Llegaron unos minutos después de la conversación que tuve con Mia. Sus rostros me asustaron, pues traían una mirada de preocupación y estaban acelerados.

- Debemos irnos, ¡ya!– grito Tasha

- ¿Pero qué pasa?– pregunte alarmada

- Guardianes– dijo Adrian – y vienen para acá.

La charla continuaba pero todos nos apresuramos a empacar nuestras cosas.

Pensé rápidamente en aquel hombre Moroi ¿Nos había reconocido?

- Tuvimos suerte que no nos vieran – dijo Lissa

Golpes sonaron en la puerta. Todos nos congelamos. No nos podían encontrar. Terminaría encerrada en una celda y muerta si nos encontraran; y mis amigos terminarían casi igual que yo.

- Escóndete – me dijo Christian

- No– murmuré yo

- Rose…

- No– repetí – no nos pueden encontrar a ninguno

Los golpes en la puerta eran cada vez más fuerte

- ¿Entonces qué hacemos? – pregunto Mia

Un plan de escape se desarrollaba en mi cabeza. Al llegar al hotel le había dicho a Adrian que solicitara la sala que estaba en el segundo piso. No estábamos tan lejos del suelo. Utilizaríamos la ventana para escapar.

- La ventana– murmure

- Pero estamos en el segundo piso– chillo Mia – ¿estás loca?

- Loca seria si me quedara aquí – le dije secamente

- Además– intervino Eddie – No esta tan alto

- Si – convine –yo ya lo he hecho. No me lastime mucho.

- Pero te lastimaste– dijo Dimitri

Lo fulmine con la mirada

- Solo fue un esguince de tobillo– dije – Además tenemos a Lissa– bromee.

La broma fue un poco desganada

- Entonces vamos– dijo Tasha

La puerta estaba a punto de ser derrumbada por los golpes. Cargamos nuestro equipaje y fuimos hacia la ventana. No había nada con que amortiguar el golpe como en Rusia que había pasto y arbustos, no, esto era suelo de hierro. Con una mueca salte de esta.

- Mierda

De verdad dolió y mucho además.

- ¿Estás bien?– grito Mia.

- Salta– le dije –yo te atrapo

Y así hizo. Primero Mia luego Lissa, después Adrian seguido de Christian, posteriormente Tasha. Con Eddie y Dimitri fue el problema

- Tírate– le grite – no hay tiempo

- Si– asintió Eddie –pero no te tienes que lastimar por atraparme

- No te preocupes. Estaré bien

- Pero yo peso mucho más que tu

- Hazlo - le grite

Salto y lo atrape. Dolió un poco ya que la gravedad tampoco me ayudaba, pero no me molesto, había sentido peores dolores. Y este comparado con aquellos era estar en una sala de masajes. Dimitri salto antes de que terminara de atrapar a Eddie, por lo cual no lo alcance. Su cara hizo una mueca de dolor, pero sus reflejos – reflejos de Strigoi – habían podido acomodar su cuerpo en una mejor postura que la mía.

- El automóvil está en la otra esquina– dijo Adrian. Salimos corriendo hacia este. Antes de llegar a la esquina vimos en una cafetería a un grupo de guardianes. Estaban distraídos por lo que pasamos "tranquilamente" y seguimos hacia el auto. Al subirnos Adrian me entrego un teléfono. Le mire confundida - Debes llamar a Sydney – me explico él

Asentí y marque el número.

- ¿Hola?

La voz de Sydney sonó cansada

- Hey– le dije –soy yo. Rose.

- ¿Qué haces?– Pregunto – escuche que habías asesinado a la reina de los Moroi.

Todo lo que pasaba llegaba hasta los oídos de los alquimistas. Solo faltaba que los humanos pensaran que yo había matado a Tatiana

- Yo no asesine a Tatiana– gruñí –todo es un mal entendido

Sydney pensó un rato sobre eso

- Vale – acepto al final - ¿y a que se debe esta llamada?

- Tú me dijiste que tenía un pase de entada a New Orleans

- Si – ella dijo

- Bueno… creo que si nos dices donde encontrarte estaremos dentro de unos minutos

- ¿Ya estas aquí?– pregunto ella. Antes de responderle dijo – Espera, dijiste ¿Nos?

- Sí, estoy con unos amigos.

- Hmmm… pero…

Su voz sonaba preocupada. Había olvidado cuan religiosos eran los alquimistas. También había olvidado que no les gustaba los Moroi y Dhampir, creían que eran tan malos como los Strigoi

- Hey – le dije –no pasa nada. Son amigos – pensé en algo que la tranquilizara –¿recuerdas a los que viste en las grabaciones de las vegas?

- Si – dijo fríamente –pero siguen siendo criaturas de la noche.

- ¿Entonces te vas a voltear?

- No – dijo firmemente –nos vemos en 15 minutos en el restaurante "Roops"

- Esto… no puedo ir... recuerda que soy buscada por el asesinato de Tatiana– mi voz destilo acido.

Se escucho un sonido de disgusto hecho por Sydney.

- Entonces, tendré que dejar que nos veamos en mi casa

Una risa histérica acompaño su comentario

- Tranquila– repetí – son amigos. No te harán daño

- Sí, claro… No me harán daño. ¡Ja! – Dijo ella – está bien eso lo averiguaremos

Me dio su dirección y colgó.

- Tíos– dije –deben comportarse con ella. Nada de comentarios sarcásticos ni sombríos. Y tampoco se vayan a acercar mucho. ¿Entendieron?

- Nos divertiremos– dijo Christian con una sonrisa

Lissa lo reprendió golpeando su cabeza. No pude evitar una risa a la cual respondió Christian con una mirada sombría.

Dimitri conducía el auto así que le dije la dirección donde iríamos. Él simplemente asintió y siguió conduciendo el auto con tranquilidad.

- ¿Podemos parar aquí? Solo por un momento – pregunto Tasha

Estábamos enfrente de un centro comercial.

- No deberíamos– respondió Dimitri – pueden haber Moroi aquí junto con sus guardianes. No pueden ver a Rose…

- Eso no es problema– lo corte – ve que yo me quedo aquí. Además así puedo pensar lo próximo que hare.

Lo pensaron por un momento y aceptaron. Sugerí que salieran todos dando una excusa que yo misma no entendí. Después de unos segundos de lo hicieron. Unos salieron a comer y a alimentarse, mientras que las chicas compraban ropa. Lissa me prometió un conjunto que me gustaría, así que respete la sorpresa y me obligue a permanecer en mi propia cabeza.

Después de unos minutos, alguien entro en la oscuridad del auto. Era un hombre.

- ¿Quién eres? – pregunte.

El hombre rio y lo reconocí. Esa sinfonía la reconocería en cualquier lugar. Victor Dashkov. Físicamente estaba mejor que cuando lo sacamos de la cárcel, por lo que debería haber utilizado los poderes de su hermano para curarse.

- Vámonos– dijo él

- ¿Qué?– Le grite –no iré con usted a ningún lado

- Oh si lo harás – una sonrisa curvaba sus labios –no quieres que lastime a Vasilisa y a tus amigos.

- Usted no puede – le dije – ella está protegida

- No – respondió – no me refiero a eso. Pero Valisia está siendo buscada al igual que tú y tus amigos. No quiero entregarlos. Pero tú, Rose, eres la que decide que va a pasar.

No eso no podía pasar. Quería golpearlo con toda la fuerza pero sin embargo algo me frenaba. ¿Qué podría hacer yo? ¿Irme con él? Esa era la única salida.

Le fulmine con la mirada y me cambie de asiento pasando al volante. Su sonrisa se ensancho.

- ¿A dónde vamos? – gruñí

- Conduce, te iré mostrando el camino

Y así hicimos. Cada vez nos alejábamos más de New Orleans, hasta que en mitad de la carretera me dijo que tomara un atajo. Entramos al corazón del bosque y allí había una casa. El viaje duro menos de 15 minutos.

- ¿Qué necesitáis de mi? – le pregunte. Mis palabras tenían una sinfonía manejada por la ira y el desespero, pues no sabía para que me secuestraria alguien como él -¿Qué quieres de mi?