Hoy, como era de costumbre, Miura Haru ocupaba el primer puesto de la lista de resultados de los exámenes trimestrales. Ese raro suceso en la triste vida de un estudiante se había repetido ya tantas veces que no provocaba ninguna emoción ni expresión en la chica. El hecho de que sólo le quedara un trimestre más para terminar la universidad y comenzar su vida laboral tampoco supuso ningún cambio en su mirada apagada y distante. Tampoco le hacía sentir mejor el pequeño detalle de que recién empezaban sus queridísimas vacaciones de navidad. Siendo sinceros, las navidades nunca le gustaron. Todos sus amigos se iban con sus familias, y ella no tenía la más mínima intención de visitar a la suya. Cuando era niña, sus padres se divorciaron y su madre desapareció de su vida, para mágicamente volver a aparecer un día con otro marido y un hijo de cinco años. No es que a Haru le molestara que su madre se hubiera vuelto a casar; tampoco le caía mal su medio-hermano y su padrastro no era mala persona, pero no se sentía a gusto con ellos; sentía que sobraba, porque ellos eran una familia y ella no hacía falta después de todo.

La primera nevada del año comenzó a caer a las 11 de la mañana. Haru se sentó en un banco y abrió su McDonald´s para calmar el ruido que no dejaban de hacer sus tripas. Se sentía rara. Vacía. Triste. Sin saber explicar por qué, ese día había acabado pensando en su madre, cosa que nunca hacía. Las dos tenían como una especie de acuerdo en el que sólo hablaban por teléfono en ocasiones especiales o cuando una necesitara algún favor de la otra, y el resto del tiempo, ni Haru tenía madre, ni su madre tenía hija. Eran como desconocidas la una para la otra y a ninguna de las dos le importaba demasiado, pero este año, algo era diferente.

Tal vez no eran ganas de verla. Tal vez Haru sólo se dio cuenta de repente de que estaría incluso dispuesta a ir a la casa de su madre con tal de no estar sola en ese específico día del año, porque no tenía nadie más con quien pasarlo. Kyoko se iría a Venecia con Tsuna para celebrar los no-se-cuantos años que llevaban juntos, y Sora –con quien, por cierto, hacía mucho que no hablaba –había decidido ir a vivir a Corea del Sur por que sí. Mejor sería no mencionar al maldito bastardo de Gokudera. Su avión salía en dos horas y no solo no se había despedido sino que encima, no se había dignado a responder el mensaje que Haru le había enviado aquella noche. En el fondo se alegraba de no tener que hablar del tema, pero le daba bastante rabia que el muy cobarde no hubiera dicho nada. Era un puñetero WhatsApp que salía gratis joder! No costaba tanto!

Con un movimiento brusco, Haru tiró el vaso de Coca Cola vacío a una papelera y le regaló –más bien le tiró a la cara –lo que le sobraron de las patatas a algún chico de primer año cualquiera, a quien, sin saberlo, le alegró muchísimo el día. La siguiente clase era economía, pero como la profesora estaba vaga, puso una película para no tener que hacer nada. Sinceramente, este tipo de profes se agradecen, y mucho.

En la película, el protagonista masculino se enamoraba de una azafata, y se subía al avión para cantarle 'Marry you' de Bruno Mars por el interfono, y los 50 minutos restantes de película iban sobre los preparativos de la boda. Ya os imagináis lo aburrida que tendría que ser la maldita película. Era bastante bonito, eso sí. Soltaban palomas, rosas por todas partes, confesión de amor innecesariamente larga… lo mejor era el pastel de 15 pisos. Haru no entendía exactamente qué era lo que tenía a todas las chicas de su clase con lágrimas en los ojos. A lo mejor el hecho de que esas cosas no pasan. Es ya bastante difícil conseguir que un chico te regale flores o bombones en un día que no sea San Valentín. De hecho, con que te responda un maldito mensaje ya tendrías que alegrarte por que ni eso pueden hacer los muy capullos. No toquemos el tema de limpiar, lavar, planchar, cocinar… oh no, de eso nada monada, y lo peor de todo es que, a pesar de todo eso, siempre había alguno que te volvía loca. Ese es el gran defecto de nosotras las mujeres. En algún punto de nuestra vida, algún hombre inútil nos bloquea la capacidad de pensar con cordura, a no ser que seas lesbiana que en ese caso, tienes suerte chica.

No sabría decir en qué momento Haru dejó de concentrarse en lo mala que era la película para ponerse a pensar en Gokudera Hayato y en como rápidamente había escalado hasta el primer puesto en la lista de problemas de Haru Versión 2.0. Probablemente cuando vio el nombre del chico en los créditos finales porque, como no, tenía que haber sido él quien se había ocupado de la banda sonora. Menuda manera de echar leña al fuego.

Lo mejor sería olvidar que existía y irse a casa.

Sí, esa era una buena idea.

xXx

De camino a casa, Haru resbaló tres veces en la nieve. En los doramas, aparecería un apuesto joven –que luego resultaría estar forrado de dinero- y la ayudaría a levantarse, sus miradas se cruzarían y ese sería el comienzo de una bonita historia de amor a primera vista. Pero esto era la realidad. En la cruda realidad, si te caes, te levantas tu sola, y si tienes suerte, nadie se reirá ni hará videos para subirlos a Youtube sin tu permiso.

La chica llegó a su bloque de pisos con el culo cubierto de nieve y una botella de vino del supermercado que milagrosamente se había salvado de una cuarta caída en las escaleras. La chica había decidido apartar su enfado –mezclado con depresión y decepción- para centrarse en las partes buenas de todo: podía estar tres semanas mirando doramas y escuchando kpop sin que nadie le dijera nada, porque no habría nadie para hacerle compañía, como casi cada año.

Ok, eso es simplemente penoso y de positivo nada. En cuanto llegara a casa, se iba a emborrachar y llorar si hacía falta. Si… ese era el plan.

xXx

La llave entró sin ningún problema en el agujero de la puerta. Dio las típicas dos vueltas y se abrió sin hacer ningún ruido. La casa estaba oscura. Todas las luces apagadas, todas las puertas cerradas menos la del balcón, la cocina estaba perfectamente limpia y no había ni un único plato sucio, ropa por el suelo, como de costumbre. Si… definitivamente algo andaba mal.

Primero: Por qué mierdas estaba abierta la puerta del balcón? La última vez que sin querer Haru no la había cerrado, al volver se había encontrado con una paloma en el salón que no sabía salir por donde mismo había entrado y que había dejado 'regalitos' por todo el sofá.

Segundo: Cocina limpia? Ningún plato sucio? Si venga! Haru sería todo lo que quieras, pero organizada seguro que no. Siempre había algo para limpiar. Siempre….

Alguien había entrado. Alguien a quien le molestaba mucho el desorden, por lo visto, pero que era demasiado tímido para recoger los sujetadores tumbados por el suelo.

-Ya has vuelto… -Una mano fría como el hielo se puso suavemente en el hombro de Haru sin que ella notara la presencia de alguien detrás suyo.

Lo siguiente fue un chillido que estremeció el barrio.

-G-Gokudera-san! Qué haces aquí? No te habías ido? Qué? Por qué? Como has entrado?

-Por la ventana.

-ESO YA ME LO IMAGINO! Por qué estás en mi casa?

El chico estaba acorralado contra la pared. Haru había cogido una sartén en el último momento y él sabía muy bien que sería capaz de pegarle con esa cosa. También sabía perfectamente que un buen sartenazo dolía y mucho.

-Al final no me he ido…

-Ya lo veo. Por qué?

Él no dijo nada. Haru parecía estar bastante enfadada así que sería mejor no ponerse en ese plan dulce que ella tanto odiaba.

-A ver mujer estúpida, porque por lo visto no lo entiendes. Estaba tan tranquilo enfadado contigo y haciendo las maletas cuando me llega un WhatsApp de parte tuya. Después de leer eso pretendes que me vaya?

-Al menos responde, no crees!?

-No. No respondo. Pensé que sería mejor venir a verte, y de paso traerte algún regalo de navidad, pero solo me encuentro con que no estás en casa -que por cierto, fue muy fácil colarme- tienes el suelo lleno de tu ropa interior que sinceramente no necesitaba ver, y la cocina hecha un asco. No sé por qué, encima que me tomo la molestia de venir, tengo que lavar tus platos sucios.

-Nadie te pidió que lo hicieras.

-Me aburría y me molestaba verlo así.

-Te quiero fuera de mi casa.

-No seas tan hostil que no hace falta.

-Te juro que te voy a pegar en la cabeza con la sartén como no te vayas.

-Pero serás maleducada! Que maneras de tratar a alguien son esas? No me pienso ir!

-Gokudera-san VETE!

-Te he traído comida.

-…. Bueno. Puedes quedarte… pero solo un rato, ok?

Haru bajó el brazo con el que sujetaba la sartén y se dejó caer en el sofá, seguida por Gokudera que lucía en la cara una sonrisa triunfante que Haru no había visto nunca.

-Sabes… -Esta vez no hubo silencio incómodo. Gokudera no iba a dejar que pasara otra vez. –he decidido que te quiero y que no me voy a separar de ti.

-Sabes, has decidido algo estúpido. Qué pasa con Belphegor-san? Has hablado con él? –Esta vez, la voz de Haru sonaba más tranquila, comprensiva, incluso feliz.

-Se ha enfadado muchísimo, claro. Le mandé a tomar por culo y le colgué en la cara. Creo que no volveré a tener trabajo en un buen rato.

La chica comenzó a reír. La típica risa tonta, pero de esas que nunca viene mal.

-Me alegro que no te hayas ido.

-Si en el fondo me quieres.

-Se nota mucho…

-Si…

Y nunca la comida china había sabido mejor.

xXx

Era bastante lo que habían comido, y sin embargo en un par de minutos no quedaba nada.

-Haru…

-Dime.

-Puedo besarte?

Haru giró la cabeza para mirarle a los ojos. En serio le acababa de preguntar eso? La chica estaba hecha un tornado de emociones por dentro. Los nervios empezaban a tomar el control.

-S… No.

-Como que no?

-P-pues eso… que no.

Gokudera soltó un suspiro y encendió la tele en el canal de deportes. No hace falta decir que a Haru esto le sentó bastante mal, aunque sabía que se lo merecía. Ella también suspiró y, aceptando su derrota, cogió el mando de la tele, lo estampó contra la pared y puso sus labios sobre los de él. Rápidamente se apartó pero una mano la cogió por la cintura y la empujó hacia adelante otra vez.

Por primera vez se besaban como dios manda. Sin interrupciones. Sin ser un error. Un simple y profundo beso que los dos llevaban demasiado tiempo esperando. Haru cerró los ojos y separó los labios, dejando paso a la lengua de Gokudera, que se encontraba como en casa. Él parecía disfrutarlo más por cada segundo que pasaba, y cuando Haru soltó un suave y apagado gemido, supo que ella estaba igual que él. El beso se hizo más profundo. Gokudera deslizó su mano por debajo de la camiseta de Haru y le acarició la espalda, mientras ella colocaba las suyas alrededor del cuello del chico. Al cabo de un rato se separaron para coger aire. Los dos respiraban con dificultad y estaban rojos a más no poder. Haru miró hacia otro lado por la vergüenza y con el miedo de que su corazón latiera tan rápido que él lo pudiese oír. No se dio cuenta de que Gokudera sonreía sin poder ocultarlo, ni de que un cojín estaba colocado estratégicamente sobre las piernas del chico para conseguir ocultar 'otra cosa' en caso que fuera necesario.

No habían pasado ni 30 segundos que Haru estaba tumbada boca arriba en el sofá, con Gokudera encima, besándola en los labios, para luego dirigirse a sus mejillas, su cuello, y allí se detuvo antes de seguir bajando hasta llegar a su clavícula donde se detuvo bruscamente.

-No te importa si me quedo esta noche, no?

Su aliento caliente y dulce contra la piel de Haru volvía a la chica loca. Con sus delgados dedos jugaba con los cabellos plateados que tenía tan maravillosamente cerca y se reprimía las ganas de comportarse como las guarras de sus amigas y comerse a ese hombre –si sabes de qué a lo que me refiero… -

-Supongo que no pasa nada si te quedas…

Y eso fue todo lo que le hizo falta al joven para saber hasta dónde podía llegar. Haru había hablado en un tono que no había escuchado nunca. Era como una invitación a su cama, y de paso a ese punto entre sus piernas donde no se le permitía el paso a cualquiera. Ella sabía muy bien donde se había metido, y no tenía la intención de arrepentirse al último momento. Sabía lo que hacía, y aunque nunca lo hubiera hecho, ese momento parecía bastante adecuado. No había ningún sentimiento raro y molesto en su consciencia que le susurrara 'no lo hagas', así que era como una luz verde que le gritaba 've! Hazlo y déjame en paz!' –la voz de su consciencia era la voz de Yongguk-.

Antes de que se diera cuenta, su camisa estaba por el suelo, junto con la mitad de su armario, y la boca de Gokudera se encontraba peligrosamente cerca de su ombligo. Ya está. Demasiado tarde para arrepentirse. Cerró los ojos y decidió que lo mejor que podía hacer en ese momento, sería dejarse llevar.

xXx

Ok cariños míos, hasta aquí el capítulo de esta semana J

Siento mucho cortaros el rollo pero están mis padres demasiado cerca y no me pienso poner a escribir un lemon, por mucho que me pese en el alma.

En fin, finalmente he hecho que estén juntos. No se… me pareció que ya era hora ^^

Volviendo al tema del lemon, el siguiente capítulo será un lemon cortito. Solo lemon y completamente irrelevante para el plot, y subiré otro cap más completamente NSFW para que si alguien no quiere leer nada subido de tono que se lo pueda saltar tranquilamente y todos contentos. Eso sí, la siguiente actualización será probablemente la última.

Me da mucha pena terminar este fic. Es como un hijo ;A; pero tengo que terminarlo y seguir con otros fics… puede que lo traduzca al inglés algún día que no tenga nada mejor que hacer, de la misma manera que cuando termine un hibaharu que estoy escribiendo en ingles lo traduciré al español. Pero no aseguro nada… depende de si no estoy muy vaga =u=

Bueno, dejo de hablar que no intereso. Espero que os haya gustado este capítulo. Vuestras reviews me hacen sonreír como una tonta y me dan ganas de actualizar más rápido. Me gustaría que comentarais con como creéis que acabará todo. No se… será interesante. ouo