose muy débiles. Milo se sentía un poco mejor, e intentaba ponerse de pie, apoyándose en la pared. Afrodita, por su parte, había sido golpeado varias veces, y se encontraba tirado en el suelo, deteniéndose uno de sus brazos.

-Maldición- decía Milo. Apretaba los dientes de dolor, pero no se arrepentía de lo que acababa de hacer: sabía que Aioria tenía que repartir patadas por haberse metido con su hermana.

-Se siente… horrible…- dijo Afrodita, y Milo asintió: el vacío que sentían en su alma sin sus cosmos era incluso doloroso para ellos.

Había otro problema: ahora que habían perdido su cosmos, también su resistencia, y el enemigo tenía armas de fuego a su disposición.

Mu se encontraba creando una Cristal Wall, protegiendo a sus dos compañeros sin cosmo, en caso de que decidieran dispararles, y esperando una oportunidad para teletransportarse y retirar a Lydia de donde se encontraban sus enemigos. El problema era que ninguno de los tres le quitaba la vista de encima a Lydia, y lord Castlehaven no dejaba de apuntar su arma a su cabeza.

Aioros y Aioria, por su parte, estaban furiosos, con su cosmo encendido de manera agresiva. No era sorprendente del santo de Leo, pero Aioros, quien siempre había sido tan solemne y tranquilo, realmente tenía su cosmo encendido con la misma fiereza de su hermano menor.

-Ríndanse, ustedes tres- dijo Mu, sosteniendo con una mano la pared de cristal, y con la otra se encontraba listo para atacar- ni con todas sus armas pueden vencer a tres caballeros dorados-

-No que los vayamos a dejar con todos sus huesos intactos después de esto- dijo Aioria. Aioros asintió.

Sin embargo, Henry se echó a reír. Con un movimiento rápido, Henry se inclinó a donde se encontraba Lydia, que aún no despertaba, la tomó para obligarla a levantar la vista, y colocó un cuchillo a la altura de su garganta, aunado a las armas que apuntaban hacia ella.

-Atrás, caballeros de Athena- dijo Henry.

Los caballeros dorados inmediatamente se detuvieron.

-Vaya, saben que vas en serio, Henry- dijo Emmanuele en tono burlón.

-Déjala en paz, si sabes lo que te conviene- dijo Aioria, con una expresión de que quería hacerlo mil pedazos.

-Tranquilo, caballero- dijo Henry, sin apartar el cuchillo y acariciando la mejilla de la chica con su mano libre- los tres, deténganse ahora mismo. Apaguen sus cosmos-

Los tres no tuvieron más remedio que obedecer y apagaron sus cosmos. Mu se alarmó, pues notó rápidamente terminaba el efecto de la rosa de Afrodita, y que Lydia comenzaba a recobrar la conciencia. Si los enemigos se daban cuenta de ello, todo estaría perdido.

-Bien, bien- dijo lord Castlehaven, cruzándose de brazos mientras miraba alternadamente a Lydia y a los caballeros- esto es muy interesante. Parece que ésta chica es importante para ustedes, ¿no? Entonces creo que ya nos entendemos, caballeros-

-Ya podemos irnos, ¿no?- dijo Bellini, haciendo un gesto de aburrimiento.

-¿Y arriesgarnos a que nos sigan?- dijo lord Castlehaven, sacudiendo la cabeza- no, para nada. Vamos a terminar con ellos aquí. Quiero que los tres se arrodillen-

-¿Cómo te atreves?- rugió Aioria. Los otros no se movieron.

-¿No lo escucharon?- dijo Henry a su vez, acercando aún más el cuchillo al cuello de Lydia, tanto que un fino hilo de sangre comenzó a brotar de su piel- obedezcan de inmediato, caballeros de Athena, o ella es quien lo va a pagar-

Los tres caballeros dorados no tuvieron más remedio que obedecer, aunque los tres tenían idénticas expresiones de odio. Parecían desconocer el concepto de que hacer enfurecer a un santo dorado es un grave error, y un peligro para su integridad física.

Ls caballeros dorados se miraron entre ellos. No sabían que hacer. No podían permitir que les robaran sus cosmos: se llevarían el poderoso artefacto, junto con Lydia, y quien sabe que uso le darían. Pero tampoco podían dejar que la lastimaran: era demasiado importante para ellos.

Lord Castlehaven se volvió a ver a Lydia, y vio que ya había despertado.

-Vaya, despertaste justo a tiempo, querida Lydia- dijo el hombre, pasando a la chica hacia donde se encontraba Henry, para que éste la detuviera por los brazos- pon mucha atención: vas a ver cuando le robe sus poderes a estos tres, y después acabe con ellos…-

-No, no te atrevas, por favor- dijo Lydia, y se volvió a los caballeros- Mu… Aioria, atáquenlos, no vale la pena detenerse por mí. Aioros, por favor…-

-Calla, niña tonta- la cortó Emmanuele. Ella no se detuvo.

-No pueden dejarlos ganar, ¡no vale la pena!- dijo Lydia, nuevamente luchando por librarse- ¡Athena, tienen que proteger a Athena, no a mí!-

No obtuvo respuesta más que la risa de los tres malvados hombres. Los caballeros dorados no se movieron. Milo y Afrodita miraron la escena desde el extremo donde los había dejado Mu, apretando los dientes.

-¿Qué están esperando?- insistió Lydia- ¡deténgalos!-

-Lo lamento, caballeros, perdieron su oportunidad de ganar, por sentir compasión por Lydia- dijo lord Castlehaven, tomando la mano derecha de Lydia y apuntándola hacia ellos- despídanse de sus cosmos, caballeros de Athena…-

-Nooooo…-

Lydia gritó, y un rayo de luz salió de su mano, golpeando a los tres caballeros al mismo tiempo. Los tres sintieron su poder y su cosmo salir de su cuerpo. Las tres armaduras los abandonaron casi de inmediato. Mu y Aioria cayeron al suelo hacia delante. Aioros aún luchaba por mantenerse de rodillas, temblando por el esfuerzo.

-No, no, no…- repetía la chica, sacudiendo la cabeza, sin poder creer lo que acababa de ver- no puede estar pasando esto…-

Aioros intentó dar un paso adelante. Aioria ni siquiera podía levantar la mirada. Con un gesto brusco, Henry por fin soltó a Lydia, y ella, una vez libre, corrió al lado de Mu. Se dejó caer en el suelo de rodillas e intentó en vano ayudarlo a levantarse.

-Mu, ¿porqué…?- comenzó Lydia, sintiendo que comenzaban a humedecerse sus ojos.

-No podía dejar que te lastimara- dijo Mu, esforzándose por sonreír, abrazándola y débilmente atrayéndola hacia sí mismo- ni ellos tampoco…-

-Ahora nos podemos ir, ¿no es cierto?- dijo Emmanuele, cruzando los brazos, algo aburrido- así no nos podrán seguir-

-Antes de eso, quiero darle su merecido a estos caballeros entrometidos- dijo Henry, arrancando a Lydia de los brazos de Mu, para después empujarla hacia lord Castlehaven, quien la detuvo por los hombros con relativa facilidad.

-No, Henry, no los lastimes…- dijo Lydia, intentando quitarse de encima las manos de su padre adoptivo- por favor-

Henry se acercó a los tres caballeros recién atacados y sonrió maléficamente. Dio una patada a Aioria, que el santo de Leo no pudo evitar.

-Eres un cobarde- exclamó Milo entre dientes. Ya se había puesto de pie, pero se encontraba apoyando en una pared, apretando los puños furioso. No le hacía ninguna gracia que golpearan a su mejor amigo.

Henry se echó a reír, y con otra patada, empujó a Aioria de su camino. Después se volvió a Mu.

-Este es el que más me irrita de todos los tontos caballeros de Athena- dijo Henry, tomando a Mu por los cabellos y forzándolo a levantar la vista- espero que hayas entendido, estúpido caballero, ella es mía- y lo golpeó con fuerza en el rostro, haciéndolo volver a caer al suelo.

-No me digas- dijo Aioros con dificultad, en un tono sarcástico, aún luchando por mantenerse de pie- seguramente no hay nada más romántico que secuestrar a una chica y herir a sus hermanos-

-No me explico como no la has conquistado ya- dijo Mu, recuperándose del golpe, con su sonrisa sarcástica, apoyando lo que Aioros había dicho.

Como era de esperarse, Henry se enfureció.

-Basta, ya solo acaba con ellos- dijo lord Castlehaven, jalando a Lydia hacia atrás, hacia la salida del hangar- vámonos, Lydia-

-No- dijo ella con firmeza- no iré con ustedes ¡Suéltenme!-

Lord Castlehaven la hizo darse la vuelta, y la tomó por el cuello.

-No te estoy preguntando, niña estúpida- dijo el hombre- ya me colmaste la paciencia. Vienes o te llevamos a rastras-

Aioros, al ver que el hombre estaba arrastrando a Lydia, se levantó de donde estaba y, con todas sus fuerzas, se lanzó hacia ellos. De un empujón, hizo a un lado a lord Castlehaven, y se lanzó con sus brazos abiertos hacia Lydia. Aioros cayó al suelo con ella, como protegiéndola con su cuerpo, y abrazándola con todas las fuerzas que le quedaban.

Emmanuele y Henry intentaron detener a Aioros, pero fueron atajados por Aioria y Mu, respectivamente, para evitar que se entrometieran, además de aprovechar para darles una paliza, aunque no pudieran usar sus cosmos.

-No te la vas a llevar, maldito- dijo Aioros entre dientes- no lo vamos a permitir-

-Aioros…- dijo ella en un susurro.

Aioros sonrió, a pesar de que se sentía muy débil.

-No puedo dejar que te lleve de nuestro lado, pequeña- le dijo Aioros en un susurro- Aioria y yo no lo vamos a permitir… no te volveremos a perder-

-Suéltala, estúpido caballero- dijo Henry, furioso por los golpes que le había dado Mu. El inglés se quitó a Mu de un golpe, y se acercó a Aioros, intentando hacer que el santo de Sagitario la soltara- tenemos que llevárnosla. ¡Suéltala!-

-Sobre mi cadáver- dijo Aioros.

Pero Emmanuele también se libró de Aioria, y se acercó a ayudar, separándolos con facilidad, dejando a Aioros en el suelo, completamente agotado.

-Mátenlos de una vez, chicos, si eso es lo que ellos quieren- dijo lord Castlehaven, deteniendo nuevamente a Lydia y obligándola a observarlos- mira bien, Lydia, como terminan tu amigo y tus hermanos. No te preocupes, tan pronto como te quite la esfera, a ti te espera un destino peor que el de ellos-

Emmanuele tomó a Aioros por el cuello y lo obligó a levantarse. Sacó su cuchillo, preparándose para darle el golpe fatal. Henry hizo lo mismo con Mu.

-¡Aioros!- gritó Lydia- ¡Mu!-

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Villa de Athena

Saga había subido al templo de Athena, junto con Kanon y Death Mask. Ambos estaban preocupados al ver las armaduras de los cinco caballeros que habían salido volver al Santuario sin sus respectivos dueños.

-Maestro, ¿qué significa esto?- dijo Saga, visiblemente preocupado por la situación- las armaduras doradas volvieron al Santuario sin Mu y los otros. ¿Estarán en problemas?-

Shion no respondió. Miró hacia la ciudad con aprehensión. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Esa era señal de que los habían vencido?

-¿No deberíamos de ir inmediatamente a ayudarlos?- insistió el caballero de Géminis, con una expresión aprehensiva- ¿maestro?-

"Mu", pensó Shion "¿qué esta sucediendo? Vuelvan pronto".

Saga iba a insistir, pero guardó silencio al sentir algo extraño. Un cosmo había hecho explosión, justo donde estaban los otros santos. ¿A quién pertenecía?

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Aeropuerto de Atenas

Justo en el momento en que Henry y Emmanuele iban a dar el golpe fatal a Mu y a Aioros, una explosión rodeó el cuerpo de Lydia, obligando a su padre adoptivo a soltarla, mirando horrorizado el sitio de la chica se había rodeado de una gran cantidad de energía. Un brillo dorado apareció en donde se encontraba ella. Henry y Emmanuele soltaron a los caballeros y se volvieron muy sorprendidos la escena.

-¿Qué es esto?- dijo Henry, dando varios pasos hacia atrás- ¿qué está pasando?-

-¿Qué es ese brillo dorado?- dijo Emmanuele, haciendo lo mismo que Henry.

Mu se levantó con dificultad para mirar mejor. Aioros ya se había vuelto a poner de pie, aunque aún se sentía algo débil, y Aioria apenas pudo levantar la vista. En la esquina, Milo y Afrodita miraban la escena, atónitos.

-No puede ser- dijo Milo.

Todos ellos observaron la armadura de Piscis regresar del Santuario y, para sorpresa de todos los presentes, cubrir a Lydia de la misma manera que cientos de veces la habían visto cubrir a Afrodita.

-¿Qué… que es esto?- dijo Lydia, mirándose con la armadura puesta- ¿qué está pasando?-

-¿Cómo la armadura de Piscis pudo…?- comenzó a preguntar Aioria.

-¿Lydia tiene la armadura de Piscis?- dijo Mu, mirándola sorprendido, y sonrió de pronto- por supuesto, Lydia es hermana de dos caballeros dorados, tiene el potencial para tener un cosmo igual de grande que el de sus hermanos-

-Vamos Lydia- dijo Afrodita, levantándose por fin y alzando su mano hacia ella, en señal de apoyo- dales su merecido-

-Tú puedes, Lydia- dijo Milo a su vez, sonriendo.

Lydia se miró sus manos, cubiertas por la armadura de oro. El brillo dorado que la rodeaba, ya lo había visto antes en los santos de Athena. Era su propio cosmo. Se volvió, y vio las sonrisas de sus hermanos. Miró a Mu, aún dudosa, y éste le sonrió también.

-Puedes hacerlo- le dijo Mu en un susurro, pero que ella pudo descifrar fácilmente- dales su merecido-

-Solo deja algo para nosotros- añadió Aioria.

La chica sonrió y se volvió a los enemigos.

-No puede ser posible- dijo Henry, horrorizado.

-Van a pagar por haberse metido conmigo- dijo la chica. Lydia gritó, apuntando sus manos hacia los enemigos. Una enorme ráfaga de rosas negras salieron disparadas hacia ellos. Después de unos segundos, quedaron todos cubiertos de heridas.

-Maldición- dijo lord Castlehaven, enfurecido, dando unos pasos atrás, rumbo a la salida de la terminal.

Una vez que los enemigos retrocedieron, Lydia se descubrió el brazo derecho. Con su cosmo aún encendido, cinco esferas de fuego morado salieron de su tatuaje, y volvieron a cada uno de los santos dorados, devolviéndoles así sus cosmos. Los santos dorados se levantaron con facilidad.

Al levantarse, Afrodita se sacudió el polvo de su ropa, y Milo se ajustó su chamarra negra. Ninguno de los dos creyó necesario intervenir. Dejarían que los hermanos les dieran su merecido.

Aioros y Aioria se acercaron a Lydia, uno de cada lado, y pusieron una mano en cada uno de sus hombros. Le sonrieron.

-Muy bien, hermanita- dijo Aioros con una enorme sonrisa- ahora déjanos ayudarte un poco…-

-Ya tenía ganar de hacerlos papilla- dijo Aioria.

Al ver que los santos encendían su cosmo, Henry y Emmanuele salieron huyendo, hacia el avión. Lord Castlehaven se quedó de pie, mirándolos de manera amenazante.

-No pueden quedarse con ella- dijo lord Castlehaven- Lydia es mía, yo pagué buen dinero para que me la entregaran en el orfanato. Y puedo hacer con ella lo que me plazca. Ustedes no pueden…-

Pero no acabó su frase. Aioros, Mu, Aioria y Lydia atacaron al mismo tiempo, destruyendo la terminal, el túnel e incluso parte del avión. Lord Castlehaven dejó escapar un grito espantoso, y desapareció, desintegrado por completo.

Una vez que sucedió esto, la joven sonrió y su cosmo se apagó. Su cuerpo se aflojó, y cayó hacia delante, donde Mu la detuvo en sus brazos.

-Lo lograste, Lydia- dijo Mu en un susurro, sonriéndole- lo hiciste muy bien-

-Lo siento, todos ustedes- dijo ella, sonriendo y apoyando su cabeza en el hombro del caballero de Aries- he causado demasiados problemas- añadió señalando el tatuaje en su brazo.

-¿Qué dices, pequeña?- dijo Aioros, sonriendo ampliamente y revolviéndole los cabellos- les diste su merecido, ¿no es así, Aioria?-

Aioria sonrió y asintió, poniendo su mano en el hombro de su hermano.

-Por supuesto que lo iba a hacer, Aioros- dijo Aioria orgullosamente- es nuestra hermana-

-Lamento interrumpir esta emotiva reunión- dijo Milo, con su sonrisa traviesa, mientras se acomodaba su chamarra negra para después cruzarse de brazos- pero nos esperan en el Santuario. Y deben estar muy preocupados-

-Eres un aguafiestas, Milo- dijo Afrodita, poniendo los ojos en blanco- pero supongo que tienes razón. Deberíamos regresar-

-Vámonos entonces- dijo Mu.

Cada uno puso su mano en los hombros de Mu, y pronto desaparecieron rumbo al Santuario.

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Templo de Aries

-¿Porqué rayos tardaron tanto?- preguntó a gritos Aldebarán, quien con Kiki habían bajado al templo de Aries a esperarlos. Kiki parecía feliz, y Aldebarán abrazó a su mejor amigo, el caballero de Aries, aliviado.

-Basta, Aldebarán, por favor- dijo Mu, dándose cuenta que Lydia quedó atrapada en el abrazo. El caballero de Tauro lo soltó.

-¿Porqué ella está usando la armadura de Piscis de Afrodita?- preguntó Kiki.

-Es una larga historia- dijo Aioria, sonriendo.

-Debemos subir con el Patriarca- dijo Aldebarán- todos han estado muy preocupados-

Mu asintió, y todos subieron al templo de Athena. El Patriarca y los otros caballeros de Athena miraron a los recién llegados con alivio, ya que habían estado muy preocupados por no haber tenido noticias de ellos, y al ver las armaduras regresar al Santuario sin sus dueños.

-Mu, chicos- dijo Shion, a la vez sorprendido y aliviado de ver a los santos a salvo- ¿qué fue lo que sucedió?-

Los recién llegados relataron al Patriarca y a los otros todo lo sucedido, incluyendo el hecho de que, al final, la armadura de Piscis se hizo presente y ayudó a Lydia a vencer a los enemigos.

-¿Y Athena?- preguntó Milo, alarmado cuando Shion les comentó lo que había ocurrido- ¿está bien?¿qué sucedió con ella?-

-Aún no ha despertado- dijo Shion- Shaka esta con ella, y dice que estará mejor-

-Creo que debería entregarle la esfera, para evitar más problemas.- dijo Lydia. Shion asintió- creo que no hay otro remedio. Necesito hablar con Saori. A solas-

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Villa de Athena

Saori se despertó por fin, con un fuerte dolor de cabeza. Parecía como si tuviera resaca de lo más espantosa. Abrió los ojos, y vio que había alguien con ella. Parpadeó para aclarar su visión, e hizo una mueca: no se encontró ni a Shion ni a alguno de sus caballeros. Era Lydia y, para su sorpresa, llevaba puesta la armadura de Piscis.

-Hola, Saori- dijo Lydia con una amplia sonrisa, un poco sarcástica para su gusto- espero que hayas tenido dulces sueños-

-Tenías que ser tú, Lydia. Creo que sigo teniendo una pesadilla- dijo Saori sarcásticamente, cubriéndose los ojos con uno de sus brazos. Lydia se echó a reír.

-Tenía que hablar contigo. Iré al grano- dijo Lydia, dejando de reír e intentando que su voz no denotara nada de amargura- ya sé que yo no te agrado ni un poco. Y tú nunca me has agradado a mí. Pero de verdad lamento mucho lo que ocurrió entre nosotras. Sé que estabas pensando en el bien de la humanidad, que tienes que proteger como Athena, y fui muy egoísta al querer quedármelo, a pesar del riesgo. Lo lamento-

Saori la miró.

-Definitivamente estoy soñando, porque la verdadera Lydia no se disculparía conmigo jamás- dijo Saori, sonriendo, pero después cambió su expresión a una preocupada- yo también lo siento mucho, Lydia. No debí encerrarte, o tratarte como lo hice, lo siento no sé que…-

-No fue tu culpa- dijo Lydia, interrumpiéndola- Shion me explicó lo que pasó. Todo fue culpa de mi… de lord Castlehaven, de Henry y de Emmanuele. Ellos te engañaron, igual que a mí-

-¿Cómo es posible que estés usando esa armadura?- preguntó Saori, pasando su atención del complot que habían sufrido al hecho de que Lydia tenía la armadura de Piscis- solo un santo con un cosmo muy poderoso podría llamar una armadura de oro-

-Eso me pregunté yo también- dijo Lydia, encogiéndose de hombros- Mu dijo que tengo el potencial de tener ese cosmo, ya que mis dos hermanos mayores son tus caballeros dorados-

Lydia sonrió, y Saori abrió los ojos desmesuradamente.

-¿Quieres decir que… Aioros y Aioria son tus…?- preguntó Saori, y Lydia asintió.

-Y también, creo que debo entregarte esto- dijo Lydia, quitándose la armadura de su brazo. Después encendió levemente su cosmo, y una esfera salió de su muñeca y cayó en las manos de Saori.

-Sé que harás buen uso de ella- dijo Lydia, sonriendo- bueno, me voy. Creo que Afrodita querrá que le devuelva su armadura. Nuevamente, lamento mucho todos los problemas que he causado-

Saori sonrió y, al ver que Lydia se retiraba, la llamó.

-Oye, Lydia, espera- dijo Saori, y la otra chica se volvió- quédate-

-¿Qué dices?- dijo Lydia.

-Quédate en el Santuario- dijo Saori- aprende a usar tu cosmo. Eres hermana de dos de los caballeros mas poderosos del Santuario. Tú podrás ser igual de poderosa que ellos-

Lydia la miró, apenada.

-No podría…- dijo Lydia.

-No me digas que tienes a que volver a Londres- dijo Saori en tono sarcástico, y Lydia hizo una mueca- vamos, Aioros y Aioria estarán encantados si lo haces. Y sospecho que Mu también-

Esta vez, Lydia se ruborizó, y Saori se echó a reír.

-De acuerdo. Me encantaría quedarme con ellos. Muchas gracias, Saori- dijo Lydia, y sonrió también- perdón, "Athena"-

Saori asintió, y se volvió a la puerta.

-Creo que querrás darles las noticias a los chicos- dijo Saori- que están pegados a la puerta escuchando nuestra conversación-

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CONTINUARÁ…

¡Hola! Lamento haberlos tenido en suspenso. Por fin hubo pataditas, y los hermanos dorados no se quedaron con las ganas de golpear gente. Hasta yo tenía ganas de golpearlos. El siguiente capítulo será el último de este fic. Muchas gracias por todos sus reviews. Nos leemos pronto.

Abby L.