MIEDO Y PRESERVACIÓN:

Mi cuerpo no respondió más y me desplomé en el suelo como una hoja de papel, podía haber estado así horas o segundos, no lo sé y supongo que tampoco nunca lo averiguaré a ciencia cierta. Lo único que recuerdo fue que al despertar, estaba al final del patio, sentada en una banca con una monja poniéndome alcohol en la nariz para que recuperara el conocimiento, bruscamente desperté, y estaba desorientada; no sabía como había llegado ahí, mi cabeza daba vueltas como si estuviera por completo borracha, y me sentía mal. Todos me miraban preocupados, sobre todo uno de mis profesores favoritas: el profesor Banner de biología, todos querían saber que tenía, como me sentía; pero yo no podía, apenas intenté articular palabra, me entraron unas náuseas horribles y terminé arrojando todo mi desayuno encima de la religiosa.

-Yo…lo...lo siento.- susurré por completo avergonzada, mirando asustada a la madre Mirna. Ella no se caracterizaba por ser la madre más dulce, todo lo contrario.

-No te preocupes Isabella.- dijo con una sonrisa y el extraño acento que poseía.- ¿Estás bien?- solo asentí con la cabeza, temiendo que esa horrible sensación regresara.

Me dieron un té y me permitieron ingresar a un salón aledaño mientras me recuperaba. Ahí, en la soledad absoluta, me puse a pensar sobre el desmayo y las causas y consecuencias del mismo. Esto ya era demasiado, sabía muy bien que era porque había dejado de comer, y porque me esforzaba demasiado con rudas rutinas de ejercicio. El desmayo y el posterior vómito de hoy, era casi lo mismo que cuando las anoréxicas expulsan su comida mediante un auto vómito. Hasta ese entonces, me había empeñado a creer que no tenía problemas alimenticios, que no era anoréxica o bulímica, que no tenía problemas de baja autoestima, que todo estaba bien conmigo; que solo era una chica más que quería bajar de peso. Que todo en mí estaba bien, y así debía mantenerse; pero con lo de hoy, me di cuenta que solo me estaba engañando. Estaba enferma y necesitaba ayuda profesional, llegué a tal punto de estar tan baja de fuerzas que terminé desmayándome en plena formación del colegio. Era demasiado, había llegado demasiado lejos con esto, incluso para mí.

Llamaron a mi madre, y ella vino a recogerme inmediatamente. Renné estaba muy preocupada, no entendía porque me había desmayado, nadie lo entendía, solo yo lo sabía, pero aún no estaba lista para hablar sobre ello. Adoraba a mi madre pero…no tenía la confianza suficiente como para decirle todos mis problemas, eran problemas muy oscuros como para comentarlos con ella. Pero sí o sí necesitaba ayuda, y ahora sabía que tendría que buscarla por mí misma.

Fui hacia donde mi prima Jessica, era mucho más pegada a ella, sabía que nunca me dejaría sola, pasara lo que pasara.

Le conté todo, no me reservé nada porque en realidad no veía el punto, si quería que pudiera ayudarme, tendría que saber la historia completa y real. Lloró, por supuesto, no podía creer que su enana, así me dice, estuviera metida en problemas tan graves como los desordenes alimenticios, y mucho menos que tuviera un pasado relacionado con la pornografía y el desnudismo por cámaras web. Pero después de el shock que ocasionaron mis confesiones, se relajo y me dijo que me ayudaría.

-Jessica, yo no quiero que nadie se entere de esto, nadie de la familia, ni siquiera mi madre.- dije. Sabía que mi prima querría decírselo a todos, era su manera de enfrentar los problemas.

-¿Estás segura sobre eso?- preguntó algo desconfiada.

-Lo estoy, es algo demasiado privado como para irlo compartiendo por ahí, y además conociendo lo chismosos y mal hablados que son.- negué con la cabeza, mientras Jess solo asentía.

-No estás sola Bells, quizás creas que sí, pero no es así. Saldrás de todo esto, estoy segura.- susurró, para luego abrazarme muy fuerte.- No dejaré que nada te pase.

Esa noche pude dormir, por fin, tranquila, sabía que Jessica me ayudaría y ya nada podría lastimarme. Esa tarde volví a recuperar algo que hace bastante había perdido: la esperanza.

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Desde ese día, estuvimos buscando infinidad de psicólogos y terapias para chicas con desordenes alimenticios; la mayoría eran para internar al paciente, y por supuesto eso no podría pasar en nuestro caso porque: Primero, se enteraría mi madre y toda la familia, que era precisamente lo que no podía pasar; y segundo y tal ves más importante, mi caso no era tan grave, no vomitaba a costa, no comía, en eso era lo único en que era similar. Pero mi gravedad no estaba tan magnificada como la de las chicas en esos hospitales, intérname solo hubiera sido una medida excesiva.

Parecía que nunca íbamos a encontrar a la persona idónea para atender mi caso, hasta que por fin Jessica lo haya, revisando una página de internet.

-¿Max? ¿Así se llama?- pregunté confundida, cuando Jess me mostraba la página donde había encontrado al psicólogo.

-Tiene un bonito consultorio, pequeño pero bonito. Y está especializado en chicas y chicos con alguna adicción, problema de autoestima o psicológico.- citó mi prima las palabras del mismo doctor.

-Así que, ¿Max Zignano? ¿Crees que sea lo correcto?- pregunté, mirándola a los ojos. A este punto, la opinión de Jess era de suma importancia para mí, después de todo nunca habría hecho todo esto por mí misma.

-Me parece un buen tipo, además hay muchos casos que afirman que el doctor Max les salvó la vida, no perdemos nada con ir y probar.- susurró con una sonrisa triste.

-Gracias Jessica, en serio no sé que hubiera hecho sin ti.- dije. Sin ella, probablemente me hubiera convertido en anoréxica o bulímica.

-No me des las gracias, para eso están las hermanas.- susurró, mientras me tomaba de las manos.- Me agrada que confiaras en mí, si te hubieras quedado callada, no sé que hubiera sido de ti.- sonreí, pero era una sonrisa triste. Pensar en un futuro sin haberle dicho nada a Jessica era simplemente desolador.- Iré a sacarte una cita.- dijo, levantándose de la cama, donde nos habíamos sentado. Yo solo asentí, este era el momento que más temía: tendría que abrirme con un completo desconocido, contarle todos mis problemas y permitirle que me ayudara. Tendría que enfrentarme a uno de mis mayores miedos, dificultades y problemas: Las relaciones públicas. Y más valía que lo hiciera bien, mi vida dependía de ello.

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¡Hola chicos, chicas y zombis! Aquí les dejo un nuevo capítulo de "El viaje de mi vida". Espero que sea de su agrado, como ven Bella ya por fin admitió que tiene un problema y va a intentar recuperase. ¿Qué creen que pasara? Díganme sus opiniones en un lindo review. Quiero agradecerles todo su apoyo, significa el cielo para mí. También quería pedirles todo su apoyo con mi nueva historia: "Ámame pese a todo" Es una buena historia, sobre la pasión, el amor y odio de dos jóvenes. Esta ambientado en la segunda guerra mundial. Espero que la lean. Significa mucho para mí.

Con amor, Lucia Cullen.