Esta es una traducción del relato "The Chosen", de Lyon's Own.
Por supuesto, los personajes pertenecen originalmente a J.K. Rowling...
EL ELEGIDO
Capítulo 11
- Mi paciencia se acaba, Señor Consejero-. Dijo Marjeta, melosamente, pasando ligeramente sus garras afiladas sobre el pecho del vampiro.
- No te atreverías-. Espetó el hombre atado. –Sabes, tan bien como yo, Señora Castellana,- escupió el título con desdén, - que cualquier daño que me hagas a mi, afectará a mi esposa doblemente. Dices que Suruthi es tu amiga, ¿ verdad ?- Provocó presuntuosamente. -¿ La dañarías a ella, también ?
Podía ser que lo hayan sacado a la rastra de su casa, atado, como un criminal común, y que lo hayan traído a esta celda olvidada de Dios, bajo Kynaston, pero no se atreverían a herirlo, no en verdad. Ah, lo intentarían, el brillo feroz en los ojos de la Castellana demostraba que apenas podía contenerse, pero aunque estuviera tentada a hacerlo, ni ella ni los guardias lo lastimarían, sabiendo que él tenía en sus manos la llave de la salud de su esposa.
Bajo circunstancias normales, realmente él no consideraría la posibilidad de lastimar a Suruthi, pero lo estaban empujando, debería mostrarles que con Prakash Bhushnan no se juega. Podía manipular el collar desde lejos, después de todo. A estas alturas, no estaba por encima de usar a su rehén para obtener su libertad.
Marjeta sonrió con desdén, dejando que el patético hombre pensara lo que quisiera, consolándose con sus pavadas infantiles. Ella tenía recursos mucho más grandes de los que él conocía. – Por supuesto, Señor Consejero, el bienestar de la Señora Suruthi es la mayor de mis preocuapaciones...¿ puede usted decir lo mismo ?- Hizo una mueca de desprecio, levantando una ceja y retirándose en un aparente consentimiento.
Prakash se dejó caer levemente contra las esposas, cuando la Castellana se retiró de la habitación. Se le había garantizado un indulto. Sólo tenía que contener la lengua hasta ser liberado. No tardaría mucho, estaba seguro. No iban a lastimarlo, y Barnabus encontraría una manera de liberarlo. El ambicioso Señor aún lo necesitaba para completar sus planes. Prakash no se engañaba, el Señor vampiro lo creía prescindible, pero no antes de que el ritual estuviera completo y el apoyo de los tradicionalistas fuese algo seguro. No, el Señor Prakash Bushnan todavía tenía un rol importante que desempeñar, Barnabus no iba a dejarlo languidecer en las mazmorras.
Y, aunque el plan para liberarlo no fuera ejecutado a la perfección, aún le quedaba la Audiencia con el Consejo, para convencer a los demás de que su arresto había sido un gran error. Habrá algunos que piensen que el uso de un collar de control es algo reprobable, pero otros...bueno, Prakash estaba seguro de que algunos miembros del Consejo deseaban tener maneras de gobernar mejor a sus compañeros rebeldes. Esos lo apoyarían, argumentando que él había actuado dentro de sus derechos.
Mientras Prakash rumiaba, captado por sus propios delirios de una renovada posición y un posible ascenso a Castellano, Marjeta volvió a deslizarse silenciosamente en la habitación y observó como se agrandaba la sonrisa en la cara del condenado señor.
Señor Castellano Prakash Bhushan, sí, suena muy bien.
Ciego a la realidad de la situación, y prefiriendo considerar cómo la lealtad a Barnabus le sería recompensada, hizo a un lado su temor anterior. Decidió que había sido un momento de debilidad. Conocía a Barnabus hacía casi una centuria, había sido su confidente por los últimos veinte años. Era estúpido permitir que un momento de duda lo cegara ante el verdadero propósito y carácter del futuro Gran Señor. Mostraba una fe muy pobre si podía ser conmovido por un sentimiento fugaz. No, todo se resolvería como lo habían planeado. Su actual aprieto era sólo algo menor, fácilmente solucionable.
Debo aferrarme a eso y permanecer leal. Barnabus no me abandonará.
Respiró hondo para calmarse. Sobreviviría a esto y se vengaría de sus enemigos por esta afrenta. Marjeta casi podía ver como se acomodaba en la fantasía. Ya era suficiente. -¡PRAKASH!
La cabeza del vampiro se levantó, y ella le encontró la mirada, los ojos del hombre se mostraron indefensos por un momento breve, pero fue suficiente para desatar las habilidades de ella. Llena de ira e impaciencia, le atravesó la mente. Era un secreto bien guardado que Marjeta Vlcek era una Maestra Cautivadora; entrenada desde pequeña, había llegado más lejos que nadie que se tuviera memoria. Las habilidades de la mente, apenas mencionadas en los textos más antiguos, estaban bajo su control. Sin lástima alguna recurrió a sus talentos para adelantarse y realizar algo que se creía imposible...
Prakash luchó contra sus ataduras, peleando contra la violenta invasión con toda su fuerza mental, pero sus defensas eran magras, comparadas con el enorme poder y entrenamiento de Marjeta. Lamentándose, incrédulo en su derrota, cedió ante el poder que parecía partirlo en dos. Herido hasta el núcleo de su alma, y sólo en los harapos que restaban, podía sentir el ligerísimo eco de la que alguna vez fue una vibrante conexión con su esposa.
-¿ Q- qué has hecho ?- Lloró, angustiado, sintiendo la pérdida profunda, la amarga frialdad en lo más hondo. -¿ Qué has hecho ? Ella...¡ella se ha ido!
Con los caninos descendidos y los ojos brillantes, Marjeta sacudió su cabeza en señal de triunfo.
- Estás solo- Gruñó. – Ya no puedes esconderte detrás de la pollera de tu mujer. ¡ Denvit pja !- Lo maldijo en la lengua de los antiguos, y se aproximó como un gran gato acercándose a su presa. – No la mereces, Prakash-. Sus dientes brillaban. – Ella es libre, ahora. El vínculo manchado está roto, es como si nunca hubiese existido-. Anunció con alegre crueldad.
El desgraciado señor retrocedió horrorizado. -¡ Es imposible ! Nos has matado a ambos. ¡ La has matado a ella ! Ninguno de nuestra raza puede sobrevivir sin su pareja.
- ¡Ah!- Marjeta hizo una mueca de desdén, mordiéndose el labio con un colmillo. –Pero, ya no es tu pareja-. Se lamió la gota de sangre con deleite.
Él sacudió la cabeza violentamente, para negar esas palabras y para aclarar su mente. -¡No, no...el vínculo es irrevocable ! ¡ Estamos unidos de por vida !. ¡ Ella es mía !
Marjeta rió ásperamente. –Sólo una verdadera unión es inviolable. Un vínculo corrupto...- Se encogió de hombros, flexionando sus garras. – Un vínculo traicionado, bueno, eso es algo absolutamente diferente. Suruthi, ahora se pertenece a sí misma-. Dijo ella, con tono acerado. –Y tú...me perteneces a mi.
Ahora que estaba en sus manos, ella movió casualmente su muñeca y le abrió una mejilla. – Creo, Señor Consejero-. Dijo, mientra él sollozaba. – Que tienes algo que contarme sobre el ataque de los cazadores, ¿ verdad ?
Horas más tarde, El Gran Señor de los vampiros colocaba un paño frío sobre la frente de su Castellana, que se encontraba recostada sobre un canapé, en su estudio privado. – Hiciste bien, prima-. Dijo él, aprobando con suavidad.
Marjeta suspiró. – Sí, tal vez, pero a qué precio. Mi maldita cabeza me está matando, me duelen los dientes, me duelen las garras, me...
El rubio Señor rió. – Ya lo sé. Estuviste bastante ocupada y estás dolorida. Dime que quedó algo de Prakash después de tu pequeña entrevista. Me gustaría tener algo que presentarle al Consejo cuando llegue el juicio.
Su humor ácido la hizo sonreír suavemente. – No te preocupes, quedó bastante para arrastrar ante el Consejo el día del juicio-. Sonrió despreciativamente - Apenas...además, por más que quiera matarlo, lo necesito vivo para seguir interrogándolo. No pude conseguir demasiado después de quebrar el vínculo. Fue divertido jugar con él por un rato, pero no te imaginas lo arduo que es romper un vínculo sin lastimar al otro miembro de la pareja. Antes de terminar, sólo pude descubrir que él es parte de un complot para destituirte, pero no pude pescar los nombres de sus secuaces conspiradores, ni los detalles de sus planes, más allá de interrumpir el Amoraj, para lo que sea que les sirva.
Suspiró otra vez, sacudiendo la cabeza con cuidado ante su evidente falla. – Lo siento, Abre Hir.
Draco resopló y tomó el paño para renovar el encantamiento enfriador. –Marjeta, pusiste en acción un talento que no ha sido empleado en un milenio, y salvaste a Suruthi en el proceso. No tienes nada por qué disculparte. Por lo menos, ahora sabemos con certeza que Prakash está involucrado en el quiebre de nuestras defensas. Sabemos que tenemos que ser cuidadosos con los planes de sus aliados desconocidos, y que la amenaza es interna, y no una nueva habilidad de los cazadores para quebrar nuestras defensas. Dudo que haya otro ataque como el de la otra noche-. La forzó a reclinarse y volvió a colocarle el paño frío. –Y, por mucho que deteste dejar que ese bastardo disfrute cualquier forma de indulto, Prakash esperará para un segundo interrogatorio, mientras nosotros atendemos otros asuntos urgentes. Unos pocos días en las mazmorras no harán gran diferencia-. Draco sonrió lanzando una mirada a las puntas de los dedos de Marjeta, manchados de rojo. – Dudo que esté en condiciones de darnos nombres, por lo menos hasta entonces.
Ella le mostró una sonrisa con colmillos, pensando en el ensangrentado, quebrado desecho que había dejado en la celda pútrida. – No, supongo que no-. Le respondió, hecha un dechado de fría gracia e indiferencia. Tal vez no había quebrado por completo la mente del hombre, pero ciertamente había tenido su fuente en el Señor Prakash, y algo más. Cuando otros pensamientos comenzaron a filtrarse, ella se concentró nuevamente. - ¿ Y qué sucederá con el Amoraj, primo ? Esa parte de los planes fue exitosa, se retrasó por el duelo.
Él golpeó sus dedos contra sus labios. – Parece que quisieran tener tiempo para seducir a alguno de los Prometidos en el complot para asesinarme. No tengo heredero, no estoy unido a nadie, soy Gran Señor y Jefe de la Casa Arsaelan... matándome crearían un vacío que arrastraría a los Clanes a una guerra sangrienta por el control.
Voy a ser cauto, pero deberíamos monitorear de cerca a todos los que entren en contacto con los Prometidos. Quiero reportes diarios de los guardias, además de los guías, todos los que pidan audiencias repetidas con los Prometidos y los Honrados serán sospechosos, por lo menos hasta la Elección.
- Como quieras, Abre Hir-. Replicó ella. – Por lo menos no será un retraso muy prolongado, tres días no harán una gran diferencia en sus planes. El Cortejo sólo tardará unos pocos días, dado el número de Prometidos. Dudo que sean capaces de organizar una movida antes de la Elección.
- Tal vez-. Draco cerró los ojos por un momento, pensativo. – La seguridad de los Prometidos debe ser reforzada, de todos modos. Puede que su objetivo no sea involucrar a uno de los Prometidos en su complot, tal vez sea la muerte de un Prometido, eso comprometería al Amoraj de una manera inaceptable. Ha sucedido antes, y el Amoraj fue cancelado. Tendría que soportar la atracción otra vez, tendría que rehacer todo. No quiero perder a ninguno, Marjeta.
- Estoy de acuerdo-. Ella se sentó y colocó el paño en una vasija. –Discutiré los detalles de la seguridad con Nicodemus, pero basta de asignar a tus guardias de elite para eso.
- Como si hubiese tenido elección-. Respondió con desconcierto. –Etienne fue llamado a la Torre del Vidente, antes de poder asignarle guardias a Raure. Y, por lo que he visto, ni siquiera mi elite fue suficiente para ponérsele a la par.
Marjeta cruzó la habitación y sirvió un jugo verde efervescente en dos copas de cristal. Le alcanzó una a su Señor con una sonrisa sobradora. –Sí, Raure...es un enigma, ¿verdad ?
Draco bebió el líquido ligero y le devolvió una sonrisa juguetona. –Tú puedes afirmarlo...tú lo trajiste a La Ciudadela, Marjeta, ¿ qué te parece ?
Ella rió y sacudió un dedo. –¡Ah, no! No vas a hacer que se me escape ninguna información, Abre Hir. Vas a tener que esperar hasta el día del Cortejo y descubrirlo por ti mismo; como con los demás Prometidos.
Él se dejó caer en su sillón favorito con un ligero 'puchero'. -¡ No es justo, prima ! Además...- Suspiró. –Hay algo en él, algo familiar. Realmente no puedo darme cuenta de qué es, es una sensación..., como si lo conociera, o como si debiera conocerlo. Es un mago poderoso, con seguridad, y es todo un reto, no hay medias tintas en él. No se impresionó en lo más mínimo con mi título o mi posición...Tal vez, nuestros caminos se cruzaron antes. Con certeza, nunca conocí a nadie como él antes de mi transformación.
La Castellana sonrió indulgentemente. –Todo es posible, Draco. Pero no te preocupes demasiado. Hay otros, ¿ sabes ? Debes estar abierto a todas las posibilidades que te brinde el Amoraj.
- Ya lo sé. Sólo lo he encontrado una vez, o dos si cuentas nuestro pequeño intercambio en la Sala del Hospital. Realmente me recuerda a Aerun, a quien encontré sólo dos veces-. Agregó con una mirada significativa, para evitar cualquier posible recriminación. –Ambos son bastante...seguros en sus opiniones, me parece...Eso me agrada-. Dijo, casi para él mismo, pensando en el amante de sus sueños. Fortaleza, seguridad, desafío. Sonrió.
Marjeta se aclaró la garganta. – Sí, bueno, ¿ les informaste sobre el retraso ? Sería una lástima que tus favoritos decidieran no quedarse.
Él asintió sonriendo. – No son mis favoritos. Es sólo que...los encuentro interesantes. Y, sí, les escribí esta mañana, para avisarles del retraso del Cortejo. Todavía no recibí respuestas de ninguno de los Prometidos, pero me sorprendería si Aerun o Raure no se quedaran. Aerun es del tipo de persona que no rechaza un desafío, y tengo la sensación de que es así, exactamente, como él me ve a mi. Raure, es demasiado curioso como para no seguir con esto, a ver adónde lo lleva. Además, permanecer es lo honorable, y él es así.
- ¿ Cómo ?- Marjeta levantó una ceja. -¿ Y cómo llegaste a esa conclusión ?
- Vino en mi ayuda durante el ataque, Marjeta, y permaneció en el Hospital para asistir a virtuales extraños, en parte por compasión, pero además por que era su deber y es el honor lo que lo conduce. Lo siento así.
Ella asintió, complacida por la manera en que se estaban desarrollando sus sentidos empáticos. Ese era otro signo de que estaba alcanzando la cumbre de sus habilidades de raza. – Tal vez-. Concedió. – Él es curioso, y diría que también es honorable...pero...
- Lo sé, Marjeta-. Desechó el resto del comentario. – No me apegaré particularmente a Raure, ni a ninguno de los Prometidos.
Ella apoyó la copa y le apretó los hombros con cariño. – Ten paciencia, Draco, todo te será revelado a su debido tiempo. Y hay mucho que ver en el entretanto. No te preocupes por los Prometidos, hay docenas de magos increíblemente poderosos en el mundo, y probablemente unos cuantos mantienen las viejas costumbres lo suficiente como para tener afinidad con la magia de la tierra. No hay necesidad de gastar energías tratando de descubrir sus identidades. Conocerás a Raure, a Aerun, a Tau y a Saeth, el día del Cortejo, no antes-. Lo regañó levemente.
Draco murmuraba mientras ella lo conducía hacia su dormitorio, sermoneándolo mientras caminaban. –Y hablando de todo lo que es necesario hacer, este día va a ser largo para ti. Deberás visitar todas las Casas y los hogares de los caídos, revisar el estado de los jardines con la Casa Damek. Así que, te sugiero que descanses, porque anoche no dormiste nada y deberías estar en reposo todo el día para curarte bien.
Draco puso los ojos en blanco ante los cariñosos consejos, pero la besó en una ceja, cediendo, de todos modos. Sería un largo día, ella tenía razón. Casi era mediodía, debería lidiar con el Consejo más tarde, enviar por un informe sobre la Señora Suruthi, escaparse para comer; y ciertamente podía dedicarse a sus enigmáticos Prometidos: Raure y Aerun, después.
O tal vez no, tal vez Marjeta tenía razón también en esto. La Gran Madre lo guiaría si él se mantenía fiel, su mano lo había guiado hasta aquí, ella lo conduciría hacia las respuestas a sus preguntas y hacia su Elegido.
Cuando, finalmente dejaron Kynaston, Harry notó que todas las personas que había visto estaban vestidas en el mismo rojo profundo.
- La sangre es vida, Prometido Raure-. Respondió Etienne, cuando le preguntó. – Nos vestimos de este modo para conmemorar la sangre derramada, las vidas perdidas y destruídas por el ataque de los cazadores.
Harry asintió solemnemente. Para él, era un recordatorio visual y triste del costo de la guerra. Los vampiros, como otras criaturas declaradas 'oscuras' por el mundo mágico, estaban perpetuamente bajo ataque. Pensó en Remus y su larga lucha por la aceptación y la batalla constante contra el estigma de la licantropía. Pensó en Hagrid, y cómo la gente asumía que el tamaño y la fuerza que le daba su herencia de gigante indicaban falta de inteligencia y tendencia a la violencia. Pensó en Dobby, que arriesgó un castigo terrible para salvar a Harry. Bueno, trató de salvarlo -tan agradecido que a veces era insoportable-, pensó en cómo saboreaba la individualidad que le otorgó la libertad, junto a sus medias sin par.
El bullicio de niños captó su atención, y dejó sus pensamientos para observar a un hombre que llevaba a sus dos pequeñas niñas en, lo que parecía, un día de compras. El hombre sonreía brillantemente a la niña mayor, que se sostenía de su manga; mientras la más pequeña, a quien cargaba sobre sus hombros, se inclinaba cuidadosamente para alcanzarle un dulce colorado a su hermana.
Era una escena simple de amor familiar, de afecto, y las entrañas de Harry se contrajeron de vergüenza y repugnancia. Porque él era parte de una sociedad que condenaba a esa encantadora familia, porque hubo alguien que clasificó a ese padre afectuoso y esas hermosas niñas como monstruos, criaturas siniestras de la oscuridad, rebajadas por los prejuicios.
Prejuicios. El mundo mágico aún estaba plagado de ellos. Intolerancia ciega y odio irracional por los diferentes, esas habían sido las causas de más carnicerías y conflictos que cualquier amenaza. Y aún seguían siéndolo. Él seguía emitiendo juicios, decidiendo quién valía y quién no.
Recordó algo que Etienne había dicho sobre el Gran Señor, Draco era un vampiro transformado, lo que sea que eso significara. No era un nacido en su Clase, o un convertido... De su Clase. ¿Esto era diferente a ser nacido de muggles ? Harry creía que el valor de la persona por su herencia y su línea de sangre todavía era un problema en el mundo mágico, a pesar de toda la lucha y el sacrificio en la guerra contra Voldemort y sus Mortífagos.
Lo trastornaba que hasta el más apático de los magos y brujas que finalmente se habían movilizado y denunciado la depravación de los Mortífagos, los ataques en serie contra escuelas muggles; permanecieran en silencio y apoyaran a la Confederación Internacional de Magos, la misma que, enviaba por la noche, asesinos brutales contra familias inocentes y sus niños.
Era muy fino el límite que separaba a los Mortífagos y a los que gobernaban el mundo mágico, concluyó Harry.
Como estaban las cosas, él no veía una real diferencia entre los artículos de los miembros designados de la CIM, el Wizengamot, el Consejo de Ministros, y las máscaras que marcaban la violencia, el odio y el genocidio.
De repente, Harry tembló, sintiendo una brisa helada. Tal vez era hora de que Hermione sacara los distintivos, otra vez. Pero ahora, él ayudaría con las iniciales.
-...ure ?. Raure, ¿ estás bien ?- Etienne apoyó una mano en el brazo de Harry.
- Ah...ah, sólo estaba pensando, Etienne. Estoy bien-. Sus ojos se aclararon y volvió a observar a la pequeña familia que ya estaba bastante por delante de ellos. Una casi olvidada plegaria de protección mágica, a veces recitada por Molly Weasley junto a las cunas de sus nietos, le vino a la mente, y con sus mejores deseos, envió el pensamiento hacia la familia.
'Que tengan una vida buena y feliz'. Pensó, finalmente, apurando el paso para alcanzar a Etienne.
-Entonces, Etienne-. Dijo, caminando a su lado. – Quiero agradecerte.
El Vidente levantó una ceja, cuestionándolo, y Harry sonrió, la expresión no cuadraba en la cara joven. Se encogió de hombros. –Por escoger mi atuendo hoy, y por explicarme todo. Yo...bueno, creo-. Harry se mesó el cabello, recibiendo un ruido de desaprobación de su guía. – No quiero ofender a nadie, pero...más que eso. Yo soy un huésped aquí, pero… no sólo eso...estoy establecido aquí, de algún modo, y… yo elijo estar aquí. No entiendo todo, y tal vez no puedo hacer nada para aliviar el dolor, pero al menos, puedo mostrar que esto me afecta también, y que respeto lo que mis anfitriones están atravesando. Toda tu ciudad me dio la bienvenida, yo...yo quiero mostrar que es importante para mi.
Etienne brillaba, sonriendo aprobadoramente, comenzó a afirmar con la cabeza, pero se congeló en el movimiento. Sus ojos se nublaron, el marrón cálido se tornó blanco lechoso, repentinamente. Anonadado, Harry se adelantó y lo sostuvo antes de que cayera.
-¡ Etienne !- Harry atrajo el cuerpo joven contra su pecho y trató de examinar al Vidente sin molestarlo demasiado.
Tan repentinamente como había comenzado, todo terminó, y Etienne se separó de los brazos de Harry, enderezándose. – Estoy bien-. Dijo, con voz segura y fuerte, aunque sus ojos permanecían lejanos. Parpadeó rápidamente y se sacudió la túnica, alisándola con las manos. –Gajes del oficio-. Sonrió, esperando distraer un poco a Harry.
- Gajes del...Ah, ah, viste algo. ¿ Qué fue, puedes contarme ?-. Sí, él había visto antes cómo videntes y adivinadores caían en trance, pero eso aún lo alteraba. Posó un ojo evaluador en su amigo. -¿ Estás seguro de que estás bien ?
- Estoy bien, Raure-. Lo tranquilizó, dándole un golpecito en la mejilla. – Ya estoy bastante acostumbrado a esto, es un poco inconveniente cuando sobreviene así, pero no es nada que no se pueda manejar. Nada de que preocuparte-. Sonrió al mago. -...todavía...-. Agregó, demasiado suavemente, y Harry no lo oyó. Pero no tuvo motivo para quejarse, el cuerpo joven de Etienne pareció recuperarse de su visión, y nuevamente se encaminaron a la Casa Tipu.
Etienne desviaba todas sus preguntas, así que Harry aceptó que no iba a sacarle nada al Vidente sobre la visión.
Eso le hizo preguntarse cómo sería la vida de Etienne y su verdadera habilidad. Eso lo llevó a pensar en la vida de los vampiros en general, y sobre su muerte, por lo que pasó el resto de la caminata aprendiendo sobre los ritos funerarios, y los tres días de duelo -razón por la que se pospuso el Amoraj-.
Hoy era el primer día, le explicó Etienne. Un día de duelo público, de dolor colectivo. Los que querían visitar a la familia podían hacerlo. A a la caída del sol, cada Casa haría un responso por los que murieron en el ataque, miembros o no. El segundo día era un día de duelo privado, para las familias y los amigos cercanos, permanecerían encerrados en las casas, habría plegarias y rituales invocados por los sacerdotes y sacerdotisas de la Casa de Auberon. El tercer día era el día de los fuegos. Se encenderían tres fogatas, explicó Etienne, todos se reunirían para cantar al espíritu y danzarían celebrando la vida. La vida de los que se fueron y la vida de los que sobrevivieron.
- La vida sigue, Raure-. Dijo Etienne. –Nos condolemos y recordamos, pero los honramos mejor con alegría, en lugar de pena. La vida es alegría y fuímos bendecidos por haberlos conocido.
Con esto, Etienne atravesó la gran entrada de la Casa Tipu, y Harry lo siguió, contemplando la vista del gran patio, el mismo lugar a donde el Señor de la Casa había sido arrestado horas antes.
Lejos de allí, un anciano mago acariciaba su barba y firmaba una carta con una floritura. Era su respuesta para aplacar a unos padres enfurecidos, cuyo hijo había sido descubierto en el último desastre, cortesía de los Sortilegios Weasley, causa de estragos producidos por los nuevos Merodeadores. Sonreía ante el pensamiento de las payasadas del cuarteto, y lo que tuvo que hacer para aplacar las plumas alborotadas de Argus. En ese momento, las llamas de su chimenea se tornaron de un verde brillante; un momento después, el Jefe de los Aurores llegó vía flú.
- Kingsley-. Sonrió el Director. - ¿ A qué debo el placer ? ¿ Té, caramelo de limón?
Registrando la mirada determinada en el rostro bien parecido del hombre, la sonrisa de Dumbledore y su acostumbrado brillito disminuyeron. -¿Qué novedades tienes, Kingsley ?- Su conducta cambió en ese instante, resemblando a la del mago que comandó las fuerzas de la resistencia contra el mal, por más de una centuria.
El Auror sacudió la cabeza. –Albus, tenemos un problema. Hilary McNair está muerto.
Un ligero frunce en sus agudos ojos azules, fue la única reacción externa ante el anuncio. Hizo señas a su antiguo teniente para que se siente.
-Cuéntamelo todo.
¿ Van a negarme que la escena de Marjeta y el vampiro mal nacido es deliciosa ?
¡ Hasta el próximo !
Dulzura Letal, 12 de enero de 2012.
