Todos los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto
JUEGO DEL DESTINO
CAPITULO 10: EL ENCUENTRO
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Para el anochecer, Gaara despertó en la cama de su habitación con pesadez en todo el cuerpo, el cabello alborotado, y la ropa toda arrugada y desordenada. Esa tarde, había llegado a su casa luego de almorzar y discutir algunos asuntos con su hermano mayor, y luego de eso regresó a su casa para descansar unos instantes y reponer energías, pero al parecer, aún le faltaba un par de horas más de sueño…
Y ya era demasiado tarde.
O al menos el sol ya se había ocultado.
Preocupado, miró en el acto su reloj de mano: eran las 8 de la noche.
Sí, se le había hecho tarde. Y se suponía que debía volver a la empresa esa noche, para investigar…
Con pesadez, el varón se levantó de su cama y se observó a sí mismo, solo para descubrir que aún tenía puesto el mismo traje del día anterior; con el que se había quedado dormido la noche pasada en la sala del sótano de la empresa. Eso solo podía significar una sola cosa: Antes de volver a la empresa, necesitaba un buen duchazo, urgente.
Sacudiendo la cabeza para quitarse el sueño de encima, el pelirrojo se levantó con lentitud y caminó con paso torpe hacia el baño. Poco después, el sonido de las gotas de agua cayendo de la regadera y un fuerte vapor inundaron el ambiente.
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Y media hora más tarde, Gaara estuvo listo para salir.
Dentro de uno de los ascensores del edificio Sabaku No, una voz femenina se oyó comentar en forma impaciente…
—¿En qué piso está esa bendita sala? A este paso creo que vamos a llegar al infierno.
—¡No exageres! Mi casa está más abajito.
Ino de pronto rió ante el comentario sarcástico de su jefe, agradeciendo internamente su ayuda. Kankuro podía ser un pervertido ególatra y algo narcisista, pero gracias a él, iba a llegar pronto a los archivos que podrían darle respuestas a todas sus preguntas. En cierto modo, era ella quien ahora le debía un favor…
Pero la larga espera se le estaba haciendo eterna. Y esa musiquita que le ponían a los elevadores en la empresa no estaba ayudando en nada.
—Al menos podrían cambiarle a la tonadita esa.
—Se supone que es tranquilizante, y… no sé cuantas idioteces más.— comentó el varón—. Normalmente uso mi Ipod cuando vengo por acá para evitarme la molestia, pero ahora que estoy acompañado pensé que sería una falta de educación.
Ino suspiró hondo, resignada. Solo faltaba un poco más… o eso pensaba.
—¿Y exactamente… que tan abajo está esa sala?
—Bueno, tenemos cinco pisos subterráneos de estacionamiento, y debajo de eso tenemos otros cuatro pisos de almacén para abastecer el edificio—. Agregó el varón—. Y debajo de todo eso… recién está la sala de los antiguos expedientes.
Ino tomó nota mental de la cantidad de pisos por debajo del suelo a los que iba a tener que llegar. 9 o 10 pisos podían no parecer mucho, pero… considerando que habían comenzado en el piso 15… eso sí lo hacía bastante. Demasiado…
—Llegamos.
De pronto, el ascensor se detuvo y la puerta se abrió. En el acto, Ino asomó su vista hacia el exterior, pero solo pudo ver un largo pasillo oscuro. Impaciente, la rubia estaba por salir con rapidez del elevador, cuando de pronto vio cómo Kankuro se le adelantaba hacia la puerta y se apoyaba en el borde para asegurarse que no se cerrara, y extendía la mano hacia adelante para cederle el paso. El gesto le pareció, por demás, encantador.
Tenía que admitirlo, Kankuro poseía muchas de las características que siempre había buscado en un hombre, sin embargo, por algún motivo no podía verlo como más que un amigo. Un… hermano. ¿Por qué no se sentiría atraída hacia él?
Apenas salieron del elevador, Kankuro prendió las luces para que pudieran moverse en el lugar. Ese pasillo, a pesar de verse desolado en un inicio, estaba impecable, bien mantenido, y con acabados nada anticuados, a pesar de ser de un estilo conservador. En definitiva, era un lugar exclusivo.
Luego de caminar por unos instantes más por el mismo pasillo, dieron la vuelta para ingresar en otro de menor longitud. Al final de este, la rubia pudo ver una mediana puerta de madera con tallados que aparentaban ser del siglo XIX.
—Promesa cumplida.
En ese instante, Kankuro sacó de su bolsillo un juego bastante grande de llaves, y escogió una de ellas para abrir la sala. Ino observó con detenimiento los movimientos del varón sin perderse de vista ningún detalle. Si quería volver luego a ese sitio, iba a necesitar toda esa información, sobre todo… esas llaves.
Para cuando las puertas se abrieron, Ino se quedó boquiabierta. Ni siquiera en sus más desquiciados sueños hubiese podido imaginar un lugar así. Se trataba de una inmensa sin división alguna, toda revestida de blanco, y con miles de estantes altísimos de madera labrada llenos de cajas, distribuidos paralelamente unos a otros y dejando pasillos a cada diez metros como para poder ir de un lado al otro. A un lado, había una enorme mesa de madera con 8 sillas distribuidas alrededor de la misma, y al otro, había solo un espacio libre con una silla adicional y una pizarra acrílica, lista para ser usada. Todo limpio, exquisito, organizado e impecable.
Diablos, ni siquiera la biblioteca de su Universidad podía verse tan… majestuosa. Impresionante. E intimidante.
Sorprendida, la rubia aún estaba mirando con sorpresa el lugar, cuando de pronto un dedo le dio con fuerza en la quijada, cerrándosela de un golpe.
—Cuidado que se te meta una mosca.
Ino saltó ante el gesto del castaño y lo miró con el ceño fruncido.
—Oye, ten cuidado con esas confianzas, ¿Quieres?
Kankuro sonrió ante el mal carácter de Ino. De alguna forma, disfrutaba hacerla enojar o verla molesta, lo cual resultaba bastante extraño ya que solo se sentía así con sus hermanos. ¿Por qué ahora también lo hacía con Ino? Quién sabe, tal vez el hecho de tenerla como pupila, le hacía verla como hermana menor…
Pero por ahora debía olvidarse de eso. En ese momento, debía descubrir qué era lo que Ino realmente quería con los antiguos registros de la empresa, y si en verdad tenía alguna conexión con ese caso "Yamanaka" que le había mencionado su hermano en la tarde.
—Vamos a la mesa—. Dijo de repente, para luego comenzar a caminar hacia una de las sillas del lugar. Señaló la que estaba frente suyo para que Ino se sentara ahí.
Cuando ambos estuvieron sentados, volvió a tomar la palabra.
—¿Entonces, qué es exactamente lo que buscas?
La rubia sintió que se le helaba la sangre.
—¿Que qué… estoy… buscando? — preguntó, no pudiendo disimular sus nervios.
Kankuro sonrió para sus adentros. Oh si, Ino era demasiado fácil de descifrar…
—Para tu trabajo. ¿Qué tipo de caso quieres ver?
Ino sintió que el alma le volvía al cuerpo.
—¡Ah! ¡Mi trabajo! — dijo aliviada—. Bueno… creo que me serviría un caso con una… una empresa grande—. El caso de su padre vino inmediatamente a su mente—. Algún caso de estafa o algo así.
El mayor entrecerró los ojos y observó a la rubia por unos instantes. Según lo poco que pudo encontrar en internet, el caso Yamanaka fue un caso muy sonado años atrás, en la que el dueño de la compañía terminó siendo acusado por estafa y sentenciado a 20 años de cárcel. ¿Acaso estaría ese caso relacionado a Ino?
—¿Y tienes algún caso en particular en mente? — preguntó, esperando encontrar la respuesta a sus dudas.
Ino abrió la boca para contestar, solo para terminar quedándose callada. Claro que tenía un caso en mente, se trataba del caso de su padre, pero no podía decirlo tan directamente. Tenía que ser cautelosa.
—Pues la verdad no lo sé—. Contestó sonriendo—. Esperaba que tú me recomendaras uno.
El castaño suspiró profundo. O Ino era demasiado astuta, o él estaba fantaseando de más. Quién sabe, tal vez solo estaba siendo paranoico.
—Ahora no se me ocurre ninguno. Como verás, tenemos demasiado de donde escoger.
—¿Y no tienen algún… no sé, algún tipo de base de datos de casos o algo así?
Kankuro cerró los ojos y maldijo en un susurro.
—Sí, lo hay, pero no tengo acceso desde acá. Por algún motivo, mi padre no permite aparatos electrónicos fijos acá. Ya sabes, es de esos tipos chapados a la antigua—. Comentó sonriente—. Pero tengo acceso a la base de datos desde mi laptop.
A Ino se le iluminaron los ojos de la emoción. Tal vez esa sí era su noche.
—¿Y por qué no la traes?
El varón tardó en darse cuenta que había caído en su trampa.
—Eh… — titubeó, sorprendido. ¿Cómo pudo caer tan fácilmente? — no lo sé, no te puedo dejar sola aquí.
—¡Oh vamos! ¿Qué podría hacer yo sola aquí? ¿Robarme los archivos? En mi cartera no entraría ni un labial.
El castaño miró el bolso de Ino asintiendo inconscientemente. Sí, se trataba de uno de esos bolsos de mano en los que aún no podía entender como rayos hacían las mujeres para meter medio tocador, en el que de seguro no entraría ni siquira un documento partido en cuatro. Y por ultimo, ¿Qué podía hacer ella sola en ese sitio? Con lo grande que era… tardaría años en encontrar algo. Lo que fuera.
—¡No seas paranoico! — Insistió ella—.Solo me quedaré esperándote aquí sentada, mientras tu traes tu laptop.
Aún con dudas el mente, el castaño suspiró.
—Ok. Vengo en unos quince minutos—. Dijo serio, para luego señalar a su pupila con el dedo índice y hablar, casi amenazante—. Pero eso sí, prométeme que no tocarás nada.
Ino sonrió fingiendo inocencia.
—Lo prometo—. Contestó, fingiendo seguridad y convicción. Sin embargo, tras su espalda, estaba cruzando los dedos.
Con una sonrisa débil, el castaño se levantó de la silla y salió de la sala.
Y una vez Ino estuvo sola, comenzó con su búsqueda…
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Luego de media hora conduciendo a una velocidad moderada y sin tráfico, Gaara llegó sin mayores dificultades a la empresa.
Al entrar al estacionamiento, condujo su vehículo hacia el lugar que le correspondía, pero al llegar se sorprendió al encontrar el vehículo de su hermano estacionado al lado. ¿Qué hacía Kankuro aún en la empresa? Se preguntó, desconfiado. Rápidamente, se estacionó y sacó su móvil para llamarlo, pero se detuvo poco antes de hacerlo. Si quería investigar a solas y con tranquilidad, era mejor que su hermano no supiera que estaba ahí.
Salió de su vehículo y se dirigió hacia los elevadores. Cuando llegó, le llamó la atención ver que uno de los dos elevadores estaba llegando al piso 15, en donde se detuvo. Supuso que se trataría de Kankuro o alguno de sus practicantes, ya que su sala de trabajo se encontraba en ese sitio. No le tomó mucha importancia.
En el acto, presionó el botón del otro elevador. Cuando éste se detuvo frente a él, sacó de su bolsillo su Ipod y se colocó los audífonos para evitar el molesto ruido del elevador, y luego ingresó en él y presionó el botón que lo llevaría hacia el sótano. Cuando llegó al último piso, le llamó la atención encontrarse con las luces encendidas, pero supuso que seguramente se debía a que él las había dejado así ese día en la mañana.
Aún con la música de su aparato a alto volumen, salió del elevador y caminó por el largo pasillo que se extendía frente a esta, para luego llegar al más pequeño. Continuó por ese camino, y pronto terminó llegando a su destino.
Estando frente a la puerta, sacó las llaves y la abrió. Y luego, entró a la enorme sala…
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Ino se encontraba recorriendo los pasillos artificiales formados por los miles de estantes en la sala con los antiguos expedientes de la empresa, cuando de pronto un ruido desde afuera de la sala le hizo detenerse. ¿El elevador? Se preguntó en el acto, solo para terminar negando rotundamente. Según sus cálculos, Kankuro apenas se había ido unos diez minutos, y ahora debía estar recién sacando su portátil de su oficina.
Respirando profundo, se detuvo y dio una vuelta completa justo en la posición donde estaba, en medio de esa enorme sala. ¿Con un demonio, como rayos voy a encontrar el caso de mi padre? Se preguntó, lo que podía ver, cada estante estaba numerado, y en cada uno de ellos podía ver cajas con diferentes letras y números, pero no podía encontrar un maldito patrón que le dijera donde exactamente lo que buscaba
Continuó caminando en línea recta, hasta que de pronto vio una caja con las iniciales Y-1. ¿Sería esa la caja indicada? Con cuidado, bajó dicha caja y comenzó a revisarla, solo para terminar maldiciendo. Esa caja tenía casos de los años 20…
Estaba regresando la dichosa caja a su lugar, cuando de pronto sintió que la puerta se abría lentamente.
En el acto, saltó del susto y preguntó con voz débil.
—¿Kankuro?
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Gaara ingresó a la sala de los expedientes de la empresa con relativa tranquilidad, pero se sorprendió aún más al encontrar la luz encendida. Pero eso no era lo único extraño. Cuando vio hacia la mesa del lugar, se encontró con que dos sillas habían sido ligeramente movidas de su sitio original. ¿Acaso alguien más había entrado a la sala? ¿Acaso… alguien más estaría ahí en ese momento?
Preocupado, se sacó el audífono y cerró los ojos para agudizar su sentido del oído, pero no escuchó nada. La sala parecía estar vacía. A demás, según recordaba, cuando llegó ninguno de los dos ascensores marcaban el sótano, por lo que era imposible que alguien estuviese ahí. Por último, terminó recordando que una de esas sillas la había usado él la noche anterior, y la otra la había movido accidentalmente cuando puso la caja que contenía el caso Yamanaka en la mesa. La próxima vez, debería ser más cuidadoso.
Sacudiendo la cabeza, el varón se relajó un poco más, volvió a colocarse los audífonos, y luego se dirigió hacia el pasillo de donde había sacado la caja que estuvo a punto de leer el día anterior, para buscar su objetivo…
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Ino se quedó en silencio justo cuando escuchó el sonido de la puerta abriéndose a escasos metros de ella, aterrada. Según sus cálculos, era imposible que fuera Kankuro. Entonces… ¿Quién rayos era?
De pronto, le pareció escuchar unos pasos acercándose hacia ella.
Se tapó la boca aterrorizada y contuvo la respiración tanto como pudo. Los pasos de pronto dejaron de escucharse. ¡Diablos! ¡¿Quién podía estar en ese sitio, tan de noche? Según Kankuro, ese sitio estaba reservado para muy pocas personas. ¿Acaso tenía tan mala suerte que justo esa noche, alguien más se había animado a bajar a investigar?
Con temor, la rubia caminó lenta y cautelosamente hacia la entrada de la sala, pero no encontró a nadie. ¿Acaso había sido solo su idea? ¿O estaba volviéndose loca? ¿O… acaso
¿Acaso penaban en esa maldita sala?
Aterrada, regresó hacia el pasillo donde había estado hasta segundos atrás en el más completo y absoluto silencio, y se mantuvo oculta. Si era un fantasma, no tenía sentido esconderse, pero si no lo era… sería mejor que no la encontrara. De cualquier forma, era mejor permanecer oculta.
A demás, esos malditos pasos acompasados continuaban escuchándose por toda la sala…
Y estaba segura de que esos no eran los pasos de Kankuro.
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Gaara llegó hasta donde recordaba se suponía debía estar la famosa caja Y-10, pero terminó confundiéndose de camino. 2 veces.
Aburrido, regresó a la mesa principal e intentó hacer memoria de donde había sacado dicha caja el día anterior, pero no pudo. El sueño le había borrado parte de la memoria.
Fastidiado, salió de la sala a velocidad y se dirigió hacia el elevador, directo a su oficina. Necesitaba acceder a la base de datos de los expedientes si quería llegar rápido a la caja esa…
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En el piso 15, Kankuro maldijo a voces luego de salir de su oficina, molesto. Acababa de recibir una llamada que lo retuvo más de lo debido en su oficina, pero por suerte ya había terminado.
Suspirando hondo, caminó hacia el ascensor con una rapidez nada común en él, y luego presiono el botón que lo llevaría hacia el sótano. No le agradaba haber dejado a Ino sola tanto tiempo en ese sitio.
Luego de descender los pisos correspondientes, el aparato se detuvo en su destino. Rápidamente, el varón salió del lugar y se dirigió hacia la sala de archivos, y entró en ella.
Se extraño de no ver a Ino sentada en la mesa.
Aunque, bueno, luego de casi 20 minutos…
—¿Ino? — preguntó, mientras colocaba la laptop en la mesa y observaba a los alrededores, esperando encontrar a su rubia practicante.
Cuando apareció, Kankuro se extrañó al verla tan pálida.
—¿Sucedió algo? — preguntó con curiosidad.
—Dime…— le habló ella, un tanto asustada—. ¿Hace cuanto que llegaste?
—Acabo de llegar, ¿Por qué la pregunta?
—¿Sabes si alguien más vino aquí?
El castaño palideció en el acto. Si alguien más había estado ahí, y había visto a Ino…
Preocupado, salió rápidamente de la habitación y le echó un vistazo a los elevadores. Solo el que había usado marcaba como destino el sótano, mientras que el otro marcaba un piso distinto. Curiosamente, era el piso donde estaba la oficina de su hermano.
¡Nah! ¡Imposible! ¡Lo dejé en la casa! ¡Y por la cara que tenía, debe estar durmiendo ahora…!
—No, no creo. Por qué, ¿Acaso pasó algo?
—Yo… me pareció escuchar unos… pasos.
Kankuro rió para sus adentros al escuchar lo que dijo la rubia y, asumiendo lo que ella pensaba, decidió jugarle una broma pesada.
—Debe ser el fantasma. Solo ignóralo y no te hará nada—. Dijo sonriente, en una muy buena actuación.
En el acto, Ino tragó saliva y abrió los ojos con sorpresa, aún más pálida que antes.
—¿Fan…tas… mas? — tartamudeó, con evidente susto en el rostro.
El varón intentó mantener la compostura por unos instantes más, pero no pudo. Terminó soltando una sonora carcajada.
—Es broma. Que yo sepa acá no pena nadie.
De pronto, Ino frunció el ceño y lo miró enfurecida.
—No te juegues con eso—. Le regañó, golpeándole en el brazo—. Yo no creo en fantasmas. Pero estoy segura de que oí algo.
—Debes habértelo imaginado. Nadie ha bajado aquí, así que no te preocupes. Ahora, ven aquí.
Llamando a Ino con la mano, el castaño se sentó en la silla que había usado cuando llegó a la sala, y prendió su portátil. Luego, ejecutó el programa que lo enlazaba con los archivos de la empresa.
Ino se acercó a él para poder ver como manejaba el programa. Esa era otra cosa que debería aprender…
—¿Qué tipo de caso querías?
—Estafas.
El varón abrió el buscador y estaba a punto de ingresar el parámetro de búsqueda, cuando de pronto su laptop hizo un ruido extraño. Cuando vio hacia el lado izquierdo inferior, se encontró con una franja roja que le decía que su laptop se apagaría en 15 minutos.
¡Con un demonio…!
—Se bajó la pu… la batería—. Se corrigió a tiempo. Ino rió a su lado.
—No te rías, niña. Te toca ir a ti a traerla.
La rubia lo miró casi ofendida.
—¿Me toca? Hey, ¿Y dónde quedó tu caballerosidad?
—Es eso o te quedas con el fantasma.
Ino maldijo para sus adentros. Fantasma o no, no iba a desperdiciar la oportunidad.
—Ni siquiera sé donde tienes tu batería.
¡Diablos! Ino tenía razón. A demás, ahora que lo recordaba, la batería estaba metida en su cajón, y para que ella pudiera abrirlo, tendría que darle las llaves y…
¡Ni pensarlo!
—Está bien, yo voy—. Dijo con pesar, levantándose nuevamente.
Estaba a punto de salir, cuando de pronto se dio la vuelta y observó a Ino. En ese momento, metió la mano en el bolsillo.
—¡Toma! ¡Úsalo para que no tengas que escuchar ruidos extraños! — le gritó, lanzándole un pequeño objeto que Ino atajó en el aire. Cuando ella se percató de qué era, casi le da un infarto.
—¿Cómo se te ocurre lanzarme de esa forma tu Ipod? — Gritó, casi a modo de regaño—. ¿Y si no lo atrapaba?
—Te lo descontaba de tu sueldo.
Antes de que Ino pudiera decir algo, el varón salió de la oficina.
Ino se quedó mirando la puerta con una sonrisa en el rostro. Sí, el Ipod de Kankuro iba a ayudar… pero primero, había otra cosa que debía hacer.
De inmediato, estando a solas, miró nuevamente la laptop de su jefe. Cinco minutos iban a ser más que suficientes para que ella pudiera ejecutar la búsqueda que necesitaba…
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Gaara salió de su oficina con su portátil en las manos, listo para dirigirse nuevamente al sótano. Cuando llegó al elevador que había usado para subir, vio que el de al lado estaba llegando nuevamente al piso 15. ¿Qué rayos estaba haciendo su hermano ahí?
Decidió ignorarlo nuevamente y continuó con su camino. Entró en el elevador y rápidamente marcó hacia el sótano.
Cuando llegó a la sala de los antiguos expedientes, suspiró hondo e ingresó. Su mirada rápidamente se fijó en la mesa, en donde encontró la portátil de su hermano, que acababa de apagarse. A demás, notó también que faltaba una silla.
¿Kankuro?
Preocupado, se sacó los audífonos para escuchar detenidamente, cuando de pronto un sonido proveniente del pasillo 22 le hizo tensar los músculos del cuello.
—¿Quién está ahí?
Nadie contestó.
Gaara arrugó el ceño e hizo la misma pregunta un par de veces más, con el mismo resultado.
De pronto, sus ojos se abrieron de par en par.
Pasillo 22…
De inmediato, abrió su portátil y la prendió. Ingresó en el programa de búsquedas de los expedientes de la empresa, y buscó el caso Yamanaka. Tal y como pensaba, estaba en ese pasillo.
Decidido a encontrar al intruso, el varón dejó su laptop en la mesa, y se dirigió rápidamente hacia donde había escuchado aquel extraño ruido…
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Apenas llegó al estante F del pasillo 22, Ino comenzó a buscar con la vista en la parte más alta de dicho estante, tal y como indicaban las instrucciones en la base de datos. Terminó encontrando la caja Y-10
¡Sí! gritó para sus adentros. La había encontrado.
En el acto, colocó la silla que había arrastrado hasta ese sitio, y la puso al lado del estante. Luego, se paró sobre ella y estiró los brazos en un intento por llegar a la caja, pero estaba demasiado alta. Lo intentó un par de veces más, pero no lo consiguió.
La única forma en la que iba a llegar a esa dichosa caja, era… subiéndose al mismo estante.
Con temor, colocó un pie sobre el borde superior de la silla, y luego estiró las manos para llegar a la caja, pero apenas logró moverla un poco. Hizo otro esfuerzo por llegar a la misma, pero de pronto comenzó a perder el equilibrio.
Y la silla comenzó a tambalear por unos instantes…
Pero para su suerte, hizo uso de su buen balance y logró recuperar el equilibrio.
¡Gracias Kakashi-sensei, gracias! gritó internamente, agradeciendo todos los entrenamientos de su antiguo maestro.
Suspirando hondo, la rubia volvió a apoyarse en el borde de la silla y estiró los brazos una vez más hacia la bendita caja, pero de pronto sintió que accidentalmente jalaba el cable de los audífonos, y estos quedaron colgando del bolsillo de su pantalón.
¡Maldición!
Estaba por intentar sujetarlos y acomodarlos lo mejor posible, cuando de pronto sintió que unos pasos venían hacia ella.
Y de pronto, una sombra apareció por detrás del estante de donde ella estaba sujeta.
Una sombra que no era la de Kankuro…
Y en ese momento…
Perdió el equilibrio por completo.
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Gaara acababa de terminar de recorrer los grupos del A al E del pasillo 21 con relativa rapidez, cuando de pronto escuchó claramente unos ruidos que en definitiva no eran de su hermano. Y venían del pasillo 22 ¿Quién rayos estaba ahí?
Decidido a encontrar al intruso, atravesó entre los estantes para ingresar al pasillo de al lado…
Lo que encontró, lo dejó impactado.
El intruso… era intrusa.
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Aterrada, Ino gritó al ver esa sombra aparecer de pronto frente a sus ojos, pero pronto supo que ese no era el peor de sus males. Repentinamente, sintió que la silla sobre la cual estaba parada hizo un ruido extraño bajo sus pies, y luego comenzó a tambalear en forma torpe y ruidosa.
Pero no estaba dispuesta a darse por vencida tan fácilmente.
Decidida, la joven hizo su último esfuerzo e intentó sujetarse del estante frente a ella, pero solo terminó moviendo algunas cajas torpemente. Logró sujetarse del borde del enorme mueble de madera labrada, pero la silla bajo ella no quiso colaborar. Estaba por intentar nuevamente asirse del estante, cuando de pronto sintió que el borde de la silla sobre la cual estaba parada, acababa de resquebrajase...
Y en ese momento, cerró los ojos. La caída fue inminente…
Pero justo cuando su cuerpo comenzaba a prepararse para la trayectoria que tomaría en su camino contra el suelo, un brazo la rodeó con fuerza por la cintura en el aire, y luego la levantó en peso, hasta terminar siendo cargada y luego colocada sobre un firme hombro masculino.
Uno que despedía aroma a madera y lavanda…
Uno que le hizo suspirar.
Impresionada, Ino suspiró hondo y se quedó sobre el hombro de su salvador por largos instantes, sin poder creer lo que estaba ocurriendo. Ese aroma masculino, y la forma como había sido salvada de su caída, cargada en forma protectora y casi posesiva, le habían dejado totalmente embobada. Pero justo cuando su mente comenzaba a divagar, un recuerdo le hizo regresar a la realidad.
¡Un momento! Un fantasma no podría cargarla de ese modo, ¿O sí?
Preocupada, la rubia se estiró para poder ver a su salvador, descubriendo lo que tanto temía. No se trataba de ningún fantasma, ni nada por el estilo. Era un hombre.
Un hombre hecho y derecho.
Uno que la hizo suspirar…
Pero… ¿Quién era ese hombre?
En el acto, la rubia levantó la cabeza e hizo un esfuerzo por mirar el rostro de su salvador, pero apenas pudo ver unos cabellos rojizos. ¿Quién era? ¿Y qué hacía ahí?
Por su parte, Gaara tardó un par de segundos en darse cuenta de lo que había pasado. Observó hacia su hombro, y se dio con la sorpresa que tenía encima suyo a una mujer, una extraña que se había metido en los archivos de la empresa seguramente para espiar, y que ahora le debía la vida.
Lo extraño, es que no sentía ninguna incomodidad ni nada por el estilo. Todo lo contrario.
Ese cuerpo femenino se sentía increíblemente bien sobre el suyo. Y esas curvas… eran suaves y delicadas. Y su aroma…
Rosas y claveles…
Confundido, y con una extraña sensación de haber sentido ese aroma antes, el varón hizo un esfuerzo por mirar hacia el rostro de la chica que acababa de salvar para ver si podía identificarla, pero solo se encontró con una gran melena rubia. Idéntica a… ella.
Y de pronto, la recordó.
Con el corazón latiendo a mil por hora, Gaara estaba a punto de bajar a la chica para poder ver mejor su rostro y estar seguro de sus sospechas, cuando de pronto un ruido sobre su cabeza le hicieron detenerse. Al mirar hacia arriba, vio cómo una de las cajas resbalaba desde su posición en lo más alto del estante, y se dirigía justo sobre ellos.
Y justo en ese momento, un objeto en el suelo le hizo perder el equilibrio.
¡Maldición!
Sin pensarlo dos veces, y sabiendo que iba a caer, el varón cogió a la chica sobre sus hombros y se dejó caer hacia un lado para evitar que el objeto impactara sobre ellos, procurando ser él quien cayera contra el suelo para evitar que ella se hiciera daño.
La caja cayó al lado de ellos.
Ino cerró los ojos y gritó del susto al verse de pronto cayendo con ese hombre bajo ella, hasta que llegaron al suelo. Cuando reaccionó, se dio cuenta que ahora yacía sobre el pecho de ese extraño pelirrojo, y que la caja esa acababa de caer a su lado. Una caja que de seguro le hubiera caído en la cabeza.
¡Me salvé!
Agradecida, la rubia levantó el rostro levemente aún sobre el varón, y buscó su mirada para poder hablar con él, y darle las gracias. Pero al verlo, se quedó paralizada.
De repente, su corazón comenzó a latir con fuerza, sus mejillas se tornaron rosadas, y su cuerpo ardió con un fuego que nunca antes había sentido en ella. Esos ojos verdes aguamarina, esos cabellos pelirrojos, y esas facciones…
¡Es él!
Por su parte, Gaara aprovechó para respirar hondo cuando la joven a la que acababa de salvar la vida se levantó de su encima, y luego buscó su rostro para poder identificarla. Al verla, se quedó helado.
¡Es ella! ¡La chica de mis sueños!
En el acto, ambos se observaron mutuamente y se quedaron inmovilizados. Sus corazones comenzaron a latir con fuerza, y sus alientos casi comenzaron a entremezclarse, con respiraciones agitadas que a duras penas se esforzaban por regular.
Sin ser consciente de lo que estaba haciendo, el varón de pronto deslizó las manos por sobre la cintura de la rubia, y comenzó a atraerla hacia él. Por su parte, Ino se dejó llevar por el varón y comenzó a acercarse lentamente hacia el varón bajo ella, hacia su rostro.
Hacia sus labios…
Pero justo cuando estaban a escasos centímetros el uno del otro, un fuerte ruido les detuvo. Cuando miraron hacia arriba, vieron que otra caja estaba a punto de caerles encima.
De inmediato, Gaara rodeó con los brazos el cuerpo y la cabeza de Ino y la apegó hacia él, y luego los obligó a ambos a rodar hacia un lado, quedando él sobre ella.
La caja terminó cayendo sobre el hombro derecho del varón, rebotando luego y cayendo al suelo, dejando salir varios papeles de su contenido. En una de ellas, figuraba el apellido Yamanaka.
Pero aquello poco les importó.
En esos momentos, todo lo que le importaba… la cercanía de sus cuerpos. Y el hecho de que ahora él estuviese sobre ella. Y que ella estuviese debajo de él. Y que ahora sus labios estuviesen tan cerca el uno del otro, que casi pudieran… besarse…
Como en su sueño.
—Yo…
—Yo…
Ambos hablaron al mismo tiempo, para luego quedarse callados. Una fuerza magnética les impedía moverse, o hablar. Era como si… en ese momento sus cuerpos no fueran suyos, o como si no los pudieran controlar. Las hormonas comenzaron a alborotarse peligrosamente en ambos, de pronto… sintieron que ya no podían más. Necesitaban besarse. Unir sus labios y fundirlos en una batalla apasionada y desenfrenada de fuerza y poder, una que los dejara explorar más allá de lo que estaba permitido.
Pero justo cuando estaban a punto de hacerlo…
Una voz masculina les interrumpió.
—¿¡Qué está sucediendo aquí?
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Fin del capítulo 10
Comentario de la autora: Ahora sí, por fin cumplí con lo que todas querían ver: El tan esperado Encuentro. ¿Les gustó? Ruego a que sus respuestas sean afirmativas...
Mis juegos entre Kankuro e Ino tendrán una explicación en uno o dos capítulos, algo que de seguro las deja así: O.O. Ya luego les mostraré el porqué ellos se llevan tan bien. (Ya les di un adelanto, a ver si lo captan…)
Les comento que hace poco me comuniqué con Leontiness y Ellie-Kino, y estamos pensando en la posibilidad de abrir un concurso de one-shots GaaIno, en donde nosotras seríamos jueces. ¿Les interesa? ¿Quieren participar? Escríbannos al foro para saber de su interés:
http : / forum . fanfiction . net /topic/72393/23551905/2/#30011034
Luego se abrirá un hilo especial en el foro para el concurso. Espero que se animen.
Saludos, y gracias por leer.
Agregado el 12/08:
Acabo de crear el link oficial para el concurso, con las reglas y demás:
http : / forum . fanfiction . net /topic/72393/30104626/1/
Espero que se animen a participar!
