Capítulo X

Parcialmente nublado

Y comenzó a hablar. Renuente a soltarme todo de un solo guiño, me contó que todo había sido idea de Alice, lo había encontrado por casualidad hace un par de años y me confió que yo había sido uno de sus trabajos más difíciles. Alice lo había contratado para protegerme… y entrenarme. Al principio le había costado acercarse a mí.

-Se me hace insufrible tu presencia. A ratos eres insoportable-fueron sus palabras.

-¿Por qué?-le pregunté, algo cortada.

-Pensé que, con el paso del tiempo, el dolor menguaría pero vives asfixiada y es una sensación inaguantable para diario. Me extraña que un cuerpo tan frágil como el tuyo haya podido soportarlo por tanto tiempo.

-¿Cómo sabes lo que siento?- Pasada ya la sensación de euforia me permití escucharlo con cierta desconfianza. No sería la primera vez que un vampiro intentaba engañarme y esta vez no caería tan rápido. O eso esperaba.

-Soy empático-contestó mientras me ponía de pie y encendía las luces, decidida a ser yo quien estuviera cerca de la puerta.

Esto me dejaba en desventaja, obviamente, ya que podía anticiparse a todo lo que yo pudiera decidir hacer.

Y mi recelo no debió haberle pasado por alto, pero fue lo suficientemente cauto como para no mencionarlo.

-Es algo que puedes bloquear, ¿o no?

-¿Cómo un interruptor?-volvió a reír con esa vehemencia burlona que era tan cautivante.-me sonrojé, sintiéndome algo idiota. Afortunadamente él no podía ver mi rostro ya que me había ubicado detrás de él.

Quedó su pregunta en el aire pues mi mente viajaba a una velocidad alarmante. Llegué a la rápida conclusión de que el nexo debía ser Jasper. ¿Quién mas que él podía encontrar a un semejante?

-Te encontró Jasper.

Asintió.

-El y su pareja me contactaron. ¿No vas a sentarte?-giró la cabeza para observarme de reojo.-No voy a hacerte daño.

Una de mis manos subió instintivamente al picaporte de la puerta principal y estuve de acuerdo con Roy, ¿cómo era que podía soportar todavía tantas emociones? ¿Dónde estaban las reacciones humanas ante el miedo excesivo o la tristeza prolongada?

En presencia de Edward había podido descubrir que algo iba mal conmigo, por alguna razón ajena a mis conocimientos él no podía leerme. Luego, sólo a unos meses de mí final feliz le había revelado a Aro la existencia de mis amigos licántropos y así como aparecieron, las imágenes se desvanecieron ante la curiosidad de aquél. Alguna relación tenía que tener, pensé con impaciencia, intentando alcanzar la verdad.

-Encontrarte no fue nada fácil y sospecho que es por eso que aún sigues con vida.-hizo una pausa.-Alice me dio muy pocas pistas de tu paradero, ella tampoco confiaba en mí-inclinó la cabeza y me echó una mirada, estaba al tanto de mi desconfianza hacia él.

Esto me alarmó.

-¿Por qué no confía ella en ti?

Se mantuvo en silencio y tuve que aceptar mi derrota. No iba a irme, concluí echando un vistazo a mi mano, aferrándose con angustiosa inseguridad a la manilla de la puerta. Tenía la cabeza llena de preguntas, de dudas y la curiosidad me carcomía.

-Contéstame-le pedí. Aún de espaldas pude imaginar su rostro al decirme:

-¿Qué crees que gano yo con todo esto?

-Lo ignoro.

-Los de mi raza no necesitamos del dinero sin embargo, disfrutamos de los lujos. Nosotros no necesitamos protección, pero hay veces en que nos rodeamos de compañeros, formamos un clan pues, con el paso del tiempo, la soledad puede tornarse insoportable. Eso es algo que tú sabes muy bien.

Pasé por alto su malicioso comentario hacia mi forma de vida y comprendí que su deseo era bastante simple.

-¿Deseas formar parte del clan Cullen?

-No.

Me extrañé.

-¿Entonces?

-He experimentado la eternidad y esta ha llegado a aburrirme.

-¿Qué es lo que pides a cambio?-insistí con rudeza.

-Ya lo sabrás. Alice temió que el móvil por el cual acepté este trabajo me precipitara y que con eso arruinará tus posibilidades. Pero he esperado mucho ya, cuatro míseros años no son la gran diferencia, ¿no?

Hubiera querido estar de acuerdo con él respecto al paso del tiempo y a como este se había sentido, pero no habían sido cuatro míseros años, como él aseguraba.

-¿Cómo está el resto de los Cullen?-pregunté momentos después.

-Sólo hablo con Alice y por lo general una o dos veces por año. Por ahora es peligroso que los relacionen contigo.

-¿Por ahora?-pregunté con temor.- ¿Y cuando no será peligroso?

Esta vez se volvió por completo. Su rostro…era difícil comprender por qué no me había llamado antes la atención. Mantuve en él la mirada porque aún así algo no parecía encajar.

Los parpados cayeron pesados ni bien comencé a observarlo, mi mano cayó débil, inerte a un costado de mi cuerpo. El sopor comenzó a invadirme con suma rapidez y no supe como escapar de él.

-No-balbucee.-¿Qué…

-Mañana tienes clases, debes descansar.

Desperté, horas más tarde, en mi habitación, y pronto descubrí que me encontraba sola en casa. Roy había cubierto mi cuerpo con una vieja manta que yo desconocía que tenía. Este gesto, sin embargo, no sirvió para que pudiera pensar bien de él.

Todo parecía estar en completa tranquilidad, me encontraba a salvo, al menos del peligro que parecía sugerir su aparición tan abrupta en mi vida.

El reloj marcaba las seis y la luz de un nuevo día cubría mi habitación. Parecía que al fin llegaba la primavera. Las estaciones debían cambiar, por supuesto, no era de ellas la culpa de esta transición que definía con mucha voluntad el paso de los meses, el paso de la vida.

Sin sueño ya, decidí esperar en el salón, junto al televisor. Mi comportamiento era tan indolente últimamente que ignoraba qué pasaba en el resto del mundo.

Las noticias locales comentaban con angustia la ola de asesinatos y se sorprendían, con espanto, de que el criminal no dejara evidencia de sus actos.

Se pensaba en un asesino en serie ya que todas las víctimas tenían el mismo perfil: todas se parecían a mí. Un lunático, decían, ya que todos los cuerpos que eran encontrados yacían desangrados…

Una semana tuvo que pasar antes de ver medianamente satisfecha mi curiosidad.

En efecto, la persecución era conmigo. Frutos perennes de la campaña de Victoria en contra de los Cullen. Después de cuatro años, su muerte seguía pesando en todos los involucrados.

Pero junto a Roy mi vida entera cambiaría y tal vez en el proceso iba a perderla, aunque estaba dispuesta al riesgo, estaba resuelta y eso es lo que se esperaba de mí. Los finales felices, después de todo, eran muy escasos. Y yo lucharía por el mío hasta que la última gota de vitalidad decidiera abandonarme.

Este drástico cambio, aún así, no me eximía de ir a clases. Al menos no por el momento.

Aparentar ignorancia por mi parte era vital para que el plan que había ideado Roy, por tantos años, llegara a buen puerto.

Luego de una tensa conversación con él, la noche anterior, comprendí que al único final feliz al que podía llegar a aspirar y con el único con el cual me iba a tener que contentar era alcanzar a Edward e intentar salvarlo. Las probabilidades del triunfo eran bajas y la certeza de mi muerte una idea constante que debía acompañarme siempre.

Roy solía llegar antes que yo a mi casa y tan aburrida era su existencia que, de vez en cuando, ordenaba mis habitaciones o reubicaba los muebles a su gusto. En apariencia no tenía más de veinte y muchos años, no me había contado casi nada de su historia y por lo general era bastante silencioso. Tenía la molesta costumbre de detener nuestras conversaciones en la mejor parte, para él era muy fácil mirarme a los ojos y quitarme todas las fuerzas por mantenerme despierta. Se sorprendía con suma facilidad de mis cambiantes estados de ánimo que en el último tiempo fluctuaban entre las calidas esperanzas de un posible reencuentro y una suave amargura por el paso del tiempo.

-Te encontré por primera vez en una exposición de arte.-me contó una noche de viernes.-Te estuve observando mientras contemplabas el cuadro de una muchacha con una tristeza parecida a la tuya.

Lo miré con curiosidad mientras recordaba esa noche, la exposición, el cuadro y a la muchacha.

-Yo la pinté-me confió con cierto orgullo y un tono melancólico que ocultó con una sonrisa.

Me quedé en silencio mientras él perdía su mirada en el piso de la habitación. Le concedí el silencio y el tiempo necesario para que reviviera su recuerdo, fuera este cual fuera.

Yo también me puse a recordar, ahora que sabía que podía, que tenía una nueva esperanza; era lo que más me gustaba hacer.

Volvió a hablar, demasiado pronto, como si nuestra conversación jamás se hubiera pausado.

-No se si recuerdas aquella vez en las montañas.

Mi mente lo siguió enseguida.

-¿¡Eras tu, alimentándote en ese bosque!? ¡Que negligente de tu parte exponerte de esa manera!-le reté con propiedad.-Ese lugar siempre está lleno de visitantes.

Se detuvo un momento en mi rostro, con expresión ausente, entrecerró los ojos y, sin previo aviso, comenzó a reír.

-Y no es la primera vez que lo haces-seguí, recordando el accidente en el cual los dos habíamos participado y en el cual un inocente había resultado gravemente herido.

Las carcajadas cesaron junto al recuerdo de ese extraño e inexplicable día y cuando me disponía a preguntarle al respecto sentí la ya conocida modorra, ganándole a cada fibra de mi cuerpo, debilitándolo con rapidez e impidiéndome luchar.

-No…quiero…dormir-logré balbucear.

-Tienes que resistirte.

Un gruñido fue la única respuesta que pude pronunciar.

-¿Bella?

Moví la cabeza para hacerle saber que aún le escuchaba.

-Volverás a ver a Edward-fue lo último que escuché y con una sonrisa dejé que Morfeo ganara.


Hola! Lamento la demora pero la inspiración me abandonó durante muchísimo tiempo.

Les quiero agradecer por sus ánimos y sus comentarios y de paso, disculparme pues no sabía que era costumbre devolver los reviews. Hace mucho que pertenezco a fanfiction y recién ahora me entero, lo siento!!!!

Muchos cariños y ya pronto llegará Edward =)