Capítulo 11

Elizabeth miró a su tía boquiabierta. Y es que, por primera vez en mucho tiempo, no sabía qué decir.

— ¿A qué te refieres? – preguntó Elizabeth.

— No hay más que una posible interpretación para mi pregunta, Lizzy. — dijo su tía divertida.

— ¿Qué clase de relación tendría con el Sr. Darcy? – preguntó Elizabeth, intentando sonar extremadamente sorprendida. – Es el amigo de mi cuñado.

La Sra. Gardiner la miró con una sonrisa comprensiva y maternal. — Lizzy, te conozco desde que estabas en el vientre de tu madre, y sabes de sobra que eres mi sobrina favorita. Sé cuándo estás mintiendo.

— No sé a qué te refieres, tía.

— Me refiero a que el Sr. Darcy y tú os miráis el uno al otro como algo más que meros conocidos. — expuso su tía.

Elizabeth miró fijamente a su tía y, finalmente, se dio por vencida. No tenía sentido intentar seguir negándolo cuando su tía obviamente ya tenía más que una mera sospecha. En definitiva, negarlo solo llevaría a más problemas, sobre todo de cara al futuro, cuando su relación con Darcy saliera a la luz.

— ¿Tan obvio es? — preguntó Elizabeth cabizbaja.

— Bastante. — contestó su tía divertida. — Ayer invitaste emocionada al Sr. Darcy a tomar el té. Hoy, de camino a Pemberley, estabas muy nerviosa, y cuando mencioné al Sr. Darcy, su casa y su futura esposa no dijiste nada. – expuso la Sra. Gardiner. – Por no hablar de lo bien que os lo pasasteis hoy patinando.

— Ya veo. — dijo Elizabeth resignada.

— Lizzy, ya eres lo suficiente mayor y madura para tomar tus propias decisiones y elegir con quién mantienes una relación y cómo la llevas a cabo. — expuso la Sra. Gardiner. — Además, no me voy a enfadar por que estés enamorada de un hombre como el Sr. Darcy.

— Por cómo hablaste de él ayer, ya se notaba que lo tienes en mucha estima.

— Oh, por supuesto que lo tengo. — asintió su tía. — Después de cómo nos trató las veces que estuvimos en Pemberley y lo que hizo por nuestra familia… es imposible ponerle tacha.

— Eso me alegra. —dijo Elizabeth con una pequeña sonrisa.

Elizabeth se dio cuenta entonces que no tenía tampoco sentido ocultarle por más tiempo su verdadera situación con Darcy.

— Lo cierto es que el Sr. Darcy y yo estamos comprometidos. – dijo Elizabeth finalmente.

— Me lo imaginaba. – dijo la Sra. Gardiner. – Lo que no entiendo es cómo pudisteis reanudar vuestra relación estando tan lejos.

Entonces Elizabeth pasó a contarle cómo, después de haber conocido la verdad sobre la situación de Lydia, le había escrito a Darcy con el propósito de buscar su perdón y darle las gracias que su familia no podía ofrecerle. Todo ello había dado lugar a una correspondencia prolongada en el tiempo, y en la que habían llegado a declarar sus sentimientos hasta alcanzar su situación actual.

— Debo decir que es una historia digna de una novela romántica. — dijo la Sra. Gardiner entretenida.

— Oh, tía, no me tomes el pelo. — protestó Elizabeth, ligeramente sonrojada.

La Sra. Gardiner parecía pensativa hasta que por fin habló. — ¿Y por qué lo habéis mantenido en secreto? El Sr. Darcy no es un partido con el que creo que vayas a tener problemas de cara a la familia. De hecho, ya conoces a tu madre, estará eufórica.

— Oh, no ha sido por eso. — confirmó Elizabeth. — Como te he contado, todo ha resultado muy repentino, y estábamos comprometidos sin ni siquiera habernos visto de nuevo. Luego vino vuestra sugerencia de viajar…

— Entiendo. — dijo su tía simplemente. — Tú tío y yo podemos guardar el secreto hasta que volvamos a Longbourn, pero entonces se lo tendrás que contar a tus padres.

— Esa era nuestra idea. — dijo Elizabeth aliviada. — Muchas gracias, tía. Sé que esta situación no es muy ortodoxa…

— Lizzy, lo que me importa es que seas feliz, y creo adivinar que con el Sr. Darcy eso no será un problema, así que no tendría por qué oponerme. — finalizó la Sra. Gardiner con una sonrisa maternal.

Elizabeth durmió aquella noche más tranquila, sabiendo que podía confiar en sus tíos para guardar el secreto. Por otra parte, se preguntaba si esto significaría que podría visitar Pemberley más a menudo o todo lo contrario. Eso lo tendría que hablar con sus tíos.

A la mañana siguiente, cuando Elizabeth se levantó, sus tíos ya estaban desayunando. Ambos la saludaron con una sonrisa y la invitaron a unirse al festín.

— Mi familia en Lambton nos ha invitado a pasar unos días en su casa. — dijo la Sra. Gardiner emocionada. — Así podré enseñarte el lugar donde me crie.

— Seguro que es precioso. — dijo Elizabeth, contagiada por la felicidad de su tía. Aunque, de pronto, las palabras escuchadas calaron en su mente. — ¿Quiere decir que dormiremos allí?

— Sí, así, es. Sería un estorbo tener que ir y venir, ya que hay una hora de viaje en carruaje. — dijo su tía.

Elizabeth asintió brevemente, consciente de que no debía parecer triste o molesta delante de sus tíos. Después de todo, había podido viajar varias veces a lo largo de su vida gracias a ellos, y esta no era una excepción. Si no hubiera sido por ellos, nunca habría salido de Longbourn. Por ora parte, ahora estaban siendo muy comprensivos con su relación con Darcy.

— Lizzy, deja de darle vueltas a la cabeza. — dijo el Sr. Gardiner entretenido. — El Sr. Darcy, estará esperándote cuando regresemos.

— ¡Oh, tío! — dijo Elizabeth sonrojada, aunque también entretenida por la ocurrencia del hombre.

— Sé que lo que más desearías es ver más a menudo a tu prometido, pro dado que no lo es oficialmente, resultaría extraño aparecer todas ls tardes en la casa. — expuso la Sra. Gardiner.

— Lo sé, tía, lo sé. — aseguró Elizabeth. — Pero ya sabes que lo que impone la sociedad y lo que uno quiere no siempre coinciden.

— Paciencia, Lizzy. — la calmó su tía. — Pronto la sociedad no tendrá nada que objetar cuando estéis juntos.

Cuando acabaron de desayunar, Elizabeth informó a sus tíos de que enviaría una nota a Darcy para informarle de su partida, con el fin de que no se preocupara. Sus tíos estuvieron de acuerdo y la dejaron a solas en la sala común.

William,

Como sospechaba ayer mientras patinábamos, mi tía nos ha descubierto, así que he tenido que acabar contándole todo. No te preocupes, sabes que son las personas en las que más confío en este mundo, y mi tía ha consentido esperar hasta que lo queramos contar después de las Navidades.

La familia de la Sra. Gardiner en Lambtom nos ha invitado a pasar unos días en su casa, así que no estaremos por la zona. Intentaré escribirte lo antes que pueda para informarte de nuestro regreso.

Ya cuento las horas…

E.B.

Los Gardiner y Elizabeth partieron aquella mañana de camino a Lambton. Aunque triste por no poder a su prometido en unos días, Elizabeth también estaba contenta por poder viajar y descubrir nuevos lugares.

Durante el trayecto en carruaje, aprovechó para leer una carta que le acaba de llegar de parte de Mary,

Querida Lizzy,

Espero que lo estés pasando por Derbyshire tan bien como me imagino. Por casa todo sigue igual, aunque un poco más aburrido, dado que no estás. Mamá está incansable porque ya se acercan las navidades, y ya sabes cómo se pone con los preparativos. Por otra parte, papá parecer haber cogido un resfriado. Lleva varios días tosiendo, aunque nos ha pedido que no llamemos al médico, ya que dice que es un simple catarro.

Por otra parte, quería contarte que el Sr. Johnson ha estado viniendo más a menudo a visitarnos a Longbourn y, finalmente, ayer pidió permiso a papá para verme formalmente. ¡No sabes lo feliz que soy ahora mismo, Lizzy!

Espero que pasen pronto los días para que vuelvas y me cuentes todo sobre tu viaje…

Cuídate mucho,

Mary Bennet

Elizabeth sonrió complacida al acabar de leer la carta. Parecía que todo iba bien. Sus padres seguían como siempre, aunque con algún pequeño catarro, y Mary por fin parecía haber encontrado la felicidad. Por ello, a pesar de su repentina partida de Matlock, no podía pasar más tiempo entristecida.

La familia de la Sra. Gardiner resultó ser muy agradable y acogedora. Elizabeth pudo conocer a la hermana mayor de su tía y al marido de esta, que ya vivían solos, dado que sus hijos tenían sus propias familias.

Tras acomodarse en las habitaciones asignadas, los tres fueron invitados a tomar el almuerzo, antes de ser guiados por sus anfitriones a conocer el pequeño pueblo de Lambton.

Elizabeth, a pesar de echar de menos a Darcy, finalmente no pudo evitar disfrutar de la visita, gracias no solo a la familia de su tía, sino también a la belleza el terreno que les rodeaba. Sus tíos, encantados con la visita y contando con el beneplácito de sus anfitriones, decidieron quedarse dos días más.

Elizabeth pidió a su tía ayuda para informar de sus planes a Darcy. La Sra. Gardiner solicitó a su vez a su hermana los servicios del mensajero de la casa para enviar una carta a un conocido.

En ese momento, cuando Elizabeth se disponía a escribir, su tía llamó a la puerta.

— Lizzy, quería hablar contigo.

Elizabeth la invitó a pasar y sentarse en el butacón libre de su habitación.

— Pasado mañana es el último día que nos quedaremos aquí, como sabes. — comenzó la Sra. Gardiner.

— ¿Ocurre algo? — preguntó Elizabeth preocupada.

— Mi hermana y yo hemos hablado de ir a hacer una visita a la tumba de nuestra madre, ya que hace más de una década que no vamos juntas. — dijo la Sra. Gardiner. — El lugar está a una hora en carruaje, por lo que pasaremos la mayor parte del día allí.

— ¿Vais a ir las dos solas? — preguntó Elizabeth.

— Ahí quería ir a parar. — dijo la Sra. Garciner. — En efecto, queremos ir solas, así que el tío y el marido e mi hermana van a pasar el día cazando, por lo que te quedarías aquí sola.

— Oh, no te preocupes, tía. Sabes que me gusta la soledad. — le aseguró Elizabeth.

— Pues, ya que te quedarías sola, he pensado que quizás querrías volver un día antes a Matlock.

— Oh. — contestó Elizabeth, sin palabras.

Su tía sonrió ante su estupefacción. — Irías en nuestro carruaje y luego este regresaría para llevarnos a nosotros al día siguiente. Confío en que, siendo una persona racional y responsable como eres, no debemos preocuparnos de nada. — dijo la Sra. Gardiner, elevando una ceja en señal de advertencia.

— Claro que no, tía. — dijo Elizabeth sonrojada, dada la implicación de su sentencia.

— Entonces todo en orden. — dijo su tía mientras se levantaba y se dirigía a la puerta. — Por cierto, Lizzy.

— ¿Sí? — preguntó ella.

— Exigirte acciones racionales y responsables tampoco quiere decir que te quedes todo el día en la posada. — dijo la Sra. Gardiner, que con un guiño de ojo a su sobrina favorita desapareció de su vista.

Con esta nueva información en mente, Elizabeth sonrió para sí y decidió retrasar el envío de las buenas nuevas a Pemberley. Fue la tarde antes de partir hacia Matlock cuando finalmente decidió escribir una nota corta pero concisa a su prometido.

William,

Mañana te espero en la cabaña a la hora del almuerzo.

E.B.

PD. Que no se te olvide encargar a la Sra. Reynolds el delicioso hojaldre que hace la cocinera de Pemberley o no tendrás más prometida.

La mañana de partir hacia Matlock por fin había llegado. Con una hora de camino por delante, Elizabeth decidió pasar su tiempo leyendo, ya que estaba demasiado ansiosa por llegar. Cuando alcanzaron el pueblo, ordenó al cochero dejar su baúl en la posada, alegando que había quedado con una amiga y no quería llegar tarde.

Así fue cómo se encaminó a la cabaña de Darcy, llave en mano. Como tenía previsto, llegó con media hora de antelación, así que le dio tiempo a colocar la mesa para comer y adecentar un poco el lugar.

Cuando faltaban cinco minutos para el mediodía, oyó a lo lejos el trote de un caballo. Emocionada, aunque cautelosa, esperó dentro de la casa, mirando de reojo por una de las ventanas. Unos minutos más tarde, oyó cómo alguien metía la llave en la cerradura para abrir la puerta.

Su prometido apareció entonces en todo su esplendor, ataviado con un traje azul oscuro que complementaban sus ojos. Emocionada, Elizabeth se levantó del sofá repentinamente y corrió a los brazos de Darcy.

— ¿Y esta cita tan repentina? No es una queja. — clarificó Darcy.

— Digamos que mi tía es una santa. — dijo Elizabeth riendo. — Luego te cuento.

Ambos se dirigieron al sofá y se acomodaron. Darcy había traído de nuevo una selección de comidas variadas para almorzar.

— Que sepas que la Sra. Reynolds me ha mirado con expresión muy extraña por culpa tuya. — protestó Darcy, intentando parecer ofendido.

— ¿Por qué? — preguntó Elizabeth extrañada.

— Porque nunca he sido una persona muy golosa, en cambio, le he solicitado encarecidamente hojaldre.

Elizabeth se echó entonces a reír. — Es lo que tiene el amor, uno hace cosas que nunca pensó que llegaría a hacer. — dijo Elizabeth de forma dramática.

— ¿Qué será lo próximo? — preguntó Darcy, fingiendo estar escandalizado.

— No sé, no sé… — dijo Elizabeth pensando. — Podría ser muy cruel y pedirte que cenes durante una semana con mi madre.

La expresión de Darcy se tornó entonces totalmente escandalizada, así que Elizabeth se echó a reír. Sin embargo, le aseguró que las visitas a su madre en el futuro serían lo más moderadas posibles, por razones de salud mental de todos los implicados.

Ambos se dispusieron entonces a disfrutar del almuerzo, mientras Elizabeth le relataba cómo había llegado a estar sola en Matlock, gracias a la mediación de su tía.

Cuando terminaron y se sirvieron el té, Elizabeth notó que Darcy parecía nervioso repentinamente, ya que se pasaba la mano a menudo por el cabello y movía las manos continuamente.

— ¿Ocurre algo, William? — preguntó Elizabeth preocupada.

— Sí. Bueno, no… — contesto Darcy. — Lo cierto es que llevo todo el día queriendo darte esto.

Elizabeth observó cómo Darcy sacaba del bolsillo interior de su chaqueta una caja pequeña y se la ofrecía. Confusa, la abrió y, para su sorpresa, dentro encontró el anillo más bonito que nunca hubiera visto: se trataba de una pieza pequeña y sencilla, formada por un aro de plata y coronada con una pequeña piedra color cobre.

— Es una ágata. — explicó Darcy. — Pensé que el anillo de compromiso que te ofreciera debía tener algún significado especial.

— ¿Y cuál es ese significado? — preguntó Elizabeth.

— ¿Recuerdas cuando dije que no eras demasiado bella como para tentarme sin ni siquiera haberte mirado? — dijo Darcy nervioso.

— Sí, claro que lo recuerdo. — dijo riendo Elizabeth.

— Pues en cuanto te miré de verdad por primera vez, no pude escapar de tus ojos nunca más. — confesó Darcy tímido.

Elizabeth, emocionada, se abalanzó sobre él para abrazarlo, mientras algunas lágrimas caían por sus mejillas.

— No pretendía hacerte llorar, todo lo contrario. — dijo Darcy bromeando.

— Ahora es el momento de que me beses, William, no de que me tomes el pelo. — reprochó en tono de broma Elizabeth.

— Con mucho gusto. — contestó él antes de atrapar sus labios en los suyos en un beso apasionado.

Hola a todos:

¡He vuelto! Esto me ha enseñado que a veces no se pude forzar el escribir si no se tiene el día: hoy el capítulo me ha salido en un periquete.

Quería dar las gracias a todos por la comprensión con el retraso y, en especial, quiero agradecer a Ana Suarez, Haruri Saotome, LadyPotterhead, Niniparraaria, Elena y Maly sus comentarios y ánimos. ¡Es lo mejor que podía haber recibido ayer! ¡Mil gracias, chicas!

El próximo capítulo estará disponible (crucemos dedos) el viernes 11 a las 20:00 horas (hora española) y 13:00 horas (hora mexicana).

El viernes, además del capítulo 12, os dejaré una sorpresa para disculparme por el retraso de ayer.

Espero vuestras impresiones y comentarios con ansia, ya que en el siguiente capítulo empezará el drama…

¡Buena semana!

Dalpaengi