Ella: La que le quitaba el aliento

Capítulo Once: Un segundo, mil imágenes

Cuando Ayako dejó a Mei en la casa de su madre, jamás se imaginó la expresión que ella tendría luego de contarle que estaba, formalmente, con alguien. Como siempre, no quiso quedarse demasiado tiempo luego de que, como cada domingo, llevara de regreso a la pequeña a la casa de sus padres. Sin embargo, le sorprendió que Hiro fuera el que insistiera en que pasara un rato más con su madre, cosa que jamás ocurría. Se habían sentado los tres un rato en la sala de la casa, y cuando su madre le preguntó, como nunca antes, qué había de nuevo en su vida, Ayako no pudo evitar recordar la imagen de Mitsui la noche anterior. Entonces, con tan solo la frase "estoy con alguien", la cara de su madre había cambiado en tan sólo un segundo. Pero la sorpresa era que se llenó de una luz de felicidad que hacía mucho tiempo no veía dirigida hacia ella.

Ayako sacudió la cabeza, mientras entraba en su casa. Besó a su padre en la frente, como siempre, para luego ir a su habitación. Sentía que incluso los colores de las murallas tenían un color diferente. Cada sonido se escuchaba amplificado, como si sus propios sentidos estuvieran agudizados por una extraña e inconsciente fuerza que no conocía. Se miró en el espejo, para contemplar unas facciones que no parecían las suyas, debido a la forma en que todo parecía estar iluminado por algo que no lograba comprender del todo.

Pero, si se detenía a pensarlo…¿qué importaba? ¿Qué importaba que no lograra entender todo lo que le estaba sucediendo? Claro que ya no era relevante. ¿Por qué? Porque simplemente, no quería que lo que fuera que estuviera sintiendo desapareciera. Necesitaba que todo siguiera igual. Y ese objetivo, por muy increíble que le pareciera…involucraba a Mitsui.

Le parecía simplemente impresionante que ahora…todo tuviera que ver con Mitsui.

La línea de su pensamiento fue interrumpida por el sonido de su teléfono. Una sonrisa apareció en su rostro, imaginando que cuando identificara el número, su voz haría que aquella emoción se encendiera aún más. Sin embargo, la súbita sonrisa desapareció tan rápido como había llegado. Al ver quién estaba llamándola, su mano tembló al acercarse al objeto que vibraba encima de su mesa de noche.

"¿Hola?" – dijo, aclarando su voz

"Qué gusto escucharte, princesa" – dijo Hiro, con una sonrisa que atravesó la separación de la línea – "Te fuiste muy rápido hoy"

"Lo sé" – murmuró Ayako, frunciendo el ceño – "Pero no sé por qué me llamas"

"Es para pedirte un favor, la verdad" – continuó – "Verás, mañana tu madre y yo tenemos una reunión muy importante, y muy temprano también. ¿Te importaría mucho llevar a Mei a la escuela?"

"No, claro que no me importa" – dijo Ayako, sintiendo alivio pasar por su pecho – "Mañana pasaré por ella temprano, antes de irme a la escuela".- La muchacha escuchó el silencio que venía del otro lado del teléfono, seguido de una suerte de risa por parte de Hiro.

"¿Cómo está ese novio tuyo?" – Ayako frunció el ceño ante la pregunta – "¿Hisashi Mitsui, no era su nombre? Va a la escuela contigo, ¿no?"

"Sí, así es" – respondió la joven – "Es un año mayor que yo"

"Dile que venga a casa el próximo fin de semana…porque la verdad, ya que ese hombre está con una de mis princesas...muero por conocerlo"


Mitsui sonrió cuando, mientras estaba preparándose para ir a dormir, su teléfono vibró una vez sobre su mesa de noche. Se inclinó, aún con el cepillo de dientes aún en la boca, para leer un mensaje que venía del teléfono de Ayako.

"Debo llevar a Mei a la escuela mañana temprano. No iré a la práctica de la mañana. ¿Podríamos entrenar un poco más en la noche? A."

Pulsó las teclas hasta enviar una respuesta. Por su parte, Ayako sonrió cuando leyó las palabras de Mitsui, las que la hicieron reír.

"Sólo es una excusa para que estemos solos, de noche, y así puedas aprovecharte de mí, mentirosa pervertida. Más te vale que no llegues tarde a la escuela mañana…porque, al parecer, ya te extraño un poco. Sólo un poco. M."

Sin embargo, cuando Ayako abrió los ojos, la mañana siguiente, se bajó de la cama de un solo golpe. No era tarde para que ella llegara a la escuela, pero sí para que Mei lo hiciera. ¿Cómo rayos se había quedado dormida? Jamás le ocurría algo semejante. Ella era de las que siempre llegaba cinco minutos antes a cualquier lugar, debido a que le desesperaba la sola idea de no ser capaz de adelantarse un paso a todo lo que la rodeaba. Y, sin embargo, por primera vez, se había quedado dormida cuando tenía más de un compromiso ese día.

Salió corriendo del baño, luego de ducharse a toda velocidad, para después forcejear con el uniforme en menos de tres minutos. Cogió sus cosas del escritorio, mientras bajaba las escaleras de dos en dos. El sol de la mañana la golpeó en el rostro, lo que no ayudaba a que se sintiera menos acelerada. De repente, cuando atravesaba la calle, su teléfono vibró en el bolsillo delantero de su bolso. Lo sacó rápidamente, viendo que en la pantalla se leía claramente el número de su madre, quien de seguro estaría furiosa con ella. Chasqueó la lengua, en señal de frustración, para después abrir el teléfono y contestar:

"¡Mamá, lo siento, me quedé dormida, no sé qué me ocurrió!" – exclamó, a modo de disculpa tan apresurada como ella

"¿De qué hablas?" – escuchó decir a su madre, divertida –"¿No que entras a las 7 a clases?"

"Sí, pero voy tarde para buscar a Mei" – continuó Ayako, mientras se fijaba en que nadie fuera a cruzar la calle cuando ella lo hiciera – "Prometí que iría hoy"

"Pero si a Mei ya la dejé en casa de tu abuela, para que ella la fuera a dejar" – dijo su madre, confusa – "Y a propósito de eso, ¿Hiro alcanzó a entregarte el libro que necesitabas antes de ir al trabajo?"

"¿Libro?" – preguntó Ayako, deteniéndose en medio de la calle – "¿Qué libro? ¿De qué hablas?"

"Hiro me dijo que habló contigo anoche" – explicó su madre, como si le divirtiera que su hija no fuera capaz de recordar algo que ella misma había dicho – "Le pediste un libro que dejaste aquí el fin de semana pasado, cuando dejaste a Mei. Dijo que iría a dejártelo hoy antes de que entraras a clases. ¿Logró entregártelo?"

"Mamá, Hiro no me dijo nada de un libro" – dijo Ayako, frunciendo el ceño – "Me pidió que fuera por Mei hoy en la mañana porque…"

De repente, Ayako se sumió en un silencio sobrecogedor: Sentía que el viento soplaba cada vez más lento, llegando incluso a detenerse. Sus manos comenzaron a temblar, mientras un extraño y a la vez terrible presentimiento comenzaba a apoderarse de todo su ser. Su mente evaluaba cada probabilidad a cientos de kilómetros por hora, mientras cada vez sentía que se acercaba a una respuesta, la cual se volvía más inminente e inevitable con cada segundo que pasaba. Sus ojos se ensancharon cuando un simple sonido hizo que dentro de su pecho se desencadenara el más profundo y terrible pánico. Y las palabras que había escuchado la noche anterior hicieron que en un solo segundo todo pareciera claro:

"Ya que ese hombre está con una de mis princesas...muero por conocerlo"

Dio un paso más adelante, mientras su madre repetía su nombre al otro lado de la línea.

"Muero por conocerlo"

Dentro de su pecho sintió una aguda punzada de terror, cuando dio otro paso al frente, para encontrarse en la esquina en donde se encontraba la cancha en donde solía practicar con Mitsui. Recordó su rostro, sus facciones, su mirada…junto con la primera vez que lo miró de una manera diferente, la primera vez que sintió su corazón latir a la mayor velocidad que hubiera conocido por el solo hecho de tenerlo cerca de ella, la primera vez que decidió que él era todo lo que necesitaba para ser feliz.

"Muero por conocerlo"

Por supuesto que no. No iba a dejarlo. No esta vez. Había soportado todo el daño que él le había hecho por años y años. Le había quitado todo. Todo lo que le pertenecía.

Le había quitado todo lo que era suyo.

Por supuesto que no. No iba a quitárselo.

No iba a quitarle a Mitsui.

Sin detenerse a pensarlo ni una sola vez, y dominada por la mayor de las determinaciones, Ayako se lanzó calle abajo, corriendo al tope de sus pulmones.


Mitsui caminaba hacia la escuela, mientras contemplaba la manera en que sol traspasaba las líneas de las ramas. Escuchó el sonido de la brisa como un suave y cálido presagio de algo bueno y diferente. Sintió una sonrisa expandirse por su rostro, recordando todo lo que había pasado en el último tiempo. La enumeración de los eventos que ciertamente habían cambiado la manera en que veía todo lo que estaba a su alrededor. La cálida sensación, al parecer, era tan notoria, que llegaba a ser contagiosa:

"¡Pero miren esa cara!" – exclamó Kogure, cuando lo vio, desde la entrada de la escuela – "Parece que alguien tuvo un buen fin de semana"

"Supongo que puedes decir eso" – dijo Mitsui, golpeando levemente a su amigo en el hombro. Miró a Akagi, quien tenía una mirada suspicaz y divertida en su rostro

"Nos vamos al Nacional en tres semanas" – dijo Akagi – "Así que no creo que esté del todo mal que andes con esa sonrisa de niño bueno en el rostro"

"Eres solo un envidioso" – dijo Mitsui, sonriendo – "Y más te vale que no me provoques, porque estoy de un humor espectacular"

Mitsui no se imaginaba que ese humor pudiera cambiar en tan solo un segundo.

Jamás se imaginó lo que vendría después.

Una mirada enardecida se cernía sobre la figura del joven, a través de unas gruesas gafas negras para el sol. Su mano izquierda se cerró aún más en torno al volante, mientras la otra se posaba lentamente en la palanca de cambios. El pie derecho acarició levemente el acelerador, al momento en que levantaba la cabeza para fijar aún más su mirada sobre el muchacho.

Era tan sólo un insignificante chiquillo. Ni siquiera valía la pena que se molestara en intentar enviarle esta clase de advertencia. Pero aquel muchacho, aquel idiota y atrevido muchacho había tenido la osadía de meterse con lo que era suyo. Y de alguna forma u otra, antes de que lo que fuera que estuviera ocurriendo entre Ayako y él llegara más lejos, debía dejarle saber que aquel atrevimiento no quedaría impune. No lo dejaría que averiguara nada más allá de lo que ya seguramente debía saber.

Dejó que una sonrisa se extendiera por su rostro, mientras comenzaba a alejar su pie izquierdo del freno. A ver qué era lo que ese muchacho sería capaz de hacer con ambas piernas o la columna rotas.

Sin embargo, Hiro tampoco se pudo imaginar lo que vendría después.


En tan solo cinco segundos, el destino quiso que Mitsui viera pasar frente a sus ojos la imagen más terrible que alguna vez pudo imaginar en las peores de sus pesadillas: Primero, escuchó el sonido ensordecedor de las llantas de un automóvil contra el pavimento. Al voltearse, pudo ver el brillante resplandor del sol contra el vidrio del parabrisas. Ensanchó los ojos, sintiendo su cuerpo más rígido que nunca en toda su vida. En tan solo un momento, pudo ver la sonrisa irónica y burlesca que se extendía por el rostro de Hiro, justo antes de abalanzar el automóvil hacia la acera, directamente hacia el lugar en donde se encontraba. Sin embargo, cuando la adrenalina de la idea de la venganza atravesó el cuerpo de Hiro, nunca se imaginó que las cosas pudieran tomar un giro distinto:

Mitsui logró percibir un solo sonido y una sola imagen en el segundo siguiente. Un espeluznante escalofrío recorrió su ser cuando se volteó para encontrarse con su mirada. Sus brillantes ojos, aquellos que lo hacían pensar que todo saldría tan bien como ella decía, estaban cargados de una emoción que jamás había visto en el rostro de otra persona.

"¡MITSUI!"

Ayako saltó lo más alto que pudo, inclinando su cuerpo hacia adelante, elevándose en el aire, mientras extendía sus brazos hacia él. Soltando un grito que rasgó su pecho como una navaja al salir por su boca, la muchacha sintió que sus manos y luego sus hombros entraban en contacto con el cuerpo del muchacho, quien fue empujado hacia la pared, a una velocidad jamás imaginada. Cayó al piso, rodando por un par de metros sobre la acera. Sin embargo, incluso después de golpearse la cabeza contra el duro asfalto, logró levantar la mirada. Apenas lo hizo…deseó no haberlo hecho:

Ayako ensanchó los ojos. Vio en cámara lenta cómo el auto se acercaba a ella a toda velocidad, vio la mirada incrédula y extremadamente sorprendida de Hiro…pero luego, todos los sonidos a su alrededor se detuvieron, hasta el punto en que desaparecieron completamente. El mundo entero enmudeció, al momento en que ella no podía escuchar nada más que el sonido de su propia respiración. Sentía que casi podía tocar el aire que entraba en sus pulmones, mientras su corazón latía cada vez más lento…producto de una extraña y hasta entonces desconocida paz. Una frase que escuchó millones de veces en millones de comerciales y avisos de televisión se cruzó por su mente en ese segundo: "Hoy es el primer día del resto de tu vida". Y la verdad era esta: Esa frase se aplicaba a todos los días, excepto uno: El día en que alguien moría.

Excepto por el detalle de que no se trataba de un solo segundo: Para Ayako, fue el momento en que recordó la primera vez que se levantó del piso luego de caerse por las escaleras cuando tenía cinco años. Fue el momento en que se rió con su madre hasta el punto de las lágrimas luego de ver una película, cuando tenía ocho. Fue el momento en que Mei le sonrió por primera vez. Fue el momento en que decidió que el basketball la hacía feliz.

Y luego…fue Mitsui. Y después, Mitsui otra vez. Y cuando cerró los ojos y exhaló un suspiro, ahí estuvo él nuevamente.

Mitsui dejó escapar inconscientemente un grito de terror, tan profundo como el pánico que sentía en esos instantes cuando vio el cuerpo de Ayako elevarse por el aire luego de recibir el golpe del auto justo a la mitad de su pequeña figura. Con un ruido seco, la muchacha aterrizó varios metros más adelante, para no moverse más.

Varios gritos y exclamaciones de sorpresa y miedo se extendieron por entre los estudiantes que se encontraban en el lugar, los cuales no fueron escuchados por el joven. Mitsui se levantó, ignorando el mareo que le produjo el súbito movimiento, para luego correr con toda la energía que le quedaba hacia Ayako. Sintió que su cuerpo no se movía lo suficientemente rápido, y que sus ojos sí lo hacían.

"¡NO!" – exclamó, cuando se abalanzó sobre el cuerpo inerte de la muchacha. La tomó por la cintura, tratando de ver la magnitud de sus heridas. Sangre brotaba de su frente, de sus finas facciones, al igual que del costado derecho de su cuerpo. – "¡AYAKO! ¡AYAKO!" – la sacudió varias veces, mientras apoyaba su oído en el pecho de la joven. Sin embargo, sintió cómo caía en un inmenso vacío cuando no logró captar ningún sonido. Se volteó hacia Kogure, quien había llegado al lado de ambos jóvenes – "¡LLAMA A UNA AMBULANCIA!" – gritó, mientras volvía a observar el rostro de la muchacha – "¡AYAKO!" – ella seguía sin moverse. Mitsui hundió su rostro en el pecho de la joven, tratando de imaginar qué podía hacer en esos momentos.

Hiro se bajó del auto, con movimientos temblorosos, mientras con una mano recorría su rostro, en un gesto que daba a entender que lo único que quería era arrancárselo.

¿Qué diablos había hecho?


Mitsui levantó la mirada cuando vio un vaso de agua frente a él. Ya ni recordaba cuántas horas llevaba en la misma posición, en aquella pequeña sala de espera del hospital.

La ambulancia había llegado tan solo un par de minutos después de la llamada de Kogure. Mitsui, sin siquiera pensarlo dos veces, se subió a ella, mientras veía la manera en que atendían a la inconsciente muchacha. Apenas la ingresaron, ya en el hospital, Mitsui había reunido todo su coraje y había llamado al padre de Ayako, quien llegó unos cuantos minutos después. Vaya manera de conocerlo, pensó el joven, mientras le explicaba lo que había sucedido. No dejó nada fuera de la historia, porque en su opinión, ya nada importaba. Le contó acerca del relato y de lo que había sucedido durante todo este tiempo entre Ayako y Hiro. El padre de la muchacha no podía creerlo, sus ojos se ensanchaban cada vez más, luego de escuchar cada palabra por parte del joven.

La policía no había tenido demasiado trabajo, ya que Hiro no se fue a ningún lugar. Se entregó voluntariamente, y en esos momentos se encontraba en la estación de policía, mientras la madre de Ayako intentaba sacarlo de alguna u otra manera.

Luego del relato al padre de Ayako, de haberle dado su versión de los hechos a la policía y luego de haber visto a la muchacha entrar a cirugía con el médico que la recibió en el momento en que entró por las puertas del hospital, Mitsui se había sentado en uno de los sillones de la sala de espera, con los codos apoyados sobre sus rodillas y la cabeza entre las manos.

¿Cómo demonios había pasado todo esto? ¿Qué rayos había ocurrido? La noche anterior, ella estaba bien, estaba tranquila, estaba sonriente…y ahora, estaba en las manos de médicos que intentaban salvar su vida. ¿Y él? Él estaba ahí gracias a ella. Gracias a que ella había pensado que él era digno de seguir viviendo en su lugar. Pero no sólo eso…con todas las falencias que tenía, con cada uno de sus marcados defectos…Ayako lo amaba lo suficiente para interponerse en el camino de un daño terrible que estaba destinado para él y sólo para él. Rechinó los dientes. Una mezcla de furia y angustia se apoderó de su pecho, mientras su mente recopilaba los eventos que habían desencadenado todo este desastre. Como un reflejo, cerró los ojos al sentir un increíble y desconocido ardor dentro de ellos.

No podía perderla. No veía, no concebía ningún lugar adonde pudiera ir si es que no era con ella. ¿Por qué? Por una razón que hasta entonces no había logrado comprender, por algo que su profundo y marcado ego no podía llegar a considerar. Algo que su orgullo se rehusaba a tomar como cierto, pero que esta forma en que Ayako había logrado penetrar en su vida, en su corazón, hizo que sí viera la verdad:

Simplemente…no recordaba qué era lo que él solía hacer cuando Ayako no estaba en su vida. Sin ella, sólo quedaban recuerdos difusos y un inmenso vacío en el medio de la nada.

Levantó la mirada, cuando vio que una mano le alargaba un vaso de agua. Se encontró con los ojos atentos y extrañamente profundos de Rukawa, quien en su silencio le daba a entender su compañía. Sin más que un leve asentimiento de cabeza, Mitsui aceptó el gesto, para volver a sumirse en sus pensamientos.

En la sala de espera se encontraban todos los miembros del equipo, algunas de las compañeras de Ayako y su padre. Mitsui tomó un trago de agua, para después volver a la posición en la que se encontraba antes. Sin embargo, fue interrumpido por la llegada del médico, quien atravesaba las puertas de la sala de operación con una extraña expresión en el rostro. El padre de Ayako se precipitó hacia él, pero antes de ello, posó su mirada en Mitsui. El joven ensanchó los ojos con leve sorpresa cuando el hombre le hizo un gesto con la mano, dándole a entender que quería que lo acompañara.

Mitsui se detuvo, al lado del padre de Ayako, para escuchar lo que el médico tenía que decir.

"Sus heridas son graves" – comenzó – "Logramos detener la hemorragia interna, pero ha perdido mucha sangre. Tiene seis costillas rotas, un hombro dislocado, la cadera fracturada y varias vértebras de su columna se desplazaron con el impacto. Sin embargo…" – posó su mirada en el padre de la muchacha – "Eso no es lo peor: El golpe provocó que uno de sus pulmones colapsara. En estos momentos, está conectada a un ventilador eléctrico porque no puede respirar por sí misma. Lo siento, pero debo pedirles que estén preparados…"

En tan solo un segundo, Mitsui sintió que su cuerpo comenzaba a caer sin ningún tipo de detención, hacia un abismo del cual no podía ver el final. Volvió a posar su mirada en el médico, como si esperara a que se retractara de lo que había dicho:

"Lo más probable es que ella no sobreviva más allá de esta noche"

Continuará…