¡SUS COMENTARIOS SON LO QUE ME DA ÁNIMOS PARA SEGUIR ESCRIBIENDO ESTA HISTORIA! :)


Un beso que dure por siempre

Martes 12 de Julio de 2011

Voces distorsionadas, timbrazos de teléfonos, lapiceros contra el papel, los tecleos contra las computadoras, el movimiento de los papeles, las discusiones, las conversaciones susurradas, las pisadas, afuera el ruido de los motores, los pitazos de los carros, la gente viviendo tan de prisa y teniendo tantas preocupaciones que se olvidaba de sonreír...

El caos de la gran ciudad.

Jonathan Miller estaba encerrado en su pequeña oficina, tenía la cabeza enterrada contra las manos en un patético intento por olvidarse del pánico que se expandía al otro lado de la puerta. La oscuridad resultaba seductora, dormir sobre todo, él exhausto hombre ya había perdido la cuenta de las tazas de café que había consumido aquella mañana.

Y sin embargo, el caso de la muerte de Marco Vulturi seguía estancado, el asesino impune, y ni una pista del paradero de Charlie Swan y Carlisle Cullen, como si se hubieran esfumado en el aire.

Era imposible concentrarse, sus parpados se negaban a permanecer abiertos un minuto más. Gabriela abrió de un empujón la puerta provocando que la luz y el ruido saltaran sobre Miller como un león enfurecido.

—¿Qué quieres? —Le dijo él, con un gruñido.

—Emmett Cullen y yo somos los únicos que parecemos hacer el trabajo por aquí.

—¿Ah sí?

—Sí, pero creímos que podías hacer algo útil y preguntarles a aquel par de tarados donde estaban la noche que Mary desapareció, la testigo ¿recuerdas?, la que se esfumó justo debajo de tus narices. —Se mofó ella.

—¡No presiones Gabriela!

—Ahora te los mando. —Se dio la vuelta con una innegable sonrisa socarrona.

Genial, ahora recibo ordenes de una novata cuyo padre es un activo orador en la política. Pensó Jonathan Miller.

—¿Quería vernos señor?

Miller levantó la vista de mala gana para ver a Kevin y a Luis, un par de las piezas por las que toda su reputación estaba cayéndose a añicos.

Jonathan Miller exhaló un prolongado y exasperado suspiro.

—Caballeros, me harían el grandísimo honor de explicarme, ¡¿por qué Mary Brandon desapareció de su celda?

Ambos jóvenes pegaron un respingo y abrieron los ojos como platos.

—Ay… cierren la puerta.

Miller se levantó, le dio la vuelta a su escritorio y se pasó una mano por los ojos tallándoselos fuertemente, por fin se reclinó sobre el borde posterior del escritorio con Kevin y Luis observándolo cautelosamente.

—La cosa fue así. —La tensión en la mandíbula de Jonathan no parecía disolverse al irse adentrando en su monologo. —Por la tarde del domingo Charlie y Carlisle llevaron a Mary Brandon a la clínica Stars con el psicólogo Jasper Hale. ¿Estamos?

Luis y Kevin asintieron sin reparos a la delicadeza de sus cuellos.

—La regresaron a eso de las seis de la tarde, la encerramos en una cómoda celda para ella sola. Y en estas finas instalaciones había cuatro distinguidos policías, Charlie Swan, Frank Freeman, Luis Álvarez y Kevin Smith. —Prosiguió Miller. —¡¿Cómo hizo una pequeña mujer como ella para salir de una celda bien protegida bajo la custodia de cuatro hombres bien entrenados?

Luis se pasó ambas manos por el liso cabello marrón, Kevin clavó los ojos al piso y se cruzó de brazos.

—Frank no se quedó esa noche. —Admitió Luis. —Él recibió una llamada y se marchó, se veía muy alterado.

—Una llamada, ¿de quién? —Preguntó Jonathan.

Luis negó con la cabeza apartando la mirada. Kevin dio un paso al frente y alzó la vista.

—El jefe Swan nos ordenó que nos marcháramos.

—¿Y le hicieron caso?

—¡Era nuestro superior! —Se defendió Luis.

—No supimos más del asunto hasta el lunes por la mañana cuando el doctor Cullen realizaba la autopsia de Marco. El jefe Swan y Emmett Cullen buscaban el arma en la casa de Didyme y el jefe Swan nos pidió guardar el secreto. —Reveló un cansado Kevin.

—Así que el domingo por la noche Swan se llevó a Brandon, ¿Qué estaría haciendo nuestro buen doctor? —Se cuestionó Miller.

.

Gabriela y Emmett revisaban los cajones de la oficina de Charlie Swan que había estado cerrada desde el domingo hasta ese momento.

—¿Crees que Kevin y Luis digan algo útil? —Inquirió Emmett.

—Si ellos no lo hacen Frank lo hará. —Respondió con suficiencia.

El policía Cullen no hizo más que asentir en silencio.

—¡Já! El jefe Swan olvido su agua. —Sonrió Gabi notando el vaso de agua sobre el escritorio de Charlie.

—¿Agua?, Charlie sólo bebe café o cerveza.

Emmett llevaba los blancos guantes para evitar dejar sus huellas dactilares, y estudió el traslucido cristal con la mirada seria.

—Quiero que analicen esta agua. —Exigió Emmett.

Gabi frunció el seño pero tomó el vaso de la mano de Emmett para llevarlo al laboratorio.

Miller nos dijo que Mary Brandon había pedido un vaso con agua, ¿será el mismo que Charlie tenía en su oficina? Aunque ahora no basta más que para un trago. Razonó el policía Cullen.

Unos golpecitos en la puerta sacaron a Emmett de sus lúgubres cavilaciones, Kevin estaba de pie junto al marco de la puerta.

—Miller quiere verlo.

Emmett asintió y se dirigió a grandes zancadas a la oficina de Jonathan.

—¿Qué averiguaste?

.

Rosalie y Jasper Hale estaban dentro del coche de Jasper a unas cuantas cuadras de la casa de Didyme Vulturi.

—¡Vaya, vaya, vaya! —Se sonrió la periodista. —Renata Vulturi resultó ser más ni menos que la novia de Frank Freeman.

Jasper negó con la cabeza incrédulamente con una sonrisa pícara al presenciar el estado de ánimo de su hermana.

El celular de Rosalie comenzó a sonar y Jasper aprovechó la distracción de su hermana para ver por la ventana la ligera llovizna que empezaba a descender y sumergirse en su torbellino de suposiciones.

—Emmett, ¿Qué sucede?

Nos hacen falta recursos confiables aquí, ¿podrías intentar averiguar algo con Teresa Pérez? Trabaja en el mismo hospital que Carlisle.

—Claro, voy para allá.

Rosalie agitó a su hermano suavemente por el hombro para conseguir su atención.

—Acaban de encomendarme una misión. —Rió abiertamente.

—¿A dónde quieres que te lleve? —Preguntó con amabilidad.

—Al Hospital, ¿no vendrás?

—Tengo que regresar a casa. —Se limitó a contestar.

.

Gritos de desesperación y dolor, llanto desesperanzador, personas corriendo de un lado a otro, sangre, lágrimas, estornudos, personas tosiendo, niños quejándose, adultos lamentándose, enfermeras enojadas y médicos estresados, lo usual en un hospital.

Rosalie recorría los pasillos con paso moderado, observando cuidadosamente a las personas a su alrededor cuando vio a su antítesis.

—Clearwater. —La saludó con frialdad.

—Hale. —Dijo del mismo modo.

—¿Por qué estás aquí?

—No eres la única que recibe información de policías.

Ambas voltearon cuando vieron a Teresa Pérez que corría por el mismo pasillo hablando con un par de médicos que llevaban a una mujer en una camilla hacia el elevador. Tere les dedicó una mirada severa hasta que las puertas del ascensor se cerraron.

—A esperar. —Susurró Leah recargándose contra una pared.

Varios minutos transcurrieron tensamente, Rose odiaba los hospitales. Pero finalmente Teresa reapareció con una jeringa en la mano.

—Señorita Clearwater veo que está de vuelta. —Dijo a modo de saludo.

—Así es, mis fuentes me informaron de que Carlisle y usted hablaron de algo más esa noche. —Leah sonrió dándole a entender que no cedería.

Tere hizo una mueca de enfado y las empujo a un cuarto donde tres pacientes dormían profundamente.

—Todo lo que te dije fue verdad. —Anunció con rudeza. —… Pero hubo más.

Las dos periodistas esperaron pacientemente a que la enfermera continuara.

—Carlisle me pidió mentir por él.

—No entiendo. —Admitió Rosalie.

—El doctor Cullen se aseguró de estar en un lugar donde pudieran escucharnos y básicamente esa noche corrió el chisme por todo el hospital de que Renata Vulturi estaba internada.

—¿Qué? —Leah medio gritó y Tere se apresuró a callarla.

—No quiso explicarme por qué pero era importante. Ahora deben irse, tengo muchos pacientes que atender y sólo dos manos.

Leah y Rosalie prácticamente trotaban por los pasillos del hospital hasta salir de él. Para entonces la lluvia caía con fuerza y estrepito.

—Renata es la novia de Frank. —Comentó Rose en voz baja.

—Y Charlie no confiaba en él. —Suspiró Leah pensativamente.

Un taxi iba pasando y se detuvo ante la seña de Rosalie.

—Eso es todo Clearwater, nos vemos luego. —Se despidió la periodista rubia.

—Seguro. —Contestó en tono pesimista.

El aguacero a cada minuto aumentaba de intensidad, la noche reinaba nuevamente las calles de Seattle, las oscuridad y el viento provocaron que Leah recordara las películas de terror que a Seth le encantaban ver.

Leah avanzaba por las solitarias calles rumbo a su departamento, supuso que seis cuadras no la matarían, sus tacones resonaban con eco al transitar por esa abandonada zona de la ciudad, la intrépida periodista metió las manos en los bolsillos de su abrigo, su bolso se balanceaba pesadamente sobre su brazo.

La joven avanzaba tan deprisa como era capaz con aquellos tacones altos y aunque sus propios pasos sonaban fastidiosamente no tardó en percatarse de que otros dos pares de pisadas resonaban al pisar los charcos de agua, Leah intentó caminar más rápido y pudo escuchar el aumento de esas pisadas, tan disimuladamente como pudo volteo hacia atrás y vio a cuatro hombres con sudaderas negras y el rostro cubierto siguiéndola.

Ella sabía que tenía su celular en su abrigo, así que dejó caer su bolso, torpemente se quitó los zapatos con lo que cayó de rodillas, pero gracias a la adrenalina y a la sorpresa de los cuatro perseguidores logró levantarse y echarse a correr antes de que ellos tuvieran tiempo de reaccionar.

Leah corría con todas sus fuerzas, los pulmones le ardían, la lluvia fría azotaba su rostro, sus pies ya tenían cortadas y le dolían pero se reusaba a dejarse atrapar. Los sujetos que la perseguían no voltearon a ver el bolso, iban a por ella.

¡Mierda!, ¡Mierda!, ¡Mierda! Gritaba una voz interior dentro de su cabeza.

Leah sacó el teléfono celular y con profunda desesperación y creciente horror marcó el primer número de la lista. Seth.

Un tono… nada.

Segundo… no responde.

¡Mierda! Voy a morir a manos de unos imbéciles que…

Tercer tono… —¿Hola?

—¡Seth!

La sonrisa de la victoria no duró ni tres segundos, uno de los hombres se arrojo sobre ella y el celular salió disparado.

¿Leah?, ¡Leah!

Leah se revolvió, lo pateó e intentó ponerse de pie, pero los otros tres hombres trataban de sujetarla, los golpeó, gritó e incluso mordió la mano de uno, pero por más que luchó entre los cuatro lograron inmovilizarla, velozmente una gigantesca camioneta negra apareció de entre las penumbras.

—¡No!, ¡Suéltenme!, ¡Déjenme!

—¡Cállate zorra!

—¡Quítenme las manos de encima!

La subieron no sin esfuerzo pero la camioneta pronto desapareció.

.

.

.

Seth escuchó horrorizado los gritos de su hermana y finalmente como un auto aceleraba reduciendo el forcejeo al ruido de las gotas de lluvia cayendo contra el suelo. Claro que Seth fue lo suficientemente astuto para grabar la llamada.

Él estaba solo en el departamento, lo recorrió nerviosamente de un extremo a otro un par de veces, haciendo respiraciones profundas e intentando pensar algo útil que hacer.

Los minutos pasaban y nada, el pánico se apoderaría por completo de él. Así que buscó entre los papeles que Leah tenía regados por todas partes y finalmente encontró el número de Isabella Swan.

—Contesta, contesta, vamos, por favor contesta. —Susurraba él.

¿Diga?

—¡Bella!, Bella soy Seth Clearwater, ¡Necesito tu ayuda!

Cálmate, respira, ¿Qué es lo que sucede?

¡Qué me calme! ¿Cómo demonios quiere que me calme? Pensó molesto.

—¡Se llevaron a mi hermana!, no sé qué sucedió, ella me llamó y sólo escuché como gritaba, ¡Bella! ¿Qué voy a hacer?, ¿y si la hieren?, ¡Tienes que ayudarme a encontrarla!

¡Oh Dios!

—¿Y si la lastiman?

Llamaré a la policía, iré a tu casa, ¡no salgas!

—No lo haré.

Y con eso terminó la llamada.

.

Oh por Dios. Esto no puede estar pasando, tiene que ser una pesadilla, no puede estar pasando. Pensó Bella sujetando el celular con tanta fuerza que su piel empezaba a enrojecer.

—¡Edward! —Gritó con voz sofocada.

Ambos estaban en el departamento de él, mientras Edward estaba ocupado cocinando la cena y como ella no tenía la mínima idea de cómo ayudarle con eso, Isabella se dedicaba a repasar todos los apuntes que él había hecho sobre la información que habían logrado reunir hasta ese momento.

—¿Qué pasa? —Preguntó alarmado entrando a la sala.

—¡Leah!, Oh por Dios, ¡han secuestrado a Leah!

Se notaba que Bella comenzaría a llorar en cualquier momento, Edward la abrazo con fuerza y ella escondió el rostro contra su pecho.

—Tranquila amor, llamaremos a la policía, ¿está bien? La encontraran.

Bella asintió débilmente y Edward la soltó y se apresuró a llamar a Emmett.

Todos se movían tan rápido que a Bella le costaba digerir todo lo que sucedía. Afortunadamente Edward sabía qué hacer, o por lo menos así lo parecía.

Edward manejó a toda velocidad hasta el departamento de Leah. Bella y él, encontraron a Seth un tanto histérico, lo cual era perfectamente comprensible, en poco tiempo Emmett llegó, con Gabriela, Luis y otros policías.

Gabriela se dispuso a investigar donde fue el último lugar donde vieron a Leah Clearwater, Luis revisó el departamento de arriba abajo en busca de pistas de su paradero o sus atacantes, Emmett llamó a Miller para ponerlo al tanto y Bella intentaba consolar a Seth.

Gabi hacía uso de todos sus informantes hasta que la comprensión llegó tan descaradamente como una bofetada.

—¡El hospital! —Espetó Gabriela sumamente molesta. —Yo le dije que hablara con Teresa Pérez. Todo esto es mi culpa.

—No lo es. —La contradijo Edward con voz grave.

—Ella estaba cerca de encontrar al asesino de Marco Vulturi, ¿no? —Luis le preguntó a Seth sombríamente.

—¿Por qué preguntas? —Intervino Bella.

—Porque encontré unos papeles que dicen "Ella nos dijo que desconfiáramos de la familia de Marco. ¿Por qué?, ¿querría desviar la atención?". Y también "Samuel Hernández oculta algo, pero también Carlisle Cullen ¿o será que Teresa miente?". ¿Alguna idea de que pueda significar todo esto. —Repitió Luis.

—No. —Susurró Seth.

—Emmett, nosotros no tenemos esa información. —Anunció Gabi visiblemente molesta.

—No… Leah es periodista e investigaba sin apoyo… ¡Rose!

Todos se le quedaron viendo al policía Cullen como si estuviera demente.

—Luis, quédate y sigue buscando datos entre los papeles de la señorita Clearwater. —Ordenó.

—Gabi organiza equipos de búsqueda, ¡que nadie descanse hasta encontrarla!

Gabriela asintió y salió corriendo de ahí.

—Edward llévate a Seth, necesito que alguien lo cuide, podría ser el próximo.

Emmett tomó su celular y llamó a Kevin.

—Necesito que vayas a hablar con Teresa Pérez, ¡ahora! —Y colgó sin esperar respuesta.

—Le diré a Jasper que salga a recoger a Rose. —Murmuró Emmett.

—Creo que Seth necesita descansar. —Susurró Bella abrazándolo.

—Cierto, vamos. —Edward les sonrió débilmente y se giró para hablar con su hermano. —Estás haciendo un trabajo estupendo Emmett, lo resolveremos.

Emmett sonrió ampliamente y salió del departamento con un sinfín de pensamientos girando en su cabeza.

Una vez en el departamento de Edward lograron hablar tranquilamente con Seth, aunque el pobre chico seguía muy asustado se veía más en control de sí. La lluvia en vez de disminuir aumentaba de intensidad provocando que se fuera la luz en la mitad de la ciudad, la sala donde estaban los tres sentados sin cruzar palabra era tenuemente iluminada por pequeñas velas.

—Los que secuestraron a sus padres son los mismos que se llevaron a mi hermana, ¿verdad? —Susurró Seth.

—Aun no podemos saber eso. —Respondió Edward en voz baja. —Pero Emmett está haciendo todo lo posible por encontrarla.

Nadie supo que decir después de eso y el silencio empezaba a ser incomodo.

—Edward… —Comenzó a decir Seth, vacilante.

—¿Sí?

—No le dije al policía todo lo que sabía.

Bella y Edward se le quedaron viendo fijamente hasta que Edward logro arreglárselas para recuperar su voz.

—¿Qué cosa?

—Leah casi sabía quién mató a Marco.

—¿Te dijo de quien sospechaba? —Preguntó Bella.

—Leah creía que Heidi ocultaba algo importante porque ella les dijo que Didyme y sus hijos tenían motivos para asesinar a Marco pero ella también. Heidi es la mejor empleada de Cayo, pero a diferencia de Aro que ha puesto a Jane y Alec como herederos, Cayo prefirió ceder esa parte a Chelsea en lugar de a Heidi.

—Ahora tenemos más razones para visitar a Cayo. —Afirmó Edward.

—¿Puedo ir? —Pidió Seth entusiasmado.

—No lo sé… —Edward hizo una mueca, ¿podría ser de mala suerte llevarlo?

—Si haces todo lo que digamos incluyendo no hablar, podrás venir con nosotros. —Concedió Bella.

—¡Gracias Bella! —Seth sonrió y ella le correspondió la sonrisa.

Las luces comenzaron a titilar y tras un par de intentos la luz volvió al edificio.

Seth prendió la tele y se puso a ver un programa sobre chicos en sus patinetas.

—Necesito salir a tomar aire. —Les avisó Bella y salió cerrando la puerta tras ella.

Por unos instantes Edward contempló la puerta cerrada.

—Seth, saldré un momento, llevo el celular, no le abras a nadie.

—Claro Ed.

.

Isabella Swan desolada caminaba por las calles tupidas de personas por la creciente sobre población, ni siquiera veía sus rostros, su mirada no se despegaba del suelo. Transitando sin rumbo la torrencial lluvia situada sobre la parte de la ciudad donde se encontraba se convirtió en llovizna.

Se sentó en un banco de los que están establecidos para las personas que esperan el transporte público, taxis y demás.

La fuerza con la que caía la lluvia volvió a ascender, la presión cayendo sin reparos sobre Bella…

Ella no se movió.

A todos ya les había entrado la evidente necesidad de llegar a sus respectivas casas, la noche y el aguacero los ahuyentaban.

Isabella tenía puesta la capucha de la sudadera y aunque no hubiera sido así seguramente no habría intentado desplazarse ni un centímetro más de donde estaba. La joven miraba la lluvia, las gotas de agua chocando contra el pavimento. Pero no estaba pensando en nada, esa imagen era la que tenía retenida dentro de su cabeza sin más, las gotas deslizándose sobre el suelo. Sin pensar en sólido ni líquido, ni frío, tampoco humedad o el posible resfriado que iba a ganar.

Bella entró en un extraño trance donde no existía nada más que la llovizna.

Los claxon, las pláticas, el rugir de los motores, los charcos siendo pisados, los saludos de cortesía, el bullicio en general lo oía pero no era plenamente consciente de ello. Se atrevería a jurar que existía un silencio absoluto.

Tardó varios minutos en darse cuenta pero un hombre caminaba en su dirección y se detuvo al estar frente a ella.

Bella se puso de pie parsimoniosamente, sentía el cuerpo cortado y los parpados le pesaban, pero lo vio, su rostro estaba a pocos centímetros del de ella.

—Edward, estoy asustada. —Susurró con voz quebradiza.

La mirada de sus verdes y preocupados ojos se entrelazo con la de Bella, por un momento que pareció interminable y sin embargo no duró lo suficiente.

Edward se inclinó hacia ella con insegura lentitud, Bella se quedó petrificada al notar los labios de él a escasos centímetros de los rosados labios de ella, como una caricia gentil con su beso separó ligeramente los labios de Isabella provocando que su corazón latiera con mayor fuerza y por un momento temió que sus piernas cedieran bajo su peso.

Edward la sujetó con fuerza entre sus brazos, Isabella se apoyo contra él y cerró los ojos sintiendo como su corazón zumbaba más que latía de lo rápido que iba.


Respuestas de reviews de capítulos anteriores:

Irina: Como siempre me alegra leer tus comentarios, en verdad me entusiasman muchísimo. ¡Claro! como yo está es una loca y confusa historia. La conversación con Renata tiene varias pistas importantes, sobre Mary aun hay más mentiras y secretos encubriendo su verdadera naturaleza. Y por fin encontré el momento que me pareció el adecuado para el tan esperado beso de Edward y Bella, ojala te guste. ¡De corazón, tu apoyo significa el mundo para mí! Esperé impaciente por tus comentarios :)

alessandra cullen: Hola, ¡A mí me encantan tus comentarios!Me hace feliz que te intrigue la historia, espero que aunque te de "pistas falsas" ya tengas en mente un par de sospechosos. Ya está el nuevo capítulo así que ahora yo esperaré por tu comentario :)

Una aclaración sobre un par de personajes (sólo por precaución):

Jonathan Miller. Digamos que es el jefe de todos los otros policías de Seattle y aunque es un policía capaz y con experiencia, todos esperan que sea Charlie el que diga la última palabra.

Frank Freeman. Es el novato en la fuerza policiaca y lo habían asignado como compañero de Charlie con la esperanza de que aprendiera a ser útil.


¡GRACIAS POR LEER!

SI TIENEN DUDAS, SUGERENCIAS U OBSERVACIONES DÉJENME EL COMENTARIO Y DE PASO PARA HACERME FELIZ

Itzi