A la mañana siguiente a las 06:30 de la mañana Sheila estaba levantada, si ya todo había acabado, podía entrar y salir sin ser vista y ahora no podía decirle a Len que le cubriera las espaldas porque se enfadaría y se pondría celoso... es extraño, ella estaba deseando ver-en cierto modo- a Len celoso por que ella va a curar a Hao. Ella ya salía del Templo, no tuvo problema al salir de allí, a la vez pensaba en el extraño sueño que tuvo aquella noche: ella estaba en cementerio, pero algo había cambiado, no veía espíritus allí como de costumbre, todo estaba desierto, al adentrarse en aquel cementerio tan conocido por ella, pudo observar una figura encima de una lápida, aquella extraña figura tenía las manos en la cara tapándola y a Sheila le daba la impresión de que esta gemía, prácticamente la figura lloraba. Se podía ver a simple vista que era un espíritu de sexo masculino, rubio y realmente delgado. Sin darse cuenta ella ya se aproximaba al hombre y estaba dispuesta a preguntarle qué era lo que le ocurría cuando el espíritu alfó la cabeza, se podía ver que sus ojos eran negros y que sus lágrimas no eran normales, sino sangre. En ese mismo instante ella despertó en un grito ahogado. ¿Que sería aquel sueño tan extraño?
Bueno, ella ya tendría tiempo de sobra para pensar en ello, ahora ella debía entrar en la cueva.
-¿Hao?-toda la cueva estaba oscura, no se podía ver nada, así que ella hizo que pequeñas llamas de fuego rodearan la cueva de tal forma que quedara iluminada-Hao, basta de juegos sal de donde quieras que estés-no se oía nada, ella ya decidió el marcharse de allí, tenia cosas mas importantes que hacer como entrenar o simplemente pasar algún tiempo con Len.
Ella salió de aquella cueva y empezó a hacer la fusión de almas. Ya avanzaba por los árboles hasta que algo la detuvo en el camino, algo o alguien la llamaba.
En el templo Len estaba ya despierto, y listo para su entrenamiento de las mañanas. Al salir de su habitación, se dirigió al patio principal donde empezaría su entrenamiento. Oyó un ruido a su espalda y se giró de inmediato y algo lo tiró al suelo. Un puñetazo. Len tenía un dolor atroz en la mejilla, al mirar hacia arriba para mirar quien era el causante… ¡Hao!
-Maldito seas Hao…-dijo entre dientes.
-Maldito seas Len, tu eres el que me ha herido estúpido-el rostro de Hao estaba lleno de furia y desprecio, detrás de Hao estaba Opacho que lo miraba con cara de enfado-Sabes desde el principio que Sheila me pertenece a mi, eres un desgraciado-Len se incorporó de momento al oír esto.
-Sheila no te pertenece, no te ha pertenecido y no te pertenecerá-Hao se acercó y la agarró la camisa de Len.
-Puede que ahora no sea mía, pero lo fue y lo será y mientras ella piensa en lo nuestro, ella no estará con nadie que no sea yo-en la cara de Hao se reflejó una pequeña sonrisa-Aunque me extraña lo que Sheila ha visto en ti, y no tardará en darse cuenta, pero a veces es muy cabezota, y, por supuesto, yo no esperaré a que ella se de cuenta de el error que ha cometido así que será mejor cortar por lo sano.
-¿Qué harás? ¿Acaso me matarás?-dijo Len vacilante.
-No creas que no lo haría, pero si lo hiciera Sheila se enfadaría y entonces no tendría oportunidad de llevar a cabo mis planes… por cierto, ¿Dónde está?
-No está aquí, fui a su habitación y no estaba, suponía que estaría contigo, pero veo que me equivoqué y la verdad me alegro.
-Bueno iré al grano, quiero que tú lo acabes todo respecto a vuestra relación.
-Sabes que no aré eso Hao, no seré tan estúpido como para rechazar a la persona que amo.
-Len, maldito estúpido no eres nadie para entrometerte en mis planes y seguro que no te gustaría que algo malo le pasara a Sheila ¿verdad?
-No serias capaz de herirla, lo se… tu la amas al igual que yo, y no podrías hacerle nada malo.
-A veces los planes requieren de sacrificios, pero está en tu mano que este plan no tenga riesgos, que Sheila no corra ningún peligro, y además, prometo dejar que seáis amigos y todo eso, pero ella deberá estar junto a mi, ¿estas dispuesto?-Len no sabia que contestar, el estar con Sheila o separarse de ella para protegerla era demasiada presión.
-Lo pensaré…-terminó diciendo.
-Te daré tres días, ni uno más y tendrás que contestarme, ¡ah! Si me entero de que le as dicho algo de nuestra conversación a Sheila, me las pagarás-una oleada de fuego envolvió a Hao y a Opacho, cuando desapareció el fuego ellos ya no estaban.
Sheila ya se adentraba en el cementerio, aquella voz la llamaba, repetía su nombre una y otra vez ¿quien era el propietario de esa voz? Se adentró más y algo extraño pasó, no había ningún espíritu allí… como en su sueño-se dijo-ella estaba intrigada, si aquel hombre se encontraba allí, ella lo conocería ahora y finalmente saldría de dudas. Llegó a la lápida en la que se suponía que debía estar, ¿era aquella figura? Algo estaba sobre aquella lápida, ella se acercó, todo se estaba cumpliendo exactamente igual que en el sueño y también la apariencia del aquel hombre era igual a la del sueño, ella ya esperaba que aquel hombre levantara el rostro. Cuando se acercó al espíritu y este levantó la cara solo algo cambió que sus lágrimas no eran sangre, eran… normales.
