XI. El primer encuentro cercano.
Nanao bajó las escaleras corriendo, y antes de entrar al salón cogió aire. No sabía si toda esa situación le daba risa –hasta no parar- o una gran impresión. Pero la cuestión es que allí se encontraba ella, frente a la puerta y sin saber explicar bien qué acababa de pasar.
-Renji-kun –dijo con buen tono de voz- ¿puedes venir un momento?
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-¿La casa es tuya Ukitake-san? –preguntó demasiado zalamera Rangiku.
-Sí, sí… la compré hace muy poco y la estoy arreglando.
El anfitrión miraba de soslayo a Ichimaru, ya que su mujer, de manera muy descarada, estaba ligoteando con él. Y no sabía que hacer, era un situación muy violenta. Y para colmo, Ichigo y Rukia, que también estaban en la mesa, no hacían nada, y tan sólo miraban el espectáculo, y por muchas miradas de "yo no entiendo nada, que alguien me lo explique" que les tiraba, nada, los dos estaban quietecitos.
-¿Y a qué te dedicas? –preguntó con brillo en los ojos la pelirroja.
-Tengo unos negocios de exportación… ¿y vosotros? –intentó meter al marido en la conversación.
-Yo soy secretaria y Gin –le miró con ojos cansados- intenta ser actor.
-No empieces…
-Ya ves –siguió comentando Rangiku sin hacerle caso- me casé con un soñador y hoy en día eso no da para comer…
-¿Actor? –preguntó Ichigo.- Ahora que lo dices, tu cara me suena de algo…
-No soy muy famoso –dijo Gin mientras intentaba controlar la conversación de su mujer.- Tan sólo hago teatro.
-De eso debe ser… alguna vez mi editora me ha dado entradas para…
-Ichigo –susurró Rukia, cortándolo.- Gin ya no te escucha –y era bien cierto, ahora miraba con ojos asesinos a Ukitake y a su mujer.
-Claro ¿te parece normal lo que hace Rangiku-san? –susurró el pelirrojo.
-Creo que sólo lo hace para hacerle rabiar… -medio sonrió.
-Pues yo no haría eso.
-Creo que deberíamos ver de que hablan Renji-san y Nanao-san –dijo Rukia cambiando de tema.
Se levantaron disculpándose de la mesa, y al cruzar el umbral de la puerta vieron algo insólito. Se estaban riendo ¿cómo era posible que en esa situación estuvieran riéndose?
-¿Qué ocurre? –preguntó Ichigo asustándolos.
-Nada –respondió serio Renji, cambiando el semblante al verlo y mirando de mala forma a Rukia, cosa que no se le pasó inadvertido a Kurosaki.
-Cosas nuestras, cosas nuestras –dijo Nanao para enfriar el ambiente.- Quizás deberíais quedaros en el salón, donde todo es… seguro.
-¿No estamos todos metidos en esta locura? –preguntó Ichigo.- Pues deberíais contarnos qué está pasando arriba.
-Déjalos, ellos sabrán –le contestó Rukia, asombrándolo, al fin y al cabo ¿Dónde estaba su curiosidad?
-Bueno, Renji-kun y yo vamos a subir a intentar poner orden ¿vosotros vigiláis a vuestros amigos?
-No son nuestros amigos –replicó incansablemente Ichigo.
-Lo que sea –le contestó el pelirrojo- ¿lo haréis? –preguntó mirando a Rukia.
-Claro, claro, haremos lo que podamos sin decirles nada…
Volvieron al salón, Ichigo estaba más que mosqueado por la situación. Estaba seguro que algo estaba pasando allí arriba que no querían decirle, y la actitud de Rukia le desconcertaba. Pensando en escabullirse a ver qué hacían estaba cuando Rangiku se dirigió a ellos.
-¡Rukia-chan! –le gritó para centrar su atención, ya que la morena también estaba pensativa.- Necesito ir al aseo.
Sus ojos se abrieron como platos ¿qué podían decirle? "No, no vayas al aseo que un loco psicópata está dando vueltas por la casa". No parecía la mejor opción.
-Claro, Rangiku-san, yo te acompaño –sonrió levemente.
-¿Pero…? –Ichigo no dijo más al ver la mirada asesina de Rukia.- Os acompaño, la casa es grande y podéis perderos.
-¡Gracias Ichigo-san! –había algo en ese muchacho que le decía a Matsumoto que no debía tomar confianzas.
-Bien, bien –dijo Ichimaru con una sonrisa burlona- yo me quedaré aquí con Ukitake-san.
Y una mal presentimiento recorrió la espalda del aludido.
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Al salir los tres del salón, no escucharon nada del mismo, si estaban hablando, lo estaban haciendo muy flojo. Debían pasar por la entrada para llegar al cuarto de baño, y hubo una cosa que no se le pasó por alto a Ichigo. En el escudo de armas de la familia habían dos espadas esa tarde, ahora sólo quedaba una. Pero fue un hecho que no preocupó mucho al chico, ya que, no eran espadas de verdad, sino decorativas, así que el chalado del parche o su hermano el calvito, posiblemente las habrían cogido sin saber que no valían para nada. Se encogió de hombros y aceleró el paso para seguir a Rukia, que estaba algo lejos de él.
Sin plantearse, ni por un momento, que no fueran ellos quien la hubieran quitado de su sitio.
El cuarto de baño en cuestión, era el único que Rukia conocía en la planta de abajo, ella desconocía si habían más. Pero si hubiera preguntado a Ukitake, sabría que había uno mucho más cerca. Ya que éste estaba algo alejado del centro de la casa, cerca de la gran despensa y pasando la amplia cocina.
-¡Madre mía! –gritó Rangiku, y los dos muchachos se miraron asustados al ver el ruido que hacía- ¡es tan grande como mi apartamento!
-Pues yo no lo veo tan grande –exclamó Rukia, claro, ella vivía en una zona lujosa donde las casas eran muy grandes. Pero Ichigo y Matsumoto la miraron como si fuera un bicho raro.
-Si no os importa, aprovecharé para asearme –sonrió Rangiku.
-No hay problema, Rukia y yo esperaremos fuera.
-Claro –confirmó la morena.
Al salir, tan sólo se encontraban con un pasillo largo, sin más salida que otros dos pasillos al final. Sabían con certeza que al salir del cuarto de baño, la pared de la derecha era la despensa, pero la extraña estructura de la casa les hacía preguntarse qué diablos había en la izquierda, donde estaba apoyada la chica.
Pero no se dijeron nada, tan sólo estaban allí, callados. Rukia apoyada en una pared, e Ichigo en la otra, cada uno con sus pensamientos. Cuando la morena no pudo más que interrumpirlos.
-¿Qué crees que esté pasando allá arriba? –susurró para que Rangiku no pudiera escucharlos.
-No lo se…
Pero ahí estaba otra vez, ese ruido de pasos, pero esta vez los escuchaban tan cerca que pareciera que iban hacía ellos. El sonido se hacía cada vez más fuerte, hasta que se paró, con un gran portazo a sus espaldas, y una ensordecedora risotada hizo que se les pusieran los pelos de punta.
No cabía duda, estaba en la cocina.
Ichigo no sabía que hacer, estaban atrapados, desde luego, pero si se mantenían callados, quizás pasaran desapercibidos.
-¡Chicos! –gritó Rangiku desde el cuarto de baño dando puñetazos a la puerta- ¡No hagáis ese ruido que me asustáis!
"Mierda" pensó Ichigo. Pero una pequeña esperanza le hacía pensar qué quizás estuviera sordo como una tapia y que fuera quien fuese no escuchara el tonillo de voz chillón que tenía la pelirroja. Pero pronto se le pasó esa estúpida idea de la cabeza. La puerta de la cocina se volvió a abrir lentamente, haciendo un ruido aterrador de bisagras viejas. Algo comenzó a andar lentamente por el pasillo, haciendo un ruido chirriante al andar, como si estuviera pasando algo por las paredes. Como si no le importara realmente anunciarse.
No, no le importaba, se estaba anunciando.
El pelirrojo no sabía que hacer, en poco tiempo estaría frente a ellos, y ya no tenían escapatoria. Así, y sin pensárselo dos veces fue a proteger a Rukia poniéndose él delante. Pero le falló su coordinación y cayó realmente encima. Cerró sus ojos, el ruido seguía ahí, lo escuchaba tan cerca que seguramente ya lo tendría encima ¿cómo sería Jiro?
Al abrir los ojos miró descaradamente hacía arriba y todo estaba oscuro ¿dónde estaba el pasillo? ¿Dónde estaba Jiro? Lo escuchaba tan cerca que su imaginación de escritor le hacía sentir algo en la nuca. Pero cuando se vino a dar cuenta, era la pequeña mano de Rukia. Sí, había caído sobre ella, y si hubiera algo de luz donde diablos quiera que estuvieran, sabría que la chica estaba sonriendo levemente.
En ese momento, escucharon golpes en la puerta del baño donde estaba Matsumoto. El instinto de Ichigo le dijo que Rukia estaba segura, así que decidió salir a intentar proteger a la pelirroja.
-Tengo –comenzó a decir lo más suavemente que pudo- que ayudar a Ran…
-No.
Y en ese momento, ella le agarró fuertemente del pelo, lo atrajo hacía sí, y comenzó a besarlo.
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Entre tanto, en el salón, no se había escuchado nada de lo acontecido, y Gin decidió salir en busca de su mujer y los muchachos ¿Dónde se habían metido? Hacía ya un buen rato que habían salido y no habían vuelto. Entre tanto, Ukitake, se quedó solo en el salón, casi parecía que no tuviera miedo, pero decidió dejar a Gin salir solo y él se sirvió otra taza de te.
En ese momento un ruido sordo se escuchó en el piso de abajo, gracias al silencio que reinaba, aunque la lluvia seguía cayendo cansinamente en el exterior. Poco después, se escucharon pasos corriendo por la casa, cerca de la cocina. Y una puerta, súbitamente, se cerró.
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Y ya está el siguiente puesto. Siento ser tan pesada y que los capis sean algo cortos, pero ando mal de tiempo. La verdad es que estoy poniendo los capítulos cortos pero lo más seguido que puedo, también puedo hacerlos más largos, pero tardaría más en actualizar, ya que carezco de mucho tiempo para mis cosas ¿qué opináis al respecto? Espero que me deis vuestra opinión.
Ahora sobre el capi: ¡esa Rukia! Que lanzadilla ella ¿no? Pero ya iba siendo hora, desde luego. En el siguiente capítulo más IchiRuki y mejor…
XII. ¿Miedoso yo?
"-No te separes de mi –le susurró firmemente- y no dejaré que te hagan nada.
-Tranquilo –sonrió- no lo haré…"
