El camino hasta la casa donde vivía Rose transcurría en el más absoluto silencio. Nadie era capaz de pronunciar una sola palabra y todos tenían el mismo pensamiento. ¿Se recuperaría Rose?

Ella descansaba sobre el Doctor, su pulso era irregular y se movía inquieta sobre su regazo, él sin dejar de mirarla en ningún momento, estaba muy preocupado y en su cabeza no dejaba de pensar que podría haber llegado antes, que Rose podría estar bien si hubiera ido a buscarla cuando su corazón se lo había pedido.

Mickie conducía muy rápido, se saltó dos semáforos en rojo pero nada le podía detener en ese momento, lo más importante era llegar cuanto antes a casa y poder atender a Rose. Jackie estaba muy callada, poco habitual en ella y asustada, estaba muy afectada por el estado de su hija y se sentía incapaz de pronunciar una sola palabra. De vez en cuando miraba hacia Rose y dejaba escapar un suspiro triste.

En la entrada de la casa les esperaban Pete, muy impaciente, con April en sus brazos. La niña estaba inquieta, como si ya supiera de ante mano que algo le hubiera pasado a su madre. Aunque Rose no era hija suya, en el tiempo que llevaban viviendo todos juntos en la casa, Pete había llegado a cogerle mucho cariño a ella, y sobre todo a la niña.

April tenía un don especial, era muy inteligente, su coeficiente intelectual era muy alto con tan solo año y medio. Aprendió a hablar muy pronto y ha resolver pequeños problemas de lógica que no eran propios de su edad. Sobre todo sabía utilizar esa habilidad para hacer que la gente se sintiera irremediablemente atraída hacia ella. Su bonita sonrisa y sus grandes ojos castaños cautivaban a todos inmediatamente.

En cuanto Mickie frenó delante de la puerta principal, el Doctor con Rose en brazos, se bajó del coche y dijo:

Hola Pete, cuánto tiempo sin verte. – Un momento después miró de reojo hacia la pequeña que, después de que Pete la dejara en el suelo, se acercaba corriendo.

La niña se detuvo y se quedó mirando fijamente a su madre hasta que se encontró con los duros ojos del Doctor, que cambiaron al ver a la niña. April, después de estudiar detenidamente la cara del Doctor le dirigió una dulce sonrisa, se acercó hasta él y se agarró fuertemente a su pierna.

Papi – Dijo April muy seriamente – Mami se pondrá buena. – Después se soltó de la pierna del Doctor y cogiendo su muñeco de trapo favorito, se dirigió hacia la puerta del jardín, para jugar con su pequeño compañero de juegos, su perro Jasper.

El Doctor se quedó pensativo y observando a la niña, decidió que tendría una charla con su hija, pero eso sería después de atender a Rose.

Doctor – le llamó Jackie, plantándose delante de él para llamarle la atención. – Doctor, tenemos que atender a Rose.

Si, vamos – Dijo el Doctor volviendo en sí de pronto. Miró a Rose, que parecía tan pequeña e indefensa entre sus brazos. Ahora sólo quería protegerla y cuidar de ella.

La habitación de Rose era muy cálida y acogedora, en la pared había varios dibujos que había hecho April. Después de dejar a Rose en la cama suavemente, el Doctor se fijó en los dibujos y tras un detenido estudio observó que en varios de ellos estaba pintado el Doctor, en otros estaba con Rose y el último con los tres juntos cogidos de la mano como una verdadera familia.

Aquellos dibujos le trajeron a la mente bellos recuerdos, de lo que habían sido los mejores momentos de su vida. Durante un momento, soñó que estaban todavía vivos, que no había perdido a Rose y que aquella niña había formado parte de su vida desde el principio. Entonces se acercó a la cama y se sentó junto a Rose; por más que había intentado no pensar en eso, echaba de menos tener una familia.

Hacía mucho tiempo que no compartía aquellos sentimientos con ninguna mujer. Martha había sido genial, habían ido hasta el fin del universo juntos, pero por mucho que lo había intentado, su compañera de viaje no era su Rose. Además, también anhelaba volver a oír la risa de un niño, de su propia hija.

Se quedó mirando a Rose y retiró con dulzura un mechón de su pelo rubio, que le cubría parte de la cara. Estuvo observándola durante un rato, no encontraba palabras para expresar todos los contradictorios sentimientos que le estaban pasando por la cabeza en ese momento.

Lo siento, Rose. – Dijo el Doctor acariciando su cara mientras le hablaba suavemente. – Ahora estamos juntos y necesito que vuelvas conmigo. No me porté bien contigo, siempre estuviste apoyándome en todo momento y al final no pude decirte lo que siempre he sentido por ti. Continuamente has estado en mi pensamiento y en mi corazón. Jamás he podido olvidarte. – El Doctor no pudo continuar, un nudo se le formó en la garganta.

La besó dulcemente, por un momento creyó apreciar que abría los ojos, pero sólo fue el deseo de ver sus bonitos ojos. Después advirtió que un suspiro se le escapaba de su pecho. Eso le dio esperanzas, sabía que su voz le llegaba hasta el lugar en el que su mente estaba perdida.

Jackie observaba la escena desde la puerta, se sentía muy emocionada, por fin algo le dijo que las cosas podían arreglarse, Rose estaba de nuevo en casa, el Doctor estaba con ella, tal vez podían ser por fin la familia que Rose siempre había deseado. Sabía que Rose estaba profundamente enamorada del Doctor, pero nunca imaginó verlo a él tan vulnerable e indefenso. Él, que siempre tenía solución para todo, en ese momento le pareció tan pequeño que le dieron ganas de correr a abrazarlo.

Doctor – Dijo suavemente – Creo que será mejor dejarla descansar, tal vez mañana… - Se detuvo, por un momento pensó que el Doctor no le prestaba atención. Después se acercó hasta él y le puso una mano en el hombro. – Doctor, ¿te encuentras bien?

Si, pero me gustaría estar un momento a solas con ella. – El Doctor se volvió hacia Jackie – Gracias, por todo.

Está bien, si necesitas algo estaré preparando un poco de té, eso siempre te ha ayudado. – El Doctor la miró y sonrío. Recordando el día que gracias a su té se recuperó después de regenerarse.

Jackie se dirigía hacia la puerta, se dio la vuelta y se detuvo para ver como el Doctor le cogía la mano a Rose y la posaba sobre su propia cara mientras la besaba. Pasados unos segundos observando la tierna escena cerró la puerta en silencio.

El Doctor no pudo saber cuanto tiempo estuvo contemplando el rostro de Rose, sus pensamientos estaban estancados. Poco a poco empezó a desvestirla, buscó un pijama entre sus cosas y después la arropó en la cama.

Rose, se que me oyes. Estas muy lejos de mí, pero se que puedes oírme. – Dijo el Doctor con la mano de Rose entre las suyas – Se que te fallé, te rompí el corazón. Durante mucho tiempo quise creer que era lo mejor para ti, pero al empezar a recibir tus cartas comprendí mi error, nunca debí dejarte. Te he echado tanto de menos. - Se quedó callado, estaba desolado y se sentía tan cansado.

Pero ese cansancio no era físico, hacía tanto tiempo que había perdido a su familia que llegó a pensar que nunca encontraría a nadie que llenara el hueco que tenía en su corazón. Se tumbó en la cama junto a Rose, enredando los dedos entre su pelo y entrelazando la otra mano con la de ella.

El Doctor pasó toda la noche junto a Rose y con los primeros rayos del sol decidió salir a tomar un poco el aire. Bajó a la cocina para prepararse un café y entonces se encontró con Jackie, que estaba preparando el desayuno.

Hola, ¿Cómo está? – Le dijo mientras le servía unos huevos y un poco de café negro y cargado.

No ha habido cambios en toda la noche. – El Doctor no tenía hambre pero se bebió lentamente la taza de café, que humeaba entre sus manos.

Tú sabes como llegar hasta ella. Tienes que entrar en su mente y averiguar que es lo que la retiene. – Dijo Jackie mientras se sentaba enfrente de él. – Doctor tú la conoces mejor que nadie - El Doctor sabía que Jackie tenía razón y ahora más que nunca no podía darse por vencido.

Se bebió el café de un trago y se dirigió de nuevo hacia la habitación de Rose. Abrió la puerta y lentamente se acercó hasta la cama, todo seguía igual pero él estaba decidido a luchar por ella.

Entonces se sentó en la cama y colocó sus manos sobre la cara de Rose, cerró los ojos y se dejó llevar adentrándose en su mente. Encontró una barrera muy fuerte pero suavemente empezó a hablarle, mientras notaba como le costaba dar cada paso para adentrarse en los pensamientos de ella.

Rose, soy yo, el Doctor. He venido a buscarte, no debes temer nada. Nadie te va ha hacer daño. – El Doctor se encontró de pronto en un poblado bosque, la niebla lo cubría todo y era difícil distinguir nada a lo lejos. Pero su instinto le llevaba hacia un lado, donde los árboles eran menos espesos.

Entonces empezó a oír una bonita melodía, enseguida reconoció la voz, era Rose, estaba cantando pero no podía entender lo que decía. Conforme se acercaba al lugar del que provenía la música pudo entenderla:

Un día te fuiste, me dije que no regresarías, pero había una conexión entre nosotros, que todavía no se ha roto. Y los sentimientos que hay entre nosotros, nunca desaparecerán. ¿Cómo puedes estar tan lejos? Cuando tu espíritu está aquí. Todavía eres mi hombre, nada puede cambiarlo, todavía nos permanecemos, nuestro amor será para siempre. Esperaré por ti, tu recuerdo es lo único que me hace seguir cada día, porque yo siento que tú todavía me quieres, no hay palabras que describan lo que siento. – Después siguió tarareando la canción.

El Doctor salió a un claro y siguiendo el sonido de la música consiguió avanzar hasta distinguir a Rose en la distancia, sentada en medio de un campo de flores. Al verla echo a correr pero se detuvo, cuando vio que Rose se encontraba en una isla con la única comunicación de un pequeño puente. Su unión con la tierra firme.

El Doctor se acercó al puente para intentar cruzarlo, pero al poner el pie se dio cuenta que era muy inestable y era posible que no aguantara. Se quedó mirando pensativo, tenía que encontrar la manera de llegar hasta ella.

Rose – empezó a llamarla suavemente.- Rose, Escúchame.

Al principio Rose parecía no escuchar, seguía cantando y viviendo en su propio mundo, sentada rodeada de las flores, pero el Doctor siguió insistiendo.

Rose, te necesito, me siento muy sólo sin ti. – Dijo el Doctor mientras se sentaba en el suelo. – Ya no me puedo mentir más, los viajes en la TARDIS ya no son lo mismo si no estás conmigo. El recuerdo de tu risa contagiosa, la bondad de tus ojos cuando te encontrabas con alguien desvalido me traspasaba el corazón.

¿Quién está ahí? – Rose dejó de cantar y empezó a mirar en todas direcciones, a la vez que se levantaba - ¿Es que no me vais a dejar en paz? –Imploró, mirando al cielo buscando una respuesta a sus preguntas - ¿Porqué? ¿Qué más queréis de mí?

Rose, ya no te van a hacer daño. Tienes que escuchar mi voz. – La desesperación se reflejaba en la voz del Doctor. – Busca en tu corazón, sabes que estoy aquí.

Ya no puedo más. – Rose seguía perdida en su mente – Basta, por favor – Dijo mientras se abrazaba a sí misma y empezaba a llorar.

Rose, por favor, no puedes darte por vencida. Tienes que luchar. – El Doctor desde el otro lado se había puesto en pie y apretó los puños pues se sentía impotente.

El Doctor abrió los ojos, le cogió las manos, necesitaba estar en contacto con ella. Estaba tan pálida y su respiración seguía siendo irregular pero él sabía que era una luchadora y que no se rendiría fácilmente.

Se levantó y se acercó a la ventana, hacía un día precioso. Después de un pequeño descanso el Doctor continúo intentando entrar en contacto con Rose. Se sentó junto a ella y volvió a cogerle las manos. Estaban frías, empezó a frotarlas para que entraran en calor, de vez en cuando las besaba. En ese momento notó que sus manos reaccionaban a sus caricias.

Rose, estoy aquí. Sabes que soy yo. – El Doctor sintió que el cuerpo de Rose se estremecía – Vamos Rose, escucha mi voz. – Volvió a cerrar los ojos y se dejó llevar hasta el mismo lugar de antes. – Rose.

¿Has vuelto para torturarme? – En la cabeza de Rose se confundían las voces de los alienígenas con la del Doctor.

No, soy yo. Busca en tu corazón. – Entonces recordó algo que ya le había funcionado una vez. – Rose, recuerda. ¿Cuál fue la primera palabra que te dije cuando nos encontramos en aquel pasillo de la tiendas donde trabajabas? – Se quedó callado durante unos segundos esperando que ella recordara y entonces de manera inesperada. - Corre – Rose se quedó callada un momento.

¿Doctor? – Su voz reflejaba miedo y alegría a la vez.

Si, Rose. Estoy aquí contigo, he venido a buscarte. – Le dijo intentando tranquilizarla.

¿Dónde estas? ¿No puedo verte? – De pronto se quedó muy quieta – No, por favor. Me estás engañando otra vez. No quieres dejarme ir. – Entonces empezó a correr mientras el cuerpo inerte de Rose empezó a agitarse en la cama.

Rose agitaba los brazos intentando soltarse de las manos del Doctor creyendo que eran los seres que querían apresarla de nuevo.

Vamos, tranquila. Tienes que luchar. – El Doctor forcejeaba con ella, no quería que se hiciera daño. – Ya has reconocido mi voz, solo tienes que dejarte llevar por tu instinto.

Rose se fue calmando, la expresión de su rostro se relajó, y el color volvió a sus mejillas. El Doctor le acarició la cara y entonces ella dejó escapar un suspiro. Ese gesto le dio esperanzas al Doctor, eso quería decir que Rose estaba reaccionando, que estaba luchando por su vida.

Ahora no podía parar, debía continuar. Entonces le cogió de nuevo las manos y se introdujo de nuevo en su mundo.

Vamos Rose, ya has hecho lo más difícil, sólo tienes que cruzar el puente. Yo estoy al otro lado esperándote con los brazos abiertos. Y también está April, está deseando abrazar a su mamá.

¿April? ¿Dónde está April? – Rose se volvió y miró directamente a la persona que le hablaba. - ¿Doctor? - No se lo podía creer. – No, no puede ser. ¿Tú? Dejad de jugar con mi mente, con mis recuerdos. – Se dio la vuelta mientras se tapaba los oídos con las manos. No quería seguir escuchando, le dolía demasiado oír la voz de su amado Doctor. Alguien a quien creía perdido para siempre. – No, basta. – Entonces mirando al cielo levantó los brazos y dio un grito desesperado. - ¡NO!

La había vuelto a perder, pero ahora sabía que había llegado hasta ella. Sólo era cuestión de tiempo que encontrara el camino hacia la libertad y hacia él. No quería volver a estar solo, era demasiado duro.

El día que encontró a Rose aquella sensación de angustia había desaparecido, en ella había encontrado la paz y la tranquilidad que su atormentada alma necesitaba. Y desde el día que la perdió volvió a sentirse sólo y desesperado, pero ahora todo se arreglaría, ella había vuelto a su vida y ya no la dejaría marchar de nuevo.

- o -

La cápsula que había sido expulsado de la nave alienígena cruzó el cielo nocturno como un meteorito, atravesó la atmósfera de la Tierra y se convirtió en una bola de fuego hasta llegar al suelo y hacer un inmenso agujero. El choque produjo unas fuertes ondas que fueron recogidas por los ordenadores de Torchwood.

El impacto, que se produjo en el prado, fue registrado a escasos kilómetros de la casa donde estaban Rose y el Doctor. Ianto recibió la orden de recoger al capitán y Alex, que habían ido a Londres, para averiguar e investigar lo que había ocurrido.

El coche de Ianto frenó precipitadamente ante la cafetería "Royal", donde Jack charlaba amistosamente con Alex saboreando un buen café expreso. La conversación era muy animada y Ianto, al entrar y escuchar reír al capitán, sintió un ataque de celos, pero sabía que Jack se iría pronto y se volvería a quedar solo.

Perdón, capitán – Interrumpió Ianto de pronto – le necesito, perdón, en Torchwood necesitan su ayuda.

Al ver a Ianto, Jack le ofreció la mejor de su sonrisa y vio como el joven agente se sonrojaba y un brillo especial aparecía en sus ojos azules. Jack pudo comprobar que tanto en su mundo como aquí Ianto respondía ante él, de la manera más dulce.

¿Qué ocurre? ¿Hay algún problemas con Rose? – Le dijo el capitán mientras se levantaba y haciendo un gesto a Alex se dirigían hacia el coche.

No estamos seguros. Ha sido detectado un impacto a unos kilómetros de la casa de Rose. – Dijo Ianto mientras se sentaban en el coche para conducirlos hasta el lugar en el prado. Sin que Jack se diera cuenta, Ianto lo miró un momento, allí sentado a su lado, sintió que podría pasar toda la vida junto a él. Pero entonces se dio cuenta que no era el momento para ensoñaciones. – Hace media hora enviaron un equipo de reconocimiento y poco después se perdió el contacto. Se ha perdido la comunicación.

Está bien. Este es un trabajo para nosotros – Dijo Jack abrochándose el cinturón de seguridad – Sea lo que sea, no permitiremos que lleguen hasta Rose y el Doctor.

- o -

Con un ligero ruido se abrió la escotilla de la cápsula, transcurridos unos momentos se asomó lentamente una cabeza. Mirando hacía un lado y otro comprobó que no había enemigos a la vista y después el soldado salió con el arma en la mano preparado para cualquier sorpresa.

Tras un reconocimiento de la zona, los alienígenas se dirigieron hacia la señal que recibían en su transmisor. Encabezados por el general Zeck, el canciller, Radnesck y varios soldados ocultos por la oscuridad, seguían la señal que recibían del implante que le habían puesto a Rose cuando la tuvieron secuestrada.

Llevaban unos metros recorridos, cuando se encontraron con un equipo de soldados enviados por Torchwood. Tras un duro enfrentamiento los agentes fueron eliminados y tres alienígenas quedaron en el camino. Después el resto siguió con su misión.

Jack, Ianto y Alex llegaron al lugar en que había tenido lugar la lucha y descubrieron los cuerpos de los agentes muertos. Dieron parte a la base de lo sucedido y tras un exhaustivo rastreo localizaron la dirección que había tomado el resto de los alienígenas.

Tal y como habían imaginado, vieron que su destino era la casa donde se encontraban Rose y el Doctor, aunque no entendían cual sería el motivo por el que estuvieran tan obsesionados con ella.

Rápidamente volvieron al coche y pusieron rumbo a la casa, mientras ponían en conocimiento de lo sucedido a Torchwood para que enviaran refuerzos sin perdida de tiempo.

Mientras tanto las criaturas acababan de llegar a las cercanías de la casa. Se detuvieron para descansar, la atmósfera terrestre era muy espesa para ellos, lo que les permitía respirar pero con cierta dificultad.

En ese momento un coche negro, a toda velocidad hizo entrada en la explanada colocándose entre los extraterrestres y la casa. Mientras se preparaban para salir y presentar batalla Jack se volvió hacia Ianto.

Será mejor que te mantengas detrás de mí. – Dijo Jack abriendo la puerta del coche. – No quisiera que te pasara nada por mi culpa. – Ianto no replicó, al ver que el capitán estaba preocupado por él. apenas lo conocía, pero algo le decía que Jack parecía conocerle y lo que le era más extraño y encantador al mismo tiempo, el capitán sentía algo muy fuerte por él. – Alex, creo que tenemos trabajo.

Al oír en la casa el ruido producido por el frenazo del coche de Ianto; Mickie y el Doctor se asomaron a la ventana. El Doctor miró a su amigo y con un gesto de cabeza le indicó que fuera a ayudarles.

El chico sin pensarlo dos veces, se dirigió hacia el almacén, donde guardaban gran cantidad de armas, para recoger su blaster y salió corriendo hacia el lugar que se estaba produciendo el enfrentamiento. Mientras el Doctor decidió quedarse junto a Rose, sabía que Jack y los chicos podrían con los intrusos.

Hola chicos, ¿Qué esta pasando? – Dijo Mickie casi sin aliento.

Parece que un pequeño grupo de alienígenas consiguieron escapar de la nave nodriza y han seguido el rastro de Rose hasta aquí. – Dijo Jack explicando rápidamente la situación.

Vamos a patearles el culo a estos bichos. – Dijo Alex sonriendo. – Ya estoy empezando a cansarme de ellos.

Estoy de acuerdo, ya han hecho suficiente daño estos tipos y creo que se merecen un escarmiento. – Dijo Mickie mientras acariciaba su arma.

Empezó el tiroteo, los alienígenas estaban muy sorprendidos por la fuerte resistencia que estaban ofreciendo los humanos. Ellos creían que los terricolas eran seres débiles e inofensivos.

Los alienígenas empezaron a retroceder, el canciller se mantuvo oculto entre los árboles del bosque cercano, Radnesck y el último de los soldados habían caído, mientras el general Zeck ofrecía una fuerte resistencia.

Alex, Mickie – Dijo Jack acercándose al chico – Quiero que me cubras. Tienes que mantenerlo ocupado mientras doy un rodeo y le cogemos por la espalda.

De acuerdo, capitán. – Dijo Alex y empezó a disparar para mantener ocupado al alienígena.

Jack echó a correr y se dirigió rápidamente hacia el lateral del bosque. Tras un rodeo y siguiendo el sonido de los disparos, después de recorrer unos treinta metros pudo distinguir al canciller agazapado detrás de unos árboles y Zeck, en pie, disparando para proteger a su líder.

Sigilosamente Jack se acercó hasta las criaturas que no habían advertido su presencia hasta que ya era demasiado tarde. Pero, sin darse cuenta, Jack pisó una rama que puso sobre aviso al canciller, que se volvió y le disparó hiriéndole en el brazo.

Jack se dejó caer y dando una voltereta se ocultó tras un árbol. Ianto, que había visto la escena desde el coche, creyó que el capitán necesitaba ayuda. Cogió la pistola que llevaba en la guantera del vehículo y se dirigió hacia los árboles. Sólo de pensar que el capitán estuviera en peligro, le impidió actuar con sentido común y se lanzó a una desenfrenada carrera hasta entrar en el bosque.

Ianto se dirigió lentamente hacia el lugar donde estaban los dos alienígenas. El agente solo tenía una cosa en la cabeza, tratar de proteger al capitán. El canciller no dejaba de tratar de dispararle y Jack no podía moverse de su posición.

Zeck estaba ocupado en devolver los disparos que le estaban lanzando Mickie y Alex. Poco a poco les estaban rodeando. Mientras Ianto, tras un rodeo se colocó en posición para tener a tiro al Canciller. Se acercó muy despacio intentando no hacer ruido y cuando estaba a dos metros le dijo:

Quiero que tires el arma y te des la vuelta muy despacio. – El canciller se quedó quieto un momento, pero con un rápido movimiento que no se supo como lo hizo, se giro y disparó de nuevo hiriendo a Ianto en la pierna.

Jack al oír la voz de Ianto se levantó pero no pudo impedir que el canciller disparara y al ver caer al chico, sintió que el sonido de aquel disparo se le clavara en el corazón como una puñalada.

¡NO! – El capitán se lanzó sobre el canciller y con un salto increíble cayó sobre la criatura. Acabaron en el suelo rodando, Jack se levantó y le cogió del cuello del traje y le dio un puñetazo pero el ser era fuerte y después de reponerse, le descargó a Jack varios golpes seguidos que le dejaron un poco atontado.

La cabeza le daba vueltas pero se repuso enseguida y estaba dispuesto a lanzarse de nuevo sobre él cuando vio que le estaba apuntando con el mismo arma que había disparado a Ianto.

Una mueca desagradable que parecía ser una sonrisa se dibujó en la cara del canciller. Creyó que tenía la situación controlada pero no esperaba la respuesta de Jack. Sin pensarlo dos veces se lanzó sobre el canciller, el alienígena empezó a disparar hiriendo a Jack dos veces, pero eso no le detuvo.

Siguió corriendo y en un último esfuerzo se lanzó sobre él consiguiendo quitarle el arma y le disparó un certero tiro en el cabeza. La sorpresa se reflejó en la cara del canciller y después se desplomó cayendo al suelo de golpe.

El capitán no pudo aguantar más y estuvo a punto de caer, pero Ianto que había conseguido levantarse, se encontraba a su lado y evitó que llegara al suelo. Dejó que se apoyara sobre su cuerpo pero el joven tampoco pudo aguantar mucho, su pierna herida le impidió soportar el peso y lentamente cayeron los dos al suelo, antes de que Ianto pudiera decir nada, el capitán quedó inconsciente, o al menos eso es lo que el joven agente esperaba, pues Jack se había quedado totalmente inmóvil y parecía que estaba mucho peor.

Mientras tanto Mickie y Alex había conseguido rodear a Zeck y le habían obligado a rendirse. Dieron aviso a Torchwood para que enviaran alguien a recogerlo y llevarlo detenido a la base. Allí sabrían que hacer con él.

¿Cómo se encuentra? – Dijo Mickie que se había acercado hasta Ianto.

No lo sé. – Dijo Ianto con lágrimas en los ojos, que no había apartado la mirada del capitán. – Ha recibido varios disparos por mí culpa.

Seguro que saldrá adelante. El capitán es tu tipo duro y ha pasado por situaciones muy difíciles. – Mickie intentaba darle ánimos al chico pero viendo el estado de Jack y la sangre brotando de las heridas, no estaba muy seguro.

Pero de pronto Jack recobró el conocimiento. Su cuerpo se convulsionó al inspirar una gran cantidad de aire. A Ianto casi se le paró el corazón al ver que el capitán volvía a la vida de repente y Mickie, que estaba agachado a su lado, se cayó al suelo del susto.

Hola Ianto – Dijo el capitán con voz dulce. – Estoy encantado de verte de nuevo. – Mientras le dedicaba una de sus mejores sonrisas.

Pe… pero ¿Cómo es posible? – Ianto no salía de su asombro. – Jack, ¿Has recibido varios disparos? Creía que estabas… bueno que no…

Soy el hombre que no puede morir. ¿No te lo había dicho? – Dijo Jack mientras se levantaba y ayudaba al chico a ponerse en pie.

Una vez puesto los dos en pie, Jack pudo sentir el corazón de Ianto que latía de forma acelerada.

Ianto Jones, mi caballero andante, te has arriesgado por mi. Veo que no se te da mal utilizar el arma. Aunque podríamos hacer algunas prácticas de tiro, si tu quieres claro. – Continuó diciendo, dedicándole una pícara sonrisa – Y ¿sabes qué? Ahora creo que voy a besarte – Entonces poniendo su mano sobre la cara de Ianto le besó suavemente. El joven sintió que le fallaban las piernas y entonces Jack lo atrajo hacia su cuerpo para evitar que cayera, sin saber si se trataba del dolor en la pierna herida o si era lo que el capitán le estaba provocando en su interior. – Eh, no sabía que mis besos tuvieran este efecto. – Dijo Jack sujetándole fuertemente y dejando escapar una divertida risa.

El joven estaba realmente sorprendido. Por su cabeza pasaban muchas cosas, pero no encontraba las palabras para expresar todos los extraños pensamientos que estaban pasando por ella. Jack no podía morir. ¿Pero como era eso posible? ¿Qué clase de magia era esa?

Jack por su parte se empezó a sentir extraño. Jamás había sentido algo así, era como si estuviera mintiendo a alguien, una terrible emoción de traición se estaba apoderando de él. Volvió a mirar a Ianto, que agotado y dolorido había apoyado la cabeza sobre su hombro y dejaba que el capitán le sostuviera y entonces se dio cuenta.

Por fin averiguó lo que su corazón llevaba diciéndole durante un par de días. Eso era, Ianto era la razón, su Ianto, aquel joven agente del que se había enamorado en la otra realidad. Si, Jack Harkness se había enamorado y por mucho que aquel chico que descansaba sobre él fuera idéntico al amor de su vida, no era el mismo y ahora que se atrevía a decirlo; quería regresar con su verdadero amor, por mucho que fuera a romperle el corazón a aquel Ianto.