Capítulo 11
—JARVIS, ¿qué opinas? —inquirió Loki en cuanto estiraba sus manos hacia la pequeña cámara giratoria a un metro de él.
Su mañana se había basado en desayunar cereal con leche, leer el periódico matutino que Tony dejaba sobre el mesón de la cocina. Y ahora, aprovechó la oportunidad —y quietud del día— para pintar sus uñas con el esmalte negro que el sirviente de Tony le sugirió hace un par de días.
—Excelente trabajo, señor. —exclamó la inteligencia artificial. Loki sonrió orgulloso con el resultado.
—¿Sabes? Durante toda mi vida, mis sirvientes hicieron esto por mí en secreto —le comentó el asgardiano como si de un viejo amigo se tratase—. Aún a sabiendas de que Odín tenía una opinión muy firme sobre el hecho de que su hijo pintara sus uñas como una cortesana cualquiera.
Loki podía recordar los comentarios mordaces de Odín vívidamente, pero eso no lo detuvo. Él utilizó aquel insignificante detalle como un emblema de su insubordinación.
—En este mundo su gusto por las uñas decoradas es compartido por millones de otros hombres —comentó JARVIS de repente—. De hecho, el señor Stark tiene cita con un manicurista cada quince días.
Loki sonrió abiertamente. Aquello sonaba como un refrescante chapuzón luego de una vida de innecesarios juzgamientos por parte de quienes lo rodeaban.
—Es bueno saberlo —un bufido escapó de sus labios—. No puedo creer que tenga tanto en común con un humano como él...
Luego de aquello, el Dios permaneció en silencio durante un par minutos, mientras observaba el cielo despejado al otro extremo del ventanal. El silencio a su alrededor era inquietante. Él podía sentir la soledad como un dolor físico ahora que se encontraba prácticamente desprotegido sin sus poderes. Ellos podrían haberlo llevado a cualquier otro lugar con solo desearlo.
—¿Su ropa, señor?
Loki ladeó su rostro ante la pregunta del techo parlante. Una suave sonrisa se deslizó en sus labios. La voz de JARVIS llenaba el vacío del lugar.
—¿Estos harapos? —señaló las enormes prendas que cubrían su cuerpo—. Decidí darle una segunda oportunidad a esta ropa, ya que pasaré todo el día encerrado...
Loki sonrió de medio lado.
—Pero... creí que la odiaba por ser demasiado grande. —insistió JARVIS.
Loki se encogió de hombros. Existía una razón por la cual había decidido usar esos roñosos trapos una vez más. La razón tenía nombre y apellido.
—¿Dónde se encuentra Steve Rogers y sus amigos?
—El área comunal designadas por el señor Stark.
—¿Me guías hasta ahí? —inquirió el asgardiano poniéndose de pie.
—No creo que sea una buena idea, considerando el último encuentro que tuvo con el equipo, señor.
—Solo comenzamos con el pie izquierdo. —mencionó Loki a la ligera.
—¿Cuál es el plan, señor? —inquirió la inteligencia artificial de repente. El sonido de su voz fue curiosamente pausado. Impropio de él.
—¿Qué plan? —preguntó Loki con una sonrisa confusa.
—Su plan.
—¿Hablas de mi deseo por visitar el área comunal de los ex Vengadores? ¿Ese plan?
—El plan... —dijo JARVIS por última vez, antes de callar súbitamente. Una alarma hizo eco en el lugar. El sonido era ensordecedor, y solo podía significar que el lugar se encontraba bajo ataque. Loki buscó resguardo bajo el mesón de la cocina. No era momento de sentirse humillado por su acto de cobardía. Él no era un tonto capaz de arriesgar su vida, como un simple mortal, por una causa desconocida.
—JARVIS, ¿qué sucede? ¡¿JARVIS?! —preguntó Loki inquieto, pero no consiguió respuesta. La alarma se detuvo cuando Tony bajó del ascensor sosteniendo una proyección holográfica. Su pronunciado ceño mientras extendía una pantalla azul en el centro de la habitación era una mala señal. Loki abandonó su escondite, sintiéndose menos temeroso a una muerte inminente con él en la misma habitación.
—Stark, ¿qué sucede? —preguntó con cautela, mientras acortaba la distancia entre ambos.
—Alguien violentó el protocolo de su sistema. —dijo Stark refiriéndose a su fiel amigo JARVIS.
—¿Él está bien?
Tony miró a Loki con una gran interrogante en su rostro, la que desapareció cuando se dispuso a explicarle lo que acontecía.
—Sí... solo se desconectó. Es una medida preventiva.
Pronto, Tony tuvo a Loki hombro a hombro mientras él trabajaba en averiguar cuál era el problema en concreto. La curiosa mirada del asgardiano se agudizó, mientras tecleaba los códigos de seguridad y la pantalla le mostraba una serie de números, signos y letras ajenos a la programación de su viejo amigo. Tony se tensó notablemente.
—Alguien pirateó a JARVIS para que hiciera... ¿preguntas? ¿qué es esto? —murmuró el ingeniero, en cuanto su sistema de respaldo «FRIDAY» analizaba la fuente del problema.
—¿Qué fue lo último que te preguntó JARVIS? —indagó Tony.
Loki lo miró con genuina curiosidad.
—Algo sobre un plan, "¿cuál es el plan?" Algo así...
Tony recibió la ubicación del lugar exacto en donde se realizó el atentado, y no tuvo que meditarlo más de dos segundos para saber que se trataba de Natasha Romanoff.
Tony frotó su frente, y, luego de un suspiro pesado, activó a JARVIS una vez más. Todo se encontraba bajo control. Su control.
—Lo siento, señor —dijo su mayordomo virtual luego de un par de segundos de silencio—. No detecté la intrusión hasta hace un par de minutos.
—Hablamos de Romanoff, amigo. Ella es demasiado buena en lo que hace.
—¿La Viuda Negra? —mencionó el asgardiano, y fue hasta entonces, que Tony sintió la respiración de este a un par de centímetros de su rostro. Él agradeció el hecho de que Loki no se tomara el atrevimiento de hacer contacto físico en ese preciso instante. Los nervios crispaban su cuerpo.
—Sí... supongo que aún no confían en mí, al grado de piratear a JARVIS en busca de respuestas.
Loki miró profundamente al humano. La miseria y resignación en sus facciones le recordaban episodios de su vida en Asgard. La falta de valoración era un tema que continuaba haciendo eco en su mente. Esperando cualquier oportunidad, por la más mínima que sea, para resurgir y tomar el control de sus acciones. Loki podía imaginar a un Tony Stark despojado de toda moral absurda y sus limitaciones. Él era un ser superior, comparado con el resto de su raza.
El Dios sacudió sus pensamientos cuando Tony mencionó algo sobre reunir a sus invitados y tener una charla. La mano de Loki lo alcanzó, impidiendo que diera la vuelta y terminara con otro ataque de ansiedad. Sus emociones podrían jugarle una mala pasada.
—Quizás sea hora de que hable por mí mismo. Todo está relacionado conmigo. —mencionó Loki en cuanto soltaba su agarre. Tony negó ante aquella idea.
—No es seguro para ti bajar y reunirte con ellos.
La cálida mirada de Stark le trasmitió una extraña sensación que empujó lejos. Una corriente recorrió su espina, antes de cuadrar sus hombros y levantar su barbilla, solemne.
—Soy un Dios y un guerrero. Puedo defenderme con o sin poderes.
—Si es así, ¿qué hacías agazapado en la cocina cuando las alarmas sonaron? —soltó Tony con una pequeña sonrisa de lado. Loki puso sus ojos en blanco.
—Es de sabios escoger tus batallas. No iba a pelear contra una amenaza de la que no tenía ni la menor idea sobre qué trataba.
El genio relamió sus labios ante la intensa mirada verde sobre él, y entonces, asintió.
—De acuerdo. Podemos intentarlo al menos.
—Claro que sí, después de todo... —soltó Loki entre risas—. ¿Qué es lo peor que podrían hacerme?
Tony asintió con una sonrisa tensa, en cuanto se encaminaba hasta la barra de su minibar. Aquello le trajo tantos recuerdos, y lo hizo meditar sobre los giros que daba la vida.
Loki observó como el genio regresó a su lado luego de tomar algo del lugar, y, poco después, este colocó un brazalete sobre su muñeca pálida y desnuda. El contacto de sus manos fue cálido. Muchas cosas en el humano lo eran.
—Listo. Es hora de establecer un dialogo civilizado. —dijo él, en cuanto emprendía su camino con la seguridad que lo caracterizaba.
—¡Quita tus asquerosas manos de mí, criatura tonta!
Los pies del asgardiano flotaban medio metro sobre el suelo, en cuanto sus ojos observaban con ira los orbes azules.
El rostro del Capitán, con una mueca que deformaba sus potentes rasgos, se centró en apretar su agarre contra el cuello del Dios de las travesuras.
—¡Steve, no! —soltó Natasha en un intento de persuadir a Rogers.
—Amigo, nos vamos a meter en más problemas, baja eso. —comentó Sam con voz monótona, mientras observaba el espectáculo. Falcón lo supo desde que los tres observaron a Loki traspasar esa puerta junto a Stark. Las cosas no podían terminar bien.
Steve sintió nauseas ante la sonrisa burlona del Dios tras presenciar su reacción al ver su ropa en él, su enemigo. Tony debió dársela, ¿cómo se atrevió a profanar sus recuerdos? Esas prendas permanecieron en su habitación por una razón.
Rogers deseaba volver a utilizarlas cuando Tony le permitiera regresar a su lecho. ¿Qué pretendía Stark al darle la ropa a otro hombre? ¿Era su manera de superarlo? Grave error. Más cuando las palabras de Loki provocaron aquel escenario en el que él era la bestia irracional y colérica.
«Terminemos con esto, soldado. Abandoné su cama solo para calmar tus infantiles intentos de llamar la atención.»
Aquello fue lo que ese lunático susurró a escasos centímetros de su oído mientras Tony, Sam y Natasha discutían sobre el sabotaje al sistema de JARVIS, segundos después, aquellas tres miradas se encontraban sobre él, mientras apretaba el cuello del asgardiano.
—Esta vez gané. —jadeó el Dios, antes de escuchar un gruñido gutural por parte del soldado, y, segundos después, su cuerpo impactó contra el cristal de la ventana. Su caída libre dio inicio. Lo último que escuchó por parte de Tony fue «JARVIS, DESPLIEGALO» aquellas palabras le resultaron muy familiares.
—Supuse que esta reunión terminaría así. —mencionó el castaño frente a sus tres ex compañeros de equipo. Steve respiraba pesado. Sus ojos azules lucían enardecidos a pesar de conseguir un desahogo lanzando a Loki a una muerte segura. Se decepcionó al ver como la Mark 7 cruzó la vista de todos en cuestión de segundos, luego, esta dejó a un desorientado Loki sobre el piso, junto al genio, quien ayudó a su protegido a ponerse de pie.
El Dios no tuvo más opción que reprimir su furia al verse rodeado de personas capaces de darle una paliza, y él, completamente desarmado.
—Los necesito fuera de mi torre hoy mismo. —dijo Stark sin ningún tipo de vacilación en su voz. El hombre se encontraba sereno, más aún, después de asegurar el bienestar de su invitado.
Steve gruñó ante la imagen de Tony sosteniendo al asgardiano con sumo cuidado, permitiéndole pasar un brazo sobre sus hombros para apoyarse contra él. Poniendo de excusa un dolor en su pierna que seguramente no existía.
—Tony... —comenzó Natasha, pero se vio interrumpida por el empresario, quien negó con un gesto silenciador.
—Ya tomé una decisión. Tienen veinticuatro horas para marcharse, de otro modo, me veré en la penosa obligación de ordenar que los echen a la calle.
Loki hizo su mejor esfuerzo por ocultar el incontenible deseo de sonreír encantado, en su lugar, jadeó un poco a cada paso que daba junto a un apenado Tony Stark.
