Notas de autor: Soy del asco porque no hice nada de mi tarea y solo escribí todo el día. No se preocupen yo jamás me podría olvidar de mis niños, aunque escriba con otras parejas 3

Quédate Aquí

Una fría noche, Mairin se sentó en su cama mientras abrazaba sus rodillas contra su pecho pensando sobre alguien en particular. "Alain," Dijo dando un suspiro. "¿Por qué actúas tan distante de repente?"

Esto era algo que la pelirroja no se podía sacar de su cabeza desde hace ya unos meses. Ella ya no era una niña, ya tenía dieciocho años. Era costumbre para ella despertarse a las una de la mañana a pensar en su relación con alguien en particular.

Mairin siempre sintió algo especial por el chico, pero jamás lo tomo tan enserio hasta últimamente. Las cosas se ponían bastante complicadas entre ellos de vez en cuando, aunque no de mala manera. Cada vez que ellos se acercaban un poco más de lo debido, Alain tenía la mala costumbre de ponerse distante inmediatamente y eso era algo que la pelirroja no lograba entender.

Ella comenzó a jugar con sus dedos y a mirar el techo, dando un gran suspiro mientras dejaba caer su cuerpo en la cama. "Alain, yo la verdad no sé qué hacer contigo."

Decidida, la pelirroja se levantó de la cama y caminó hacia la puerta. Moviendo la perilla con cuidado, Mairin logra salir del cuarto para dirigirse al dormitorio de cierto chico de cabello negro. Cuando ella llegó a la puerta, respiró profundo para calmar los nervios.

"¿Mairin?" Preguntó una voz media dormida.

La chica se sorprendió y contesto algo nerviosa. "¿Alain?"

Alain trato de prender la lámpara que estaba cerca de él. Cuando la logro prender, se quedó viendo a la pelirroja algo molesto. "Mairin, ¿Qué haces aquí? Si el profesor se entera de que estas aquí, me meterás en problemas."

"No es la primera vez que estoy aquí. No le veo el problema." Contesto Mairin con seriedad. Ella tenía razón, no era la primera vez que se quedaba en su cuarto, pero era así como comenzaban los problemas entre ellos. "Alain, no es que el profesor no sepa que hay algo entre nosotros. No entiendo porque siempre te pones distante conmigo."

"Es tarde. De verdad que no quiero hablar de esto ahora." Dijo Alain algo irritado. "¿Por qué no te vas a tu cuarto, Mairin?"

"¿Me puedes explicar por qué lo esquivas tanto?" La pelirroja cruzo los brazos.

"¿Esquivar qué?"

"Nosotros, esto. Alain, yo no entiendo porque te pones tan distante conmigo cada vez que algo pasa entre nosotros." Mairin se acercó lentamente hacia donde estaba el chico y se sentó en la cama al lado de él. "¿Me vas a contestar o te vas a quedar mudo?"

Alain evito mirarla a los ojos; él sabía que ella tenía razón. Por mucho que él la quería, se le hacía complicado ser honesto con sus sentimientos y poder entregarse completamente. "Si quieres quedarte, por mi está bien. Pero si el profesor dice algo, más te vale defenderme." Con eso el chico se dio la media vuelta y apago la luz.

Mairin dio un suspiro y se cubrió con las sabanas. "Oye, ¿sabes qué? Eres un gruñón de lo peor." Ella se dio la vuelta y le dio la espalda. "Buenas noches." Dijo de manera fría.

De repente, la pelirroja sintió como un brazo la envolvió y la abrazo fuerte. "Eres una odiosa."

La chica le tomo la mano y entrelazo sus dedos juntos con los de él. "¿Yo odiosa? Tu eres el que no quiere admitirlo y me dejas como una loca."

Él le apretó la mano y escondió su cabeza en el pelo de la pelirroja. "Mairin, se supone que me conoces. No debería decirte estas cosas; sabes que me es complicado."

Mairin se dio vuelta para mirarlo a los ojos. "Lo sé, pero, ¿no crees que es lindo poder decirlo de vez en cuando?" Ella se acercó a él lentamente y lo beso suavemente en los labios. "No creo que valga la pena esconder esto por mucho más tiempo. Si te hace sentir más cómodo, me voy a mi cuarto." Cuando la pelirroja se comenzó a levantar para irse, se dio cuenta de que había una mano sujetando su brazo. "¿No me vas a dejar ir?"

Alain se comenzó a sonrojar, pero gracias a que las luces estaban apagadas, lo logro esconder. "No te vayas."

Mairin se mordió el labio de forma coqueta.

Él dio un suspiro, sabiendo lo que ella quería escuchar. "Quédate aquí, conmigo." Le dice el chico rendido.

"Ya que insistes…"

Alain la acerco hacia él y la abrazo por el resto de la noche. Cuando él estaba convencido de que la chica se había quedado dormida en sus brazos, él le dio un beso en la mejilla y las palabras se le escaparon de la boca por si solas. "Te quiero mucho, Mairin."