Bueno, estos días estuve algo ocupada, y debo admitir que este capítulo estuvo algo… tenso (por así decirlo) en su realización, o por lo menos yo era la que estaba tensa en ese momento. Tenía tantas cosas en la cabeza, y una creatividad truncada debido a los líos en los que estaba pasando que tenía las palabras correctas, pero no los escenarios, y después de un té y un sueño recuperador pude al fin escribir lo que quería.

Pero hay algo que me trae como loca, perdí mi USB con mi trabajo de investigación y las continuaciones que ya tenía atrasadas…BUAH!

Que golpe bajo para mi ego de siempre estar prevenida para todo, pero bueno…

He aquí la continuación (vuelta a hacer después de esa pérdida):


El cielo seguía rugiendo y Naruto no podía distinguir la diferencia entre el débil, rápido y doloroso latir de su corazón y los sonidos de la tormenta. Le agarro a lluvia corriendo y decidió bajar la velocidad, no supo como llegó ahí pero llegó, y estando exhausto y con una postura decaída prefirió que lo mejor sería regresar a casa, aunque en realidad lo que más quería era huir lejos, correr más allá de los caminos que cruzaran por su paso, solo escapar de todo aquello, dejar de sentir esa punzada en medio de su pecho representada en su alma como una herida abierta, aún cuando sabía que no podía ser posible.

Konoha Gakuen:

Los caminos de la vida en Naruto

Al mismo tiempo, del otro lado del camino, Hinata caminaba torpemente estando totalmente mojada, hacía mucho frio y estaba completamente desubicada, aún llevaba el uniforme del colegio y a pesar de haberlo llegado a detestar tenerlo puesto en esos momentos le traía una melancolía tremenda al igual que impotencia de no poder hacer nada contra las decisiones de su padre, y, aún dudando tener un lugar a donde ir siguió caminando con las pocas fuerzas que tenía, pues tuvo que tomar mucho esfuerzo al tomar la decisión de escapar y no arrepentirse. Su corazón le decía que era lo que tenía que hacer, pero la razón nunca se callo, ya que le esperaría un duro regreso acompañado de muchos problemas…

Capitulo once: Te amo

Ambos estaban perdidos, y por cosa del destino en el mismo lugar, estaba caminando por un paso entre el parque cuando, alzando su triste mirada se encontró con una tambaleante y perturbada chica de hermosa figura y deprimente semblante. Aún estando completamente empapada y con el cabello sobre la cara acompañado de su fleco sabía bien quien era, y sus ojos se abrieron de par en par creyendo estar teniendo una alucinación.

-Hi… Hinata- pronunció inquieto, y entonces sintió que el piso se le movía bajo los pies -¡¡Hinata!!- corrió hacia ella sin poderlo creer completamente y sacándola de control en cuanto llego hasta ella aún con su impresión desmedida.

-Naruto-kun…- mencionó con su voz muy confundida, no estaba esperando encontrarse a nadie ahí, y mucho menos a el.

-Aun estas aquí…- admiro su imagen tomándola de los hombros sin poderlo creer aún y para cerciorarse que en realidad no fuera algún truco de su mente la presionaba para darse cuenta de que fuera completamente real. No parecía ser verdad, pero lo era… -¡Estas aquí!- la abrazó abruptamente sin darle oportunidad de tan siquiera moverse.

-Uh… Naruto- se quedo estática, no solo por estar ahí con el, si no que la impresión de haber sido capaz de escaparse y luego haberse topado con el ya había sido mucho para ella, en cualquier momento perdería la conciencia.

-Por favor no lo vuelvas a hacer…-

-Naruto-kun…-

-No te vuelvas a alejar así, no lo hagas…- le suplico con todas sus fuerzas.

-Pero… Naruto…-

-Perdóname por favor, fui un idiota, debí haberte escuchado- la presionó con más fuerza aferrándose a tenerla en sus brazos con todas esas ansias que se había guardado durante todo ese tiempo -lo siento tanto…-

-Na… Naruto-kun…- terminó por desmayarse sobre el.

-¿Hinata?- notó como se caía, tal y como si de una muñeca de trapo se tratara -¡Hinata!, ¡Hinata!- trató de reanimarla pero sin lograr algún efecto, había perdido la conciencia por completo. Sin saber que hacer y con la lluvia aún sobre los dos la cargó entre sus brazos y emprendió el rumbo hacia su casa, llevarla a la mansión Hyuuga hubiera sido el peor error que pudiera cometer, ya que al entregársela la pondrían en ese avión inmediatamente apartándola de el lo quisiera o no, y aún debía despejar muchas dudas que tenía ahora que ya le tenía ahí…

Al llegar a su departamento la recostó en el sofá, no había nadie en su casa, y desde que entró a la recepción la mirada de todos al cargarla se sintió llover sobre el, pues se veía demasiado extraño que llevara a una chica inconsciente a su casa sin dar aviso a nadie, por lo que se prestaba a hablar mal. Aún así los ignoró y se desapareció por el ascensor del cual agradeció al cielo que no hubiera subido nadie más en lo que llegaba a su piso, y así lo hizo. Y ya estando adentro un escalofrío le cruzó por la columna seguido de un sonoro estornudo, lo que lo hizo pensar que el haber estado bajo la lluvia helada que se soltó hace un tiempo les perjudicaría en su salud posteriormente.

Volteó a ver a Hinata y la descubrió ahí, perdida en un profundo sueño gracias a su cansancio, con sus hermosos ojos cerrados y su bello cabello húmedo pegado a la piel, para el era la chica más hermosa que pudiera haber visto antes, y no estaba nada equivocado, pues quien pudiera verla en esos momentos terminaría diciendo lo mismo. Por lo consternado que estaba no se limitó a acariciar su rostro tímidamente para sentir su tersa piel, estaba fría y también muy lisa, y recapacitó sobre el hecho de que ella también estuviera empapada no podía ser bueno… pero tampoco lo sería si ella se despertara y se encontrara con ropas distinta a las que llevaba, tal y como cuando la salvó de ahogarse en la piscina de la escuela tiempo atrás (aunque esa vez no llevaba ropa alguna)…, aún así no quiso continuar pensando más en esas cosas y se marchó a su habitación para buscar algo de ropa seca y también un muda para Hinata, por lo que se adentro más en el departamento hasta las escaleras del segundo piso y llegar a su habitación.

En eso Hinata comenzó a regresar en si, creyó haber soñado que después de haberse escapado de la limosina se encontró con Naruto en el parque bajo la lluvia, pero lo único que pudo pensar en esos instantes fue que tal vez se debió haber desmayado en la calle, Neji la hubiera encontrado tiempo después y llevado a la mansión Hyuuga, pero para su sorpresa esa teoría se vino abajo cuando se incorporó y notó que en el sofá donde se encontraba recostada tenía, a un lado, entrecruzada una chaqueta larga con un remolino que conocía de algún lado, el símbolo de alguien.

-¡¡Naruto!!- reaccionó inmediatamente al darse cuenta de que lo que creyó era un sueño era real y había pasado.

-Veo que despertaste- escuchó una voz desde sus espaldas, lo que la obligó a voltear sentándose en el asiento y reconociendo al rubio acercándose a ella, trayendo algunas prendas en sus manos -Te traje una muda de ropa, si te quedas con la que traes puesta te vas a enfermar- le advirtió amablemente mientras se las entregaba.

-Gra… gracias…- se contuvo a decir extrañada y a cubrirse el rostro con ella en un vago intento para que no notara su sonrojo – ¿En… en donde estoy? – pregunto nerviosamente al no captar cual era ese lugar nuevo para ella.

-Te traje a mi casa- le explicó mirando al techo como si estuviera buscando algo en la nada.

-¿Eh?- empalideció al escucharlo, estaba en la casa de Naruto, el lugar donde menos imaginaba encontrarse.

-Te desmayaste en el parque, y solo se me ocurrió traerte aquí- le dijo mientras tomaba asiento en el mullido sofá para una sola persona de enfrente, sin dejar de mirarla con tanta profundidad.

-Entonces no fue un sueño…- se quedó pensando algo apenada por haberse derrumbado justo en ese momento tan importante, pero la impresión hizo de ella un embase que terminó desbordándose del impacto por todas sus emociones.

Estaba pensando en algo parecido cuando se topo con los ojos azul intenso de Naruto sobre ella, observándola tan directamente que se sonrojó un poco más.

Hubo un gran silencio entre los dos mientras intercambiaban miradas y, a pesar de que ella trataba de esquivarla era un impulso automático volver a caer y ceder a sus mirar una y otra vez. El único sonido que se alcanzaba a distinguir era el de la tormenta de afuera por los enormes ventanales que eran golpeados por el agua en forma de grandes gotas heladas, hasta que al fin se dignaron a hablar para decirse todo lo que reprimieron durante ese largo tiempo.

-Yo nunca…- hablaron al mismo tiempo –primero que nada…, es que tu…-

-Mejor tu primero- se adelantó a darle el turno a la joven quien por un momento callo.

-Yo…- trató de aclarar su mente la pelinegra antes de hablar, pero solo soltó lo que necesitaba decir, no podía seguir manteniendo así de confuso lo que se creía de ella –No me gusta Sasuke…, no estamos saliendo…- habló rápidamente y dejando mudo al rubio quien de inmediato se irguió en su asiento –No fue mi intención que creyeras que había algo entre nosotros por que no lo había, ni lo hay…- callo un segundo al sentir que había perdido la voz, aunque se recuperó pronto, ya que sabía que debía decirlo todo –pero cuando trate de explicarte…

-Yo no te escuche…- la interrumpió terminando por ella con sus palabras, estaba consiente de lo que había hecho –Si…, debía haberlo supuesto antes de haberme llenado la cabeza de tonterías …- sonrió para si mismo, pues estaba muy aliviado por desmentir eso de una buena vez, incluso llego a sentir un poco de paz en su interior, paz que se vio abruptamente cortada por la sombra de sus demás intrigas –Eso significa… eso significa que no estas saliendo con nadie… ¿verdad?- continuó interrogándola para estar completamente seguro de que no había nada mas que no estuviera al descubierto con respecto a alguien a su lado.

-No, nadie...- se quedo pasmada al tratar de entender el porque acaba de preguntarle eso con tanta inquietud (incluso cuando la respuesta fuera bastante obvia).

-Vaya- la miró entre calmado y feliz –eso fue… demasiado enredado- dijo rascándose la cabeza y depositando su espalda en el respaldo, los dos se habían complicado mucho la vida al estar creyendo lo que no era. En medio del silencio que había entre los dos, cada uno con sus pensamientos por su parte, Hinata se frotó los brazos tratando de obtener un poco de calor por la fricción. La ropa se le pegaba al cuerpo por estar toda empapada, obviamente estaba helada, y por supuesto que no pasó por alto para Naruto.

-Ah que tonto soy- dijo dándose un golpe en la cabeza con la mano -lo siento Hinata, te puedes ir a cambiar al baño, esta al fondo, es la segunda puerta- le indicó a lo que esta solo se limitó a asentir con la cabeza después de escapar de sus ojos, levantarse y dirigirse a donde este le había señalado por el pasillo.

La puerta era sencilla, de color café, o por lo menos ese era el color que alcanzaba a distinguir debido a lo oscuro que estaba. Los enormes ventanales de la estancia daban luz a todo el lugar, una misteriosa luz de cielo nublado con algunos tonos muy leves de gris y azul, pero lo que era ese pasillo hacía la diferencia total, estaba sombrío con matices que iban desde el gris hasta la negrura más profunda. Giró la perilla y se adentro a la oscura habitación, tocando a tientas la pared encontró el interruptor de la lámpara de arriba, y al encenderla pudo divisar un baño completo decorado con azulejos azules y blancos, había bañera, lavamanos, retrete y un enorme espejo en la pared contraria a la entrada donde podía ver completamente su reflejo desde la puerta; se adentró cerrándola tras de si y se acercó a dejar la ropa que le había dado Naruto sobre la tapa de la taza mientras veía detenidamente su imagen en el espejo. Se sentía extraña, no por que estuviera en la casa de Naruto, sino por que nunca antes había actuado tan arrebatadamente como lo hizo al escapar del automóvil a la primera oportunidad que tuvo. Sabía lo que le esperaría cuando su padre se enterara, lo más seguro es que estallara y decidiera venir personalmente a buscarla a Tokio, y conociéndolo como lo conocía no tardaría mucho en dar con ella, aun que esos escenarios eran un asunto que no quería atender aún, pues no había tomado ninguna decisión conforme a que sería lo que haría ahora.

–Lo más seguro es que Neji deba estar buscándome como loco ahora- suspiro derrotada, al haber escapado así como lo hizo lo acaba de meter en serios problemas, Hiashi lo reprendería fríamente por no haberla mantenido vigilada como se lo había pedido con tanta cautela, aún que eso no sería nada con respecto a lo que le esperaría a ella estando frente a su padre, y la sola idea la hizo estremecer.

Tratándose de despejar un poco se quito la blusa del colegio y, en ropa interior se volvió a ver que ropa le había llevado el rubio, la cual consistía en una playera larga de mangas cortas -que obviamente le quedaría grande- y unos pantalones cortos que para su gusto hacían honor a su nombre por el tamaño.

-Deben ser los del colegio- Se dijo a si misma con una sonrisa pícara por el descuido del rubio, y sin más que decir y desnudándose completamente se vistió y exprimió su cabello del agua que todavía caía de este.

Ya cambiada acomodó su ropa en la bañeran, extendiéndola para que pudiera secarse lo más rápido posible, y se dispuso a marcharse. Estaba caminando por el pasillo cuando un aroma en el aire proveniente de la cocina la detuvo a la mitad del camino con sus pies descalzos sobre la alfombra. Al dirigirse a donde provenía, la única habitación donde la luz estaba encendida, se encontró con Naruto preparando ramen instantáneo en dos platos para ambos, estaba poniendo tanto cuidado en que se viera lo más apetecible que pudiera –si se podía más- y llevarlos a la mesa que no quiso interrumpirlo en lo que hacía, pero este termino notando la presencia de la joven en la entrada.

-¿Te quedas a cenar verdad?- le sonrió dulcemente, no había otra cosa más que pudiera hacer al estar en tal situación en la que no podía regresar a su casa ni tener algún otro lugar a donde ir, tema que no había querido tocar debido a que estaba a su lado para apoyarla en lo que fuera más que como amigo, acto que Hinata agradecía inmensamente con su silencio.

-No lo se… ¿quieres que me quede?- le pregunto alegremente mientras se acercaba a el junto a la mesa de la cocina y robándole una pieza de carne de uno de los platos.

-A comer si- le aviso –pero quedarte a dormir será tu decisión- dijo haciendo que Hinata estuviera a punto de atragantarse con la comida, la cual tuvo que pasar rápido para evitarlo –Y es una invitación eh…- se aseguró de que hubiera captado el mensaje con un guiño que provocó que se pusiera más colorada que un pimiento maduro.

-Ah… no… Naruto, no quiero importunar…- trató de zafarse aún cuando conocía a la perfección que no había otra opción mas que esa.

-Nada de eso- la interrumpió dándole el plato de ramen en las manos para después dirigirse a la sala –Hoy te quedas aquí, luego platicamos ¿si?-

-Naruto…- se quedó callada al verlo salir de la cocina como si nada, -gracias…-

-Oye, ya que estamos aclarando detalles ¿te puedo preguntar algo?- le dijo una vez sentados en la sala.

-Si, claro- dijo sorbiendo los tallarines tiernamente dirigidos a su boca con los palitos, y ante esta respuesta el otro solo pudo verle con curiosidad y una cara meditante, aún con ramen en la boca.

-¿Eres gimnasta?- preguntó – Me lo dijo Shino, es solo que quería saber si de verdad lo eres…-

Hinata llegó a dudar un poco en hablar de ello, pero no quería volver a sentirse triste estando a un lado de Naruto, así que le respondió con toda la tranquilidad del mundo.

-Si- asintió terminando su bocado –práctico desde hace varios años, pero siendo honesta prefiero los clavados- hablo recordando sus entrenamientos como si se tratara de la mejor parte de su vida, y no lo podía ocultar.

-¿Y… de verdad estas en el equipo de gimnasia de la escuela?- continuo interrogando el otro.

-Desde hace poco, no llevo mas de dos semanas- explicó.

-¿Y te gusta?-

Al escuchar esa pregunta Hinata se helo, nunca antes había tenido que responder eso en su vida, llegaba a cuestionarse la razón de por que entrenaba tan arduamente si no lograba ser tan buena como se esperaba que lo fuera, hiciere lo que hiciere. Pero no pasaba de ahí, pues se repetía a si misma que solo debía mejorar y nada más. Y, viendo la oscuridad que posó en la cara de la pelinegra Naruto captó rápidamente que había cometido un error al preguntar.

-No respondas si no quieres, no es mi intención hacerte sentir incómoda- aclaró…

-No… no es eso… es solo que nunca antes había tenido que decir la verdad…

-¿Verdad? ¿A que te refieres?-

-Mientras solo sonriera y dijera que era mi deber mejorar a cada entrenamiento… todo debía estar bien… aún si… me estaba consumiendo por dentro…-

-Hinata…- la miró compadecido de sus intenciones de querer complacer a su padre. Su silencio decía todo, lo odiaba con todas sus fuerzas, pero no era el deporte lo que se ganaba detestarlo, lo que le fastidiaba y destruía era la presión que ella misma se ejercía a costa de su propia salud para poder continuar y lograr así el reconocimiento de su padre.

Ella por su parte no sabía muy bien lo que le había dicho, estaba segura de que se sentiría como una traidora si hablaba sobre cuanto aborrecía tener que repetir las mismas rutinas, variaran lo que variarían, seguía siendo bajo el mismo yugo de insistencia y presión autoinflingida y que, aunque no fuera culpa del entrenador y aún ausente su padre, sentía como sus ojos penetrantes la atravesaban bajo un solo lema para ella: no eres lo suficientemente buena...

Estaba a punto de dejar que sus ojos se humedecieran cuando de pronto sintió como los brazos de Naruto la cubrían directamente. Se levantó y se dirigió hacia donde estaba ella expresamente para poder abrazarla e impedir que se dejara vencer otra vez.

-No obedezcas sus órdenes…- le pidió al oído antes de que esta pudiera soltar un solo sonido de su boca.

-¿Eh…?-

-No vuelvas a sentirte mal por su culpa, no permitas que te haga dudar de lo que eres, nunca más vuelvas a hacerlo-

-Naruto…-

-Tú me enseñaste esta lección una vez, ¿recuerdas? Estábamos en las competencias y tú me recordaste que debía tener fe en mí, tener fe en mi lucha…

-Naruto-kun…

-Es hora de que yo te devuelva el favor, si el no puede entenderte yo hare que lo haga, lo haré entrar en razón, solo así podrás practicar lo que tu quieras, ser libre de su mandato, de sus reglas estrictas. Déjame hablar con el, déjame ser yo quien te libere…

La ojiperla abrió los labios con la mera intención de responderle, pero nada salía de estos, solo era un sonido enmudecido por el eco de lo que no hallaba como expresar, y abatida por creer, y también saber que no podría hacerlo suspiró desanimada a pesar de todos los sentimientos que le había movido el rubio por sus palabras.

-¿Cómo podrías hacerlo? El nunca te escuchara…

-Eso no importa, hare que me escuche

-No, por favor no lo hagas…- le imploro aferrándose a su playera, apretando la tela con sus puños.

-¿De que hablas?- se apartó un poco de su cuerpo para querer saber por que no le permitía actuar en su favor, y cuando por fin pudo verla se encontró con la cara más triste que pudiera haber visto en ella, esa actitud derrotada, pesimista, vencida, verla así era deplorable, su tristeza y depresión emanaban desde su interior como una aura gris y deprimente que se dejaba bañar sobre su cuerpo, y cuando de nuevo aparecieron lágrimas en su rostro trató de entenderla aún más, pero no podía, ¿Por qué no dejaba que la ayudara?...

-Por favor, no lo retes, prométeme que no te acercaras a el…

-Hinata…- pronunció su nombre entre las tinieblas de la noche que por las ventanas dejaron oscurecer todo el departamento, y, con su mano, secó las brillantes y saladas lágrimas que rodaban por sus mejillas… -¿Por qué?...-

Cuestionaba su vulnerabilidad, aunque lo que no sabía era que esto le resultaba más difícil de asimilar a ella que a el.

-No quiero que te haga daño…- se le lanzó encima callando sus sollozos lo más que podía, pero sin lograrlo, y al percatarse de su noble intención el rubio no hayo las palabras correctas para rebatir eso.

-¿Hacerme daño?...

-Mi padre… el…- se fue calmando lentamente, su familia tenía secretos que no podía expresar libremente a los cuatro vientos.

Como hombre de negocios el renombre era todo lo que tenía, su honor, su familia, su orgullo, pero su hermano Hizashi se metió en un tremendo lío cuando desertó en hacer alianza con una empresa, la cual tenía fama de estar relacionada con la mafia, y secuestraron a Hinata al estar más accesible, pues Neji estaba de vacaciones con su madre lejos de Japón. Como resultado su tío había perdido la vida, y Hiashi mató al propio secuestrador que intentó llevársela y que se deshizo de su gemelo; al haber sido uno de los integrantes de esa familia de matones la desgracias cayó sobre la familia Hyuuga, y Hiashi se vio obligado a hacerse de malas compañías para su propia defensa y el bienestar de su familia, sobre todo acabando de morir su esposa y siendo el principal foco de atención Hanabi. Este poder no era algo para enorgullecerse, pero no le quito potencia a sus actos cuando, al haber sido maltratada por uno de sus maestros cuando iba en el internado y teniendo sospechas de que fuera a hacerle algo malo a su hija al tener fama de conquistador, lo mandó matar, y que manera de matar… algo tan infame, tan vil, tan bajo, que no esa muerte no se la desearía a nadie. Lamentablemente esa no fue la única vez que mandó matar a alguien para "proteger" a sus hijas, pues su entrenador privado, un hombre bastante joven comenzó a sentir apego y atracción por ambas hermanas, y al sospechar lo mandó golpear, con tan mala suerte que lo dejó inválido. Ellas agradecieron que no le quitara la vida, pero haberlo dejado en silla de ruedas, perdiendo su empleo y sus oportunidades después de haber sido tan respetado y famoso en lo que hacía, más valía haberlo llevado a la tumba, aún cuando se había tratado de un hombre bueno sin ninguna mala intención hacia ellas.

Solo era cosa de que Hiashi considerara a Naruto como una mala compañía para ella y se soltaría a caerle encima con todo sus contactos y su poder.

-Nunca te dejare vivir en paz, sus negocios lo han llevado a mezclarse con la peor clase de gente que te puedas imaginar, incluso… incluso podrías llegar a perder la vida…-

Dicho esto Hinata sintió como un escalofrió le recorrió por la espalda en un fugaz presentimiento de que algo malo iba a pasar, y el único que estaba para recibir un castigo inmediato era solo uno: Neji.

Ante la posibilidad de que su padre fuere a cometer algún error irremediable al estar furioso se separó de Naruto bruscamente con un empujón haciéndolo caer directamente en el sillón.

-Lo siento, no puedo…- saltó del sofá para tratar de correr lejos de ahí.

-¡Espera! ¡Hinata!- trató de detenerla el rubio, pero estaba muy acelerada. Con una rapidez sorprendente tomo la chaqueta de Naruto que se encontraba en el mismo lugar donde la había visto antes y salió corriendo hacia la puerta principal, donde se puso sus zapatos y abrió la puerta para poder escapar.

-Demonios…- refunfuñó Naruto entre dientes al verla huir sin haberle dado razones para hacerlo, y saltó del sillón al igual que ella lo hiciere segundos antes para darle alcance antes de que ella saliera del edificio.

No había legado a la mitad del pasillo cuando sintió que alguien le impedía continuar su camino tomándola de un brazo, y al girar se encontró con los ojos azules de Naruto mirándola duramente.

-Detente

-Naruto-Kun…-

No le dio tiempo de decir ni una sola palabra más, pues en ese momento el rubio la azotó levemente en la pared tomándola de las muñecas y poniéndose delante de su cuerpo, muy cerca para evitarle huir nuevamente.

-Naruto, basta, déjame ir, por favor…- forcejaba para hacer que la soltara, pero era más fuerte que ella.

-No, no hasta que me digas que esta pasando- le dijo con enfado más que nada.

-¡No puedo!, por favor, ya déjame ir, te lo suplico…-

-¿Por qué? ¿Qué acaso no lo entiendes?- la regaño diplomáticamente y con dolor –No quiero que nada malo te pase-

-Naruto… yo tampoco quiero que te pase algo-

-Entonces déjame protegerte-

-Naruto…

-Te amo…

Tan absorta en su entorno y con tantas ganas de quererse ir no sintió llegar eso como un golpe en la cara, eso y por el hecho de que todos sus furibundos esfuerzos se detuvieron de golpe al escuchar esas dos palabras provenientes de Naruto. Sin saber como reaccionar, los labios del rubio se estamparon en los de ella en medio de un necesitado y en algún momento brusco beso que le transmitía a ella toda la impotencia que sentía al no saber como ayudarla, como protegerla, la necesitaba, y ella lo necesitaba también. Y dejando de lado lo que tenía que pensar se entrego a ese intenso beso que profundizaron aún más cuando Naruto se dio cuenta de su aceptación, y, lentamente, los dos se fueron entregando a su pasión mientras se fundías ambos cuerpos en uno solo.

En ese momento no había nadie ni nada más, solo estaban los dos, solos, necesitando al otro con la misma ansiedad de poseerse…


Lemon, lemon, lemon…

Hola. Aquí yo, emocionada…

¡Picante!

Los veré en la continuación, bueno, los leeré.

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Besos

Vixen