Acto final: Otabek
Ese fue el punto en donde la cordura y mi fingida tranquilidad se fue al carajo.
No podía simplemente decir "Oh, sí, claro, adelante, entiérrenme el bisturí con confianza". Mi ánimo estaba por los suelos y no sabía qué demonios iba a hacer.
Hace más de dos meses que no pisaba una pista y eso me desesperaba. No podía llamar a mi hermana y decirle que necesitaba dinero para operarme; nuestra relación no estaba bien, se supone que le demostraría que podía arreglármelas solo y que ella estaba en un error al creer que mi sueño era simplemente un capricho y una rabieta de niño pequeño. Tampoco podía pedir más ayuda, ella era mi única familia y yo tampoco podía conseguir un trabajo para juntar el dinero si ni siquiera podía soportar el dolor.
Estaba perdido, muy perdido. Y eso me tenía mal al punto de que el solo hecho de despertar cada mañana y acordarme en la mierda que me encontraba metido me deprimía y solo lograba dejarme nuevamente en no saber qué hacer.
Una noche en específico salí de la cama en dirección al baño. En el acto de sentarme en la cama y pararme sentí las piernas algo entumidas pero supuse que era la sensación usual de cuando el cuerpo está despertando... no fue así hasta que me enredé con mis propios pies y caí al suelo del pasillo.
—Eres un idiota — suspiré con la intención de volver a pararme.
Lo que creí que había sido un simple tropezón se empezó a convertir en mis piernas dormidas.
Comencé a desesperarme cuando a pesar de intentar moverlas no me respondían y la sensibilidad en ellas era poco y nada, como cuando se te duermen las piernas y pesan un montón. Por más que intentaba pararme no podía.
—Vamos, no pueden ser así — comencé murmurando, frustrado, asustado cada vez más.
De forma frenética empecé a golpearlas para que despertaran, sentí los ojos picarme, quería llorar del solo susto de que jamás pudiera sentir mis piernas otra vez.
—Tienen que responder, vamos, por favor — mi voz sonaba cada vez más desesperada —¡Párense, tienen que responderme!
Comencé a sollozar de forma desesperada.
Por mi mente pasaron rápido todas las veces que ignoré el dolor en mi columna y me culpé, me culpé una vez más, ¿Por qué no me preocupé antes de todo esto?
Entre la desesperación, mi voz seguramente fue escuchada por el vecino. Recuerdo que tuve que estirarme a duras penas para poder abrir la puerta, el chico llamó a una ambulancia y me dejaron hospitalizado toda la noche. Eso es de lo único que me acuerdo, las enfermeras tuvieron que ponerme calmantes para poder dormir.
Lo maldito fue cuando al día siguiente el dolor volvió pero podía caminar. Mi miedo no se fue, era como si se hubiera instaurado en mi pecho de forma pesada y casi un tormento. Cada vez que me levantaba de la camilla para ir a cualquier lugar sentía mi mente jugarme malas pasadas en el caso de que sucediera lo mismo que noches atrás.
—Necesitas la operación, la necesitas ya. — no había cabida para una negativa.
Pero no respondí, estaba demasiado frustrado con todo como para querer pensar en esa maldita operación. Me quedé mirando los papeles en el escritorio del doctor mientras él parecía esperar una respuesta mía.
—Mira, si no tienes el dinero, estoy dispuesto a ayudarte pero-...
—No es eso, o sea, sí lo es, también pero... necesita la firma de mi tutor para la operación y yo no quiero que Anara se entere de esto.
—Tendrá que hacerlo, ya te lo dije, tus piernas de a poco están perdiendo movilidad y si dejas el tiempo pasar como lo has estado haciendo será peor.
Ese hombre estaba haciendo todo lo posible para convencerme de entrar a pabellón pero yo aún seguía con mi orgullo de demostrarle a mi hermana que podía hacer las cosas solo. Terminé por no aceptar nada pero me dieron de alta momentáneamente con la condición de que debía volver al hospital para tomar una decisión una vez que acabara de hacer un par de papeleo en mi escuela y entregar el alargue de mi licencia.
Caminé despacio desde el hospital hasta mi piso aún con el miedo latente de mis mismas piernas. No quise arriesgarme así que tomé mi motocicleta para dirigirme a mi escuela.
Llegar a ese lugar me produjo un revoltijo extraño. Hace meses, desde que habíamos perdido las semifinales, que no me acercaba. Entré un poco dudoso e intenté caminar rápido por los pasillos, algunas personas me saludaron pero con un simple gesto pasé de ellas y entré a la dirección general a entregar la licencia y recibir las hojas con los deberes que la secretaria archivaba.
Cuando iba saliendo, mi vista me traicionó y se encontró rápidamente entre la multitud con aquel grupito de chicos al cual solía pertenecer. En la misma parte de siempre, siempre en el mismo círculo y el mismo orden, solo que ahí yo ya no estaba. Maldije mentalmente cuando noté que no había más salida que tener que pasar por ahí, además, había venido en moto así que estaba obligado a ir en esa dirección.
Mi intento de camuflarme con la demás gente fue en vano y, en consecuencia, JJ fue el primero en caer en mi presencia. Sin embargo, cuando hicimos contacto visual no se acercó, parecía querer decir algo pero sonreí tenuemente cuando también noté que Chris me miraba y seguí de largo despidiéndome con la mano. Quería salir cuanto antes de ahí, ya había llegado al estacionamiento cuando...
—¡Beka! — Mila...
No pude hacerme el tonto. Esperé al lado del vehículo a que la rusa dijera pronto lo que tenía en mente.
—Ah, uhm, hola — de pronto pareció ponerse nerviosa —¿qué haces por acá?
—Hola. Estudio acá — contesté obvio.
Abrió los ojos sorprendida — ¿Qu-qué? ¿No te habías cambiado de colegio? d-digo, los chicos dijeron que te ibas y por eso ya no venías. Incluso ellos consiguieron un reemplazante en el equipo de hockey.
Me quedé callado, sin saber qué decir, aunque bueno, ¿qué mierda podía decir?
Era obvio que se habían deshecho de mí y cambiado por alguien más. Ahora con esto me lo confirmaban... Pero aun así me dolió cuando lo dijo, no esperaba que lo hicieran tan pronto, solo ahí pude comprender la cara que había puesto Jean cuando me vio. Lo que más me sorprendió y molestó fue el descaro con el que inventaron que me había ido del colegio y que la mayoría de seguro se lo había tragado.
Me sentí estúpido por esperar algo a cambio de ellos. Me sentí idiota una vez más.
Mila me vio corto de palabras y me miró preocupada.
—Otabek, ¿estás bien? somos amigos, ¿no hay algo en lo que pueda ayudarte?
—N-no, estoy bien.
Me subí a la motocicleta y a pesar de que Mila siguiera preguntándome cosas, la ignoré por completo y giré la llave. Sólo quería irme. Salir de toda esa mierda, no sabía cómo, pero salir, no ver a nadie y no saber de nada más.
—¡P-Pero Otabek!
Aceleré dejándola atrás. Mi mente estaba revuelta con una y mil basuras que en ese momento me encontraba atravesando.
Primero el hockey, perdí el partido, mi equipo me culpó de todo y ahora inventan que me fui del colegio. Luego mi lesión, no sabía cómo pagar la operación y llamar a mi hermana no estaba dentro de mis opciones, no quería quedar en silla de ruedas y estaba aterrado de jamás poder jugar. Por último... esto.
En el peor momento me percaté de que me estaba quedando solo.
La carretera comenzaba a deslumbrarse, estaba tan jodidamente enojado que no me percaté que en ningún momento había dejado de acelerar. Estaba llegando al puente cuando algo llamó mi atención o más bien... alguien.
Un chico delgado, de cabello rubio desaliñado, se aferraba a punto de saltar a la baranda. Mi atención se vio desviada y pensé instintivamente en dejar de lado la motocicleta e ir a detenerlo, ¿por qué ningún malnacido en la carretera se había percatado de ese chico?
Todo pensamiento y acción fue demasiado rápido. Hasta creí haber escuchado un grito cuando el joven volteó el rostro asustado y sus ojos observaron la nada misma.
Iba a parar cuando recién miré hacia al frente y demasiado encima, demasiado tarde, vi un automóvil extrañamente varado.
No hubo tiempo para un último susto.
Todo se volvió distorsionado y un dolor punzante en todo mi cuerpo se cernió antes de que sintiera mi cuerpo estamparse contra el concreto y mucho ruido alrededor. Mi mente me gritó que me pusiera de pie, que lo intentara una última vez, pero no pude hacerlo. No sentía las piernas.
De forma borrosa, lo último que alcancé a ver fue el pequeño cuerpo del chico resbalando por el puente.
Y todo se fue a negro.
Hola
¿cómo están? espero que bien
Con esto concluye la narración de Otabek. Los próximos capítulos son con narrador omnisciente.
Gracias por leer!
