Capítulo 10: Kreacher sabe lo que es usted, ama
POV Renesmee
Lo había hecho, me había quedado en la mansión de los Malfoy, sí, pero lo había hecho más por que Jake, o la voz de Jake me lo había pedido. Aun no entendía cómo es que pude escuchar la voz de Jake, pero luego de meditarlo, lo comprendí, mi corazón lo anhelaba tanto que había hecho que escuchara su voz. Fue en el momento preciso, porque me di cuenta que Draco me necesitaba, no sabría decirlo porque, pero le agradaba mi compañía. Tal vez se sentiría solo y yo me había convertido en una amiga.
Respiré profundo antes de bajar nuevamente a la sala. Nos habíamos quedado platicando un rato más en su habitación, Draco me había prometido que me enseñaría más cosas de su mundo, parecía feliz de ya no guardarme ningún secreto y ser él verdaderamente —Ojala yo pudiera decir lo mismo, pensé—. Yo aún estaba sorprendida de estar en el mundo mágico, pero debo reconocer que tengo mucha curiosidad de conocer este nuevo mundo, de conocer sus costumbres, los animales de este mundo, y los hechizos.
Cuando bajamos a la gran sala de estar, encontramos a los señores Malfoy, ellos estaban muy callados, solo espero que no hayan estado discutiendo por mi culpa —como me hubiera gustado haber puesto atención a lo que sucedida aquí, pero estaba concentrada en mis pensamientos, en la conversación con Draco y con la voz de Jake—. Cuando la señora Malfoy me miró note furia en sus ojos, rápidamente desvié mi mirada, sí, soy una cobarde. Todo lo que habíamos avanzado en esta semana que llevo en su casa, se fue por el drenaje, y aunque nunca le caí bien, ahora parecía que me detestaba. Comprobado, no le había gustado nada que su esposo me haya dicho el secreto familiar, y aunque al comienzo se los exigí, después desistí, y decidí marcharme de su casa, pero antes de llegar a la puerta de salida, el señor Malfoy me confeso su secreto, aun no entiendo porque lo hizo, simplemente pudo haberme engañado y seguir guardando su secreto.
Suspiré aliviada al darme cuenta que el señor Malfoy no me detestaba. Eso era bueno, ya que habría podido soportar que el padre de Draco también me detestara.
—Padre, madre —dijo Draco—, Nessie se quedara unos días más en casa —pude reconocer que en su tono de voz había alivio y alegría.
—¿Ah, sí? Eso sí que es raro, por un momento creí que te espantarías y querrías salir corriendo al saber lo que somos —al parecer eso es lo que ella hubiera querido. Sentí la mirada de la madre de Draco sobre mí, pero volví a mirarla—. Pero ya veo que eres una muggle rara —dijo con sarcasmo, pero al pronunciar la última palabra note una doble intensión.
—Madre, por favor —suplicó Draco.
Escuché que la señora Malfoy rechino los dientes.
—Bueno, creo que se nos pasó la hora de almorzar —comentó el padre de Draco, como si no hubiera pasado nada hace unas horas—, le diré a Kreacher que preparé algo. Vamos, Cissy —tomó a su esposa del brazo, y empezó a caminar hacia el comedor.
Volví a suspirar, el señor Malfoy me acababa de salvar de las miradas asesinas de su esposa y de las posibles preguntas incomodas.
—¿Kreaches? ¿Quién es Kreacher? —le pregunté a Draco, cuando nos volvimos a quedar solos—, es un empleado o algo así, porque si es un empleado, nunca lo he visto durante todos estos días que estado aquí.
—Uhm… sí, se podría decir que si es un empleado… pero diferente —me miró—, y nunca lo habías visto porque yo le ordene a él y a los demás empleados que no se apareciera cuando tú estabas —contestó, y sus palabras tan misteriosas pico mi curiosidad.
—¿Cómo diferente? ¿Y porque no querías que lo viera? —pregunté.
—Bueno, pues… lo tendrías que ver tu misma —hizo una pausa—, y no quería que lo vieras, porque… ya te lo dije, es diferente, diferente a nosotros… solo espero que no te asustes, o te pongas histérica —me sonrió.
¿Asustarme o ponerme histérica? ¿Por qué? ¿Qué clase de ser seria?
Escuché su risa, y cuando lo miré me di cuenta de que se reía de mí.
—Oye —le dije, con tono ofendido, y le di un golpecito amistoso en el hombro—, yo no soy una histérica —sonreí, y él también.
—Sí, claro —murmuró—. Oh, perdón, olvidaba que a ti parece no incomodarte lo raro.
Como me iba a incomodar. Ay, Draco, si supieras. Tú perteneces al mundo mágico, pero yo pertenezco a un mundo mítico, dije en mi fuero interno.
—Claro que no, es más, lo raro me gusta —sonreí ligeramente. Levante la mirada porque sentía que Draco no quitaba sus ojos de mí, y no me equivoque, él también me miraba, pero de una manera que no pude descifrar.
Los segundos pasaban y Draco seguía sin dejar de mirarme, me sonrojé al instante, como podía hacerlo, como podía mirarme de esa manera tan… tan encantadora. Sus ojos grises que tanto me hacían recordar al cielo encapotado de Forks, ahora me miraban como si fuera la octava maravilla del mundo. ¡Oh, Dios mío!, espero que no haya malinterpretado lo que dije. Repetí en mi mente mi respuesta anterior: «Claro que no, es más, lo raro me gusta».
Renesmee Cullen, eso sonó como una insinuación, sonó como si quisiera flirtear con él. Definitivamente eres una tonta, me regañé.
Debo apartar la mirada, ¡oh, Dios! ¿Por qué no puede dejar de mirarlo yo también? Es como si algo me incitara a seguir mirándolo. Pero es que esa mirada me recuerda tanto a Jake, sí, Draco me mira como Jacob me miraba antes de confesarme que estaba imprimado de mí. No, imposible, seguro que estoy confundiendo las cosas, sí, eso debe ser, con todo eso de que escuche la voz de Jake. Y además, Draco y yo apenas nos conocemos, él no puede sentimientos románticos por mí.
—¿Y porque no? —dijo mi subconsciente.
—Pues, porque Draco es de un mundo diferente al mío, porque no somos de la misma especie… y por mil razones más —le contesté mentalmente.
—Pues tu madre y tu padre eran de distintas especies cuando se conocieron, se enamoraron y se casaron. Así que dime, ¿cuáles son esas mil razones más? —preguntó.
—Pues la razón más importante es que yo nunca podré olvidarme de Jake, nunca, ¿escuchaste bien, subconsciente?
—¿En serio?
—¡YA DEJA DE METERTE EN LO QUE NO TE IMPORTA! ¡NO TE QUIERO VOLVER A ESCUCHAR! —grité mentalmente.
¡Cielos! Ahora sí que me volví loca. A cabo de discutir con mi subconsciente.
—¡RENESMEE! —el gritó de Draco me tomo por sorpresa, tanto que me hizo dar un salta y casi caigo, pero él me tomo por la cintura evitando mi caída.
—¿Eh? ¿Qué pasa? —pregunté, completamente sonrojada, al sentir las manos de Draco en mis cintura.
—Eso mismo quisiera saber yo, te quedaste como petrificada —dijo con seriedad y preocupación.
Oh, no te preocupes, Draco. Solo estuve discutiendo con mi subconsciente, hubiera querido decirle.
—No, no es nada malo. Es solo que estaba imaginándome como seria Kreacher —contesté, pero Draco no parecía creerme. ¿Cómo te va a creer? Es la mentira más tonta que has dicho, perdón, que he dicho, dijo mi subconsciente. Evite gruñir molesta—. Eh, esto… porque mejor no me llevas donde él, para conocerlo —él quito sus manos de mi cintura, y ahora fui yo quien lo tomo de la mano y lo arrastré hacia el comedor, evitando así que me hiciera más preguntas de la cual no sabía que responder.
—Está bien —dijo.
Cuando llegamos al comedor, la comida ya estaba servida y los padres de Draco ya estaban sentados en la mesa, nos esperaban.
—Kreacher —llamó Draco, y al instante escuché un 'plop', rápidamente dirigí la mirada hacia el lugar donde había escuchado ese ruido, decir que me sorprendí cuando descubrí la criatura fue poco, pero trate de controlar mi sorpresa.
Era pequeño, como de un metro y 10 centímetros, su piel era clara, el poco cabello que tenía en la cabeza era blanco, sus orejas eran puntiagudas, caídas ligeramente hacia abajo, su nariz también era puntiaguda y caída hacia abajo, sus ojos eran de un color azulado, parecía que ya era mayor. Iba vestido con una túnica y zapatos negros. Toda su ropa iba perfectamente a su medida.
—Sí, amo, en que lo puede ayudar Kreacher —contestó la criatura después de hacer una reverencia hacia Draco.
Yo seguía detallando a la pequeña criatura.
—Muggle —lo oí susurrar cuando miró ligeramente hacia a mí. Pero solamente yo lo oí, porque casi no había movido los labios.
—Ella es Renesmee Cullen, es mi amiga, y quiero que la trates con respeto —le ordenó Draco.
—Lo que el amo ordene —contestó.
—Hola, Kreacher —lo saludé tratando de ser simpática, y haciendo como que no había escuchado lo que había murmurado, seguramente le molesto que me le quedara mirando. Kreacher levanto la mirada hacia mí, me observó detenidamente, pero poco a poco su mirada cambio a una de seriedad, y su corazón empezó a latir aceleradamente.
Quise preguntar que le sucedía, pero desistí.
—Un placer —dijo haciendo una reverencia ante mí, pero aun su corazón seguía latiendo acelerado y seguía teniendo esa mirada seria—, Kreacher con gusto servirá a la ama, ¿o cómo quiere el amo que Kreacher llame a su amiga? —le preguntó a Draco.
Yo contesté antes que Draco lo haga.
—Oh, solo llámame Renesmee, yo no soy tu ama.
La pequeña criatura no hizo caso a mis palabras, esperando la orden de Draco.
—No, Nessie, tú también eres su ama mientras vivas aquí —me dijo mi rubio amigo—. Ella también ama, Kreacher, ya puedes retirarte —le ordenó. La criatura hizo una reverencia, y nuevamente con un 'plop' desapareció, sin darme tiempo a protestar y decirle que no era necesario que me llamara «ama».
Me molesto un poco que Draco sea tan autoritario con Kreacher.
Luego de esa pequeña conversación Draco y yo nos sentamos en la mesa, junto a sus padres, los cuales nos habían estado mirando. La mirada del señor Malfoy era más serena y pensativa, mientras que la mirada que su esposa me dedicaba era de un verdadero enojo.
Si las miradas mataran, ya estaría muerta, pensé.
—Siento haberlos hecho esperar, señores —me disculpé.
—No importa —contestó el rubio mayor.
Empezamos a almorzar, que juzgando por la hora podría haber sido un pequeño refrigerio de la tarde.
—Y bien, niña —dijo la señora Malfoy despectivamente—, se puede saber porque nuestra magia no te afecta.
El señor Malfoy esperaba mi respuesta atento, sin ocultar su interés. Era obvio que esperaban una respuesta coherente, pero lastimosamente no le podía decir mis teorías sin contarles la verdad de mi especie antes.
—No lo sé, señora… no se a que se daba —mentí tratando que sonara creíble.
—¿Cómo que no lo sabes? ¿Qué nos estás ocultando? Porque si fueras una muggle como cualquier otro, te debería afectar la magia, pero tú…
—Madre, no es el momento indicado —empezó Draco, arrastrando las palabras al hablar.
—Por supuesto que es el momento indicado, Draco —dijo su madre, esperando mi respuesta o que me delatara.
—En serio no lo sé —contesté, pero su mirada me ponía nerviosa, esto era irónico, una semi-vampira nerviosa por una humana.
—Estas mintiendo, tú tienes que saberlo, ¿qué estás ocultando? —preguntó sin ocultar su enojo.
—Madre, ¡ya basta! —dijo Draco, con seriedad.
—Cissy —dijo el señor Malfoy.
¿Debo decir la verdad?, me pregunté. Pero no podía, temía su reacción, como quiero que en estos momentos estuviera conmigo tío Jasper para que con su don me tranquilizara, y tranquilizara el humor de la señora Malfoy.
—Es muy raro —comentó el señor Malfoy—, la magia siempre ha funcionado con las personas sin magia, pero a ti no te afecto, lo único que te paso fue que por unos minutos perdiste el conocimiento, y después todo está igual, tus recuerdos no se borraron —me miraba como si quisiera averiguar qué era lo que pasaba conmigo, buscando una teoría.
—Bueno, tal vez mis recuerdos no fueron borrados, pero si me abandonaron por unos minutos —confesé.
—¿Qué? ¿Cómo es eso? Explícate, niña —me exigió la rubia con poses aristocráticas.
—Después de que Draco me apuntara con… uhm… —no sabía con qué me había apuntado.
—Una varita. Lo que los magos usamos para proyectar nuestros poderes al exterior se llama varita —me explicó el señor Malfoy.
Asentí comprendiendo. Tal vez lo debí de haber imaginado, después de todo, las hadas madrinas de las caricaturas usan una varita para poder hacer magia.
—Ah, bueno, entonces cuando Draco me apunto con la varita, y dijo Obliviate, al instante sentí que todos mis recuerdos se desvanecían, no podía hacer nada para mantenerlos en mi cabeza, luego todo empezó a darme vueltas, no lo pude soportar y perdí el conocimiento. Y cuando desperté no recordaba nada, me sentía muy confundida, pero de un momento a otro todos mis recuerdos regresaron como una avalancha —terminé de relatar esa extraña vivencia.
Los padres de Draco se quedaron pensativos.
—Eso es muy extraño, no puedo comprender lo que paso. Pero todo esto debe tener una explicación lógica, quizás más adelante puedas descubrir el motivo por el cual no te afecta la magia, o Draco podría sacar una cita en San Mungo para saber qué es lo que te protege de la magia —dijo el señor Malfoy.
—¿San Mungo? —pregunté.
—Es el hospital del mundo mágico —respondió Draco.
—No me gustan los hospitales —exclamé asustada. No podía dejar que me llevaran a ese hospital, estoy segura que ahí si descubrirían lo que soy.
—Pues si no quieres ir, no irás —dijo repentinamente la madre de Draco, la miré con sorpresa, ¿acaso me estaba ayudando?—. He pensado que tal vez solo el Obliviate no te afecte, pero podríamos probar con otros hechizos, quizás un Crucio o un… Sectumsempra —vi que sonrió levemente.
Pero Draco parecía furioso.
—Narcissa/Madre —dijeron padre e hijo a coro. Pero con distintos tonos de voz.
—No, está bien, Draco, si eso es lo que quiere tu madre, por mí no hay problema —dije, evitando una discusión entre madre e hijo.
—Ya vez, hijo, Renesmee quiere intentarlo —esta era la primera vez que la madre de Draco se refería por mi nombre y no como «niña» o «muggle».
—Pero no lo harás, madre —siseó Draco.
—Por supuesto que no lo hará, de eso puedes estar seguro, Draco —afirmó su padre.
¿Por qué se habría enojado Draco? ¿Qué hacían esos hechizos? ¿Qué tanto daño podría hacerme? Tal vez solo causaría que me desmayara otra vez, y yo creo que eso no es muy arriesgado.
El resto de la cena fue tensa, Draco seguía serio, los señores Malfoy no volvieron a preguntar el motivo de porque la magia no me afecta, y yo comía lentamente, en silencio, eso era lo mejor.
Cuando terminamos de cenar, los padres de Draco se dirigieron a su habitación, mientras que Draco y yo nos quedamos sentados en la mesa, en silencio, cado uno metido en sus pensamientos, pero Draco aún estaba serio.
Tenía que hacer algo para que se le pase el enojo.
—No deberías enojarte con tu madre por mí, Draco —rompí el silencio en el que estábamos.
Él se volvió a mirarme, con una expresión más tranquila.
—Yo creo que si tengo mucha razón de estar enojado con ella. Tú no lo sabes, pero esos hechizos son… muy peligrosos, te harían daño, y yo no voy a permitir que nadie te haga daño, ni siquiera mi propia madre —sentenció.
Sus palabras hicieron que mi corazón latiera acelerado.
—Tal vez no me pasaba nada, Draco —lo tomé de la mano, y le sonreí con agradecimiento.
Él apenas sonrió.
—O podría afectarte mucho —dijo.
Me encogí de hombros.
—Podría ser, pero yo soy fuerte, me recuperaría rápidamente.
—Ni se te ocurra decirle esto que me acabas de decir a mi madre —advirtió.
Sonreí.
—Tranquilo, Draco, no te preocupes por mí. No moriré.
Me miró con enojo, para después soltar mi mano.
—No eres inmortal, Renesmee —gruñó.
Si lo soy, grité en mi fuero interno.
—Ya es tarde, vamos te acompaño a tu habitación, necesitas descansar este día ha sido muy ajetreado —no tenía ni idea de la hora, pero me levante después que él lo hizo. Me tomó de la mano y nos dirigimos hacia el segundo piso.
Ya en la puerta de mi nueva habitación, Draco parecía de mejor humor.
—Nessie, que te parece si mañana te llevo a conocer mi mundo —me propuso.
Vaya, conocer el mundo mágico. Eso sería, como diría Aro: maravilloso, maravilloso.
—Oh, Draco, pero perderías otro día de trabajo por mi culpa —dije, dándome cuenta de que había faltado a trabajar por todo el alboroto que cause—, creo que ya es suficiente con el melodrama que te hice. Todavía estoy muy avergonzada por mi comportamiento de hoy, lo siento, deberás lo siento —me disculpé.
—No tienes por qué disculparte, Nessie, es lógico tu comportamiento, yo habría actuado igual en tu lugar —me sonrió, y levantó una mano para acariciarme la mejilla, me sonrojé al instante, y él rió entre dientes.
Qué vergüenza, trágame tierra por lo que más quieras. Sí, este es el momento en que mis genes humanos dicen presente.
Draco quitó su mano de mi mejilla lentamente, pero tenía una sonrisa en sus labios. Y para mí fue un alivio no sentir su tacto en mi piel, así que poco a poco mi fui relajando.
—¿Y no pasara nada si no vas a trabajar? —pregunté, tratando de que se olvidara de mi sonrojo, aunque creo que era imposible estando yo frente a él.
—No te preocupes por eso, Nessie, puedo tomarme unos días libres. Ser el jefe tiene sus ventajas —sonrió.
—Sí, ya veo las ventajas —comenté—. Y puedo preguntar a donde me llevaras —estaba emocionada, iba a conocer el mundo mágico, el mundo de Draco.
—Es una sorpresa —dijo rotundamente.
—Pero… —trate de insistir, pero él me miró de una manera que claramente decía que no me diría absolutamente nada—, está bien, entiendo, es una sorpresa.
—Te gustara, ya lo verás —afirmó.
—Seguramente, tu mundo me gusta, ya te lo había dicho.
—Ya debes de estar cansada —susurró—. Buenas noches, Nessie —se inclinó y beso mi frente.
Al instante sentí calientes mis mejillas, esa era una clara señal de que me había vuelto a sonrojar.
—Ah… bu-buenas n-noches, D-Draco —tartamudeé, Draco me dedico una última mirada antes de dar media vuelta dirigiéndose a su habitación, yo aún no me movía de la puerta cuando él entro a su habitación, pero su risa me hizo salir de mi estado ido.
Aun sonrojada entre a mi habitación, cerré la puerta y me apoyé en ella, pensando en todo lo que había pasado. En verdad nunca me imaginé que Draco fuera un mago, había percibido que el olor que emanaba su sangre era distinta al de los demás humanos que había conocido, pero nunca lo relacione por el hecho que tenía poderes.
Suspiré.
Tenía tantas cosas en mi cabeza; primero, la voz de Jake, que tanto había extrañado volver a escuchar, y me preguntaba cuando volvería a escucharla o si solo la escucharía cuando tuviera miedo o en peligro. Segundo, estaba viviendo con magos, en su mundo mágico, y ni siquiera me hacia una idea de lo tan lejos podría estar de mi familia, aunque ahora pensándolo bien, el hecho de que Draco sea un mago hace que tía Alice no pueda tener visiones respecto a mí, bueno, según lo que me dijo papá, tía Alice no había podido ver mi futuro. Y tercero, porque Draco se puso tan intenso cuando me quería regresar con mi familia, ¿será acaso que Draco está confundiendo sus sentimientos hacia mí? Y yo, ¿por qué no podía dejar de verlo a los ojos?
Lastimosamente todavía no tenía las respuestas de esas preguntas, pero esperaba muy pronto saberlas.
Volví a suspirar, necesitaba relajarme.
Me dirigí al baño, al gran baño, era enorme, tenía un jacuzzi, en una esquina estaba la ducha, en el otro extremo estaba el sanitario y el lavatorio, y las paredes eran de un color beige.
Llene el jacuzzi con agua, y le vertí jabón líquido de olor a vainilla, me quite la ropa y me metí en el jacuzzi, apenas mi piel hizo contacto con el agua espumosa se relajó poco a poco, sí que necesitaba esto; cerré los ojos disfrutando de la paz del momento. No sé cuánto estuve metida en el agua, ya que había empezado a dormirme sin poder evitarlo, pero ya era hora que saliera, así que me salí del jacuzzi y me envolví me envolví una toalla en el cuerpo. Con pasos lentos camine hasta el vestidor, cogí un pijama color azul cielo, que constaba de un short y un top.
Ya con el pijama puesto, tome un libro de los que me regalo Draco para leerlo, esta cogí Hamlet. Leí sin prisas, a un ritmo humano y aun así una hora después ya lo había terminado de leer. Tal vez sería porque ese libro ya lo había leído muchas veces y casi me lo sabía de memoria.
Miré el reloj, ya eran las cerca de la 1 de la mañana, no eran tan tarde, pero ya debería de estar dormida, así que apagué las lámparas de cera, me acomode bien en la cama y cerré los ojos dispuesta a dormir. Pero falle rotundamente, el sueño me había abandonado, lo único que hacía era dar vueltas y vueltas en la cama. Aburrida me levanté, caminé por la habitación como león enjaulado, estaba aburrida, necesitaba algo, mi cuerpo me lo pedía, me lo reclamaba: necesitaba salir y correr, correr sin descansar. Sí, ahora mis genes vampíricos querían salir, ya lo había retenido por muchos días.
Miré la ventana con anhelo. Quería saltar y correr, pero no quería hacerlo sabiendo que alguien podría darse cuenta. Volví a mirar la hora. 2:30 a.m. —sonreí—. Agudicé mis oídos y escuche tres respiraciones apaciguadas. Draco y sus padres estaban dormidos, y por los otros corazones —de las pequeñas criaturas— sus latidos eran tranquilos, también estarían durmiendo.
Sin pensarlo, abrí la ventana y llene mis pulmones con el aire fresco combinado con el olor de las flores del jardín. Sin aguantarlo más salte por la ventana. Ya había olvidado la sensación al saltar de lugares altos, aunque el segundo piso no era tan alto para mí, ya que había salto mucho más alto. Era raro, casi siempre era tan ágil para saltar, siempre caía parada sin hacerme daño alguno, como si fuera un vampiro completo, pero había veces que me tropezaba con todo hasta con mis propios pues, sin duda los genes humanos que me heredo mamá siempre estaban presentes en mí.
Observé todo mí alrededor, sintiendo libre. Corrí a toda velocidad hacia donde estaban plantadas las rosas, me gustaba sentir el viento en mi cara cada vez que corría. Lo repito, me siento libre.
Cuando llegue al lugar donde estaban las rosas, me incline para sentir su fragancia mucho más cerca.
—Ama —dijo una voz chillona detrás de mí, me sobresalte al escucharla.
—Ah —exclamé, me giré para ver quien me hablaba. Era Kreacher—. Me asustaste, Kreacher —dije a la vez que me llevaba una mano al pecho, mi corazón latía mucho más rápido, y eso era decir mucho.
—Kreacher se disculpa con la ama —hizo una leve reverencia. Luego me miró con insistencia, como queriéndome decir algo.
—¿Necesitas algo, Kreacher? —pregunté. Solo esperaba que Kreacher no se haya dado cuenta de nada.
—Kreacher no sabía que a la ama le gustara escaparse de noche —dijo la pequeña criatura, note cierto sarcasmo en su voz.
¿Me habrá visto saltar?, me pregunté.
—Ah, no es eso, Kreacher —contesté—, es solo que no podía conciliar el suelo, y decidí bajar para tomar un poco de aire, y olor las rosas, me gustan —agregué.
—Kreacher no la vio bajar, ama…
—Seguramente te distrajiste, Kreacher, por eso no me viste —su mirada me estaba poniendo nerviosa, ¿qué acaso Kreacher no dormía? Ya es tarde para que este despierto.
—… pero Kreacher si vio otra cosa, ama —dijo con cierta malicia y advertencia—, Kreacher vio a la ama saltar de su balcón y caer perfectamente bien, sin hacerse daño —Me había visto, me había visto. ¿Qué haré para que no se lo cuente a nadie?—, y luego Kreacher también vio a la ama correr a una gran velocidad, y llegar hasta aquí.
Era una descuidada, seguramente ahora mismo iría a contárselo a Draco y a sus padres. Estaba perdida.
—Kreacher, yo… yo… —no podía hablar, estaba demasiado nerviosa.
—Kreacher sabe lo que es usted, ama —dijo muy seguro de sí mismo la pequeña criatura—. Kreacher sabe que la ama es una sanguijuela, un vampiro, un ser de la noche. Kreacher pudo reconocerla apenas el amo Draco la presento.
Ya no pude más, mis lágrimas empezaron a caer. Kreacher me había reconocido.
—Sí, sí, Kreacher, yo… yo soy un vampiro… —las lágrimas seguían cayendo sin parar por mis mejillas—, pero por favor no se lo digas a Draco y a sus padres, te lo suplicó… prométeme que no se lo dirás —rogué.
—Kreacher no puede prometer eso, primero está la seguridad de sus amos, a quienes les ha servido por muchos años.
—Por favor, Kreacher, por favor —supliqué.
—Kreacher sabe que usted puede hacerle daño a sus amos, puede matarlos cuando le dé sed, usted es una asesina por naturaleza, ama.
—No, no, no, Kreacher, yo no bebo sangre humana…, yo solo bebo sangre de animales… mi familia y yo somos vegetarianos. Créeme por favor, yo nunca le haría daño a los Malfoy, yo nunca he matado a un humano.
Kreacher tenía que creerme, tenía que hacerlo.
Él me miró detenidamente.
—¿Es cierto lo que la ama dice a Kreacher? —preguntó, luego de varios minutos.
—Sí, es cierto, Kreacher, no te mentiría.
Kreacher no dejaba de mirarme, lo comprendía, yo no solo era una extraña en la casa de sus amos, sino que también era peligrosa. Y sí él decidiera decir la verdad… no podía hacer nada para detenerlo.
—Ama —se acercó lentamente a mí, y en su ajado rostro note la sorpresa—, ¿usted está llorando? —¿Qué tiene ese de especial?, me pregunté en mi fuero interno—, los vampiros no pueden llorar porque ya están muertos.
—Es que… —empecé a hipar por el llanto—, yo no… soy una… una vampiresa… completa…, yo… yo soy una… híbrida… mitad vampiro… mitad humana —aclaré entre hipidos.
Kreacher abrió los ojos con sorpresa.
—¿Cómo dice, ama? Usted es una híbrida, pero como es eso, Kreacher no lo entiende —preguntó.
—Mi padre… es un… vampiro… y… y cuando se casó… con mi madre… ella aún era… era humana…, luego mi madre se… embarazo de mí… y me tuvo… por eso… yo soy una perfecta… combinación de ambos —expliqué lo mejor que pude.
—¿Y su madre murió, ama?
Negué con la cabeza.
—No, mi padre… la transformó… en un vampiro… luego de tenerme.
No me contestó, pero yo seguía llorando esperando su decisión.
—Kreacher, por favor… —intenté convencerlo nuevamente, si aceptaría lo que decidiera, pero una parte de mí sufriría si perdia la amistad de Draco—, no digas nada, prométeme… que no dirás nada.
Kreacher seguía en silencio.
—Está bien, ama, Kreacher no dirá nada, pero si Kreacher ve a la ama queriendo atacar a sus amos, no dudara en contarles la verdad —amenazó.
Asentí.
—No los atacaré, te lo juro. Además, yo misma les contaré mi secreto antes de que me vaya.
—Está bien, ama, Kreacher confiará en usted.
¡Gracias al cielo! No soportaría que Draco me despreciara luego de saber la verdad.
—Muchas gracias, Kreacher —respiré tratando de contener el llanto—. Y no me llames ama, solo dime Renesmee —le pedí, después de todo si él confiaría en mí, lo menos que puedo hacer es relevarle la orden de llamarme «ama».
—Kreacher no puede hacer eso, el amo Draco ordenó a Kreacher que la llamara ama. Y Kreacher siempre obedece a sus amos.
—Yo hablare con Draco para…
—No, el amo Draco se enojaría con Kreacher y lo castigaría.
Asentí, no había forma de convencerlo.
—No te obligare. Solo te pido que me llames por mi nombre cuando estemos solos nosotros y cuando Draco o sus padres estén llámame ama.
Kreacher no parecía seguro, pero luego contestó:
—Si la ama lo quiere así, Kreacher lo hará.
