Notilla:

Les recuerdo que el capítulo anterior le tuve que agregar unas líneas al final… Así que vuelvan a leerlo si no lo han hecho ya.

¡MIL GRACIAS A TODA LA GENTE QUE SIGUE LEYENDO! E INFINITAS GRACIAS A LSO QUE DEJAN REVIEWS!!! Estoy segura que Santa Claus/ Papa Noel/ Sinter Klaas les dejará un hermoso regalo esta Navidad por portarse tan bien.

Capítulo XI: Preparaciones

Era casi medianoche. Hermione había ido a la oficina en el Ministerio de Magia en cuanto Ginny le envió una lechuza urgente con la noticia de la fecha de su viaje. Percy aun no aparecía, a él ya le había enviado dos lechuzas que regresaron después de un rato con el mensaje intacto en sus patas.

Ron llegó más tarde con algo de comida. Se notaba que las cosas no habían terminado muy bien entre Hermione y su hermano y la humedad del aire parecía condensarse con la tensión que generaban los dos por estar en el mismo cuarto. Cuando hablaban, era siempre con suma delicadeza, como si estuvieran a punto de romper algo. Varias veces Ginny notó a Ron mirar furtivamente a Hermione, vacilante, a punto de decirle algo, pero luego suspiraba y volvía a la tarea que su novia le había encomendado: archivar unos pergaminos de un viejo caso sobre unos duendes. Otras veces Hermione se quedaba petrificada ante alguna palabra, no respiraba, sus ojos le brillaban con las lágrimas que no iría a derramar, pero luego también suspiraba y retomaba la lectura de lo que fuera que estuviese leyendo, unos pergaminos que le había dado Aurelio Cruz.

–Voy a intentar contactar a Percy en casa, –dijo finalmente Ginny sin poder soportar un segundo más estar sentada allí.

Cuando cerró la puerta de la oficina detrás de ella. Escuchó a Hermione hacer un comentario hiriente hacia Ron. Tuvo que tomar aire para recomponerse de la tortura que era estar entre esos dos. Se apoyó contra la pared un rato, intentando con todas su fuerzas despertar de la pesadilla en la que estaba. Entonces vio a Percy que se acercaba por el pasillo.

–El domingo a la mañana ya hay un traslador reservado para ir a Buenos Aires. –Le anunció él con su rostro endurecido y sus temples traspiradas. –Traté de postergarlo, pero no pude convencerlos.

–Intenté contactarte...

–Estaba en el Wizengamot, –se excusó él para justificar su incomunicación.

Ginny asintió con un movimiento corto de la cabeza y Percy amagó con entrar en la oficina de Hermione, pero se quedó congelado con la mano en el picaporte cuando escuchó el estallido de lo que parecían ser cristales.

–Ron y Hermione están peleándose, –le dijo ella con una mueca de exasperación, –mejor aguardemos un rato...

–Parece que se estuvieran matando, –susurró él con incredulidad y encendió un cigarrillo.

Ambos esperaron en silencio tratando de entender qué se estaban gritando, pero Hermione, tan inteligente que era, había puesto alguna clase de hechizo para que no se entendiera nada y sólo le llegaban extraños sonidos quebrados por los estruendos de algún otro objeto que chocaba contra el suelo (o quién sabe si no era la pared).

Percy miró su reloj y se impacientó. –¡No tenemos tiempo para esto! –Exclamó aireado, hizo desaparecer la colilla del cigarrillo y entró a la oficina sin que Ginny pudiera detenerlo.

Hermione estaba recostada en su escritorio. Ron encima de ella. Ambos se devoraban a besos y ni siquiera se dieron por aludidos ante la llegada de gente. Ginny sin poder contenerse soltó una carcajada que se escuchó en todo el piso.

–¿¡NO ERA QUE SE ESTABA PELEANDO!? –Bramó Percy con indignación.

Ron como si se hubiese desaparecido y aparecido, de repente estaba en la otra punta de la pequeña oficina. Hermione se mordía los labios, un intenso rojo coloreaba sus mejillas y no podía ver de frente a las dos personas que habían entrado; sino que se arreglaba la falda con disimulo y ordenaba los pergaminos y demás objetos que con el arrebato se habían caído del escritorio.

Ginny continuaba doblada de la risa hasta que Percy la calló con una severa mirada que la atravesó con firmeza. La verdad era que Ginny había necesitado reírse, se le aflojó un poco la preocupación que la perseguía desde hacía un tiempo.

–¿Y qué se supone que haces tú aquí? –Le preguntó hastío Percy a Ron. –Si no vas a ayudar, puedes marcharte.

–¡Percival Weasley! –Ginny lo reprendió con la misma clase de mirada que había hecho que ella detuviera su risa de antes.

Percy se encogió un poco y se dirigió más calmo hacia su hermano. – Hay noticias sobre Dolohov, Ron, quizás puedas ir a verificarlo.

Ron no necesitó que se lo repitieran y corrió hasta la oficina de aurores donde él trabajaba.

Ginny se sorprendió. Si atrapaban a Dolohov tendrían más posibilidades de que ella saliera libre de toda culpa. El mortífago ese fue el que la había secuestrado y el muy afortunado había escapado.

Percy tomó asiento del otro lado del escritorio de Hermione quien esta estaba de pie y caminaba de un lado a otro en plena discusión sobre cosas demasiado técnicas para que Ginny pudiera comprender. Lo que la alienó por completo con tanta jerga legal. Entendió que hablaban sobre la posibilidad de llevar a Andre Boyd a que atestiguara, algo sobre lo que significaría la presencia de Dolohov y lo bien que le haría a Ginny que él apareciese, algo sobre la manera en que iban a tener que afrontar todos los hechos, … algo sobre Harry.

–¿Qué ocurre con Harry? –finalmente interrumpió ella.

–Harry… –carraspeó Hermione vacilante, –¿has tenido noticias de él?

–No cambies de tema ¿Qué pasa con Harry?

Ron abrió la puerta en ese instante. Estaba agitado por haber corrido desde su oficina hasta la de Hermione. Su mirada saltó varias veces entre Percy, Ginny y finalmente Hermione.

–Encontraron a Dolohov en Suriname… –Hermione y Ginny tomaron aire y Ron cerró los ojos para continuar hablando. –Lo encontraron muerto.

Todos parecieron caerse a pesar de que ya estaban sentados. La pequeña luz de esperanza que se le había formado en el corazón de Ginny se apagó tan rápido como se había encendido. Entonces comenzó a sentirse una vez más con sus ya conocidas nauseas previas a sus desmayos. Respiró profundamente varias veces y contó en forma regresiva desde cincuenta. Hermione reaccionó rápidamente y conjuró un trapo húmedo que utilizó para refrescarle la frente y la nuca.

–Me tienen arrinconada, –susurró Ginny con los ojos cerrados. –No tenemos nada a nuestro favor excepto la palabra de Andre Boyd que no vale nada. Y ahora Dolohov… Mi suerte no podría ser mejor.

–¿Qué ocurrió con Dolohov?– Preguntó Percy a Ron.

–Inferis. Lo acorralaron y lo despedazaron. Un grupo de aurores lo encontró en Suriname esta mañana. Tardaron en reconocerlo...

–Bueno, ya no importa. –Dijo decidida a cambiar el tema Hermione. – Estás contemplando veinte años en prisión como mínimo, Ginny. Si no te contactas con la gente de La Florinda que esté dispuesta a hablar en tu favor, no creo que podamos hacer nada.

–¿Has podido contactarte con la Señora Capostagno?

–No... –contestó ella cargada con frustración. –Harry me había dicho que se fue con su familia a Neuquén, explicó sin decir en donde quedaba ese lugar ya que estaba rodeada de dos enciclopedias con patas. La Señora Capostagno (o Bianca, como la llamaba Ginny) era la sanadora de La Florinda. Siempre asistía a Ginny después de cada encuentro con las fanales ya que la dejaban exhausta. Como modo de agradecimiento, Ginny la ayudaba en la clínica del pueblo haciendo las diferentes pócimas que le pedían. Fue entonces que empezó a dedicarse a la herbología, pues había una gran cantidad de ingredientes que no se conseguían en las tiendas normales del pueblo. Bianca tenía familia en Argentina y allí se había escapado cuando colapsó todo el sistema que aislaba al pueblo.

–Necesitamos más tiempo. –Consideró Hermione.

–¿Crees que con más tiempo arreglemos algo? –preguntó Percy con ironía y encendió otro cigarrillo.

–¡Apaga eso, por favor! No quiero que produzcas un incendio.

–Todavía piensas como muggle… Estos documentos están protegidos.

Ambos continuaron discutiendo tontamente. Ginny los escuchaba como si estuvieran a kilómetros de distancia. Sus voces se mantenían confusas y remotas.

"Harry," pensó Ginny, ¿dónde estaría ahora?. ¿Qué estaría haciendo?. ¿Por qué tuvo que irse tan repentinamente? Si Harry estuviese con ella, estaba segura que la hubiese ayudado. Pero se fue y la dejó para que se las arreglara sola. Después de todo, ¿no era eso lo que ella le había dicho que quería? Que siempre había hecho todo sin ayuda de nadie, que no necesitaba a nadie… que no lo necesitaba a él… No. Ella no le dijo eso. ¿Pero él lo habría interpretado de esa manera?. ¿Por qué tuvo que irse antes de arreglar las cosas entre los dos?

Quería fervientemente echarle la culpa a Ron por haberle ordenado a Harry que lo reemplazara en esta misión que los había alejado el uno del otro. Pero por más que trataba de enojarse o sentir rencor hacia Ron, no lo lograba. Ron merecía estar junto a Hermione tanto como ella merecía estar junto a Harry. Por eso lo entendía, por eso no se atrevía a tener pensamientos enfermizos hacia su hermano.

Un leve golpe en la puerta despabiló a Ginny. Thompson había llegado con cara asustada.

– Weasley, – exclamó él, pero al ver tres cabezas pelirrojas respondiendo a ese llamado, aclaró, – Agente Weasley.

–¿Qué sucede? – Ron se puso de pie y salió al pasillo con el ceño fruncido mirando su reloj. Era la madrugada y había más actividad en el Ministerio de lo que era normal.

Thomspson le dijo algo en voz tan baja que no llegaron a distinguir nada. Ron lo miró tan asustado como estaba el otro auror.

­ –Hermione, nos vemos en casa. Surgió una emergencia. Que Ginny se quede contigo. –Le dijo Ron apresuradamente antes de ir detrás de Thompson.

Ginny no supo decir a qué hora dejaron el Ministerio para ir al apartamento de Ron y Hermione. Estaba tan cansada que ni siquiera discutió cuando Hermione le ofreció su propia cama para ir a dormir. Pero tampoco durmió mucho.

Soñó con Dolohov que la trataba de besar y luego con Harry que le perseguía con una saeta a través de una ciudad llena de muggles. Luego la voz de Ron le decía una y otra vez que se calmara.

Entonces abrió los ojos y la voz de Ron que estaba consolando a Hermione llegó a sus oídos desde afuera del cuarto donde estaba ella.

–Ya, Hermione. No hay nada que podamos hacer excepto esperar.

–¡Pero es que no hay tiempo! – se quejó ella.

Ginny buscó la hora, eran las cinco. Se sentó en la cama haciendo un enorme esfuerzo.

–Harry sabía bien dónde se estaba metiendo. –Contestó Ron a la defensiva.

Ginny saltó de repente, completamente despierta por lo que había escuchado y corrió hasta la sala donde estaban discutiendo sobre Harry.

–¿Harry?. ¿Qué ocurrió? –la voz de Ginny tembló.

–Nada, Ginny… –Ron trató de no darle importancia al asunto.

–¡Ron!. ¡Te escuché!. ¿Qué pasó con Harry?

Ron tomó aire y clavó su mirada en sus manos que se apretaban entre sí tratando de disimular su preocupación.

–El idiota se fue de Senegal y no avisó a nadie. Perdimos contacto con él.

Ginny lo miró asustada.

"¿Senegal?, -pensó ella,- Claro… se había ido a continuar la investigación que Ron había comenzado". Ginny no tenía idea de qué era.

–Nos dijeron que… que lo secuestró Regan McNeil. –Explicó Ron no muy convencido.

–¿Y quién se supone que es McNeil?

–Una cazarrecompensas, traficante de personas, hasta llegaba a utilizar sus encantos femeninos para… Hace 3 años que estamos detrás de ella. Estábamos así de cerca de capturarla y… y Harry va y parece arruinar todo lo que habíamos hecho para juntar las pruebas necesarias para inculparla… ¡y el imbécil se deja capturar!

–¿Se dejó capturar?. ¿Quieres decir que no lo secuestró esa… esa... –trataba de recordar su nombre, –esa mujer?

Ron miró a Hermione con dudas y esta asintió levemente con la cabeza. Ron apoyó la cabeza en sus manos y se agarró de los pelos con fuerza.

–Kingsley lo consiente demasiado en sus caprichos, cualquier cosa que haga va a salir bien. Siempre es así. ¡Pero el tarado jamás se detuvo a pensar un poco en las consecuencias! Esto puede costarme mi puesto… y no estoy en posición para quedar desempleado. Ni siquiera se tomó un minuto para avisar… y no se me ocurre qué pensar.

–¿Me vas a decir de qué estas hablando, Ron? –Ginny se estaba alarmando.

El tomó aire y Hermione le apoyó una mano en su espalda.

–Fue a capturar a Regan. Sabíamos que estaba cerrando un trato en Senegal con uno de nuestros infiltrados y Harry. Con eso tendríamos las pruebas suficientes para mandarla derecho a la prisión. Hasta hace 15 días todo iba bien, Harry se reportaba con los aurores de allá y, por lo que informaba, no había razones para pensar que algo iba a salir mal. Pero luego Harry dejó de reportarse. La división que estaba allá no le dio importancia al asunto porque a Harry le gusta trabajar de esa manera…

–¿Quieres decir que le gusta desaparecer?

–Ya lo conoces, Ginny, –contestó Hermione.

–Le gusta trabajar sin que le estén diciendo qué debe hacer… no es la clase de persona que escucha lo que le ordenan. –Agregó Ron que aun seguía molesto.

–Pero…

–Mira, Ginny, mejor olvídate de Harry por el momento y concéntrate en tus propios problemas.

–¿Qué me olvide de Harry?. ¿Y por qué quieres que vaya a hacer eso? Apenas estamos reestableciendo nuestra relación, en todo caso debería estar enojada con toda la oficina de aurores por lo incompetentes que son cuando se trata de uno de sus propios aurores. Aparte… aparte… –Ginny se quedó sin palabras. ¿A quién estaba tratando de engañar?. Las cosas con Harry no habían quedado en nada.

–Bueno, que Harry se haya ido con Regan es sospechoso. –Soltó Ron sin pensar en lo que estaba diciendo. Hermione inmediatamente le pegó un codazo y su hermano se puso rojo como un tomate.

Ginny tragó saliva.

–Supongo que mejor me preparo para ir a Buenos Aires, ¿no? –Dijo Ginny mirando fijamente a Hermione con tesón. –Supongo que debo estar preparada para lo peor. –Suspiró ella cerrando sus puños. –Iré a casa. Quiero estar con mamá para despedirme.

–Ginny…

–¿Crees que me dejarán vivir?

–¡No seas drástica! –Hermione la reprendió.

–¡Drástica! Tú misma me dijiste que tenía al menos 20 años de prisión.

Ron las miró incómodos y carraspeó antes de hablar.

–¿¡QUE?! –Chilló Ginny.

–Podemos esconderte, no es necesario que hagas esto.

Ginny no podía creerlo. Ella no era ninguna cobarde y no quería pasar el resto de su vida como una fugitiva. Estaba harta.

–Si me escondes no tardarán en encontrarme, Ron. Al menos estando encerrada, las fanales no podrán hacer nada conmigo. Y eso… eso es algo bueno.

El día que se tuvo que ir fue horrible. La maleta que preparó casi no tenía nada de sus pertenencias sentimentales; solo unas pocas mudas para sobrevivir en la audiencia frente a los temibles jueces de Sudamérica. Hermione la ayudó un poco mientras repasaban paso a paso cada procedimiento y cada palabra que iba a tener que decir. A su vez Percy parecía totalmente relajado apoyado contra el marco de la puerta mientras interrumpía con comentarios útiles para Hermione. Su madre se echaba a llorar cada tanto y le rogaba que no se marchara pero inmediatamente aparecía su padre para consolarla al mismo tiempo que le hacía señas optimistas a Ginny para que no le hiciera caso.

Sus hermanos estaban haciendo lo imposible para levantarle el ánimo. George estaba con Verity haciendo chistes y llenando a Ginny con extraños objetos que, según ellos traían buena suerte. Hermione no dudó en confiscarlos a todos como si aun fuese prefecta en Hogwarts.

–No quiero que lleve nada sospechoso que la pueda ligar aun más con las artes oscuras. –Se justificó con las manos en la cintura y una mirada desafiante que George no se atrevió a provocar.

Fred recién arribaba de Japón y no terminaba de comprender qué ocurría. La felicidad de su llegada y la noticia de que estaba de novio con una chica latinoamericana que daba clases de todo tipo de bailes con nombres de comidas pasó por alto frente a lo que estaba sucediendo en la Madriguera. Nunca se lo había visto tan contrariado. Al menos estaba Charlie para escucharlo.

El hermano mayor de Ginny, Bill, la saludó desde la chimenea. Estaba en Francia y no podía ir a darle su apoyo porque Alfie había demostrado su primer signo de magia y le había provocado verrugas de sapo a su hermano mayor. Por lo que toda su familia estaba en el hospital. Fleur le enviaba sus saludos y Bill le deseó las mejores de las suertes.

Ginny no sentía nada.

No podía reírse de los esfuerzos de George y Verity. No podía entusiasmarse por las noticias de Fred. No podía sonar atenta a lo que le decían Hermione y Percy; y mucho menos podía atender a las súplicas de su madre. No tenía fuerzas para darse el lujo de dejarse sentir. Solo en un breve momento la inundó algo parecido al dolor que le estrujaba el pecho cuando escuchó a Fred preguntar por Harry. Pero eso fue todo.

El domingo a primera hora estaba junto a Hermione y Percy en el Ministerio. Aurelio Cruz apareció con dos trasladores. Uno para Ginny que debía ir con la supervisión de él. Y el otro para Hermione y Percy. Cuando el traslador se activó ella cerró fuertemente los ojos y recordó el calor del abrazo de sus padres y sus hermanos al despedirla… recordó la mirada cálida de Harry que la estremecía y le daba fuerzas para lo que iba a tener que enfrentar.

Suspiró cuando notó que sus pies habían llegado a suelo firme y abrió los ojos para notar que estaba ante un imponente anfiteatro. En la parte de enfrente había un altísimo estrado con los que ella sospechaba que eran los que la mandarían directo a la próxima gran aventura.

Nota de autora estresada:

Este capítulo no me quedó como yo quería, pero bueno… Voy a intentar apurarme para terminar el próximo capítulo.

Aparte de eso, los que viven en Buenos Aires y están tan enamoradas de Edward Cullen como lo estoy yo, el viernes a las 19 hrs voy a buscar mi libro de Eclipse en la librería Cúspide en Recoleta, aparentemente van a haber sorteos y juegos. Espero ver a alguno de ustedes por ahí. [Sobredosis de Crepúsculo para Sandra

AMORTENTIA PUNTO COM PUNTO AR NO ESTA MUERTA! Pero las administradoras estamos estresadas. Así que quien quiera darnos una mano, no duden en escribirnos un mail. [vicus arroba amortentia punto com punto ar

Quiero agradecer muchísimo a toda la gente que me deja reviews… no se imaginan cuanto me ayuda a apurar mis capítulos.