De nuevo, lo no logré…

Pasé la mañana entera pensando en una posible solución y lo único que encontré dentro de mi cabeza fue estar con uno o con otro, realmente no sabía si me estaba preocupando por cosas sin sentido o era que todos teníamos ese problema pero por lo menos para mí era importante.

No sabia si lo que estaba ocurriéndome le pasaba a todos o solo era yo el raro que se paraba a ver eso, el punto era que me importaba, espero que no demasiado.

Durante el colegio presté mayor atención a mis colegas; la noche tenía que servir para algo además de ser tiempo para dormir, me la pasé pensando toda la noche en una posible solución y no había llegado a mi mente otra solución más que aquella: durante las clase me la pasaría con mis amigos y el con los suyos, después me encontraría con él después de clases.

La idea me parecía ciertamente brillante, era un plan infalible; después de todo, si yo le importaba aceptaría quedar conmigo y si no lo hacía seguro era porque no le importaba como yo pensaba, incluso me ayudaría a saber si el erizo se interesaba en mí.

Durante las horas de colegio pasé el día investigando junto al zorrito de dos colas: al parecer pensaba que juntos podríamos encontrar el modo de apagar esos robots para poder dormir cómodamente por las noches, desgraciadamente las cosas no siempre resultan como fueron planeadas.

Durante toda la "investigación" me la pasé moviendo cosas que no debía en el momento inadecuado causando así varias fallas, entre ellas que se le sumaran alarmas a la muñeca de mi amigo porque tenía más de las que había marcado originalmente.

-¿lo lamento? –Sonreí mostrándole una sonrisa apenada-

-en la ciencia se arriesgan cosas –Asentía lentamente –solo trata de no hacerlo de nuevo ¿vale?

Acomodé sobre mis ojos un par de gafas para laboratorio, teníamos que encontrar esa respuesta a toda costa y que mejor que nosotros dos, éramos los mejores amigos aunque a él le gustaran esas cosas extrañas de ciencia, robótica y a mí los deportes y tontear por allí.

Eso fue lo que hice durante parte del día, entre otras cosas charlé con Silver acerca de cómo le estaba yendo con el de mirada salvaje, por lo que me contó no la estaba pasando muy bien pero eso no quería decir que la estuviese pasando mal…

Nos encontrábamos en el patio trasero del colegio, sentados sobre el verde pasto mientras disfrutábamos del delicioso sabor de un batido, fresa y chocolate respectivamente.

-lo cierto es que la paso bien cuando no está jodiendo con eso de querer que cuide del aparato ese –Levantó la mirada al cielo dando un suspiro-

-vamos, no puede ser tan malo, cuando estoy con Shadow yo llevo la muñeca en mis manos todo el tiempo –Aseguraba bebiendo lentamente el batido oscuro-

-no me refiero a eso. Quiere que yo le haga los cambios de pañal y esas cosas horribles, para eso está él ¿no crees? –Se cruzó de brazos, poniéndose con la mirada sobre la mía-

-bueno, supongo que tú puedes ayudarle con eso, después de todo para eso están las parejas ¿no? –pronuncié tranquilamente-

-¡¿Pero qué dices?! –Medio gritó exaltado- no es mi pareja, no me gusta, no nos gustamos ¡es mentira yo no le besé! –Pasaba la mirada con desesperación por todo el piso, como si intentara encontrar algo que había perdido solo para después dar rápidas y cortas miradas a mi rostro-

Su declaración me dejaba anonadado, yo no había hecho mención de nada por el estilo: solito se estaba delatando. No me pensaba que a mi plateado colega le fueran los chicos pero con ese modo en que me lo estaba diciendo me dejaba en claro que la verdad era otra.

-yo no dije nada de eso –Mencioné pausadamente, como si tratara de analizar mis palabras-

La respiración le temblaba, su rostro palidecía notablemente por lo que al notarle así intenté calmarle con lo único que me llegaba a la cabeza: compartiendo lo que me ocurría, me acerqué a él.

-Te gusta Mephiles ¿no? –Pregunté del mejor modo posible, teniendo una mirada comprensiva-

-¿Cómo dices? Yo no –Bajó la mirada, pude percibir como su voz se quebrantaba –te suplico que no lo digas a nadie –Empuñaba las manos como si se arrepintiera de algo-

-no es nada malo Silver. Te juro que no se lo diré a nadie si no quieres que lo haga pero eres mi amigo y el que te guste Mephiles no cambiará el modo en que te veo –Le obsequié una sonrisa sincera-

Por lo menos ya no me sentía el bicho raro del grupo, al menos una persona compartía mis gustos y eso me hacía sentir más seguro. Pasé mi mano sobre su espalda, dándole a entender que le apoyaba en lo que quisiera hacer con su vida.

-¿de verdad no te incomoda tener un amigo así? –Su mirada se iluminaba con esperanza-

-¿un amigo así? –Le veía extrañado –es normal, por lo menos para mí –señalé ruborizándome lentamente por lo que diría-

-¿en serio? Que genial, gracias Sonic. No sabes lo mucho que aprecio eso de ti, pero solo hazme un favor ¿sí? No le digas a los chicos, temo lo que ellos piensen –Bajó lentamente la mirada-

Le tomé del mentón para que levantara el rostro y con una enorme sonrisa comencé a explicarle los motivos por los que no debía sentirse mal consigo mismo, entre ellos le dije que tenía gustos similares a los suyos a lo que me respondió con un fuerte sonrojo y una mirada perpleja.

-de cierto modo, me encontraba como tú –me tocaba la nuca. Mis mejillas ardían por lo rojas que se encontraban-

-eso quiere decir que te gusta alguien ¿verdad? –El rubor aumentaba en sus pómulos-

Bajé la mirada, aunque me sentía seguro de que ambos guardaríamos el secreto del otro, me apenaba decirle que me encontraba perdidamente enamorado de cierto erizo azabache que llevaba por ojos un par de brillantes gemas rojizas. Si el me confiaba su secreto seguro tenía derecho a que yo le confiara el mío ¿verdad? Después de todo, él ya se había arriesgado a que yo me burlara de lo que decía.

-Shadow –murmuré por lo bajo mientras que mis mejillas se ponían tan rojas como las betas del erizo de mis sueños-

Levante la mirada un par de milímetros, permitiéndome verle a los ojos, fue en ese entonces que noté como me veía sorprendido, sus ojos dorados se encontraban abiertos de par en par, algo me decía que una parte suya se lo esperaba pero ¿qué sabía yo? Me limité a esperar a que hablara.

-¿Shadow? –Me veía atentamente-

-sí, Shadow –Juguetee con mis manos por un par de segundos-

-pero ¿Por qué? No estoy juzgándote, no lo hago. Sonic yo creo que hay una personita a la que le gustas mucho…bueno, hay varias pero hay una en especial a la que le gustas –Fruncía el ceño notablemente mortificado, supuse que le disgustaba lo que escuchaba-

Mordí mi labio inferior pensando ¿Por qué decía aquello? ¿Quién se encontraría interesado en mí? Sabía que en el mundo podrían haber millones de personas pero para mí el único que tenía acceso a mi corazón era él, él y solo él me llenaba de emoción con las solas fantasías que noche tras noche tenia entre sueños, imaginando que me besaba dulcemente.

-Sonic piensa en eso, dudo mucho que a Shadow le vayan los chicos y… -Interrumpí bruscamente sus palabras, notando como me veía atento-

-a Mephiles le gustan ¿no? ¿Por qué no le habría de gustar a Shadow? –Me puse cerio cerrando casi por completo los ojos, debo admitir que no pensaba en lo que decía-

-eso es distinto –Se apresuró a decir con las mejillas rojas-

-no, no lo es –Me crucé de brazos cuan niño que exige tener la razón ante algo-

No soporté más de eso y pedí marcharme del lugar: me estaba haciendo ver que quizá mis ilusiones terminarían dañándome y eso me lastimaba, nadie me dijo que era bueno idolatrar tanto a una persona pero terminé haciéndolo; las crudas palabras de mi amigo lastimaban una parte mía al retirarme parte de la bien atada venda que tenía sobre los ojos.

Mientras caminaba cuando zombi por el colegio, a mi pasó me encontré con el rojo equidna, quien no dudó ni un momento en acercarse a mí, siempre con una sonrisa sobre el rostro y rodeándome por los hombros me guío por el patio hasta topar con la cafetería.

-Sonic ¿has visto a Amy? –Sujetó su rostro con ambas manos, posando estas sobre la mesa-

-no, no la he visto –Pasé mi mano por encima de la frente, aplastando algunas púas que se veían alborotadas-

-mejor para mí, me estaba buscando para darme ese aparato escandaloso que no deja de gritar –suspiró aliviado al enterarse de que no se encontraba por los alrededores-

-Shadow se quedó hoy con el nuestro –Obsequiándole una sonrisa, respondí-

Rodó los ojos con notable fastidio contenido, al parecer le disgustaba el que mencionara al veteado mientras conversábamos, no entendía esa absurda rivalidad entre ambos, era como si todo el mundo supiera algo que yo no y nadie es capaz de decirme que coña sucedía con el equidna.

En un par de minutos se acercó la erizo rosada y a paso de rayo, dejó sobre las piernas del equidna aquella maquinita escandalosa y salió corriendo sin rumbo fijo, dejando a mi amigo con hirviente cólera y a mí con una risilla burlona.

Después del colegio Shadow me invitó a su casa accedí con gusto y marchamos juntos en dirección a su hogar, estando allí comenzamos hablando de cualquier cosa mientras que la conversación tomaba un rumbo más personal.

Comenzaban las preguntas de entrada, siempre en lo que me gustaba y por un momento en mis relaciones con otras personas, en nuestra conversación hubo cavidad para mencionar la existencia de mis amigos, entre los más destacados se encontraban la erizo y el equidna.

-¿Amy es tu novia? –Me contemplaba a los ojos, viéndome fijamente-

-solo es una muy buena amiga –Expliqué compartiendo su mirada-

-¿de verdad? ¿Tienes novia? –Desvió la mirada un par de segundos para después devolverla a mí-

-no, no tengo novia –Mis mejillas se ruborizaban suavemente, era como estar en un interrogatorio amoroso-

Una sonrisa se plasmaba sobre su rostro, cavia mencionar que no sabía la razón de ello, solo se acercó un poco a mí, quedando justo a mi lado.

-que bien que no tengas novia. Por cierto, Knuckles y tú no son más que amigos ¿verdad? –Tenía un brillo posesivo sobre la mirada-

-somos amigos –Afirmé sereno-

Supuse que si él se encontraba preguntando cosas acerca de mí vida amorosa yo tenía derecho a preguntar lo mismo, además, eso me serviría de mucho: si tenía pareja intentaría resignarme a que no sería para mí, en cambio, si se encontraba libre, en mí brillaría una luz de esperanza.

-pero y tu ¿tienes? –Puse las manos sobre mis rodillas, jugueteando con los dedos. Mi mirada estaba desviada-

-completamente soltero –Alargó una sonrisa al mismo tiempo que se me acercaba-

La alegría me era incontenible, estaba a poco de saltar por toda la habitación, la noticia no podía hacerme más feliz; evitando ser muy obvio con eso, giré la mirada hacia el enorme ventanal, regalándole una mirada llena de emoción al paisaje, así como una sonrisa repleta de felicidad e ilusión.

-que bien que ambos seamos libres ¿no? –Voltee a verle –lo digo porque no tendremos que preocuparnos por el día de San Valentín –Sonreí apenado, por poco se me salían las palabras de la boca-

-no me molestaría si la persona me hiciera feliz –Sonrió alborotándome las púas de la cabeza-

Me sentía tan pequeño entre sus manos, bajé las orejas ruborizándome, amaba cuando hacia eso, me hacía sentir bien el que acariciara mi cabeza; cerré los ojos disfrutando las amables caricias de sus impetuosas y oscuras manos.

Concluyendo el pequeño interrogatorio procedimos a ver televisión un rato; debo admitir que no prestaba atención, por lo menos no mucha, al programa, prefería ver los hermosos ojos del azabache. Para ese entonces era un poco tarde, el programa de televisión era tan aburrido que no pude evitar bostezar un poco, cubriéndome la boca con una de mis manos.

Me giré para ver al erizo, comenzaba a sucederle lo mismo que a mí, yo aún no quería irme, por lo que pelee por permanecer un momento más con él, viendo el tedioso programa, instantes más tarde me olvidé del exterior, no supe más de mí.

Lo único que me quedó de ese acto fue que durante un espacio en que me encontraba privado de los sentidos, escuché un incesante latir y una respiración tranquila y suave; los perpetuos sonidos me obligaban a abrir lentamente los ojos solo para sentir una suave tela en una de mis mejillas. Me percaté de que mis manos se hallaban enrolladas en algo, intenté despabilarme, en ese instante escuché un sonoro bostezo que me hizo voltear a dónde provenía.

Tenía abrazado al erizo, mi rostro había estado sobre su pecho y yo casi sobre él; intenté alejarme pero sus ojos al despertar me atontaban, su confundido mirar analizaba mi ruborizado rostro. No lo resistía, amaba su mirada, sus labios, todo él: mi rostro cerca del suyo me obligaba a percibir su cálido respirar y sus labios entreabiertos.

Lo siguiente me condenó, me acerqué a su rostro, volviendo nulo el escaso espacio entre nuestros labios, convirtiéndolo en un suave roce al que decidí llamar beso, mi primer beso, un delicado tacto entre ambos labios.

Cuando la razón volvió a mí, traté de alejarme, aunque el "beso" hubiese sido instantáneo y que terminara en un abrir y cerrar de ojos, no le parecía muy buena acción al azabache: me veía perplejo, puso sus manos sobre mi pecho, como si intentara alejarme de él…

Me sentía tan estúpido, de inmediato me incorporé de aquel sofá y salí corriendo en busca de mis cosas para marcharme del lugar. Sí, estaba huyendo como los cobardes pero mi valor se había esfumado con la mirada del azabache, su rostro lo decía todo y yo era un idiota por tratar desesperadamente de confesarle mis sentimientos.

Paré en el recibidor, estando frente a la puerta cerrada bajo llave puesto que era algo tarde, giré de prisa mis pasos en el afán de escapar de allí e ir lejos de su hogar: intentaba salir por la puerta trasera pero mí agitado respirar me impedía caminar, no estaba cansado, me encontraba temeroso y exaltado.

Me sentía tan mal, tenía las manos incontrolablemente temblorosas, sentía que el aire me era insuficiente para poder mantenerme de pie; deseaba que la tierra se abriese y me tragase por completo, esperando que por lo menos así se olvidara de lo que hice.

Mi tormento no concluía, aumentaba: añadiendo a todo lo pasado el hecho de sentir como mi corazón pedía a gritos oxígeno, mi cabeza que dejara de pensar, pues sentía colapsarse y que mis piernas tiritaban con debilidad a causa del miedo. Estaba hecho un montón de remordimiento y temor, solo me esperaba a que el erizo me dejara de hablar y posiblemente me propinara un fuerte golpe por atrevido.

Apoyaba las manos sobre la mesa, respirando dificultosamente; bocanadas de aire eran haladas por mí en un intento vano de recuperar el aliento perdido. El nudo en mi garganta me asfixiaba y mis vidriosos ojos amenazaban con derramar agua salada en forma de cristales redondeados.

-"¿Por qué lo hice? ¿Por qué? ¿Por qué? Soy tan tonto" –Me repetía mentalmente una y otra vez-

Dentro de poco el sentido del tacto me comunicó la presencia del azabache: me estaba abrazando por la espalda, ese acto me dejó estático, me petrificaba tenerle tan cerca de mí; sus fuertes manos tocaban mí estomago mientras que el resto de sus brazos me envolvían con actitud posesiva.

Se me erizaron los bellos de la nuca, sentía que perdería la razón si las cosas seguían de ese modo: un cosquilleo me recorría las piernas, la espina dorsal y el estómago, me estremecía entre sus brazos, sin mencionar el ardor de mi rostro, me quemaba el calor de las mejillas.

-¿Por qué haces esto? –Susurré con la voz temblorosa y el ceño fruncido con preocupación-

Lentamente me soltó, tomó mis hombros y obligó a que me girara para poder hablarme a la cara; mi expresión era temerosa, me sentía la persona más débil del mundo estando ante él después de lo sucedido. Su rostro reflejaba un ápice de burla que no hacía más que causarme dolor.

-¿tú por qué me besaste? –Retiró sus manos de mi cuerpo, me veía a los ojos con una sonrisa-

Bajé la mirada, enmudecí, no supe que responder a su pregunta, al ver que no decía nada, continuó.

-¿te gusto? –Alargó una sonrisa-

Me resquebrajó el corazón con aquella sonrisa, sentía que se burlaba de lo obvio; curvé los labios hacia abajo ligeramente, mis ojos se cristalizaban llenándose de agua salina, amenazando con salir y hacerme ver más ridículo de lo que ya lucía. Realicé una larga pausa, me encontraba dispuesto a quedar callado hasta que me dejara marchar.

-con permiso –Evadiendo su mirada, afirmé la mochila intentando caminar-

-no hasta que respondas –Obstaculizó la salida con su cuerpo, evitando así que yo pudiera retirarme del lugar-

-quiero irme –Mascullé lastimeramente, mi voz se volvía un quejido-

-responde primero –Tomó mi brazo con firmeza-

Tiré de mi brazo para así liberarme de su agarre pero eso solo causó que me tomara con más firmeza, cerré los ojos conteniendo el llanto; me estaba comportando como un magnifico cobarde, yo no era un cobarde.

-yo te gusto ¿cierto? –Volvió a la seriedad, viéndome fijamente-

Abrí los ojos lentamente, dejando ver mis esmeraldas inmersas en lágrimas redondas. Si ya la había echado a perder parte de mi estadía en el colegio con ese acto, merecía darle un buen final a todo aquello.

-prometo no volver a besarte –Murmuré cerrando los ojos con miedo, halé de mi brazo para que me dejase ir-

-no me prometas eso –Susurró tomando mi mano entre la suya –Solo respóndeme porque te gusto ¿no es así? –Tomó mi mentón, obligándome a verle-

Me mordí el labio inferior en un vano intento de contener el llanto ¿era acaso que deseaba humillarme? Le obligué a soltar mi rostro, desviando la mirada intenté de nuevo escapar.

-responde –Me atrapó de ambos brazos-

-solo deja que me vaya –Bajé la mirada, posándola sobre mis zapatillas. Mi voz no eras más que un quejumbroso murmullo-

-que eres idiota –me abrazó, apegando mi rostro en su pecho-

El acto me dejaba perplejo, perpetuando el suave tacto, me quedé apegado a él, aunque sabía que debía cuidarme: por más que una persona me gustara tenía que darme mi lugar y aunque yo le hubiese besado primero, merecía respeto; me encontraba atento por si se le ocurría pasarse de la línea por qué no de la nada podría estarme abrazando, seguía dudando que no quisiera burlarse de mí.

Se acercó con lentitud a mis labios, haciéndome ruborizar por completo, sentía el corazón abandonar mi pecho por lo acelerado que se veía obligado a latir; sus suaves labios rozaban los míos con tal delicadeza que creí tener un pétalo de rosa junto a mí. Rodeándome por la cintura, me apegó a él, compartiendo así un mismo espacio y el aliento que comenzaba a faltar.

-parece que tengo que preocuparme por el día de San Valentín –Susurró apegado a mí, abrazándome-

Lentamente formé una sonrisa en mis labios, curveándolos hacia arria: el erizo de mis sueños me había besado, costaba trabajo creer que se trataba de algo real, al principio no me parecía más que una cruel y absurda realidad que debía afrontar pero en ese instante me sentía en un sueño maravilloso.

-¿estas bromeándome? –Murmuré apenado-

-sigues siendo tan tonto –Dijo entre risillas, alborotándome las púas de la cabeza-

-yo no soy tonto –Mencioné en un tono más elevado, sin dejar de ser un murmuro-

Mi rostro comenzaba a retomar su tono natural y mis ojos consumían las lágrimas acumuladas mientras que las que no podían ser eliminadas se quedaban atrapadas en mi parpado inferior.

-que sí, mírate –Sonrió pasándome las manos por la cabeza –estas rojo

Bajé la mirada intentando ocultar lo notorio: estaba ruborizado hasta la punta de las orejas, yo sentía que recuperaba mi color pero por cada tono de rojo que se eliminaba dos más aparecían a causa de la cercanía entre nosotros.

-no te burles…nada más estoy –No supe como continuar y al ver que me quedaba callado, completó mi frase-

-apenado –Su mirada posada sobre la mía, era lo que me comunicaba su seriedad –no tienes por qué estarlo, además, no te he rechazado ¿o sí? –Alargó una sonrisa-

Cerré fuertemente los ojos, mi sueño se estaba realizando; mas ruborizado imposible. Con timidez tomé su mano, entrelazando mis dedos con los suyos y el me correspondía, levanté la mirada solo para encontrarme con su precioso par de gemas y estando así le robé un beso que me devolvió dulcemente.

-¿esto en que nos convierte? –Susurré con más miedo que vergüenza, temía por su respuesta-

-¿yo que se? No me has pedido nada –Enarcó una ceja sonriendo socarronamente-

-¿esperas que yo te lo pida? –Dije incrédulo, abrí los ojos con sorpresa-

-tú me besaste, tú proponlo –Mencionó sin ápice de vergüenza-

Era más fácil decirlo que hacerlo pero no se trataba de un cobarde, se trataba de mí, Sonic The Hedgehog y para mi nada era imposible, o eso pensaba hasta verme atrapado en ese embrollo. Recordando que se me ha conocido por mi valentía y mi espíritu inquebrantable, suspiré pillando confianza en mí mismo.

-Shadow ¿quieres…? –Pasé saliva en un intento de armarme de valor – ¿quieres ser mi novio?

Este cerró los ojos cubriendo una sonrisa y acallando una risilla que amenazaban con salir por sus labios, eso me puso rojo; se me ocurrían dos motivos, quería escuchar de mis labios lo tonto que podía sonar pidiendo algo que él no aceptaría o le era ponía feliz escucharme hablar de ese modo.

-Perdona –Sonrió intentando recuperar la seriedad –suenas más gracioso de lo que te imaginaba pero está bien, aceptaré –dijo como si su respuesta hubiese sido por compasión pero a leguas se notaba que estaba bromeando-

Pensé en ese momento si él también llevaba sintiendo algo por mí pero no podía solo preguntarlo, además de sonar extraño seria vergonzosa la pregunta así que preferí callar. Suspiré esbozando una suave sonrisa.

-eso es grandioso –Sonreía feliz por la respuesta dada-

-¿eso es todo? Cualquiera en tu lugar hubiese hecho algún cumplido o simplemente me habría besado –Aseguraba como si eso ocurriera muy seguido-

Rodé los ojos, más por nerviosismo que por enfado pero lo hice, me llevé la mano detrás de la cabeza buscando las palabras justas para continuar pero de nuevo me arrebató el turno de habla, pasando su dedo índice por mi mejilla izquierda.

-eres muy penoso ¿no? –veía fijamente mis ojos, como si tratara de corroborar lo mencionado –o ¿es que te da miedo?

-eso no es cierto, yo soy Sonic, no le temo a nada –Levanté la voz, enhiesto-

De nuevo echó una risilla burlona y se alejó un poco de mí, permitiéndome relajarme más; teniéndole un poco alejado suspiré con alivio: el día no podía ser más extraño. De repente me dieron inmensas ganas de observar el reloj, era muy tarde como para permanecer allí un minuto más, seguro mi madre estaría preocupada por mí y yo besuqueándome con mi sensual y nuevo novio.

-ya es muy tarde Shadow, perdona debo irme –Me aferré a la mochila dispuesto a salir del lugar a toda prisa-

Un par de brazos me detuvieron en seco, evitando que siquiera me acercara a la salida. Tomó mi mentón viéndome fijamente con una suave sonrisa.

-¿sin despedirte? ¿Por qué debes irte? –cruzó los brazos, dejándome libre-

-ya es tarde y debo correr o llegaré más tarde aun –Proferí evadiendo la primera pregunta-

-es de noche, no puedes andar tu solito por la calle a estas horas, podría ocurrirle algo a mi azulito –Guiñó un ojo sonriente-

El color se me subía, me mordí la lengua evitando gritar de emoción por lo que me decía: solo en mis sueños esas palabras eran mencionadas con su varonil voz.

-¿Qué dices si yo te llevo? –Se acercó a mí-

-no quiero molestar –Dije por cortesía –"¿A quién engaño? Llévame" –pensaba mordiéndome el labio inferior-

¿A quién engañaba? Yo deseaba con cada átomo de mi cuerpo que él fuese a dejarme a mi casa como hacían los novios, por lo menos era lo que yo consideraba que hacían los novios; simplemente dije aquello para no sonar muy desesperado y hacer que me insistiera un poco, es por eso que dejé la propuesta a su consideración, poniéndole en duda si quería o no.

-no molestas además, si no voy yo contigo algo podría ocurrirte –La seriedad emanaba por sus poros-

-de acuerdo –mencioné fingiendo que me apenaba-

Por dentro saltaba de alegría gritándole que si a un eco invisible que guardaba todos mis gritos para dejarlos salir cuando estuviese a solas. En un par de minutos estábamos sobre su motocicleta, él me colocó el casco como si de un niño pequeño se tratase, ese acto me causó un suave rubor pero no intervine, dejé que continuara.

Me abracé a su cintura en cuanto aceleró, podía percatarme como de vez en cuando me vigilaba por el espejo retrovisor, esbozando una suave sonrisa para mí y como después de unos momentos de viaje nos encontrábamos en la entrada de mi casa.

Bajó de la motocicleta acompañándome a la entrada de mi hogar, le invité a pasar y él gustoso aceptó; para mi sorpresa mi padre y madre se encontraban sentados en el sofá, mi madre preocupada frotándose las manos y mi padre abrazándola en un intento de tranquilizarla. Apenas llegué fui recibido con un abrazo de mi dulce madre y una mirada seria por parte de mi padre.

-¡¿Dónde estabas?! Me tenías preocupada –Estrujaba mi cuerpo entre sus brazos-

-perdona, sé me ha hecho tarde –Trataba de respirar-

-Hijo debiste avisarle a tu madre –Increpó firmemente mi padre-

-Perdón que me meta –Mencionó el veteado cortésmente –estaba en mi casa haciendo un proyecto para el colegio y la hora se nos pasó, lamento mucho que llegara tarde a casa, prometo que no volverá a suceder si se encuentra conmigo –Sus palabras sonaban tan creíbles que incluso yo me quedaba perplejo, eso acompañado de su rostro serio –de nuevo ofrezco mis disculpas

Mi padre veía atentamente al jovencito frente a él mientras que mi madre le regaló una sonrisa al erizo, yo, por dentro gritaba de emoción ¡era perfecto! Claro que por fuera solo le di una hermosa sonrisa, ofreciéndola como gratitud.

-descuida Shadow, que bien que se encontrara contigo, solo asegúrate de llamar por favor –Pidió mi madre con voz suave-

-no se preocupe, lo haré –Sonrió delicadamente, incluso parecía una sonrisa borrada-

Mis padres no dijeron más, al menos mientras él se encontrara y notando la tensión prefirió retirarse, le acompañé a la puerta, sonriéndole dulcemente y cuidando que ni mis padres ni nadie viera lo que ocurría le besé en los labios con ternura.

-te veo mañana –Murmuré sonriéndole –y gracias, te debo una

-son varias –Bromeó tomándome la mano –te veo mañana azulito –Guiñó un ojo-

Dio media vuelta caminando hacia su motocicleta, me dejó un saludo estilo militar y con una sonrisa se marchó del lugar, segundos después entré a casa; después del pórtico mi sonrisa se desvanecía notablemente, para cuando me encontraba en la cocina tenía una expresión de seriedad.

-¿Quién es él? –Fue la primera pregunta de mi padre – ¿Por qué llegaste tarde? –Continuó con voz seria-

-se llama Shadow, es mi amigo –En mi mente modificaba la palabra a novio, arriesgándome a decirlo –y lamento haber llegado tarde, de verdad que no lo vuelvo a hacer, es que estábamos con un proyecto del colegio y me demoré de más, luego cenamos y la hora se pasó –Respondí con notable nerviosismo, mismo que intentaba ocultar detrás de una capa de preocupación-

-hijo sabes que debes llamarle a tu madre –Aclaró pasándome la mano por encima de la cabeza –que no se repita ¿vale?

Asentí alegremente, amaba que no me reprendiera firmemente, claro que la confianza se gana. Me dejaron retirarme a la habitación puesto que ya había cenado pero antes de encontrarme en ella pude escuchar como mi padre le preguntaba sobre Shadow a mi madre así que me quedé a escuchar más.

-¿Quién es ese tal Shadow? –Preguntaba con voz curiosa-

-cielo, es un amigo de Sonic, deberías tratarlo, es muy amable –Escuché como decía con voz alegre –es un buen chico, le conviene de amistad a Sonic

-yo no le conozco así que me fiaré de ti –La voz de mi padre era alegre-

-solo que es muy callado, por lo que me cuenta nuestro hijo sus padres son un poco desatendidos con él, se trata de un buen muchacho –Después escuché como mi madre echaba risillas-

Lo siguiente no fue de mi interés, dejaban de mencionar a mi Shadow así que ya no me interesaba y menos cuando ellos se ponían románticos, partí de allí recostándome en la cama de mi habitación.

Tenía novio y se tratada del erizo al que tanto quería, eso era lo que más feliz me hacía, que se trataba de él, mi veteado.

Lo que ocurre es que cuando te encuentras enamorado de una persona no ves más allá, el centro de todo es eso mismo, la persona especial para ti o por lo menos eso me ocurría a mí, solo quería estar con el erizo y conocerle más a fondo. Pero dejemos en claro que no es lo correcto, para mi desgracia lo aprendí de un modo no muy sutil.


-Muy bien eso fue todo por ahora. Me di cuenta que mientras estas fechas transcurren hay mucho que hacer y casi no hay tiempo para escribir pero lo hice ¡yeaa! – Echó un par de risillas –espero que fuera de tu agrado y ya sabes que un review nunca está de más –Levanto mi pulgar giñando – ¡muy felices fechas! Y oh, casi a tiempo para Navidad, pensaba hacer algo especial por aquellas personitas que sin falta me acompañan pero desgraciadamente el tiempo se me agotó ¡no! Quizá para el próximo

-muy felices fechas, que pasen una hermosa navidad en compañía de sus seres queridos y un feliz y sensual año nuevo (por si acaso no llego a venir a tiempo dejaré esto) nos vemos luego –Sonrió –espero tu review hermoso lector o hermosa lectora