Hola.
Perdón por la tardanza pero se me atravesaron muchos pendientes. Ya esta el nuevo capítulo. Creo que es el más largo que he escrito pero espero lo disfruten mucho. No olviden comentar y darme sus recomendaciones. Muchas gracias por leerme.
mills1: Kat va a ser una aliada muy importante de Emma, siempre y cuando vea a Regina ilusionada. Ingrid se quedó atrapada en los recuerdos por eso volvió, a veces uno necesita cerrar ciclos. Muchas gracias por leerme. Espero disfrutes este nuevo capítulo.
nenagalonso: Creo que a Regina la pone nerviosa todo aquello que no conoce o de lo que no tiene control y como con Emma sorprendiéndola nunca lo tiene eso la descoloca un poco. Muchas gracias por leerme y comentar. Saludos.
Julianny:Ingrid no es mala y eso es realmente importante. A veces uno conoce a alguien y aunque se le quiera mucho no se le logra hacer feliz, algo así es lo que hay entre Regina e Ingrid. Algo haremos con ella no te preocupes. Kat será de gran ayuda siempre y cuando vea feliz a Regina. Muchas gracias por leerme, saludos.
ohparrillabae2: Muhcas gracias por leerme, de verdad, qué gusto me da que los estés disfrutando. Espero el siguiente capítulo te guste. Los sentimientos de Regina son cariño profundo por alguien que fue importante el problema viene con una Ingrid que no se va a dar por vencida tan fácil porque sabe lo que está en juego.
15marday: Kat me gusta porque suele ser muy irreverente y no tiene problema con decir todo lo que piensa, lo cual siempre pone a Regina en una situación de incomodidad por eso también le gusta Emma porque consigue que sea miga salga de la zona de confort. Es fácil confundir amor con cariño. Gracias por leerme. Saludos.
Ana: Me gusta tomarme mi tiempo con las historias, aunque es un fic creo que lo hace más real, además es el tipo de historias que me gusta leer. Muchas gracias por leerme y por escribir. Espero disfrutes este capítulo. Saludos.
Guest: Qué gusto que lo disfrutes. Saludos.
Guest : Qué bueno que lo hayas disfrutado, me da mucho gusto de verdad. Jaja y según yo revelé muchísimo. Pues no puedo decir que me encantas porque estas como Guest y no sé nada de ti :/ pero muchas gracias por lo que dices y por leerme y por todo. Actualizo. Ja Cucú :).
ElaQueen Muchísimas gracias por leerme y por tus comentarios, son muy importantes para mí. Espero que los siguientes capítulos también hayan sido de tu agrado. A lo mejor no has conocido a la persona correcta ja, pero a mi si me ha pasado lo de tener una conexión con alguien. una conexión diferente. Espero un día tengas la oportunidad de sentirla.
Guest: Gracias por comentar. Saludos :).
kykyo-chan: jaja es que Regina tiene un energía especial cuando adopta esa actitud. Muchas gracias por comentar. Espero disfrutes este. Saludos.
Guest: Ahi va el siguiente. Gracias por leerme. Saludos.
Guest: Gracias por comentarme. Saludos.
CAPITULO XI TODO ESO QUE NO SABÍA QUE ME GUSTABA.
Prácticamente pasó toda la noche en vela. No había podido dejar de pesar en todo lo que pasó la noche anterior. Sabía que Regina era hermosa y también tenía claro todo lo que conseguía la morena con tan sólo mirarla, pero jamás la había visto en una actitud seductora y mucho menos pensó el efecto que tendría en ella, la había dejado en shock, pero eso era poco su cerebro había dejado de funcionar, la había dejado sin palabras y eso jamás le había pasado y eso que había tenido enfrente a mujeres muy hermosas y muy seductoras. Y cuando por fin reaccionó Regina ya estaba fuera de su alcance. Emma era una rompecorazones, siempre sabía qué era lo que tenía que hacer para meterse en la cama de cualquier mujer. Regina era diferente, lo que sentía por ella era diferente, lo que más intranquila la tenía no era que moría por estar con ella sino que parecía que tenerla cerca, discutir, hablar y coquetear era más importante. Regina se le estaba haciendo un vicio y ella nunca había sido buena con los vicios. Esa mujer le importaba mucho más de lo que pensaba.
La esperó fuera de su casa por medía hora, inclusive tocó en dos ocasiones y nada, parecía como si no hubiera nadie, ni siquiera había encendido las luces. Regina era un misterio, a veces creía que sentía lo mismo que ella y en otras tenía la certeza que lo único que conseguía con sus indirectas era molestarla. No había podido dormir y como en sus peores noches de insomnio hizo lo que siempre lograba calmarla, empezó a escribir. Cuando un suceso importante le pasaba siempre encontraba en la escritura su mejor terapia.
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Prácticamente pasó toda la noche en vela. Se le estaba haciendo costumbre. Desde que Emma había aparecido en su vida, cada vez que tenían algún tipo de encuentro ella terminaba con un insomnio de antología. Se recargó en la puerta y se deslizó lentamente hasta quedar sentada en el suelo, con la nota en una mano y su bolso en la otra, dejó todo en el suelo y hundió su cabeza entre sus manos. 'Será una larga noche', pensó.
Emma tocó dos veces la puerta, no se había movido de donde estaba, ni siquiera se había quitado los tacones. La segunda vez estuvo muy tentada a abrir la puerta pero sabía que no era el momento, tenía muchas cosas en la cabeza como para meterse en un problema más. Jamas pensó que Emma reaccionara de esa forma, pensó que la dejaría muy confundida y se iría a su casa, no que empezaría a tocar en busca de respuestas. No sabía qué era lo que estaba haciendo pero sabía que todo era culpa de Emma Swan.
Eran las cinco de la mañana cuando salió de casa, hacía mucho tiempo que Regina había escogido correr como su mejor terapia y ahora más que nunca la necesitaba. Iba a ser un día pesado, no había dormido prácticamente nada y tenía pendientes, empezó a enumerar mentalmente qué era lo que tenías que hacer, quería distraerse y el trabajo siempre era la mejor opción. Entró al edificio a las nueve en punto, esta vez había tenido tiempo de pasar por su café. No había nadie en la recepción así que entró directamente a su oficina, sintió un vacío en el estomago cuando vio el café, justo como el del día anterior, dejó su bolsa y el café en el escritorio. Sabía perfectamente de quien era aunque no viviera acompañado de ninguna nota. ¿Cómo se había metido Emma Swan a su oficina tan temprano? Dejó su café de lado y empezó a beber el que le había regalado.
Entre reuniones y llamadas se le había ido prácticamente el día. Había tenido tanto trabajo que no había tenido mucho tiempo de pensar en Emma. Aunque toda la mañana había estado ideando una forma de preguntar a Ruby cómo había llegado ese café a su escritorio. Le preguntó muy despreocupada si se había dado cuenta de algo, la secretaria con una sonrisa en la cara le había dicho que Emma Swan había ido justo antes de que ella llegara a dejarle el café, evidentemente no la había dejado pasara a la oficina, sólo Ruby y Regina tenia acceso a la misma, pero se lo había dejado a ella para que se lo diera a su jefa. Regina no hizo ningún comentario ante esto, no quería dar pie a que Ruby se hiciera ideas de ningún tipo. Eran las diez de la noche cuando llegó a su casa, estaba muy cansada y empezaba a sentirse nerviosa de ver al día siguiente a Emma, lo de menos era mandar a alguien más a la firma del contrato pero no le gustaba esconderse. Se puso la pijama y rápidamente se quedó dormida, no quería pensar en el día siguiente, no quería pensar en Emma. Lo que no sabía es que esa noche Emma no sólo estarán en sus pensamientos, también estaría en sus sueños.
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Entró en el edificio al cinco para las nueve, ya la conocían así que le permitieron pasar sin problema, el elevador se abrió y saludo a la pelirroja, le entregó el café y preguntó por Regina, no puedo ocultar su cara de desilusión al enterarse que la morena había llegado desde hace ya una hora pero estaba en un junta que no estaba segura cuánto se prolongaría. Se despidió y agradeció nuevamente a Ruby por el favor que le había al recibirle el café todas las mañanas. No dejaba nota porque lo que le quería decir se lo diría de frente, como todo lo que hacía Emma.
Tenía muchas ganas de ver a la morena, estaba ansiosa de que fueran las seis de la tarde, hora en que se le había citado para la firma del contrato. Había arreglado hacer el turno de la mañana y así poder salir con tiempo para arreglarse, no es que tuviera que impresionar a nadie pero de verdad quería causarle buena impresión a Regina.
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Había tenido un día de locos, había comenzado a las cinco de la mañana con su rutina de ejercicio, no había descansado muy bien. Emma se había metido en sus sueños. Caricias. Besos. Ropa tirada por toda su casa. Emma seduciéndola. Regina sin poder resistirse a una rubia en ropa interior. Más caricias. Muchos más besos. Necesitaba sacarse todo lo que había soñado de la cabeza.
Por su puesto que estaba nerviosa por ver a Emma por la tarde, se había esmerado en su atuendo del día, se había cambiado tres veces para ser exacta, le gustaba lucir bien pero la verdad era que se había esmerado ese día. En su vestuario, en su maquillado, su peinado, quería sorprender a Emma.
Había llegado a las ocho de la mañana a su oficina, tenía una reunión muy importante con gente de España, había decidido llevar uno de sus libros a ese país y necesitaba negociar quién sería el encargado de la traducción, qué pasaría con los derechos de autor y todo lo que implicaba lograrlo. Era un proyecto que la tenía francamente ilusionada, era la primera vez y como todas sus primeras veces quería que todo saliera perfecto. Estaba inmersa en la conversación con los españoles cuando entró Ruby con un café en la mano, el corazón se le aceleró pero consiguió que nadie lo notara, la mirada de su asistente le dijo todo aunque no intercambiaran palabra, Emma Swan había ido de nuevo a llevarle el café de todos los días, una sonrisa discreta se dibujo en su rostro mientras su asistente se lo entregaba, estaba siendo muy difícil poner distancia con Emma cuando se hacen tan presente en su vida diaria.
Definitivamente el café le alegró la mañana, aunque intentó disimularlo, era evidente que su humor había cambiado con el detalle de la rubia. El día estaba siendo más complicado de lo que esperaba, ni siquiera había tenido tiempo de comer, Ruby en varias ocasiones le había insistido que hiciera esperar a las personas con las que tenía un compromiso o que comiera algo ligero entre junta y junta pero si jefa era muy necia y no le gustaba hacer esperar más de lo estrictamente necesario.
Eran ya las seis de la tarde cuando llamaron a su puerta, era Sidney, miró rápidamente su reloj, seguramente Emma estaba ya en la sala de juntas, Sidney era su mano derecha en la editorial y eran ambos los que solían firmar a los escritores nuevos. Estaba metida en una junta que no tenía para cuando terminar, era evidente que no iba a poder estar en la firma de contrato de Emma y eso le provocó un sentimiento de vacío, la rubia se iba a ofender eso estaba claro, le molestaba no poder hablar con ella para explicarle, además qué se supone que le iba a explicar. Le indicó a Sidney que no iba a poder asistir, este no se sorprendió, no era la primera vez que Regina no podía asistir a la firma de un escritor por trabajo.
El resto de la reunión la pasó completamente distraída, no podía dejar de pensar en lo que Emma estaría pensando. Fue una tarde desastrosa. Entre junta y junta preguntó a Ruby si había concluido la firma del contrato de Emma, Ruby le aclaró que la rubia no había puesto ningún objeción que prácticamente salir corriendo de la editorial y en un tono un poco más bajo que no había dejado ningún recado para ella, eso la puso de un humor de los mil demonios, no por el hecho de que Emma hubiera salido corriendo sino por no haber podido hablar con ella.
Llegó a su casa pasadas las once de la noche. Se tomó varias copas de vino mientras repasaba lo que había sido su día, prácticamente todo mundo le había dicho lo espléndida que se veía menos quien más le interesaba. Había sido un día complicado. Quizá Emma no le llevaría café al día siguiente. Quería dejar de pensar y una buena copa de vino siempre ayudaba.
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No podía con la decepción de que Regina no hubiera estado en la reunión, se había esforzado mucho en verse bien que ahora sólo se sentía como una tonta. Fue Ruby la que le informó mientras esperaba en la sala de juntas que Regina no formaría parte de la junta, empezaba a creer que la pelirroja sospechaba que algo estaba pasando entre la morena y ella, no pudo ocultar su cara cuando se enteró, era Regina por quien había decidido firmar y era a ella a quien quería ver en la oficina por sobre todas las cosas. Fue por eso que aceptó todo lo que le explicaba un tal Sidney y firmaba sin si quiera leer el contrato, cuando estuviera un poco más calmada lo revisara en su casa sólo sabia que tenía que ir el viernes a que le presentaran a su editor y platicarían de los aspectos generales de su novela.
Llegó a su departamento y lo primero que hizo fue sacar una cerveza del refrigerador, estaba triste, se recostó y pensó en todo lo había hecho por Regina, todo lo que venía haciendo por ella desde que la conoció. Era por eso precisamente por lo que se mantenía alejada de las mujeres cuando de relaciones se trataba, era horrible sentir ese vacío por no haberse podido acercar a la morena. Lo que más la entristecía era pensar que a lo mejor Regina no quería verla y que sólo había sido un pretexto lo de su trabajo.
Esa noche durmió profundamente pero no logró descansar, su día no había terminado en absoluto como lo pensó. Sentía que por más que tratara de acercarse a la morena ella siempre encontraba la forma de alejarse, empezaba a dudar que de verdad estuviera interesada en ella, a lo mejor Regina le gustaba tanto que había empezado a alucinar. No quería pensar ya, trataría de dormir y ya decidiría después qué haría con respecto a Regina, necesitaba aclarar su mente.
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Sorprendida había quedado al encontrar el café de todas sus mañanas sobre su escritorio, había pensado que la rubia dejaría de hacerlo después del día anterior. Ruby le había dicho que ese día tampoco había nota, Emma solamente había pasado a dejarle su café y se había despedido, comentó que estaba rara pero nada más. Le dijo que Emma iría a la editorial el viernes a hablar con su editor, estaba segura de que la pelirroja estaba tratando de insinuar algo pero no le dio oportunidad de nada y simplemente se despidió. Tenia que pasar prácticamente todo el día fuera, únicamente había ido a ver si había algo urgente y por supuesto a ver si su café estaba esperándola aunque no admitiera esto último ante nadie.
Su día fue largo, ya no le dio tiempo de volver a la oficina, estuvo tan ocupada que de nuevo no había tenido oportunidad de comer nada. Cuando llegó a su casa fue al refrigerador por leche, comer cereal era su solución. No había tenido tiempo de nada que no fuera atender todos los pendientes que tenia que sacar. Hacía demasiado tiempo que no tenia una semana tan pesada. Cuando por fin se metió a la cama recordó que al día siguiente tenia su cita con Ingrid, no era que le hiciera mucha ilusión verla pero la verdad era que tampoco le desagradaba pasar un buen rato con ella. Uno de los problemas que habían tenido era precisamente su trabajo, cuando estaban juntas había tenido semanas realmente complicadas y no estaba dispuesta a retrasarse por nada y por nadie. Ingrid no había sido su prioridad nunca y eso siempre habría sido un problema. Necesitaba pasar un buen rato para olvidar esa semana. Necesitaba pasar un buen rato y poder sacarse Emma de la cabeza.
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Era viernes y tenía que ir nuevamente a la editorial, tenia el presentimiento de que si no había podido ver a Regina cuando tenían una cita menos lo haría cuando no la tenían. No se iba a esforzar por verse bien esta vez, iba a ser Emma Swan, con sus jeans y su chaqueta roja. Había sido un día bastante tranquilo en la comisaría, hasta había tenido oportunidad de adelantar su papeleo y el de Graham.
Después de un largo día llegó a al editorial, no quería tener ninguna expectativa pero no podía evitar sentir esa emoción de que quizá se cruzaría con la morena. Permaneció cerca de dos horas, le presentaron a su editor, estuvo bastante seria en la junta, escuchaba lo que le tenían que decir pero no aportaba nada. La verdad era que todas sus ideas se las quería contar a Regina.
Eran las once de la noche y todavía no podía dormir, por supuesto que no había visto a Regina, Ruby le había comentado que había tenido un día complicado, pero que se había ido a las dos de la tarde y que le había avisado que no volvería. Se levantó y se cambió, había tomado una decisión y como todo lo que hacía lo hizo sin pensar.
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Estaba nerviosa. Eran casi las dos de la tarde e Ingrid estaba por pasar por ella. No quería que Ruby se diera cuenta de nada así que abandonó su oficina al diez para las dos. Ingrid sabia lo mucho que apreciaba la puntualidad así que estaba segura de que que llegaría a tiempo. Le indicó que no regresaría, justo que estaba por tomar el elevador se volvió y le pidió el celular de Emma, no dio explicaciones de nada y tomó el elevador.
Eran las dos cuando vio un auto que se detenía justo afuera del edificio, se acercó y la vio, Ingrid bajaba del auto para saludarla y abrirle la puerta. Le dio un abrazo y un beso que Regina le devolvió con gusto. Extrañaba a esa mujer.
Disfrutó mucho la comida y la compañía. Hablaron de todo y al mismo tiempo de nada. No tocaron ningún tema relacionado con su ruptura, prácticamente se pudieron al día. Regina le contaba todo lo que nuevo que había hecho con la editorial. Ingrid le contaba cómo iba su agencia de publicidad. Siempre se contaban sus problemas y se daban consejos, habían sido amigas antes que pareja y Regina extrañaba mucho ambas partes de su relación con ella.
Eran ya las seis de la tarde y ellas seguían en el restaurante, el tiempo se había ido volando entre anécdotas y sonrisas, entre coqueteos sutiles y más sonrisas. Había llegado el momento de irse y fue Ingrid la que sugirió esas copas que le había prometido. Era su momento y lo sabía.
En el bar siguieron en la misma tesitura, evidentemente había hombres que se les acercaban para intentar ligar con ellas pero siempre era Ingrid quien tomaba la mano de la morena y les decía que eran pareja, ante esto unos atolondrados hombres se retiraban y Regina soltaba la carcajada mientras miraba esos ojos azules. Regina no la desmentía, conocía tan bien a Ingrid que sabía que aunque quería que se entendiera como una broma la verdad era que coqueteaba abiertamente con ella y eso no le molestaba para nada.
Había tomado bastantes tragos pero la verdad es que no estaba borracha sólo un poco alegre. Era casi media noche cuando Ingrid se estacionó frente a su casa. Ambas se bajaron y caminaron rumbo a la puerta, no decían nada, se podía sentir la tensión en el aire. Ingrid quería terminar la noche con un beso pero no estaba segura de que Regina estuviera en la misma linea que ella. Sentía que le coqueteaba también pero después no estaba tan segura. Regina por otro lado sabia cuál era la intención de Ingrid y no estaba segura de querer un beso de ella. Había logrado que no pensara en Emma casi en toda la tarde y eso era algo que nadie había logrado, ni siquiera su trabajo. La había pasado realmente bien pero no estaba segura de nada.
-Muchas gracias por aceptar mi invitación Gina.- Le tomó la mano y la apretó. -Pasé un rato muy agradable.- No mentía. Estar cerca de Regina había conseguido que recordara lo bien que se sentía estar a su lado. Por eso le había costado tanto superarla aunque ahora no estaba segura de haberlo hecho nunca.
-¿Gina? jaja, solamente Kat me llama así. No tienes nada que agradecer Ingrid, yo también pasé un gran rato a tu lado. Extrañaba tus consejos, eres una experta cuando de lidiar con proveedores se trata.- Había notado perfectamente como los ojos de Ingrid se habían posado en sus labios.
-Perdona pero quien comenzó a llamarte así fui yo, Kay sólo se robó mi idea. Pero qué dices, si tu eres perfecta cuando de conseguir lo que quieres se trata. Aunque eres perfecta en muchas otras cosas más.- Quería besarla. Las copas se le estaban empezado a subir a la cabeza o al menos ese podía ser su pretexto. -Deberíamos hacerlo de nuevo, cuando tengas tiempo claro.
-Tienes muchas primeras veces en mi vida, las recuerdo todas, así que no tienes que preocuparte.- Le sonrió, adoraba esos ojos azules. Era preciosa Ingrid, quedaban tan bien juntas. Emma se metió en sus pensamientos, los ojos de la rubia eran bellos también, con ese tono que no podía definir. Sacudió la cabeza, empezaba a desviarse. -Por supuesto, nos ponemos de acuerdo. Muchas gracias por traerme Ingrid. Muchas gracias por todo.
-Me alegra mucho escuchar eso.- Se acercó y beso a Regina justo en la comisura de sus labios. Estaba segura de que Regina no estaba lista, si fuera lo contrario habría tomado la iniciativa. Regina siempre tomaba la iniciativa cuando quería algo. -Sabrás de mí muy pronto.- Le sonrió y le guiño el ojo mientras se dirigía hacia su auto. Había sido una buena cita. Conseguiría que Regina se enamorara de ella exactamente con la misma intensidad con la que ella lo estaba.
No tenía diez minutos que Ingrid la había dejado en su casa cuando tocaron la puerta. Tenía en la mano el papel en el que Ruby le había escrito el teléfono de Emma, desde que había entrado en su casa inmediatamente había empezado a pensar en ella, en los que soñó unos días antes, el alcohol estaba en su cabeza y eso no era nada bueno. Dejo el papel en la barra y fue a abrir la puerta, seguro Ingrid había olvidado algo.
-¿Swan?- Emma estaba parada justo afuera de su casa, en el suelo había una bolsa y Emma miraba al suelo con ambas manos en los bolsillos traseros, después de conocer un poco a Emma eso indicaba que estaba nerviosa. Tenía esos pantalones de mezclilla ajustados y esa chaqueta roja que le gustaban tanto como le repugnaban. -¿Qué hace usted aquí?- Cruzó los brazos pero inmediatamente poco sus ojos en sus labios, tenia tantas ganas de probarlos. Definitivamente el alcohol estaba en su cabeza.
-No fuiste a la firma del contrato.- Fue lo primero que le salió. Era algo que tenia atorado desde que vio entrar a ese hombre y no a ella. No era un reproche, era sólo un comentario. La miró. Era evidente que acababa de llegar. Era media noche y Regina estaba perfecta, recargada en el marco de la puerta, haciéndola ver estúpidamente hermosa. -Me entere por ahí que has tenido una semana muy difícil, que ni siquiera has tenido oportunidad de comer y pensé en traerte algo.- Tomó la bolsa y se la estiró- Es lasaña, de un lugar que me gusta bastante espero que también la disfrutes.- Regina la miraba a los ojos y depuse parecía mirar sus labios aunque no podía asegurarlo.
-Tuve un día muy complicado, Emma, me habría encantado estar ahí para platicar contigo de todo lo que se viene con la novela.- Lo decía de verdad. No era alguien que daba explicaciones a nadie pero al ver la cara de Emma no pudo más que dárselas. No podía dejar de ver sus labios. Tenia que conseguir que se fuera ahora o cometería una tontería. -No puedo creer que estés aquí con una lasaña para mí a media noche. Estas llena de sorpresas, Swan.- Emma siempre la sorprendía, parecía que estaba un paso adelante.
-Estás hermosa.- Tampoco eso lo pensó. Dijo exactamente lo que pensaba. -Has conseguido que haga por ti cosas que no he hecho por nadie. Yo también tengo muchas ideas que quiero compartir contigo. Dedícame unas horas y te juro que no te arrepentirás.- Empezaba a desaparecer ese sentimiento de melancolía que la había atrapado desde que la morena no se presentó. Empezaba a ser Emma con sus indirectas.
-Dos minutos, Swan. Eso duró exactamente antes de empezar con sus indirectas.- Regina sonreía. Cuando tenia alcohol en las venas no era tan buena ocultando sus sentimientos. Este no es el momento, la próxima semana me voy a reunir con usted para empezar a trabajar en el libro, me comentaron que estuvo poco taciturna en la reunión. Necesitamos que aporte ideas.- Empezaba a ser la Emma de siempre y con eso sólo conseguía que recordara lo que había soñado y sus mejillas empezaran a teñirse de color.
-Sólo digo la verdad, Regina, yo siempre digo la verdad. Es que mira si yo tengo enfrente a Sidney la verdad es que no me concentro pero que si yo te tengo a ti enfrente- sonrío de medio lado y miro a la morena de arriba a abajo -te juro que no te quito los ojos de encima.- Sonreía con ese orgullo que le embargaba cada que veía que había logrado hacer reír a Regina.
-No tienes remedio, Swan.- Emma siempre conseguía ponerla nerviosa. Que la mirara de esa forma justo cuando había soñado con ella y tenia unas copas encima no era nada seguro. -La siguiente semana mi secretaria se comunicará con usted para ver qué día le queda mejor. Buenas noches Swan.- Tomó la bolsa y se dispuso a entrar.
-Perfecto, Regina. Buenas noches.- Sin pensarlo dio un paso al frente y le beso la comisura de los labios. -Me voy porque si me quedó no me voy a poder controlar. Me vas a volver loca, mujer.- Dio media vuelta y se dirigió hacia su escarabajo amarillo. No sin antes voltear y ver a una Regina que seguía en el marco de la puerta regalando una hermosa sonrisa, no estaba nerviosa o con cara de shock como en otras ocaciones, esta vez sonreía y la miraba.
Entró y sacó la lasaña. Había olvidado agradecerle a Emma el gesto que había tenido. La metió al horno a calentar y vio el papel en la barra. Tomó su celular y escribió un mensaje: 'Gracias por la lasaña, Swan. Nos vemos pronto. RM.' quería poner muchas otras cosas pero la parte sobria de sus cerebro se lo había impedido, acababa de tener una cita con Ingrid y llegaba Emma con cinco minutos de platica y se le metía en la cabeza y en todos los sentidos. Emma era todo eso que no sabía que le gustaba.
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Su celular vibró. Cuando llegó a casa lo tomó y bajó de su escarabajo. Se detuvo cuando vio lo que decía el mensaje y comenzó a sonreír, su corazón latía muy fuerte. Regina conseguir hacer que sintiera cosas con tan solo un mensaje y es que había conseguido el celular de Regina Mills.
Continuará
No olvidar dejar sus comentarios y recomendaciones. Muchas gracias por leerme. Saludos.
