Efectivamente, a una manzana nos encontrábamos en las sombras del bulevar Valencia, mirando el rotulo de letras doradas sobre mármol negro: 'ESTUDIOS DE GRABACIÓN EL OTRO BARRIO' Debajo, en las puertas de cristal se leía: 'ABOGADOS NO, VAGABUNDOS NO, VIVOS NO'

"Entiendo lo de los vivos, pero lo de los abogados y los vagabundos por qué" pensé para mí sin querer expresarlo.

Era casi medianoche, pero el recibidor estaba bien iluminado y lleno de gente. Tras el mostrador de seguridad había un guardia, con gafas de sol, porra y aspecto de tipo duro.

Percy se volvió hacia nosotros.

"De acuerdo. ¿Recordáis el plan?" Nos preguntó

"¿El plan? Sí. Me encanta el plan" respondió Grover

"¿Qué pasa si el plan no funciona?" pregunto Annabeth.

"Funcionara. Y si no lo hace, haremos lo mismo que hasta ahora. Improvisar" le respondí

"Alentador" dijo Grover.

"Perdona, chicos, los nervios me traicionan. Tenéis razón. Todo saldrá bien" no pude evitar notar que le dio un codazo a Clarisse para que dijera algo.

"¡Claro que sí! Hemos llegado hasta aquí. Encontraremos el rayo maestro y salvaremos a tu madre. Ningún problema" dijo ella.

Percy pareció agradecido por los animos, y no era para menos ya que la hija de Atenea casi se convierte en un espagueti semi-divino hace apenas unos minutos.

"Bueno, vamos a repartir caña en el más allá" dije con una sonrisa confiada intentando animar a todos.

Entramos en la recepción de EOB.

Una suave música de ascensor salía de altavoces ocultos. La moqueta y las paredes eran gris acero. En las esquinas había cactos como manos esqueléticas. El mobiliario era de cuero negro, y todos los asientos estaban ocupados. Había gente sentada en los sofás, de pie, mirando por la ventana o esperando el ascensor. Nadie se movía, ni hablaba ni hacía nada. Si no fuera porque centrándome en ellos veía a través de ellos hubiera pensado que eran estatuas de Medusa demasiado bien pintadas.

El mostrador del guardia de seguridad era bastante alto, así que teníamos que mirarlo desde abajo.

Era un negro alto y elegante, de pelo teñido de rubio y cortado estilo militar. Llevaba gafas de sol de carey y un traje de seda a juego con su pelo. También lucía una rosa negra en la solapa bajo una tarjeta de identificación. Al parecer su nombre era Caronte.

"¿Se llama Quirón?" dijo Percy, confundido.

"No, en la tarjeta pone Caronte" respondí rápidamente.

"Exacto muchacho, aunque echo de menos un 'señor' en lo que has dicho" dijo Caronte sonriéndome como una pitón antes de devorar a su presa.

"Por supuesto, señor Caronte" dije intentando no cabrear al tío que tenía que llevarnos al inframundo en una barca.

"Muy bien. Detesto que me confundan con ese viejo jamelgo de Quirón. Y bien, ¿en qué puedo ayudaros, pequeños muertecitos?"

"Queremos ir al inframundo" dijo Clarisse.

Caronte silbó asombrado

"Vaya, chica, eres toda una novedad" dijo él.

"¿Sí?" preguntó Annabeth.

"Sí, directa y al grano. Nada de gritos. Nada de "tiene que haber un error, señor Caronte". ¿Cómo habéis muerto, pues?"

"Esto… hemos muerto… ahogados en la bañera" dijo Percy, cosa que encontré muy irónica.

"¿Los cinco?"

Asentimos, dándome cuenta del fallo en la farsa, aunque él solo respondió.

"Menuda bañera" parecía estupefacto. "Supongo que no tendréis monedas para el viaje…"

"Oh, sí que tenemos" dije mostrándole un dracma por cada uno de nosotros, que había cogido de la tienda de Procrustes.

"Bueno, bueno…" dijo mientras se humedecía los labios. "Dracmas de verdad, de oro auténtico. Hace mucho que no veo una de éstas…" sus dedos acariciaron con codicia las monedas.

De repente miró a Percy con una mirada gélida que parecía que le iba a robar el alma.

"A ver. No has podido leer mi nombre correctamente. ¿Eres disléxico, chaval?" Le preguntó.

"No. Soy un muerto" mintió.

Caronte se inclinó hacia adelante y olisqueó.

"No eres ningún muerto. Debería haberme dado cuenta. Eres un diosecillo"

"Tenemos que llegar al inframundo" insistí.

Caronte soltó un profundo rugido.

Todo el mundo en la sala de espera se levantó y empezó a moverse con nerviosismo, a encender cigarrillos, mesarse el pelo o a ocultar sus relojes.

"Marchaos mientras podáis. Me quedaré con las monedas y olvidare que os he visto"

Intentó cogerlas, pero rápidamente se las arrebaté.

"Ah, ah, ah. Si no nos llevas al inframundo no hay dracmas. Así es como funciona tu trabajo, ¿no?" Le dije.

Caronte volvió a gruñir, esta vez parecía helar la sangre. Los espíritus de los muertos empezaron a aporrear las puertas del ascensor.

"Es una pena" dijo Percy suspirando. "Teníamos más que ofrecer"

Le enseño la bolsa llena de las cosas de Crusty. Sacó un puñado de dracmas y dejó que las monedas se escurrieran entre sus dedos. El gruñido de Caronte se convirtió en una especie de ronroneo de león.

"¿Crees que puedes comprarme, criatura de los dioses? Oye… sólo por curiosidad, ¿cuánto tienes ahí?"

"Bastante. Apuesto a que Hades no te paga lo suficiente por un trabajo tan duro" le respondí.

"Puf, sí te contara… Pasar el día cuidando de estos espíritus no es nada agradable, te lo aseguro. Siempre están con 'por favor, no dejes que muera' o 'por favor, déjeme cruzar gratis'. Estoy harto. Hace tres mil años que no me suben el sueldo. ¿Y te parece que los trajes como éste salen baratos?"

"Se merece algo mejor" dijo Percy de acuerdo. "Un poco de aprecio. Respeto. Buena paga" con cada palabra iba añadiendo un dracma más.

Caronte se miró como si se imaginara vestido con algo mejor.

"Debo decir, chico, que lo que dices tiene algo de sentido. Solo un poco, ¿eh?"

En ese momento apiló otro puñado de dracmas.

"Ya que vamos a verlo, podríamos mencionarle a Hades que necesita un aumento de sueldo…" dije pulsando los botones obvios.

"De acuerdo" dijo suspirando. "El barco está casi lleno, pero intentaré meteros con calzador, ¿vale?" Se puso en pie y recogió las monedas. "Seguidme"

Se abrió paso entre la multitud de espíritus a la espera, que intentaron colgarse de nosotros mientras susurraban con voces lastimeras.

Caronte los apartaba de su camino murmurando: 'Largo de aquí, gorrones'

Nos escoltó hasta el ascensor, que ya estaba lleno de almas de muerto, cada una con una tarjeta de embarque verde. Caronte agarró a dos espíritus que intentaban meterse con nosotros y los devolvió a la recepción.

"Vale. Escuchad: que a nadie se le ocurra pasarse de listo en mi ausencia" anunció a la sala de espera. "Y si alguno vuelve a tocar el dial de mi micrófono, me aseguraré de que paséis aquí mil años más. ¿Entendido?"

Cerró las puertas. Metió una tarjeta magnética en una ranura del ascensor y empezamos a descender.

"¿Qué les pasa a los espíritus que esperan?" Preguntó Clarisse.

"Nada" repuso el barquero.

"¿Durante cuánto tiempo esperan?" Pregunté.

"Para siempre, o hasta que me siento generoso" respondió

"Vaya. Eso no parece… justo" dijo la hija de Atenea.

"¿Quién ha dicho que la muerte sea justa, niña?" en eso estuve de acuerdo con él. La muerte nunca era justa. "Espera a que llegué tu turno. Yendo a dónde vas, morirás pronto"

"Encantador" pensé

"Saldremos vivos" dijo Percy con seguridad, cosa que me sorprendió. No era muy prometedor lo que nos aguardaba.

"Ja" rió Caronte.

En ese momento me di cuenta de que el ascensor no bajaba, sin embargo iba hacia delante. El aire se volvió neblinoso. Los espíritus que nos rodeaban empezaron a cambiar de forma. Sus prendas modernas se desvanecieron y se convirtieron en túnicas grises con capucha. El suelo del ascensor empezó a tomar la forma del de una barca.

Parpadeé por un momento y vi como Caronte había cambiado su traje por un hábito largo y negro, e hizo desaparecer sus gafas, haciéndonos ver que sus cuencas eran totalmente oscuras, llenas de noche, muerte y desesperación.

Se dio cuenta de que lo mirábamos

"¿Qué pasa?" Preguntó.

"No, nada" dije lo más tranquilo que pude.

Llegué a pensar que estaba sonriendo, hasta que me di cuenta de que la piel se le estaba transparentando, dejándome verle el cráneo.

"Me parece que me estoy mareando" se lamentó Grover.

Cuando volví a parpadear el ascensor se había convertido en una barcaza de madera que Caronte empujaba con una pértiga, a través de un río oscuro y aceitoso en el que flotaban huesos, peces muertos y otras cosas más extrañas: muñecas de plástico, claveles aplastados, diplomas de bordes dorados empapados.

"Increíble. Nos las hemos apañado para contaminar el rió de las almas" dije asombrado.

"Sí" dijo Caronte. "Durante miles de años, los humanos habéis ido tirando de todo mientras lo cruzabais: esperanzas, sueños, deseos que jamás se hicieron realidad. Gestión de residuos irresponsable, si vamos a eso" explicó.

La niebla se enroscó sobre la mugrienta agua. Por encima de nosotros, casi perdido en la penumbra, había un techo de estalactitas. Más adelante en la otra orilla brillaba una luz verdosa, del color del veneno.

"¿Cómo salvaremos a la madre de Percy? Tendríamos que salir 6 pero solo tenemos 5 perlas. Tendré que quedarme…" Mis pensamientos se interrumpieron cuando note que Clarisse me agarró una mano. No hice que me soltara, principalmente porque suponía que la ponía nerviosa estar rodeada de tantos muertos, cosa que tampoco me hace gracia a mí.

La orilla del inframundo apareció ante nuestra vista. Unos cien metros de rocas escarpadas y arena volcánica negra llegaban hasta la base de un elevado muro de piedra, que se extendía a cada lado hasta la base de un elevado muro de piedra, que se extendía a cada lado hasta donde se perdía la vista. Oí un gruñido similar al del perro del infierno que atacó tras el captura la bandera, solo que este era mucho más potente.

"El viejo Tres Caras está hambriento. Mala suerte, diosecillos" dijo Caronte.

La quilla de la barcaza se posó sobre la arena negra. Los muertos empezaron a desembarcar. Una mujer llevaba a una niña pequeña de la mano. Un anciano y una anciana cojeaban agarrados del brazo. Un chico de unos 12 años arrastraba los pies en su hábito gris.

"Os desearía suerte, pero es que ahí abajo no hay ninguna. Pero hey, no os olvidéis de comentar lo de mi aumento"

"Lo haremos si superamos a 'Tres Caras'" le aseguré.

Contó nuestras monedas, las metió en su bolsa y se marcho entonando una canción que no reconocí.

Por nuestra parte, seguimos a los espíritus por el camino gastado.

No sabía que esperarme en la entrada, pero sinceramente no me esperaba algo similar a una entrada a una autopista.

Había tres entradas distintas bajo un enorme arco negro en el que se leía: 'ÉSTA ENTRANDO EN ÉREBRO' Cada entrada tenía un detector de metales con cámaras de seguridad encima.

El rugido del animal hambriento se oía muy alto, pero no vi de donde procedía, aunque sabía que eso no significaba que Cerbero no estuviera cerca.

Había tres filas, dos señaladas como 'EN SERVICIO' y una en la que ponía 'MUERTE RÁPIDA'

"¿Qué te parece?" le preguntó Percy a Annabeth.

"La cola rápida debe ir directamente a los Campos de Asfódelos. No quieren arriesgarse al juicio del tribunal, porque podrían salir mal parados"

"¿Hay un tribunal para los muertos?"

"Si no me equivoco, antiguamente eran los reyes Minos, Éaco y Radamantis. Aunque es probable que ahora haya más, ¿no?" miré a Annabeth buscando su aprobación.

"Casi, casi. Es cierto que, antiguamente ellos eran los tres jueces, pero ahora se turnan con otros como Thomas Jefferson, Shakespeare; esa clase de gente. Estudian la vida de las personas y dependiendo de sus acciones van a los Campos Elíseos, si han sido buenas personas, a los Campos del Castigo si han sido malas o a los Campos de Asfódelos si no hicieron nada especialmente bueno o malo" Explicó.

"¿Y qué hacen en los Campos de Asfódelos?" Preguntó Percy.

"Imagínate estar en un campo de trigo de Kansas para siempre" dijo Grover.

"Que aburrimiento" comenté.

"Tampoco es para tanto" murmuró el sátiro. "Eh, Percy, mira" dijo mientras señalaba a dos fantasmas con hábitos negros que apartaron a un espíritu de la fila y lo empujaban contra el mostrador de seguridad. "Es el predicador de la tele, ¿te acuerdas?"

Yo obviamente no reconocí al muerto, aunque Percy parecía que sí lo hacía.

"Castigo especial de Aliento de Muerto" dijo Clarisse usando el apodo que le puso su padre al dios de este sitio. "Los tipos que son realmente malos reciben una atención especial de las Benévolas nada más llegar"

"Pero si es un predicador y cree en un infierno diferente…" Empezó a preguntar Percy.

"La niebla. Supongo que cada uno verá lo que quiera ver" dije mi suposición.

Nos acercamos a las puertas. Los alaridos se oían tan altos que hacían vibrar el suelo a mis pies, aunque seguía sin poder ver al perro tricéfalo.

Entonces, a unos quince metros delante, la niebla verde resplandeció. Justo donde el camino se separaba en tres estaba, lo que supuse que era el Cerbero envuelto en sombras. No lo vimos antes porque era semitransparente y estando quieto se podía confundir con cualquier cosa que tuviera detrás. Me di cuenta de que la única parte 'opaca' de él eran sus ojos y sus dientes, además de que un par de cabezas me miraban mientras la otra se centraba en Percy.

"Es un rottweiler" es lo único que pudo decir Percy.

Efectivamente lo era excepto por el 'pequeño' detalle de que era el doble que un mamut en lo que a la altura se refiere. Y bueno, claro, lo de que era casi invisible y que tenía tres cabezas.

Los muertos caminaban directamente hacia él sin miedo, supongo que aunque pueda torturarlos los muertos ya no deben temer a la muerte, ya la han experimentado. Las filas EN SERVICIO se apartaban de él cada una a un lado. Los espíritus del camino MUERTE RÁPIDA pasaban justo entre sus patas delanteras, debajo de su barriga sin necesidad de agacharse.

"Ya lo veo mejor" dijo Percy. "¿Por qué?"

"Creo…" empezó Annabeth.

"Es porque estamos más cerca de estar muertos. O por estar más cerca de él. Piensa lo que quieras" dijo Clar.

La cabeza central se acercó hacia nosotros. Olisqueó el aire y gruño.

"Esta oliendo a los vivos" dije.

"Pero no pasa nada. Porque tenemos un plan" dijo Grover a punto de mearse en su pelaje.

"Ya. Eso, un plan" musitó Annabeth.

Aunque mientras nos acercamos nos ladró, diciendo algo que Grover no sabía cómo expresar, me acerque con energía firme y tranquila (César Millán dónde).

"Sabes, Percy. Mejor déjame intentarlo a mí" le dije.

"¿Quieres enfrentarte al Cerbero? ¿Estás loco?" Me preguntó.

"No, no pretendo enfrentarme a él. Pero, por si acaso alejaos. No creo que sea fácil tranquilizarlo"

"¿Vas a intentar domesticarlo?" Preguntó la hija de Ares.

"Hércules lo hizo. ¿Por qué no yo?"

"¿Por qué él tenía muchos más años de experiencia?" Me respondió Annabeth intentando meterme algo de sensatez en la mollera.

"Tranquila. Solo manteneos un poco alejados y observad" les ordené y lo hicieron, aunque a regañadientes.

Me acerqué al guardián del inframundo, tranquilo y firme, sin articular palabra.

Cuando estuve demasiado cerca una de sus cabezas intento devorarme de un bocado. En su defensa diré que me advirtió gruñéndome varias veces. De un salto hacia atrás conseguí salvar el pellejo.

"No" dije simple y llanamente, sin mostrar enfado. No sé a quien dejó más sorprendido, si al Cerbero o a mis amigos.

Volvió a gruñir, aunque esta vez parecía no haber estado en esta situación antes.

Me volví a acercar, esta vez más lento.

Esta vez pude acercarme más antes de que me intentara devorar, solo que paró cuando me vio mirándolo sin miedo.

"No sabía que las técnicas de ese tío de la tele fueran tan efectivas" pensé recordando un programa que vi mientras esperaba a los demás en el Hotel Casino Lotus.

Me seguí acercando un poco más hasta que se tumbó y me miro a los ojos, no con ira o hambre, sino con curiosidad.

"Hércules tuvo que hacerlo por la vía violenta. Esto será nuevo para él" me dije mientras miraba al perro. "Annabeth, ¿me podrías pasar una pelota o algo?" le pregunte.

Después de salir de su estupor me hizo caso y me lanzó una pelota de goma roja del tamaño de un pomelo.

"No sé si es lo suficientemente grande para mi nuevo amigo, pero creo que valdrá" Pensé. "Hey, Cerbero ¿Quieres la pelota?" En ese momento empecé a escuchar lo que parecía ser su cola agitándose de un lado a otro. Me lo tome como un sí y se la lancé alto.

La cabeza de en medio la cogió sin problemas y, para mi sorpresa, no se rompió. Empezó a mordisquearla. Cuando vi que las otras dos cabezas intentaban cogerla le ordené que soltara la pelota para ir pasándosela a sus distintas cabezas. Como era inevitable la pelota acabo rompiéndose.

"¿Tenemos más pelotas?" Pregunté girándome hacia mis amigos no-canidos. Ellos negaron con la cabeza. "Lo siento chico. Pero te prometo que si nos dejas pasar le pediré a Hades que juegue contigo. Además, intentare volver para traerte otra pelota. ¿Te gustaría?" Se levantó ladrando, pero contento. Volé para estar a su altura y acariciarle las distintas cabezas. "Perrito bueno" creo que a ambos nos extraño el diminutivo. "Vamos chicos. Pasad" les dije a los otros.

Pronto me uní a ellos en el detector de metales, no sin antes prometerle a Cerbero que volveríamos a jugar, cosa que pareció alegrarle.

"¿Cómo has hecho eso?" Me preguntó Clarisse.

"Mientras os esperaba en el Hotel vi un programa de un humano que domestica perros problemáticos. Aparentemente funciona" dije encogiéndome de hombros.

"¿Has hecho eso sin estar seguro de que podías hacerlo?" Preguntó Annabeth un poco enfadada.

"Lo que importa es que ha funcionado" dijo Percy. "Ahora, vámonos"

"Casi me gustaría adoptarlo" dije en voz baja mientras pasaba el detector de metales.

"¡Posesiones no autorizadas! ¡Detectada magia!" Empezaron a sonar las alarmas, y justo entonces noté la mochila que nos dio Ares ligeramente más pesada que antes.

"Ya comprobaré eso luego" pensé. "¡Corred!" Ordené.

Tras unos minutos conseguimos despistar a los fantasmas de seguridad. Admito que me sentí un poco abatido cuando oí el lejano aullido lastimero de Cerbero.

"Sabes que no puedes adoptarlo, ¿no?" me preguntó Clarisse en voz baja. Aparentemente me había oído.

"Ya, pero es que me da pena. Incluso aquí necesitan atención de vez en cuando. Monstruos o no" dije.

Campos de Asfódelos

Los Campos de Asfódelos tenían un aspecto deprimente. Millones y millones de almas de los muertos esperando a algo que nunca llegaría, no importa que fuera. La hierba negra llevaba millones de años siendo pisoteada por pies muertos. Soplaba un viento cálido y pegajoso como el hálito de un pantano. Aquí y allá crecían árboles negros. Grover dijo que eran álamos.

El techo de la caverna era tan alto que bien habría podido ser un gran nubarrón, pero las estalactitas emitían leves destellos grises y tenían puntas afiladísimas. Me mantuve alerta por si acaso alguna se nos caía encima.

Intentamos confundirnos entre los muertos por si volvían los demonios de seguridad. Algunos se nos acercaban e intentaban hablarnos pero cuando veían que no los entendíamos fruncían el ceño y se alejaban.

Era deprimente.

Tras andar unos kilómetros, y darme cuenta de que el Elíseo era pequeño en comparación con las otras secciones, empezamos a oír un chirrido familiar en la distancia. En el horizonte se cernía un reluciente palacio de obsidiana negra. Por encima de las murallas merodeaban las tres Furias. Parecía que nos esperaban.

"Supongo que es un poco tarde para dar media vuelta" dijo Grover, esperanzado.

"No va a pasarnos nada chico-cabra" le dije intentando tranquilizarlo

"A lo mejor tendríamos que buscar en otros sitios primero. Como el Elíseo…"

"Venga, pedazo de cabra" dijo Clarisse mientras lo agarraba del brazo.

Grover emitió un gritito. Las alas de sus zapatillas se desplegaron y lo lanzaron lejos de Clarisse. Aterrizó dándose una buena costalada

"Grover. Basta de hacer el tonto" lo regañó Annabeth

"Pero si yo no…"

Otro gritito. Sus zapatos revoloteaban como locos. Levitaron unos centímetros por encima del suelo y empezaron a arrastrarlo.

"¡Maya! ¡Maya!" la palabra mágica no parecía funcionar "¡Por favor! ¡Llamad a emergencias! ¡Socorro!"

Percy evitó que su brazo lo noqueara pero no le dio tiempo a cogerlo. Según iba alejándose aumentaba su velocidad, por lo que decidí hacer lo mismo.

Para cuando conseguí alcanzarlo estábamos al lado del pozo del sueño de Percy. Lo agarre por los brazos y use uno de mis pies para quitarle los zapatos. Antes de hundirse en el pozo sin fin cada una me dio un puntapié a modo de protesta.

"Pfff… sí que pillán velocidad las cabronas" dije un poco cansado por la persecución.

"Me he jodido toda la espalda" se quejo Grover.

"Venga. Salgamos de aquí" dije. Ese lugar no me gustaba.

Cuando salimos vimos a los demás que venían corriendo lo más rápido que podían.

"Hey, tenéis ambrosía, ¿no? A Grover la espalda se le debe haber quedado como un cuadro" dije.

"Sí, toma" dijo Percy dándole un poco.

"Ahora que lo pienso…" dije mientras abría la mochila.

En ella vi un cilindro de metal de medio metro que no estaba ahí antes.

"Por favor, decidme que esto no es el rayo" dije mientras lo sacaba

"¿Cuánto lleva allí?" Preguntó Annabeth.

"Desde que pasamos el detector de metales" respondí.

"¡Genial! Ya podemos irnos, ¿no?" dijo Grover.

"No. He hecho tres promesas que tengo que cumplir hablando con Hades y tengo intención de hacerlo" dije con determinación. "Sí queréis podéis usar vuestras perlas para iros de aquí, pero yo me quedaré un poco más"

"No te quedarás solo. No pienso irme sin mi madre" dijo Percy.

Los demás asintieron con la cabeza de acuerdo.

"No pensamos dejaros solos" dijo Annabeth.

Nos encaminamos todos al palacio de Hades.

"Sabéis que no tenéis que quedaros, ¿no? Podéis iros. No podría culparos" les insistí en el camino.

"Ya te lo hemos dicho. No pensamos dejaros solos" dijo Clar.

"Solo lo recordaba" dije yo.

Envueltas en las sombras, las Furias sobrevolaban en círculo las almenas. Las murallas externas de la fortaleza relucían negras, y las puertas de bronce de dos pisos de altura estaban abiertas de par en par. Cuando estuve más cerca, aprecié que los grabados reproducían escenas de muerte.

En el patio había el jardín más extraño que he visto nunca. Setas multicolores, arbustos venenosos y raras plantas luminosas que crecían sin luz. En lugar de flores había piedras preciosas, pilas de rubíes más grandes que mi puño, macizos de diamantes en bruto. Pensé que si pidiera ayuda a Poseidón y Deméter, Hades le podría dar un mejor jardín a su esposa por su aniversario. Había un montón de estatuas 'hechas' por la tía eme.

Seguimos avanzando sin detenernos, ya que si comíamos de las granadas del centro del jardín quedaríamos atrapados en el Inframundo y sinceramente prefiero evitarlo.

Subimos por la escalinata de palacio, entre columnas negras y a través de un pórtico de mármol negro, hasta la casa de Hades. El zaguán tenía el suelo de bronce pulido, que parecía hervir a la luz reflejada de las antorchas. No había más techo que el de la caverna, muy por encima de nosotros.

Cada puerta estaba guardada por un esqueleto con indumentaria militar. Estaban con equipamiento de cada guerra y época. Ninguno nos intentó detener, pero no dejaron de observarnos.

"¿Sabéis? Apuesto a que Hades no tiene problemas con los vendedores puerta a puerta" dijo Grover intentando relajar el ambiente.

"Chicos, antes de entrar me gustaría que me dejarais ser el portavoz" dije.

"¿Por qué?" Preguntó Annabeth.

"Tengo un par de ases bajo la manga que pueden ayudarnos" respondí con simpleza.

Un viento cálido recorrió el pasillo y las puertas se abrieron de par en par. Los guardias se hicieron a un lado.

"Creo que esa es nuestra señal para entrar" dije

"Espero que sepas lo que haces" me dijo Clarisse al oído a lo que yo solo asentí

La sala del trono era igual que la del sueño de Percy solo que en esta ocasión el trono estaba ocupado.

"Gusto en conocerlo Lord Hades, espero que no sea mucha molestia nuestra breve estancia en el inframundo" dije intentando empezar con buen pié.

"Sois valientes al venir aquí. Realmente muy valiente o muy insensatos" dijo él.

"Por mi expediente diría que soy un poco de ambas" dije haciendo que tuviera una leve sonrisa en su cara

"Veo que al menos has ido ganando sensatez mientras pasabas por esta misión. Menos mal, no quiero ni pensar si hubieses sido como el idiota de Orión" dijo el señor del inframundo. Me empezaba a caer bien.

"Tiene toda la razón. Antes de que nos retiremos a la superficie… sabe que llevo el rayo maestro conmigo, ¿no?" Pregunté.

"¿No sospechas que pueda desearlo?" Preguntó curioso.

"En un principio sí, lo pensé. Pero cuando vi lo enorme que es su reino me di cuenta de que una guerra no le vendría bien. No le hacen falta más guerreros y cuanta más muerte haya más papeleo. Eso no lo aguanta nadie y ya tiene suficiente con su suegra, ¿no?"

"Ni me la nombres chico. Suficiente que esté ahora mismo con mi mujer y su madre" dijo señalando a Percy. "Seis meses sin escucharla pero también seis meses sin mi esposa… Geez, a veces desearía que ella me sonriera como sonríe cuando su madre viene de visita"

"Respecto a eso… ¿Nunca ha pensado en pedirle ayuda a Deméter y Poseidón para darle un regalo?" dije poniendo en práctica mi idea anterior.

"¿Has perdido la cabeza? ¿Pedirle algo a la amante de los cereales y al cabeza de alga de mi hermano?"

"Me esperaba esa reacción, pero escúcheme. He visto que el jardín de su esposa no es el más normal. Podrías pedir a Deméter que purifique una parcela de jardín y a Poseidón que desvíe un rio subterráneo, así esa zona estaría inmaculada y se la podrías regalar a Lady Perséfone por vuestro aniversario" explique mi idea.

"¿Y por qué rayos haría algo como eso?" dijo, aunque le note que le agradaba la idea.

"¿Por qué dices? Porque así harás feliz a tu esposa con un hermoso regalo. Te ayudara a tener una mejor relación con tu suegra y te permitirá rehacer vínculos fraternales con su hermano" En este momento pude confundirlo con el dios del sol pues lo poco que se veía de su sonrisa era muy deslumbrante.

"Me agradas muchacho. Ahora solo quedaría el problema de Caronte…" dijo el pensativo.

"En realidad Lord Hades si le da esto seguro que lo dejara tranquilo por una laaarga temporada" dijo Clarisse mientras le daba su tarjeta verde del Hotel Casino Lotus.

"Bien, creo que ya podemos irnos. Oh, dos últimas cosas. Le importaría jugar de vez en cuando con Cerbero, con disciplina y un poco de paciencia no le dará problemas. Y, ¿podría devolver a la madre de Percy a su apartamento?" Le pedí.

"De acuerdo. Alecto y sus hermanas estarán en la superficie esperando. Si lo encuentras dales mi yelmo de la oscuridad. Entonces liberaré a la madre de mi sobrino" dijo el dios.

"Por supuesto. Espero volver a verlo pronto. Es el primero que me cae bien de los tres que he visto. Y ya me cae mejor que Don hago tiro con rayo a todo lo que se menea" le comenté, haciendo que se riera. "Hasta la próxima" dije mientras ponía mi perla en el suelo y la pisaba siendo rodeado por una burbuja y transportado a la costa de Los Ángeles. Poco después aparecieron los demás.

"Sabéis, deberíais estar muertos" Dijo Ares a nuestras espaldas.

"Para qué, ¿para que tengas asiento de primera fila en la pelea de los Tres Grandes?" Le pregunté.

"Básicamente. Y por eso no puedo dejaros vivos" dijo él mientras invocaba un jabalí con un chasquido de dedos.

"Percy, ¿me echas un cable en esta pelea?" le pedí sabiendo perfectamente que yo solo no podía con él.

"Claro" dijo mientras destaponaba su espada y se ponía a mi lado.

"Creo que debo ajustar la pelea" dijo Ares mientras invocaba otro jabalí.

Rápidamente acabé con ambos enviándoles dos potentes bolas de KI

"Necesitarás pelear tú si quieres ganar, ¿sabes?" dije sabiendo que era lo más estúpido que he hecho el día de hoy y eso que he hecho bastantes cosas estúpidas.

"Incluso aunque quisiera no puedo pelear con un semidiós sin que este me desafíe primero" Me respondió.

"De acuerdo" dije mientras lanzaba lejos la mochila con el rayo y me abalanzaba a pegarle a la cara. Le di, pero a penas pareció notarlo.

"Mi turno" dijo mientras cogía mi puño y me dio un puñetazo que me mando volando unos cuantos metros atrás, haciendo un pequeño cráter en la arena. "Combate clásico entonces, ¿no?" dijo levantando su espada.

"Percy, ten cuidado" dije cuando me acerque a él. "Es fuerte y resistente. Tienes que darme un poco de tiempo y apartarte en cuanto te lo diga, ¿de acuerdo?"

"Sí" dijo mientras fue a por el dios de la guerra.

Mientras yo lleve mis manos a la cintura cargando todo el poder que podía en mis manos.

"Ka…" Percy conseguía aguantar manejándose con el hit and run usando el mar a su favor. "Me… Ha… Me… ¡PERCY APARTATE!" en cuanto lo vi salir del radio de acción ataque. "Haaaaaa" Grite con todas mis fuerzas mientras lanzaba un potente kamehameha contra el dios de la guerra que le dio de lleno. "ha, ha" jadeé con cansancio por toda la energía que gasté en ese ataque. El impacto levantó muchísimo humo, pero pronto pude ver la figura de Ares, más mosqueada que herida. "Como es que me lo veía venir" pensé para mí mismo.

"De acuerdo. ¡Tú serás el primero en morir!" gritó mientras se abalanzaba sobre mi dando sablazos a diestra y siniestra, la mayoría de los cuales conseguía evitar, pero otros me hacían pequeños cortes en los brazos, piernas, la cara o el pecho.

Percy le atacó por la espalda lo cual me dio el respiro que necesitaba para pasar a la ofensiva.

Los dos luchábamos con todo lo que teníamos con Ares pero era demasiado para nosotros. En ese momento Ares hizo un ataque en haz con su espada que Percy y yo conseguimos esquivar a duras penas, pero golpeó cerca de los demás lanzándolos unos cuantos metros atrás.

"¿¡Estáis bien!?" Pregunto el hijo de Poseidón preocupado.

"Hijo de puta" dije sin poder evitar mirar con odió puro a Ares. "Ellos no estaban peleando y aun así realizas un ataque con el que podías, no sólo darles sino también matarles" dije consciente de ello con la ira aumento. Me di cuenta de que según iba enfadándome un aura dorada empezaba a rodearme, partes del suelo se elevaban, junto a mis pelos, y algunos rayos caían a una distancia prudencial. "¡ME LAS VAS A PAGAR!" Grité mientras sentía mi poder multiplicarse, mis últimos recuerdos restantes volviendo y me lanzaba a por él.

"Ja, crees que por…" no le dio tiempo a terminar de hablar porque de un puñetazo le lance unos cinco metros atrás, dejándolo tirado en el suelo.

"Percy, ve con los demás y protégelos. No sé cuánto tiempo podre controlar este poder y prefiero saber que están a salvo mientras peleo con esta patética escusa de dios" dije conteniendo mi furia.

Fue sensato e hizo lo que le dije.

Ares se levantó apuntando a Percy con la espada, preparando un ataque. Antes de que pudiera registrar lo que hacía le di un puñetazo en la boca del estomago y le apreté con fuerza su muñeca libre.

"Ah" Exclamó Ares.

"Has generado una guerra por motivos egoísta y además has herido a tu propia hija por la misma razón" dije mientras intentaba liberarse.

Lo solté y vi como cogía una lanza que crepitaba con rayos rojos.

"¡Toma esto!" Grito mientras la lanzaba contra mí. No me moleste en esquivarla.

Cuando entró en contacto con mi hombro se explotó, pero a penas lo sentí.

"¡Goku!" oí gritar a Clarisse.

"Al menos así se que está bien" pensé.

"Ja después de todo no eras la gran cosa" dijo Ares hasta que me vio intacto una vez se disipó el humo.

"¿Eres el dios de la guerra y ni siquiera puedes acabar con un chico insolente como yo?" dije burlón.

"¿Quién demonios eres?" Preguntó asustado.

"Supongo que es hora de la presentación formal" dije mientras me quitaba la camiseta hecha jirones. "Soy un saiyan criado en la Tierra. Soy un guerrero que al tener un corazón tranquilo ha despertado por una violenta ira. Soy la respuesta a las llamadas de venganza por todas tus víctimas inocentes. ¡Soy el Super Saiyan Son Goku!" Grité esto último mientras elevaba más mi poder.

"¿Sabes? No eres el único que aumenta su poder transformándose. ¡Fíjate bien!" En ese momento empezó a brillar.

"¡No mires!" Me advirtió Annabeth pero no hice caso.

Antes de que se terminara de adoptar su forma divina cogí el yelmo de la oscuridad y se lo lance a la furia más cercana. Me di cuenta de que estaban rondando por allí desde hace un rato.

Cuando termino vi que era prácticamente igual que antes solo que ahora media más de tres metros e iba en una armadura espartana.

"¿Qué te parece chico?"

"Me parece que ahora me será más fácil todavía golpearte" dije con simpleza.

"Serás…" se lanzo a por mí con su espada pero esta vez lo bloqueaba con un solo dedo haciendo que se enfadara y abriera huecos en su defensa.

"Yyyyyyyy… Ahí" pensé cuando vi un hueco y le di un codazo en el estomago haciendo que se parara en seco. "Esto es por estar a punto de generar una guerra" dije mientras le daba un golpe en la cara. "Esto por enviarnos a recuperar tu estúpido escudo" dije mientras de una patada lo mandé por los aires. "y esto…" dije mientras me 'tele trasportaba' encima suya. "Es por todas las veces que hemos estado a punto de morir" dije cogiéndole la cara y estrellándolo contra el suelo a velocidad supersónica.

Se levantó una gran humareda de polvo.

"Sal de ahí. Eres inmortal. No puedo haberte matado con tan poco"

"Tienes razón" dijo al lado de su moto, a mis espaldas, con el rayo maestro en sus manos. "Ahora. ¡Muere!" dijo mientras me lanzaba el arma más poderosa del mundo a la cara.

Muchos pensaréis '¿Por qué no lo esquivas si eres tan rápido?' en realidad lo único que se me paso en ese momento por la cabeza fue intentar cogerlo. Lo tuve en mis manos y no dolía era como si me perteneciera. En ese momento se transformo en una espada de oro puro, de un metro con tallas griegas en el centro de la hoja. La empuñadura era de una plata brillante y tenía pequeñas joyas incrustadas. La espada estaba rodeada de un aura dorada como la mía.

"Es hora de acabar con esto" dije mientras le apuntaba con mi espada haciendo caso omiso de los jadeos de sorpresa de mis amigos.

Cargamos ambos con nuestras espadas, pero la mía atravesó la suya como si fuera de mantequilla. Empecé a hacerle cortes en todas las direcciones sujetando la espada con una sola mano.

"KA-ME-HA-ME-HA" con cada sílaba daba un corte más y con la última use mi mano libre para desintegrarlo por completo dándole un billete de solo ida al Tártaro.

Cuando me calme la espada se convirtió en una pluma negra con bordes dorados y mi pelo volvió a la normalidad.

"¿Estás bien?" Preguntó Grover acercándoseme.

"Bueno teniendo en cuenta que acabo de recuperar todos mis recuerdos y que he derrotado a un dios… no creo que pueda estar mejor" dije bastante cansado porque mis heridas anteriores estaban empezando a causarme efecto. "Perdona por lo de tu padre, por cierto" le dije a Clarisse.

"Ni lo sientas"

Vi el escudo de Ares tirado en el suelo.

"Es un poco basto, pero creo que ahora es tuyo" dije mientras le daba el escudo de su padre.

"Bueno, ahora que lo recuerdas todo desembucha" dijo Annabeth.

"No puedes esperar un poco, ¿por favor?" pregunté

Salto lineal

Al final la vuelta de Los Ángeles a Nueva York fue mucho más fácil que la ida. También se arreglo muy fácilmente lo de la persecución. Al final resulto que no éramos más que unos pobres chicos inocentes que habían sido secuestrados por un loco, Ares, y yo me enfrenté a él valientemente para salvarnos a mí y a mis amigos. Por desgracia durante el combate el secuestrador se puso a disparar a diestra y siniestra haciendo que explotara una tubería de gas que provocó enormes daños en la ciudad, aunque ninguna víctima. Tuve que contener la risa cuando, en nuestro papel de chicos asustados, hambrientos y cansados, para las dos últimas no tuve que fingir, Percy dio el número de teléfono de su padrastro para que le llamaran los habitantes de Los Ángeles para conseguir un electrodoméstico gratis.

Los policías estaban tan emocionados con nuestro periplo que recaudaron dinero para coger un avión de vuelta a Nueva York.

Nota de autor:

Ok undécimo capítulo hecho.

Yo no poseo derechos de autor sobre Dragon ball ni Z ni Super ni Gt ni sobre la serie de Percy Jackson y los dioses del Olimpo. Los autores son el trollaso de Akira Toriyama y Rick Riordan, respectivamente.

Dejadme en las revisiones los comentarios, críticas y amenazas de muerte desde vuestras cuentas, si es que tenéis una.

Matrona de Goku: Hestia