Viviendo entre sombras
Capitulo 11: Ida y vuelta.
Por fortuna para Bulma, milagrosamente había logrado escapar de ese devastador derrumbe de edificaciones. Gracias a su ingeniosa idea de crearle un propulsor a su nave había pasado por entre las nubes de polvo, vidrio y humo grisáceo sin un solo rasguño. Lo que en aquel instante lamentaba era que tal combustión de gasolina la haya dejado con el tanque a duras penas. De ocurrir otro milagro y lograr también salir ilesa de entre las enormes manos de Nappa, su nave no resistiría demasiado tiempo en el aire y de igual manera se vería envuelta en un aterrizaje de emergencia.
A pesar de que intentó ofrecerle dinero a aquel gigante hombre calvo no fue suficiente. A través del parabrisas, Bulma podía observar perfectamente como una vena palpitante se asomaba en su sien, dándole un aspecto aún más horroroso del que ya tenía.
Lo peor llegó cuando aquel que parecía ser el líder le gritó al más grande:— ¡Déjate de juegos Nappa! ¡Acaba con ella de una buena vez! —Con lo divertido que parecía estar apenas segundos atrás.
Nappa se volvió a Vegeta y asintió, su acción siguiente sería la de acabar con la vida de la humana. Sin embargo Nappa no se sentía tan caritativo como para eliminarla en una simple explosión. Claro que no, esa humana sufriría por la humillación de la sangre Saiyajin.
Inmediatamente amplió su agarre hacia la nave, ante los confundidos ojos de Bulma que solo atinaba a agarrarse con fuerza de su asiento y cinturón de seguridad. Gracias al amplio torso y sobrehumanos brazos del Saiya, pudo sostener la aeronave por ambos lados laterales y se dispuso a continuar.
— ¿Qué estás haciendo? —Preguntó en voz baja Bulma mientras una mínima gota de sudor recorría su frente.
Nappa sonrió.— ¿No te das una idea? —Le contestó y ella quedó aún más extrañada, pero toda duda se borró cuando comenzó a oír los crujidos del metal a sus lados.
El saiya convertiría la nave en una simple esfera de metal, para luego arrojarla lo más lejos posible. La mujer no pudo contener los gritos, en un instante el vidrio frente a ella se había roto en mil pedazos y las paredes se acercaban peligrosamente a su cuerpo amenazando con aplastarla.
A un lado, Vegeta continuaba levitando de brazos cruzados. Era obvio que aquella humana lo tenía bien merecido por insultarlo, a pesar de que le pareció tan gracioso. Burlarse de Nappa, para él era rutinario.
— ¡Detente Vegeta! ¡Nappa!
El par se volteó y la peli azul agradeció al cielo por el respiro. Tal y como ella esperaba sus amigos habían llegado a escena.
Segundos atrás apreciaron la colosal caída de seis de los edificios más altos de la Capital del Sur, lo que obviamente los motivó a acelerar su marcha y el encontrar al más grande haciendo añicos una navecita terrícola no fue nada grato para ninguno.
— ¿¡Pero qué han hecho!? —Gritó Yamcha horrorizado por el desastre frente a sus narices.
Bulma reconoció la voz de aquel muchacho y sacó la cabeza por el nuevo orificio abierto que tenía su aeronave ante la sorprendida mirada de Nappa.
— ¡Yamcha! ¡Ayúdame, estoy aquí! —Gritó agitando uno de sus delgados brazos.
— ¿Bulma? —Dijo extrañado.
Tarble miró a la muchachita y quedo paralizado. Tanto Nappa como Vegeta se dispusieron a acabar con todo a su paso sin pensar en las consecuencias. El calvo sujetaba al único humano que le sería de utilidad en el planeta.
— ¡Suéltala, Nappa! —Le gritó acercándose. El aludido relajó su ceño y posición. Nuevamente su hermano mayor se interpuso y su discurso era obvio.— ¿Qué hacen aquí? Creí que mi plan era estúpido… ¿No ibas a enfrentar a Freezer en aquel planeta desolado? —Cuestionó el pequeño.
— Cambié de parecer —Respondió seco, ahora ausente de sonrisa.
— Bien… ¿Puedes—
— ¿Soltar a la hembra? —Interrumpió y el pequeño frente a él asintió algo apenado. Vegeta giró el rostro a Nappa y su media sonrisa regresó.— Suéltala, Nappa.
Y así lo hizo. El mayor soltó aquel objeto deforme al vació.
Los ojos de Tarble por poco se desorbitan al ver a la humana de cabellos azules caer a una velocidad impresionante, para seguramente impactarse contra el pavimento y ser reducida a una mancha más en el desastroso paisaje.
Los muchachos se apresuraron a tomar la nave antes de tocar al suelo, lo que no sería muy complicado considerando todo arduo entrenamiento que vivieron los meses anteriores.
El príncipe bajó la mirada a la escena en la que la joven peli azul abrazaba a su heroico novio y se sintió asqueado.
— ¿Eso pretendías? —Le dijo a su hermano menor sin mirarlo.
Bardock, quien se encontraba a unos metros de los demás no se inmutó al ver a Bulma caer. Pero sí se dispuso a interrumpir al verlo cuestionar otra vez a su colega.
— La hembra humana es una científica reconocida en este planeta. Le será de mucha utilidad a Tarble puesto que dispone de material y laboratorios. No interferimos por los humanos —Le dijo cortante sin quitarle la vista de encima.
Vegeta miró a su colocutor. Realmente estaba hastiado de que su hermano necesitara un traductor para dirigirse a él. Tarble estaba bastante consciente de lo mucho que le molestaría a su hermano las constantes intervenciones del veterano Saiyajin, pero también sabía que Bardock no soportaba ver que lo maltratara de esa manera. El príncipe mayor regresó la mirada a la mujer que ahora se elevaba abrazada del torso de un humano debilucho. Una vez a su altura la observó de arriba abajo e inevitablemente se ganó su mirada reprobatoria.
— Ni en tus sueños —Le dijo airosa la peli azul, respingando la nariz.
Vegeta gruñó y sin querer se ruborizo levemente.— Pesadillas, más bien. Humana vulgar —Contestó y se volteó nuevamente a su hermano.— ¿Esto es una científica? El coeficiente intelectual de los humanos ha de ser deplorable —Continuó molesto. Ese pequeño comentario de la hembra terrícola lo mortificó, quizá lo que más le molestó fue la desfachatez de decirlo en público y sin una pizca de vergüenza. Por mucho que le desorientó el comentario decidió obviar a la mujer humana y proseguir con lo que tenía en mente previo a todo aquello.— Nappa y yo entrenaremos. Tú busca la manera de comunicarte con los Saiyajins y disuadirlos de formar parte de la alianza de Freezer.
Del otro lado, aun en el aire Bulma seguía bastante molesta. La única razón por la que no continuó discutiendo con aquel hombre fue porque le interesaba conocer sus motivos para estar compartiendo el oxigeno con ellos en ese momento.
Nappa se acercó al grupo y su líder se giró a él.
— Larguémonos de aquí Nappa. No seguiré perdiendo el tiempo con los humanos, quiero comenzar a entrenar de inmediato —Como era de esperarse su vasallo siguió sus ordenes y luego de observar al más pequeño y hacerle una seña con la cabeza se retiró junto con Vegeta.
Bulma reunió aire en los pulmones lista para comentar sobre lo destruida que habían dejado la antes hermosa Capital del Sur, pero como Yamcha lo anticipaba se dispuso a cubrir su boca por segunda vez en el día. Vegeta le traía muy mala espina y no permitiría que la imprudencia de su novia le costara la vida.
Tarble respiró profundamente. Al igual que él sabía que no había tiempo que perder y mientras antes comenzara su tarea, mejor. Luego de un corto dialogo con Bulma, convinieron que lo mejor sería hablar tranquilos en Capsule Corporation. Sin más el grupo de guerreros se retiró tratando de no llamar demasiado la atención, cosa que no sería nada fácil después de la visita de Nappa y Vegeta.
Muy lejos de allí, una joven ama de casa y futura madre batía el contenido de una enorme hoya con el seño fruncido, minutos atrás se había arremangado las mangas lista para reivindicarse. Pero ahora estaba tan molesta que el agarre que le propiciaba a la cuchara era tan tenso que si alguien la sorprendiera por las espaldas, lo más probable era que aquel utensilio de madera se quebrara en la mitad.
Minutos atrás su esposo se había retirado por segunda vez en el día sin decir palabra alguna, al igual que su recién presentado suegro. Tras el par de desplantes que presentó en sus narices ella se giró a la cocina decidida de taparle la boca de exquisiteces, tal y como Goku las llamaba y que usualmente devoraba con tanto ímpetu. Pero luego de comenzar a traer la comida a la mesa notó que ya ninguno de los muchachos estaba en casa.
Negándole rotundamente la oportunidad de demostrarle lo bien que cuidaría de su hijo. Bardock se había marchado sin siquiera despedirse.
Milk solo continuó cocinando lo que le restaba para no desperdiciar nada pero lo más probable sería que al llegar su esposo se lo hiciera tragar a la fuerza.
La morena estaba tan molesta que no dejaba de insultarlo en sus pensamientos, tanto a él como a su orgulloso padre.
— Solo espera que llegues a casa querido —Susurró ensimismada en sus propios pensamientos.
Al llegar a Corporación Capsula, Bulma dirigió al grupo a la cocina para luego abrir la nevera y tomar una botella de agua. Rápidamente giró la tapa y tomó un sorbo apoyando una mano en la cadera acompañada de una expresión de molestia mezclada con fatiga en su rostro. Probablemente por haberse enfrentado con la muerte en tres ocasiones consecutivas en el mismo día. Cuando terminó de beber apoyó la botella plástica con violencia en el centro de la mesa que tenía frente a ella, haciendo que un par de gotas se desparramaran a su lado. A pesar de la curiosidad que Yamcha y Krilin sentían, notaron por la tajante actitud de su amiga que lo más apropiado sería no hacer demasiados comentarios. Goku se separó una silla y tomó asiento, esperando que el resto lo siguiera y así lo hicieron.
Bardock se acomodó junto a su líder. Le pareció que no necesitaba ninguna explicación sobre cómo se distribuía el poder en aquel planeta, al menos en el circulo social de su hijo, el poder de aquella mujer era indiscutible.
— ¿Alguien va a decirme exactamente qué demonios sucede? —Cuestionó en un alto tono de voz. Con un rápido y brusco movimiento apoyó las manos sobre la mesa y el resto de los hombres se hicieron levemente contra los respaldos de sus sillas.— ¡Exijo que me den una explicación del por qué un gorila casi me asesina!
Pasados unos segundos sin respuesta alguna, la mayoría volteó a Tarble, esperando que la misma explicación que se les había dado a ellos con anterioridad se le repitiera a la científica.
Una vez percibida por el príncipe, la oleada de miradas, tímidamente alzó su mano derecha casi como si pidiera el permiso para tomar la palabra. Bulma arqueó la espalda y se cruzó de brazos con el ceño fruncido. Por un segundo Tarble reconoció la misma actitud de su hermano mayor, copiada y modificada por la mujer, pero al sentir que él mismo divagaba en sus pensamientos agitó la cabeza y comenzó su relato.
— El hombre que te atacó es un Saiyajin, su nombre es Nappa y es un guardia de mi familia desde hace muchos años. El otro hombre es Vegeta… mi hermano.
Bulma arrastró una silla por el piso y la colocó a la cabecera de la mesa, uniéndose al resto para escuchar más cómodamente lo que aquel joven tenía para decirle.
— Mi planeta fue destruido por un ser llamado Freezer… Él traicionó nuestra alianza y sin que el resto de los de mi raza lo sepan, los esclavizará. Tengo entendido de que eres una de las científicas más reconocidas del planeta.
— La más inteligente del planeta —Corrigió ella.
Tarble titubeó ante la falta de modestia y prosiguió.— Yo… necesito que me facilites tus equipos para comunicarme con mis compatriotas. No seré ninguna molestia, cuando finalicemos nos largaremos de inmediato.
El resto giró el rostro y dirigieron la mirada a Bulma, quien luego de pasar los siguientes segundos en silencio deliberando mentalmente que sería lo más conveniente se decidió a compartirlo con el resto.
— Está bien. Puedes usar mi laboratorio y todo lo que necesites —Dijo y Bardock ladeó una sonrisa pensando que sin importar lo que ella decidiera, él le facilitaría los equipos necesarios al príncipe.— Sólo hay algo que debes saber —El par de Saiyas recién llegados la miraron con duda, expectantes a la próxima condición que les sería impuesta.— Yo trabajaré contigo, por lo poco que averigüé a través de Goku, su tecnología es de mayor nivel que la nuestra y es algo que me resulta realmente interesante.
Tarble fue tomado por sorpresa, aunque Bulma pudo sentirse identificada con el deseo a no ser sometido por otro ser, el príncipe no tenía manera de saber que una simple frase, cambiara por completo su opinión y al contrario de lo que se veía venir, hiciera que ella eligiera colaborar con su causa.
— Y pueden quedarse aquí en la Corporación, seguramente no tienen ningún lugar en donde pasar la noche. Hay suficientes habitaciones para todos —Acotó con una amplia sonrisa.
En ese instante también notó que a pesar de tener incorporadas en ella actitudes de su hermano, era completamente diferente a él.
El Saiya que portaba una cinta roja en la cabeza redirigió su mirada a su pequeño compañero de viaje. Tarble no vio inconveniente alguno. Por lo que había observado a su alrededor, de decidir quedarse allí disfrutaría de todas las comodidades y de un laboratorio al que aún le restaba echarle un vistazo.
— Estaríamos muy agradecidos —Culminó el pequeño príncipe. Aunque su compañero no estaba del todo conforme con la elección de palabras del otro, había deducido que era la mejor opción. Era más conveniente vivir dentro del laboratorio que dirigirse a él diariamente.
— Perfecto —Dijo la heredera. Su novio se reservó sus dudas en aquel instante. Muchas veces tenía la idea de que a pesar de ser sumamente inteligente, tenía la mala costumbre de tomar decisiones poco premeditadas y a su parecer absurdas.
Goku sonrió ampliamente después de oír las últimas palabras del par de herederos. Giró su torso levemente y miró a su padre.— Supongo que no me negarás la oportunidad de volver a entrenar.
Bardock ladeó una sonrisa. Aún con sus musculosos brazos cruzados, asintió recuperando su orgullo como padre y se levantó de su asiento.— ¿Empezamos?
— ¿Bromeas? Me muero de ganas.
— Creo que está demás decirles que vayan a un área desértica a pelear. Ya suficiente hicieron solo en un día —Dijo Bulma otra vez con el seño fruncido.
— No te preocupes Bulma, tendremos cuidado —Contestó risueño.
El más pequeño del grupo, vestido de un mono naranja estaba emocionado. Jamás imaginó que presenciaría como un ser aún más poderoso que su amigo Saiyajin se desempeñaba en batalla. Pidió tímidamente que se le diera la oportunidad de acompañarlos y luego de que ambos manifestaran sus nulas objeciones insistió al de cabello corto que se les uniera. A regañadientes los acompañó, pero mentalmente planeó un segundo destino. Una vez que la mayoría de hombres se retiraron de las instalaciones de Corporación Capsula, la peli azul creyó que era el momento adecuado para mostrarle cada rincón del laboratorio a Tarble.
Luego de darle un pequeño tour por la mansión, pasó junto a la ex oficina del líder de las fuerzas armadas, tan solo para recalcarle lo destruida que se encontraba actualmente y no exactamente por un sismo producto de un desastre natural. El príncipe solo resolvió sonrojarse. Ciertamente Bulma notó que el jovencito no era ninguna amenaza y le recordaba un poco a las viejas costumbres de su novio. Más que nada en la elusiva de contacto visual, las persistentes mejillas sonrojadas al verla acercarse y el ímpetu que manifestaba por evitar la cercanía física. No tardó mucho en adaptarse a todo aquello, que fue en un principio algo que llamó la atención de sus ojos hacia Yamcha.
Mientras caminaba por un corredor subterráneo en el que se conservaba la nave espacial creada para la Red Ribbon, Bulma se tomó la libertad de observar las similitudes entre él y su amigo Goku. Aparentemente, al menos en los machos de su especie el cabello oscuro, negro azabache, además de los ojos y tonalidad de piel, eran una característica propia de la especie. También notó que sus ojos eran similares a los de Goku, pero en los momentos en los que se encontraba más determinado era cuando adaptaba la mirada firme de su hermano mayor. Aquel que había tenido el infortunio de conocer.
Luego de contados segundos en silencio, el príncipe sintió sobre sí la persistente mirada de la mujer. Se volteó levemente y ella no desvió la vista de su cuerpo. Al contrario, no se inmutó, como si no estuviese haciendo nada fuera de lugar.
Tarble volvió la mirada al frente algo inquietado. Entendía perfectamente la curiosidad que ella tenía, y en cierta forma la compartía. Ambos eran reconocidos científicos en sus respectivos planetas. La única diferencia era que para los Saiyajins la ciencia no era la fuente de nada significativo.
— ¿Hay mujeres en tu planeta? —Preguntó ella retornando la vista al largo corredor.
— S-sí —Contestó un tanto nervioso por no saber cómo continuar la conversación.— Creo que la única diferencia anatómica entre las mujeres de la Tierra y las mujeres Saiyajin es la cola… y tal vez el color de cabello.
— Vaya, quién lo diría. Siempre dudé que fuésemos la única especie inteligente del universo, pero jamás imaginé algo así.
Tarble no estaba acostumbrado a llevar conversaciones con hembras. La única con la que se relacionó fue su madre y su relación solo era cordial.
Por alguna razón Tarble no se acostumbraba a la personalidad cambiante de Bulma y durante todo el tiempo que compartía con ella sus sentidos estaban en alerta.
Para ella era totalmente lo contrario, sin conocerlo lo trató como un miembro de su familia y no se reservó comentario, ni pregunta alguna.
Gracias a su gran altura, pudo percibir el movimiento de un animal a su alrededor. A unos setenta metros, una gacela corrió entre un par de árboles para luego caer moribunda al suelo con los ojos entrecerrados.
Nappa caminó por entre los arbustos y con un movimiento de su mano, acabó luego de agacharse, con la vida de aquel animal inocente.
— Más te vale que sea comestible —Le dijo su líder desde atrás, observando con soberbia a la moribunda gacela— No puedo contar con una sola mano la cantidad de animalejos desagradables que pretendiste poner en mi plato —Agregó recordándole todas aquellas ocasiones en las que después de abrir el estomago de alguna criatura, algún acido desconocido y de aroma putrefacto se escurriera de allí y derritiera algunos objetos a su alrededor. Sin contar el millón de veces en las que el gusto de la fiera fuera vomitivo y Vegeta se rehusara a comerlo.
Por fortuna para el hambriento príncipe Vegeta, las gacelas resultaban ser tiernas y sabrosas al paladar Saiya.
Mientras el más bajo disfrutaba de su cena, el de mayor altura buscaba con su radar al joven Tarble lo más disimuladamente posible. Al parecer el pequeño heredero se encontraba solo, su vigía Bardock se había marchado junto a su hijo Kakarotto. Nappa desde luego aborreció el accionar del veterano de guerra, puesto que él siempre se encontraba cerca en caso de alguna emergencia. El enorme calvo miraba no muy satisfecho por el rabillo del ojo en la dirección en la que se encontraba el heredero cuando repentinamente sintió un intenso calor sobre su ojo izquierdo, en conjunto con ello el estridente sonido de una explosión y un ardor punzante en el rostro.
— ¡Ahh! —Gritó y cubrió su rostro con sus enormes manos.
— ¿Me crees idiota? —Le dijo Vegeta, sin mirarlo— Deja de preocuparte de una maldita vez, ya no es tu tarea.
Nappa aún cubría su rostro, al quitar su mano de encima se podía ver claramente la inflamación y el color rojizo del que se tornó de inmediato.
— ¿¡Por qué hiciste eso!? —Renegó el mayor.
— Tú no estás aquí para ser su niñera. Si él quiere una ya tiene a Bardock para ello. Y al parecer disfruta mucho de ese deber —Acompañó su última frase con una media sonrisa burlona, para después continuar comiendo. Su subordinado estaba rojo no solo por la irritación que le dejó la explosión en la piel, sino también por el cólera que le causaba muchas veces Vegeta. Pero finalmente siempre terminaba aceptando el trato denigrante que se le brindaba reservándose toda objeción.
Luego de eso Vegeta se mantuvo el resto del tiempo deliberando fríamente sus siguientes pasos tal y como lo había hecho antes de llegar al planeta.
El plan consistía netamente en volverse lo más fuerte posible, sin creer posible que él entre los demás Saiyajins poseyera un límite… pero luego recordó que Tarble se encargaría de comunicarse con el resto de los de su raza para disuadirlos que unirse a Freezer. Razón por la cual era de suma importancia no destruir ni tocar el núcleo de la Tierra en pleno entrenamiento. Obvia traba para desempeñarse en todo su potencial.
Vegeta se dijo mentalmente que quizás todo aquel viaje, al menos para él y Nappa había resultado en una brutal pérdida de tiempo.
— Creo que deberíamos buscar otro planeta para entrenar libremente —Sentenció decidido luego de arrojar al suelo los restos de alimento.
— No tenemos combustible.
— ¿¡Qué!? ¿A qué te refieres con que "no tenemos"? ¿Te atreves a decirme que fuiste tan incompetente como para no cargarnos lo suficiente? —Nappa dudó de su respuesta por un leve instante, pero el príncipe estaba tan exaltado que continuó.— Entonces tomaremos el de las naves de Tarble y Bardock. Quizá de esa forma por fin me libere de esa carga —Solucionó aún un tanto perturbado.
— No creo que sea posible.
— ¿De qué hablas?
— Al salir de Vegetasei, nuestras naves fueron cargadas de combustible suficiente solo para la ida y la vuelta… No pensamos que fuera necesario más que eso, además—
— Corrección Nappa, no pensaron en absoluto ¿Y qué hay si hubiese surgido alguna eventualidad en el camino y necesitara de más? ¿Eh? ¿Dejarían a la realeza varada en un maldito planetucho del demonio?
— Tienes razón —Contestó sumiso aún con su ojo izquierdo enrojecido.
— Por supuesto que la tengo. No hacen falta tus acotaciones inútiles —Sentenció molesto— Seguramente la humana histérica que casi matas debe tener algo que nos sirva.
— Probablemente… —Agregó sobando su globo ocular.
— Bien. Será mejor buscarlo —Sin darse cuenta esperó a que Nappa buscara su localización pero luego de un par de segundos se volvió a mirarlo y recordó que había hecho explotar su rastreador no hace mucho tiempo. No pudo evitar reír, aunque casi reprimiéndose. Nuevamente alzó la mirada y lo buscó. La capital del Oeste se encontraba bastante alejada de él y su agredido compañero, pero sabía bien que no deseaba desperdiciar más tiempo del que ya había malgastado hasta ese instante. Nappa siguió inmediatamente a Vegeta quien se había marchado sin decir palabra alguna e igualó su impresionante velocidad.
En Corporación Capsula Bulma proseguía correctamente su tour por cada una de las instalaciones. Una vez llegados a el puente de aterrizaje subterráneo narró la serie de sucesos ocurridos del por qué y para que se creó cada objeto allí dentro, habló de todos excepto de una habitación que se encontraba un tanto alejada de ellos, totalmente vacía y cuyo interior se podía visualizar gracias a un vidrio de enormes proporciones.
— Mi padre y yo estamos intentando modificar los comandos de vuelo y las proporciones de esta capsula —Decía Bulma mientras Tarble se volteaba a la habitación vacía. La mujer no tardó en notar la manera en la que el príncipe observaba por el rabillo del ojo.— ¿Eso? Es una habitación que tiene la capacidad de manipular la gravedad, Goku la utilizaba de vez en cuando pero a Milk le molestaba mucho que viniera tan seguido. Desde entonces está allí abandonada.
Tarble se sorprendió al escucharla, descubrió entonces lo inteligente que en realidad resultaba ser esa hembra humana. La mayoría de las tecnologías tan avanzadas que utilizaban los Saiyajins era robada de otros planetas o creación de científicos secuestrados. En cambio cada uno de los inventos u descubrimientos científicos era llevado a cabo personalmente por Bulma y su padre, el Sr. Briefs.
— ¿Tú la hiciste?
— Sí, mi papá y yo nos tomamos mucho tiempo para construirla. Es una pena que Goku no pueda utilizarla —Comentó frunciendo el ceño y apoyando los puños en la cadera. En muchas ocasiones le indignaba mucho la manera en la que su mujer lo celaba de ella.— Esa mujer puede ser un gran dolor de cabeza, y desde que está esperando un hijo las hormonas la tienen más loca que de costumbre.
— ¿Qué hace aquí? —Se autocuestionó el pequeño Saiya. Al observar que su scooter le señalaba a su hermano a pocos metros— Mi hermano —Susurró y al oírlo, la muchacha de cabellos azules miró por sobre su hombro y luego se giró.
— ¿Disculpa?
Tarble salió disparando a su encuentro. Sabía perfectamente que de no encontrarlo se improvisaría una entrada fuere donde fuere.
Bulma lo observó poner una expresión de sorpresa y de inmediato retirarse.— Oye ¿A dónde vas? —Le preguntó y él no se molestó en contestar.— ¡Hey! ¡Te estoy hablando! ¡Regresa aquí! —Y como era tan esperado y propio de ella marchó inmediatamente detrás de él reclamándole haberla dejado a solas totalmente irritada.
Era obvio que Tarble no se destacaba por su fuerza ni habilidades físicas entre los de su especie, pero como humano era bastante resistente y rápido. Razón por la cual resultó de gran dificultad para Bulma seguirle el paso.
A las afueras de la Corporación Capsula, Vegeta esbozaba una extraña expresión. Al llegar fueron recibidos por una atractiva rubia de ojos celestes que portaba en su mano derecha una bandeja bien abastecida de bocadillos.
— Vaya, hoy en día esos trajes ajustados están de moda entre los jóvenes —Comentó risueña la molesta hembra humana.— Qué grandes músculos tienes muchacho ¿Te gustaría salir conmigo? —Preguntó a Nappa, quien transpiraba gotas de sudor frío. El momento más incomodo llegó cuando sintió el hombro desnudo de la terrícola apoyarse contra su brazo mientras soltaba elogio tras elogio.
Vegeta arqueó una ceja y la comisura de su boca estaba arqueada de una manera en la que se podían apreciar un par de sus blancos dientes. Realmente creyó haber conocido a la mujer más vulgar en ese instante en el que Bulma lo despreció sin haberse él insinuado. Pero cambió de opinión cuando oyó la sarta de frases desvergonzadas de la señora Briefs. Aquella mujer la superó por mucho.
— Qué atractivos son los dos. Ustedes deben ser amigos del apuesto Goku. ¿Gustan un pastelillo? —Ninguno de los dos sabía cómo reaccionar con exactitud a la rebosante amabilidad de la mujer.
A cada frase, los Saiyas solo resolvían alejarse un paso más atrás. Paso que la rubia hacía hacia delante cada dos segundos disminuyendo la cercanía de sus cuerpos. La extrañamente amable mujer estaba cavando su propia tumba, solo que los Saiyas jamás habían sido tratados de aquel modo y no sabían si interpretarlo como una gigantesca falta de respeto, o si se encontraban frente a una criatura que mentalmente hablando, no era del todo cuerda. De cualquier manera la señora B. se había pasado totalmente de la raya.
— ¡Mamá! ¿¡Qué haces!? —Le gritó la segunda mujer más vulgar de la Tierra.
— Hermano… —Se oyó de la boca del príncipe que recobraba de a poco el aliento.
— Sólo le doy la bienvenida a estos apuestos caballeros —Contestó girándose por completo con los ojos cerrados.
— Debí suponer que ésa humana estaría de algún modo emparentada con ésta loca —Dijo Vegeta aún sorprendido por el comportamiento de la hembra terrícola.
Bulma frunció el ceño e inclinó su torso para dirigirle una mirada despectiva mientras su progenitora le brindaba a ella su tan característica sonrisa perpetua.
— ¿Apuestos caballeros? ¡Ay mamá! A ese enorme primate solo le falta el pelo para ser un gorila.
Tarble veía venir una tormenta. Desde el incidente con el scooter, Nappa estaba buscando la manera de liberar su ira y Bulma parecía estarle dando una mano.
Del otro lado Vegeta arqueó una sonrisa pensando tanto en lo susceptible que había resultado ser Nappa y en que si la vulgar humana lo viese transformado en Oozaru tal vez no le haría tanta gracia compararlo con un gorila.
— Pero hija ¿No te gustaría salir con el más pequeño?
— Humpf!
— ¿¡Qué!?
— Sí, yo saldré con el más alto y tú con el pequeño, será una cita doble ¿No crees que harían una muy linda pareja?
— ¡Já! —Rió Vegeta a su espalda— La única manera posible en la que yo llegara a tocar a su vulgar hija, sería para ahorcarla. No me inspira otros fines —Culminando con su típica sonrisa ladeada.
— ¿¡Qué estás diciendo mamá!? Yo ya tengo un novio y no resulta ser exactamente un asesino a sangre fría.
Nappa y Tarble se encontraron aún más desconcertados que antes al presenciar la tan absurda discusión. Cuando el príncipe notó las miradas confusas de los Saiyas junto a él, se ruborizó levemente avergonzado por su participación.
— ¡Ya basta de idioteces! —Gritó de inmediato apretando los puños— ¡Tú! Humana desagradable, nos darás combustible para nuestras naves, tengo una enorme urgencia por salir de este planeta.
Bulma se infló de coraje, totalmente indignada al verse siendo exigida por un hombre del que solo sabía el nombre.— ¿Yo? ¿Y desde cuando yo acepto ordenes tuyas? —El más joven de ambos príncipes abrió los ojos sumamente sorprendido. El guardia contuvo el aliento puesto que era la primera vez en la que alguien tan débil como era ella se atrevía a dirigirse a él en ese tono y forma. Seguramente le quedarían pocos segundos de vida.
— ¿Qué dijiste? —Preguntó Vegeta alzando una ceja.
— Óyeme bien, ya suficiente tiempo pasé siguiendo órdenes —Comenzó acercándose con las manos en la cadera— No estoy dispuesta a dejar que vuelva a suceder, y de cualquier forma si yo llegase a acceder a tus exigencias ¿Crees que tu nave funcionaría con el combustible de la Tierra? Ni siquiera debes tener una respuesta para ello ¿O no?
Vegeta se quedó mudo. Jamás en su vida alguien había puesto en dudas sus palabras y mucho menos evidenciarlo estando equivocado. Tarble envidio la valentía de Bulma, identifico en ella esa característica que tanto le hacía falta a él, el coraje de decir lo que haya en su mente sin importarle las consecuencias. Por un instante Vegeta se quedó sin respuesta, seguramente el ímpetu de la mujer lo había tomado por sorpresa.
— Ya sí me traes la nave, yo podría echarle un vistazo —Agregó ya más serena apoyando su peso sobre una pierna y cruzando los brazos. Con la punta de su dedo índice acarició su labio inferior y miró el cielo, seguramente pensando diferentes maneras de averiguar a base de qué tipo de combustible trabaja su tecnología.
Aunque el príncipe mayor seguía aún un tanto disperso, la desconcertante actuación de la peli azul lo confundió de tal manera que solo podía atinar a mirarla con una ceja alzada, mientras en su mente las teorías sobre por qué ella se comportaba así se reproducían.
La científica no era ninguna tonta, después de terminado su eufórico despliegue de orgullo, la idea de explorar la nave que en un momento del pasado había destruido avasalló su discurso de indignación. Sin que nadie lo notara mordió su lengua antes de proseguir burlándose de la inteligencia de Vegeta y se ofreció lo más actuadamente posible a ayudarlos.
El segundo heredero al trono Saiyajin tecleó rápidamente los interruptores correspondientes en su scooter y no muy lejos de allí, la nave en la que llegó cerró su compuerta ante los sorprendidos ojos de los curiosos terrícolas que rondaban los alrededores y se alejó en cuestión de un parpadeo. Prácticamente tomó el tiempo en el que Bulma soltara el agarre de sus brazos para pasarlos a la cadera, para que la nave de Tarble se desplomara junto a ellos. Ya que la distancia que la pequeña nave recorrió para llegar allí no era ni remotamente tan grande como la que recorrió antes de llegar, el impacto no fue tan devastador, pero sí logró incrustarse en el perfectamente podado césped del patio trasero de la Capsule Corporation y levantar una polvareda. Bulma cubrió su cabeza y se agachó asustada gritando. A su madre se le desparramó la bandeja de bocadillos dulces en el piso y uno de los pastelillos que ofrecía comúnmente rodó hasta tocar la punta de la bota de Nappa. Tanto él como su líder seguían erguidos como en un principio, solo Tarble se cubrió y flexionó levemente las rodillas, pero a diferencia de los demás él esperaba que llegara la nave. Luego de que la polvareda se dispersara, la peli azul se incorporó sobre sus piernas y miró a su izquierda. No solo había destruido un ala importante de la Corporación la primera vez, sino que ahora su patio trasero tenía incrustado un transporte espacial.
Si bien Bulma se reprochó muchas veces el haber destruido la nave original de Goku, el deseo de explorar las del resto no logró reprimir los reproches que se le vinieron a la cabeza.
— ¿¡Por qué diablos no me avisaste que harías eso!? ¡Me pude haber muerto de un susto! —El aludido solo intentó complacer sus deseos antes de que Vegeta optara por matarla. Y también pensó que en realidad jamás había oído hablar de "morir por un susto", no era una expresión que un Saiyajin llegaría a usar nunca.
— Lo siento mucho, no fue mi intención.
— ¡Bien! Tendré que traer a un par de robots a cargarla hasta el laboratorio —Los otros dos Saiyas guardaron silencio, la volatilidad de la mujer aún los tenía sorprendidos por los que se mantuvieron al margen.
Luego de que ella presionara un par de botones a una especie de control de remoto de sirvientes metálicos, una serie de pequeños robots se colocaron a los lados del objeto incrustado en el patio y lo levantaron del suelo. La señora Briefs se escuchaba por lo bajo, susurrando frases tales como "¡Oh santo cielo!" o "¡Dios mío!" mientras levantaba del piso los pastelillos arruinados.
Nappa y Vegeta se sentían en una casa de locos, Bulma caminaba detrás de su sequito de miniaturas y Tarble la seguía pasando la mirada entre ella, su hermano y escolta sin saber que esperar de todo aquello.
Al pasar el umbral de la entrada principal, Bulma ordenó posicionar el objeto sobre una mesa resistente para que posteriormente se la fijara con un par de soportes.
— No debe tomarte mucho tiempo —Ordenó Vegeta reincorporando sus demandantes modos.
— No lo hará, solo me tomara unos minutos ver a base de que funciona —Contestó despreocupada, observando como lentamente se abría la compuerta y luego se aventuró "en cuatro patas" a su interior.— Una vez que tenga todo confirmado, será solo cuestión de conseguir el combustible apropiado.
Los soldados giraron la mirada al encontrar a la científica en una posición no muy respetable. Tarble se sonrojó y dirigió la vista al suelo. Tanto Nappa como Vegeta no podían detener su pensamiento de "vulgaridad de la hembra" y el tercero en que la mujer se reivindicara pronto con su inteligencia.
El príncipe primero al trono, se arrepintió mentalmente de su llegada a la Tierra. Era seguro que tras la recarga de combustible de su nave se marcharía lo antes posible y más lejos posible de todo aquel ambiente bizarro. Ilusiones que fueron destruidas cuando la hembra asomó la cabeza y lo miró con un aire desanimado.
— Como esperaba no es el mismo que utilizamos aquí, me tomará un tiempo investigarlo y volverlo a crear para ustedes.
— ¿De cuánto tiempo hablamos? —Contestó el seriamente.
— Un par de semanas.
Vegeta cerró los parpados y gruñó, no era posible que todo estuviese saliendo tan mal. — Bien —Prosiguió— Pero hazlo lo antes posible o destruiré todo este maldito planeta.
Bulma no cambió su expresión, sabía bien que ese hombre solo fanfarroneaba por que de llegar a destruir el planeta ¿En qué nave huiría?
— No te preocupes pequeño, te la tendré lista en dos semanas —Le dijo sonriendo y concluyó con un provocativo guiño.
Nappa se horrorizó al ver nuevamente la desfachatez de la científica. Tarble respiró hondo y otra vez apartó la vista. Vegeta se estremeció y volteó el rostro a un rincón.
— Será mejor que así sea —Concluyó con un leve rubor en las mejillas.
Continuará…
