Su cara estaba pintaba con líneas gruesas de color violeta oscuro. A su lado estaba su marioneta más poderosa. Se trataba de Sasori, la reliquia que obtuvo luego de la feroz batalla con Akatsuki. Delante de él, un mediano número de hombres esperaban las órdenes para atacar. Con mirada fría y la tranquilidad que lo caracteriza, Kankuro observaba al enemigo que venía acercándose más y más.
- ¡Preparados! ¡Es hora de pelear! ¡A sus puestos!
- Sí, capitán.
Luego de unos segundos, lanza el grito de guerra y la lucha en la zona derecha comienza. Varios samurais que habían sobrevivido en el ejército rival encabezaban la ofensiva. Con sus espadas, avanzaban a paso firme cortando todo lo que se cruzara. Los de la arena chocaban sus armas con aquellos e intentaban resistirlos. Muchos terminaban cortados y heridos gravemente. Es que los samurais se caracterizan por transmitir chakra a sus espadas y hacerlas duras de romperse y filosas para cortar. Nada podían hacer en la lucha de kenjutsu los de Kankuro. Por eso, toma a nueve de sus soldados con las cuerdas de chakra y junto a Sasori comienza a enfrentarlos.
En estos cinco años pudo dominar las técnicas de las marionetas a la perfección. Manejaba el mismo número de ellas que dedos de su mano, tal cual lo hacia Chiyo en sus mejores épocas. Su marioneta Sasori iba atravesando a los Samurais con su aguijón venenoso, que salía del centro de su cuerpo desenroscando una cuerda. No sobrevivía ninguno. Pero antes de que explotaran, movía a sus nueve ninjas hacia atrás para protegerlos. Cuando eso pasaba, otra vez los enviaba a la ofensiva. Su estrategia era utilizar de contención a los ninjas y atacar con Sasori. Así se movía Kankuro en la batalla, mientras los demás intentaban sobrevivir.
Pero no solo samurais peleaban. Los de Iwagakure venían atrás y decididos a acabar con la estrategia de Kankuro: con su Doton formaban flechas de piedras y las lanzaban al cielo para que cayeran en forma de lluvia. La idea era crear una linea de separación entre los samurais y los ninjas del hermano del Kazekage. Y cumplió con su cometido ya que ambos bandos dieron un paso hacia atrás para no ser alcanzados por las flechas. Con esto, los de la roca generaron la distancia necesaria para atacar desde lejos. Los de la arena no podían contraatacar y defenderse. Los usuarios de Futon estaban agotados, no había quien atacara desde lejos. Una nueva lluvia de flechas comenzó a caer sobre el ejército de Kankuro. Y este empezó su defensa: tomo a sus nueves hombres y a Sasori, y de forma veloz comenzó a frenar todas las flechas. Así es: la velocidad de movimiento en el control de sus marionetas era muy alta. Sus dedos se movían rápidamente y no se dejaban ver. Las flechas eran detenidas una tras otra. Sólo pocas llegaban a caer e impactar sobre los de la arena. Otras pasaban y simplemente eran esquivadas.
El hermano del Kazekage había perfeccionado su habilidad. En estos cinco años logro alcanzar el nivel de una de las maestras del arte de las marionetas: estaba al mismo nivel que Chiyo. No, quizás la superaba. Sasori era una marioneta única. La habilidad de la abuela y la marioneta de su nieto formaban una dupla excelente que Kankuro explotaba al máximo. Aquel centenar de flechas fue contrarrestado. Y cuando eso terminó, inmediatamente tira hacia atrás a los nueve ninjas que tenía en su poder y lanza a Sasori al ataque. Esta vez, la estrategia era otra: cuando su marioneta atravesara el aguijón venenoso en los samurais, con sus otros nueve dedos los iba a controlar y lanzar sobre sus mismos aliados para que explotaran sobre ellos. Aquello fue una muy buena jugada. Había dado sus frutos porque no solo iban desapareciendo uno a uno los samurais sino que al hacerlo, eliminaban a algunos ninjas de Iwagakure. Utilizar una gran herramienta del enemigo en su contra era digno de los ninjas genios.
Los shinobis de Iwagakure no se rendían, seguían avanzando. Formaron pequeños escudos de roca para resistir las explosiones y avanzaron en formación. Con el escudo adelante, caminaban a paso ligero para llegar al cuerpo a cuerpo nuevamente. Pero Kankuro no se lo permitía: su marioneta lanzaba disparos de fuego y agua a los que intentaban seguir. Algunos resistían, otros no. Ademas, por su cabeza lanzaba bombas que al explotar liberaban un humo venenoso que al aspirarse, no había quien se salvara. El hermano del Kazekage estaba haciendo una pelea perfecta. Sus habilidades detenían cualquier avance enemigo.
Pero todo iba a cambiar. Mientras esto ocurría, alguien se acercaba rápidamente entre el ejército rival. Cuando llego al frente, levanto grandes muros de piedra rodeando a los de la arena. Estaban atrapados en una especie de caja. Muy pocos quedaron afuera de ella ya que el temblor que producían los muros al levantarse, no permitía la normal movilización. Kankuro se estaba llevando una gran sorpresa: si bien quedó por fuera de las enormes barreras de Doton, veía como su ejército quedaba atrapado allí adentro. La técnica no era nada simple, requería de un ninja de alta especialización para realizarla. Y como si el demonio se hubiera apoderado del usuario, las barreras comienzan a cerrarse de apoco. Era una especie de tortura que tenía por objetivo acabar con los de la arena lentamente. Algunos intentaban escapar pero las barreras se iban cerrando por encima, como si formaran una pirámide en punta. No había forma de salir. Iban a ser todos aplastados por la técnica, mientras que su capitán observaba con gran asombro e impotencia ya que nada podía hacer.
Los gritos de desesperación de los shinobis que estaban atrapados se hacían oír fuertemente. Aclamaban por su vida y rogaban piedad. Fuera de la barrera, los pocos que habían dibujaban en sus rostros miradas de asombro. Otros no aguantaban la presión y la desesperación, liberando lágrimas que caían en la arena de aquel desierto que era testigo de una masacre. Las paredes se fueron cerrando hasta que los atrapados se dejaron de oír. El silencio se apodero de aquel lugar. No había palabra que describiera aquello. El dolor y la furia del hermano del Kazekage no se tardaron en revelarse. Cuando sus ojos empezaban a humedecerse, grita ferozmente..
- ¡MALDITOOOOOOOOOO! ¡Me las pagarás! ¡Me las pagaráaaaas!
Estaba fuera de sí. Vio morir a todo su ejército sin poder hacer nada. Esa humillación había despertado la rebeldía de Kankuro. Estaba entre la espada y la pared. Espada que el enemigo tenía pronta para atravesarlo y acabar con la batalla. Pared que detrás de él había destruido a sus hombres. Levantando la cabeza luego de secarse algunas lagrimas, observa que en el frente rival estaba su líder esperando. Era alguien muy conocido en el mundo de los shinobis.
- ¡Fuiste tú! ¡Fuiste tú! ¡¿FUISTE TÚ?! - decía Kankuro mientras el líder no respondía una sola palabra. - ¿Cómo pudiste? ¿Por qué si en la anterior guerra peleamos juntos?
- No voy a responder a eso.
- ¡No me explico que está pasando! ¡Eramos naciones aliadas! ¿Por qué llegar a esto? ¿POR QUÉ?
- Kankuro, no voy a poder responderte.
- ¡Kitsuchi! Mi hermano te eligió como Capitán de la División de Combate Cuerpo a Cuerpo, en la última gran guerra. ¡Él confiaba en ti! ¿Por qué haces esto?
- Sólo peleo por mi aldea. Lo que sucedió en el pasado, en el pasado queda.
- ¡Entonces.. entonces tu pasado termina aquí!
Finalmente, se muestra el líder del ejército rival de la zona derecha. Se trataba de Kitsuchi. Como bien lo explicaba Kankuro, el había sido el capitán de la Segunda División de la Alianza Shinobi. Un ninja de su nivel era lo necesario para crear aquella técnica. Solo él podía hacerlo. El marionetista no iba a perdonar su tortura y por eso decide ir a matarlo. El duelo de líderes comenzaba.
Sin más que mediar, Sasori va al ataque. Empieza a disparar fuego y agua por sus brazos, intentando darle a Kitsuchi. Pero este, logra esquivar cada uno de sus ataques y da un salto hacia atrás. En ese momento, sale rápidamente el aguijón venenoso a buscar el cuerpo del enemigo. Otra vez es contrarrestada por el de la roca que utiliza un muro de piedra. La marioneta hasta ahora no había sido útil. O mejor dicho, Kankuro no estaba dando el cien por ciento. Se le notaba la desesperación y la ansiedad por derrotar a su rival. Una prueba de ello es que saca a otras dos de sus marionetas: Madre y Padre. Eran las marionetas de Chiyo. Sacando sus cuchillas, junto a Sasori comienzan la ofensiva. Pero otra vez volvía a fallar. Kitsuchi se envolvió en un escudo de piedra, donde rebotaban todos los golpes de las armas afiladas.
Definitivamente, el marionetista la estaba pasando mal. Su gran comienzo en la guerra se estaba viniendo abajo. Frente a él, estaba un enemigo duro de vencer que contaba con una gran defensa. No había forma de penetrar esas piedras. Parecía que el destino lo hubiera puesto frente de él como su verdugo.
- ¡Cobarde! ¡Deja de defenderte! ¿Acaso no piensas atacarme?
Era clara la diferencia de ánimos: uno estaba alterado, el otro muy tranquilo y paciente. Esto era clave en la batalla. El hermano del Kazekage envía a sus marionetas otra vez. Seguía intentándolo pero sin ningún plan. Y por si fuera poco, Madre y Padre iban a ser destruidas: desde el piso, salieron grandes pinchos de piedra, atravesándolas y acabando con ellas de un único ataque. Las marionetas de Chiyo no duraron lo que esperaba. La ansiedad hizo que cometiera el error de invocarlas. Quedaban Sasori y su dueño fuera de si. Descubierto Kitsuchi, lanza su aguijón venenoso a su rival para intentar atravesarlo. Y lo logra. Pero.. era un Clon de Piedra. La estrategia de Kitsuchi fue simple: creo un clon de distracción, aprovechando la poca concentración de su rival, dejo que la marioneta lo atravesara, y una vez eso, el sostendría fuertemente desde la cuerda del aguijón a Sasori dejándolo inmóvil. El veneno no le afectaba así que podía resistir tranquilamente. Sin nada de por medio, era momento de que con su Doton: Puño de Piedra, atacara directamente a Kankuro. Iba a ser el golpe definitivo.
Cuando esta por impactar, una gran tela de color blanco comienza a rodear el brazo de Kitsuchi frenando su ataque. Los de la Aldea Oculta de la Arena eran especialistas en técnicas de Ataduras de Telas. De esta manera, ella logra salvar la vida de Kankuro.
- ¡Matsuri! ¿Qué haces aquí? ¿A qué has venido? ¡Vete! ¡Corre, corre!
- ¡No voy a huir! ¡Soy la mujer del Kazekage! ¡Yo también voy a pelear!
- ¿Es qué no lo entiendes? ¡Mira todos los que han muerto! ¡Corre, por favor!
- ¡Kankuro! ¡¿Perdiste la voluntad de pelear?! ¡Daremos nuestra vida para proteger la aldea si es necesario! ¡Ese es el orgullo del País del Viento!
Para sorpresa de Kankuro, allí estaba la enamorada de su hermano. Era una de las que había logrado salvarse de la técnica mortal de Doton. Las cosas se ponían aun mas difíciles. Apenas podía defenderse a sí mismo, ahora tendría que proteger a Matsuri. Si llegaba a ser derrotado, la situación iba a ponerse muy complicada.
- Así que tu eres la mujer del Kazekage.. - preguntó Kitsuchi.
- ¡Eso no te importa!
La lucha continuaba. El líder del ejército de la roca, antes de que la tela cubriera todo su cuerpo, toma el largo trozo que ató a su brazo y lo revolea fuertemente, lanzando algo lejos a Matsuri. La preocupación de Kankuro por ella era evidente: veía como su cuerpo volaba y el nada podía hacer. Y ese segundo de distracción provocó que bajara la guardia. Esto lo aprovecha su rival: Kitsuchi rápidamente se acerca a él, toma sus brazos y activa una de sus feroces técnicas: Doton: Huesos de Piedra. Varios huesos de piedra empiezan a formarse en el cuerpo del de la roca, atravesando por todos lados al marionetista. Era una técnica similar al Kekkei Genkai de Kimimaro. Por los pinchos que penetraron el cuerpo, lentamente empezó a correr la sangre del hermano del Kazekage, llevándose su vida en cada gota que al caer teñía la arena de rojo.
El destino había puesto su final en esa guerra. El marionetista perdió a su ejército y su compostura. Los gritos de sus compañeros muriendo retumbaban en su corazón. Esto perturbó su estado emocional, sacándolo de sí mismo. Y por si fuera poco, veía como la pequeña reina de la aldea era lanzada lejos por su rival. La impotencia, el dolor y la desesperación fueron cubriendo su alma, costándole perder aquel duelo. Moría en manos del peor rival que podía haberle tocado enfrentar, como si una mano misteriosa lo hubiera puesto delante de él. Así es a veces de trágica la vida del shinobi. Sin poder defender a su aldea, a su ejército y la enamorada de su hermano, Kankuro daba sus últimos alientos.
Y por si fuera poco, al enemigo no le alcanzaba con la victoria en la zona derecha. El ex capitán de la Segunda División va en busca de Matsuri. Ella fue testigo todos los horrores que habían ocurrido en aquel lugar. Presenció cómo las vidas de sus compañeros se iban apagando mientras las paredes de Doton se iban cerrando. Y por si fuera poco, en su retina se reflejaban los últimos segundos de vida de Kankuro, terminando de conmoverla para perder su voluntad. Así, tirada en el suelo luego de haber sido lanzada, con sus ojos llenos de lágrimas, se queda sin esperanzas, mientras la carga a sus hombros Kitsuchi para llevársela a su aldea. Con esto, comienza a retirarse junto a sus ninjas, el capitán victorioso de aquella batalla.
