Nota: como sabemos, todos los personajes vienen del imaginario de doña SM. La historia es mía.
Todos los nombres de los capítulos de Por Carretera son títulos de películas modificados según la necesidad. El crédito no es mío sino de los señores productores (o de a quien se les hayan ocurrido).
Summary: –Entiendo que pueda no interesarte –dijo Edward de repente– pero yo me dirijo a Forks. Cerca de Seattle. Viajo por carretera –lo escuchaba mas no entendía sus palabras. Él sólo sonrió torcido y agregó–: puedes venir conmigo si quieres. ByE en un Road Fic.
El capítulo más largo que he escrito chicas,
¡disfrútenlo!
(:
11. Mucho más extraño que la ficción*
.
–Bella, ¡Bella despierta! –¿era idea mía o estaba teniendo un deja vu? Yo ya había vivido esta escena, la escena en la que Edward se acercaba a mí y oía su voz…
Abrí los ojos lentamente (aún me sentía casada) y pude reconocer donde estaba. No era la habitación de ningún motel o posada, estábamos en el Volvo de Edward y me había quedado dormida en el asiento.
–Siento tener que ser yo otra vez quien te despierte –dijo Edward con aquella característica sonrisa.
–Oh, ¿cuánto dormí? –pregunté sentándome derecha mientras refregaba mis ojos intentando quitarme la pereza. Solté un último bostezo.
–Sólo un par de horas.
–¿Un par de horas? –exclamé sorprendida. Miré por la ventana y, efectivamente, habían pasado ya varias horas desde que habíamos vuelto a la carretera luego del almuerzo; debían ser pasadas las siete de la tarde. Tomé el celular y miré la hora: claro, eran las siete y veinte. Volví a encogerme en mi lugar–. Pensarás que soy la mujer más perezosa que pisa la tierra, siempre me encuentras durmiendo –me quejé como una niña.
Edward rió ante mi actitud –Y tú pensarás que soy el hombre más fastidioso que pisa la tierra, siempre te estoy despertando –dijo, siguiéndome el juego. Le regalé una sonrisa y él volvió a ver al frente, conforme.
–¿Tú no estás cansado? –él mismo había mencionado en la mañana que me había oído despierta hasta muy entrada la noche, lo que significaba que él tampoco se había dormido temprano. Me acomodé de lado en el asiento que, para ser de un auto, resultaba muy cómodo. Claro, si por eso mismo había terminado tomando una siesta de dos horas en el Volvo.
–No lo estoy –respondió Edward volteándose a verme–: no tanto.
–¿Te parece si conduzco yo ahora? –propuse preocupada.
–¿Sabes cuál es mi hobbie preferido? –contra preguntó Edward aún con su sonrisa y calma voz.
Cierto. ¿Cómo no había recordado que mi relación con Edward se basaba sólo en acuerdos? Si quería conducir tenía que saber responder interrogantes acerca de él; yo misma había propuesto aquel trato. ¿Su hobbie preferido? Traté de recordar algo que caracterizara a Edward en secundaria pero nada aparecía en mi mente. Él jugaba béisbol en el colegio pero no sabía si eso entraba en la categoría "hobbie preferido de Edward Cullen", pero como no tenía más que decir, lo intenté.
–¿El béisbol? –pregunté más que afirmé.
–No. Aunque la respuesta es más rebuscada de lo esperable –admitió y la duda se hizo presente; duda que no tuvo que existir por mucho tiempo–: digo, no muchos saben que toco el piano –aclaró.
¿Edward Cullen tocaba piano? Eso definitivamente no me lo esperaba.
–¿Tocas piano? –lo se, él mismo lo había dicho pero igualmente no dejaba de estar impresionada–. ¡Wow! Yo… yo no lo sabía. No me lo esperaba tampoco –mi impresión iba de la mano del hecho que enterarme de que Edward tocaba piano como hobbie abría de inmediato todo un universo de posibilidades en torno a su personalidad. Saberlo ahora sólo me demostraba (una vez más) que había miles de cosas que no estaba conciente de Edward y que me reafirmaban cuan mal había hecho al juzgarlo tanto tiempo sin conocerlo realmente. O juzgarlo en torno a sólo un hecho en particular.
–No muchos saben. Simplemente no se da la oportunidad para que lo sepan.
–¿Y… de dónde viene la idea? Digo, ¿por qué terminas tocando piano? –mis dudas eran totalmente aceptables, digamos que no era algo común entre los jóvenes el tocar piano. La mayoría, o estaba capeando clases y emborrachándose en algún parque o estaban pegados a una consola de videojuegos siendo consumidos por La leyenda de Zelda(1), pero no, Edward ya generaba miles de cuestiones en mí y para colmo tenía que venir y decirme que en su tiempo libre prefería tocar piano.
¿Acaso podía ser más perfecto?
–Quinta pregunta.
¿Qué? Enarqué mis cejas por el asombro. ¿Me estaba bromeando? No, claro que no, Edward nunca se olvidaba de aquellas malditas preguntas. Bien, extrañamente, ésta vez no me generó bronca como acostumbro (lo se, soy algo cascarrabias) sino más bien me generó atracción. Sería interesante saber algo más de Edward sobretodo si tenía que ver con el hecho que practicara piano. Si así lo quería entonces estaba dispuesta a ocupar otra de mis preguntas.
–Bueno –accedí–: ¿de dónde viene tu gusto por el piano?
Edward dudó unos segundos y luego habló –De mi abuelo –respondió con franqueza–. Abuelo por parte de mi madre –agregó y pude fijarme que una pequeña sonrisa escapaba de su control–. Un buen tipo –y su gesto se pronunció.
–¿Él te enseñó? –pregunté viéndolo; yo seguía apoyada de lado en el respaldo. Edward no me veía; tenía la vista fija en la carretera.
–Así es –asintió–. De pequeño tuve la costumbre de pasar tiempo con mi abuelo, él tocaba piano para mi abuela y yo me sentaba a su lado a oírlo –se volteó a verme. Sonreí: era una bella imagen la que relataba–. Fue así como me fue enseñando y yo fui aprendiendo.
–Es un panorama diferente del que acostumbran los adolescentes pero puedo imaginármelo.
–Luego… luego mi abuelo murió –agregó Edward. Se notaba que intentaba hablar con naturalidad pero no estaba haciendo un buen trabajo: su voz sonó algo ronca–. Yo… dejé de tocar unos años pero realmente me gustaba mucho así que retomé la tarea y desde ahí no he dejado de hacerlo.
¿Había dejado de tocar? No quise preguntar pero suponía que había sido por el fallecimiento de su abuelo. Nos quedamos en silencio. Era realmente interesante como la perspectiva de las cosas podía cambiar de un segundo a otro. Primero por el hecho de tener un hobbie fuera de lo común pero más importante aún, de notar como le afectaba hablar de aquella estrecha relación con su abuelo.
–¿Qué edad tenías cuando murió? –pregunté con delicadeza.
–Yo tenía quince recién cumplidos cuando mi abuela murió. Mi abuelo la siguió a los pocos meses –su voz sonaba tranquila. Quince. Podía imaginarme lo difícil de la situación, ciertamente, no era la mejor combinación sufrir una pérdida tan importante a una edad tan compleja–. Supongo que no podían estar el uno sin el otro –agregó un momento después con una sonrisa de resignación.
–Es una linda manera de pensarlo –dije de forma ensoñadora. Es cierto, era una bella forma de pensarlo: su abuelo no podía estar sin su abuela y la siguió al momento que pudo.
Edward se quedó viéndome fijo. Luego de unos segundos asintió dándome la razón –Supongo que sí. ¿Te imaginas es algo así como una condición genética? Ya sabes, ¿el no poder vivir sin el amor de tu vida? Como lo veo, Carlisle y Esme avanzan hacia lo mismo –volvió a ver al frente y dejó escapar una risotada–. Es algo cursi, ¿no?
–¡Es poético Edward! –reclamé, golpeando su brazo–, no seas insensible –ambos reímos un momento. Era lindo verlo reír; perdí varios segundos en eso. Poco a poco me fui calmando–. Además, es algo maravilloso que mires a tus padres y sólo veas amor. No es fácil mantener una relación tanto tiempo. Ya me ves a mí yendo y viniendo entre Forks y Jacksonville cada verano.
–Si es fácil mantener una relación mucho tiempo –me contradijo al instante–. Mientras estés con la persona correcta no tiene porqué ser difícil –su tono de voz había cambiado: sonaba grave y profundo, sonaba a que realmente creía lo que decía.
¡Wow! ¿Edward era un hombre… romántico? Nunca lo esperé. Según mi criterio, el cartel que debía llevar pegado en la frente (y que llevó durante tanto tiempo) era el de "insensible (y cruel, de paso)", y resulta que no era así. Mi diagnóstico en torno a su personalidad no dejaba de estar errado.
–Puede ser –tenía razón en lo que decía pero casos como el de sus abuelos o el de sus padres eran contados con los dedos de las manos, en cambio, divorcios como el de mis padres, ¡Dios! eran pan de cada día–, pero aquello de la "persona correcta" no pasa con facilidad y ahí es cuando de paso te desencantas del amor –dije sentándome derecha y dando por terminada la conversación.
–Pero cuando pasa, vale la pena –agregó Edward muy convencido.
–Espera, ¿te ha pasado? –me volteé a verlo curiosa. Según tenía entendido, Edward no tenía ninguna relación por el momento.
–¿Qué? –preguntó Edward como si nada.
No iba a echar pie atrás. Sabía lo que significaba esa muestra de desinterés por su parte: sólo quería que yo creyera que sus palabras no tenían importancia y así poder librarse de responder a mi pregunta. Bueno, yo ya había aprendido a leer sus actitudes así que no se libraría de ésta.
–Sabes a lo que me refiero –le reproché dándole mi mirada intimidante (que realmente no intimidaba a nadie)–. Aquello de la "persona correcta" –Edward insistió con su actitud de "no te entiendo". ¡Demonios! No sabía como preguntarlo–. ¿Alguna vez has… sentido que estás con la persona correcta? ¿O… sentido que estás en presencia del amor de tu vida? –¡Dios! era gracioso escucharme hablar. Mis frases estaban llenas de palabras como "amor eterno" y cursilerías dignas solamente de los guionistas de Disney con sus historias de princesas y príncipes y "vivieron felices para siempre".
–Es tu sexta pregunta, recuerda –sexta, sí, lo tenía más que claro; asentí segura. No me echaría atrás: con su actitud, Edward sólo me confirmaba que debía seguir preguntando. Me dio una mirada fugaz de la cual me di por enterada cuando él ya había vuelto a ver la carretera, mientras agregaba–: Si. Hay alguien –dudó un segundo– hay alguien de quien creo… estoy enamorado –fue diciendo de forma lenta. Soltó un fuerte suspiro.
¿Había alguien de quien Edward creía estar enamorado? Edward estaba enamorado. Lo había dicho en presente. ¡Wow! Por una simple coincidencia había terminado enterándome que Edward estaba enamorado…
La cuestión ahora era… ¿de quién? Tal vez seguía enamorado de Jane (¿quién no lo estaría?), o podía ser esa otra chica, Rose, quien nada tenía que envidiarle a Jane. Porque la conocía, sí, de vista nada más pero igualmente podía hacerme una idea de ella. Rosalie Hale: era la gemela de Jasper Hale, el mejor amigo de Edward en secundaria. Claramente podía ser ella…
–¿Puedo saber quién es? –una pregunta más, una pregunta menos, a esta altura del viaje… y recordemos que no era una pregunta menor.
Edward resopló rendido y sonrió. Se rascó el mentón inquieto mientras meneaba sutilmente su cabeza de un lado a otro –Sabía que si respondía lo anterior vendría esta pregunta.
–Estoy usando mi séptima pregunta –aclaré, adelantándome. Al fin lograba tener a Edward entre la espada y la pared y todo por una simple coincidencia. Ni que me lo hubiese propuesto.
La sonrisa de Edward se acentuó aún más. Removió su cabello y agregó resignado soltando un suspiro –Creo… creo que esta vez usaré uno de mis derechos a veto –dijo como si no diese crédito a sus propias palabras, como si no entendiera que yo, Bella Swan, le hubiese ganado en toda esta jugarreta.
¿Había oído bien? ¿Había dejado en jaque a Edward? Que jaque, ¡jaque mate había sido!
–Está bien –asentí sentándome derecha y mirando al frente otra vez aún feliz por mi triunfo. Ahora comprendía porqué la vez que había vetado su pregunta Edward sólo había contestado con un "está bien". Simplemente no había mucho más que decir.
–De todos modos no podrás conducir –dijo Edward con burla.
–Lo se –este hombre no iba a quedarse callado sólo porque le hubiese ganado una vez, por supuesto que no lo haría, eso ya lo había aprendido. Sonreí de forma inconsciente–. Oye Edward, ¿alguna vez me dejarás escucharte tocar piano?
Lo meditó un segundo –Tendré que pensarlo.
Sonreí divertida. Obvio. Tenía que pensarlo. Para qué pregunté.
. . .
Estaba doblando mi ropa cuando Edward salió del baño listo para dormir. Iba en calzoncillos y una camiseta blanca. Evité mirarlo, no quería que me viera y menos sonrojada. Dejó su ropa sobre su bolso, tomó uno de los cojines de la cama y se dirigió al sillón.
¿El por qué? Esta era la situación: habíamos querido avanzar el máximo en distancia después de la cena (como nos habíamos despertado tarde. Corrijo, como me había despertado tarde) y el único lugar cercano que encontramos para alojar fue a mitad de carretera, en una residencial de un pequeño pueblo. El lugar, además de tener pocas habitaciones, tenía la mayoría ocupadas. ¿La única disponible? Una habitación con una cama matrimonial, un pequeño baño y un sillón algo apolillado.
–¿Qué haces? –pregunté atónita al ver como Edward se acomodaba en el roñoso sillón (no digamos que la cama estaba mucho mejor pero por lo menos era una cama).
–Te dejo la cama –dijo de forma caballerosa–. Dormiré en el sillón, no tengo problema.
Arqueé mis cejas y me crucé de brazos viéndolo con cara de reproche. Edward no se dio por aludido con mi actitud –Vamos, no voy a estar tranquila sabiendo que tengo una cama de dos plazas para mí mientras tú duermes en ese incómodo sillón –dije como si aquello fuera obvio–. Se que no es lo mejor que hay pero, ¿ese sillón? No aguantarás tu espalda mañana –dije metiéndome bajo la tapa y cubriéndome.
Edward dudó un segundo. Volvió a tomar el cojín y se acercó. Sonreía haciéndose el interesante –¿Ese es tu método para llevarme a la cama? –preguntó acomodando el cojín otra vez en la cabecera, al lado de mi almohada.
Fue un comentario gracioso –Creo que el tuyo es mejor, dio resultado, ¿no? ¿Dormiré en el sillón? Por favor, la psicología inversa está más que usada –respondí con sarcasmo. Ambos reímos
Edward se metió en la cama, sacó los brazos y se acomodó mirando el techo. Yo estaba en la misma posición. Nos quedamos en silencio. Mucho silencio. Podíamos escuchar algo de música del bar cercano.
–¿Tienes sueño? –preguntó Edward volviéndose a mí.
–Dormí dos horas en tu auto, ¿crees que tengo sueño? –Edward rió con mi comentario.
–Bien, entonces tengo una pregunta –me asustó el tono como lo dijo.
–¿Tú no tienes sueño? –la sonrisa de Edward se pronunció.
–Hay muchas cosas que quiero saber de ti, ¿crees que tendría sueño? –dijo con gracia repitiendo mis palabras.
–Está bien –asentí. Me volví hacia él y quedamos frente a frente. No más de un metro nos separaba. Quité eso de mi mente, no quería distracciones.
–Quiero saber si alguna vez te has emborrachado y si lo has hecho, quiero saber en que condiciones fue –dijo divertido.
–¿En serio? ¿Realmente quieres saber eso? –no daba crédito a lo que oía. ¿Edward sólo quería saber si me había embriagado alguna vez? Asintió varias veces–. Está bien, hablemos de borracheras –accedí. Si así lo quería…–. ¿Nos referimos a borracheras…?
–De las buenas. De esas que al otro día te hacen rogar por cortarte la cabeza –completó Edward.
–Bien –buenas y legales borracheras, las recordaba–: fueron dos veces –respondí segura.
–¿Sólo dos? –dijo Edward, sorprendiéndose con mi respuesta.
–¿Sólo dos? –lo remedé. ¡Wow! Yo me sorprendí con su reacción–. Bien, ¿y cuál es el número del señor cuba libre?(2) –pregunté burlándome.
Edward rió con mi comentario –Ahora sí es tu séptima pregunta –aclaró primero. Lo pensó un instante y dijo–. De las que recuerdo, cinco.
–¿Cinco? –exclamé tal como él había hecho ante mi número, sólo que por la razón contraria–. Parece que es tu número de la suerte –bromeé al recordar su número de mujeres con las que había tenido relaciones sexuales–. ¿No será que hay un patrón por ahí? Beber y, ya sabes, luego… –lo dejé a su imaginación.
Edward rió con más ganas –Sólo es coincidencia –agregó negando.
–Entonces… es el sexo casual por un lado y las borracheras por el otro –dije arqueando mis cejas y con tono de falso reproche–: ¿qué pasó con el jovencito que tocaba el piano?
Edward soltó una bocanada de aire y dijo con gesto inocente –Ninguno de los actos son exclusivos ni excluyentes –puse mis ojos en blanco. Escuché a Edward reír otra vez–: me aclaro para que no pienses mal –agregó.
–Un poco tarde pero, en fin, has el intento –dije como si no me importara.
–Bueno, la primera vez que me emborraché y las tres siguientes fueron durante una etapa de mi vida algo compleja. Digamos que viví un período algo rebelde –¿en serio? ¿Edward siendo un chico malo?–. Luego de la muerte de mi abuelo anduve algo incorregible y me dio por hacer estupideces. No pensaba lo que hacía o sólo lo hacía para llamar la atención –se justificó.
¿Con que por eso había dejado de tocar piano? Realmente le había afectado… –¿Y la número cinco? –pregunté.
–Fue con Emmett y Jasper. Decidimos irnos en una noche de festejo y juerga. Nos íbamos a la universidad y nos separaríamos así que-
–Decidieron emborracharse –completé. Entendía su punto. Tres amigos. Celebrar. Borrachera. Algo… normal para la edad.
–Así es. Y bueno… esa noche –se cubrió el rostro con las manos; pude notar que reía. ¿Qué ocurría? Se refregó los ojos, volvió a mirarme y dijo–: fue la noche en que lo hice con Lauren.
Quedé petrificada. Mi cara de impresión no me la borraba nadie –¿Es en serio? –mi voz sonó varios decibeles más alto que lo normal. Volví a repasar sus palabras en mi cabeza–: ¿estabas ebrio cuando se acostaron? –no podía de la impresión y la risa.
Edward también reía –Muy borracho –aclaró dando énfasis a sus palabras–. Desperté a su lado y no sabía que hacer. Fuera de broma, comprenderás que no estoy acostumbrado a despertar al lado de alguien recordando sólo la mitad de las cosas.
Solté una carcajada al escuchar lo que decía. Era muy gracioso, ya saben, imaginarme a Edward en calzoncillos, en la habitación de Lauren y con cara de "¿qué diablos?".
–Dime por favor que no te fuiste mientras dormía –rogué en honor de todas las chicas que han vivido esa situación. Gracias a Dios, yo nunca.
–No –respondió Edward de inmediato–. Habrá sido sexo por una noche y muy Lauren será pero no es algo que yo haría –dijo convencido. Menos mal. Bueno, tampoco creí que Edward podía hacer algo así: él estaba, siendo objetiva, un nivel más arriba que cualquier hombre de su edad–. Estábamos en su casa y sus padres no estaban ahí así que desayunamos juntos. Le hice ver que lo nuestro había sido algo del todo fortuito pero ella estaba clara sobre aquello, no tuvo problemas –dijo aclarándome como habían sido los hechos–. Bueno, al principio tal vez pero le dejé las cosas claras –reafirmó.
–Muy caballero –le concedí. Edward hizo un gesto con la cabeza en agradecimiento–. ¿No lo has vuelto a hacer?
–¿Qué? ¿Emborracharme o acostarme con Lauren? –preguntó bromeando.
Yo preguntaba por lo primero pero daba igual –Ambas –dije.
–Ninguna –respondió orgulloso–. Emborracharme como aquel día, no, no lo he hecho otra vez. Bebo, sí, pero no he vuelto a perder la conciencia –aclaró. Entendía, un bebedor social nada más–. Y acostarme con Lauren, tampoco, y eso es algo que no repetiría –me aclaró.
–Eso hasta que vuelvas a embriagarte –lo desafié.
–Créeme, aún si volviera a embriagarme –respondió con su tradicional sonrisa torcida. Hubo otro silencio donde pude reconocer su respiración además de la mía–. Bien, pero quedamos en "dos veces" –agregó retomando mi anterior respuesta.
Cierto, mis dos borracheras. Las recordaba muy bien (paradójico, digo, para haber estado cerca del coma etílico) –La primera vez que me emborraché fue con Jake –Jake, Jake, Jake… ¿quién otro para llevarme a hacer esas cosas?
La reacción de Edward fue parecida –¡Wow! El perro si que se las trae –hasta yo pensaba eso.
–Una vez conversando salió el mismo tema que ahora y Jake me dijo que no podía no haberme embriagado hasta la inconciencia, que era como pecado o algo así –recordaba sus palabras; yo me había reído en su rostro–. Así que nos juntamos una noche en su casa y… brindamos por todo lo que se nos cruzó por la mente, hasta por la invención del queso parmesano, recuerdo –aquel había sido un momento de culto en la casa de los Black.
–Y… ¿fue una de las veces que, ya sabes, se acostaron? –preguntó Edward desinteresado. ¡Desinterés y las pinzas! No le compraba su actitud de "no me importa".
–No. Las tres veces que lo hicimos estábamos del todo concientes –Edward me miró con suspicacia. ¡Era la verdad!–. Aquella vez sólo nos embriagamos y nos dormimos. Bueno, después de mi etapa crítica en el baño donde Jake sólo se preocupó de cuidarme –aclaré. Etapa crítica era igual a mi cabeza casi dentro del WC mientras Jake recogía mi cabello y hacía mimos en mi espalda.
Edward también lo entendió –A pesar de todo lo que me has dicho, y no digo que sea malo pero sí es bastante extremo para sus cosas, Jake es un buen tipo –dijo convencido.
–Lo es –Jake era el mejor chico, absolutamente. Pondría mis manos al fuego por él sin dudar.
Edward se removió en la cama, inquieto. Se sentó y volvió a girarse a mí –¿Tú- –dijo algo incómodo– tú nunca has sentido algo más por él? –preguntó al fin.
–¿Por Jake? –me sorprendí ante su pregunta.
–Ajah –asintió con el ceño fruncido; muy serio a mí parecer.
–Tu quinta pregunta –aclaré primero; dos podíamos jugar ese juego. Volví a enfocarme en el tema–. No –dije segura. Edward seguía viéndome con ojos de interrogatorio–. Digo, supongo que alguna vez me gustó porque entre nosotros pasaron cosas pero creo que ya fue, es decir, si me gustó, ya pasó; creo que ahora no podría sentir eso –aclaré. Edward me oía sin decir palabra. Era cierto. Tal vez Jake me gustó, sí, era un chico guapo y simpático y encantador pero ahora lo veía de otra forma–: no puedo verlo con esos ojos. Jake es un chico realmente especial para mí, lo necesito en mi vida, de eso no tengo duda, pero creo que lo necesito como amigo –eso era. Jake lo era todo para mí, pero teníamos otro tipo de relación, de aquellas totalmente inquebrantables–. Es… como mi hermano. Hemos pasado de todo, incluso nos acostamos, –aclaré– y si ni el sexo logró cambiar las cosas entre nosotros, no se que más podría hacerlo. Tenemos una relación diferente… Qué digo, me preguntaste si he sentido algo más por él: antes, ya no.
Edward me contemplaba mientras interiorizaba mis palabras –¿Cómo te das cuenta que sólo es tu amigo y no algo más? –volvió a preguntar. Este chico no tenía ni una pizca de sueño.
–Acabarás todas tus preguntas de una –bromeé. Edward sonrió pero de inmediato volvió a concentrarse en lo que había preguntado–. Sumas otra –daba la sensación de que a Edward había dejado, de un momento a otro, de importarle la cuenta de las preguntas. Me senté en la cama para acomodarme y así lograr explicar mi punto–. Bueno, yo… lo veo simplemente porque con Jake tenemos mucha confianza, es cierto, nos entendemos, nos queremos, hay química-
–¿Y no es eso lo que debe tener una pareja? –me interrumpió Edward.
–Pero con Jake –continué si hacer caso a su comentario– no hay incertidumbre sobre lo que ocurrirá, obviando por supuesto el hecho de que me sorprenda con que nos embriagaremos o que andaremos en moto. Yo hablo de ese deseo de ponerte nerviosa, de… –¿como me explicaba?– sentir escalofríos cuando aquella persona se te acerca más de la cuenta. Es… –Edward me miraba con ojos profundos, tan profundos que me incomodaban. Pestañeé con la intención de cortar su contacto visual y así poder retomar mi idea–. Sonará a cliché pero son un poco las mariposas de las que se hablan. Bueno, es sentir eso –empecé a jugar con mis manos como hacía cuando me ponía nerviosa–. Es esa incertidumbre que te come al pensar si vas a verlo o no ese día y la imposibilidad de evitar sonreír como idiota cuando aparece –Edward esbozó un pequeño gesto–. Es esa expectación constante que te mantiene ocupada; sonará cursi, pero que te mantiene viva –agregué en voz baja, un tanto desconfiada ante mis palabras ¿Por qué decía todas aquellas cosas? Era algo tan contradictorio porque estaba conciente de que no sentía nada de eso cuando estaba con Mike; menos cuando no estaba con él–. La verdad no se si me explico, tal vez me di más vueltas de las necesarias –dije un poco incómoda.
Edward no dijo palabra. Se mantuvo unos minutos en silencio y luego preguntó –¿Y tu segunda vez? ¿Tu segunda borrachera?
Cierto, hablábamos de borracheras… –Fue en Chicago, también una noche de fiesta, con Ángela esta vez, ya sabes, la chica que me acompañaba en el estacionamiento –le recordé.
–Te he visto con ella en el campus –comentó Edward–. Y también con el chico que estaba con ustedes esa mañana –agregó. Se refería a Ben. De seguro nos había visto juntos, siempre andábamos los tres de un lado para otro.
El nos había visto. Me había visto. Y me asaltó una duda:
–¿Por qué nunca antes te acercaste a hablarme? –pregunté extrañada. Era cierto, no se de donde había sacado el valor para preguntar aquello pero es que era tan extraño que pudiendo llevarnos tan bien ahora no hubiésemos intentado hacerlo antes. Por lo menos de su parte porque, bueno, yo tenía claras mis razones para no hacerlo–. Tampoco te agradaba, ¿no? –era la única respuesta. Esa o que realmente le daba lo mismo hablarme.
–No, en absoluto –dijo Edward sacándome de mi error. Entonces… volví a preguntarme sólo para mí ésta vez–. ¿Quieres saber algo? –Edward interrumpió mis cavilaciones. Había bajado el tono de su voz como si quisiese que nadie más escuchara lo que iba a decir.
–¿Me lo dices así nada más? ¿No me embaucarás con que es una de las preguntas? ¿No me dejarás conducir nunca más? –bromeé.
–Para que veas que soy bueno –asintió Edward con gesto honorable; me hizo gracia.
–¿Y bien? –pregunté curiosa.
Edward acortó un poco la distancia como si fuese a revelarme un secreto muy importante. Lo imité en acto reflejo –¿Recuerdas aquella noche cuando te acompañé al campus? Bueno, la noche en que caminamos uno al lado del otro hacia el campus –aclaró. Reí ante su comentario; era cierto, yo misma pensé aquella vez que sólo éramos dos extraños caminando en la misma dirección–. Esa noche pretendía invitarte a que vinieras conmigo –¿qué?–. Intenté sacar el tema de conversación pero… digamos que no resultó –finalizó rendido.
–¿Tú ibas a invitarme a venir contigo antes de que escucharas que no tenía pasajes de avión? –repasé lo que me decía con la idea de comprender sus palabras pero no tenían sentido, ningún sentido.
Edward volvió a hacerse para atrás y yo también lo imité. Seguía confundida. Esperé porque su respuesta me aclarara las cosas –Todo el semestre quise acercarme a ti –se rascó la cabeza evitando mi mirada–. Ya sabes, nos conocíamos de antes… podía ser una ventaja estando en una nueva ciudad –dijo algo avergonzado: una imagen muy tierna de Edward.
–¿Por qué no lo hiciste? –luego me preocuparía de sus razones de por qué quería hacerlo; me llamaba más saber el porqué simplemente no lo había hecho.
–Claramente no soy el mejor en esto. Además, tenía el peso constante de que me odiabas –se defendió.
–No te odiaba –salté una vez más.
–Pero yo siempre creí que si –manifestó–. Entonces… era enfrentarte creyendo todo el tiempo que no saldría victorioso –está bien, su punto era algo convincente–, como aquella noche –me recordó.
–Tienes razón –siempre creyó que lo odiaba, siempre le di a entender que no me agradada así que la duda por su parte era totalmente válida. Bueno, hasta cierto punto–: tampoco te iba a hacer daño, no soy un animal para que me tuvieras tanto miedo –reclamé ofendida. Bueno, mi reacción del momento decía un poco lo contrario. Edward rió. Me tranquilicé y le dediqué una sonrisa–: sólo digo que… nos hubiésemos ahorrado todo este tiempo.
–¿Crees que no lo se? –me devolvió la pregunta con cara de resignación.
*Adaptado de la película "Más extraño que la ficción" (Stranger Than Fiction, 2006) de Marc Forster. Del mismo les recomiendo Finding Neverland (Descubriendo el país de Nunca Jamás).
(1) Legend of Zelda es un juego de vídeo. Eso de ser consumidos por las consolas va con cariño.
(2) Cuba libre es un trago. En Chile, el tan renonocido Ron-cola.
Les cuento, tenía capítulo casi terminado el martes y no alcancé a subir y me fui a lo de mi abuela (campo, recuerdan, sin internet). Llegué el jueves, termino el capítulo y.. problema: no me convencía, sentía que la historia se iba por otro lado que no me gustaba. Así que empecé uno nuevo (el que leen) y recién hoy lo terminé. Tal vez cuando termine el fic suba el capítulo para que lo lean y sepan de qué les hablo.
Ahora lo importante: ¿les gustó? Escribí muuucho. Edward lo dijo con TODAS sus letras: está enamorado. Ahora.. ¿de quién? ¿Y no es lindo que siempre haya querido acercarse a ella? Adoré escribir esa parte, en la que revela que se avergonzaba de hacerlo. Edward es un bello, ojalá nuestra Bells se de cuenta pronto-pronto de eso :D
Los reviews-reviews ahora. Quiero agradecer a cada una: Nora Bells (toda la razón, Bella tiene claro que no hace nada con Mike, es sólo que no tiene el valor de tomar las desiciones correctas :/), Cullen Lorena (por lo menos sabemos que Edward está enamorado de alguien xD), JAM Masen (es una situación recurrente en los autos xD. A mí una vez se me perdió la cosita donde se engancha el cinturón de seguridad ¬¬), aniz :D, ALLY MASEN CULLEN (una extraña forma de reacción de Bella, yo primero disfrutaba el beso por lo menos y luego me hacía la ofendida xD), hashiko o (grax por el review linda. Elvis rocks, ¿no?), eviita cullen (brillo-brillo que dice mucho, saludos :D), Arwen Tor (¿qué no te gustó niña? para ver que más le pongo), AleCullen10 (no besos por el momento. Por el momento), ania 09 y lani'sworld (tbn creo que Bells está ciega), PRIGSPE (grax a Dios nunca me han golpeado en la nariz pero me imagino lo que duele. Y cierto, Edward algo iba a decir en ese momento, creo xD), vampinessie (¡qué linda! ¡Grax por leer todos mis capítulos de una! Este va para ti xD), Lenz C :D, marie antoinette cullen (aunque Edward lo niegue.. esa canción decía mucho), IvanaCullen (reportándose, ¡qué tierna! Bienvenida niña, ¡me alegro te guste! ^^), Diana Prenze :D, eclipsadamasen (Edward no pudo hablar, habrá que esperar a ver si quiere intentarlo de nuevo), Lamb'stown (¿también eres de la genración Dawson's Creek? xD Yo adoraba a Pace. Por lo mismo sus capítulos (incluyendo el que usé) siempre eran los mejores), litha-cullen (pero nunca es tarde para sumarse chica, habrán más y, espero, mejores capítulos cada vez), Little-Gabbe (grax por cada review en cada actualización niña :D Es de la 3ra temporada; un Joey-Pacey, se llama "A neverending Story". Con respecto a lo que me cuentas :O espero todo terminara bien con el chico ^^ y gracias por tus lindas palabras), kamashytah :D y Nekbhet (saludos desde Chile :D)
Siempre agradecida también de los Favoritos y Alertas: AllieEnchanted, Chic vampire, hashico o, IvanaCullen, vampinessie, Sweet28, Luzbel-Enigma, SadisticTorment, chicabetita, litha-cullen y Anyels. Y a mis queridas que me suman a Favoritos y Alertas de Autor :D Hashico o y litha cullen (otra vez XD), rose appassite y Lenz C. ¡Muchas gracias!
Tal como dije en el capítulo anterior, pretendo subir dos capítulos antes de volver a clases y entro este lunes (sí, lo se, sientan lástima por mi :( ) Así que atentas a las actualizaciones mañana 1313 (podría ser incluso lunes en la mañana XD) pero de que va, ¡va!
¡Espero Reviews!
Cariños de oso en estos fríos invernales,
(:
