Capítulo 11 - El bosque de los Duendes Herreros.

El Argo IIvolaba en el cielo con toda su magnificencia. El viento era agradable y contribuía para que el buque de guerra pudiera volar. Gumball había logrado que su nena- así lo llamaba él- volara gracias a un motor propulsor que él había instalado: un motor de cohete. Los mástiles estaban bien sujetos y enderezados, sujetando las velas que se estiraban y servían a la vez como planeadores.

Finn observaba el entorno desde el Carajo del barco. Finn se reía del nombre, pues cada vez que iba a subirse allí decía «Voy a ir un rato al carajo«. En fin, ése lugar le ayudaba a pensar. Sabía que estaba a una altura considerable, si se producía algún accidente, si atacaban al buque o por alguna distracción suya, podría y hacerse papilla al estrellar contra la cubierta, o peor aún, contra el suelo.

Sí, era muy peligroso, pero Finn prefería correr el riesgo. Él es un aventurero. Se ha enfrentado a miles de adversarios, cada uno más peligroso qué el anterior y había logrado salir vivo, algo tan insignificante como estar en el Carajo y correr el riesgo no lo va a intimidar. Viendo el lado positivo de las cosas, al menos no navegaban en el mar.

Finn decidió subir hasta allí porque la altura le ayudaba a pensar. El viento soplando en su cara le tranquilizaba. El humano suspiró. Había notado la carga que sostenía sobre sus hombros, la carga del liderazgo. Él era un líder ahora, tal vez los demás no le iban a decir en la cara, pero sabía que lo habían elegido para tal misión.

Golpeó el mástil con el puño. Ahora sabía cómo se siente Gumball. Él es el Príncipe Gumball. Guía a un imperio, tiene la carga de miles de aldeanos sobre sus hombros. Tal vez iba a pedirle ayuda más adelante. Ahora tenía otras cosas en mente. La abuela Zuzan predijo que iba haber muchos peligros al llegar a su destino. Finn apretó los dientes, no le gustaba como suena, la última vez tuvieron muchas dificultades para obtener el mísero mapa, ahora iban a tener dificultades para descifrarlo…También estaba la advertencia de Shake sobre Phiper. Conocía casi nada sobre ella, sólo sabía que era una Maga Cazadora y es muy coqueta. Luego nada, ni siquiera su pasado. Confiaba en ella, pero lo más recomendable es tener un ojo pegada a ella y el otro en la misión, porque según el bartender, era una mujer traicionera.

–Es raro que pienses tanto.

Finn sonrió.

–Es raro que no estés durmiendo.

Marshall estaba al lado suyo, recostado en el aire como si fuera un sillón.

–Sí, supongo que dormí mucho allá en el «Hotel«– tocó una nota con su Hacha-guitarra–, bastante acogedor, por cierto.

–Sí, dormiste casi un día completo– contestó–, por cierto, lindo sombrero, Luffy.

Marshall alzó la mirada. En su cabeza llevaba puesto un sombrero de paja.

–Pues sí, ya sabes…– dijo señalando su horrenda quemadura en el cuelo, que seguía tan roja como un tomate–, desaparecerá después de un día, pero prefiero no volver a quemarme.

Finn miró hacia delante. Apretó fuertemente los puños.

–Nunca antes me había enfrentado a algo parecido a Grace– dijo.

–Yo tampoco– el Vampiro tocó otra melodía–. Creí que moriría allí, ¿sabes lo fuerte que es? Yo, Marshall, el más fuerte de todo el equipo, a punto de morir.

–Si Grace no te mata tu ego lo hará– dijo el humano.

–No todos los días te enfrentas a algo así– prosiguió–. Ver a la chica que quieres amenazada y sentirte impotente…

Finn no dijo nada.

–Pero tú nos salvaste. Puede ser que seas un humano, pero eres igual de fuerte que yo, debo reconocerlo.

Finn se rió.

–La más fuerte de aquí es Fionna– dijo sonriendo–, ella nos salvó, yo solo ayude.

–Puede ser– Marshall sonrió al ver adelante– dime… ¿tienes miedo?

Finn sonrió al ver hacia delante. Un enorme bosque se alzaba con toda su magnificencia. Sus árboles eran tan grandes, tan frondosos y estaban tan juntos que oscurecían el bosque. Las sombras que proyectaban daban un toque fúnebre y macabro al lugar. Había tantas madres selvas que incluso algunas plantas podrían ser venenosas. Una niebla extraña rodeaba el bosque y le daba un halo de peligro.

–No– contestó Finn, sonriendo–, solo estoy emocionado.

… …

El Argo II había anclado a escasos centímetros del bosque. Cuando todos desembarcaron del buque de guerra, Gumbal sacó un control de mandos de su bolsillo, luego apretó uno de los tantos botones y el buque comenzó a ascender. Sus enormes remos de desplegaron y comenzaron a moverse, como si estuviera remando en el aire, comenzando a alejarse de a poco.

–Hice que el Argo IIzarpara hasta que volvamos– dijo Gumbal, guardando el control–. Prefiero no correr el riesgo que suceda lo mismo que con Grace.

–¿Grace? La guardiana del Castillo de Arena, ¿no? – Preguntó Rick–. He escuchado muchas historias de ella en la A.C.R. Según lo que escuché es una mujer muy fuerte…

–Sin duda– contetó Marshall señalando su quemadura.

Rick hizo una mueca de dolor.

–Sí que se divierten– habló Pipher–. En fin, síganme. Debemos buscar al viejo Joey.

Finn miró el bosque. La entrada era un pequeño arco de madera que estaba sujeta a los troncos de dos árboles. Un letrero colgaba en la punta que rezaba: bienvenidos al bosque de los Duendes Herreros. Una vez que entres aquí, ¡jamás podrás salir!

Lindo letrero. Finn pensó que sin dudas el letrero ayudaba a los turistas a entrar al bosque. ¿Quién no quería entrar a un bosque con un letrero que anunciaba tu posible muerte. Lindo marketing. Pero debían entrar. Allí adentro se encontraba el viejo Joey, un anciano de Trescientos treinta y cinco años de edad. La única persona que podía ayudarles a descifrar el mapa, claro, suponiendo que siga vivo. Además… aún estaba el problema de descubrir qué le gusta comer. Según el viejo Shake, Joey solo los ayudaría si descubren cual es su plato preferido.

Miró el bosque. ¿A quién le gustaría vivir en un bosque alejado de la mano de Dios? Suspiró… al menos sería divertido, ¿no? Se dio cuenta que Fionna lo estaba mirando. Bajó la mirada, sus manos estaban temblando, ¿tenía miedo?

–¿Estás bien?– preguntó Fionna. Se veía realmente preocupada por él.

Finn ocultó la mano en su bolsillo, luego le dedicó la mejor sonrisa que podía.

–Claro, no pasa nada.

–Finn… no está mal sentir un poco de miedo– dijo la humana suavemente–, todos tenemos miedo.

–Soy un aventurero– dijo seriamente–, no puedo tener miedo.

–Yo también lo soy– dijo cogiendo la mano temblorosa del humano– y también tengo miedo. No temas a tener miedo…

–Es diferente– dijo apartando su mano.

–¿En qué?

–¡Oigan!– Gritó Pipher–. ¡Si no se apuran los dejaremos atrás!

Finn vio que el grupo comenzaba a adentrarse en el bosque.

–Debemos apurarnos Fionna– dijo el humano–. Hablaremos luego.

-Finn…– dijo Fionna algo preocupada.

… … …

A penas entraron al bosque, Fionna notó lo oscuro y húmedo que era. Los troncos de los árboles estaban llenos de musgo y moho. Algunos árboles ya estaban podridos, rotos y llenos de termitas. Algunos estaña chuecos y sus ramas tenían formas de garras afiladas y macabras. Algunos pájaros desconocidos posaban en las ramas y comenzaban a cantar, algunas eran cantos melodiosos y otros tenebrosos.

Fionna tenía la leve sospecha de que en el bosque habitaban Lobos carniceros. Había indicios en todas partes. Además de los lobos debían habitar millares de monstruos más, el aire se enrarecía debido al putrefacto olor de las bestias.

Fionna miró uno por uno a sus compañeros. Gumball miraba su alrededor receloso. Tenía una mano guardada en el bolsillo, donde tenía guardado el mapa. Su mochila parecía una normal, pero en realidad era uno de sus tanto inventos. Una mochila donde podías guardar todo lo que quisieras en su interior.

Gumball caminaba con su Hacha-Guitarra sobre sus hombros. Caminaba despreocupadamente. Se veía algo aburrido, pero Fionna sabía que si algún monstruo atacaba, él sería el primero en atacarlo.

Rick en cambio, parecía el más asustado en el equipo. Jugueteaba con sus dedos mientras miraba su alrededor preocupado. Se sobresaltaba por cada pájaro que posaba sobre las ramas o cualquier ruido. Hasta se asustaba de su propia sombra.

Pipher, por su parte, pulía su arco, mientras encabezaba el equipo, guiándolos a quién sabe dónde. Fionna aún no confiaba en ella. A penas la habían conocido hace pocas horas. Se había ofrecido a guiarlos por el bosque y nadie protestó, todos parecían confiar en ella, pero… ¿por qué? Finn la aceptó de inmediato e incluso la defendió… no es que estaba celosa… La abuela Zuzan le había dicho que estaba celosa… pero no lo estaba… aunque Pipher coqueteaba mucho con Finn.

Fionna miró a Finn. Antes de adentrarse en el bosque, las manos del humano estaban temblorosas. Fionna sabía que Finn tenía miedo, lo presentía, pero, ¿miedo a qué? No era a los peligros que el bosque podría presentar, ni a sus retos, ni a los monstruos, entonces… ¿a qué?

Pipher se detuvo. Frente suyo se alzaba una encrucijada: Hileras de árboles se unían, creando tres caminos diferentes, uno adelante, otro a la izquierda y uno más a la derecha.

–Esto es raro…– dijo Fionna.

–Bastante– apoyó Gumball, estudiando los árboles–. Estos árboles no pudieron nacer de ésta forma, alguien debió colocarlos en hileras.

–Pues sus raíces están bien pegadas al suelo. – Finn tocó las raíces comprobando su afirmación.

–Alguien quiere tendernos una trampa– dijo Marshall atento.

–O algo– dijo Finn blandiendo su espada.

–Esto no me agrada– Rick retrocedió, temeroso.

Pipher sacó una flecha de su carcaj.

–Debemos elegir un camino si queremos continuar.

–¿No es muy peligroso?– preguntó Fionna.

–Tal vez. ¿Tenemos otra opción?

A Fionna le hubiera gustado decir que tenía una segunda opción, algo mejor que elegir un camino que quién sabe dónde los iba a llevar, ¿tal vez a su perdición? Lastimosamente no era así. Estaba escasa de opciones.

–Bien, entonces, ¿Cuál pasillo elegimos?– preguntó Finn.

–Dejemos que la suerte nos guíe– dijo Pipher sonriendo.

–¿Qué?– preguntó el príncipe– ¿Así sin más? ¿Echaremos a la suerte qué camino? ¡Eso es ilógico! ¡Ridículo!

–Funcionará– dijo la Maga Cazadora, colocando una flecha en su arco.

–¿Qué harás?– preguntó Gumball.

–Ya lo verás– dijo cerrando los ojos.

–¿Lanzarás un arco al azar?– preguntó Fionna.

–La flecha decidirá. Si se clava en uno de los árboles…– dijo Pipher.

–Es el camino que tomaremos– dijo Finn pensativo–. Algo temerario… pero me gusta– sonrió–. Hazlo.

–¡Espera, no!– gritó Gumball.

Pipher sonrió y lanzó la flecha. Al principio iba recto pero por alguna extraña razón dobló y fue directo al árbol de la izquierda. Gumbal se quedó con la boca abierta.

–Bueno– dijo Pipher abriendo los ojos–. Es allí adónde debemos ir.

Fionna suspiró. Este bosque realmente era muy extraño. La flecha se desvió de su trayectoria y fue atraído a aquél árbol como si de un imán se tratase. A Fionna todo eso le daba mala espina, pero, ¿qué no le parecía raro en todo ése bosque?

–Debemos movilizarnos– dijo Pipher sacando la flecha del tronco–. Nos queda mucho camino por recorrer.

Y en realidad fue así.

Se adentraron en aquél pasillo que formaban los árboles. El pasillo parecía interminable. Por cada paso que daban parecía que nuevos árboles nacían y alargaban más el camino. Fionna tenía el presentimiento que algo los acechaba, no sabía quién o qué, pero cada vez que seguía adelante, adentrándose más en aquél bosque, más crecía su paranoia.

Caminaron unos cuantos metros más hasta que por fin vieron el final del camino. Dos árboles viejos y mohosos formaban un arco. No tenían más hojas y estaban chuecos, de tal modo que sus ramas formaban dos manos con sus dedos entrelazándose. Fionna pensó que ésa era una posición de toserse bastante interesante para un árbol.

Cuando pasaron entre los árboles, el paisaje al otro lado era bastante… tétrico. Había millares de árboles viejos, mohosos y casi pelados por todos lados. El cielo estaba nublado y una tormenta amenazaba con acercarse con sus relámpagos, Fionna estaba segura que antes el clima no estaba así. El suelo estaba lodoso y fangoso. Más en el fondo un pantano se extendía, burbujeando y eructando.

–¿ Nos equivocamos de camino?– preguntó Finn observando el inhóspito lugar.

–No– contestó Pipher–. Estamos justo donde deseaba llegar.

Rick arqueó las cejas.

–¿A qué te refieres?

–Verás… la única forma de que Joey acepte ayudarnos es que preparemos su comida favorita– contó la Maha Cazadora.

–Y estamos buscando ingredientes– dijo Gumbal, cruzándose de brazos.

–Bastante inteligente, princeso.

Marshall se rió.

–Princeso, pff.

–Cállate– dijo algo irritado.

–¿Qué exactamente buscamos– preguntó Fionna.

–Un hongo que solo crece allí– dijo señalando el pantano–. Bien, ¿quién se apunta?

… … …

Marshall odiaba participar en ésa clase de misión.

Estuvieron discutiendo acerca de quién bucearía en aquél horrendo pantano y buscar una especie de hongo marino y comestible. Marshall pensó que no le gustaría en como su plato principal un hongo sacado de un pantano. Luego de una discusión sana, decidieron que un grupo de tres personas debían sumergirse en el pantano y otros tres debían quedarse arriba, vigilando que nada malo pase.

Finn fue el primero en ofrecerse para buscar el hongo. El chico era realmente valiente, pero a Marshall no pasaba por alto que su mano estaba temblando, Fionna también lo había notado pues parecía preocupado por él.

La segunda en ofrecerse fue Fionna. Dio un paso adelante, sonrió a Finn. Pipher lanzó una mirada divertida y significativa a la humana. Marshall suspiró, luego dio un paso ofreciéndose como el tercer y último miembro del equipo. Finn lo miró y sonrió, el vampiro le devolvió la sonrisa. Odiaba sumergirse en un pantano, pero no iba a dejar a Finn solo con Fionna y tampoco iba a dejar que se lleve toda la diversión.

Una vez que terminaron las elecciones, el trío de amigos fueron a la orilla del pantano para conversar acerca de la misión y alistarse.

–No me gusta los pantanos– dijo Fionna observando el pantano poco higiénico.

–Somos dos– apoyó Marshall.

–¿Tienes miedo a los pantanos?– preguntó Finn riendo–. Marshall, el rey de los vampiros, el más «fuerte« de la tripulación…

–Cállate– dijo enojado–. Al menos yo no estoy temblando.

Finn guardó la mano en su bolsillo.

–Tengo dos buenas razones.

–¿Cuáles?

Finn se encogió de hombros, apenado.

–Tengo Talasofobia.

Fionna y Marshall se miraron entre sí.

–¿Por qué aceptaste esta misión entonces?– preguntó Fionna, preocupada.

–Debo hacerlo– dijo seriamente–. Es mi deber.

–¿Por qué es tu «deber»– preguntó Marshall–. Solo empeorarás las cosas si bajas.

–Aprendí a controlar mi miedo… más o menos en Ooo. No arruinaré nada.

–Finn– dijo Fionna, acercándose al aventurero–. ¿Qué sucede. Por qué no nos cuentas lo que temes?

Finn miró a los ojos a Fionna, luego desvió la mirada.

–No es nada…

Pipher se acercó al grupo y lanzó tres cuerdas de polipropilenos.

–¿ Y esto?– preguntó Finn agarrando la cuerda a sus píes.

–Son cuerdas de Polipropilenos. Es una cuerda bastante resistente a los agentes atmosféricos, luz e hidrocarbóno– explicó Gumball–. Flotan en el mar por lo que se suele usar en ámbitos náuticos.

–El principito se le ocurrió que aten a sus cinturas las cuerdas, así nosotros lo amarramos a unos árboles y en caso de que surja algún imprevisto los arrastramos hasta la orilla. Muy inteligente, ¿no?

–No me llames principito– le dijo a Pipher–, pero sí, ésa es mi idea.

–Bien pensado, Gumball– dijo Fionna atando la cuerda a su cintura.

–Bien, entonces ustedes se encargan de sujetarlos– dijo Finn dándole el otro extremo de su cuerda.

–Tengan cuidado– dijo Pipher agarrando la cuerda–. No sabemos lo que puede haber dentro del pantano.

–Ésa es la mejor parte– dijo Marshall sonriendo.

–Nos gusta meternos en problemas– habló Fionna.

–Ya saben, el deber de un aventurero. – Finn se acercó a la orilla– Bueno, es hora de aventura.

Luego los tres se lanzaron al pantano. Pipher sonrió, esos chicos saben divertirse, sin dudas, pasaría una tarde divertida.

… …

Marshall se sorprendió.

A simple vista el pantano parecía algo pequeño, sucio e inhóspito, pero al sumergirse todo cambió. El agua parecía muy limpia para ser de un pantano. No era lodoso, el agua era limpia. Marshall comenzaba a pensar que el musgo que flotaba en la orilla solo era para disimular. El espacio también era agradable. Mientras más se sumergía más estrecho se hacía. Marshall comenzó a entender que la palabra «Lógica» no cuadraba con ése bosque.

Cuando tocó el suelo submarino, se dio cuenta de que era una mezcla de tierra, musgo y algas. Un suelo bastante viscoso. Miró a la izquierda, donde un barco hundido yacía inclinado, oxidándose de a poco. Algunas partes ya estaba destruidas y el ancla se había desprendido.

–¿Qué hace un barco hundido en un patano?– preguntó Fionna.

–¿Le echamos un vistazo?– preguntó Finn.

Marshall miró a Finn. Él y Fionna tenían unas bronqueas que le salían por ambos lados del cuello. Al sumergirse comieron una píldora hecha por Gumball. Una píldora especial que al comer le salía extremidades de pez como bronqueas y membranas en los dedos.

Marshall no necesitaba eso, pues él se adaptaba rápidamente al ambiente.

–Me parece una buena idea– dijo sonriendo.

Nadaron hasta el barco hundido. Marshall notó el mal estado en que se encontraba el barco. El musgo comenzaba a trepar en él y algunas algas comenzaban a crecer en sus paredes. La popa estaba partida y yacía en el suelo. El ancla estaba completamente oxidada. El trío de amigos intercambiaron miradas antes de entrar por el hueco que dejó la popa rota.

Adentro era algo oscuro, pero lograban orientarse sin problemas. Pasaron al lado de varios camarotes, sus puertas estaban rotas, se habían caído o tenían varios huecos. La cubierta estaba ahuecada y tenía varias grietas por donde salían algas. Marshall deducía que el accidente del barco era producto de esos huecos. Pasaron por el camarote del capitán. Finn abrió la puerta con estaba en ristre. Algunos peces salieron nadando por la ventana rota. El camarote era un desastre. La mesa del capitán estaba volcada. Un portarretrato cayó de cara, dejando su cristal esparcido por el suelo hecho añicos. El estante estaba a punto de caerse, debajo de una de sus patas se había roto el piso y éste se había volcado, pero lo peor de toda la escena era el cuerpo del capitán. Yacía muerto en su silla, en una posición bastante cómoda, como si se hubiera acomodado para recibir una visita: la muerte. Estaba en puro huesos y sus vestimentas arrugadas, mojadas y andrajosas.

–Debemos buscar el hongo– dijo Finn apartando a Fionna delicadamente.

Fionna asintió, se veía realmente triste por el capitán. En la mano del esqueleto había la imagen de una foto familiar: Estaba al lado de su esposa, abrazándola entre los hombros. La esposa sonreía con su hija entre brazos.

Salieron del camarote en busca del hongo: una seta de color azul con puntos blancos.

Llegaron hasta la mitad del barco. Delante de ellos la cubierta se había roto, dejando un enorme hueco del tamaño de un elefante. Los tres se quedaron horrorizados al ver el hueco. ¿Cómo se había roto de ésa forma?

Finn apretó los labios.

–Tenemos que bajar.

–¿Qué?– preguntó Fionna–. Es muy oscuro, no sabemos que puede haber abajo.

–Me desagrada tanto la idea como a ti– dijo–, pero algo me dice que el hongo está allí abajo.

Marshall se acercó a la orilla, luego estudió detenidamente el agujero. Abajo sin dudas era muy oscuro.

–No perdemos nada por intentarlo– se giró–. ¿No creen?

Dicho eso se sumergió aún más en aquél agujero. Finn sonrió y se sumergió detrás de Marshall.

Fionna suspiró y miró recelosa el agujero.

–Claro que tenemos algo que perder– dijo– la vida.

Luego siguió a los chicos.

El espacio era escaso y no había mucho que admirar. Ni aunque quisieran, era tan oscuro que apenas podían verse los unos a los otros. Nadaron un poco más hasta que vieron lo que estaban buscando. Encima de un montón de piedras se encontraban varios hongos azules con puntos blancos. Había miles de hongos que crecían como algas alrededor de las orillas de las rocas, las cuales rodeaban la pequeña extensión de terreno.

–Bien– dijo Marshall acercándose al hongo–. ¿Cuántos debemos llevar?

–Lleva tres– dijo Finn sacando una bolsa–. Sería la cantidad perfecta para cocinar un platillo.

–Algo no me agrada de éste sitio– dijo Fionna, mirando las rocas dudosamente.

–Vamos muñeca– dijo Marshall cogiendo un hongo–, ¿qué es lo peor que puede pasar?

Cuando desprendió los tres hongos al mismo tiempo, las rocas comenzaron a temblar. Marshall se alejó lentamente con los tres hongos en la mano. Las rocas comenzaron a juntarse creando un cuerpo gigantesco: un cuerpo largo y áspero. Gigantescos dientes afilados y un par de ojos amarillos y puntiagudos. De su espalda salían dos alas grisáceas. Un enorme áspid se levantó siseando y moviendo las alas hipnóticamente.

–Marshall– dijo Finn tragando saliva–, mejor baja el hongo… ahora.

… … …

Gumball no podía creer todo lo que estaba pasando. Primero conocieron a la Tía Zuzan, una anciana senil que predice el futuro. Arriesgaron sus vidas en aquél desierto, con aquella mujer hecha de arena, eso simplemente era ¡ilógico! Era tan poderosa que cuando le lanzó una granada no se convirtió en cristal con aquella explosión. Después de eso conocieron a Pipher. Gumball debía admitir que es una chica bastante bella y coqueta, pero lo que hacía también carecía de sentido. ¿Alguien le podía decir cómo lanzar una flecha con los ojos cerrados y luego que ésa flecha se desvíe de la nada y acierte a un árbol era lógico? Y ahora se enfrentaban a dos árboles que sus ramas formaban puños… sí, no estoy de coña, nada lógico… pero bueno ¡Gumbal estaba hecho de caramelo! NADA LÓGICO.

Cuando Finn, Fionna y Marshall se sumergieron en el pantano- y ya iban unas horas allí abajo- el chicloso se quedó con Pipher y Rick. No tenía nada en contra del Duende Herrero, de hecho le caía bien, pero la Maga Cazadora… Bueno, tienen una relación un tanto extraño.

Gumball se encargó de atar las cuerdas de Polipropilenos a los dos árboles que formaban la entrada del pasillo. Al príncipe le daba un poco de terror ésos árboles, así que los ató lo más rápido que pudo y fue a paso rápido donde estaban acampando sus amigos.

Cuando llegó se agachó intentando recuperar el aliento.

–Si no te conociera diría que tienes miedo– dijo Pipher.

Estaba recostado por un árbol, con las piernas cruzadas, limpiando su navaja de cazar.

–Ja,ja,ja– se rió Gumball, fingiendo valentía–. Entonces no me conoces, yo nunca tengo miedo.

–Ya veo– dijo la chica fingiendo interés–. Se ve que eres todo un macho.

–No necesitas ser sarcástica. Digo la verdad.

–Claro, te creo. De seguro el equipo ha de estar perdido sin ti.

–¡Pues claro!– dijo levantando la mano–. ¡Soy la cabeza del equipo! Sin mi– puso una mano en el corazón–, no tendrían transporte y tardarían semanas en llegar hasta aquí.

–¿Hablas de ése cachivache?– preguntó, señalando con el pulgar al Argo II

–¡No es un cachivache!– vociferó–. Es lo último en tecnología. Es una hermosura. ES MI NENA.

–Como digas campeón– dijo riendo–. Deberías buscarte una chica en vez de llamar «nena» a tus inventos.

–¡Puedo conseguir a una chica cuando quiera!– dijo enojado– ¡Y mis inventos son geniales!

–¡Eso es cierto!– gritó Rick a lo lejos– El Argo II es increíble.

–Oh. Gracias por el apoyo Rick– dijo sonriendo–. Ves, hay gente que si aprecia mis «cachivaches»– dijo haciendo énfasis en la palabra cachivache.

–Ajam– dijo Pipher asintiendo–, ¿pero solo sabes hacer eso, inventar cosas?

–Puedo dominar cualquier tipo de ciencia. Todo lo relacionado al cálculo– dijo fanfarroneando.

–Ya veo. – Pipher se levantó–. ¿Puedes atinar una flecha a aquél árbol?– dijo lanzando una flecha al árbol torcido y viejo que conformaba la entrada– ¿así?

–¡Claro que puedo! Es simple cálculo.

–Bien– le entregó el arco y una flecha–. Dale al otro árbol.

–Con gusto– dijo sonriendo, cogiendo el arco y flecha.

Dio un paso hacia delante. Miró hacía arriba, calculando el viento. Luego fijó su mirada al árbol de la izquierda. Cargó el arco con la flecha, luego tensó la cuerda y de un disparo anotó al árbol.

–JA,JA,JA. VISTE, PUEDE HACERLO– fanfarroneó.

–Claro campeón– dijo agarrando su arco y tiró otra flecha, que atravesó la flecha de Gumball–, nada mal.

Gumball quedó por segunda vez en el día con la boca abierta.

–¿Cómo lo haces?

–Magia.

–Dímelo.

–¿Por qué lo haría?

–¡Te exige tu rey!

–No pertenezco a tu reino.

–Esto… amigos– dijo Rick, temblando.

–¡¿Qué?! – preguntaron ambos al mismo tiempo.

Rick señaló al frente. Gumabll y Pipher se quedaron boquiabiertos al ver aquella cosa. Los dos árboles torcidos y viejos comenzaron a moverse. Desentrelazando sus ramas. Gumball pudo presenciar cómo sus ramas se cerraban, formando dos puños. Un aura de color herrumbre rodeaban a los árboles.

–Esto debe ser una broma– dijo cansado.

Los árboles con forma de puño atacaron, lanzando a Gumball y Pipher hacia la carpa de un puñetazo. La carpa se deshizo con el simple contacto del cuerpo de ambos seres.

–¡¿Qué se supone que son ésas cosas?!– preguntó Rick.

–No lo sé– dijo Pipher levantándose–, pero percibo magia en ellos.

–¿Un hechizo?– preguntó Gumball, recuperándose.

–Sí, es eso– dijo Pipher mirando al árbol izquierdo–, creo que encontré el segundo ingrediente.

Gumball arqueó una ceja, luego miró hacia donde apuntaba la mirada de Pipher. En una de las ramas del árbol izquierdo una flor de color verde con membranas que parecían escamas de dragon floreció entre sus ramas muertas a una velocidad exagerable e ilógica.

Cynara Scolymus– dijo Gumball sorprendido.

–Así es, una alcachofa– dijo sorprendida–. Pensé que no crecía en los pantanos y mucho menos en un árbol moribundo.

–Recuerda, percibiste magia en ellos– recordó Rick.

–Tienes razón– se dio un golpecito en la frente–. Bien, ¿me ayudan?

Gumball sonrió.

–En lo que quieras princesa.

Pipher sacó una flecha de su carcaj, acto seguido la tensó entre sus cuerdas.

–Necesito tres alcachofas. Una cada uno e intenten que no los mate.

Rick sacó una espada entre sus pertenencias esparcidas en el piso.

–Es lo mejor que sé hacer.

–Bien– dijo Gumball– hagámoslo.

Sacó una píldora de su bolsillo y se la tragó.

–Es hora de aventura.

… … …

La áspid atacó escupiendo veneno.

Finn la esquivó nadando hacia un lado. Gracias a las membranas que le salían de sus píes y manos lograba nadar más rápido de lo habitual. Se lo debía a Gumball.

La víbora se lanzó al ataque. Intentó morder a Fionna, pero ella logró defenderse dando un mandoble al reptil, como el cuerpo del áspid era de roca no se cortó, pero si recibió un gran susto.

Los ojos de Marshall se tornaron rojos y comenzaron a salirle garras y su colmillo sobresalían más de la cuenta. Debió caer en el hecho de que si se tornaba en su forma vampirezca no iba caber en el entorno e iba a dificultar la batalla, así que se quedo mitad joven mitad monstruo. Atacó con sus garras y encestando puñetazos. La víbora se enfadó y le dio un coletazo, pero se defendió con sus brazos, usándolos como escudo. El golpe fue tan fuerte que mandó a Marshall de un disparo contra las rocas.

Finn blandió su espada. La serpiente fue tras él, mostrando los colmillos y siseando. Finn lo esquivó nadando hacia arriba y logró dar un mandoble en su espalda, agrietándolo tan solo un poco.

Finn chasqueó la lengua.

–La piel de ésta cosa es muy dura.

–Y bastante dolorosa– dijo Marshall friccionando su brazo, el cual estaba rojo debido al golpe.

–Es un áspid, una víbora muy voraz– contó Fionna.

–Supongo que su feracidad aumenta su cuerpo está hecho de roca– dijo Finn apretando los dientes.

–Eso creo…

–Genial, aquí viene de vuelta.

El áspid atacó con otra ronda de veneno. Fionna logró esquivarlo a duras penas. Un chorro de veneno rozó el brazo de la humana, provocándole una herida. Fionna lanzó un grito ahogado.

–¡Fionna!– gritó el humano.

–¡Ve junto a ella!– ordenó el vampiro–¡yo distraeré a la víbora!

Finn sin pensarlo dos veces fue junto a Fionna. La herida de la chica estaba sangrando, entintando el agua de un color rojo sangre. Fionna apretaba sus labios aguantando el dolor.

–Se ve muy fea– dijo el humano preocupado.

–Estoy bien– dijo Fionna sonriendo forzosamente.

–Fionna. Ve devuelta a la superficie…

–Dije que estoy bien.

La humana rasgó con su espada un trozo de su manga, luego comenzó a hacer un torniquete en su brazo.

–Aún puedo luchar.

–Pero…

–Por favor Finn, déjame hacerlo– suplicó Fionna.

El humano parecía indeciso. Miró hacia un lado, donde Marshall luchaba contra la víbora. Logró cortarle la mejilla pero no hizo más que enfurecerla. Luego miró a los ojos a Fionna. La chica parecía decidida.

–Bien– dijo seriamente–. Hagámoslo.

Fionna fue nadando a una gran velocidad, haciendo aún lado a Marshall. El vampiro parecía desconcertado, pero luego miró hacia donde se encontraba el humano. Finn tenía los ojos cerrados. El áspid tenía la mirada esta vez hacia él. Mostró sus grandes colmillos afilados de rocas y se lanzó al ataque. Finn abrió sus ojos. Sus irises cambiaron de color, ahora eran un blanco hielo. Con su espada hizo una estocada. El aire se enrareció y partículas del agua comenzaron a solidificarse convirtiéndose en pedazos de hielo afilados. Varios pedazos de hielo atacaron al reptil provocando que retrocediera. Marshall y Fionna aprovecharon el momento y atacaron juntos, dándole un gran puñetazo a la víbora, mandándolo a volar hacia atrás. El áspid impactó contra las rocas con un gran estruendo, luego cayó al suelo inconsciente.

–Es nuestra oportunidad, hay que huir– dijo Finn.

Nadie protestó, simplemente comenzaron a ascender. Finn miró hacia abajo, el áspid comenzó a abrir los ojos rápidamente. Recuperó la consciencia rápidamente. Miró hacia arriba, a los ojos de Finn. Siseó con rabia y comenzó a volar en el agua, literalmente. Las alas de roca que tenía en la espalda no estaban de adorno como creía Finn, lo ayudaba a nadar más rápido en el agua, como si estuviera volando.

–Odio a los áspides– susurró Finn.

… … …

Pipher atacaba lanzando flechas a los árboles. Se sentía rara luchando contra unas plantas, pero bueno, hay una primera vez para todo. Atacaban sin descanso, dando puñetazos a todos. Pipher apenas podía lanzar sus flechas ya que estaba muy ocupada esquivando los golpes.

Rick por su parte daba estocadas con su espada a los puños, pero como era muy lento siempre recibía un golpe y se daba de bruces contra la tierra.

Marshall por su parte recibió un cambio completo. Luego de comer de ésa extraña píldora, su constitución cambió por completo. Sus extremidades superiores e inferiores se hicieron más fuertes. Sus abdominales comenzaron a tonificarse y por una extraña razón se hizo más alto.

Atacaba con increíble fuerza, esquivaba a una gran velocidad los ataques y en una ocación logró atajar el puñetazo que le dio el árbol, pero luego terminó en el suelo por el otro árbol. Pipher no sabía qué clase de píldoras eran, ¿tal vez esteroides?

–¿Cuál es el plan?– preguntó el príncipe a Pipher.

–Primero… dime como te hiciste tan… alto.

–¿Por qué lo haría?– imitó Gumball la voz de Pipher.

–Ja ja. Eres rencoroso– dijo sonriendo–. Bueno… ¡te exige tu rey!– dijo imitando también la voz del chicloso.

–Pueden dejar su discusión de parejas para después– dijo Rick evitando otro puñetazo, rodando hacia un lado.

–¡NO SOMOS PAREJAS!– gritaron los dos al unísono.

–¡Solo saquemos ésas alcachofas!

Los árboles atacaron con otra ronda de puñetazos limpios. Gumball lanzó un puñetazo al primer árbol, ambos puños impactaron. El príncipe aguantó por unos segundos pero el árbol logró ganar en fuerza y lo mandó a volar hacia atrás.

Gumball aterrizó al lado de la Maga Cazadora.

–Bien hecho– dijo–. Has perdido en fuerza contra un árbol.

–Calla…

Pipher le lanzó un arco de madera a Gumball, este lo cogió confundido.

–¿Para qué me das esto?

–Si no podemos acercarnos a los árboles y arrancar la flor de cerca…

–Entonces debemos arrancarlo de lejos–dijo sonriendo–, bien pensado.

–Sí, me parece raro que no hayas pensado en algo así… creo que los esteroides se subieron a tu cabeza.

–¡Son píldoras, no esteroides!

–¡Como sea, solo hagámoslo!– gritó Pipher.

Ambos se dividieron. Gumball fue a la derecha y Pipher a la izquierda. Solo tenían una flecha cada uno, no podían fallar. El príncipe apunto a la alcachofa.

–¡Ahora!– gritó Pipher.

Lanzaron las flechas y tres sucesos ocurrieron al mismo tiempo. Primero Rick agarró las dos alcachofas sin problemas, luego las cuerdas de Polipropilenos se tensaron, Finn, Fionna y Marshall salieron del pantano con tres hongos en las manos pero no salieron solos… un enorme áspid de seis metros salió con un gran siseó.

–¡¿Pero qué?!– preguntó Gumball.

–¡Apártense!– gritó Finn cortando las tres cuerdas.

Gumball miró hacia atrás y sonrió.

–¡Hagan lo que Finn pide!

Todos se apartaron. En ese instante los árboles atacaron, dándole un potente puñetazo al áspid, desencajando su mandíbula de roca. La víbora miró con desdén a los árboles. Ambos se tensaron, acto seguido se señalaron los unos a los otros, echándose la culpa. El reptil sonrió y atacó, enrollándose en los árboles. Fue una escena muy rara, los tres enemigos comenzaron a atacarse solos, en un segundo los árboles terminaron destrozados y el áspid hecho trizas, en el suelo quedó esparcido en una mezcla de rocas y troncos mohosos.

–Eso fue muy raro– dijo Finn sentándose en el suelo, exhausto.

El efecto de las píldoras ya acabó, dejando a ambos humanos en su estado original.

–Eso fue espantoso– dijo Fionna.

–Horrible– apoyó Marshall.

–Agotador– continuó Pipher.

–Aterrador– dijo Rick.

–¡Ilógico!– concluyó Gumball.

–Al menos conseguimos lo que buscábamos! – Marshall lanzó los tres hongos.

–Nosotros también– hizo lo mismo Rick.

–¿Eso es otro ingrediente? – Fionna parecía emocionada.

–Así es– Pipher sonrió–. Esto es todo, lo demás ingredientes los compré en la tienda antes de venir, solo queda buscar al viejo Joey.

Los ánimos de todos parecían haber subido. Esta locura podría cavar pronto.

–Me alegro– dijo Fionna. Su cara estaba palideciendo y sus párpados les pesaban.

–Fionna, tu herida– dijo el humano, preocupado.

El torniquete se había soltado y dejó a la deriva la herida de Fionna. Se veía muy fea, comenzaba a tornarse lila debido al moretón y al veneno del áspid.

–Estoy bien– dijo intentando levantarse, pero perdió el equilibro. Finn logró sujetarla a tiempo–. Debemos continuar.

–No. Debemos tratar tu herida– miró a Gumball–, ¿puedes hacerlo?

Gumball asintió.

–Vaya, esto en serio es una lástima– dijo una voz.

Todos se giraron, blandiendo sus armas. Una silueta salió entre las sombras del pasillo.

–No…– dijo Pipher asombrada–. ¿Qué haces aquí?

–Tiempos sin vernos, Pipher– dijo sonriendo.

Era un hombre era alto y fornido. Su piel era de color herrumbre. Llevaba una remera sin mangas color negra, que resaltaba su abdomen marcada. Unos tejanos color crema. De su cinturón colgaba una daga y una cornucopia. Su boca estaba tapada por un pañuelo negro. Usaba un sombrero de vaquero y unos lentes de sol.

–¿Conoces a este tipo?– preguntó Marshall.

–Lastimosamente sí.

El hombre dio un paso hacia delante.

–Creo que has conseguido a otros amigos los cuales engañar.

–¡Cállate! No soy así– dijo Pipher enojada.

–Eso dile a tus otros amigos.

–Pipher, ¿de qué habla?– preguntó Finn.

–¿No se lo has dicho?– preguntó el hombre.

Pipher apretó los dientes.

–Cállate, Zhang.

–Pobre Pipher– dijo fingiendo compasión–. ¿Por qué no le cuentas la vez qué traicionaste a tus amigos? La vez en que abandonaste sin piedad a ésos pobres chico y casi murieron.

–Cállate…– dijo apretando los puños.

–No perteneces en ningún sitio. Eres una escoria– Zhang agarró su cuchillo–, al igual que mi.

–¡No soy igual a ti!

–¿Entonces qué eres? ¿Una heroína? ¡Por favor, no me hagas reír! ¡Eres solo una escoria!

Finn dio un paso hacia delante, quedando frente a frente al hombre.

–Finn… ¿qué haces?– preguntó Pipher.

Zhang arqueó una ceja.

Finn alzó su espada y le dio un tajo a Zhang. Este ni se inmutó, pero su mejilla comenzó a sangrar.

–No conozco el pasado de Pipher– dijo el humano–. Pero no es ni una escoria. Es nuestra amiga, ¡así que no te atrevas a faltarle el respeto!

Los ojos del hombre brillaron de un color rojo fuego detrás de sus lentes de sol.

–Te arrepentirás de haberla protegido.

–Pues que así sea.

Zhang levantó un brazo. Su mano comenzó a tornarse de un color herrumbre frío.

–¡Corran!– gritó Pipher y tomó de la mano a Finn.

Todos se quedaron estupefactos, pero al ver a Pipher correr todos los siguieron. Finna miró hacia atrás mientras corría y abrió los ojos de par en par. Su cara era cada vez más pálida y su respiración más entrecortada.

–¡La mochila! Gritó a duras penas.

–¡Lo tengo!– gritó Marshall cogiendo la mochila, el hongo y las alcachofas del suelo.

Zhang simplemente caminaba, pero por cada paso que daba el suelo se agrietaba y cuando alzaba las manos una gran explosión ocurría cerca de ellos, llenando de llamas el pantano.

Lograron entrar en el pasillo de los árboles, pero cuando Pipher miró hacia atrás Zhang los perseguía, quemando todo a su paso.

–¡¿Por qué huimos?!– Preguntó Finn–, ¡¿por qué no nos quedamos a luchar?!

–Escicha Finn, Zhang no es un enemigo al que debamos enfrentar. ¡Es muy poderoso!

–¿Por qué decía todo eso de ti? ¿Qué nos ocultas?

–Te lo diré luego– dijo tristemente– les contaré todo acerca de mí, pero… ¡ahora preocúpate por sobrevivir! Fionna necesita atención médica.

Finn asintió a regañadientes, pero aún así siguió corriendo.

El pasillo comenzaba a quemarse. Las llamas consumían cada vez más a los árboles. Finn lanzaba al hombre varos trozos de hielo, mientras Marshall echaba árboles en un intento de retrasarlo. Gumball lanzaba una sustancia pegajosa al fuego que se acercaba cada vez más. La sustancia ayudaba a retardarlo un poco más, pero se consumía de a poco alimentando al fuego. Rick protegía a Fionna la cual corría a duras penas.

–¡Es inútil!– gritó Zhang enojado–. Al final morirán…

–Zhan fue quien hechizó a los árboles– dijo Pipher–. También nos guió hasta aquí, donde habitaba ése enorme áspid.

–Caímos en su trampa– dijo Marshall enojado–. Maldito…

Lograron salir del pasillo antes de que se consuma por completo…. Pero donde antes estaba los otros dos caminos, ya no había nada.

–No…– dijo Pipher.

–JA, JA, JA– se rió el hombre saliendo entre las llamas–. Les dije que es inútil, ahora morirán.

–Lucharemos– dijo Marshall seriamente.

–Ohh, suena divertido.

Cuando Zhang se dispuso a atacar, algo lo golpeó en la panza mandándolo a volar hacia un lado. Todos miraron la escena sorprendidos. Una silueta familiar se hizo visible.

–¡ Tobi!– gritó Finn alegre.

–¿Quién?– preguntó la Maga Cazadora.

–Es un amigo– dijo Marshall sonriendo.

–Váyanse– dijo el enmascarado–. Su prioridad es escapar y atender a Fionna.

–¡No te dejaremos!– dijo Finn.

–Te ayudaremos– Marshall blandió su Hacha-Guitarra.

–No. – Tobi parecía realmente serio– Esta vez no. Aún no pueden vencerlo. ¡Váyanse!

Zhang se levantó realmente enojado. Sus ojos brillaban del color de la sangre y las llamas detrás de él palpitaban con más fuerza.

Finn apretó los dientes para luego retroceder. Un camino apareció serpenteando a la izquierda.

–Debemos irnos– le dijo a Pipher.

Ella asintió y luego fueron corriendo hacia el camino acompañado de los demás. Zhang se levantó rugiendo.

–¡NO HUIRAN!

–Cállate– dijo Tobi seriamente–. Somos solo tú y yo Zhang. Tendrás que pasar de mí si quieres a ésos chicos.

Mientras corrían, Finn oyó el rugido de Zhagn y rezó para que Tobi salga vivo de él.

Corrieron por un largo tiempo hasta que se cansaron y cayeron exhaustos al suelo.

–Odio huir– dijo Marshall- me siento patético.

–Más de lo que ya eres imposible– se burló Gumball.

–Calla. Al menos no me visto de rosado.

–¡Salmón!

Finn suspiró, luego miró a Fionna.

–No…– dijo asustado.

Todos miraron a Fionna.

Estaba tirada en el suelo, con el rsotro completamente pálido y sudoroso. Su herida estaba más abierta y morada. Finn se acercó corriendo junto a ella.

–¡Fionna, resiste!– dijo cogiéndola–. ¡Está ardiendo en fiebre!

–F-finn– dijo temblando.

–Esto es malo– Gumball examinó la herida–. Si no es tratada rápida, Fionna podría morir.

–¿Cuánto tiempo puede resistir?– preguntó Marshall asustado.

–Treinta minutos.

Continuará…

¡Hola Familia!

Tranquilos, no estoy muerto XD

Siento la tardanza, pero no los dejé solo eh 7u7

Aquí otra entrega de este Fic. Espero se diviertan.

Fionna está en mal estado, créanme, odio hacerle eso a Fionna, pero quería dejarlos con suspenso… espero lo haya logrado je, je.

¡Nos leemos al rato!