Muchas gracias por su apoyo, espero que esto les guste.
Declaimer:
Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.
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Episodio
XI
¿Cómo puedo salvarte?
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"Tenía que parar de ser así, no podía seguir siendo tan egoísta"
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La nieve comenzó a caer, pintando lentamente el ambiente de blanco y frio. Las lejanas voces de la calle principal y el ruido que se atrevía a escapar por la puerta abierta del bar creaban una disonancia que murmuraba en sus tímpanos. De pronto fue como si esa delicada mano, se hubiera vuelto de hierro caliente. Resultaba doloroso sentirla contra su piel. El mutismo acompañaba el escenario que esa mujer tan extraña había bosquejado con sus palabras, que por mucho que las pensara, no tenían ningún sentido. Aturdido le miró el rostro, intentando encontrar en sus facciones una respuesta al cambio tan abrupto en su actitud.
—¿De que éstas hablando?—dio un manotazo a la mano que sostenía su mejilla izquierda.
Hinata hizo una expresión complicada.
—Tú no tienes que enamorarte de mí, no tienes que seguir haciendo lo que te pedí—aseguró sintiendo que su extremidad ardía mientras la piel lastimada se coloreaba de rojo.
Doloroso.
—¿A qué mierda estás jugando? Primero vienes y dices lo que se te da la gana y ahora te echas hacia atrás sin ninguna razón, ¿qué es lo que estás pensando estúpida?—gruñó irritado.
Realmente estaba volviéndose loco.
—Yo… no quiero causarte más problemas—bajó el rostro, ocultando sus ojos de él. No quería que viera más allá de lo que estaba mostrándole. Sólo deseaba ponerse una máscara igual a como él mismo lo hacía todo el tiempo.
No quería mostrar sus verdaderos sentimientos.
—Ya lo hacías—repuso. Honestamente no sabía por qué estaba tan enojado—, siempre haciendo lo que se te venía primero a la cabeza, corriendo como una idiota, siendo tan obstinada cuando claramente te dije que no te acercaras, haciendo lo que tú querías aunque no estuviera de acuerdo, ya me causabas problemas desde el primer instante en que te apareciste—soltó frunciendo el ceño más de lo que ya lo tenía.
—Lo siento—se encogió en su sitio.
—No me digas lo siento, maldita sea.
—L-lo siento—inclinó más la cabeza y él abrió los ojos como platos.
¿Era posible? Esa mujer que hacía honor a su nombre, que era como un sol egoísta que se aferraba a las cosas que orbitaban a su alrededor para mantenerlas pegadas a ella, estaba mostrándose tan débil, sumisa y tonta como nunca imaginó verla.
Su sangre se calentó.
—Mierda—su voz sonó ronca y fue un tanto opacada al patear con fuerza uno contenedor de aluminio para la basura que estaba a su lado y hacer un estruendoso sonido metálico.
Necesitaba descargar toda esa frustración en algo.
La muchacha se estremeció.
Sí, era mejor así, si se alejaban ahora, él no tendría por qué sufrir cuando el momento de irse llegara.
Sasuke ya no tendría que ver morir a alguien otra vez.
—Por favor, olvida todo lo que te he pedido hasta ahora, mantendré mi distancia, ya no te causaré más inconvenientes—el cabello le cayó por los costados del rostro al hacer una profunda reverencia, se aferró con sus titubeantes dedos al borde de su abrigo—, tan sólo has como si yo nunca hubiera aparecido.
Esas palabras le corroían las entrañas.
No era lo que deseaba decir.
—Haz lo que quieras—pasó de ella con pisadas firmes. Sus manos se hicieron puños, dejando ver el blanco de sus nudillos.
Ah, maldita nieve, ¿por qué estaba cayendo más fuerte?
—…
—Siempre lo haces al fin de cuentas—masculló deteniéndose en el lumbral del local—. Bueno, es conveniente. A decir verdad estaba hartándome de este juego tan estúpido. Sólo lo has hecho más fácil.
Cierto, ya no tendría por qué involucrarse con ella, ni tendría que estar envuelto en ese raro juego de herir, tampoco se vería arrastrado a hacer lo que la Hyuuga quisiera. Y mucho menos sería influenciado por esa calidez desesperante. Sí, estaba más que bien, era muy conveniente que ahora fuese ella misma quien quisiera irse. Ya no tenía que preocuparse de asuntos que le resultaban ajenos, ya no soportaría esas inusuales sensaciones que lo confundía.
Sin ella, él podía seguir con su plan de permanecer en soledad mientras se pudría.
—Lo siento—susurró sin poder evitar que una a una las lágrimas silenciosas abandonasen sus ojos. Gracias a Dios él Uchiha no podía verla.
La puerta se cerró.
Su corazón se partió por la mitad.
Era lo mejor, lo era sin duda. Pero si ese era el caso, entonces…
¿Por qué le dolía tanto?
Ella era quien había arrastrado a Sasuke todo el tiempo, simplemente por sus deseos de experimentar las cosas dulces y amargas de la vida antes de morir, lo había obligado a aceptar sus decisiones de manera unilateral y sin embargo pedirle que la olvidase, poniendo más distancia de la que había inicialmente para cumplir con su promesa de no inmiscuirse más, era tan doloroso que sentía que estaba siendo destrozada desde el interior. Se acuclilló en el suelo, abrazando sus rodillas, sintiendo las orejas congelarse por la temperatura tan baja.
La nieve siguió cubriendo su llanto mudo.
Si tan sólo nunca hubiera escucha lo que Kakashi-sensei le había contado. Podría haber permanecido un poco más de tiempo a su lado.
Podría haber sido egoísta un poco más.
…
Miró fijamente el suelo por un par de minutos, sintiendo que su cabeza estaba por explotar. Pese a que debía estar feliz de que esa chica dejara de molestarlo por su propia voluntad y que ya podría volver al fin a su ritmo natural, lo cierto es que estaba reverendamente furioso. Incluso al final, ella seguía provocándolo, maldita sea. Apretó la quijada y estampó el puño contra la pared del pasillo. Sus huesos dolieron, pero no le importó. No entendía que parte de todo eso, no estaba bien. Era como si acabase de colocar una pieza en un rompecabezas que estaba a medio terminar y, este a pesar de todo no parecía cuadrar del todo. No se sentía para nada correcto. Sin embargo, estaba acostumbrado a ese sentimiento de vacío.
Siempre era abandonado.
—¿Sasuke?—levantó la cara y se encontró con los ojos borgoña de su compañera. Quien le observó sorprendida por la hostilidad de sus quinqués.
—¿Qué?—su tono era más frio y estoico de lo normal.
—¿Pasó algo ahí fuera?—indagó devuelta al verlo firmemente agarrado del pomo de la puerta.
Cosa que él no había notado.
—Nada—tajó sin más mientras caminaba en dirección a la zona principal para continuar con su trabajo.
No tenía caso devanarse los sesos por un sinsentido tan estúpido. Independientemente de la razón, ahora estaba libre de esa molestia. Esa mujer tan entrometida dejaría de arrastrarlo en su juego. Ya no se vería involucrado en las situaciones tan extenuantes y su mente sería más tranquila a partir de ahora.
Sí, eso era un alivio.
Karin vio como el moreno se perdía en el otro lado de la barra y frunciendo ligeramente las cejas en ademan pensante sintió curiosidad por lo que había en la parte exterior. Así que se acercó a la entrada trasera y giró el pestillo para después de oír el clic, empujar hacia afuera. El callejón estaba vacío, no había nada más que los rastros de la nevada que, para su sorpresa, había comenzado a caer; viró medio cuerpo para ver el camino que había tomado el Uchiha y se preguntó si realmente no había sido nada.
Ya que eso no parecía ser cierto.
Caminó lentamente entre la multitud, la verdad es que no sabía qué hora era ya. No era muy temprano cuando había salido de casa para ir a ver a Sasuke, y es que no había podido esperar a verlo la mañana siguiente, tenía que ver su rostro para comprender cuales tenían que ser sus acciones luego de escuchar aquellas palabras del Hatake. Inicialmente no había decidido alejarse y cortar los lazos, no, no era ese el camino que eligió, pero conforme se acercaba al lugar que su profesor había escrito en un trozo de papel, sus ideas fueron cambiando. En lugar de hostigarlo para que se abriera y volcar sus propios sentimientos en él, ella debía detenerse. Poner tierra de por medio era un movimiento más prudente que forzarlo a aceptarla en su vida. Si es que deseaba salvarlo, lo mejor era no ser tan cercanos. Aunque fuera en la distancia, ella haría que él siguiese adelante. Ya que, si ella ignoraba las circunstancias y se ponía detrás del gato para empujarlo por la vía para que comenzara a avanzar, tarde o temprano le provocaría más dolor cuando sus manos ya no pudieran seguir guiándolo. Había dicho que se aferraría a él, pero ¿cómo hacerlo? Si ella no sabía nada antes de la situación real. No sabía que carga tan pesada soportaba Sasuke en su espalda; debió haber sido tan duro para él seguir por todo un año, sabía que él tenía una cicatriz descomunal en su corazón, pero realmente no conocía la razón de esta y ahora que lo hacía, todo tenía sentido. Ese gato huraño y arisco era así porque era la manera en que su mecanismo de defensa actuaba. Como el sistema inmunológico atacando una enfermedad. No obstante, la enfermedad de Sasuke era como el cáncer, silenciosa y difícil de derrotar. Ella no era lo suficientemente fuerte para contrarrestarlo.
Refregó sus ojos y el sollozo que brotó de su pecho hizo que algunos transeúntes le miraran. Si era ella quien había decidido parar, ¿por qué no se sentía bien? Debía estar contenta de evitarle más dolor, al menos eso pensaba. Pero honestamente no era tan fuerte para pensar así. No quería alejarse, no quería dejar de ir tras él, no quería que el pretendiera jamás haberla conocido. Estaba dolida y era su propia culpa.
Porque ella era la que se había enamorado después de todo.
—¿Hyuuga?—una voz la llamó en medio de sus desesperación.
Levantó el rostro para ver la cara de quien aparecía en medio de la oscuridad. Como una luz tenue que le brindaba una sensación de esperanza.
—Kakashi-sensei…—musitó por lo bajo con la nariz enrojecida, las mejillas corridas de lágrimas y la piel de sus orejas congeladas. Las luces de alguna forma se hicieron más fuertes en el sitio donde sus pies se habían detenido.
El hombre alzó las cejas sorprendido.
Aquella noche le había tocado patrullar el centro de la ciudad en caso de que sus estudiantes anduvieran fuera tan tarde para reportarlos y reprenderlos. Más no esperaba realmente ver a la joven de ojos perla a esa hora y en ese sitio, pese a que la dirección de la que provenía le dijo que era su culpa por haberle dado aquella información sobre Sasuke en primer lugar. Él había propiciado que ella se expusiera a semejante peligro. Por una parte se sentía arrepentido por su imprudencia y por otra sintió una genuina admiración por la muchacha de cabellos azulados.
Ella se preocupaba profundamente por Sasuke.
—¿Te encontraste con él?—indagó sacando las manos de los bolsillos de su gabardina oscura. La nieve se estaba acumulando en sus cabezas y ropas.
—…—asintió bajando el rostro.
—Ya veo.
—Kakashi-sensei.
—¿Sí?
—¿Cómo puedo ayudar a Sasuke?—cuestionó tras una larga pausa de silencio entre los dos.
El sonido de la multitud era monocorde, como la melodía de una caja musical.
—Sólo sigue haciendo lo que hacías hasta ahora—respondió.
No había un consejo razonable que pudiese profesar, pues no tenía ninguno. Hinata estaba haciendo más de lo que él podía imaginar con su sola voluntad.
—Pero… yo… ya no tengo la confianza para estar a su lado—su voz sonó temblorosa. Las lágrimas volvieron a brotar.
El peliplata se sintió inquieto al ver la reacción de su alumna.
—¿Por qué no la tendrías?—dio un paso hacia ella cautelosamente.
Hinata levantó el rostro de golpe. Dejando ver sus orbes vidriosos. Sus pómulos estaban enrojecidos y los halos de vapor que se hacían con su aliento al chocar contra el frio del ambiente eran notorios.
—Porque yo también voy a abandonarlo—dijo estrechando la mirada con dolor—, yo voy a desaparecer.
Ah, realmente, ¿a qué estaban jugando los dioses?
Se tumbó de espadas en la cama, estirándose en el edredón azul que había sacado minutos atrás para cubrirse durante la noche. Abrió los ojos y clavó sus pupilas en el techo. Se sentía mucho mejor después de haber tomado la medicina y un baño para deshacerse del sudor que provocaba la fiebre. Escuchó un par de ruidos y se enderezó un poco para ver la cocina desde su cama, distinguió los movimientos de la Haruno entre la barra y la estufa.
—¿No vas a ir a casa Sakura-chan?—inquirió poniéndose de pie para ir hacia esa parte del departamento.
El reloj de pingüinos que le había regalado el nieto del hombre que lo cuidó de pequeño dibujaba las once de la noche más tres cuartos. Sakura había estado con él desde que salieron de la escuela, pues, como había dicho, le compró las medicinas y preparó comida para él. Aunque la sopa que la Haruno hacía para los refriados era una mezcla de sabores muy…exóticos. Perdería alguna extremidad si decía que sabía, en realidad, horrible. Dado que ella se esforzaba en elaborar un plato con bastantes nutrientes; de hecho si era saludable, sólo que el sabor decaía por milenios. Por lo que como buen hombre, se terminaba todo y no lo despreciaba. Puesto que era muy extraño que la chica de carácter fuerte se comportara tan atenta.
Era algo en verdad muy raro.
—Me iré después de limpiar esta pocilga—dijo ella levantando una bolsa de basura, dirigiendo una rápida mirada de desagrado a la cantidad exorbitante de envases—, ahora entiendo porque te enfermaste, no puedes sólo comer ramen instantáneo, ¿sabes?—regañó volteando a verlo—. Es bueno que haya hecho bastante de la sopa vitaminada—apuntó y el Uzumaki hizo una expresión sombría.
Oh, sí, era genial…
—Sí, que bueno-ttebayo—aunque su voz no sonaba realmente animada por tener otro alimento a parte de los instantáneos del minisúper.
—¿Huh? Están perfectamente acomodados—exclamó al abrir la parte baja de la alacena para acomodar la despensa que sabía, el rubio guardaba ahí. Los paquetes y latas estaban ordenados por fecha de caducidad y contenido, dudaba mucho que el cabeza hueca de Naruto lo hubiera hecho él mismo.
Él no era ordenado en lo absoluto.
—¿Qué cosa?—preguntó el blondo acercándose por la espalda de la pelirosa—. Oh, eso, quizás lo hizo Hinata-chan, no había revisado este sitio desde que vino la última vez.
—¿Hinata-san vino a tu casa?—sintió una extraña opresión en la boca del estómago.
—Sí, estuvo esperando al Teme aquí—rememoró aquella situación de hacía bastante tiempo.
La primera vez que habló con ella y la primera vez que pensó que era inmerecidamente amable.
—Oh, ya veo…—le miró por el rabillo del ojo, puesto que el muchacho de rubias hebras se había parado justo a su espalda para ver el sito por sobre su hombro.
—Realmente ella es muy amable-ttebayo—sonrió viendo la fila de artículos.
Sakura viró el rostro completamente para distinguir mejor sus facciones. Él se veía demasiado feliz al respecto. La Haruno frunció el ceño al sentir la base de su pecho completamente caliente y pesado.
Que sentimiento más desconcertante.
—Lo es—coincidió—, después de todo ella está yendo alrededor de alguien como Sasuke-kun.
Naruto la miró esta vez. Sakura tenía la vista clavada al frente, dejando incluso de parpadear para meterse en sus propios pensamientos y analizar el tumulto de emociones en su interior. Ella misma no entendía la naturaleza de sus inquietantes sentimientos, después de todo a veces incluso bromeaba sobre que a Naruto le estaba comenzando a gustar Hinata para molestarlo.
Esta era una ocasión idónea para hacerlo, sin embargo su lengua estaba entumecida.
¿Por qué no podía bromear con ello?
—Sí, ella lo está haciendo—asintió cerrando los ojos y esbozando una menor proporción de su sonrisa—. Realmente me alegro por eso—dejó caer su frente en el hombro de la Haruno. La cual respingó por el repentino peso. Sus mejillas estallaron por los bochornosos estremecimientos que le afloraban en el corazón y su espalda se irguió como una barra de hierro—. Sakura-chan… creo que me están dando ganas de vomitar-ttebayo—su voz sonó un tanto amortiguada mientras se enderezaba para cubrir sus labios.
—¡Por eso deberías haber seguido recostado estúpido!—gritó molesta mientras lo empujaba violentamente hacia el baño—. ¡Venga ya, no vayas a echarlo todo aquí!
—Sakura-chan…
—¡Kya! ¡Mi falda!
—Lo… siento…
—¡Estúpido!
Incluso a veces los sentimientos se mantienen ocultos, por ello es fácil ignorarlos.
Por la mañana, al despertar, las noticias recibieron a los ciudadanos con la nota de que habían caído treinta centímetros de nieve durante la noche anterior. A pesar de que se había detenido la nevada a mitad de ésta, el cielo estaba reforzado de nubes densas al amanecer y pareciera ser que no estaban dispuestas a irse por el resto del día, por lo tanto el pronóstico del día parecía estar inclinado a que continuaría. Al no permitir que el sol tocase algo, los nubarrones de algodón gris hacían que la temperatura siguiera siendo baja y no se hubiera derretido la capa blanca, con la que algunos niños se ponían a jugar en su camino a la escuela primaria. Las calles estaban cubiertas de un fino manto de hielo, por lo que los coches andaban con más cuidado que otros días, además que desde temprano se escuchaban en los alrededores el sonido de las sirenas, pues habían tenido que cerrar algunas de las vías principales por pequeños contratiempos. Incluso una tubería rota cerca de Shibuya había convertido parte de la avenida principal en una increíble pista de hielo.
Sin embargo el panorama de Tokio nevado, era realmente precioso.
Kakashi vivía en un LDK* cerca de la preparatoria Konoha, a menos de unas diez calles para ser precisos. Era bastante económico, aunque había lujos que no podía darse, como por ejemplo calefacción controlada. Por lo que su viejo calentón eléctrico le dejaría el bolsillo bastante flaco ese invierno, aunque claro siempre podía utilizar en su lugar el Kotatsu* que se había ganado en una de las tantas reuniones de fin de año entre maestros. Siempre valía la pena ponerse a competir contra Gai para poder hacerse acreedor de algún objeto que le faltase, pues el competitivo profesor de gimnasia le tenía aprecio como rival y era el único que participaba en los retos físicos para los premios. Se acomodó la mochila en la que siempre cargaba sus materiales para la clase y cerró con llave su puerta. Cogió del buzón los sobres que el cartero había dejado y los metió dentro del bolso antes de echarse a andar hacia el lugar donde dejaba amarrada su bicicleta. Quitó el candado y revisó que las cadenas para la nieve, que le había puesto a los neumáticos del velocípedo estuvieran firmes. No quería darse de narices como cuando era estudiante y hacia caso a lo que su viejo mejor amigo decía respecto a las carreras en las empinadas cuestas de su vecindario. No sería muy grato caerse siendo ya mayor como ahora. Como un hombre de treinta años, no sería nada agradable pasar semejante vergüenza. Aunque si bien llegaba a ocurrir no habría nada más que hacer que levantarse de nuevo. Se subió al asiento del vehículo de pedales y emprendió el camino recto hacia la escuela.
La brisa helada chocó contra la parte descubierta de su rostro. Ajustó un poco más la bufanda de patrones romboides color caramelo y los guantes negros se apretaron al manubrio. Mientras avanzaba por la línea blanca de la zona para bicicletas, su mente comenzó a recordar la situación de la noche anterior. Luego de encontrarse con la Hyuuga en el centro de la ciudad y tras haber escuchado esa inquietante declaración, no pudo sino simplemente hacer su labor de profesor una excusa valiosa para acompañarla a casa con motivo de que llegase a salvo. Sinceramente no sabía cómo es que habían podido ir todo el camino casi sin hablar, pero la curiosidad pudo más que la madurez y terminó cuestionando el porqué de sus palabras tan impactantes, a lo que la chica de ojos perlados respondió, más calmada, que era tal cual se interpretaba.
Ella estaba desapareciendo.
—"Aunque siendo más precisos, estoy muriendo"—recordó perfectamente el tono sutilmente resignado de su aclaración y esa sonrisa tan desgastada que esbozaba mientras lo decía. No fue capaz de disimular completamente la sorpresa y hasta cierto punto extraño, la preocupación que esto le provocaba. ¿Cómo es que no se habían enterado él y el resto de los profesores de tal cosa?—, "Eso es debido a que la única persona que lo sabe en la escuela es la directora Tsunade."—ya que no se podía evitar totalmente que las autoridades del instituto estuvieran al tanto de la situación de su salud.
Honestamente, nunca se lo hubiera imaginado, ella se veía muy tranquila, serena y normal a su parecer, no parecía para nada alguien con los días contados. Pero supo darse cuenta de que esto se debía al hecho de que Hinata era completamente consciente de sus límites y siempre vivió sometida por ellos. No era la clase de chica que se victimizaría y andaría buscando dar lastima a los otros por su inevitable destino, al contrario, ella era el tipo de mujer que lo guardaría para sí misma y en lugar de lamentarse, disfrutaría de las pequeñas cosas; de alguna forma le recordaba tanto a una chica que conoció cuando estaba en la universidad.
Ambas desprendían la misma aura de un sol.
Se detuvo en la intersección debido al semáforo que se había puesto en rojo y miró a las personas que estaban a su alrededor, alguno que otro traía un cubre boca de tela igual que él además de las bufandas que parecían mascarillas anti-humo por la ligera brisa que se le colaban en los pulmones haciéndoles estremecer. No muy lejos del sito donde estaba estacionado a la espera de su turno para cruzar, distinguió entre las personas que iban a pie, la figura de la persona cuyo rostro se lo había pasado recordando toda la mañana.
Hinata se veía un tanto desanimada mientras esperaba el foco verde. No estaba prestando atención a su alrededor y parecía estar perdida en sus pensamientos. Su cabello se movió con un ligero viento y sus ojos se estrecharon un poco en una mueca pensativa. Kakashi reconoció que su estudiante se parecía a una de esas muñecas que su padre solía tener en el aparador de su tienda tradicional cuando estaba vivo.
La señal peatonal cambió y los coches se detuvieron para cederles el turno de avanzar. La Hyuuga emprendió descuidadamente el paso, ya que se chocó contra la espalda de un asalariado apenas caminó hacia el frente.
—Lo siento mucho—se disculpó con torpeza.
—Fíjate por dónde caminas niña—su tonó era demasiado ofensivo.
—Lo haré—inclinó la cabeza un poco y el hombre chasqueando la lengua siguió su vía. La jovencita cruzó la calle y dejó escapar un largo suspiro mientras avanzaba por la vereda que daba al instituto.
El Hatake decidió darle impulso a su pedaleo para posicionarse a su lado. Sabía perfectamente que el estado de ánimo que tenía la ojiperla era en parte su culpa, puesto que si se hubiera quedado callado sobre lo que sabía respecto al incidente de hace un año con Sasuke, ella no se hubiera preocupado en exceso y puesto en semejante situación por no querer profundizar cicatrices en el moreno.
Ella era muy amable en ese aspecto.
—Buenos días Hyuuga—saludó haciendo que ella respingara por la repentina voz.
—Kakashi-sensei—musitó sorprendida—, buenos días—prosiguió intentando recomponerse del sobresalto.
El mayor niveló su velocidad a la de Hinata para ser capaces de conversar mientras avanzaban. Debía hacer algo, pero nuevamente se encontraba con el limitante de sus habilidades como educador. Siendo como era, ¿cómo podía intentar salvar a su estudiante? Era algo pretensioso pensar que sólo con deseo de esforzarse podría lograr algún cambio.
Tenía que poner las manos sobre ello si eso quería alcanzar.
Cerró la puerta de su gaveta luego de dejar dentro los zapatos del exterior. Miró fijamente las ranuras del metal y pensó en la razón que lo había llevado a levantarse tan temprano ese día. Luego de que la noche anterior había sido un verdadero horror en el bar, estaba casi seguro que dormiría hasta casi llegar su turno del día siguiente. No obstante, como un robot, se levantó justo un minuto antes de que la alarma timbrase. Cuando logró enderezarse se dio cuenta que tenía una bola de pelos recostada a su lado, por un segundo se sacó de onda, pero casi de inmediato recordó que ese gato se había aparecido en su balcón casi por arte de magia cuando llegó del trabajo para que lo dejase entrar. Dado que estaba haciendo tanto frio, el felino no se había querido ir, por lo que luego de acompañarlo en el desayuno se volvió a tumbar en la cama con pereza.
Tendría que comprar arena de camino a casa ya que dudaba que el animal quisiera dignarse a salir para congelarse las patas. Suspiró y se pasó una mano por los desordenados cabellos, de alguna manera, las cosas no estaban completamente como antes. Giró sobre el eje de sus pies y sus ojos buscaron sin darse cuenta una silueta sutil.
Ella apareció.
Se sintió irritado con la expresión tan decaída que tenía, e incluso apostaba por que se le veía la piel más pálida que en otras ocasiones. Era como una vela apagada. ¿Por qué tenía esa cara? Era ella quien había decidido terminar, aunque para empezar no es como si hubiesen comenzado algo. No veía coherencia alguna en su comportamiento.
Sus ojos se encontraron.
El moreno estrechó la mirada y ella nubló sus orbes con una expresión indescifrable. Como una ecuación sin respuesta. Sus compañeros iban y venían entre ellos, más la conexión entre las perlas y el ónix era inquebrantable. Fue como si estuviera diciéndole algo con esa mueca. Aunque se hizo el sordo a voluntad.
Hinata rompió el contacto para pasar de él y dirigirse a tomar sus propios uwabaki. Las palabras no dichas y el gesto omitido, le dejaron saber que ahora eran desconocidos el uno para el otro. Era genial, muy conveniente, no podría haber pedido algo mejor que detener toda tan sencillamente como eso. Sin embargo…
¿Por qué no estaba satisfecho?
Viró medio cuerpo y clavó su penetrante mirada en la espalda de la peliazul. Se veía tan delgada por detrás. Como una varita de madera a punto de romperse.
¿Ella siempre pareció tan frágil?
Chasqueó la lengua y desvió el rostro con brusquedad ¿por qué seguía prestándole atención? Ya no tenía nada que ver con él, entonces ¿por qué? ¿Por qué estaba así? ¿Por qué la seguía con la mirada y se sentía tan inquieto de no haber escuchado su voz como siempre? ¿Por qué sentía el picor en sus piernas que lo incitaban a seguirla, pero optaba por suprimir en base a fuerza de voluntad? Simplemente…
¿Por qué?
Gruñó desde lo profundo de su garganta y echándose el maletín por sobre el hombro emprendió el camino hacia su salón. A la mierda todo eso, ya no quería pensar en estupideces.
Un par de ojos jade fueron testigo de la extraña e inusual escena, aunque nadie más lo notó por estar ajenos, ella en cambio conocía un poco, por lo que le resultó raro la forma en que prácticamente ambos se habían ignorado. Sakura miró a Hinata que se encontraba saludando a un chico castaño y luego a Sasuke que se había ido directo por el pasillo. Intentó imaginarse la razón tras su comportamiento, pero la verdad es que no poseía una gran imaginación para justificarlo totalmente. Lo único que podía sacar como hipótesis es que se habían peleado, sólo que la pegunta era ¿por qué? ¿A caso Hinata se había cansado de ir tras Sasuke al no ver ningún resultado? ¿O es que el moreno se había portado grosero y le había dado un ultimátum? Conocía al azabache desde la escuela media, por lo que sabía muy bien que su temperamento no era el más lindo de todos. Mucho menos después de lo que había pasado hace un año. Ya que, Sasuke se sentía responsable de la muerte de su hermano mayor.
No, mejor dicho…
Él era responsable de la muerte de su hermano mayor.
Recargó la cabeza contra la pared del gimnasio. Estaban teniendo una clase de educación física bajo techo por las evidentes características del clima. Mientras que las chicas jugaban voleibol, los chicos hacían lo respectivo en su partido de basquetbol. Naturalmente no se había podido unir a ellos, sin embargo, en esta ocasión, no estaba triste por eso; sino todo lo contrario. Pues de alguna forma se había estado sintiendo mareada desde el tercer periodo. Observó la pelota blanca ir de mano en mano mientras las jugadoras se las ingeniaban para completar las jugadas y anotar los puntos necesarios para ganar el set. No eran profesionales, pero se divertían las unas con las otras. Aquellas que no formaban parte del cuadro se mantenían al margen de la cancha animando a sus compañeras con entusiasmo. Incluso algunos chicos también les miraban desde el otro extremo. Distinguió a los lejos la mata de cabello castaño de su amigo correr por la cancha. Kiba estaba muy entretenido compitiendo con sus amigos por el esférico mientras los esquivaba y birlaba la pelota entre los huecos que había. Sonrió victorioso cuando atravesó el punto ciego que había entre dos de los contrincantes circunstanciales y lazó un espléndido tiro de dos puntos. El balón cayó en las manos de Shino que estaba bajo la canasta y este sólo lo arrojo a sus colegas. No era muy dado a participar en esa clase de juegos.
El balón de las chicas salió rodando luego de un falló en la recepción y topó con sus pies. Hinata regresó su atención al conjunto de féminas.
—Hyuuga-san, por favor arrójalo hacía acá—pidió una de ella con amabilidad.
—Si…—respondió poniéndose de pie para coger la esfera entre sus delgadas manos. El material era más suave de lo que imaginó, pensó mientras alzaba la manos por sobre su cabeza para arrojarlo devuelta.
Si tan sólo fuera alguien normal, podría no solo ser la que regresaba los esféricos perdidos, sino que también podría integrarse y jugar con ellas. Podría llevar una vida tranquila y como cualquier otro estudiante de bachillerato. Bromeando, jugando, yendo de aquí a allá mientras creaba recuerdos. Pero lo cierto es que nunca había sido así, por más que ella encontrase hermoso las pequeñas vivencias del día a día, debido a que tenía un límite de tiempo algo incierto, no podía sino simplemente ser un poco cautelosa. Porque no podía vivir como los demás, es que debía ser consciente de las cosas que podía hacer y las que no. Al encontrarse con Sasuke, la esencia de ese gato callejero, la hizo olvidar por un momento, que estaba fuera de su alcance lograr cumplir la promesa obstinada de protegerlo. Pues, quien más podía dañarlo era ella y solamente lo había ignorado hasta ahora para evitar su propio sufrimiento. Sin embargo, no podía simplemente pretender no haber visto nunca ese corazón tan herido. Debía hallar una manera de que él dejase de lado esa manía de hacerse daño.
Él sólo estaba autodestruyéndose, matando lentamente su cuerpo, le preocupaba profundamente el destino que Sasuke se estaba forjando día con día y quizás no sería capaz de estar presente para cuando el punto crítico llegara. Sus manos estaban atadas y aun así quería hacer algo. Aunque ella se hubiera alejado, aunque le hubiera dicho que no se entrometería más, aunque hubiera sido ella y sólo ella quien le prometió no causarle más problemas.
Seguía queriendo salvarlo.
Sintió que su cuerpo se iba de lado, la sensación fue un poco extraña, algo lenta y lejana. Su vista se volvió oscura y una punzada atacó su cabeza. Todo le dio vueltas y estaba teniendo una experiencia tan surrealista y que ni siquiera percibió el golpe contra el suelo.
Ah, su cuerpo estaba tan caliente.
—¡Gai-sensei, Hyuuga se desmayó!—anunció una voz desconocida con cierto miedo y sorpresa.
Lo siguiente que supo, fue que la conciencia le abandonó.
Tecleó un par de cosas en el ordenador mientras revisaba su lista. La clase cuatro había tenido muy malos puntajes en el pequeño test de ese día por lo que tendría que elaborar algún plan especial para reforzar los puntos importantes. Aunque claro, siendo chicos de preparatoria, no podían realmente tomar un gran apego por la poesía tradicional. Sin embargo, era su trabajo como maestro de literatura hacer que sus estudiantes entendieran la profundidad del valor que tenía el patrimonio cultural de su país. Deslizó las ruedas de la poltrona para coger algunos libros en el escritorio de enfrente y hojearlo ocasionalmente. La verdad es que hacía mucho tiempo que no se ponía a hacer concienzudamente su labor. De alguna forma se sentía más motivado.
La puerta del lugar se abrió y entró por ella Asuma, quien llevaba en sus manos un par de cuencos de arroz instantáneo sabor Kimchi. Atravesó el espacio entre los escritorios de los demás profesores y se paró delante del Hatake.
—Venga ya, detente un momento—exclamó extendiendo uno de los platos hacia el peliplateado.
—Vale—dejó de lado los papeles y tomó el envase que su compañero y amigo de bebidas le tendía. Sacó del interior de su chaqueta los potes de café amargo que había comprado en la maquina dispensadora del pasillo. Colocó uno en el escritorio donde Kakashi había despejado espacio para comer.
Al fin y al cabo era la hora del almuerzo.
—Ustedes deberían comer cosas más saludables, no son unos mocosos—comentó con un tono de reprimenda la voz de Kurenai mientras se sentaba en su silla, que estaba junto a la del hombre de barba.
—¿Saludables dices? Apenas si me da tiempo de preparar mis clases, ¿cómo quieres que me ponga a cocinar?—cuestionó llevándose un bocado de arroz a los labios.
—Pues tendrías tiempo si no salieras a citas todos los días—gruñó la de ojos rubí dándole un sorbo a su té.
—Tú también vas a citas todos los días, ¿cómo es que puedes cocinar eso?—apuntó la caja de almuerzo que la mujer estaba disfrutando. Los acompañamientos y el arroz tenían una pinta deliciosa.
—Es que no administras el resto del tiempo—declaró ruborizándose ligeramente.
Kakashi les observó en silencio. Pesé a que ninguno de ellos lo decía, sabía perfectamente que ambos se traían algo desde hacía tiempo.
—Ustedes se llevan bien como siempre—murmuró antes de masticar un poco de las verduras pre-cocidas de su plato. Sin embargo sus compañeros no podrían decir en qué momento bajó su cubre bocas para darlo.
—S-son imaginaciones tuyas Kakashi—la morena tosió un poco y en cambio Asuma sólo rodó los ojos.
—Claro.
—L-lo que sea… este hombre es un caso perdido—apuntó al Sarutobi—. En cambio no veo explicación alguna para que tú no traigas un almuerzo apropiado—indicó Yūhi mirando al de la mascarilla.
—Soy un hombre soltero, es normal para mi comer así—respondió simple.
—Eso no es excusa—reclamó—, siendo así, ¿por qué no te consigues una esposa?
—No es mi estilo.
Claro que no es como si nunca hubiera sopesado la posibilidad de casarse y formar una familia. Lo que pasaba era que, la persona con quien pudo, alguna vez muy remota, imaginar semejante cosa, estaba ya casada con un hombre que además era alguien importante para él.
Simplemente no había tenido tiempo de volver a considerarlo con alguien más.
La puerta de la sala volvió a abrirse, interrumpiendo la conversación de los tres profesores.
—Kurenai-san—llamó la delgada voz de Shizune, cuya presencia extrañó un poco a los presente, pues usualmente la enfermera siempre estaba en su oficina.
—Shizune-san, ¿qué sucede?
—Una de tus estudiantes se desmayó en gimnasia, al parecer tiene un leve resfriado, pero es mejor si regresa a casa. Llamé, pero no hay nadie, por lo que quería saber si podrías llevarla—informó acercándose a ella.
—¿Una de mis estudiantes? ¿Quién?—se levantó automáticamente de su asiento.
—Hinata Hyuuga—apenas pronunció ese nombre Kakashi levantó el rostro.
—Oh Dios, claro yo la…
—Yo puedo hacerlo—interrumpió, para sorpresa de todos los presentes, la voz de quien menos esperaban.
—¿Eh? Pero si tú ni coche tienes—Asuma enarcó una ceja.
—Pero tú sí—se puso de pie mientras cogía su abrigo y tomaba las llaves del automóvil que su amigo tenía sobre el escritorio.
—¿Estás seguro? Yo puedo llevarla, es mi alumna después de todo—dijo la ojirubi.
—No importa, además es mejor si voy yo, sería peligroso si tienes que cargarla con tanto hielo en la acera—justificó sencillamente.
—Bueno en eso tiene razón—Sarutobi se rascó la nuca.
—Cierto, en todo caso, gracias—le dedicó una mediana reverencia antes de que el Hatake se encaminara hacia la puerta siendo seguido por Shizune.
—Nos vemos—se despidió, puesto que regresaría lo más pronto posible para reanudar sus clases.
—Es mejor que no se exponga mucho a la temperatura de afuera—comentó la enfermera.
—Entiendo, moveré el auto—prosiguió él—. ¿Estás segura que sólo es el resfriado?
Shizune le miró de reojo.
—Su ritmo está controlado, no parece ser un ataque ni nada grave—lo sabía, ella también era consciente de la situación de salud que presentaba la ojiperla.
Tsunade-sama no podía arriesgarse tanto como para guardárselo sin decirle a la encargada de los expedientes médicos de sus estudiantes.
Era un alivio que sólo fuera un resfriado.
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A pesar de todo, seguía queriendo salvarte, sin embargo, con la fuerza que tenía ¿cómo lo haría?
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.-*+*-.
Continuara
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Espero que les haya gustado. Muchas gracias por sus reviews, Follows, y Favs. Me alegra saber que les gusta esta historia. Perdón por la demora.
Lamento los errores, trataré de corregirlos.
Por cierto, intentaré traerles el capítulo final del Lobo en esta semana.
Dejen sus comentarios.
1* LDK Living Dinign Kitchen, es una medida de apartamento, económica y pequeña para una persona, máximo dos.
2*Kotatsu Un kotatsu (炬燵) es un marco de mesa bajo hecho de madera y cubierto por un futón o una cobija pesada, sobre el cuál se apoya la superficie de la mesa. Debajo hay un brasero, calentón o estufa, que a veces es parte de la estructura de la mesa misma.
Sin más.
Akari se despide.
Yanne!
