22 de noviembre, hoy cumplía 23 años.

Sería el primer cumpleaños que celebraría solo desde que Sucrette entró a su vida. La chica cumplía 3 días antes que él, por lo que ambos festejaban solos el 20 y luego festejaban con sus amigos.

Ya había pasado un mes desde que ella se había ido de la ciudad y aún no tenía noticias de la chica, no la había llamado y tampoco había preguntado a los demás por su ex novia.

Por un lado lo hacía porque realmente no sabría que decir si lo hiciera ¿De qué se habla con una persona con la que acabas de romper? Sin embargo no saber de ella lo ponía nervioso, hasta de mal humor incluso. Le preocupaba como le estaría yendo su nueva vida. Aunque el saber que estaba con su tía era un alivio.

Todo ese tiempo le había servido para plantearse varías cosas, sobre todo las cosas a las que Sucrette había renunciado para estar con él.

El principal había sido su familia, Agatha su tía era la única familiar que tenía, ya que sus padres habían fallecido años atrás en un accidente de tráfico

Por lo que cuando ella fue transferida por su trabajo Sucrette ambos se mudaron juntos para seguir con su relación. Él sabía lo mucho que le había costado dejarla, muchas noches había llorado en sus brazos extrañándola.

Pensando en eso le daba hasta vergüenza, él no tenía ningún derecho de llamarla sólo porque necesitaba oír su dulce voz.

Le pareció que todos estaban demasiado animados ¿No se sentían tristes por la ausencia de Sucrette? Al parecer era el único que no estaba disfrutando, ni siquiera el abrazo que Rosa le dio al llegar lo animó.

Esta vez sopló las velas sólo rodeado de las caras felices de sus amigos, pero el único rostro sonriente que deseaba ver ya no estaba.

La escena le pareció errónea, así no se supone que debían ser las cosas, paseo su mirada por los invitados buscando a aquella mujer de ojos grises, pero no la encontró. Tampoco estaba a su lado como solía ser, no estaba en ninguna parte donde él pudiera alcanzarla.

Cuando decidieron comenzar la fiesta, subieron el volumen y apagaron las luces. Él aprovecho eso para escaparse a la cocina por un poco de agua y desde el balcón trasero escucho dos voces hablando en susurros. Normalmente daría media vuelta y se iría por donde llegó, pero escucho el nombre de Sucrette, así que se acercó sigilosamente para oír mejor.

-Ya no importa que fue lo que ocurrió, Sucrette tomó una decisión y lo mejor es respetarla - Escuchó, claramente era Alexy el que hablaba.

-Yo sólo quiero saber que sucedió, todo estaba tan bien y luego vino el incidente de la pulsera, Lyss le gritó - Respondió una voz femenina, suspiró.

-Yo no creo que hayan roto por algo como eso - Aclaró.

Un silencio se formó entre ellos, sí Lysandro hubiera podido verlos notaría que Alexy se encontraba incómodo y Rosalya triste.

-¿La llamaste por su cumpleaños? - preguntó él cambiando bruscamente de tema.

-Si, por supuesto que lo hice, se escuchaba muy feliz - Respondió ella.

Lysandro decidió que era momento de dejar de escuchar conversaciones ajenas y volvió al comedor, pero en su cabeza seguía dando vueltas aquellas últimas palabras.


Se escuchaba muy feliz


Ella estaba bien y feliz ¿Y él?, él tenía que continuar porque había perdido toda oportunidad con Sucrette y si realmente la quería tenía que dejarla seguir también, así ella podría alcanzar esa felicidad que tanto se merecía.

Sin saberlo, en la lejanía la chica que estaba en sus pensamientos miraba el cielo con una sonrisa triste, susurraba su nombre, deseándole feliz cumpleaños.


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El domingo siguiente despertó más tarde de lo habitual, sin embargo podría haber seguido durmiendo si no fuera por el insistente ruido del timbre. El aroma de Sucrette hacía días que se había ido, por lo que las sabanas ahora olían a simple jabón, eso le desagrado profundamente. Los restos de su recuerdo comenzaban lentamente a desaparecer como si jamás hubiera estado allí.

Con pereza se levantó y se puso una bata antes de ir a atender, al abrir la puerta sus ojos se abrieron grandes por la sorpresa.

Para nada esperaba verla ahí parada en su puerta, con una mirada que reflejaba sobretodo confusión y tristeza.

-Lysandro – Dijo sonriendo un poco.

Por primera vez la sonrisa de Rosalya no le pareció hermosa y su corazón no dio un salto al verla. Pero sobre todo, por primera vez se sentía irritado por su presencia.

-Rosalya – respondió él, como si de un saludo se tratase.

Ella lo miró unos minutos incomoda sin moverse de su lugar, como si aquel departamento fuera ajeno y necesitara permiso para entrar. Algo que no sucedía antes cuando se abalanzaba sobre él sin dudar.

-Creo que… tenemos que hablar.