Esther Quesada Gálvez 24 julio 2006

Qué emoción, qué emoción! Ya queda poco para que acabe la historia. Empiezo a sentirme como una escritora profesional que está ansiosa por conocer la opinión de sus lectores, o mejor aún: Me siento como la dibujante de manga que ha publicado su primera historia y quiere dibujar todavía más. En serio, me siento superbien! Y muy agradecida. Este capítulo me costó muchísimo de hacer porque tuve que tomar una decisión muy fuerte. No obstante, el resultado no es tan malo, después de todo. Espero que os guste, aunque algunos pensaréis que me he vuelto loca o tal vez me trataréis de asesina, pero no os preocupéis: todos sabemos que este tipo de historias no termina con tanto drama. En fín, basta de palabrerías. Vía libre! Leed y emocionaros como yo lo he hecho escribiéndo el capítulo. XD.


Capítulo 11 – La Caída Final.

―Hay que distraerlas de nuevo! ―Timón gritó con tono triunfante.

―Eing? ―Los tres le miraron con expresión interrogante

―Escuchad ―Aclaró él ―Saldré ahí fuera y las distraeré otra vez. Mientras estén ocupadas conmigo podréis aprovechar el momento y escapar sin que se den cuenta. Poneos a salvo y huid; de acuerdo?

―Pero tú te has vuelto loco! ―Frida le agarró de la piel del pecho y lo sacudió ―Si sales ahí fuera te matarán!

―Es la única manera de que podáis salir de aquí ―Timón le hizo soltar las manos y le tomó el rostro entre las suyas ―Tenéis que salvaros, Frida. Tú y todos los demás. Lo que ha pasado es culpa mía; todo siempre ha sido culpa mía, lo que ocurre es que no he sabido aceptarlo hasta ahora ―Le retomó las manos y las apretó contra su pecho ―Tienes que confiar en mí. Tienes que creerme tal y como lo has hecho siempre. Es gracias a tu confianza que he llegado hasta aquí.

―Pero yo... ―Frida comenzó a notar que los ojos se le humedecían ―Si no vuelvo a verte más...

―Me verás, amiga mía. ―Le rozó la mejilla con el dedo pulgar ―Volveremos a vernos. Te lo prometo. Ahora debes dejar que me vaya.

―Otra vez? ―Susurró llorando ―Ya te dejé partir una vez. No podría soportarlo otra vez!

―Por favor, no llores. Sé fuerte hasta que vuelva a reunirme con vosotros, de acuerdo?

Ella no dejaba de llorar. Timón le tomó de nuevo la cara entre las manos y la obligó a mirarle a los ojos.

―De acuerdo, Fry?

Frida asintió con dificultad sin dejar de sollozar y le abrazó por última vez con todas sus fuerzas.

―Fredy, por favor ―Le dijo Timón ―Cuida de ella, vale?

Fredy sintió que un escalofrío le recorría todo el cuerpo. Por alguna razón desconocida tenía la extraña sensación de que Timón no llegaría a... Se sacudió mentalmente y le dirigió una mirada firme.

―Sí, lo haré.

―Ten mucho cuidado ―Intervino Max.

Timón asintió con la cabeza y aspiró hondo antes de dar un salto y salir del hoyo más rápido que un rayo.

El jaleo comenzó al instante, cuando las hienas iniciaron la persecución. El plan había surtido efecto.

Fredy asomó la cabeza para asegurarse de que no había peligro y ayudó a los otros dos a salir. Una vez afuera, iniciaron una carrera contrareloj para salir zumbando de aquel lugar. Sin embargo, al girar una esquina, un par de hienas que se habían desprendido del grupo principal les sorprendieron.

Los suricatos corrieron con las bestias atrás y quedaron acorralados de nuevo al cabo de pocos minutos.

―Es que esto no se acabará nunca! ―Gritó Max, desesperado.

Al instante, una voz dura llegó a los oídos de todos los presentes.

―Soltadles!

Las hienas se dieron la vuelta y vieron a un jabalí rígido con cara de mala uva y dos colmillos bien afilados.

―Quién es ese puerco? ―Preguntó una con desdén

―Os dirigís a mí! ―Exclamó el jabalí ―Esto ya lo dije una vez y lo repetiré para que quede bien clarito: Soy un cerdo decente; no un puerco! ―Y diciendo esto se lanzó a embestir a las dos hienas que volaron por los aires en cuento recibieron el tortazo.

―Hurra por ti, Pumbaa! ―Victoreó Fredy

―Venga, tengo que sacaros de aquí antes de que venga alguien más ―Se agachó ―Subid a mi lomo.

Los tres se sentaron y Pumbaa inició el trote hacia las Tierras del Clan.

―Por cierto... ―Preguntó al darse cuenta de que faltaba un pasajero ―Dónde está Timón?


Timón corría con todas sus fuerzas. Las hienas le pisaban los talones y ya no encontraba ningún lugar donde pudiera protegerse. Sentía el cansancio en el cuerpo y el miedo en las venas. Sabía que las posibilidades de sobrevivir esta vez eran prácticamente nulas. Sabía que no podría cumplir la promesa que le había hecho a Mamá; y menos aún la que le había hecho a Frida, pero no se culpaba por ello. De hecho, había hecho lo correcto arriesgando su vida por salvar la de los demás y se sentía orgulloso de ello.

Volviendo a la realidad, y sabiendo que no iba a salir vivo de esta, se dio cuenta de que había llegado al final de su aventura cuando vio el enorme precipicio que se le presentaba a los pies. Era demasiado alto como para saltar. Y si por si acaso se le había ocurrido semejante idea, abajo le esperaba una ancha mata de espinos que se extendía a lo largo y ancho de la arena hasta donde alcanzaba a ver la vista.

―Estupendo... ―Timón hizo una mueca y se mordió el labio inferior ―Si salto me quedo clavado en esas estacas y si no salto...

―Te quedarás troceado en mi estómago ―Completó Shenzi.

Timón se dio la vuelta. El numeroso grupo de hienas se habían detenido a poca distancia, sabiendo que su presa ya no tenía escapatoria.

―Has sido un chico muy malo ―Continuó diciendo Shenzi ―Te mereces un buen castigo.

―Y... no podríamos... negociarlo? ―Sonrió él, nervioso por el pavor.


Pumbaa se detuvo en seco al notar el tirón de orejas que le dio Frida.

―Mirad allí! ―Gritó ella.

Todos apuntaron los ojos en la dirección del dedo de Frida y vieron a Timón, encima del precipicio, acorralado por las hienas y dando pequeños pasos hacia atrás.

―Ay, Dios! ―Fredy soltó la exclamación sin darse cuenta.

―Mi sobrino! Se van a zampar a mi sobrino como merienda! ―Max empezó a saltar de los nervios.

―Tenemos que ayudarle! Tenemos que... ―Frida se llevó las manos a la cabeza ―Oh! Timy, cuidado!


Timón estuvo a punto de caer por culpa de un paso mal calculado; había llegado al límite del camino. Tenía que tomar una decisión: O saltar... o morir devorado.

―Shenzi, querida... seguro que no te has replanteado lo que te dije? ―Preguntó en tono inocente, intentando ganar tiempo.

―Pues sí, me lo replantee. Y sabes qué? ―Ella sonrió con malicia ―He decidido que me resultas más útil como cena!

Las otras hienas estallaron a reír.

―Acabemos con esto de una vez! ―Dijo Banzai ―Tengo hambre! Quiero suricato!

El cielo había estado oscureciéndose durante todo el día sin que nadie reparara en ello. De repente, comenzó a tronar. Las gotas de lluvia comenzaron a caer con fuerza, mojando todo cuanto encontraban a su paso. Las hienas también se vieron empapadas por el agua, pero no les importó: estaban a punto de probar la carne de suricato pasada por agua. Timón rezó interiormente; el sudor le resbalaba por la frente mezclándose con las gotas de lluvia. No iba a pedir clemencia; afrontaría la situación como un valiente.

Las hienas se prepararon para dar el último salto.

Frida y los otros se quedaron paralizados, expectantes.

"Hasta aquí hemos llegado" Timón suspiró y le dedicó un último pensamiento a los pocos segundos que le quedaban. "Cuidaos, amigos míos" Sus últimas palabras salieron con una sonrisa débil...

―Hakuna Matata.

Shenzi bramó y saltó encima de Timón seguida de las otras. Precisamente en ese instante, un rayo descendió del cielo y cayó en el suelo, justo detrás de las hienas. Una brecha se abrió inmediatamente tras el impacto y se extendió a lo ancho, dividiendo la punta del peñasco en dos. La roca se desprendió de la base con Timón y las hienas encima.

Frida gritó. Max y Pumbaa quedaron aterrados por el panorama, y Fredy se quedó mudo de la impresión.

Todo el precipicio se derrumbó, levantando una enorme polvareda y aplastándolo todo. Muchas hienas cayeron irremediablemente en las zarzas, otras se estrellaron contra el suelo, y el resto... En fin, ya os lo podéis imaginar.

La lluvia cesó al momento, dejando un aire fresco y húmedo tras de sí.

El valle restó en silencio durante unos segundos. Los suricatos y el jabalí no se movieron ni un centímetro... hasta que Frida ya no pudo aguantarlo más.

―TIMÓOOOOON!

Fredy la cogió de los brazos y la abrazó para evitar que saliera corriendo.

―Déjame! Tengo que ir a buscarle! Suéltame! Timón!

―No puede oírte, Frida! Ya no puede! ―Gritó él, por encima de su voz ―Se acabó!

―NO! Timón sigue vivo! Tiene que seguirlo! Tiene que estar vivo! Noo! ―Estalló a llorar mientras Fredy la estrechaba con más fuerza. ―TIMÓOOON! TIMÓOON! ―Gritó entre lágrimas ―Me prometiste que volveríamos a vernos! Me lo prometiste, maldita sea! Cumple tu promesa! Cúmplela, mentiroso!

Los dos cayeron de rodillas en el suelo, presos de conmovedora tristeza.

Max no tenía palabras para expresar como se sentía. Sólo las lágrimas que le resbalaban por la mejilla podían definir el dolor que sentía. Su pesadilla se había hecho realidad; su sobrino estaba muerto. Le había fallado a su hermano. Pumbaa se encontraba en la misma situación, con una sensación de vacío en el corazón que nunca antes había sentido, incluso antes de tener una nueva familia con los suricatos.

Todos pasaron mucho rato llorando y llorando, pero tuvieron que tomar la decisión y emprender el camino de regreso a casa. No sabían como iban a contárselo todo al resto. Y a Mamá... Cómo iban a decírselo a Mamá? Caminaron con los ánimos destrozados hasta que, finalmente, llegaron a la colonia.

Mamá les recibió con mucha alegría al igual que los demás suricatos, pero cuando vio sus caras...

―Qué... qué ha pasado? Dónde... dónde está Timy?

Frida levantó la mirada y sus ojos reflejaron el dolor intenso que su corazón sentía. Mamá no necesitó preguntarlo de nuevo; enseguida supo que los ángeles habían bajado a la Tierra aquella tarde... y se habían llevado a su querido hijo.


Siento que esto haya sido así. No quería matarle, de verdad. Pero si sontinuáis en el próximo capítulo os prometo que no os decepcionaré. Bueno, eso si os gustan los finales felices, aunque el final azucarado me lo guardo para el último capítulo, que es el 13. Y por cierto, YA LO HE ACABADO! (Reverencia) No sabéis la satisfacción que llevo dentro ahora que ya no tengo que pensar cómo seguir con la historia. No obstante os lo advierto, para los fans de Basil el Ratón Detective y Dragon Hunters (Gwizdo, Lian Chu y compañía) tengo dos empezadas. A ver si empiezo a ponerlas pronto. Supongo que lo haré cuando acabe la historia. Y por cierto, la imagen de Frida no la visteis seguramente porque la dirección no estaba bien. La encontraréis en deviantart:

(Poned raygirl13 "punto" deviantart "punto" com "barra" gallery "barra) No os lo escribo porque el programa me elimina la dirección. Si no lo entendéis escribidme un review o un e-mail, vale?

De nuevo, muchas gracias a todos. Hasta la próxima.